Corazón de hojalata

Hace frío…

El blanco inunda el exterior de las ventanas. Un chorro de humo sale en tropel de un tubo de escape de uno de los edificios de al lado. Distingo en la lejanía desenfocadas las luces de la madrugada; las farolas abrazadas por la escarcha y una nube grisácea invadendo la atmósfera por encima del descolorido discurrir lento del tráfico que busca a ciegas su destino.

Tengo el corazón helado como si fuera un corazón de hojalata.

Brotan las lágrimas como pequeñas piezas preciosas de un puzzle cristalino —ámbar, nácar, coral— que hiela el aire. No caen al asfalto ni a los jardines, ni a los estanques ni a los ríos y sé que en ningún caso llegarán al mar. Un inmenso vacío recoge la ingravidez de su vuelo silencioso como un magma de rocas efusivas que se funden en la niebla.

Despierto.

¿Quién calentará ahora la vida?

mjberistain
Imagen por Andoni Narvaiza.
Ver: https://medium.com/@AndoniNarvaizza/coraz%C3%B3n-de-hojalata-86b6ac32c42


Como hacía a veces

Vuelves con tu recuerdo al costado del invierno
vestida la mirada de escarcha y frutos nuevos.

Amanecí —sería ayer— lejos de los siglos
de los espejos y de los libros
con una perezosa rutina de horas quietas.

Miraba los cuadros colgados de las paredes,
el mar sonaba como hacía a veces
desde la atalaya de tus pies dormidos.
Quise parar el viento en la ventana,
las hordas de lluvia que clamaban
como caballos aventurados por las playas
desabrigadas. Pero no pude.

Vuelves con tu recuerdo y sin abrigo
—tus pies descalzos, tus pies fríos—
a la escasa luz blanca de este enero tardío
que viste de sol las orillas de las alfombras.

Yo te espero tras la ternura de los espejos
donde el mar suena como hacía a veces…






@mariajesusberistain



La mascota

Yo había vivido una temporada en su casa, era lo que se llama un “hogar” fantástico. Un gran oso de peluche de ese tamaño que si lo abrazas te faltan brazos para rodearlo y, por supuesto, no puedes ver lo que hay por delante de tí porque todo lo acapara su potente presencia había sido, hasta hacía unos meses, el personaje principal del dormitorio de los niños —quiero decir en su ausencia—.

Recuerdo cuando se lo regalaron al nacer el segundo. Salía yo de la maternidad emocionada y feliz. Se habían superado con éxito los difíciles cuarenta minutos previos y posteriores al parto de mi hija menor que nos habían tenido en máxima alerta a los médicos y a la familia concentrada en la puerta del paritorio esperando noticias. Decía que salía yo feliz… Un gran LandRover se detuvo al otro lado de la acera ocupando parte del paso de cebra cuando yo me disponía a cruzar la carretera. De él saltó hacia mí un gran oso peludo. Era él. Detrás, o a su costado, apenas podía yo distinguir la calvicie de Pepote y sus pequeños ojos risueños que me miraban como pidiendo perdón. Fue difícil aventurarnos en un abrazo con el oso de por medio.

¡Ah!, Lo fantástico que puede tener un ejército de dinosaurios de todos los tamaños que aparecen y desaparecen —siempre pensé que se habían extinguido— por los rincones, y miles de minúsculos monstruos de piezas desmontables que se te clavan inmisericordes en los pies descalzos, porque, eso sí, los zapatos, zapatillas, botas, botines y demás, se quedan (por cierto, perfectamente ordenados) en un mueble hecho al efecto en la entrada de la casa. Nunca hubo ocasión para tener que autorizar la presencia de cualquier otro animal en casa—me refiero a animal doméstico del tipo “mascota”—. Bastaba entonces, además de los que he nombrado, con los típicos patos o algún delfín, tortuga o serpiente articulada de color y tamaño natural —por la que casi muero el día que me la encontré en la bañera—.

Pero Angie se marchó. Ella y su pareja lo llevaban pensando durante los últimos meses. Las cosas del trabajo no estaban fáciles así que aceptaron probar mejor suerte, entonces que los niños eran pequeños, y decidieron trasladarse a Estados Unidos. Viajó toda la familia.

