El peso de una piedra

En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio
P.Salinas

Hoy son las manos la memoria.

El alma no se acuerda,
pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido,
recuerdo de una piedra
que hubo junto a un arroyo
y que cogimos distraídamente
sin darnos cuenta de nuestra ventura.
Pero su peso áspero
nos hace sentir que por fin cogimos
el fruto más hermoso de los tiempos.
A tiempo sabe
el peso de una piedra entre las manos.

En una piedra está
la paciencia del mundo, madurada
despacio,
incalculable suma
de días y noches, sol y agua
la que costó esta forma torpe y dura
que acariciar no sabe y acompaña
tan solo con su peso, oscuramente.

Se estuvo siempre quieta,
sin buscar, encerrada,
en una voluntad densa y constante
de no volar como mariposa,
de no ser bella, como el lirio,
para salvar de envidias su pureza.

¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles
libélulas han muerto, allí, a su lado
por correr tanto hacia la primavera!
Ella supo esperar sin pedir nada
más que la eternidad de su ser puro.
Por renunciar al pétalo, y al vuelo,
está viva y me enseña
que un amor debe estarse quieto,
muy quieto,
soltar las falsas alas de la prisa,
y derrotar así su propia muerte.

Hoy son las manos la memoria.

Recuerdan haber tenido en sus palmas
una cabeza amada.
Los dedos reconocen los cabellos
lentamente, uno por uno,
como hojas de calendarios, recuerdos
de otros tantos innumerables días
felices, dóciles
al amor que los revive,
pero al palpar la forma inexorable
que detrás de la carne nos resiste
las palmas ya se quedan ciegas.
No son caricias, no, lo que repiten,
son preguntas sin fin,
infinitas angustias
hechas tactos ardorosos.
Y nada les contesta: una sospecha
de que todo se escapa y se nos huye
cuando entre nuestras manos
lo oprimimos.

La cabeza se entrega.
¿Es la entrega absoluta?
El peso en nuestras manos lo insinúa,
los dedos se lo creen,
y quieren convencerse; palpan, palpan.
Pero una voz oscura tras la frente
—¿nuestra frente o la suya?—
nos dice que el misterio más lejano,
porque está allí, tan cerca, no se toca
con la carne mortal con que buscamos
allí, en la punta de los dedos
la presencia invisible.
Teniendo una cabeza así cogida
nada se sabe, nada
sino que está el futuro decidiendo
o nuestra vida o nuestra muerte
tras esas pobres manos engañadas
por la hermosura de lo que sostienen.
Entre unas manos ciegas
que no pueden saber. Cuya fé única
está en ser buenas, en hacer caricias
sin cansarse, por ver si así se ganan,
cuando parezca que nada les queda
entre las palmas,
el triunfo de no estar nunca vacías.

Pedro Salinas
Origen: Blog Trianarts

Fotografía @mjberistain (Reloj de sol plano en la cala Xixurko – Jaizkibel)




Voz de fuego

Acuérdate que tenías
voz de fuego
No eras árbol que se arranca,
junco que se desmaya, eco
de una voz desconocida:
eras voz de fuego

Tú mismo eras fuego.

Tu destino era incendiar
el leño reseco…

Extractado de un poema de José Hierro
Fotografía @mjberistain


Estamos aquí…

 «Estamos aquí solo por un breve momento. Y pienso que es un accidente tan afortunado haber nacido, que estamos obligados a poner atención.

En cierto sentido, esto es ir muy lejos. Es decir, somos, hasta donde sabemos, la única parte del universo consciente de sí. Podríamos incluso ser la forma consciente del universo.

Tal vez hayamos llegado para que el universo pudiera verse a sí mismo. No sé eso, pero estamos hechos de la misma materia de la que están hechas las estrellas, o de lo que flota en el espacio. Pero nuestra combinación es tal que podemos describir qué es estar vivos, ser testigos.

