Cómo resistirme


Durante largos meses
muy pocos han pasado por aquí.
La arena se resiste al esplendor,
invadida por algas y alquitranes,
hojarasca que el viento ha acumulado,
carroña que desprecian las gaviotas.

A mis pies, un pedazo de madera
manchado por la grasa y el salitre
enseña un nombre roto,
un resto de palabra naufragada
que el abismo ha devuelto…

Pero he llegado aquí y no me valen símbolos.
Infestado de nombres, de cadáveres,
de lugares sin vuelta,
de nostalgias negadas,
retenido por arrugadas hojas,
por astillas de sueños humillados,
por este tiempo mío que embarranca,
también yo albergo restos
que no comprendo bien.

Y, cómo resistirme.
Abandono mi cuerpo al revuelo del aire
que espolea el instinto y borra la memoria,
aspiro este perfume de inquietud
y consagro a la luz de primavera
el instante en que Venus me regala
la espuma helada de esta orilla turbia.


Autor: Francisco Díaz de Castro

Horizontes de bruma


«Deberíamos vivir tantas veces como los árboles,
que pasado un año malo echan nuevas hojas y vuelven a empezar». 

Jose Luis Sampedro

No hay ningún precipicio al otro lado, solo lo de siempre.

El futuro es como ese horizonte que nunca llega y se desvanece en la bruma.

El miedo, el verdadero vértigo, lo provocan esas cosas que pensamos que no van a llegar hasta que las tenemos delante. Lo cierto es que me hubiera gustado que el mundo fuera plano y el tiempo tuviese fronteras infranqueables, como imaginaba de niño. De esa manera estaríamos obligados a volver cuando llegásemos al borde del precipicio y empezar de nuevo.

¿Lo imaginas? Un pasaje de ida y vuelta al final del mundo y del tiempo…


Jose Antonio Garriga Vela (extracto)
fotografía@mariajesusberistain

El Mar, La Mar…

Mi único problema son dos:
no dejar a la Mar
y que no me deje la mujer a la que amo.
Raúl Guerra Garrido (inicio de su libro La Mar es mala mujer)


 

Me pierdo en tus cabellos y en el mar,
me rompo entre las rocas y las olas,
mis manos están ciegas, están solas
están atormentadas por estar.

Ya no pienso horizontes, quiero dar
y solamente darme a las corolas
donde tus deslumbrantes aureolas
me enseñan a morirme y a empezar.

Empezar otra muerte con estrellas
debajo que no sobre la cabeza
del alma que se aleja lentamente.

Empezar otra vida con las bellas
ondas en que se esparce la belleza
del centro de tu ser eternamente.

 

Texto Juan E. Cirlot
Fotografía Rompeolas


 

La Tierra prometida


…Porque eres polvo y al polvo tornarás.
Génesis:3,18-20

 

Apenas soy un grano de arena. Ni tan siquiera me siento polvo que, al fin al cabo, suele levantar barullo cuando se remueve.

¿De verdad, ¿cuántas veces en la vida me he sentido realmente importante?

Pues muy pocas.  Si tengo que ser sincera conmigo misma, y de eso se trata en estas páginas que son mis cómplices, como en las páginas de aquellos antiguos diarios que escribíamos a mano cuando todavía no existían estas máquinas y el papel recogía, no solo nuestros pensamientos, sino también la humedad de nuestras lágrimas. Decía que si tengo que ser sincera conmigo misma…

No fue hasta el día en que sentí la grandeza de la maternidad. Recuerdo que iba por las calles levitando, como si fuera la única persona en el universo que había sido capaz de concebir una nueva criatura. Y a pesar de que lo habían explicado, yo estaba convencida de que Dios me había tocado con su mano divina. Me sentía única; única y verdadera, irrepetible, inmortal.

Por tus hijos matas!, y también por tus hijos mueres…!

La vida se convierte en una lucha por conseguir que tus hijos accedan a la Tierra Prometida, y lo seguirán intentando ellos y sus hijos y los hijos de sus hijos y todas las generaciones siguientes hasta que la igualdad y la dignidad dejen de ser los titulares en mayúsculas de todos los diarios del mundo.

