Una emoción verdadera

Hay un bosque que se halla en mitad del río
Yo declaro que Tú eres ese bosque, ese río,
ese poder insólito en medio de una huída…
J.A. Glez Iglesias

 

 


Seré isla y seré puente
en mitad de la corriente.

Seré isla cortada
en el mapa del mundo que me rodea
La soledad no busca ninguna orilla.

Es como no querer nada
alguien que todo lo espera…

Alteración del poema de R. Juárez


 

Tú de mí

Vámonos a mi casa
me dijo mi niño
y mientras cantábamos, todas
las islas del archipiélago
bailaban junto a nosotros
Llegamos a su ciudad
y mi niño la
convirtió en un libro
para mí. Yo por
vez primera era feliz
y quería que el
tiempo se acabase para
siempre. Íbamos de la
mano y besándonos por
toda la comarca y
los imbéciles de turno
nos miraban muertos de
envidia porque nuestros nombres
estaban escritos en el
mismo cielo al que
ellos pedían perdón.
Pisamos
todas las calles de
la ciudad y ellas
nos pisaron a nosotros
y nos sentimos perdidos
de tan felices de
estarlo gritando.
Soñé, Soñé
y la pasión explotaba
en nuestros oídos y
sangramos de loco amor
y nos abrazamos como
si fuéramos los mismos
brazos y nos besamos
como si fuéramos la
misma boca frente a
los estupefactos rostros del
siglo pasado.
Estuvimos allí
donde los locos caminan
sobre los árboles y
los árboles se ponían
azules de felicidad por
nosotros.
Estuve contigo y
tu ciudad se nos
ofreció para descuartizarla entera
y los miembros se
esparcieron por dentro de
nuestros cuerpos como regalo
por ser tu cumpleaños
y también el mío
porque nacimos juntos solamente
por una razón, amarnos
mientras exista la literatura

(de La divina revelación )
Autor: Héctor Hdez. Montesinos
Imagen: Hugo A Klickowski


 

Fuimos el futuro

 

Abro el libro de las nubes
y encuentro entre las líneas de lluvia
una violeta muriendo de sed.
K. Lubomirski

 

Siento el rumor de las estrellas
bajo este cielo encanecido,
Mis manos aún recuerdan el camino
hasta tu vientre,
deambulando por los siglos
buscando piedras, árboles,
donde ayer tallábamos nuestros nombres.

Fuimos el futuro…
Mi cuerpo aún recuerda el dolor entre tus manos
cuando en mis pechos hacías que crecieran las violetas.


@mjberistain


 

Nomeolvides

De ningún viaje volvía siendo el mismo,
llenaba de luz
y corazones nuevos
el dulce lecho de nomeolvides.

Más allá del canto del ruiseñor
solo el silencio
de los bosques,
y mariposas muertas
a orillas del crepúsculo
donde, alguna vez, habitó el amor.


@mjberistain
imagen (Carlos Velazco)

 

Dónde buscarte?

 

Escuchaba su voz; sus voces…

Sus ojos eran la entrada al templo para mi, que soy errante, que amo y muero.
Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.

Atravesaba el túnel de su canto.
¿A dónde me llevarán estas letras?

Yo quería que mis dedos penetraran las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Solo cuando un refrán reincidía, alentaba en mi la esperanza de que se estableciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar, hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que con un tren algo salido de los rieles que se contorsionaba y se distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la fusión y del encuentro.

(Tu que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte?. Tal vez en este poema que voy escribiendo…)

 

A. Pizarnik (extracto)
Imagen: De la colección de Carlos Giménez-Poeta)

 

Las leyes del amor

“La poesía es hija del gran fracaso del amor”
Antonio Machado

 

Me asusta escribir la palabra “fracaso”.
Me incomoda cuando escucho a alguien pronunciarla. Tiene un fuerte componente despectivo, además del negativo. (es mi opinión).

Pienso que hay tanta vida detrás de ella, tantas ilusiones, tanto amor, tanto trabajo, tanto riesgo, tanta perseverancia, tanta humildad, que aplicarla a un ser humano es como un castigo o una condena para alguien que lo ha intentado todo por… (no voy a utilizar la palabra “triunfar” porque me resulta de un hedonismo superfluo) —decía que lo ha intentado todo— por alcanzar “un ideal”,  sea trabajar por un proyecto, optar a una mejor situación personal o profesional en su vida o en la de los demás. —No voy a hablar de conseguir ser amado por la mujer a la que se ama, o ser amada por el hombre al que se ama—. Podríamos pensar en tanta gente que aspira a sobrevivir porque el mundo en el que ha nacido ha podido resultarle complicado, hostil, aterrador, y que seguramente no se lo mereció nunca…

Dice el poeta…

“La primera ley del amor es que está destinado a morir, como todo lo que vive”.

