En el horizonte se dibuja un mar oscurecido, profundo y misterioso, pero también azul de esperanza. La vela se abre como un sueño que avanza, y la figura solitaria en la embarcación se convierte en símbolo de quienes, aun en medio de la incertidumbre, deciden seguir navegando.
Cada reflejo en el agua es promesa de claridad, cada ráfaga de viento es impulso de fe. Así comienza la jornada: con la certeza de que, aunque la noche se resista y pretenda atraparnos, siempre habrá un azul que nos sostenga y nos invite a abrir nuestras velas a la vida.
Buenos días, con la esperanza desplegada como velas al viento…
COLECCIÓN ENTRE SILENCIOS Y COLORES (Mis cuadernos de Flow)
Parece que contienen la respiración cuando entro por la mañana, todavía con legañas, y me miran de reojo…
Esta noche ha sido horrible, dura y larga. Pienso en cómo tiene que ser una noche a la intemperie de los tiempos, cubierta por el polvo y los cascotes de las ruinas de tu propia casa, escuchando al vecino del segundo llorar y moquear con desconsuelo mientras el estruendo y el humo de las bombas se recrean bajo un cielo apagado e inerte.
Pero mi discurso de hoy no tenía intención de empezar así, lo siento.
Decía que me miran de reojo, ahí dignos ellos, pinceles y paletinas como si fueran los reyes del mambo esperándome, jactándose de que hoy será un gran día para jugar conmigo. ¡Bellacos!
Pero, como decíamos ayer, me siento como ese director de orquesta que dirigirá, en breves, a Mahler. Preparados los participantes de mi orquesta, bastante aseados; es la norma, aunque a veces se despistan y aparecen con los pelos rígidos y coloreados después del trabajo de la víspera. Así que nos encontramos en el lugar de convergencia. Hoy navegaremos juntos hacia la intensidad de ese paisaje emocional del «Mood o fenómeno del Flow». Ese instante en el que el gesto (en el caso pictórico) deja de ser forzado. Desde la tarima paseo la mirada por el espacio, reconociendo a cada uno de ellos; el silencio logra la conexión necesaria para saber que debemos actuar superconcentrados y, al mismo tiempo, sentirnos profundamente libres. (Nadie pregunta cómo). No pensar en el público, ni en uno mismo. La música sucederá, será revelada; únicamente existirá ella desplegándose en el tiempo.
Abro los ojos en la ducha a ver si consigo que entre la cordura por alguna grieta de mis sueños hasta el cerebro. El papel blanco me espera con sus mejores galas: la pureza que sugiere el color blanco. Medito unos momentos, respiro despacio, pienso en no pensar. Siento el vacío y el poder en mi interior discutiendo, mientras unas gotas de negro caen sobre la hoja impoluta debido a la turbulencia de mis gestos ¡cielos! la resistencia del «ego». Quiero interpretarlo como un error (no como un fastidio) que, sin duda, según me lo han explicado, puede utilizarse para dar origen a mi obra abstracta de hoy. La paletina me mira con ojos de culpa y desconsuelo. Le recuerdo que su participación es básica y fundamental, que es mi herramienta preferida hoy, que la aceptación es un poder divino para llegar a alcanzar el Flow.
Lo cierto es que el arte nos hace vivir una experiencia creativa común: la búsqueda personal interior y ese diálogo que se establece en la paz, armonía y equilibrio como una resonancia emocional. Es la sensación de fluir en un magma (es lo que siento cuando nado en mar abierto). Abre un espacio interior hacia el crecimiento, creer en uno mismo aparece como sorpresa. Se convierte en espejo de gozos y sombras. El magma como símbolo de resiliencia y transformación, de aceptación y pasión, de evolución personal.
Como dice la IA, «el magma espiritual representa el fuego interno necesario para transmutar la energía negativa en fuerza positiva y estabilidad».
Voy a empezar como lo hacen las flores antes de que la primavera se vista con sus mejores galas de primavera, poco a poco. Hace mucho tiempo que no pasaba por aquí, ya sabes, el invierno, el frío, la lluvia, la guerra… y mi corazón que no está disponible para estos tratos ni sobresaltos. Así que me arrebullo entre mis cosas y continúo tratando de encontrar mi centro, como decía mi compañera de fatigas y discursos a la cual admiro, Julia.