No voy a hablar de las escenas que se repiten hoy por los rincones de la geografía de los países situados económicamente en un rango superior al de la pobreza. No voy a hablar, porque no me cabe en la cabeza, de por qué los gobernantes, a los que  elegimos para que nos representen, utilizan el poder que les confiamos para «traficar» con armas poniéndolas a disposición de líderes sin escrúpulos. De por qué cuando ven morir a miles de refugiados intentando alcanzar un futuro sin hambre para sus hijos, los miran de soslayo. ¿Por qué no se pueden aplicar todos los recursos que malgastamos en ayudar a estabilizar los países afectados, en su propio terreno? En un mundo «globalizado» en el que se podría debatir cómo compartir mejor los recursos, ¿a quién y por qué interesa que se mantenga La Guerra?

Cada una de las imágenes son como una puñalada directa al corazón, pero que aguantamos estoicamente gracias al caparazón de las instituciones que hemos inventado para poner un cierto orden en el caos mundial y que, de paso, nos protegen de la culpa y del miedo.

¿O tenemos que reconocer que formamos parte de un ejército de marionetas en manos de un poder superior, insensible como el dinero, que financia la inestabilidad  para adueñarse y controlar la riqueza -la materia prima- del planeta?

Tragamos saliva y respiramos hondo porque tal vez sea la última bocanada de aire que nos podamos permitir antes de dar cabida a tanta miseria en nuestro mundo  perfectamente organizado…

Perdonarme pero en mis reflexiones se «confunden» el drama humano y el factor económico del eterno conflicto…

imagesREFUGIADOS Guerra española 1939       Ayer éramos nosotros los que huíamos…

imagesSIRIAHORROR


Si estuviéramos en su lugar hoy, no haríamos lo mismo?

 Texto @mjberistain
Fotografía Veronica Pinke


EL NIÑO SIRIO
—Isabel Salas—

El niño sirio,
sin querer,
siendo tan chiquito,
ha entrado en la historia
por la puerta cruel del dolor maldito.
Ha entrado flotando,
muriendo y llorando,
sin que nada ni nadie
oyese su grito.
Su foto recorre las redes,
las televisiones
y los corazones.
Sin rostro y sin sonrisa,
mecido por agua sin prisa,
sin vela de deseo,
desde su foto viral
muestra el lado feo,
del crimen sin castigo
al mundo inmoral.
En nombre de tu madre,
muerta contigo,
yo te pido perdón
y te bendigo.


La belleza de un ribazo


 

Suelo pasear sin rumbo… desde un lugar impreciso hacia un destino incierto. Solo me concentro en el camino. Estoy lejos de todo lo conocido.

No sé muy bien hacia dónde voy, camino y respiro, aspiro los olores que llegan fugaces hasta mí, observo el movimiento y las formas de las nubes, intento imitar el canto de los pájaros hasta que me doy cuenta de que no sé silbar…

Quizás juego a encontrarme. ¿Dónde estoy?. ¿Quién soy?

Un aroma intenso me interrumpe, me paraliza y no puedo resistirme. Vuelvo a él como si alguien hubiera tocado, discretamente pero con determinación, mi hombro…

Te toqué… y se detuvo mi vida. (Neruda)

—¡Ah, eres tú!

Me dejo conquistar por lo que veo y siento a mi alrededor. Poco a poco voy descubriendo, dentro de mí, una sensación de alivio, algo parecido a la felicidad a pequeños sorbos que la vida me regala en mis paseos cuando estoy lejos…

Ante la belleza de un ribazo…

O ante una Alambrada Azul

…Y, vuelvo a casa!


 

 

Telarañas


Hace tanto tiempo… y cómo te sigo queriendo…
—dijiste—

Sabía que mentías
con tu sonrisa seductora,
con el guiño de tu mirada
y el brillo
de las palabras más sabias;
con tu voz
llena de verbos en futuro imperfecto,
con el roce de tus manos
prietas, primarias
curtidas en la intemperie de las tormentas

No te creo nada…
—dije—

Y hubo un revuelo de telarañas
por los rincones sin nombre
entre tu abrazo y el mío.


@mjberistain
Fotografía Alegorías.es

Aprender a leer

Tomo las palabras de El Blog de Arena  de Borgeano para reflexionar sobre la lectura. 

