ESCRITORAS HAN KANG

Premio Nobel de Literatura 2024, hoy en Barcelona


Han Kang, «No leer nos vuelve inflexibles y limita nuestros sentimientos»

La escritora surcoreana, que acaba de publicar en España ‘Tinta y sangre’, visita Barcelona para participar en las celebraciones de Sant Jordi. «Me hace mucha ilusión este día, saber que hay una ciudad llena de gente que ama los libros»

Hay escritores que construyen una obra y otros que, casi sin proponérselo, levantan un territorio moral propio. La escritora surcoreana Han Kang (Gwangju, 1970) pertenece a esta segunda estirpe, la de quienes escriben no tanto para contar el mundo como para someterlo a una forma de interrogación constante. Su llegada a Barcelona, en la antesala de Sant Jordi, -ayer ofreció una charla en el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) en la que se arrancó incluso a saludar en catalán: «bona tarda a tothom»- tiene algo de acontecimiento silencioso, acorde con una autora cuya obra ha convertido la fragilidad, el dolor y la memoria en materiales de indagación literaria de primer orden.

«Me han hablado sobre el día de Sant Jordi, lo conozco desde hace tiempo, y tengo muchas ganas de verlo con mis propios ojos», ha comenzado diciendo la escritora, que participará mañana en firmas y varios encuentros con lectores. «Los que amamos la literatura tenemos inevitablemente una parte silenciosa, creo yo, pero me emociona mucho saber que hay una ciudad llena de gente que ama los libros«, ha añadido.

De hecho, la escritora trabajó durante años como librera y ha defendido sin ambages la importancia de los libros y la lectura. «Tanto amor tenía por la literatura que abrí una librería, eso lo dice todo, ¿no?», ha asegurado. «Siempre me fascinó el concepto de escritor, cómo alguien se lanza a responder preguntas, a cuestionarse qué es ser humano y escribir con eso obras preciosas», recuerda la autora, que confiesa que ya de pequeña supo «que quería ser como ellos, parte de esa comunidad«.

En este sentido, Han ha afirmado que el veloz mundo actual puede ser un enemigo. «En nuestro día a día, muchas veces estamos muy ocupados y no tenemos tiempo para leer, ¿verdad?», ha preguntado. «Pero cuando dejamos de leer, nos volvemos más inflexibles, menos humanos. No leer limita nuestros sentimientos, hace la vida más gris. Cuando estoy un tiempo sin leer, intento esforzarme y hacerlo para poder recuperar todos esos sentimientos que quizás haya perdido por no haber leído durante un tiempo», ha explicado.

La concesión del Premio Nobel en 2024 no ha alterado sustancialmente la naturaleza de su literatura, la escritura como forma de resistencia íntima dedicada a responder preguntas difíciles, pero sí ha desplazado su centro de gravedad, lo que durante años fue un secreto a voces, una de las prosas más radicales y precisas de la narrativa contemporánea, ha pasado a ocupar un primer plano inevitable.

Sin embargo, en Han no hay épica del reconocimiento. Su escritura sigue instalada en ese lugar incómodo donde el lenguaje parece avanzar a tientas, como si cada frase midiera el alcance de lo que puede, y no puede, decirse. «A pesar de haber recibido ese galardón, tan importante y tan valioso, nada dentro de mí ha cambiado y vivo diariamente con los mismos pensamientos y sensaciones internas que antes de recibirlo», ha apuntado con sencillez.

«Si hay algo diferente», ha concedido, «es que cuando voy por la calle la gente de repente me habla o me quiere abrazar. Entonces me sorprendo y me quedo un poco confusa, pero sé que lo hacen con buenas intenciones», ha asegurado con cierta vergüenza. «Pero como para mí, al final y al cabo, son desconocidos… eso es nuevo, por lo demás sigo igual, sigo escribiendo y sigo viviendo».

Lo que sí parece haber cambiado más es el mundo. Preguntada por el complejo contexto internacional, cada vez más represivo y violento, la escritora ha asegurado rotunda: «Estamos viviendo épocas más oscuras, es una verdad difícil de rechazar que todo el mundo sabe. La historia siempre se repite, ¿no?, y las situaciones actuales, también se vivieron en el pasado, pero es verdad que estamos llegando a un pico de oscuridad«, ha valorado sombría.