Y no es que se me olviden las cosas, aunque también, sino que a veces siento que no me queda tiempo para todo lo que pretendo hacer, y me muevo como las gallinas dando vueltas por el prado, queriendo picar por aquí, por allá. Sé que esto es infame, ya «me lo decía mi amá», porque lo de la concentración se ve afectada y el estrés aparece como un saltimbanqui intentando llevarme al huerto mientras me dedico unos minutos a la meditación, antes de ponerme a pintar cada mañana.
Ayer rescataba de mis archivos de fotografía algunas ramitas, flores incipientes que encuentro en el paisaje de los pueblos abandonados que tanto me gusta visitar. No es morbo lo que me atrae, en ellos encuentro una especie de paz, silencio, la lontananza que vivieran sus habitantes durante el destrozo, por los motivos que fuera, por lo que se sintieron abandonados y dejaron su tierra, sus muros y piedras a la suerte de la intemperie, después de haber sobrevivido a guerras y otros frentes. Es cierto que su contemplación me invita a reflexionar, en una especie de comunión con la humanidad. Y eso me hace bien.
Así, dejo unas imágenes que me animan a continuar con mis viajes y traer la próxima vez algunas ramitas adolescentes para la colección.
No puedo ocultar una cierta debilidad y deleite cuando la meteorología anuncia nieblas en mi zona. Armo mi mochila, cargo las baterías de la cámara, y preparo mi ropa y mis botas de invierno para enfrentarme al frio antes de irme a dormir. Salgo de madrugada donde quiera que me encuentre y me pierdo en el algodón que difumina, ocultándolo, el paisaje tan sugerente…
Estas imágenes fueron tomadas durante la subida a Monteperdido con un grupo de Asafona (Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza)
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Dejo que el viento sur me acaricie el alma y me lleve volando entre sus hilos lejos, hacia atrás, sobre la distancia de un Tiempo pasado, feliz, entre estas nubes desgajadas.
Viento Sur fue el nombre primerizo de una historia que aún continúa reflejándose en este blog desde aquel momento…
Invadida por una íntima desazón, no puedo evitar sentir el paisaje de mi vida decorado aquí y allá con los restos de mis juguetes rotos…
Salida con ASAFONA (Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza)
LÍQUENES
Los líquenes son organismos que resultan de la simbiosis de hongos y algas. Normalmente crecen en lugares luminosos y se extienden sobre rocas o cortezas de los árboles formando pequeñas hojuelas o costras grises, pardas o rojizas. (RAE)
Naturaleza simbiótica
Los líquenes son una asociación entre un hongo (el componente principal) y un alga o cianobacteria.
El hongo proporciona al alga humedad y protección, y el alga le proporciona alimento a través de la fotosíntesis.
Beneficios
Indicador de aire limpio: Son muy sensibles a la contaminación, por lo que su presencia suele indicar un aire de buena calidad.
Protección: Protegen la corteza de los rayos UV y las temperaturas extremas, y ayudan a retener la humedad.
Soporte: Proporcionan alimento y refugio para otros animales pequeños.
Fijación de nitrógeno: Algunos tipos fijan nitrógeno del aire, lo que es beneficioso para el ecosistema.