“Que dure un día, un año, un mes
es marginal en el amor”.

“El compromiso es la segunda ley, según dice el poeta. Ven o vete”.

“Sé involuntaria, Sé febril,
No pidas, Arrebata y exige,
Resuella busca abrasa brama gime…
En el amor no existe
lo verdadero sin lo irreparable”.

“La pasión amorosa, la experiencia erótica”.

“Tu piel contra mi piel, eso es lenguaje
Todo cuando pretenda enmudecerlo
maldito sea”.

“El amor no dura, y cuando cesa, duele”.

“Sufrir con humildad el fracaso de un amor no es tan solo un camino para llegar, alguna vez, hasta el futuro con buena salud amorosa; es reconocer que el sufrimiento es la única prueba de que aquello fue verdad, que la herida ha cercenado la dicha pero ha vuelto olorosa la memoria. Pues la memoria del amante merece y puede ser de sándalo.”

 

Referencias: Las Rubáiyátas de Horacio Martín (Félix Grande)
Imagen: El cambur


 

 

La desmemoria

Hace solo unas horas he descubierto un Blog al que he llegado por medio de una reseña que se ha hecho de la obra de mi amiga y gran poeta Isabel Fernández Bernaldo de Quirós, a raíz de la reciente presentación de su cuarto libro de poesía titulada “La senda hacia lo diáfano”, publicada por Editorial Vitruvio.

En este caso quiero referirme a la persona que firma el blog: Carlos Alcorta.
“carlosalcorta – Literatura y Arte”

A él agradezco el haberme animado a reflexionar sobre un tema que estos días me he aventurado a incluir en alguno de mis escritos, llamado en términos poéticos “desmemoria”, como un estado “voluntario y temporal” entendido como ayuda para la sanación emocional.

***

«Quien vive sin memoria no ha salido aún del paraíso». Ese estado virginal, esa referencia a la pureza resulta conmovedora porque revela un estado anterior al pecado y a la penitencia que este lleva aparejada, pero, por más que poéticamente vivir sin memoria resulte una metáfora de la inocencia, del paraíso perdido, no deja de ser un impedimento que coarta el futuro y tergiversa el presente al mostrar una visión sesgada de la existencia.

La memoria es fundamental para consolidar ese proceso en construcción permanente que llamamos identidad, pero, además, la memoria posee una función colectiva, histórica, de suma importancia para reconocernos en lo ajeno, en el prójimo, en el otro, incluso para que ese otro se reconozca, a su vez, en nuestra mirada. Quien vive sin memoria vive como si no estuviera despierto del todo, vive de espaldas a la realidad y renuncia a aquello que Thoreau llamó “la herencia del mundo”. Por eso no es conveniente dejar que crezcan a nuestro alrededor las zarzas del olvido. El olvido ningunea a las personas e invisibiliza acontecimientos, aviva la ausencia y espolea la ignorancia, por más que olvidar sea necesario para asimilar la crudeza de la realidad: «Olvidar —escribe Carlos Castilla del Pino— es una forma, económicamente necesaria, de disolver aquella parte de nosotros que, por diversas razones (algunas conocidas, otras ni siquiera cognoscibles), no toleramos. Cada recuerdo (de alguien, sobre algo y en algún lugar) es un Yo. Entre uno y otro Yo se abren fisuras, que a menudo se suturan mediante recuerdos o seudorecuerdos (las imprecisamente denominadas “ilusiones de la memoria”)».

Deducimos de lo dicho más arriba que, al menos, hay dos tipos de olvido. Uno olvido inconsciente que cauteriza las heridas y ejerce un efecto salvífico y otro de consecuencias nocivas, un olvido voluntario que actúa como un disolvente cuyo fin es deshacerse de todo aquello que, por una razón u otra nos resulta molesto o antipático. Las instituciones, los organismos públicos y privados, la colectividad en general suelen ser quienes emplean esta treta con mayor prodigalidad, pero sin ostentar el monopolio; no es infrecuente encontrar individuos que cultivan ese absentismo evocativo.



Carlos Alcorta – Literatura y Arte

extractado de la reseña sobre el libro de Manuel Arce titulado “Un árbol solitario”
Imagen: Cara de mujer de Picasso