Mucha de nuestra experiencia es esa de ser testigos. Vemos y escuchamos y olemos otras cosas. Pienso que estar vivo es responder».

Mark Strand, Collected Poems
Reblogueado de Culturainquieta

Fotografía de Victor Bolea


Niebla

He llegado hasta este valle
mi cabeza sobrecargada de ideas,
mi corazón abrumado de sentimientos,
pero aquí, en su paz, he sabido
del silencio de la nada,
de la sublime purificación del vacío.

Al amanecer,
me he librado de las ideas y de las pasiones;
las he dejado en orilla apartada
y las he visto discurrir río abajo
con las aguas claras de la hondonada…

Antonio Colinas


Pulsar sobre cualquiera de las imágenes para verlas en tamaño natural

Fotografías tomadas en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido


La espiga

Me llamo Wild Oat.

Soy avena silvestre. Algunos me llaman Flor de Bach, porque el famoso músico Johann Sebastian Bach escribió una minúscula partitura para mi. Pero esa historia ocurrió hace más de trescientos años.

Yo le amaba, y a su música.

El sol brillaba aquella tarde silenciosa. En el regazo de una pequeña aldea mis compañeras y yo éramos felices. Sabíamos que la vida era efímera pero no pensábamos en ello entonces. Éramos campesinas. Distinguidas y estilizadas adolescentes de largas melenas rubias. Felices en nuestra parcela de tierra jugosa de color cobrizo, indiferentes al paso de las horas. Amábamos el sol, y crecíamos jugando al escondite con los vientos y chapoteando en el barro que formaban a nuestros pies las lluvias de primavera.

Aquel día estábamos inquietas. Veíamos cómo a lo lejos se levantaba una gran polvareda. Atravesando los campos, acercándose a nosotras cada vez más, llegaba la cosechadora amarilla.

Quise huir.

Inclemente, el sol cubría por entero los campos, hacía mucho calor. Sería difícil escapar y esconderme salvo que encontrara un fino haz de su luz junto a una sombra y pudiera camuflarme en ella. No lo dudé, me tiré al suelo y me arrastré avanzando torpemente entre las piernas de mis compañeras que, ante el estupor de ver de cerca la cosechadora, no se daban cuenta de mi maniobra.

El ruido del motor era aterrador. Llegué hasta el cobertizo de la casa y me refugié en el lado sombrío de un saco de abono abandonado. Estaba exhausta, me quedé quieta viendo la siega de mis compañeras que saltaban por los aires como pequeñas briznas doradas y caían después, una sobre otra, de nuevo a la tierra.

Un rayo de luz cegadora se me acercó y ocupó mi sombra. Se me ocurrió trepar por sus finas fibras para llegar hasta el sol. Sentí que un viento suave tiraba de mí succionando dulcemente. Era, como fluir entre livianas corrientes de aire; como volar sin gravedad.

El sol me recibió con un abrazo cálido. Sin embargo, —me dijo— voy a pedirte algo. Has tenido el coraje de perseguir tu sueño y aquí estás, lo has conseguido. Ahora tienes que ser agradecida a la vida y compartir tu felicidad con los demás. Te convertiré en flor, serás mi flor preferida. Tú te ocuparás de cuidar la tierra. Volverás a ella en forma de lluvia cada primavera para que germinen las semillas y se llenen los campos de espigas. Y lleguen los nuevos veranos y las cosechadoras, y haya trabajo y alimento para todos.

@mjberistain

Collage para una lectura de Elytis

La noche es solo noche.

Sé fuego

que no se apiade de nosotros,

que no convierta en ceniza

las heridas del placer,

que encienda con sus labios

amapolas.

Y, cuando llegue el alba,

que los vientos descalzos

abriguen, desde la alta cresta

de la música del mar,

sueños de inmortalidad.

Pequeño juego en forma de collage a partir de una lectura del poeta griego Odyssseas Elytis.


