Acuarela y Acrílicos

De mi a la estrella un paso me separa:
lumbres de la luz misma que esparció
en la explosión casual del nacimiento,
entre la noche que fue y ha de ser,
la gloria solar del pensamiento.
José Saramago
EL MAR EN MÍ, VIVENCIAS, SEDUCCIÓN, SENSACIONES, SENTIMIENTOS, RITMOS, ECOS, BÚSQUEDA, AUSENCIA, MISTERIO. Lo que ocurre y ha ocurrido dentro y fuera de mi, a mi alrededor.

De mi a la estrella un paso me separa:
lumbres de la luz misma que esparció
en la explosión casual del nacimiento,
entre la noche que fue y ha de ser,
la gloria solar del pensamiento.
José Saramago
Hola amigos,
Como ya os había comentado, ha llegado el momento de hacer visible mi trabajo durante estos últimos tiempos dedicada a la acuarela y otras actividades relacionadas con el arte
Os presento en PDF mi colección de PINTURAS
que irá actualizándose a medida que se produzcan variaciones en su conenido
Agradezco muy especialmente vuestra presencia al otro lado de mi pantalla, ha sido muy importante sentir el apoyo de palabras de ánimo y empatía a lo largo de este largo periodo de vida del Blog.
Hoy, gracias también a vosotros pienso que soy mejor persona.
Si estáis interesados en algún ORIGINAL
os informaré de tamaños disponibles y otros detalles
SIN NINGÚN COMPROMISO
contactar directamente conmigo
en
mjberistain3@gmail.com
Por otra parte y completando esta nueva etapa, os recuerdo que se ha establecido una fórmula para la obtención de «REPRODUCCIONES Fine art» de mis obras, en diversos tamaños y papeles que estarán disponibles a un menor precio.
Os animo a conocer mi trabajo sin ningún compromiso, y me encantará recibir comentarios, críticas y recomendaciones, en fin, me alegrará mucho que participéis de este nuevo mundo como lo habéis hecho con otros temas que han cuajado en este rincón de locuras, que tantos momentos entrañables nos ha permitido compartir. Muchísimas gracias por vuestras visitas.
Maria Jesus
De «Andanzas por La Corniche»
Explorando nuestras costas voy encontrando pequeñas playas y calas casi inaccesibles entre los bosques que bajan serpenteando desde la carretera hasta las orillas del mar. He estado observando las mareas, y ha habido días en los que he procurado acercarme en horarios intempestivos. Esos momentos en los que las rocas quedan al descubierto y yo busco algo desconocido.
Estas imágenes son resultado de la observación de las rocas y del descubrimiento de raras imágenes que han ido configurando un proyecto nuevo cerca del mar. Las rocas, sus formas y tamaños, texturas, sugerencias de objetos y personajes, o un cromatismo que en sí mismo me descubre su gran belleza abstracta.
Originalmente publicada un día como hoy en agosto 2022
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Las fotografías fueron tomadas por mi cámara Nikon en las playas de piedras Lafitenia y Sénix en Acotz, Francia
DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE
Quizás no era consciente entonces de que mi alma vibraba al albur de las mareas… Día a día el mar era mi compañero y confidente, en él me veía reflejada como en un espejo.
En la soledad del amanecer sentía una rara identificación con el mar, sí, lo he escrito bien, había días en los que me sentía en plenitud, como la seda en la quietud de sus aguas apacibles; otros, con la lenta belleza susurrante de las orillas y sus inmaculadas puntillas de espuma. Había días, sin embargo, que me sentía reflejada en su furia, en la fuerza de sus resacas arrasadoras, o en la elegancia de interminables olas gigantes golpeando acantilados, sus alas volando hacia la infinitud. A veces ocurría en días de galerna, cuando la naturaleza arremetía con un temporal súbito y violento transformando la tranquilidad de una tarde de verano en puro caos.
Quizás en los recuerdos afloran mis raíces y no puedo evitarlo…
DESBLOQUEO
