Deseo


 

Porque el deseo empieza

en el brillo de una mirada retenida,

en la turgencia de un torso sugerido bajo un lienzo tirante

en la solidez palpable de unos muslos

que las palmas de las manos moldean incansables,

en el ligero temblor de un labio

que anhela el beso de otros labios,

en la sed que no se aplaca ni de bruces en la boca del otro,.

en la explosión de gozo en cada roce de dos cuerpos que se buscan,

en el abrazo de unas piernas

o unos brazos trepados a los hombros,

en el estremecimiento de dos cuerpos adheridos como hiedra

en la piel erizada, y en la mirada ida…

Hoy quiero anegarme y bucear en la laguna de tus ojos,

y escuchar el silencio profundo del amor insondable,

inmensurable,

y aspirar los aromas y embriagarnos.

recorrer cada rincón umbrío de nuestra geografía

con el dorso de los dedos temblorosos,

recorrer cada relieve, cada surco rugoso o cada cráter

y explorar cada sima,

dejarnos resbalar por las pendientes,

por la piel sudorosa

enredar las lianas de los brazos,

entrecruzar los dedos hasta hacernos daño

hasta cerrar los ojos

y gemir

y fundirnos

y explotar y caer y dejarnos vencer y rendirnos

y suspirar.


Poema de Gervasio Alegría

Pasión de náufragos

Quisieron ser viento,

salvar las pieles náufragas

y las raíces húmedas

que heredaron sus hijos de la tierra,

besarlos al fin de sus días

contra sus pechos de escarcha.

Sus cuerpos destilaron caricias

sobre los vientres desbocados de las mareas.

Quisieron vivir,

sobrevivir al desarraigo de los inocentes; desnudos

sin más horizonte que la violenta anarquía de sus deseos.

Su historia fue escrita en el fondo de los mares abiertos.

 

@mjberistain

Llego apacible hasta tu piel


 

Llego apacible hasta tu piel
buscando, tal vez, una grieta tibia
de materia similar a la ternura,
o acaso el fleco de una caricia
que no concluyes nunca,
un resquicio, un escalofrío,
una levedad oculta a tu rigor.

De tu fría fiebre que no conmueve
no espero incertidumbre, error o culpa,
solo tu deambular de siglos
por los pliegues de mi vestido.

Pero hoy te has demorado en el abrazo.

Sumido en mudo escándalo,
has avanzado lento hasta el milagro
donde somos la música maldita
de una inacabada partitura,
el himno de un amor irreparable.



@mjberistain

Fotografía Jaume Cardona Casanova

Aviso a navegantes


ROSA MONTERO
Publicado en El País
3 Enero 2016

Esto es una advertencia: ayer mismo me acosté teniendo 16 años y hoy me he despertado con más de sesenta. Quiero decir que la vida vuela. Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera. Lo que acabo de decir es una boutade, lo sé; pero, al mismo tiempo, es cierto que, con los años, llegas a un territorio, el de la vejez y la Parca merodeante, que antes nunca habías visto con verdadera claridad. Y entonces te dices: ah, cuánto tiempo perdido. Y no porque mi existencia me desagrade, al contrario, creo que ha sido y es muy intensa y que he hecho todo cuanto he querido hacer. Pero con qué nervios, de qué forma tan atormentada, o tan aturullada, cuántas veces he vivido con el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte. Por no hablar de la cantidad de tiempo y de energía perdidos en tonterías, como, por ejemplo, en creerme fea a los 18 años (cuando estaba más guapa que nunca), o en reconcomerme de angustia temiendo no estar a la altura en algún trabajo. Por eso, repito: si yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, hubiera vivido de otra manera.

Todo esto viene al hilo, claro está, del cambio de año. Esto del calendario no es más que una convención, pero cómo remueve y cómo escuece. En estas fechas es imposible no dedicar siquiera un minuto a sentir el viento del tiempo contra la cara, a revisar someramente el pasado, a preguntarte sobre tu futuro. Acabo de leer un libro extraordinario que viene bien para acompañar estas congojas. Se trata de Instrumental: memorias de música, medicina y locura, de James Rhodes (Blackie Books). El británico Rhodes tiene una biografía totalmente improbable. Por ejemplo, es pianista, un buen concertista. Sin embargo, empezó a estudiar piano mal y tarde, y luego lo dejó por completo durante 10 años hasta retomar la música en sus veintimuchos. No creo que haya habido en el mundo un caso así. Si abandonas un instrumento de ese modo, simplemente no es posible ser un músico de esa calidad. Pero él lo es. He aquí su primer milagro.

Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día

Tiene varios más, algunos espeluznantes. El libro de Rhodes cuenta con una crudeza que yo no había visto la experiencia de una víctima de pedofilia. A los seis años recién cumplidos, James fue violado por su profesor de boxeo del colegio. Y el tipejo lo siguió haciendo durante cinco años impune y sistemáticamente, hasta que Rhodes cambió de escuela. El niño, amenazado por el pedófilo, avergonzado y amedrentado, no dijo nunca nada a nadie; pero otros profesores lo veían llorar, lo veían salir con las piernas sangrando del despacho del monstruo y no hicieron nada. El libro de Rhodes es un grito indignado a esa pasividad tan común ante los abusos infantiles. Como las pequeñas víctimas no se atreven a denunciar, es muy cómodo ignorar un horror que se queda escondido, como los malvados ogros de los cuentos, en los cuartos oscuros y en las pesadillas de los niños. Y otra enseñanza más de este tremendo libro: las violaciones dejan secuelas. En primer lugar, graves secuelas físicas, porque es una brutalización continuada de un cuerpo muy pequeño (el músico tuvo que ser operado varias veces); y, por supuesto, una catarata de catástrofes psíquicas. Prostitución en la adolescencia, un año de internamiento en un psiquiátrico, tres intentos de suicidio, cortes autoinfligidos con una cuchilla, drogas, furia y dolor. Y este es el segundo milagro: ha sobrevivido a todo eso.

Tercer milagro: James es la prueba de que el arte y la belleza ayudan. En el caso de James, es la música lo que amansó su fiera interior. Todos podemos y debemos recurrir a ello: cuanta más belleza en nuestras vidas, más fuera del tiempo y de la pena, más inmortales.

Pero aún queda por contar un cuarto milagro. Aunque la existencia de Rhodes parece larguísima y convulsa, sólo tiene 40 años. Guau, eso es vivir deprisa. Como decía Lou Reed: mi día equivale a tu año. Pues bien, al final el autor apuesta por su segunda esposa, Hattie, y se atreve a dar unos consejos para el bien amar. Antes, al leer el libro, Rhodes me había parecido un hombre conmovedor y admirable, pero también furioso y herido, demasiado intenso como para tenerlo muy cerca. Pero en estas páginas finales habla de la convivencia con tan modesta, honda sabiduría que me ha dejado admirada. Como, por ejemplo: “Lo que más deteriora una relación es tratar de salir ganando”. Pequeña gran verdad. Hace falta vivir mucho y pensar mucho para llegar a tan poco. O sea, que se puede aprender, aunque vengas con las heridas más crueles. Se puede recomenzar una y otra vez. Aviso a navegantes para sortear los escollos de este año: recordemos que, como prueba Rhodes, siempre hay futuro. Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día.


@BrunaHusky
Fotografía de Internet – Clarin

Agur Amá


Porque Setiembre es una época de emotivos recuerdos…

Amá y Aitá, Aitá y Amá.

Amá, me tendrás que perdonar que hoy no pueda pensar solo en ti sin pensar también en el Aitá. Por eso en este momento que os siento de nuevo unidos, permíteme que hable de los dos.

Se cumple vuestro sueño de estar juntos en la vida y en la muerte.

Hoy nos reuniremos de nuevo toda la familia de entonces más todos los que van llegando y que engrandecen vuestro legado. Cantaremos recordando las canciones populares vascas que interpretábamos a coro. Nos enseñasteis a amar la música y la familia. Es cierto que nos van faltando voces insustituibles, sin embargo, seguimos sintiendo su presencia en el corazón en cuanto suenan los primeros compases.

Otra cosa muy vuestra y que os distinguía era bailar el Tango. Evoco, con todo mi respeto, vuestro tema preferido —La Cumparsita— pieza especialmente sensual que interpretabais con una gran elegancia y verdadera pasión. Quedará como música de fondo de vuestra historia.