Estrellas

Había llovido cada uno de los últimos días del mes de Junio. No era raro, pero sí era distinto a otros años. Sabemos que todos tenemos que actuar y estamos hartos de que en los medios nos llenen la cabeza de mensajes sobre el cambio climático. Así que, pienso que la humanidad no está haciendo lo suficiente, porque seguimos hablando de lo mismo día tras día, y comprobando los estragos de nuestra falta de sensibilidad en imágenes lamentables que nos llegan de cada rincón del planeta. Y la climatología nos está escupiendo directamente a la cara por imbéciles.

Sueño con la bola blanda de un mundo azul, formada fundamentalmente por agua, como nuestro cuerpo. Pequeños puñados de tierra con frondosos bosques y caudalosos ríos aparecen aquí y allá flotando en él. No caen al vacío gracias a la fuerza de gravedad que, como un ángel de la guarda, los protege. Sueño con el alto azul inmenso en el que flota nuestro mundo azul. En realidad no sé muy bien si flota, si anida o en el que se ancla, pero sí sé que en las noches oscuras el cielo azul se llena de estrellas y yo, como mucha más gente en el planeta Tierra se para para mirarlas, para contarlas, incluso se les piden deseos, y los más estudiosos, pues eso, se dedican a la astrofísica para que las reconozcamos por sus nombres propios. Alguien muy sabio y muy anterior a nosotros, o sea, hace miles o millones de años, les regaló un nombre para que los vecinos del sistema solar pudiéramos entendernos mejor y disfrutar de su luz, de su misterio y de contemplar su belleza o interpretar los mensajes que nos hacen llegar mientras navegan a años luz de nuestros ojos.

Y solía amanecer encapotado. No hacía falta levantar la cabeza para mirar al cielo y ver la inmensa marejada de nubes negras que se desplazaban a diestro y siniestro según por dónde les daba el aire. Yo miraba al suelo gris y mojado de sonrisa triste y me tomaba un café para poder superarlo. Es un decir, pero sí, a veces es aburrido no ver el sol, no es que vayas a hacer nada especial, porque sigues escuchando la radio por la mañana mientras atiendes el trabajo de casa o sales a ganar el pan de cada día fuera o vas a llevar los niños al colegio, o a ayudar a tus padres que se están haciendo mayores y necesitan que alivies sus pequeños problemas de cada día. En fin, que no es oro todo lo que reluce. Pero, seamos sinceros, la luz es vida y la del sol es alegría, esto dicho con todo mi respeto a los que han estado sufriendo este último tiempo temperaturas de un sol ardiente que apretaba el mercurio de los termómetros hasta casi conseguir que se desbocara como la pasta de dientes cuando se lavan los dientes los pequeños de la casa.

Pero no cedían nuestros intentos de salir una noche con los telescopios, las cámaras fotográficas y trípodes, con las linternas y por supuesto con el picnic para ir a ver las estrellas y la luna, la vía láctea y los planetas de nuestro sistema solar: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón (bueno, tampoco es para tanto, es que me sale de carrerilla). Se ve que algo me ha quedado de los años de colegio. Todavía no se habían incorporado Plutón, Ceres y Eris que se descubrieron más tarde.

Era de día cuando llegamos a la zona de avistamiento. La tarde espléndida prometía mucho, quizás había sido el mejor día de todo el verano. Un brindis por los organizadores mientras se colocaban y se calibraban los star-trackers, telescopios, prismáticos telescópicos y se preparaba la «farimerienda» (merienda-cena). Enseguida el atardecer nos regalaba con la visión de Venus. Rápidamente conquistamos la Polaris y nos situamos para reconocer con el puntero de láser las constelaciones, estrellas y otros muchos elementos ambulantes a nuestro alrededor.

¡Apasionante!

Llegados a este punto y mientras escuchábamos a nuestro querido experto astrofísico las más interesantes explicaciones in-situ, os imagináis que no hacíamos otra cosa nada más que empaparnos del conocimiento que tan generosamente nos regalaba. Así, embelesados, nos encontraban las horas que pasaban, casi sin darnos cuenta.