Con mi agradecimiento.

Avatar de BorgeanoEl Blog de Arena

Escalera al cielo

Todos los que estamos aquí coincidimos en la importancia de la lectura y del valor de los libros; pero pocas veces nos hemos detenido a pensar qué significa, realmente, leer. Recuerdo que en los noventa leí un manual de escritura que aconsejaba paradójicamente, no leer tanto; cosa que en aquel momento me sorprendió un poco, ya que yo leía todo lo que estaba a mi alcance casi de manera indiscriminada (fue tanto lo que me llamó la atención que aún tengo grabadas esas palabras: “Leer mucho, paraliza”).

A este respecto comparto una reflexión de Arthur Schopenhauer sobre la lectura, su utilidad y, más específicamente, una forma muy singular de incorporarla a nuestra vida. El fragmento proviene del tomo Pensamiento, palabras y música publicado por la editorial Edaf:

“Cuando leemos, otro piensa por nosotros; repetimos simplemente su proceso mental. Algo así como el alumno que está aprendiendo a escribir y…

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El Color de la Luz


 Camino sobre el negro del asfalto, o por un camino de tierra negra bajo la sombra de los robles. Conozco de cerca el alquitrán del que mueren por salir algunas gaviotas blancas. Camino entre soledades, que fueron y seguirán siendo negras. Ahora ya no me importa caminar por la noche y recordar, complaciente, los abismos que se abrían a mi paso en los sueños de adolescente.

Tengo la piel dorada por nacimiento y por el sol de primavera. Me gusta caminar. Camino y observo. Hoy es un niño quien llama mi atención. Es un niño de color amarillo y ojos rasgados que mantiene absorto el perfil de su mirada sobre el mar. Le escucho hablar del color: «es azul, y es verde», y pienso que también es blanco como el color de su furia y como la tierna espuma que llega hasta la orilla de puntillas y después se va, como hace la esperanza…

Camino entre personas de pieles distintas. Somos una misma raza pero la diversidad del color de nuestra piel, muchas veces, nos tienta a considerarnos diferentes.

Me paro y también miro al Mar. Está tranquilo como mi espíritu. Sobre la arena hay cuerpos tendidos; tostados como el color de un buen café a media mañana de invierno, con el sol templado entrando por los cristales. Y pieles negras, como el teléfono negro de cables negros en mi memoria, que me hacía nudos de amor entre  los dedos, mientras hablaba con mi amigo negro del otro lado del mundo.

Pero nunca he sabido cuál es el color de la Luz…

Luz de unos ojos negros,
Luz de unos ojos claros,
Luz del fuego, Luz a contraluz.

Luz de las lágrimas
Luz como agua humilde
Luz acantilada.

Luz de la Historia
Luz áspera
Luz que ciega, Luz que huye.

Luz de los cielos nublados
Luz de las luciérnagas,
Luz de la bruma

Luz de la Música
Luz de las Palabras
Luz del Silencio bajo los párpados.

Y… ¿Cuál será el color de la Luz de la llamada final?
¿Cuál sería el color de la Paz?


@mjberistain
Fotografía Josh Adamski

Caos y Códigos

El sol apretaba y me encontraba adormilada en el jardín, cobijada por una semi sombra complaciente, cuando se me cayó encima el libro que tenía entre las manos. Volví a la realidad reflexionando sobre el poder de las palabras.

Crecí entre libros. Fuí el mejor personaje de cada uno de los cuentos que caían en mis manos. Amé desde muy pronto con la inconsciente sensación de la pérdida o del triunfo, entregada a las hazañas de mis héroes favoritos. Me rebelaba contra las guerras aunque imaginaba entonces que la sangre era como en las películas: de mentiras. Odié con desesperación a los malvados, porque aparecían inevitablemente en cada historia que leía. Viví con pasión inocente los amores platónicos, los secretos, los imposibles… hasta los eternos. Aprendí las letras de mis canciones preferidas; incluso aprendí a leer su música. Conocí el significado de palabras como «sacrilegio» que tanto me inquietaba entonces.

