Un palacio para el baño real

San Sebastián – 1908


Aunque parezca el palacete de algún excéntrico visir en las costas del Indico, el edificio que se ve en las imágenes fué construído a finales del siglo XIX en la Playa de la Concha de San Sebastián.

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Se mantuvo allí durante algunos años para uso y disfrute del rey Alfonso XIII, convertido desde entonces en uno de los bañistas más frikis de la historia de la humanidad.

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El palacio, construído en madera, se desplazaba sobre dos raíles que partían la playa por la mitad. Gracias a la fuerza de un motor de vapor, el dispositivo trasladaba al monarca y su séquito desde la arena hasta el interior del mar, donde podían bañarse a salvo de las miradas.

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Como explica el autor de Pruned, la existencia de estas casetas de baño se encuadra dentro de la moral victoriana de la época, que consideraba de mal gusto bañarse en público y ser visto en bañador. En franca competencia con los balnearios, los denominados “baños de ola” se convirtieron en una moda gracias a que las damas y los caballeros de la época podían entrar y salir del agua sin perder la discreción.caseta de baños

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Las playas más aristocráticas, como las de San Sebastián y Santander, se llenaron muy pronto de casetas, que avanzaban o retrocedían de la primera línea en función de las mareas. Según este relato el palacete móvil del monarca fué construído en 1894 y permaneció en uso hasta 1911, cuando se construyó un edificio de piedra a pie de playa.

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Fotografías de George Eastman House, Skyscrapercity y Numisjoya
Texto extractado de Fotonazos


 

Salvación


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Texto de SILVIA CARRERO

Salvación

Solo me arranca de la locura, la locura de escribir sin pausa, renglón tras
renglón sólo me arranca de la locura la repetida historia de contar lo mismo, lo mismo renglón tras renglón, la muerte viene degollando y me muero de miedo porque le temo a la muerte, tanto tanto como a la vida, que viene degollando inocentes y culpables, el prójimo doliendo y doliente, solo la locura de escribir sin pausa aunque nada guarde valor para ojos en otras caras, qué me importa el ojo que me ve, si soy yo la que debe salvarse a fuerza de mi propia fuerza, qué me importa si el ojo que me lee desprecia mi letra, el mero verso roto en mil pedazos, pobre y desvalido sobre el frío de una pantalla helada qué me importa si sólo me arranca de la locura, la locura de escribir sin pausa, como apurando el cierre de esa puerta que deje del lado de afuera esa mierda agazapada, quedarme acá entonces, quedarme acá digo, y dejar afuera la malicia humana, quedarme sola con mi malicia inocente y lujuriosa de mujer sola, que odia la muerte que viene degollando, igual que la vida viene degollando, cada una recogiendo lo que la otra desdeña, cerrar la puerta encerrar la rabia, la otra cara del miedo, el frío, la sensación de vacío, sólo me arranca de la locura, la locura de escribir sin pausa, hasta que la muerte me arranque la locura de una sola vez, de golpe, de raíz, de ansia, de hambre, de dolor, de pura y mera muerte.


(inédito)
Publicado en el Pais Cultural 13 nov 2015
Fotografía de literofilia.com

 

 

Palabra de Sancho

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Imagen Valle Camacho

Escribía Félix Grande sobre Sancho Panza que un día le dijo respetuosamente a una duquesa:
«… donde música hubiere cosa mala no existiere«

En esta vida -decía el poeta- lo prudente es estar emocionado. «No hay arte que contagie tanta emoción como contagia la música. Ni siquiera la poesía es más emocionante.»

También Schopenhauer aseguraba: «Todo poema aspira a ser semejante a la música. Hay un instante en las palabras en que el conjunto de sus significados no se limita ya a dialogar con nuestra inteligencia, con nuestra razón o con nuestra memoria: dialoga con nuestra emoción. Es ese instante en que la palabra poética se ha convertido en una caricia de música. Y esa música, milagrosamente, desaloja de nuestro ser el frío del miedo y el dolor».

«El lenguaje de la música se parece a un milagro. En su generosidad y en su belleza junta lo humano y lo sagrado. Tomamos una partitura, la miramos despacio: lo que vemos escrito en ella solamente son signos. Nos acercamos a un instrumento musical, acariciamos su cordaje, su teclado, sus maderas finísimas o su metal brillante, casi oloroso: pero allí sólo hay maderas y metales y técnicas… Lo que sabemos, y lo sabemos de verdad, con la emoción y no sólo con la razón, con el rumor de nuestra piel y no sólo con nuestra inteligencia, es que por los pasillos del enigmático palacio que es la música deambula lo sagrado.»

En su artículo se refiere al hecho de que las iglesias han contribuido, a lo largo del tiempo, «a la fiesta sagrada de emocionar a los humanos con la tumultuosa inocencia que derrama la música», y escribe: «… Aquella mezzosoprano prodigiosa, aquellos violinistas de sonido perfecto, aquella flauta de pena y elegancia absolutas, el chelo patriarcal y la batuta rectora, todos reunidos para hacernos celebrar el mundo, nos emocionaban acercándonos a la certidumbre de que en lo humano palpitaba lo sagrado y de que en ese pálpito habitaba la alegría. Una alegría universal, humilde.»

Elvia Sánchez, Soprano y Ainhoa Zubillaga* Mezzosoprano


(*) Mi prima querida.

Abstracción


Maldito otoño, maldito miedo, malditos dioses.

Veo muchedumbres dando vueltas por el mundo. Gentes embarradas, ensangrentadas, fluyendo entre el magma del horror, con los hijos de sus dioses apretados a su cuerpo con lo que queda de sus brazos mutilados.