Excepto Chet.

Así se instaló Chet en aquella casa, cualquier día, de sopetón. ¡Zas, una mascota! .

La gran amistad tiene estas cosas. De repente te encuentras con que admites cuidar de la mascota de tu mejor amiga cuando ella no puede atenderla. Los niños encantados la admiten como uno más y se pelean por sacarla a pasear por el pasillo cada tarde después de hacer los deberes, momento en el que la mascota corretea jugueteando con ellos y soltando pequeñas cagarrutias negruzcas a diestro y siniestro. Lo de tratar de atraparla para que vuelva a su jaula es un divertimento a veces exasperante, especialmente para los mayores que están deseando que los peques se vayan a la cama…

¿Se le pueden hacer cosquillas a una chinchilla debajo de la barbilla?

Más allá de provocarme una tierna sonrisa, la pregunta me dejó boquiabierta. ¿Es posible que un niño de cinco años consiga esta bellísima aliteración?*

@mariajesusberistain
Imagen: Daniel Sulbarán

Ver: https://www.mascoteros.com/blog/historia-y-cuidados-de-la-chinchilla/

* La aliteración es una figura retórica que se caracteriza por la repetición consecutiva de un mismo fonema, fonemas similares, consonánticos o vocálicos en una oración o verso. … La finalidad de la aliteración es embellecer la prosa y la poesía con el objetivo de producir sonidos y musicalidad


La playa

Le vi vagar por la penumbra
las manos en los bolsillos vencidos
arena en las suelas de sus zapatos
y un fleco de su cabello tapándole los ojos.

Recuerdo que una fina lluvia se afanaba
en forma de hilos de cristal que saltaban
y salpicaban justo antes de caer en las aceras,
¿o quizás era después?.

Le vi apoyarse en una farola y juntar sus manos
protegiendo la llama de una cerilla para encender un cigarrillo,
después, brotó de sus labios una nube de humo confusa
que se estrelló contra la noche.

Mecía el mar la soledad como a una pequeña barca
con nombre de caricia. A la orilla llegaban cristalinas burbujas silenciosas
como lejanas y tímidas risas de niñas.

¡Qué pena! —pensé—

La tristeza es a veces como una playa nocturna y solitaria cuando baja la marea;
como sus olas sobre la arena, minúsculas pero constantes desgarraduras.

@mjberistain

Goruntz – I

Cruza la mañana una bandada de pájaros
formando rostros, cadenas, esquinas,
se elevan y vuelven
a su formación efímera.

Todo es silencio y la niebla se rompe
en difíciles desgarraduras
imposibles de apresar con las manos
de la memoria, vienes a verme
desde el lado azul del tiempo.

Invítame a un sueño…

mjberistain

Como la Luz

Como la luz, la música
envolviendo en nubes de seda cálida los cuerpos
inquietos sin edad.

Viven a orillas de la tierra, cerca del mar de la vigilia
donde quedaron enredados sus versos entre espumas con sabor a sal

Viven a orillas del recuerdo, pintando playas imprecisas y olas de libertad
que sueñan que volar es fácil con las alas a favor de los vientos del sur.

Como la luz, la música
de Mahler al encuentro de los cuerpos acantilados.

@mariajesusberistain
Fotografía MJB: Escultura de Chillida

Mavi

Mavi es escultora y una gran amiga.

Llegué justo el día en el que inauguraba su exposición. Sin avisar. Hacía muchos meses que no nos veíamos pero nos ocurre que aunque pase tiempo sin vernos una gran alegría íntima aflora y seguimos la conversación como si hubiera sido ayer el último día que nos vimos.

 

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Su lenguaje no son las manos que modelan la tierra con mimo de madre, sus figuras fundamentalmente femeninas despiertan emociones desde el fondo de sus párpados a veces vacíos, a veces cerrados. 

 

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Su lenguaje brota de su interior donde conviven la fuerza de su carácter, de su trabajo, con una ternura generosa que es ella misma y que sabe transmitirla a través de sus barros y de sus bronces.

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