Cada cuadro tiene un sujeto y un tema, y no son lo mismo. El sujeto de un cuadro podría ser la playa, pero el tema podría ser la experiencia de quedar atrapado en una granizada en esa misma playa. Son dos cosas distintas, entrelazadas.
Una foto de la playa es una representación. Un cuadro sobre quedar atrapado en una granizada es una expresión. No se trata de fotos » de, sino de pinturas «sobre» una historia. Lo cual es liberador… El artista se libera de la necesidad de captar la vista a la perfección, porque la vista nunca fue lo importante.
Es como la diferencia entre prosa y poesía. La prosa documenta… lleva a recorrer la playa y describe todo lo que encuentra a su paso. Un poema no hace eso. Destila y sugiere. Unos pocos versos que, de alguna manera, capturan la esencia, el espíritu del lugar. Un paisaje abstracto funciona de la misma manera. No se está escribiendo la entrada de una guía turística. Se está escribiendo un poema.
La experiencia; el viento, el sonido, el granizo, son la fuente del sentimiento, son «tangibles»…
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El texto (es parte de un documento cuyo autor siento no tenerlo registrado de momento…)
Las fotografías son de mis acuarelas
Cómo puede la vida más pequeña contener tanto amor como para colmar al mundo.
Tal vez la oscuridad sea Luz desconocida.
Karl Lubomirski
Olas en el mar de las noches,
donde reina el silencio,
solo el leve rasgar del agua
de estrellas, cayendo a mi lado.
Ensueños que divagan entre las olas
de un mar origen y resurrección.
Mar sin lagrimas,
como el más bello atardecer
alumbrando rasgos de cicatrices
en el basalto…
@mjberistain
He amanecido muy despacio entre los susurros del viento. Las cortinas blancas me acechaban, se acercaban y llegaban hasta mi, sedas vaporosas con el glamour de los fantasmas silenciosos, dibujando signos de lenguajes fantásticos, inventando nuevas músicas de palabras preciosas por las paredes.
Era muy temprano. Lloraba el mar en los ojos de la noche, el horizonte casi a oscuras era un espacio inexorable.
No me he preguntado si era tarde o temprano para levantarme de la cama. ¡Qué más daba! La soledad tiene estas cosas… Esa especie de libertad que permite fluir en la locura, en la paz de la nada.
«Tierra de sed, cuando no sufras, podrás florecer.»
Estas palabras las he tomado de la antología del poeta Karl Lubomirski
He sentido un calor extremo pensando en los incendios voraces que campan a sus anchas muy cerca de cada uno de nosotros, y al esfuerzo y ayuda inconmensurable de las personas que están trabajando días y noches para dominarlos. No dejo de pensar en ese futuro que dejaremos a nuestros hijos con el cambio climático como una amenaza real para la supervivencia de las especies de este planeta Tierra. Pero no era eso de lo que quería hablar.
Me calzo las sandalias de flores de almendro y avanzo por un camino de piedras y de árboles frondosos. Caen algunas hojas abrasadas que nadie arrastra, yo dejo que me despeine una brisa mañanera favorable que me ayudará a prepararme para soportar el calor que se concentrará en la ciudad en pocas horas. Como alas de mariposas revoloteando aquí y allá imagino palabras de saludo al día que nace. Las aguas del canal cambian a un destello color plata cada vez más extenso. El cielo ha terminado por conquistar a las estrellas.
Vuelvo a casa. Mi nieto que acaba de despertarse, me reta a que acierte el título del libro que está leyendo, recomendado por su padre. Me pilla, yo le invito a salir al aire fresco de la terraza y le hablo del «susurro del viento», un humilde texto que pensaba escribir esta mañana. Sus ojos se agrandan y brillan como la luz de una bonita palabra.
Se titula «El nombre del Viento», qué coincidencia! Nos damos un abrazo amoroso y desayunamos juntos.
Vibro con la belleza de estos momentos que se mezclan con mis imaginaciones, y soy un poco más feliz.
Imagen: De mi colección «sketchbook» o cuaderno de ejercicios de pintura
FOTOGRAFÍA Y POESÍA
RUTA CIRCULAR PRESA DE AÑARBE (Artikutza) – 2024