La luna de agosto se escondía tras una alta colina que nos impidió disfrutar de ella desde nuestra zona de avistamiento en Artikutza. Sin embargo, sí pudimos verla desde los coches, cuando volvíamos a casa. Incluyo la fotografía de Victor Bolea, gran fotógrafo y amigo para dejar constancia de uno de esos momentos vividos, mágicos e inolvidables.

Sueño con volver a ver las estrellas y los planetas y a esos amigos con los que se comparten estas locuras.

Os dejo con el poeta Julio González Alonso a quien tanto admiro. Su obra y su ser son interesantes. Enlace a su página web: lucernarios.net

Luna de agosto

Te miras en la noche
y  te mira el día
y a tu rostro de luna
luna
asoma la sonrisa.

En los ojos zarcos
de las aguas frías
reposa la belleza que enamora
tu mirada limpia.

Tú subes
a sus cielos
con rubor de niña, piel naranja
de tacto adolescente,
blancor desnudo
de amor de novia enamorada
desvestida
de jazmines derramando sus aromas
por los jardines en sombra,
galanteo del aire,
brizna
de celos al arrullo de las olas
que besan las orillas.

La noche de agosto te corteja
y acompaña de estrellas
la luz de tus pupilas.

Cantan los grillos, los relojes
marcan las horas en las plazas
y suspiran los hados
de la buena fortuna.

Autor: González Alonso



@mjberistain
Fotografía: Victor Bolea

Agur, hasta pronto

Agua

No bebo agua. No lo tengo prohibido, es más; lo tengo recetado por mi médico de familia. Trata de convencerme diciéndome que mis riñones son la parte más importante de mi organismo, pero no sabe que la parte más importante de mí, es el corazón. No bebo agua por prescripción médica, bebo agua porque sé que soy agua y que necesito reponer mi energía. El agua debería de ser mi alimento esencial, mi alimento preferido, pero siento decir que, hasta la fecha, mi alimento preferido es el chocolate. ¡No puedo evitarlo!


Bebo agua corto fruta
Hundo las manos en los follajes del viento
Los limoneros riegan el polen del verano
Pájaros verdes rasgan mis sueños
Me voy con una mirada
Una amplia mirada en la que el mundo vuelve a ser
Bello desde el principio a la medida del corazón.

Poema del poeta griego Odysséas Elytis. (Premio Nobel Literatura 1979)

Del Blog de Triana, con mi agradecimiento.
Imagen de autor desconocido.


Desbordante imagen

«…los últimos de clase, los expulsados por llevar ternura
en los bolsillos,
seguíamos puros como el viento…»

CS

La imagen que me sugiere este poema me lleva a los menores que están siendo devueltos a la vida, a la tierra, a la que jamás querrían volver… Y sé que como país existen normas dictadas desde algún lugar en el que lo humano no tiene tanta trascendencia como lo político o lo económico, pero me da pena la «inutilidad» de tantas miradas ilusionadas al otro lado del horizonte…


Origen: Blog Trianarts

«Amanecer»

1

He visto un niño con tambor a la orilla del agua.
Yo no sé si ha venido a lastimarnos
con su canción al viento, ni sé si hay forma humana
de estar como él, descalzo, ante la espuma,
hoy que no en balde subió la marea
a hacernos responder de nuestros actos.
En esta tierna alfarería, viva y frágil,
en este cuerpo que es proyecto y duda,
jamás afirmación, ¿me reconocería,
ahora que ya mis pasos y mi vida resuenan en lo oscuro?

2

Pero vuelven las barcas con la aurora y vuelvo
también yo nuevamente a recordarme solo,
junto al mar y los huesos calizos de las sepias.
De aquellos merodeos de la infancia, ¿qué queda?
Nada está consumado. El tambor suena
y el aire gratuito da a las cosas
su perfil más exacto,
quiero decir, su tenue bruma,
su ávida ensoñación. Y prevalece,
hoy como entonces, la melancolía,
la soledad, lo inútil en la arena.