La nao San Juan, réplica científica del ballenero vasco del siglo XVI, culmina así la etapa de construcción en tierra y abre su etapa de mar, marcando un hito para el patrimonio marítimo internacional. La botadura estará precedida por un acto institucional en el interior de Albaola Itsas Kultur Faktoria, con la presencia de autoridades locales y autonómicas, entre ellas el Lehendakari, Imanol Pradales, y la Diputada General de Gipuzkoa, Eider Mendoza, así como representantes del Gobierno de España y del Gobierno de Canadá, además de colaboradores de diversas disciplinas que han participado del proyecto. Impulsada por Xabier Agote desde la asociación sin ánimo de lucro Albaola, la construcción de esta réplica combina construcción naval tradicional e investigación rigurosa de la tecnología marítima vasca del renacimiento. El proyecto ha requerido la creación de una infraestructura humana y material capaz de reactivar oficios casi desaparecidos como la carpintería de ribera, la herrería, la velería o la cordelería, y se ha desarrollado frente al público en un espacio vivo de investigación, divulgación y transmisión de conocimiento. El pecio del San Juan fue localizado en 1978 en Red Bay (Labrador, Canadá) gracias a las pesquisas realizadas por la historiadora Selma Huxley y a las campañas del Servicio de Arqueología Subacuática de Parks Canada dirigido por Robert Grenier. El estudio y catalogación de miles de piezas permitió definir con precisión el casco y las técnicas constructivas del siglo XVI, convirtiendo al San Juan en referencia internacional para la arqueología subacuática. Albaola abordó la construcción de la réplica científica tras recibir el minucioso informe realizado por Parcs Canada.
Se espera lluvia este fin de semana. Nuestros ánimos se encuentran en alta porque esperamos capturar las mejores fotografías del otoño. Destino El Valle de Bielsa, un amplio territorio de montaña en el corazón de los Pirineos donde profundos y exuberantes valles de origen glaciar ofrecen paisajes de una belleza extrema a la sombra de grandes tresmiles. Se esperan nieblas y ello añade atractivo al largo y tortuoso viaje de cientos de curvas, hay que decir que la ruta está en buenas condiciones.
Gran mochila imaginando frio, lluvia, y nieblas, además del equipo fotográfico a cuestas…
¡Perfecto! La fotografía tiene mucho más interés cuando la meteo se nos enfrenta. Con máximo cuidado conducimos por una escasa pista de piedras hasta la zona del Parador del Valle (a unos 2.000 mts), después caminando lo que cada uno pueda… hasta llegar al circo de Pineta al fondo del Valle, punto de partida para la ascensión a la cima de Monte Perdido.
Me quedo con unas pocas imágenes de recuerdo que nunca darán la talla de lo que la Naturaleza nos ofrece «al natural».
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Organizado porASAFONA Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza Fotografía @mjberistain
Composición fotográfica a partir de tres fotografías del Puente Colgante de Bilbao editadas en Blanco y Negro. Trabajo de fusión y desenfoque. Tamaño 38×29 cm., resolución 300 ppp.
El puente de Vizcaya (Bizkaiko zubia en euskera), también conocido como puente Bizkaia, puente Colgante, puente de Portugalete, o puente Colgante de Portugalete, es un puente transbordador de peaje, concebido, diseñado y construido por iniciativa privada entre 1887 y 1893, que une las dos márgenes de la ría de Bilbao en Vizcaya (España). Esta construcción de ingeniería civil fue inaugurada el 28 de julio de 1893,[1] siendo el primer puente de su tipología en el mundo[2] y uno de los ocho que aún se conservan.[3]
El puente recibe varios nombres. El nombre que consta en su página web oficial es «Puente Bizkaia», aunque su denominación más popular y extendida sea la de «Puente colgante» al que a veces se suele añadir la extensión «de Portugalete«. También suele recibir el nombres de «Puente de Portugalete», ya que originalmente unía Portugalete con Las arenas de Portugalete (ambas márgenes se consideraban del mismo municipio), y «Puente Palacio», en honor de Alberto de Palacio y Elissague, el ingeniero que lo proyectó.
El puente enlaza la villa de Portugalete con el barrio de Las Arenas, que pertenece al municipio de Guecho, así como las dos márgenes de la ría de Bilbao. Su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX.[4]Bilbao – Puente Colgante de Portugalete. El puente tiene 61 metros de altura y 160 metros de longitud es un puente transbordador de peaje, concebido, diseñado y construido por iniciativa privada entre 1887 y 1893, que une las dos márgenes de la ría de Bilbao en Vizcaya (España). Esta construcción de ingeniería civil fue inaugurada el 28 de julio de 1893,[1] siendo el primer puente de su tipología en el mundo[2] y uno de los ocho que aún se conservan.[3 Wikipedia.
Composición fotográfica de la obra del escultor Nestor Basterretxea titulada Paloma por la Paz, fue creada en 1980 y situada en el Paseo de la Zurriola de San Sebastián.