El mundo es una ciudad irreal, veo muchedumbres dando vueltas como fantasmas hundiendo sus pasos en el fango de un planeta hediondo que se derrite derramando lágrimas de hielo.

Veo cadáveres ambulantes por todas partes, exhalando sus últimos suspiros breves y espaciados, cada uno con la mirada fija en el horizonte de sus sueños destrozados.

Hay sonidos secos, mutilantes, cargados de venganza por los alrededores, que se confunden con el sonido muerto de las campanadas de la mañana.

Retumba el silencio en un mundo caótico en la imagen quieta.

¿Habrá sido un mal sueño?. Me despierto y salgo a enterrar las últimas flores de este otoño en el jardín. Les preparo un lecho de escarcha…

M.J.B.
(Variaciones s/La Tierra baldía de T.S.Eliot)


 

Reflejos en el lago


Dejadme que juegue hoy, con todo respeto, con las palabras del Poeta MarK Strand (Poeta, ensayista y traductor estadounidense nacido en Canadá 1934-2014).

Dice que prefiere el mar y algunos de los ríos que conoce… Pero que para escribir poesía le gustan las aguas «manejables» de los lagos.

«Un lago es un soporte más flexible. No impone respeto como el mar, que nos obliga a reaccionar de manera bastante predecible: es decir, ante él sucumbimos con excesiva facilidad a sentimientos de asombro, paz o lo que sea. Tampoco nos tienta con indicios de infinitud. Puede que el lago esté hecho para ajustarse a lo que exige la topografía del poema. Los ríos fluirán por un poema, o lo arrastrarán con él, y tienden a oponerse a la contención formal, de ahí que se les compare con frecuencia -erróneamente- con la vida. Tienden asimismo a ser poco profundos, un rasgo que podría identificarse igualmente con la vida, pero no con la poesía. Así que, en cuanto a masas de agua, -el Poeta dice- denme un lago, un lago enorme, o incluso un lago salado, donde las aguas estén tranquilas, donde se pueda reflexionar, donde pueda arrodillarme en la orilla, bajar la mirada y ver mi reflejo…»

Partimos de la base de que yo no soy «poeta».

Vivo al borde del mar, de un mar de curtidos «arrantzales» (pescadores vascos) que se ganaban la vida peleando a muerte contra las ballenas para darles de comer a sus hijos. Un mar de furia y de fuertes tormentas, de colores y resacas incontenibles, de ruidosos anocheceres cuando resuena en la quietud el chasquido del rompeolas. Pero también vivo al borde de un mar delicado cuando la marea baja y deja lentos regueros de luz sobre la orilla de las playas…

El Poeta habla de «su reflejo» en el lago; hablaría yo de «mi reflejo» en el mar.

Claro que es cierto que yo no soy poeta, como he dicho antes, sino simple observadora, y aprendiz, como le gustaba decir a Félix Grande, esto sin ánimo de comparación, ¡por dios! Así que comprendo, admiro y quizás también envidio esa situación de «reflexión» a la que el poeta llega, casi religiosamente, junto al lago y a esa interesante «manejabilidad» del medio.

Por mi parte disfruto de momentos de reflexión mirando al mar. La contemplación desde la muralla mental de mis pensamientos y el sentir de que existe una relación especial con los ritmos dictados por el vaivén de las mareas, son los que rigen mis impulsos vitales y, por tanto, rubrican lo que escribo. Amén.

Ya avisé al principio de que esto era un juego y de que yo no soy poeta.


@mjberistain


 

La Barca Egipcia


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Madame Berthe Trèpat agradecía los aplausos…

Antes de verle bien la cara lo paralizaron los zapatos, unos zapatos tan de hombre que ninguna falda podía disimularlos. Cuadrados y sin «tacones», con cintas inútilmente femeninas. Lo que seguía era rígido y ancho a la vez, una especie de gorda metida en un corsé implacable. Pero ella no era gorda, apenas si podía definírsela como robusta. Debía tener ciática o lumbago, algo que le obligaba a moverse en bloque, ahora frontalmente, saludando con trabajo, y después de perfil, deslizándose entre el taburete y el piano y plegándose geométricamente hasta quedar sentada. Dede allí la artista giró bruscamente la cabeza y saludó otra vez, aunque ya nadie aplaudía.

«Arriba debe de haber alguien tirando de los hilos» pensó Oliveira. Le gustaban las marionetas y los autómatas, y esperaba maravillas del sincretismo fatídico.

Madame Berthe Trèpat miró una vez más al público, su redonda cara como enharinada pareció condensar de golpe todos los pecados de la luna, y la boca como una guinda violentamente bermellón se dilató hasta tomar la forma de una barca egipcia… Otra vez de perfil, su menuda nariz de pico de loro consideró por un momento el teclado mientras las manos se posaban del do al si como dos bolsitas de gamuza ajada.


Cortázar
Fotografía de Decorarte.com

La barca solar en el Arte del antiguo Egipto

de Jose María Benito Goerlich

Reconciliación


 «Aunque la razón es común a todos,
la mayoría vive como si tuviera un pensamiento propio»
Heráclito

Time present and time past
Are both perhaps present in time future
And time future contained in time past
If all time is eternally present
All time is unredeemable
What might have been is an abstraction
Remaining a perpetual possibility
Only in a world of speculation
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden. My words echo
Thus, in your mind.
But to what purpose
Disturbing the dust on a bowl of rose-leaves
I do not know…

Extracto del Poema Burnt Norton
de su obra Cuatro Cuartetos

Están presente y pasado presentes
tal vez en el futuro, y el futuro
en el pasado contenido.
Si está eternamente presente el tiempo
todo, todo el tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es abstracción
que existe, posibilidad perpetua,
sólo en un mundo en teoría.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
miran a un solo fin, siempre presente.
Resuenan pisadas en la memoria
por el pasillo que no recorrimos
hacia la puerta de la rosaleda,
que no abrimos nunca. Así resuenan
en tu mente mis palabras.