Soy de las que rebusca entre las imágenes del recuerdo y del olvido porque hay algo dentro de mí que me invita a escribir; a salvar como de un naufragio las ideas que en su momento no tuvieron su oportunidad, su minuto de gloria, y siento que siguen ahí esperando su rescate. Debe de haber una especie de rincón oscuro en la mente de cada uno donde se aloja el saldo de la memoria, esas vivencias que dejaron un poso como de algo inacabado: una frase a medias, un abrazo vacío, una duda, minutos desperdiciados, un camino no elegido… Leer era para mí una forma sencilla de expresarme porque allí estaba escrito todo el contenido de mi pequeño cerebro. Descubrí palabras que hablaban de mis sentimientos, de mis emociones, de mis estados de ánimo. ¿Quién mejor que mis libros podían expresar mis ganas de  saltar de alegría sólo por la idea de vivir, o de llorar por la pena de perder a alguien querido?. Ellos habitaban mi mundo, eran mi conocimiento, mi poder. Sólo ellos podían interpretar mis sueños…: yo estudiaría idiomas distintos para entenderme con gentes de todas las razas en todos los países conocidos y desconocidos y sería embajadora de la paz (entonces pensaba que era posible). Sólo ellos. ¿Cómo de otra manera podría yo explicar mis ilusiones por pilotar helicópteros o navegar a vela por los mares vírgenes del mundo?. 

En los libros encontré las palabras precisas, claves para mi futuro…

Sigo manteniendo con la lectura una estrecha fusión. Comparto el vértigo que impulsa a la raza humana a buscar nuevos horizontes… un vértigo que también delata, que despierta denuncias y dispara palabras como dardos directos al punto dulce de las conciencias. ¡Cuánto valor, cuánta fuerza, cuánta imaginación, cuánto misterio está contenido en el lenguaje!

¿Qué había detrás de los signos de escritura más antigüos del mundo? 

Si el lenguaje fué concebido como un código, como la forma de expresión y de entendimiento entre los seres humanos, tengo que confesar que hemos convertido ésto en un caos. Tal y como lo concebimos hoy está demostrado que no sirve, que no es suficiente. No nos entendemos. Cuando inventamos el Lenguaje aparecieron los idiomas, los dialectos…, cuando inventamos la Religión cada pueblo escogió dioses distintos… y así hemos llegado hasta este confusionismo universal tan peligroso como poderoso. Si, hemos sido capaces de comunicar nuestra existencia, desde el inicio de los siglos, a través del conocimiento y de la memoria… Si, admitimos que la diversidad de lenguas -como expresión del pensamiento- aporta una riqueza incalculable que nos invita a la evolución…, ¿por qué siendo la palabra el mayor poder que tenemos los humanos la utilizamos como arma de destrucción masiva…?

En mis ensoñaciones me empeño a menudo en la búsqueda de un lenguaje perfecto, otros ya lo han intentado antes, sin embargo no quiero referirme a un nuevo orden mundial del que ya se ocupan maníqueamente las élites, sino a algo mucho más básico, más humilde y fundamental que procede de la raíz misma de la creación. ¿Por qué no dar cabida en nuestro sistema al lenguaje del Alma, ese mirar a otro ser humano a los ojos y comprender que, en el fondo, somos materia divina, polvo de estrellas pululando por el cosmos, sin idiomas ni fronteras, en el regazo de un Tiempo inconquistable?.

Desde la lucidez del sopor…, parece posible.


@mjberistain
Imagen Juriwish WP

Violetas en Gris


Cada palabra que callas
es un eco de sentencia,
una trampa que nos tiende el silencio
que amordaza la memoria
nos vacía los gestos
y nos ata las manos a la espalda.

Desorientado busco
un camino nuevo, un cerco
o un río de violetas desnudas
interrogando en tu pecho:

¿Dónde tu voz?
¡Dime!

¡Dónde tu voz, tu voz!
aquel hogar que ahora nos deshabita
nos naufraga el corazón
y acantila con máscaras nuestras caricias?


@mjberistain

 

La maleta

Crispó el silencio el tintineo musical del  móvil.

Estaba demasiado dormido para interrumpir su sueño, pero la insistencia de aquella cantinela y la luz que parpadeaba, lanzando diminutos destellos violetas, a la altura de sus ojos sobre la mesilla de noche, consiguieron destemplarle, y claudicó.