Muchas veces nos hablasteis de vuestra gran devoción por el Santo Cristo de Lezo. El fue testigo de vuestro compromiso de amor eterno cuando apenas erais unos niños. Hoy paseando por sus calles los vecinos cuentan que no ha cambiado nada desde hace más de cien años.

Sin embargo, fue San Sebastián la ciudad donde creció vuestro amor. Vuestras hijas, vuestros nietos, vuestros biznietos la seguirán teniendo como referencia de sus orígenes y de los momentos de alegría y ternura inolvidables vividos entre vuestros abrazos, aunque la vida los lleve a miles de kilómetros de distancia.

Agur Jaunak – Orfeon Donostiarra

Agur, Amá maitea…

Gracias Aitás.

El tango La Cumparsita fue creado por Gerardo Matos Rodríguez en la década de 1910. A su pedido, Roberto Firpo le introdujo arreglos. Se estrenó en Montevideo en abril de 1917, en la confitería La Giralda, donde ahora se alza el imponente Palacio Salvo.

Video musical facilitado por Fabio Descalzi en su post titulado «La Cumparsita cumple 100 años». Incluye imágenes de la ciudad que escuchó nacer a este himno cultural y popular del Uruguay (así se declaró en la Ley 16.905 del año 1998).

Escalera 14

 

 

Caminé, caminé contando hasta cien, caminé sobre más de cien baldosas pequeñas —todavía faltaban unos minutos para la hora y no quería alejarme demasiado del gran rótulo que señalaba el sitio de la cita: «escalera catorce»—. Tratando de identificar su figura, la busqué en cada mirada que no era, estudié cada una de las siluetas anónimas que a esa hora temprana de domingo paseaban por la orilla de la playa, intenté reconocer su voz —la que había imaginado para ella— entre las voces destempladas de la mañana y el rumor de las olas que estallaban con fuerza para morir a la orilla de un silencio metálico… Una vez y otra vez volví despacio sobre mis pasos.

Estaba convencida de que la conocería a simple vista aunque no nos habíamos visto antes.  Su sensibilidad, su pasión, la elegancia de los textos que compartía en internet me habían descubierto una cierta afinidad con ella. Su calidad como escritora me llevó a imaginar rasgos de su personalidad; creí en su generosidad para el amor y la amistad, creí en su talento y en su ambición literaria, en su determinación ante los retos, en su alegría contagiosa; creía en su verdad.

Intuí que estaba acercándome a ella cuando respiré el salitre de su sonrisa desde lejos. Su larga melena  semi oculta debajo de un sombrero apenas dejaba entrever sus ojos del color confuso del mar cuando lo arrebata la resaca. Brillaba, despejada y cálida a la vez su mirada. Nos fundimos en un abrazo largo, hondo y tierno que consiguió desequilibrar las estructuras más poderosas de mi «mismidad». Temblé con la emoción de una adolescente. Esta era Ana.

Ese TÚ que se instala en el corazón con la facilidad de una rara complicidad.

M.J.B.


 

 

 

 

 

 

El último destello


 

No mancharé hoy la tersa quietud del papel en blanco

dejaré que cieguen mi discurso los límites infranqueables

de tus ojos,

y ese espacio que se dispone a morir en tu regazo

como yo

con el último destello de la tarde…


 

@mjberistain
Fotografía Matt Champlin.Flickr

 

 

Taller de Escritura



Imposible dar con el interruptor de la luz cuando fui a encender el ordenador. No había amanecido y la pantalla me deslumbró con un mensaje que no esperaba y menos a esas horas. Me imaginé sufrir un atraco a mano armada; fue como encontrarte de frente con un personaje sucio, desaliñado y con cara de «mala follá »—como dicen en el sur— y notar que el temblor de tu cuerpo se vuelve incontrolable cuando se acerca y te espeta: «La escritura o la vida, muñeca»

Pensé en aquel mensaje unos cuantos días, inquieta. «Las inquietudes suelen animarme a explorar caminos nuevos, pero ¿a quién se le había ocurrido la idea loca de aprender a escribir a estas alturas de mi vida?». Nunca me había enfrentado a una página en blanco, ni lo había pretendido.

—¿Qué puede hacerse cuando a uno le llega una invitación?, «rezaba el mensaje».