Pero ignoro
su propósito al perturbar el polvo
en el cuenco de los pétalos de rosa…

Traducción de E.Pujals Gesalí


Los Cuatro Cuartetos fueron escritos por Thomas S Eliot entre los años 1936 y 1942 y editados en forma de folletos separados. Fue en 1943 cuando aparecen en Nueva York en forma de libro.

  • Burnt Norton, en 1936
  • East Coker, en 1940
  • The Dry Salvages, en 1941
  • Little Gidding, en 1942

Los nombres de las cuatro partes se refieren a lugares que tienen que ver con la historia personal de Eliot y con la tradición cultural a la que pertenece. «Burnt Norton» es el nombre de una casa de campo en Gloucestershire, que el poeta visitó en el verano de 1934 en compañía de una vieja amiga, Emily Hale. «East Coker» refiere a un pueblo en Somersetshire, en el sur de Inglaterra, de donde procedían los antepasados de Eliot que emigraron a América. «The Dry Salvages» forman un promontorio rocoso en medio del mar, frente a la costa de Massachusetts, donde Eliot pasó muchos veranos de su infancia. Y «Little Gidding » es el nombre de un pueblo de Huntingdonshire que Eliot visitó en 1936, famoso por la comunidad religiosa fundada allí en 1626 por Nicolás Ferrar y que Cromwell suprimió veinte años después. Sólo durante la escritura de «East Coker», el autor concibió la idea de repetir cuatro veces la estructura del cuarteto para formar una unidad.

Ver Introducción a la lectura de los Cuatro Cuartetos de Ernst Robert Curtius en Ensayos críticos sobre Literatura Europea.

No hay nada más hermoso que abrir el libro por cualquier sitio y dejarnos llevar, como si fuera una íntima oración de una religión que todavía no conocemos, pero que empieza a cautivarnos… (Cándido Pérez Gallego)

Imagen «Fire and Rose are one» de Makoto Fujimura


Carta de Otoño


También pueden ser ácidos los colores del otoño.

Ácidos como esta forma tan estúpida que tengo de echarte en falta. Llevo días buscando las palabras acertadas y pienso que no existen, que es tal el dolor al que me sometes, que en lugar de seguir ocupando el podio de los amigos creo que voy a colocarte en otro lugar más seguro. Seguro para mí; para que no me duela tanto tu vacío.

Como ves, yo sigo escribiendo algunos ratos, porque llevo cosas dentro que no sé de qué otro modo deshacerme de ellas. Ahora ya no escribo a lápiz en cualquier cuartilla, ni mis apuntes los paso a limpio con mi pluma estilográfica, ahora solo me valgo de esas terminaciones nerviosas que discurren aceleradas por los teclados, para soltar amarras y escapar del ruido.

¡Qué estúpida manera de echarte en falta!

Mi mundo de papel ha quedado sustituido por esta pantalla cuyos reflejos me ofrecen una versión distorsionada de mí misma. Me falta, enfrente de mí, aquella mirada como de tímida sorna y tu eterna mueca de difícil sonrisa. Creí en ti desde el primer día. Hoy todo es distinto.

El ego literario se alimenta, a duras penas, de los «me gusta» que salpican algunos de los textos que lanzo a la nube, así como con cierto rubor.

¿Que por qué esa necesidad repentina de echarlos a volar?

Algo de vanidad debe de haber en ello, debo de reconocerlo.

Quise darles cierto orden, ya que habían sido los testigos del gran desorden de mi vida. Intenté darles un aire nuevo, después de tanto tiempo de oscuridad y desarraigo en cajones que nadie abría, excepto yo misma, y solo en tiempos de lluvia y soledad. Pero hoy todo es distinto. Se han desvanecido las barreras de la inconveniencia. El tiempo parece haber desgastado los finos hilos que nos comunicaban, y, sin desearlo, me he convertido yo en su testigo, en espejo que contempla desde muy cerca cómo se permiten las travesuras de un niño, con una cierta connivencia.


@mjberistain

 

La tarea del héroe


He trabajado incansablemente durante toda mi vida para darme cuenta, justamente ahora, de que he sido y soy una Heroína.

Recuerdo el eco machacón de que para triunfar en la vida estaba bien eso de soñar, de soñar alto, soñar sueños de altos vuelos, vuelos altos para alcanzar la libertad, -libertad que nada tenía que ver entonces con atender los mensajes capadores de la sociedad en la que me tocó ser educada- pero que lo más importante, lo que de verdad me iba a procurar la felicidad de ver cumplidos mis sueños era el hecho de trabajármelos.

En esta fórmula no se trataba de esperar, esperanzadamente, a que te llegara la suerte como si cada semana fueras al chiringuito de loterías a comprar un boleto que «valiera» por una millonada de billetes de a mil, o por un viaje a París, o por un sueldo mensual para el resto de tu vida.

Pablo Picasso cuando hacía referencia a la inspiración, decía: «…Más vale que, cuando llegue, te pille trabajando».

Pues así me educaron. Así que el día que leí La Tarea del Héroe de Fernando Savater -obra reconocida con el Premio Nacional de Ensayo en 1982, decidí que yo era una heroína, aunque más me hubiera gustado haber tenido un poco de suerte…

«… en el Arte, -y yo pienso que, como en la vida- la voluntad se reconcilia con lo inalcanzable de sus objetivos. No deja de desear -antes bien, aumenta y diversifica sus urgencias- pero al mismo tiempo asume jubilosamente que no es el siempre postergado y decepcionante resultado final lo que cuenta, sino el ímpetu mismo de ir más allá de todo lo conseguido, lo conocido o lo necesario.

