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Escribir la luz de octubre

Cómo escribir su lenguaje cálido
y sus infinitas sombras,
mientras recorre el tiempo
los signos de ausencias remotas.

Cómo escribir la luz de octubre
sin que duelan los vientos,
ni la húmeda caricia de los besos
anegando la piel de mis párpados.

Cómo escribir octubre
sin que palpite el otoño en las venas
ni mueran las últimas hojas
como tiernas flores lentas.

Cómo escribir
sin alumbrar octubre en tu cuerpo
con la luz difusa de las farolas
sorteando los presagios más ciertos.

Cómo escribir
el sabor exacto del salitre en la piel
o el ocre aroma del delirio
agonizando frente a los relojes quietos…


De mi poemario “Apuntes de Salitre”


Canción de amor

Autor Rainer Maria Rilke

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.

¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?

Del Blog Trianarts

No porque llueva seré digno

No porque llueva seré digno. ¿Y cuándo
lo seré, en qué momento? ¿Entre la pausa
que va de gota a gota? Si llegases
de súbito y al par de la mañana,
al par de este creciente mes, sabiendo,
como la lluvia sabe de mi infancia,
que una cosa es llegar y otra llegarme
desde la vez aquella para nada…
Si llegases de pronto, ¿qué diría?
Huele a silencio cada ser y rápida
la visión cae desde altas cimas siempre.
Como el mantillo de los campos, basta,
basta a mi corazón ligera siembra
para darse hasta el límite. Igual basta,
no sé por qué, a la nube. Qué eficacia
la del amor. Y llueve. Estoy pensando
que la lluvia no tiene sal de lágrimas.
Puede que sea ya un poco más digno.
Y es por el sol, por este viento, que alza
la vida, por el humo de los montes,
por la roca, en la noche aún más exacta,
por el lejano mar. Es por lo único
que purifica, por lo que nos salva.
Quisiera estar contigo no por verte
sino por ver lo mismo que tú, cada
cosa en la que respiras como en esta
lluvia de tanta sencillez, que lava.

Claudio Rodriguez


El amor de su (mi) vida…

Quiero contarte… que sigo los escritos diarios de Pucho desde hace mucho tiempo. Exclusiva y afortunadamente los escritos públicos que comparte con su público entregado entre las que me encuentro. Sí, he dicho “diarios”. Su escritura tiene el poder de cautivar con simpatía, y hacer crítica social y política sin ofender pero sí iluminando las mentes de los que a primeras horas de la mañana estamos empezando a quitarnos las legañas y todavía no nos hemos parado a pensar si seremos capaces —y si es así, cómo— de arreglar y mejorar de alguna manera este viejo mundo. El consigue hacernos conscientes y prepararnos para la causa de ser mejores personas y perseguir la justicia y la igualdad de la raza humana. En definitiva nos habla de “amor”.

Sus escritos son dignos de los del Mester de Juglaría. Me explico: En este título ceremonioso se engloba el conjunto de poesía —épica o lírica— de carácter popular que difundieron los juglares durante la edad media, entre los siglos XII y XIV. Ellos eran quienes recitaban o cantaban para el recreo de nobles, reyes y pueblo en general.

Gracias Pucho por acompañarnos cada día con tus historias y “mentiras” y hacernos sonreir y pensar y en definitiva contribuir a que la vida sea un lugar más amable y más justo donde vivir.

Lo que traslado a continuación es solo una pequeña muestra. Ver más en el enlace a su página.

Pucho G Martinez

 · QUIERO CONTARTE

Lo que más echamos de menos es lo que nunca hemos tenido, me hubiese gustado tener un amor eterno, dulce y sencillo sin más complicaciones que las que pueden existir entre unos ojos que cuando se miran ven la paz reflejadas en las pupilas del otro, un amor en el que los besos sean el pan nuestro de cada día y el sexo la necesidad de acariciar una piel, un amor sin vencedores y vencidos, de millones de conversaciones en el sofá, abrazados con la televisión apagada y que si pregunto, ¿Que día es hoy? Tu respondas, qué más da, todos los días son azules, aunque llueva, no hay secretos escondidos, y estar juntos es cuanto necesitamos. No se si pido mucho o tu eso ya lo has conseguido, te envidio si es así, pero no como dice la gente, que solo aparenta, con una envidia sana, sino con una envidia enfermiza y cochina hasta el punto de que si pudiera te arrebataría ese amor para disfrutarlo yo, lo busco desde antes de ser un ido, aunque tal vez lo soy de nacimiento, lo cual no importa pues ahora no quiero hablar de eso. Hoy quiero contarte que siempre fracasé en el amor, que seguro que fue culpa mía, pero tampoco creo que mucha gente triunfara, pues he divorciado a más de quinientas parejas que meses antes juraban que todo iba de maravilla. Pero estoy empeñado en creer que ese amor existe, que tu y yo somos compatibles y podamos vivir en un lugar lejano, donde los besos abunden, y tu seas mi única ocupación, que caminemos siempre cogidos de la mano y durmamos en un mismo colchón teniendo por compañera, durante el día, la música, el campo y los animales que tu quieras, despertar siempre viendo tus ojos, bailar bajo un sauce llorón, recomendarnos libros, besarnos en cada encuentro en un rincón, aparentar que no te conozco para enamorarme a diario, reírnos con un chiste malo, ver salir y ponerse el sol, despedir las semanas, los meses y las estaciones. De las cosas de casa, yo me encargo, tu ya eres la luz de los dos.


Hundido a mi silencio

Me vestiré sin prisa,
mientras tu luz anida
en el gemido de mi pecho,
encadenada a tus surcos,
tus barrancos y tus selvas.
Me vestiré sin prisa con la piel solitaria,
hecha colina virgen y volcán en llamas.
Tendré la sangre en celo
encadenada a tu batalla,
y tú serás vertiente y filo
en el temblor de la mañana.
Mecido en el aroma de una paz frondosa,
beberás hasta el fondo mi conciencia.
Me vestiré sin prisa, absorta frente al agua,
al viento y a las rosas,
en el suspiro invisible que vela mi silencio,
con la alegría en los ojos
y un olor a ritmo y tierra.
Recorreré la ruta de tu cuerpo ya sin miedo,
y tú, ceñido a mí,
te fundirás tormentoso a mi silencio.
Y de nuevo sí…
encadenada a tu campo,
tu estanque y tu redil celeste,
improvisaré frutales y nidos de espumas.
Después, cuajado de tristeza… me acosarás,
y al pie de mi ventana dolerás entre mis dudas.
Me obligarás a quererte y te querré ,
lejos del río y de la entrega.

Yanira Soundy
Del Blog Trianarts
Fotogafía tomada en Bodo/Noruega


Espejismos

Cuántas estrellas podrá contar el mar esta noche?
José Hierro

Siete noches
tal vez solo
fueron siete noches, rara copia,
negativo de la realidad

Siete noches
que golpean en la sien
como las mareas
taladrando los sentidos

Siete noches
de estrellas varadas
en los espejismos del infierno.

@mjberistain
Imagen sobre óleo de Maurice Zapiro