Tuve que leerlo varias veces. Soy mujer de aceptar retos y no suelo dejar que las oportunidades se desvanezcan en el tiempo como humo recargando la letanía de los «si hubiera…». Decliné la invitación, sin embargo.

—¿Qué pasa contigo?, oía decir a la voz de mi conciencia.

—¿Qué pasa conmigo?, pensaba yo.

Elaboraba razonamientos que me pudieran servir de excusa a la vez que me dedicaba a comprar más libros. Leía, leía deprisa, leía todo; incluso leí la etiqueta de la botella de agua mineral que antes no me había interesado.

El cansancio consiguió detener aquel tiovivo despiadado y desquiciante. Contesté al mensaje aceptando la propuesta con una seguridad absoluta sólo unas horas antes de ver cómo se tambaleaba frente al espejo del lavabo, entre los hipos de mis dudas y los restos del rímel a prueba de lágrimas.

—¡Que os sea leve!— habían escrito, en la carta de inicio del curso, los profesores del taller de escritura.


 @mjberistain

 

 

Tiempo de escarcha



Es el tiempo de la escarcha…

Se funden las miradas confusas
sin poder de sobresalto,
muy lejos
de los pechos donde duermen
su turno los interrogantes.

El sol muerde,
devora con justicia la insustancia de las palabras,
después, el silencio destila inútil
la métrica de la ternura,
y ya nadie dice nada.

Se van cayendo secos los recuerdos
por el camino asfaltado de lilas negras,
una niña duerme
alejada
en el vacío de un corazón que ya no respira.

Es el tiempo de la escarcha,
se escuchan sin reconocerse
los amantes,
sus voces enterradas
en el umbral de los gestos pusilánimes.

Un resto de viento antiguo traspasa
las fronteras del amor con desparpajo,
insiste aullando
como manada de lobos hambrientos
a la fragilidad de los náufragos.

Se precipita, sin pedir disculpas,
al fondo de todos los abrazos aplazados…


M.J.B.
Mi agradecimiento a Angel de Flickr por su fotografía titulada «Escarcha»

 

 

 

Poesía activa

ORIGINAL PUBLICADO POR BORGEANO EN EL BLOG DE ARENA

Avatar de BorgeanoEl Blog de Arena

reading

Jorge Luis Borges dice, en el prólogo a uno de sus libros de poesía, que ésta no se encuentra en el conjunto de símbolos impreso en la página, sino en la comunicación que se establece entre esos símbolos y el lector. El acto poético existe en la medida en que un lector siente aquello que le es transmitido a través del lenguaje.

Más allá de apreciar lo correcto y fascinante de esta idea de Borges, nos encontramos con un pequeño problema: ¿Puede leerse sin experiencia?  Sé que lo primero que se piensa cuando se habla de lecturas poéticas es, precisamente, la imagen poética de que puede leerse sin más que el deseo por la belleza; pero el problema permanece: ¿Cuánto necesitamos comprender para disfrutar de un texto? El mismo Borges en el prólogo a otro de sus libros hace esta distinción entre la poesía lírica (aquella que tal vez no…

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Dioses de papel y tinta


 

ORIGINAL ESCRITO Y PUBLICADO POR

GALLEGO REY 


«De tanto imaginarnos en el paraíso nos convertimos en dioses de papel y tinta». Ocurre a veces que leyendo, aún estando tranquilamente sentada en tu sillón preferido, sin interferencias ni ruidos de ningún tipo, algo en el texto te llama, te inquieta, te distrae, te incita.  Miras alrededor como buscando a ese «alguien» que se está dirigiendo a tí  y que, quizás esté esperando una reacción o un poco de conversación o, por qué no, incluso una respuesta.

Busco su mirada entre bambalinas y me escrutan unos ojos inquietantes entre matices oscuros del color de la tierra cuando anochece.


Tus manos
acentúan el paisaje
de mi cuerpo
reinventando instantes,
descubriendo en mis ojos tus ojos.

No pares de descifrarme
ahora que mi piel
avanza despacio por tus dedos
y achica el miedo
a contestarte en tus labios
con los míos.

De tanto imaginarnos
en el paraíso
era lógico amarnos,
y convertirnos en dioses
de papel y tinta.

Si alguna vez dejáramos de soñar
solo seríamos un folio en blanco.