Cuando algunas veces ví derrumbarse mis sueños, después de un largo camino de esfuerzo y constancia, solía pedirle a mi madre: Amá, cuando me veas llorar, recuérdame lo feliz que he sido mientras lo intentaba…


 

Un paseo por el Cosmos


¿Cuántas emociones caben en un lustro?
¿Y en una generación? ¿Y en dos?


¿Cuántas ilusiones, cuántas preguntas, cuántas dudas, cuántas decepciones?
¿Cuánta dignidad, eso de caerse, llorar, levantarse y volver a empezar?

Somos un soplo de Luz fugaz,
Una mota de polvo suspendida en mitad de un rayo de Sol.

¿Quién no ha soñado con los ojos abiertos bajo un cielo estrellado?
¿Quién no ha amado por los siglos desde el inicio del universo?

Tiemblo en el temblor de tus manos mientras me preguntas sobre la Existencia. No tengo respuestas, solo preguntas, como tú misma. Y, ¿cómo explicarte; cómo explicarme que somos energía danzando en un mar de fuerzas gravitatorias que nos protegen de caernos de bruces al vacío?

Da gracias a la Vida y Ama


Extracto de “Recordando a Carl Sagan
Publicado en la Revista JotDown por E.J. Rodriguez

Cierto día en la estación de trenes de Washington, un mozo ayudó a Carl Sagan con su equipaje, como hacía con cualesquiera otros pasajeros. Sin embargo, cuando Sagan sacó su billetera para darle la propina de rigor, el mozo hizo un gesto de rechazo. Aunque lo relevante de la anécdota no es el gesto en sí, sino la frase con que el mozo lo acompañó: «Guarde su dinero, señor Sagan. Usted ya me ha dado el universo».

La anécdota es muy famosa y habla por sí misma del papel que tuvo Carl Sagan en nuestra cultura. Ningún otro divulgador científico ha sabido pulsar tan bien los resortes de la imaginación colectiva. Quizá se debiera a aquella característica tan suya: la capacidad para experimentar y compartir un extático asombro ante la magnitud y complejidad del universo. Un entusiasmo que resultaba contagioso y al que él llamaba el «sentido de lo maravilloso». Carl Sagan era como el mago que abría el baúl de los grandes secretos ante nuestros ojos y desvelaba prodigios que parecían fantásticos, pero que no pertenecían al ámbito de las novelas o películas de ficción, sino que existían de verdad. Prodigios que estaban allá arriba, sobre nuestras cabezas, o a nuestro alrededor, o incluso dentro de nosotros. Carl Sagan fue sin duda el catalizador de las ensoñaciones cósmicas de toda una generación. Incluso de quienes nunca nos convertimos en científicos, porque teníamos escrito otro destino o sencillamente lo elegimos así, prácticamente no hemos pasado una noche sin alzar la mirada hacia las estrellas y entonces resulta inevitable acordarse de él. Siempre nos quedará la imagen inolvidable de aquella «nave de la imaginación» con forma de semilla emplumada con la que Sagan nos condujo hacia lugares que nunca visitaremos, pero que ya forman parte de nosotros mismos, tan familiares como nuestra propia casa, como el «pálido punto azul» que flota en torno a una estrella cualquiera en un rincón poco destacado de una insignificante galaxia.

Ya cuando el pequeño Carl tenía cinco o seis años, sus padres eran conscientes de su brillantez intelectual, de su ansia por obtener respuestas ante cuestiones como «¿qué son las estrellas y de dónde están colgadas?». Hijo único de una familia de condiciones muy humildes —su padre era un inmigrante ucraniano que trabajó como acomodador en un teatro y su madre una neoyorquina que había crecido prácticamente en la miseria—, el pequeño Carl tenía pocos medios para saciar aquellas ansias. Pero sus padres eran inteligentes y demostraron una gran sensibilidad hacia las necesidades intelectuales de su retoño, así que decidieron que lo mejor que podían hacer era apuntarlo a una biblioteca pública. Aquello abrió los ojos de Carl Sagan y cambiaría su vida para siempre:

Le pedí al bibliotecario algún libro sobre las estrellas. Y la respuesta a mis preguntas era impresionante. Resultó que el sol era una estrella que estaba muy cerca de nosotros. Que las estrellas eran soles, aunque estaban tan lejos que las veíamos como meros puntitos de luz. De repente, la verdadera escala del universo se reveló ante mí. Fue una especie de experiencia religiosa. Había una magnificencia en ello, una grandeza, una sensación de magnitud que nunca después me ha abandonado. Nunca me ha abandonado.

El mensaje divulgador de Sagan giró siempre en torno a una idea central: el ser humano, especie animal que vive sobre la superficie de un planeta cualquiera, es insignificante cuando lo contemplamos bajo términos cósmicos. La humanidad es apenas un soplo fugaz del que seguramente no quedará ni rastro cuando se extinga; y a nadie ahí fuera le importará, si es que hay alguien. El cosmos es un lugar inmenso, inabarcable, que nos humilla y empequeñece. Y, sin embargo, cuando era Sagan quien nos describía ese panorama aparentemente descorazonador, brillaba una intensa luz poética que cautivó a quienes le escuchábamos. El ser humano, nos decía, no es importante para el universo. Pero sí es inmensamente afortunado porque puede contemplar la inmensa grandeza de ese universo y maravillarse a causa de ella. Cuando miras las estrellas, lo relevante no eres tú: son las estrellas. Y siéntete feliz por poder mirarlas.

