Soy templo oscurecido para el silencio

Oh, Luz
Y si me abrazas,
a pesar de mi fervor envejecido,
estallarán mil voces
en éxtasis contenido
hasta tu encuentro

como vidrieras
de apretada armonía
vibrando heridas
por tus puñales de fuego.

Sea tu Luz leve…

 

@mjberistain

 


 

 

Miradme. Admiradme. Envidiadme.
Desafío el riesgo de parecer vanidosa, vestida de gala…

He sido interpretada de miles de formas a través de los siglos.
Me vistieron con plumas de arcángel,
fui sierpe,
dragón alado
pámpano en cierne,
ola marina majestuosamente encrespada,
trompa musical,
garabato de candil.

Mi sonido es suave como el de la ola
que se apaga en la arena de la playa,
como la gasa, como el gusto, como el gozo.

No vengo ahora a envanecerme de mi belleza externa.
Solo me niego a seguir soportando en silencio
los caprichos y agravios comparativos.

Miradme, admiradme, envidiadme.
Sólo soy un rapto de soberbia…

 

sobre palabras de José Hierro
Fotografía Gabriele Corno

 


 

 

Poema de Alejandra Pizarnik

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Escucho resonar el agua que cae en mi sueño.

Las palabras caen como el agua

yo caigo.

Dibujo en mis ojos la forma de mis ojos,

nado en mis aguas,

me digo mis silencios.

Toda la noche espero que mi lenguaje logre configurarme.

Y pienso en el viento

que viene a mí,

permanece en mí.

Toda la noche he caminado bajo la lluvia desconocida.

A mí me han dado un silencio pleno de formas y visiones (dices).

Y corres desolada como el único pájaro en el viento.

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Hueles a mar

cuando la noche se deshace

en pequeños pedazos de papel

y pétalos secos

que hicieron nido en nuestros libros.

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Vi naufragar las palabras escritas

temblando la tinta de sus trazos

en cristalino desmayo

y diluirse

borrosa la zozobra

de tu piel contra mi piel

bajo el dolor amortiguado de la marea.

.

El miedo sostenía mi mano

mientras la luz se decidía

a huir sigilosa de mis ojos de lluvia.

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Lejos de la orilla

no me canso de mirar al mar,

me adentro en el poema,

en el temblor fugitivo del salitre

en los labios de la memoria,

la humedad rozando

el breve sueño inocente de las violetas

sucediéndose

cada vez que bailo descalza con la luna

y acaba pisándome los pies…

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@mjberistain
Imágen salmerc3b3n



 

 

Reblogueo este poema publicado en El Blog de Javier, sencillamente porque quiero archivarlo entre mis letras… Mi agradecimiento a Javier por compartirlo.

 

Si el poema es bello, lo tiro.

Si es suave, lo tiro. Si es amable, complaciente, hermoso, lo tiro. Si es agradable, bonito,
sonoro, femenino, lo tiro. Si habla de amor, lo tiro. Si habla de ti, lo tiro. Si es normal, lo
tiro.

Si es como tú, lo tiro. Si dudo, lo tiro. Si me relaja, lo tiro. Si gusta, desconfío.

Si puede leerlo mi madre sin morir de frío, lo tiro. Si hace llorar, lo tiro. Si no habla de ti, de todos, de cada uno de nosotros, lo tiro. Si se parece a esto, probablemente lo tiro.

Si soy la misma que antes de escribirlo, lo tiro.

Si rima, lo tiro. Si miente, lo tiro. Si no hay ritmo, lo tiro. Si es bonito, lo quemo, y luego lo tiro.

Si menciona la palabra emoción, lo tiro. Si no la evoca, lo tiro.

Si lo encuentro, y lo había olvidado, lo tiro también. Si no está mal, lo tiro. Si no puedo imaginarlo gritado, lo tiro.

Si no puede leerse en silencio, lo tiro. Si se entiende, lo tiro. Si es fácil, lo tiro. Si no se entiende, lo tiro. Si llega al corazón, no reconoceré haberlo escrito.

Si gana, lo tiro. Si pierde, lo tiro. Si es terapéutico, es mentira; al infierno con ello.

Si cura, lo tiro. Si podría no haberlo escrito, lo tiro. Si no sangra, lo tiro. Si no duele, lo tiro. Si no produce placer, lo tiro.

Si el poema es tibio, sobre todo si es tibio, lo tiro.

Si al escribirlo,
el leopardo hambriento aparece, y abre las fauces –el destello de luz en su estómago–, y ese rugido hace temblar el deseo de callarme: no lo tiro.

Solo quiero agarrar del cuello a ese animal, mirarlo a los ojos,
y decirle
que soy yo la que decide
aquí,
quién come primero.

Lo que queda, si queda, es el poema.

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Autor: Tulia Guisado
Ilustración: Vilhelm Hammershoi, “The Tall Windows” (1913)


 

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“Cuando es tan necesario mirarse en un recuerdo…”

 

Hoy me ha dolido la lluvia,

he oído mi nombre

y cuando he vuelto la cabeza

me he encontrado con el mundo

encendido por tu luz sobre la vieja bicicleta.

 

Hoy el cielo era gris como la pena de una niña,

como su rabia chapoteando contra el asfalto

con sus botas de agua puestas

y el paraguas roto

sin saber cómo enfrentarse a la borrasca.

 

Nadie.

Solo somos buscadores de huellas

desaparecidas al fondo de las mareas

entre los restos y las cicatrices de la distancia.

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@mjberistain

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La naturaleza seguirá su curso
Renovadora, sabia, libre, mágica.
Ajena al tiempo marcado por los hombres.

T.Pedroche

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Hoy le pesa el pecado de omisión. Da vueltas en la cama, no duerme su instinto natural, le señala con dedo acusador. Se remueve por sus pestañas como una araña con pies de escarcha.

Frío, siente frío… Más tarde, calor.

Se resiste su sueño a interpretar la escena de la obra que ha escrito para él. Dejará el libreto apoyado en un rincón del escenario de su vida, como tantas otras veces, aunque sabe que nunca habrá otro momento mejor.

Se rebelan los segundos sobre su mesilla marcando un silencio machacón  que duele como una víspera. Escucha su eco cercano y cuenta sus pequeños pasos, sus pausas, y no respira, pero respira otra vez. Su mente nunca ha sido un prodigio en cálculo mental, así que espera que todavía le quede tiempo. Se asoma a su ventana la luna. Es como una culpa de luz engañosa y blanca  que, para hacer más tolerable su pecado, dinamita la noche en pequeños trozos de desazón.

No quedan excusas en el cajón de los cobardes.

Hace muchos días que le faltan los besos.

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@mjberistain
Fotografía Librodearena.com


 

Me resulta imposible
desorientar mis caricias
cuando han aprendido de memoria
los lunares de su piel…

Raúl Zambrano

Llega otro invierno

al paisaje de tu ausencia.

Nieve nueva,

Viento y lluvia;

Altas mareas

De espumas desorientadas.

Quedan vacíos de otras horas

y hojas muertas

bajo la luz dubitativa

de las farolas.

Vuelvo

A la playa;

A la arena profanada,

Al húmedo reflejo,

burdo trazo

de un corazón naufragado

con alma de gaviota.

El paseo, a solas,

Cura a dentelladas

Las heridas abiertas.

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@mjberistain
Fotografía Iñigo Santiago