Jadeaba. El sudor brotaba de los poros de su piel como un volcán en erupción expulsando con violencia un magma interminable de agua salada. Estaba empapado. Y asustado. Pestañeó con fuerza intentando quitarse de los ojos aquella telilla de niebla mañanera que le impedía situarse en su propia habitación. Estaba solo. Se llevó las manos a la cabeza, ¿qué era aquello? Después, al pecho, buscándole algún sentido a aquella agitación; algún dolor, o algo peor. Pero no le dolía nada.  La respiración seguía acelerada y, mientras intentaba aclarar las posibles causas de semejante desazón, en su mente solo una idea: la maleta.

Había salido a la calle temprano. Deslumbrado por la caricia de la luz dorada del amanecer que se reflejaba en los cristales del portal de enfrente de su casa, pensó que le esperaba un día espléndido. Era una buena premonición.

Le quedaba tiempo. Quizás había madrugado demasiado debido a la excitación del momento. Decidió aprovechar unos minutos para acercarse a ver el mar antes de tomar el taxi que le llevaría al aeropuerto. Dobló la esquina de la avenida a su izquierda. Una bocanada de aire impregnado de salitre descolocó el poco pelo que le quedaba y que con tanto esmero arreglaba frente al espejo siempre antes de salir de casa. No pudo evitar un gesto de contrariedad, Llevaba las dos manos ocupadas y, aunque intentó ordenárselo con un movimiento violento de cabeza contra el viento, fue inútil. Arrastraba con su mano derecha la maleta que le acompañaba desde sus tiempos de estudiante en la universidad. Había terminado acoplándole un pequeño tirador con dos ruedas pequeñas para manejarla mejor. En ella, prácticamente todo su vestuario —que no era mucho— porque la vida le había llevado a una situación difícil y, después de muchos avatares, se había quedado con lo puesto. Sus cuatro libros de cabecera y sus «cedés» eran el exiguo patrimonio que había conseguido rescatar del «desembarco». Y en su brazo izquierdo un bolso con la documentación y alguna que otra cosa de las de llevar a mano durante el viaje.

Se acercó al borde del rompeolas y dejando los dos bultos a un lado, pudo por fin atusarse el pelo. El mar estaba muy agitado, la marea alta. Suspiró profundamente y sintió cómo su espíritu se cargaba de energía.

—¡Volver a empezar!, —se dijo, con más determinación que convicción.

Apenas había algunos paseantes por allí a esa hora de la mañana, gente que disfrutaba del paseo de camino al trabajo, o que volvían de él, algún despistado que volvía de una noche de copas, y estudiantes. Se acercó a leer un letrero que informaba de que el «bidegorri» destinado al tráfico de bicicletas estaba cerrado por obras debido a los daños que había causado el último temporal. Sobresaltado dio un respingo. Su cuerpo se alteró sintiéndose en peligro ante las peligrosas piruetas que ejecutaban con sus bicicletas dos jóvenes que se le acercaban —lo que a él le pareció a toda velocidad—. Uno de ellos, haciendo un salto virtuoso con giro, no pudo evitar el impacto contra la maleta del hombre que esperaba apostada al borde del paseo marítimo y que salió despedida por los aires, cayendo directamente al mar.

—¡Pordiós, esto no puede ser, no es posible!, ¡no puede estar pasándome a mí! —gritó iracundo mientras se acercaba al joven que estaba en el suelo hecho un nudo con su bicicleta y que, con voz y mirada compungidas, se lamentaba del atropello.

Afortunadamente no había sufrido nada más que algún rasguño. Hubo unos segundos de excusas y risas contenidas por parte de los jóvenes. El hombre desahogaba su furia contra ellos y les infligía un duro castigo de recomendaciones sobre convivencia cívica.  Finalmente aceptó el hecho, resignado. Los dos chicos, con toda la seriedad que fueron capaces de aparentar, subieron a sus bicicletas y volaron hacia su destino.