Carl Sagan poseía dos cualidades que no pueden transmitirse ni en la más excelsa de las instituciones educativas: un tremendo carisma personal y una gran capacidad para comunicar.

Sagan no creía en Dios, pero cuando hablaba de sí mismo, rechazaba el término «ateo» porque para él implicaba el conocimiento cierto de que Dios no existe, un conocimiento que sencillamente no estaba a su alcance.

Carl Sagan nos hizo mirar hacia las estrellas y darnos cuenta de la magnitud del universo, en el que ocupamos un rincón infinitesimal. Nos trató, a los ciudadanos de a pie, como a seres inteligentes y a quienes la ciencia concierne tanto como a los propios científicos, porque el universo no es patrimonio de los científicos, sino de cualquiera que pueda alzar sus ojos y contemplar sus prodigios. Gracias a Carl Sagan, la NASA incluyó en sus sondas una cámara fotográfica que pudiera captar el planeta Tierra desde una gran distancia, y todo porque Sagan quería que pudiéramos entender que estamos todos en el mismo barco, la Tierra, y que ese barco es apenas una frágil chalupa en mitad de un océano inmenso. Que las fronteras, ideologías y religiones son simplemente invenciones de unas criaturas que habitan una esfera hospitalaria, iluminada a la distancia justa por una estrella blanca, y que deberíamos preocuparnos ante todo de que nuestra esfera continúe siendo hospitalaria porque la inmensa mayoría del universo no lo es. Sin nuestra pequeña barca, suspendida en mitad de ese inhóspito vacío, no podríamos contemplar el cosmos y experimentar ese sentido de lo maravilloso, que es una de las mejores cosas que tendremos durante nuestra breve existencia.

Mira de nuevo a ese pequeño punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Ahí estamos nosotros. Todos a quienes amas, todos a quienes conoces, todos de quienes has oído hablar alguna vez; todo ser humano que alguna vez existió; cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño repleto de esperanzas, cada inventor, cada explorador, cada reverenciado maestro moral, cada político corrupto, cada superestrella, cada líder supremo, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí… en una mota de polvo suspendida en mitad de un rayo de sol.


Fotografía de portada Iñigo Cebollada

Palabra de bosque y lago

 

 Del Blog de Santiago Pérez Malvido

Avatar de Santiago Pérez

Frantisek Tavik Frantisek Simon / New York Public Library / Google art project / Dominio público

«No ha de extrañar que en sus expediciones, Alejandro Magno llevara con él en un precioso cofre la Ilíada. Una palabra escrita es la más selecta de las reliquias. Es algo a la vez más íntimo y universal para nosotros que cualquier otra obra de arte pues es, entre ellas, la más próxima a la vida misma. Puede ser traducida a todos los labios humanos; no solo puede ser representada sobre una tela, sino moldeada en el aliento mismo de la vida»

Henry David Thoreau. Walden

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Versos en los ojos


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Ya es bonito levantarse cada día
con versos en los ojos.

Rumbo al país de la ilusión
hoy recuerdo tu amor que nunca tuve.

Aquella inclinación contra natura
a ser felíz en la fantasía
podría resultar peligrosa
e inútil concesión a la tristeza.

Autor Jose M. Amado
Fotografía Mikel Vega


El reloj


Aprendí a saber lo que era un reloj mucho antes de estudiar en el colegio, qué era, para qué servía y quien lo había inventado. En casa teníamos un reloj de arena que solo funcionaba cuando se le daba la vuelta, si te marchabas mucho rato de su lado, se quedaba parado. Era un rollo, porque no sabías cuánto tiempo había pasado.

Tampoco me preocupaba mucho en aquella época cómo pasaba el tiempo de deprisa, según decían los mayores. Me daba tiempo, desde que me levantaba, de hacer un montón de cosas. Me quitaba las legañas, me miraba en el espejo y no me reconocía. Bueno, sí me reconocía después de lavarme la cara y peinarme. Por supuesto que me tenía que lavar los dientes con aquella pasta roja que se llamaba el torero. Entonces los mayores iban a los toros, pero yo no le encontraba ninguna relación con la pasta de dientes.

Pero, como había tantas cosas que yo no entendía, ¡pues nada!

Iba al cole, volvía a casa a comer y a lavarme los dientes, volvía al cole, jugaba, hacía deporte, volvía a volver a casa… En fin, que me daba para hacer muchas cosas, pero no sabía cómo se medía el tiempo. Era muy difícil entender a los mayores cuando me lo explicaban. Algo así como lo de los Reyes Magos, que tampoco se entendía muy bien.

En la playa un día me enseñaron cómo era un reloj en la arena. Dibujamos un círculo como un sol con rayitas alrededor y pusimos un palito en medio. Entonces me di cuenta de que la sombra del palito se movía. Algo tenía que ver con el sol. No sabía muy bien si era el sol el que se movía o el palito. Me decían que unos señores que se llamaban egipcios y otros que se llamaban incas, que yo no conocía de nada, ya lo venían usando desde hacía muchos años. (¡y… dale con el tiempo!)

reloj en arena

Como seguía sin enterarme, de vez en cuando volvía a preguntar para ver si me aclaraba las ideas. Y me contaban que después de aquello se inventaron el reloj de arena. Yo pensaba que se referían a aquel que habíamos dibujado nosotros en la arena, pero no. Era otra cosa.

Se referían a uno como el que teníamos en casa.