MÚSICA DE AGUA
El espacio
―debajo del espacio―
es la forma del agua
en mi recuerdo.
No tú, ni tu memoria.
Sólo el nombre
que tu lenguaje escribe
en el silencio:
un idioma de agua
más allá de los signos.
Adaptación del poema de Jaime Siles (Música de agua, 1983)
Siento que cada ruta, cada camino recorrido durante mi vida ha resultado ser «circular».
Fue difícil caminar unos cuantos metros en equilibrio sobre el estrecho murete del canal. El agua fluía en suave pendiente hacia el río que imaginábamos al fondo del valle. Podíamos escuchar su murmullo aunque solo de vez en cuando asomara entre la densa vegetación.
Pienso en Añarbe, uno de esos momentos preciosos con los que te regala la vida, no únicamente por la belleza espectacular de su Naturaleza, sino porque la amistad era entonces una roca asentada en un espacio luminoso de nuestra existencia…
Con el tiempo, los caminos se bifurcan, las distancias crecen y los paisajes se transforman. Sin embargo, algunos recuerdos permanecen intactos, como si siguieran aguardándonos al final de una curva del sendero. Quizá por eso regreso a Añarbe, no para recuperar lo que fue, sino para reconocer en su reflejo una parte de lo que permanece.
Gracias Miren y Javi.
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Qué son los fractales y cómo crearlos?
Al observar con atención una mancha de acuarela sobre papel húmedo, podemos descubrir patrones delicados que recuerdan formas naturales como ramas, raíces, cristales o nervaduras de hojas. Estas estructuras, conocidas como fractales, surgen porque el agua fluye de manera irregular y lleva consigo el pigmento, creando bordes, caminos y texturas que se repiten a diferentes escalas.
Aunque parece algo complejo, los fractales aparecen constantemente cuando permitimos que el agua y el pigmento interactúen con libertad.
Existen técnicas sencillas que podemos usar para potenciar estos efectos y crear patrones fractales de manera consciente.
Por ejemplo, espolvorear suavemente unos granos de sal sobre una capa húmeda de acuarela es una manera fácil de crear fractales. La sal atrae el agua hacia sí misma, generando pequeñas ramificaciones y patrones cristalinos al secar.
Otras técnicas útiles son dejar caer agua limpia sobre una capa ya pigmentada, lo que genera bordes fractales y figuras naturales, o inclinar ligeramente el papel para que el agua forme caminos espontáneos.
Explorar estos métodos es aprender a dialogar con el material, respetando sus tiempos y disfrutando el proceso de descubrir formas nuevas en lo inesperado.
Sobre cómo “escuchar” la mancha para intervenir después:
Escuchar la mancha es detenerse antes de actuar. Es mirar sin prisa, dejando que algo empiece a hablar desde el papel.
A veces, una curva sugiere una espalda. O una sombra insinúa la pata de un animal.
No se trata de inventar, sino de descubrir. El siguiente gesto no viene de la mente, sino de una mirada que ya ha aprendido a confiar.