Autor: Gallego Rey. Derechos Reservados.
Perdóname porque no he podido evitar utilizar la fotografía de tu perfil. Es perfecta!. Gracias


 

Mar de Ausencias


 

Sobre la mesa desde la que escribo se posa la luz tibia de la luna, huidiza, fugaz como palabra de amor que se disuelve antes de que llegue el amanecer.

No encuentro más verbos que los que duelen en esta noche sin horizonte, solo siento la lluvia y el ardor de las llagas de agua salada pujando por alcanzar la otra orilla.

Recuerdo la luz del adiós como un beso blanco, como la mirada del mármol desnuda, buscando algún refugio entre las palabras que nos quedaban por decir.

Bajo hasta la playa

Permanecen, como restos en carne viva de un naufragio, las voces de tu voz, tus rasgos de ceniza, las mareas con tus ritmos, la luz escueta y el silencio en el mar convulso de las ausencias…

 


@mjberistain
Fotografía Mark Littlejohn

 

 

Noches de verano


Música de Bobby Hutcherson seleccionada por mi amigo Jo da Silva.



 

Adoro esa última hora de la tarde de las Noches de Verano, ese letargo del espíritu acantilado en el lento ritmo de una música de jazz, aguardando desde siempre a ese algo impreciso que intuyes que en algún momento llegará.

¿Esperar o escapar…?

Quizás llegue cuando el sol se esconda tras la luz de una mirada…

Quizás cuando te enrede en los hilos de sus últimos rayos y te abandones al vacío gozoso de otra nocturnidad…

Quizás cuando las brasas te quemen a la orilla de lo que no te atreves a soñar…

Quizás te llegue cuando no esperes más…

Escapes (Silvia)IMG_3458

Adoro las fotografías al atardecer; refugiar mi universo en la máscara del contraluz, dejarte intuir las marcas de agua que habitan cada palmo de mi piel, aceptar morir poco a poco en tus miradas…

Al lado del mar muchas veces me pregunto qué hacer: ¿esperar o escapar?; decido seguir de tu mano engañando a la muerte de todos los atardeceres posibles…

@mjberistain


Lilium


Me he pasado la noche matando pirómanos a fuego lento. Qué desazón me producen las noticias; no quiero saber «casi-nada» de los políticos, la guerra me encasquilla y me deja inservible como arma de combate, sólo pienso en la gente que huye y quisiera matar a todos los de traje y corbata, turbantes, túnicas y demás que se juegan la vida de la humanidad en partidas de ajedrez en despachos y salones de lujo… Hoy tampoco el tiempo ayuda, llueve de forma deprimente(tacho esta palabra, mal utilizada en este caso, en honor a la gente que está sufriendo tanto el fuego en Galicia. Gracias Icástico por el apunte)

Voy a pensar un rato en mis pasiones…

Hace solo unos días floreció discretamente, en un rincón, a la sombra de mi viejo abeto azul…

Desde su quietud me observaba, ella a mí, como si fuera una pregunta muda… ¡Dudé!

Y disparé… !

No hubo castigo más delicioso para el poeta que sentir el temblor de sus pétalos rompiéndose en su boca seducida, llena de versos, hasta que cayó en silencio la tarde…


@mjberistain

Caminos cruzados


Me llega la voz queda de Stefania Dipierro en el tema de Nicola Conte. Es un tema que me descubrió mi amigo JO Da Silva, titulado «Caminos cruzados». ¡Algo tiene…!


PULSAR SOBRE LA FLECHA PARA ESCUCHAR LA MÚSICA


Tengo la ventana abierta y las persianas cerradas al calor de esta hora del atardecer de los últimos días de julio. Sube la melodía hasta mi viejo desván y el sonido se cuela débilmente, como la luz. Un barullo de libros abiertos y hojas de papel con anotaciones desordenadas se amontona a los pies del piano sobre la alfombra ajada. Se aprecia que acusa mis horas «muertas» aquí; sus hilos desgastados han ido dibujando con el paso del tiempo la forma de mis posturas. Leo y escribo; escribo o leo, pero cuando lo hago a solas no necesito música. La música me llega de una manera o de otra; podría decir que la música me busca, aunque esto no es del todo cierto. Yo busco a la música. Es como un primer amor al que inevitablemente la memoria vuelve.