Luego otros señores como uno que se llamaba Leonardo da Vinci o Galileo, a los que tampoco conocía y que debían de ser muy sabios, se inventaron mecanismos que hacían tic-tac todo el rato y que contando los tics-tacs se podían controlar cosas como el día y la noche, la primavera, el verano…

Había otros relojes en casa, los fui identificando poco a poco. Yo los miraba muchas veces para ver si veía llegar el verano, que era cuando nos daban las vacaciones. Pero no me enteraba, solo me daba cuenta cuando al salir de casa ya no tenía que ir con abrigo o con paraguas y entonces estaba más contenta.

reloj despertador

Me gustaba el reloj que tenían mis padres encima de la mesilla. Tenía como dos campanitas que sonaban ring-ring por las mañanas. Yo no sabía cómo leerlo, pero sabía que era la señal para que nos levantáramos todos de la cama. Algo iba entendiendo por fin.

Ahora han cambiado mucho las cosas. Los niños enseguida aprenden a leer relojes y eso que ahora son más aburridos que los de antes, no hacen tic-tac, ni tienen agujitas que se mueven, ni campanitas. No sé muy bien si los entienden, pero los saben leer. Lo digo porque conozco bien a Andrea. Tiene cuatro años y cuando se despierta muy temprano por las mañanas, va a la habitación de sus padres antes de que suene la chicharrita y les lee los números de color verde brillante de una pantalla que tienen encima de la mesilla de su madre.

– MAMI… SON LAS CERO SIETE DOS PUNTITOS CERO DOS…

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A lágrima viva

Fotografía Daniel Ramos 


Se quedó mirando fijamente a la fuente, absorta, con la cámara de fotos colgando sobre su pecho
y sujetándola con las dos manos sin decidirse al enfoque. Era esa primera hora de la tarde en la que el sol de otoño cae en diagonal por encima de los tejados y las sombras van haciéndose un hueco por las calles y por los parques.

Muchas veces había tomado imágenes del agua; le gustaba trabajar con los blancos y los grises, con la luz, con la transparencia, con el contraste, con los brillos del asfalto, con aquella mezcla de lágrimas de lluvia en las pestañas como una amable emoción a veces, otras como una rara conmoción que le invadía de humedad los huesos y el corazón de frío…

Dejó la cámara en un banco solitario del parque y se acercó al borde de la fuente. Cerró los ojos durante unos segundos y se dejó llevar, sin resistirse, hacia los fondos saturados del color.

¿Por qué aquél buscar, aquél dudar y esperar siempre el momento mejor, para comprobar, al cabo del tiempo, frente a aquellas fotografías, que ella, también ella; ella misma había estado allí, en aquel instante, tan breve, tan efímero, tan bello?

@mjberistain
Con mi agradecimiento a El Fotonauta por su autorización a utilizar su fotografía.

Actualizo hoy esta entrada con un abrazo y un recuerdo especial a Daniel, allá donde esté. (2017)


Literatura Origen

(Breve apunte)


“La Literatura es como el Mar,
el Arte también,
formas que se suceden
que se golpean a sí mismas…

son como el fuego, son como el aire,
como los cuatro elementos
siempre inmutables
y siempre cambiantes»
Manuel Vicent


La literatura, en su sentido más amplio, se define como cualquier trabajo escrito (aunque algunas definiciones incluyen textos hablados o cantados).

En un sentido más restringido y tradicional, es la escritura que posee mérito literario y que privilegia la literariedad, en oposición al lenguaje ordinario.


El origen de la escritura no marcó el inicio de la literatura. Los textos sumerios y algunos jeroglíficos egipcios, considerados como los escritos más antiguos de los que se tengan registros, no pertenecen al ámbito de la literatura.

Entre los primeros textos literarios aparece el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio que fue grabada en tablas de arcilla y cuya primera versión data del año 2.000 A.C. Antes de esta época, las narraciones solían circular de generación en generación a través del lenguaje oral.

  • El que es considerado el primer texto literario es el Poema de Gilgamesh, escrito alrededor del año 2000 a.C. en caracteres cuneiformes y del que se conservan 12 tablillas de arcilla. En él se encuentran ya algunos temas que serán recurrentes en la historia de la literatura, como es la búsqueda de la inmortalidad y del sentido de la vida y del dolor humano, el viaje aventurero… Se trata de un texto que, aunque tiene mucho de leyenda y de mitología, se puede ya considerar plenamente literario. Se puede decir que entre el 3000 y el 2000 a. C. se inicia la literatura tal y como la entendemos hoy en día. A partir de esa fecha irán apareciendo obras literarias en Mesopotamia, Egipto, Asia Menor, India, Palestina, China, etc…
    José M. González y Serna Sánchez (Introducción a la historia de la literatura)


En cuanto a la literatura en español, sus orígenes se remontan al siglo X con las
Glosas Emilianenses y al siglo siguiente con las Jarchas, un conjunto de breves composiciones líricas de carácter amoroso.


imagesCODICE EMILIANENSE 60 Codiceemil

En el siglo XVII, lo que actualmente denominamos «literatura» se designaba como poesía o elocuencia. Durante el Siglo de Oro español, por poesía se entendía cualquier invención literaria, perteneciente a cualquier género y no necesariamente en verso.

A comienzos del siglo XVIII se comenzó a emplear la palabra «literatura» para referirse a un conjunto de actividades que utilizaban la escritura como medio de expresión. A mediados de la misma centuria Lessing, publica Briefe die neueste Literatur betreffend, donde se utiliza «literatura» para referirse a un conjunto de obras literarias. (RAE: la literatura es una actividad de raíz artística que aprovecha como vía de expresión al lenguaje). A finales del siglo XVIII, el significado del término literatura se especializa, restringiéndose a las obras literarias de reconocida calidad estética.