Al hombre, que se había quedado absorto contemplando cómo aquel cascarón de piel marrón, cada vez más lejano y pequeño, navegaba entre el fuerte oleaje llevándose todo lo que, a duras penas, había conseguido acumular en su vida, le atacó un violento impulso irrefrenable que le hizo echarse a correr, como un loco persiguiendo a su maleta, en un intento desesperado de no perderla de vista.

Corrió varios kilómetros por el paseo del litoral asfaltado, trepó monte arriba hasta alcanzar la costa abrupta, como un avezado «trail runner» corrió por los caminos de arenisca y arcillas margosas, al borde de los altos acantilados, a lo largo de cordilleras, bajó a las playas, sorteó las rocas, rodeó los puertos, atravesó pueblos  y ciudades, cruzó fronteras, corrió, sus pies descalzos hundiéndose en la arena de las dunas interminables, corrió sorteando los agujeros negros de la noche que se abrían como abismales gargantas negras agigantándose a su paso…

Y, aquel vértigo al vacío…

Corría a la velocidad máxima que le permitían sus piernas, sus pulmones y su coraje. Su corazón bombeaba a toda máquina cuando lo paralizó la alarma.

El móvil repiqueteaba incansable sobre la mesilla de noche. En su cara se proyectaban diminutos destellos de luz violeta. A los pies de la cama, como una fiel compañera de viaje, esperaba en silencio su vieja maleta.

@mjberistain
Imagen de ouiea crea. flickr


No hubo más tierra


 

No hubo más tierra
que la piel estremecida de tu ansia
cuando apenas me tenías
—débil o grandiosa— entre tus manos,
inconsecuente, siempre.

No hubo más camino
que los pliegues de tu cuerpo
curtido, enamorado,
donde —yo en tí o tú en mí—
absurdamente me rendía, siempre.

No hubo, amor,
nunca otra vida
que el latido sigiloso de tu sangre
agolpándose en las sienes
de mis selvas más remotas.


@mjberistain

 

 

Un nuevo lenguaje íntimo


Hoy tengo ganas de jugar.

Escribir un «Diario» es un arte. Y una conversación infinita contigo mismo y con el mundo.

Escribir cartas era un placer íntimo destinado a la persona que amabas o que despreciabas. O era una llamada de atención en un momento delicado de tu existencia. Podía ser el anuncio de una visita de largo recorrido a un amigo. O acaso el lenguaje de un negocio emprendido en ultramar. En fin, que la comunicación se realizaba por carta porque no era posible, en todos los casos, tomarte un café con la persona con la que deseabas tener una conversación. El mensaje que llevaba nuestra carta podía tardar entonces en llegar -como diría Sabina- catorce días o quinientas noches…

Todo es distinto hoy. Nos inventamos signos abreviados para decir «Te quiero», para decir «sigo pensando en ti»… Y la inmediatez tecnológica consigue el milagro de que el viaje de tus mensajes no dure más de escasos segundos. Esta circunstancia nueva lo hace todo un poco más efímero. Da vértigo. Es como si los sentimientos tuvieran una fecha de caducidad más próxima, y eso es inquietante.

El mundo avanza espantosamente rápido y todo envejece y se convierte en obsoleto al minuto de ser descubierto. Siento que vamos todos corriendo, persiguiendo el sueño de la inmortalidad a la velocidad de la luz y, sinceramente, es más difícil disfrutar del camino así, a toda prisa. Ya la vida es corta… Yo necesito un poco de por favor.

Slowly fue una canción de Aute que me gustó.

Leonard Cohen es un maestro del sosiego con el que me entiendo bien. Juega con las pausas, con los silencios, hasta con la tristeza de sus ojos que también cantan.

Pero no estaba hablando de música ahora, aunque es una de las formas más bellas que existen para entenderse. Un pianísimo extremo estremece. Unos arpegios hieren…

Hoy quiero jugar a entendernos, como niños.

Quiero jugar contigo a inventarnos signos que vuelen inalámbricos, y me acerquen al aroma con sabor a susurros y a café de tu cuerpo, a la luz agridulce habitando la hiedra solemne de tus ojos. Al tenue silbido de los silencios…

Ahora, que soy como una lágrima en equilibrio, quiero que vuelen inalámbricos los signos; que te lleguen, que me lleguen, y dejarlos que aniden en el bosque de los calendarios infinitos, con su melancólico ritual, que solo nosotros entenderemos.