Nunca pensamos en caminos cruzados. Vivimos en paralelo, cerca, cada uno siguiendo las vías de un tren que aún no tiene previsto su destino. Sin embargo, quizá no sea el momento de consumir todo el amor que respiramos, atrapados entre pequeños papeles de versos que dejamos caer al mar en noches de humedad azul y marea alta. Puede ser que no sea el momento. Podría ser que tampoco sea después, ni más tarde…

La música de Nicola me transporta a susurros consentidos en el difícil equilibrio entre las voces de estúpidas alarmas cotidianas que invadían los lugares de los que no sabíamos cómo salir. Me detengo a escucharla, aspiro el olor de la madera, el del polvo, el aroma de las bolsitas de tela con lavanda que escondo por las estanterías disimulando el de la humedad en el sobrevivir amarillento de los libros y, cierro los ojos…

Siento que soy feliz, que me gustan estas horas llenas de sí mismas, que la emoción me sorprende muchas veces con sus lágrimas frescas, y que cuando lloro es de alegría, y eso, yo sé que no es llorar.


@mjberistain

Mi globo rojo


Voy a utilizar una imagen que he enviado a mi hija esta mañana y que probablemente todos conoceréis…,
(lamentablemente no es mía, pero podría haberlo sido. Es de Banksy)

Amar; cada vez que miro esta imagen me viene a la cabeza esta palabra tan sencilla. Se supone que es fácil de tratar, de entender, es natural como la vida misma. Si vives, amas, si no amas no vives. Amar es la palabra que me acompaña desde que solté mis primeros sollozos cuando me dieron un azote en el culo. Amé desde la primera chupada al pezón de mi madre. En sus brazos me sentí amada por primera vez en mi vida…

He seguido amando; amo el amor, amo el arte, la naturaleza, la amistad, amo la libertad -–aunque a veces suene a incompatibilidad— Incluso en los momentos más difíciles, cuando parece que ya no hay nada que esperar, el verbo amar se convierte en el clavo que se aprieta a la roca de mi alma, al que quedo enganchada, salvándome de caer desconsolada al vacío. Resisto con la furia del amor hasta sus últimas consecuencias.

Y sueño… porque amar también es perseguir tus sueños. Me invento un mundo virtual en el que, como un héroe del mejor cómic, resuelvo casi todos los problemas con la facilidad de todas las armas que conozco por las películas de violencia que odio. Y suelo ganar.

Soy una soñadora empedernida, pero ese amor también duele.

Fracasé estrepitosamente en mis principios teóricos cuando sentí la ausencia de mis hijas —a una edad para la que las preparé, aunque desatendí mi preparación—.  Desplegaron sus alas de mariposa y salieron a volar por el mundo mientras yo, como una niña a solas, lloraba sin consuelo sintiendo que el amor se había saciado.

Se abrió un agujero negro en mi pecho en el que caí y fui allí, durante muchos días, el único habitante, como un raro planeta sin gravedad a merced del universo.

He amado mucho y amo rotundamente la vida. He sabido que el amor se regenera, una y otra vez, que el amor se retro alimenta. Acepto la vida como acepto el amor y como el aire que respiro. (Aquí tendría que cantar aquello de «Gracias a la Vida»)

Pero todo ello no me impide sentir un gran desasosiego, una pena honda, una maraña de incertidumbres y miedos cada vez que «mi globo rojo con forma de corazón» por cualquier motivo se me escapa de las manos…


 


Pretil de piedra


 

Mira la piedra el poeta

más allá se recuesta en el pretil y sueña

con la humedad de unos labios

en el silencio de las horas,

siesta de pétalos de seda

salvaje

 laberinto de sombras

ávidos lazos de sangre y sueños

cautivos

de un jardín sin dueño.


Sobreviviré


 

Lo intento. Millones de veces me hago la encontradiza.
Como un pavo real exhibo mis mejores galas cuando presiento tu llegada,
se almohada mi alma solo de sentir sobre mi tu mirada.

Desenfadada, desinteresada, aparezco en tu camino,
incluso admito que me utilices como divertimento
por sentir el calor de tu aliento despeinando mis sentidos.