Carlos Sahagún


Una oración diminuta

Observa la mujer, tras la ventana,

el paso implacable del tiempo

en el rumor lejano de una cosechadora.

Vuelan las espigas de pechos dorados

llenando el aire de oraciones diminutas.

Leo en tu mirada, mujer, una espera compasiva

cuando, no muy lejos, se escucha la voz quebrada

de la campana de la iglesia en ruinas.

Las horas caminan más despacio que otros días

en estas montañas, en sus bosques y en los ríos

que trazaron tus manos amantes

mientras tus hijos pequeños crecían.

Es tiempo de cosecha, mujer.

Mañana,

alguien que se apoyará en los muros de tu casa

recitará una oración diminuta en tu nombre.

En el aire, aromas de tus flores preferidas…

@mjberistain


El viaje

«… —Míralo todo bien;
eso que pasa
no volverá jamás
y es ya igual que si nunca hubiese sido…»

Ángel González



Gracias al corazón por el que vivimos,

gracias a sus ternuras, a sus alegrías

y a sus temores,

la flor más humilde al florecer

puede inspirar ideas

que, a menudo, se muestran

demasiado profundas para las lágrimas.

A nada renuncies

porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo…

De William Worthsworth


A la sombra del Mar

Amar es un lugar.
Perdura en lo más hondo: es de dónde venimos.
Y también el lugar donde queda la vida.

Joan Margarit

A la sombra del Mar

Amar es un lugar,

una alegría extraña

en el camino de la libertad

entre silenciosos haces de luz

que profanan las persianas,

polvo de estrellas

que cruzan la belleza de la nada

cuando aún no ha despuntado

por el horizonte de los sueños

la certeza de vivir un día más.


@mjberistain

Amar es un lugar
entre la vida y la muerte
en el que uno aprende a escribirse
a sí mismo —decía el poeta—.


Isabel Fernández Bernaldo de Quirós

Con emoción y mi agradecimiento más sincero a Isabel por este Texto en relación a mi último libro publicado «Cuerpos Acantilados».

Transcribo:

Hoy dejo paso en este deambular mío por los caminos de la buena poesía a la gran amiga y poeta María Jesús Beristain. «Cuerpos acantilados» es su segundo poemario («Apuntes de salitre» era el primero, también editado por Vitruvio) y del que pudimos gozar de su presentación el pasado mes de febrero vía online en www.nuevoateneoonline.com y que podemos seguir actualmente en la plataforma de Youtube.

Si intensa y pasional fue su primera obra, si ya no nos dejó indiferentes su elegancia y madurez poética, no podíamos esperar menos de CUERPOS ACANTILADOS, libro que comienza citando unos versos de José Hierro que ya nos preparan para los que han de venir: «Imaginar y recordar/ Hay un momento que no es mío / …»

El libro está dividido en dos apartados: «Alma de blues» y «Clamor». En el primero de ellos alterna o integra —según los casos— la prosa poética con el verso y es el mas amplio en títulos. La poesía de María Jesús es el cuerpo del acantilado sobre el que las olas de la vida rompen con la fuerza de una resaca emocional, pero también arena en la que el mar se remansa. En ella, el recuerdo, la experiencia, y el amor, son faros confesionales que evitan naufragios. Con su voz de mar, su lenguaje desnudo, su hondura y autenticidad, María Jesús Beristain ha logrado que «Cuerpos acantilados» sea un libro de imprescindible lectura. De ahí mi recomendación.

Querida María Jesús, alma de blues, enhorabuena, mucho éxito, y gracias por este maravilloso libro.

Comparto dos poemas:

LITORAL

No dejaré que me deslumbre la luz
del imposible,
ni su queja, ni su congoja,
ni el valor de su palabra escrita
en los márgenes de cualquier poema.