(?) – Dirá, «¿te acuerdas?»


@mjberistain

 

El Moneo que me piensa

Kursaal

Tenía veintipocos años cuando se demolió el antiguo Kursaal. Recuerdo que el impacto entre la gente de la ciudad fue muy importante. El sentir era de incomprensión y de temor porque aquello respondiera a una maniobra preparatoria de especulación con un solar privilegiado a orillas de nuestro mar. El solar al que llamaron «solar K», se mantuvo vacío durante otros veintitantos años, tiempo durante el que se estudiaron y se desecharon variadas y diversas propuestas.

La resolución del jurado explicaba así los motivos de su decisión
al elegir el proyecto de Moneo

El lema decía: DOS ROCAS VARADAS

«POR el acierto en la consideración del solar K como un accidente geográfico en la desembocadura del río Urumea, por la liberación de espacios públicos como plataformas abiertas al mar y especialmente por la rotundidad, valentía y originalidad de la propuesta» 

Para los ciudadanos se hacía difícil reconocer que otra construcción pudiera compensar del glamur perdido con la demolición del antiguo Kursaal.

Sin embargo, con el paso de los años, la integración en nuestras conciencias de ciudadanos de aquel nuevo edificio, admirado por unos y rechazado por muchos, fue lenta pero profunda. Quizá ello tuviera que ver con el propio carácter de los vascos…

No tengo palabras para explicar que la magia de Moneo consiguió engrandecer la ciudad respetando, a pesar de su innovadora propuesta, la fuerza del paisaje y de la arquitectura romántica con la que nos sentíamos tan identificados a través de los tiempos.

@mjberistain

Moneo

Extracto del artículo de Ana Belén García

El arquitecto Rafael Monero (Tudela, 1937), es un hombre elegante, amabilísimo, y con un punto de timidez.

Según sus propias palabras Moneo concibe el desarrollo de los edificios por su capacidad de integrarse en la vida de las personas y por el respeto al lugar donde se ubican. Un tema que le apasiona y motiva.

Moneo ha sido el primer español en ganar el Prizker en 1996, considerado el Nobel de la arquitectura, y también son suyos el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2012) y el Premio Nacional de Arquitectura (2015). El arquitecto ha pasado 30 años como docente a caballo entre España y EEUU donde ha ejercido como Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Harvard.

“la ciudad misma es la arquitectura y es donde la gente entiende y debe apreciar lo que un edificio debe dar de sí”

Amante de la poesía y viticultor experimentado, lejos de jubilarse, Moneo mantiene un estudio con una veintena de profesionales en el que vuelca una actividad con la que aspira a que los edificios adquieran su propia personalidad por encima de los arquitectos.

«Su obra enriquece los espacios urbanos»

Según el Jurado del Premio Príncipe de Asturias que le fue concedido en 2012,

«Como maestro reconocido en el ámbito académico y profesional, Moneo deja una huella propia en cada una de sus creaciones, al tiempo que conjuga estética con funcionalidad, especialmente en los interiores diáfanos que sirven de marco impecable a las grandes obras de la cultura y del espíritu».


Marina


El mar de mis dieciséis años era la playa, y los torsos de los chicos desnudos, y mi cuerpo dibujándose bajo la tela mojada como el de una mujer, y la cita para el guateque de por la tarde, y los turbadores escarceos submarinos, y escribir corazones en la arena, y tenderte junto a otro cuerpo bajo el sol. Horas larguísimas, rojas debajo de los párpados.

Y el mar de mis dieciocho años es un libro en mi equipaje siempre a punto. Es un libro que me descubrió el mar en todo lo que me faltaba, en todo lo que yo amaba, en todo lo que me dolía. Es un libro que me hizo creer que estaba enamorada del mar, de tanto como me enseñó a añorarlo. Desde entonces a todo lo que echo de menos le llamo mar…

Ana Rossetti
 


Fotografía Mikel Vega

 

La caja de Música


Música de Japón. Avaramente

de la clepsidra se desprenden gotas

de lenta miel o de invisible oro

que en el tiempo repiten una trama

eterna y frágil, misteriosa y clara.

Temo que cada una sea la última.