Texto Araceli García
Pinturas mjberistain_arts
Hace solo unas semanas he conocido a esta mujer de larga trayectoria como Artista. Fue reconocida en el ámbito internacional por la calidad de su obra y su dedicación a ella durante una larga vida, hasta su último suspiro. La descubrí el mismo día que cumplía 108 años y la noticia mostraba en imagen que, aún a su edad seguía pintando…
Por algunos detalles que he leído sobre ella, sent «tocada»
Pintó para sí misma durante 80 años silenciosamente. Fue una artista secreta la mayor parte de su larga y feliz vida. Se levantaba a las siete de la mañana y se ponía su delantal rojo repleto de manchas, se preparaba un café y se lo llevaba a su taller donde pasaba sus días desde siempre. Pintaba en el suelo, semi acostada sobre una alfombra persa, el cuadrado en el que aún puede leerse el mapa de su existencia. (En el periódico La Nación se leía en un titular en grandes letras: «A los 105 años, Ides Kihlen se consagra en el Bellas Artes»). Su debut artístico fue en el año 2000. Nadie comprendía cómo una obra tan poderosa pudo haber estado oculta durante más de ocho décadas.
Ella nunca quiso premios, concursos, reconocimiento o publicaciones. Tampoco le interesó hacer carrera como artista. El mundo del arte la reconoció entrando en el siglo XX, hasta entonces su obra había sido un tesoro personal y escondido para ella. Decía, «Con mi pintura y mi piano soy feliz, no necesito nada más». También estudió sicología y escribía poem
Una vez en el círculo comercial, no pararía de exponer en los mejores Museos de Arte Moderno y vender sus obras.
Ver Ides Kihlen
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Me tiene intrigada.
Sigo en mis trece de conseguir dominar el espacio que me separa del estado de Flow. Comprendo que no sepas de qué estoy hablando. Intento darte unas pistas. Por poner un ejemplo, siempre he querido ser un «director de orquesta» que, además de organizar un selecto y virtuoso grupo de músicos a su dictado, «siente» mientras dirige a Mahler oa Beethoven. (Que quede claro que mi envidia no es maligna; es solo creativa).
Se produce un silencio en el auditorio, algunas toses sofocadas por parte del público antes de que comience la música. El director levanta la batuta (o sea, en el caso que analizo sería ese fenómeno de enfrentarse al papel en blanco), y el aire de la sala cambia. Una especie de éxtasis emocional. Cien músicos y cientos de personas aguantan la respiración, todas las miradas coinciden en el mismo punto, en ese lugar en el que convergen la memoria de los ensayos, tantas partituras y páginas coloreadas emborronadas, tantas lágrimas y sueños descoloridos. Sin embargo, ese punto de convergencia es, asimismo, ilusión fundada en horas de dedicación y estudio, es esperanza a la que nunca dejaremos escapar. Es una emoción que respira hasta lo más profundo y vuela a lo más alto en equilibrio libre mientras la música va desplegándose en el tiempo.
Dicen que en una sinfonía de Mahler (por cierto uno de mis preferidos), el director se siente como si navegara por un paisaje emocional inmenso donde cada uno de sus gestos pudiera abrir una nueva puerta a otra atmósfera iluminada. Por otra parte si hablamos de Beethoven el director de orquesta quizás siente una energía concentrada, volcánica, empujando la música hacia adelante con una fuerza inevitable.
Son dos poderosos ejemplos. En este caso alguien empieza a sentirse como Beethoven cuando quiere sentirse como Mahler. Craso error. El aspirante a artista investiga sobre las razones de su obsesión y el motivo de su disgusto que no comprende, cuando dedica tantas horas de su vida al estudio de las técnicas y a llenar de manchas de colores sus papeles acuarelables.
¡Ah! Es el estado de flow…
Ese momento íntimo, esa sensación de «fluir», algo que acontece, que se alcanza por medio de la concentración, una sensación difícil de describir. Una luminosidad en la quietud perfecta del alma, por la que el director de orquesta siente que la música no está siendo interpretada, sino revelada, y deja de ser un controlador para convertirse en un canal espiritual por el que sucede la única verdad.
Cuando aparece el estado de «flujo», ocurre algo especial; la conciencia del tiempo se disuelve…
Fotografía de JAV
EL PINTOR DEL SILENCIO
Del Blog del Museo Thyssen Bornemisza, tomo prestados algunos detalles que me interesan especialmente sobre el pintor Vilhelm Hammershøi (1864–1916)
(Actualmente exposición de su Obra en el Museo)
Se trata de uno de los grandes nombres de la pintura danesa y una figura esencial del arte escandinavo moderno. Conocido como el maestro de los interiores silenciosos, su obra cautiva por su atmósfera enigmática, su luz tenue y su inconfundible paleta de grises. Sus cuadros transmiten calma, espera y recogimiento. Su contemplación nos habla del ritmo lento, contenido y vibrante del artista.
Los espacios parecen suspendidos en el tiempo, como si el mundo se hubiera detenido durante unos segundos. Por eso muchos lo llaman «el pintor del silencio»
La paleta de Hammershøi es extremadamente limitada, ocres, negros, grises, pero precisamente ahí reside su fuerza: la luz y las líneas se vuelven protagonistas absolutas.
Pintaba siempre los mismos interiores, gran parte de su obra transcurre en un mismo lugar: su apartamento de Copenhague. Cada cuadro es distinto, aunque el escenario sea el mismo y las puertas entreabiertas son un motivo clave, habitaciones conectadas que generan profundidad y misterio.
Apenas hay objetos decorativos, los interiores están casi vacíos. Nada distrae la mirada: el espacio, la luz y el silencio son los verdaderos protagonistas. Sus cuadros apenas tienen narrativa, no existen elementos anecdóticos que den pie a construir una historia.
Su esposa fue su principal modelo: Ida Ilsted aparece en numerosos cuadros, casi siempre de espaldas o absorta, contribuyendo al clima de misterio. Él era extremadamente reservado, tenía fama de hombre silencioso y poco dado a la vida social, algo que muchos relacionan con el carácter introspectivo de su obra. Le interesaban más los espacios que las personas. Aunque incluía figuras humanas, nunca dominan la escena. El verdadero protagonista suele ser el espacio vacío.
«Lo que me lleva a escoger un motivo son, en gran medida, las líneas que contiene, lo que llamaría la actitud arquitectónica de la imagen. Y luego la luz… «
No buscaba simbolismos explícitos. él nunca explicó significados ocultos. Prefería que cada espectador interpretara su obra libremente.