«Aún así, una de las cosas que más me sorprende es que siempre al otro lado hay personas que intentan sobrevivir y se cuidan y se curan las heridas», ha recordado antes de hablar de un tema constante también entre la oscuridad de muchos de sus libros, la esperanza. «La esperanza no es algo tan frágil ni imposible como nos hacen creer. Tenemos que esforzarnos en ella, aferrarnos a ella», ha defendido.

Una tarea en la que, ha asegurado, nos puede ayudar el arte. «A través del arte y la literatura las personas nos volvemos más sensibles, y esto nos permite ponernos en el lugar de la vida en vez de en el lugar de la muerte. Nos hacen más tolerantes y empáticos para que podamos sentir a piel más viva los sufrimientos que tienen los demás», ha reflexionado. «En este mundo de desgracias repetitivas y dramáticas tenemos que intentar sufrir también por los demás. Aunque nosotros no seamos participantes directamente de ese dolor, creo que la literatura y el arte siempre están del lado de la vida y están haciendo su trabajo de poner a las personas que los disfrutan en el lugar de la vida».

Pausada y sonriente, la escritora ha charlado también sobre su último libro publicado en España, Tinta y sangre (Random House, como toda su obra), novela escrita entre sus dos grandes obras y publicada originalmente en 2010, en la que la autora surcoreana explora cómo podemos sobrevivir en un cosmos regido por el dolor, recurriendo al arte, la memoria, los afectos y la búsqueda de la verdad. «Resumiendo, diría que hablaría sobre una mujer que dedica toda su vida a descubrir y poder probar que la muerte de su amiga, que era casi como una hermana de sangre para ella, no fue un suicidio», ha condensado Han.

«Por eso tiene un toque de misterio, detectivesco, como un thriller, aunque no sigue las pautas tradicionales. Al fin y al cabo, esta novela trata principalmente del amor«, ha confesado. «A pesar de estar llena de los sufrimientos y aflicciones que todos podemos tener a lo largo de nuestra vida, la idea era demostrar que aún así merece la pena vivir. Quería transmitir ese mensaje, por eso creo que es una novela llena de amor», afirma. Y ante las risas del público, dice: «se están riendo, ¿es porque no están de acuerdo?«, bromea.

Más allá de este nuevo-viejo título, desde la irrupción internacional que supuso La vegetariana, con la que obtuvo el Booker International, hasta títulos posteriores como La clase de griego o Imposible decir adiós, la escritura de Han ha ido perfilando una poética reconocible, atenta al cuerpo como territorio de conflicto, al lenguaje como límite y a la violencia como una presencia que rara vez se manifiesta de forma directa, pero que condiciona la vida cotidiana de manera persistente.

Pero reducirla a esos temas sería empobrecerla, pues lo verdaderamente distintivo en su obra es la forma en que esa materia se traduce en una prosa que rehúye el énfasis, que avanza con una claridad engañosa y que, en su aparente serenidad, contiene una tensión difícil de disipar. Nacida en Gwangju, ciudad marcada por la violencia de la represión militar que atraviesa de forma explícita libros como Actos humanos, Han Kang ha construido una obra en la que la experiencia histórica y la percepción individual se entrelazan sin jerarquías, dando lugar a una narrativa que no busca tanto explicar el trauma como hacerlo perceptible en su complejidad y en sus zonas de sombra.

«Todo humano vive en este mundo con un cuerpo físico, y pienso que eso es un elemento muy importante en nuestras vidas, por lo que cuando estoy escribiendo le doy mucha importancia a los sentidos», ha explicado la escritora sobre su forma de narrar. «Cuando describo lo que están sintiendo los personajes, intento sentirlo yo también con mi propio cuerpo, a piel viva, para poder describirlo más detalladamente. En lugar de escribir ‘estuvo ansioso o estuvo angustiado’, me gusta poder transmitir las corrientes eléctricas que todos realmente sentimos al tener esas sensaciones».

«Estoy escribiendo mi libro más personal, uno que habla de mi familia
y siempre dudo de si podré terminarlo»

Además de la plasticidad de su escritura, hay algo, en última instancia, profundamente contemporáneo en la forma de narrar de Han, pero no en el sentido epidérmico del término, sino en su capacidad para captar una sensibilidad atravesada por la fragilidad, el duelo y la necesidad de sentido. Que esa voz resuene ahora en Barcelona no responde tanto a la lógica de la actualidad como a la persistencia de una obra que, sin hacer ruido, ha ido ocupando un lugar central en la literatura de nuestro tiempo.


Autor: Andrés Seoane
Fuente: Diario El MUNDO


Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.