Son un ayer que vuelve. ¿De qué templo,

de qué leve jardín en la montaña,

de qué vigilias ante un mar que ignoro,

de qué pudor de la melancolía,

de qué perdida y rescatada tarde

llegan a mí, su porvenir remoto?

No lo sabré. No importa. En esa música

yo soy. Yo quiero ser. Yo me desangro.


Jorge Luis Borges
Fotografía Imágenes Técnicas

Aire


Música Air de Johann Sebastian Bach


Amanece, lentamente… y es como si la luz cantara.

Vengo movido por mi sangre,
Por su música.
Vengo orientado por mi lengua.
Por su sed.

Todos los días me visto de vientos,
de mareas, de lunas.
Y aquí, cuando me escuchan,
de todo eso me desvisto.

Soy tan solo el aire de lo que cuento.
Una voz sonámbula.
Una voz que busca trastornada
la intimidad de la tierra.


Texto A.Ruy Sánchez
Fotografía de Macarena Azqueta


 Soy templo oscurecido para el silencio

Oh, Luz
Y si me abrazas,
a pesar de mi fervor envejecido,
estallarán mil voces
en éxtasis contenido
hasta tu encuentro

como vidrieras
de apretada armonía
vibrando heridas
por tus puñales de fuego.

Sea tu Luz leve…


 

 

Cuentos casi reales

Hablando de Lucía Berlín


Descubrí un libro que me sorprendió por su título. La verdad es que no me resultaba especialmente sugerente pero, al abrir sus páginas, algo diferente captó mi atención. Quizás fue la frescura de su lenguaje y algunos párrafos que asimismo invitaban a la reflexión.

Aparte de mis devaneos con los libros de papel, decidí que por qué no salirme de mis estructuras intelectuales y permitirle algo más libre y novedoso a mi cerebro.

Y así fue cómo me encontré con la aparente (voy a decir) «superficialidad» de esta autora que sin embargo ha conseguido —con la precisión de su escritura— conmoverme a pesar de que sus historias y sus personajes parecen tan comunes.

Hace solo unos días encontré una referencia al libro de relatos titulado «Manual para mujeres de la limpieza«.

La encontré en el Blog de Carlota Gastaldi (Premio Naccional de Periodismo 1995). Os invito a leerla completa. Entresaco aquí algunas líneas:

«Lucía Berlín ha sido comparada con la escritura secreta como la de Alice Munro, menos cáustica que la de Dorothy Parker y mucho más alegre que la de Raymond Carver. Sin embargo, sí existe una misma manera de ver o de mirar la realidad. Los tres contemplan las relaciones humanas a través de la lente de la vida cotidiana, aunque cada cual lo haga imprimiendo un estilo propio.

El estilo de Lucía Berlin es alegre, fresco, natural, directo y contundente. Su tono es vital, declarativo, impetuoso, expansivo, vibrante, efervescente y lejos de repudiar la reflexión es también profundo.»

En su texto se refiere a la habilidad y sensibilidad de la autora para «retratar a sus personajes física y psíquicamente con su riquísimo repertorio expresivo». También para «compensar una frase cortante o dura con un guiño de humor, logrando un efecto cómico al saber colocar un verbo en el lugar adecuado.»

Carlota dice del libro que es «un tapiz memorable, cosido con pequeños retales de vida en forma de deliciosos relatos. Escrito con el idioma universal de los sentimientos y la textura de un realismo que parece tener relieve.»



 Miradme. Admiradme. Envidiadme.
Desafío el riesgo de parecer vanidosa, vestida de gala…

He sido interpretada de miles de formas a través de los siglos.
Me vistieron con plumas de arcángel,
fui sierpe,
dragón alado
pámpano en cierne,
ola marina majestuosamente encrespada,
trompa musical,
garabato de candil.

Mi sonido es suave como el de la ola
que se apaga en la arena de la playa,
como la gasa, como el gusto, como el gozo.

No vengo ahora a envanecerme de mi belleza externa.
Solo me niego a seguir soportando en silencio
los caprichos y agravios comparativos.

Miradme, admiradme, envidiadme.
Sólo soy un rapto de soberbia…


 sobre palabras de José Hierro
Fotografía Gabriele Corno