Está sucediendo mientras leo en la publicación de Babelia (El País) de hoy mismo…
La boca llena de trigo de Mayte Gómez Molina: la historia de una mujer pintora -Anna- bloqueada creativamente. A Aïda Camprubí le ha entusiasmado: «se palpa lo difícil de ser un ser social, espejo de los celos y frustraciones de los demás, a la intemperie del amor afilado del resto».
Mayte Gómez Molina se levanta a las cinco de la mañana para ponerse a escribir, antes de desarrollar una jornada laboral al uso. El primer capítulo de La boca llena de trigo aparece tímidamente, con intención de cuento. El formato es tan reducido como el tiempo del que dispone, pero la historia se convierte en novela cuando le dan dos meses entre un trabajo y otro. Escribe urgentemente en ese impasse antes de mudarse a Karlsruhe y convertirse en una grenzgänger —cruzadora de fronteras— para ir a diario al Institute Art Gender Nature en Basilea, donde tutela bajo la dirección de Chus Matínez. Allí ambas se dedican a acompañar a estudiantes en su entrenamiento del pensamiento crítico. Tienen un programa tan inteligentemente hilado, que parece otro regalo de la ficción. O de la brujería, si nos ceñimos a la línea de investigación elegida para este curso.
La boca llena de trigo es su la ópera prima de la autora, si no se supiera de antemano que su carrera en el arte digital es una forma de narrativa y que ya ha publicado varios poemarios.
Al contrario que ella, Anna, la pintora protagonista de este libro, está bloqueada y no puede cargar con las responsabilidades de los encargos. “A veces, la única forma de descansar es ponerse a trabajar” le achaca una amiga, y que para perder el miedo hay que pasar a través de él. Así ocurren las revelaciones, lejos del misticismo, en pleno cotidiano.
La escritura va de resarcirse. Anna pinta —o imagina pintar— todos los cuadros que la escritora no pudo materializar mientras estudiaba Bellas Artes en Granada. Gómez Molina ha decidido pintar a través de la escritura y muchas de las escenas se conectan con sus mímicas plásticas. Pero sobre todo leemos aquí, incluso olemos, la podredumbre de las ilusiones que no se han podido sacar a ventilar. Es el malditismo del talento, lejos del viaje del héroe y más cerca de la experiencia femenina.
Anna es un cuerpo avergonzante para el exterior y avergonzado dentro de ella misma. Se palpa lo difícil de ser un ser social, espejo de los celos y frustraciones de los demás, a la intemperie del amor afilado del resto. Siempre preocupado entre el ocupar demasiado y el desaparecer del todo. No todas las amistades son benignas ni frugales. Y cuando una narradora consigue ponernos tan adentro de la cabeza de la protagonista, el resto de personajes pasan peligrosamente alrededor, desestabilizando nuestra posición con la velocidad de un coche de carreras. Aprendemos así, a volantazos, que nuestro sostén y posición en el mundo son precarios y que el intrusismo laboral y el vital vienen de una misma raíz: la incapacidad de encajar del todo en las reglas de otros.
Sin comentario.