La Literatura tiene a su principal galardón en el Premio Nobel que se entrega cada año desde 1901. Fue así señalado en el testamento del filántropo sueco Alfred Nobel. Según sus palabras, el premio debe entregarse anualmente «a quien haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal». La institución encargada de seleccionar al ganador es la Academia Sueca (Svenska Akademien).

Extractado de Wikipedia
Fotogorafía Taringa


Ave María


El atrio se fue llenando de caras conocidas, de caras amadas. Faltaban muchos. Habíamos sido una gran Familia y la Vida había ido imponiendo su ley.

La cita era, como siempre en las celebraciones familiares, en la Basílica de Santa María del Coro en la calle Mayor. Los dos bancos primeros estaban vacíos, reservados, esperando que nos instalásemos antes de que llegara Ella.

Entró con su hija mayor, quien le había propuesto una mañana distinta, irían juntas a la Misa Mayor y después se quedarían a ver las Regatas de traineras en la Concha. Vestía un traje de chaqueta sobrio, se notaban, pero poco, sus años, porque siempre había sido una mujer con una actitud dispuesta a la alegría y a la generosidad y seguía así, ofreciendo lo mejor de ella en cada momento de su vida. A la tía Pepi todos le queríamos mucho, es verdad que ella había sido una de las personas que invadieron con luz propia la historia de la familia y, especialmente, nuestra infancia. Allí estábamos esperándola para celebrar su 80 cumpleaños. Incluso sus amigas se habían unido al grupo familiar para compartir la celebración. Ella lo ignoraba. Nos fue descubriendo a su lado poco a poco hasta darse cuenta de que la reunión era en su honor…

Desde el fondo del coro llegaba, todavía sigilosa, la música del órgano de la iglesia. Se calmaron las emociones mientras los oficiantes nos invitaban al recogimiento y a la oración.

La voz de la mezzosoprano Ainhoa Zubillaga —mi querida prima— rompió el silencio con el Ave María atribuida a Giulio Caccini. Su delicadeza y su fuerza, su lirismo llenó el espíritu de aquel encuentro de una emoción única compartida por toda la Familia.


@mjberistain
Imagen Jose María Azkona

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Vídeo con la voz de Inessa Galante (soprano)


Infancia y Poesía

Artículo de Jose Antonio Marina


Una fantástica empresa dedicada a inventar me pide que colabore en el diseño de una colección de cuentos para introducir festivamente a los niños en el mundo de la poesía. 

Lo primero que pienso es: ¿y para qué tienen los niños que aficionarse a la poesía? Cuando no sé qué pensar sobre un asunto, intento siempre ir a su origen. ¿Qué misteriosa necesidad ha hecho que la humanidad cree poesía durante milenios? He recordado algunos de los poemas que aprendí en mi niñez. «El lagarto y la lagarta/con delantalitos blancos. /Han perdido sin querer/su anillo de desposados.» Este poema de García Lorca contiene unos versos que me siguen emocionando. “Un cielo grande y sin gente/ monta en su globo a los pájaros”. ¿Por qué este verso tan sencillo me produce tanta euforia? Siento que mis posibilidades de mirar se han ampliado. La bóveda celeste que veo todos los días forma ahora parte de un mundo de juguete, es un gran globo de parque de atracciones, que lleva a los pájaros de excursión. Hasta el imponente sol se ha decidido a jugar. “El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso”.

Creo que ya he encontrado una de las grandes motivaciones de la poesía: La poesía hace valioso el mundo mediante las palabras. El ser humano necesita ampliar sus posibilidades y enriquecer el mundo con ellas. No se conforma con lo que tiene, inventa, explora, pinta, construye, canta.

Una afirmación tan irrebatible como “las cosas son lo que son” resulta, pues, deshumanizadora y falsa. Las cosas son lo que son, más el conjunto de sus posibilidades. La pasividad nos imposibilita, nos lleva a la rutina, a la mediocridad y al tedio. No estamos aburridos porque el mundo sea aburrido, sino que el mundo es aburrido porque lo estamos nosotros previamente. El modorro ve en todas las cosas la monotonía; el poeta, en cambio, lo irrepetible. No hay dos sonrisas iguales. Ni dos llantos. Ni dos manzanas. El lenguaje poético hace relevante lo que teníamos siempre al lado sin percibirlo.

Acuérdense del gran Machado, emocionándose porque “al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido”, le ha brotado una ramita verde. Al contrario, convierte un hecho cotidiano en hecho poético. Y nos hace un gran favor.

He dicho que la poesía hace valiosa la realidad mediante las palabras. Entre las realidades que transfigura está el propio lenguaje, al que hace más expresivo, más cantarín, más juguetón. Jugar con las palabras es un juego que divierte a todos los niños. Jugar es otra de nuestras grandes motivaciones, otra raíz de la poesía. Y hay algunos poetas que han encontrado sus mejores posibilidades no al hacer poesía para niños, sino haciéndose niños para hacer poesía, como Alberti: “Don diego no tiene don, / don/ don dondiego/ de nieve y de fuego; / don, din, don/ que no tienes don/ ábrete de noche, / ciérrate de día, / cuida no te corte/ la tía María, / pues no tienes don”. Recuerdo las deliciosas canciones que cantaban las niñas al saltar a la comba: “Al pasar la barca/ me dijo el barquero/ las niñas bonitas/ no pagan dinero”.

Otras veces, el lenguaje se concentra y adquiere una intensidad mágica. Encierra en una frase muchos significados, y al entenderla parece que estalla en nuestra cabeza como fuegos artificiales. Una situación alegre o triste queda concentrada en once sílabas, como en Quevedo: “Polvo seré, mas polvo enamorado”. Aleixandre cuenta una tragedia en tres líneas: “Tú, en cambio, sí que podrías quererme; / tú, a quien no amo. / Al lado de esta muchacha veo la injusticia del amor”. La poesía concentra e intensifica el mundo. De nuevo otra necesidad cumplida. Aspiramos a vivir, aunque sea intermitente, en la intensidad.