Multiplicas mis instintos animales,
planeo despacio alrededor por rozar el cuello de tu camisa un momento,
me dispersas, me observas como a una rata de laboratorio
y cruel desprecias los restos de lo que pudiera haber sido mi hogar
al menos durante unos minutos de vida más…

¡Sobreviviré!

 


@mjberistain
Fotografía de Jacinto.Flickr

El presente puro…


 
Olía a tardes de lluvia…

Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo, sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos… y Jano es de golpe cualquiera de nosotros.


J. Cortázar
Fotografía@mjberistain

Jano (en latín Janus, Ianus) en la mitología romana, es el dios de las puertas, los comienzos y los finales. 

Hilando la vida


Coser e hilar eran una gran parte de la vida de la mujer Vikinga, y pasaban muchas horas al día deshebrando e hilando la lana. Eran muy talentosas para tejer lino, tapetes y lana. Colorantes naturales se usaban para teñir el lino y la lana de diferentes colores.

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Los tapetes se colgaban en las paredes de las casas como decoraciones.

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Las Moiras, Las Parcas y Las Nornas.
Divinidades femeninas que regían el Destino.

Las Moiras. En la mitología griega eran divinidades femeninas que controlaban el hilo de la vida de cada mortal desde el nacimiento hasta la muerte. Eran las personificaciones del destino. Eran tan poderosas que La Moiras impedían a cualquier dios acudir en socorro de un héroe determinado en el campo de batalla cuando había llegado su “hora”. Se las representaba comunmente como a tres mujeres hieráticas, de aspecto severo y vestidas con túnicas. En otras ocasiones se les atribuye la apariencia de tres viejas hilanderas, o de tres melancólicas damas (una doncella, una matrona y una anciana, respectivamente).

Shakespeare se inspiró en este mito para crear las tres brujas que aparecen en Macbeth, cuya intervención es determinante en el destino del protagonista. Sus nombres eran: Cloto (Κλωθώ, ‘hilandera’) hilaba la hebra de vida con una rueca y un huso. Se la representa portando una rueca; Láquesis (Λάχεσις, ‘la que echa a suertes’) medía con su vara la longitud del hilo de la vida. Se la representa con una vara, una pluma o un globo del mundo; y Átropos (Ἄτροπος, ‘inexorable’ o ‘inevitable) era quien cortaba el hilo de la vida. Elegía la forma en que moría cada persona, seccionando la hebra con sus tijeras cuando llegaba la hora. Se la representa con unas tijeras o una balanza. En la tradición griega, se aparecían tres noches después del alumbramiento de un niño para determinar el curso de su vida. En origen quizá podrían haber sido diosas de los nacimientos, adquiriendo más tarde su papel como señoras del destino. Las Moiras inspiraban gran temor y reverencia, aunque podían ser adoradas como otras diosas: las novias atenienses les ofrecían mechones de pelo y las mujeres juraban por ellas.

Sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fata. Los nombres de las tres Parcas eran: Nona, que hilaba el hilo de la vida desde su rueca hasta su huso. Su equivalente griega era Cloto. Décima, que medía el hilo de la vida con su vara. Su equivalente griega era Láquesis. Morta, que cortaba el hilo de la vida, eligiendo la forma en que la persona moría. Su equivalente griega era Átropos. Como las Moiras, son también tres hermanas: una preside el nacimiento; otra, el matrimonio, y la tercera, la muerte. En el Foro, las tres Parcas estaban representadas por tres estatuas, llamadas corrientemente las Tres Hadas (tria Fata, los tres “destinos”).

Las Nornas. Espíritus femeninos de la mitología nórdica. Tres de ellas son las principales, conocidas por los nombres de Urðr (o Urd, «lo que ha ocurrido», el destino), Verðandi (o Verdandi, «lo que ocurre ahora») y Skuld («lo que debería suceder, o es necesario que ocurra»). Las Nornas viven bajo las raíces del fresno Yggdrasil, el árbol del mundo en el centro del cosmos, donde tejen los tapices de los destinos y riegan el fresno con las aguas y la arcilla provenientes del pozo de Urd para que éste no pierda su verdor ni se pudra. La vida de cada persona es un hilo en su telar, y la longitud de cada cuerda es la duración de la vida de dicha persona.

Fuente: Ana S. «Mujerícolas»
Fotografía: @mjberistain