Vivo
como litoral errante,
aquí y ahora,
en la voz desgarrada de la palabra libertad,
y sangro salitre entre las altas crestas
y la tragedia de los bajos fondos
del mar y sus silencios.

MIGRACIÓN

Llevo una herida que no sangra,
a veces duele dulcemente
cuando me miro en los espejos
y pienso que la vida es solo un capítulo
breve de algo que nadie entiende,
a veces duele sin compasión,
tiñe el día con el color plomizo
de las bombas agazapadas
entre las ruinas de la memoria
y se hace difícil respirar.
Llega otro amanecer batiendo aguas;
niños solos, mujeres, hombres
que lamen las costas, las rocas,
las playas hoyadas por el hambre,
sucias de sol y soledad.

La muerte acecha y jirones de banderas ondean lacias
por los pasillos y salones en fiestas de guardar
entre baúles y ataúdes de abrazos abandonados.

María Jesús Beristain es autora de un interesantísimo blog (MJB Literaria / mjberistain.com). Si no habéis tenido ocasión de visitarlo os recomiendo que lo hagáis; en él encontraréis su pequeño-gran mundo artístico, el personal, como núcleo de su creatividad tanto literaria como fotográfica, así como el mundo artístico de otros autores. Toda una joya. Según su autora «mi blog es como el diario que no escribo».

Gracias, mi querida amiga
Isabel Fernández Bernaldo de Quirós


Material de derribo

El sueño es lo que queda registrado primero en la impresión de la vigilia y después en el relato de la consciencia. No existe (es decir, no se queda, no perdura) si no es en ese relato, el lenguaje es su única materia.

Del Blog Trianarts

En Las mil y una noches soy una niña rubia con flequillo y larga trenza casi hasta el culo que deja escapar su «pelota» y corre tras ella y recorre las calles de su ciudad, todas sus calles bajo la lluvia, y no puede expresar lo que siente porque no puede respirar y va dejando notas escritas en pequeños trozos de papel porque solo quiere eso, recuperar su «pelota», ese es su deseo y su libertad.

Quizás sea un sueño, quizás el recuerdo de un sueño recurrente que sigue persiguiéndome desde que era una niña rubia con flequillo y larga trenza.

Yo estaba en Zumaia, la pequeña ermita en lo alto del acantilado, allí cerca del cielo, contando estrellas. Allí perdí el álbum de mis fotos de niña… Después, todo era oscuro y yo esperaba al alba entre el clamor de las olas de un mar roto y las nubes del alma que cantaban.

Material de derribo.

Vuelvo a veces con la vida a cuestas al desierto temblor de la playa, con ramas de cerezo enciendo un fuego silencioso que el mar refleja, aprieto el corazón entre mis brazos y escucho las voces del tiempo que arden lentamente en el azul infinito. La noche despliega entonces sus alas y muestra su cara más bella.

Inextinguible hoguera.


(Collage para un sueño)

La música del mar

El viento sacude las enaguas amarillas del otoño. Busca la boca desnuda de los bosques con pasión de enamorado. Desde el centro del pueblo llega un murmullo de voces infantiles por las estrechas pendientes empedradas. Hay hombres viejos sentados aquí y allá que parecen apacentar las horas. Las ventanas se tornan con lenta indiferencia filtrando finos hilos de luz silenciosos por las grietas. Se va haciendo tarde.

No tengo prisa, todo es un sueño. Llevo una vieja mochila al hombro.

Las sombras me siguen como afilados cuchillos negros. He subido hasta la cima con mi corazón a cuestas. Escucho el latir de las piedras, hogueras de estrellas se abrasan en el mar y estallan en el acantilado. Todo es un sueño. La noche ha borrado los caminos, el tiempo, los nombres…

En la lejanía navega indecisa mi vieja mochila.

Late el corazón apretado a las piedras, a las estrellas, al mar que rompe en el acantilado…

@mjberistain