Herida, la hoja recuerda el viento, los bosques que la mecían besando la lenta luz de la tarde…

Restos de transparencia en su mirada; raro destello…

Escucha afuera la lluvia; una música de hojas y de címbalos…

Observa, a su alrededor, la secreta impostura del movimiento…

Silenciosa, mira el tránsito ligero de las nubes, la curva de las ramas, la imposible geometría de los pájaros…

Ninguna era más bella durante aquel fugaz momento en el que me amabas.
¡Resucítame con tus palabras…!
Textos basados en Palabras de Ángel González
fotografía@mariajesusberistain
Parece que contienen la respiración cuando entro por la mañana, todavía con legañas, y me miran de reojo…
Esta noche ha sido horrible, dura y larga. Pienso en cómo tiene que ser una noche a la intemperie de los tiempos, cubierta por el polvo y los cascotes de las ruinas de tu propia casa, escuchando al vecino del segundo llorar y moquear con desconsuelo mientras el estruendo y el humo de las bombas se recrean bajo un cielo apagado e inerte.
Pero mi discurso de hoy no tenía intención de empezar así, lo siento.
Decía que me miran de reojo, ahí dignos ellos, pinceles y paletinas como si fueran los reyes del mambo esperándome, jactándose de que hoy será un gran día para jugar conmigo. ¡Bellacos!
Pero, como decíamos ayer, me siento como ese director de orquesta que dirigirá, en breves, a Mahler. Preparados los participantes de mi orquesta, bastante aseados; es la norma, aunque a veces se despistan y aparecen con los pelos rígidos y coloreados después del trabajo de la víspera. Así que nos encontramos en el lugar de convergencia. Hoy navegaremos juntos hacia la intensidad de ese paisaje emocional del «Mood o fenómeno del Flow». Ese instante en el que el gesto (en el caso pictórico) deja de ser forzado. Desde la tarima paseo la mirada por el espacio, reconociendo a cada uno de ellos; el silencio logra la conexión necesaria para saber que debemos actuar superconcentrados y, al mismo tiempo, sentirnos profundamente libres. (Nadie pregunta cómo). No pensar en el público, ni en uno mismo. La música sucederá, será revelada; únicamente existirá ella desplegándose en el tiempo.
Abro los ojos en la ducha a ver si consigo que entre la cordura por alguna grieta de mis sueños hasta el cerebro. El papel blanco me espera con sus mejores galas: la pureza que sugiere el color blanco. Medito unos momentos, respiro despacio, pienso en no pensar. Siento el vacío y el poder en mi interior discutiendo, mientras unas gotas de negro caen sobre la hoja impoluta debido a la turbulencia de mis gestos ¡cielos! la resistencia del «ego». Quiero interpretarlo como un error (no como un fastidio) que, sin duda, según me lo han explicado, puede utilizarse para dar origen a mi obra abstracta de hoy. La paletina me mira con ojos de culpa y desconsuelo. Le recuerdo que su participación es básica y fundamental, que es mi herramienta preferida hoy, que la aceptación es un poder divino para llegar a alcanzar el Flow.
Lo cierto es que el arte nos hace vivir una experiencia creativa común: la búsqueda personal interior y ese diálogo que se establece en la paz, armonía y equilibrio como una resonancia emocional. Es la sensación de fluir en un magma (es lo que siento cuando nado en mar abierto). Abre un espacio interior hacia el crecimiento, creer en uno mismo aparece como sorpresa. Se convierte en espejo de gozos y sombras. El magma como símbolo de resiliencia y transformación, de aceptación y pasión, de evolución personal.
Como dice la IA, «el magma espiritual representa el fuego interno necesario para transmutar la energía negativa en fuerza positiva y estabilidad».












Crear arte se basa tanto en la intuición como en la técnica. Al adoptar un enfoque intuitivo, puedes impregnar tu obra de emoción personal y espontaneidad. Mi objetivo es guiar tu proceso pictórico con principios que te ayuden a pintar desde dentro hacia fuera.
El primer paso para pintar intuitivamente es tomarse un momento para observar todo acerca de su trabajo en progreso:
En la búsqueda de revelar y ocultar la belleza, las piezas de interés, la emoción y el significado, recuerda que el contraste juega un papel fundamental. Es más fácil identificar la oscuridad cuando hay algo de luz. De igual manera, la calma se percibe mejor cuando se yuxtapone al caos. A veces, las pinturas surgen de forma natural, mientras que otras necesitan el suave impulso de los principios del diseño para guiarlas.
Incluso al adoptar la pintura intuitiva, considerar los principios fundamentales del diseño puede enriquecer tu trabajo. Estos principios son las herramientas unificadoras que pueden transformar tu pintura en una obra maestra cohesiva. Entre ellos se incluyen:

Para quienes trabajan con cera fría, este medio se presta naturalmente a añadir textura, línea, forma, color y valor. Observa tu pintura actual y considera si alguno de estos principios se puede acentuar más:
Al incorporar incluso uno de estos principios, puede elevar su trabajo y ayudar a que su pintura «cante» a medida que los elementos se comunican y resuenan entre sí.
En resumen, combinar la intuición con los principios del diseño puede resultar en un proceso pictórico más enriquecedor y gratificante. Ya sea que tu arte surja de forma natural o con un poco de persuasión, estas pautas pueden ayudarte a crear obras hermosas, significativas y genuinamente tuyas.







Referencia: https://www.lisamannfineart.com/
Arde en la hoguera de su propio vuelo.
Bajo el cuerpo de lumbre ella es sol.
Su resplandor la atrae y la convierte en ceniza.
Viaja a su íntima noche, se asimila
al leve polvo errante de los muertos.
Pero entre lo deshecho se rehace.
Toma fuerzas del caos, se teje en luz
y amanece en la llama indestructible.
Texto: José Emilio Pacheco
Imagen de portada: Acuarela @mjberistain