El procesado combina varias fotografías en color de la escultura, conposterior desaturación, fusión, desenfoque y virado a blanco y negro, aportándole un terminado en tonos azules. Tamaño 70x 41,2 cm.
Autoría: Macarena Azqueta y Maria Jesus Beristain con la colaboración de María José Cueli en el procesado.
Museo Pablo Serrano, febrero 2025
Nota: Obra donada a la Asamblea de cooperación para la Paz de Zaragoza, expuesta en el Museo Pablo Serrano y vendida en subasta.
Nací, crecí y soñé durante miles de madrugadas en este lugar. Mis raíces aquí. Esta es mi Tierra, me identifico en su Naturaleza; mar, montaña, música, lluvia, niebla, sol y también en su oscura luz… Vibro en ella como una gota de agua a punto de caer de una rama de roble al vacío.
Hablamos mucho de «redes» últimamente… Mi proyecto de descanso durante unos días a final de año se ve inmerso en ellas. Redes. Y no puedo negarme a entrometerme en sus espacios, respirar el aire de salitre que desprende el Mediterráneo en San Carlos de la Rápita, entornar los ojos para contemplar la distorsión de las ondas que forman los reflejos en el agua, y en las hebras de pita amontonadas una vez que los barcos han descargado en puerto el pescado fresco que traen para subastar en la Lonja.
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Además de la belleza del paisaje, de la sonoridad del río que nos acompañaba durante toda la ruta, de las castañas caídas que fuimos recolectando, del sol y de las sombras, lo mejor del día fue coincidir con un grupo de montañeros de Navarra. En el monte no hay diferencias, todos somos hermanos, la cordialidad, la simpatía, la generosidad son valores que sobresalen, especialmente en condiciones complicadas, aunque ese día estos valores brillaron por simpatía.
Era un día magnífico. Llegamos al lugar de la primera cascada de las dos que teníamos previsto conocer. Estaba «tomado» por un grupo de personas que estaban sentados en la hierba, apostados entre los árboles. A medida que nos acercábamos, nos llegaba el inconfundible aroma a hongos cocinados (concretamente a boletus edulis). De los primeros saludos, brotó inmediatamente la empatía. Y nosotras no habíamos llevado nada para comer, porque pensábamos hacerlo más tarde en el pueblo. No dudaron ni un segundo en ofrecernos parte de su «amaiketako» (almuerzo). Nos prepararon a cada una un pequeño bocadillo de su deliciosa tortilla de hongos acompañada con un vasito de vino. Y de postre magdalenas recién hechas esa misma mañana, a las que se había añadido una cucharadita de mermelada de naranja amarga, y colocado con cariño sobre cada una, un trozo de nuez.
¡Qué placer! Fueron momentos mágicos, sagrados, el encuentro y la charla con esta gente de diversos lugares de nuestro país, montañeros desde jóvenes, como nosotras, que tatuaron en nuestro espíritu una huella muy especial.
Salida propuesta por mi amiga MiCueli a la que llegué gracias a la fotografía. Hoy todo lo que sé se lo debo a ella. Además, es un placer muy especial compartir momentos inolvidables como este.
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Y me encontré con Charo. Su imagen de persona joven trabajando con la leña me interesó, le pedí permiso para tomar una fotografía y lo agradeció. Después de unos minutos de conversación, continué mi camino hacia Aguallueve.
Aguallueve es un manantial que cae continuamente en forma de gotas de agua, creando un espectacular relieve, con paredes de piedra y musgo, y pequeñas grutas escondidas entre la vegetación.
El agua genera un bonito valle rebosante de naturaleza, que puede recorrerse a través de sendas y caminos rodeados de árboles y arbustos, como pinos, chopos, zarzamoras… y animales autóctonos, como el mirlo, el cuco, el corzo…; y en el que existe un gran contraste del verde con los colores rojizos de la arena arcillosa, en la que se forman impresionantes cárcavas, y el gris de la piedra caliza de lo alto del aguallueve. El agua se recoge en una balsa que después se canaliza para el riego de campos y huertos.