Por último, la poesía nos libera. ¿De qué? De la pesadez, de la desidia, de la desesperanza. Es admirable que un poeta, con tan poco, haga tanto. Esta es la definición de nuestra libertad: hacer mucho con poco. Cuando nos sentimos impotentes, la realidad resulta siempre abrumadora. Pero la inteligencia intenta zafarse de esa opresión, sentirse poderosa y ampliar la realidad con nuevas posibilidades. Aficionar a los niños a la poesía es animarlos a no dejarse apabullar por el mundo, a estar alerta, a sentirse más libres, a admirar. En una palabra, es enseñarles a hacer más valiosa la realidad, y a vivir en ella.



Reading an old-fashioned paper book


By Abigail Wise

Sorry, e-readers. These benefits come from old-fashioned paper books only. 

Although more and more people own e-books, it seems safe to say that real books aren’t going anywhere yet. Eighty-eight percent of the Americans who read e-books continue to read printed ones as well. And while we’re all for the convenience of digital downloads and a lighter load, we can’t bring ourselves to part with the joy of a good, old-fashioned read.

As Dr. Seuss once wrote, “The more that you read, the more things you will know. The more that you learn, the more places you’ll go.”

Diving into a good book opens up a whole world of knowledge starting from a very young age. Children’s books expose kids to 50 percent more words than prime time
TV, or even a conversation between college graduates, according to a paper from the University of California, Berkeley. Exposure to that new vocabulary not only leads to higher score on reading tests, but also higher scores on general tests of intelligence. Plus, stronger early reading skills may mean higher intelligence later in life.

A quick tip: If you’re looking for a power read, opt for a traditional book. Research suggests that reading on a screen can slow you down by as much as 20 to 30 percent.

Plus, it can boost your brain power.

Not only does regular reading help make you smarter, but it can actually increase your brain power. Just like going for a jog exercises your cardiovascular system, reading regularly improves memory function by giving your brain a good work out. With age comes a decline in memory and brain function, but regular reading may help slow the process, keeping minds sharper longer, according to research published in Neurology. Frequent brain exercise was able to lower mental decline by 32 percent, reports The Huffington Post.

Reading can make you more empathetic.

imagesLIBROS NIÑO GATO

Getting lost in a good read can make it easier for you to relate to others. Literary fiction, specifically, has the power to help its readers understand what others are thinking by reading other people’s emotions, according to research published in Science. The impact is much more significant on those who read literary fiction as opposed to those who read nonfiction. “Understanding others’ mental states is a crucial skill that enables the complex social relationships that characterize human societies,” David Comer Kidd and Emanuele Castano wrote of their findings.

Flipping pages can help you understand what you’re reading.

When it comes to actually remembering what you’re reading, you’re better off going with a book than you are an e-book. The feel of paper pages under your fingertips provides your brain with some context, which can lead to a deeper understanding and better comprehension of the subject you’re reading about, Wired reports. So to reap the benefits of a good read, opt for the kind with physical pages.

It may help fight Alzheimer’s disease.

Reading puts your brain to work, and that’s a very good thing. Those who engage their brains through activities such as reading, chess, or puzzles could be 2.5 times less likely to develop Alzheimer’s disease than those who spend their down time on less stimulating activities. The paper suggests that exercising the brain may help because inactivity increases the risk of developing Alzheimer’s, inactivity is actually an early indicator of the disease, or a little of each.

Reading can help you relax.

imagesLIBROS EN PAPEL PLAYA

There’s a reason snuggling up with a good book (and maybe a glass of wine) after a long day sounds so appealing. Research suggests that reading can work as a serious stress-buster. One 2009 study by Sussex University researchers showed that reading may reduce stress by as much as 68 percent. “It really doesn’t matter what book you read, by losing yourself in a thoroughly engrossing book you can escape from the worries and stresses of the everyday world and spend a while exploring the domain of the author’s imagination,” cognitive neuropsychologist David Lewis​ told The Telegraph.

Reading before bed can help you sleep.

Creating a bedtime ritual, like reading before bed, signals to your body that it’s time to wind down and go to sleep, according to the Mayo Clinic. Reading a real book helps you relax more than zoning out in front of a screen before bed. Screens like e-readers and tablets can actually keep you awake longer and even hurt your sleep. That applies to kids too: Fifty-four percent of children sleep near a small screen, and clock 20 fewer minutes of shut-eye on average because of it, according to research published in Pediatrics. So reach for the literal page-turners before switching off the light.

Reading is contagious.

imagesLIBROS BURBUJITAS


Seventy-five percent of parents wish their children would read more for fun, and those who want to encourage their children to become bookworms can start by reading out loud at home. While most parents stop reading out loud after their children learn to do it on their own, a new report from Scholastic suggests that reading out loud to kids throughout their elementary school years may inspire them to become frequent readers—meaning kids who read five to seven days per week for fun. More than 40 percent of frequent readers ages six through 10 were read to out loud at home, but only 13 percent of those who did not read often for fun were. Translation? Story time offers a good way to spark an interest in the hobby.


 Fotografía@mjberistain

Toreando con el Alma

No soy especialmente taurina. He ido en contadas ocasiones a una plaza de toros; a varias plazas de toros, pero tengo que reconocer que el día que tuve la oportunidad de asistir a una corrida de toros en la Real Maestranza de caballería de Servilla…

mi percepción de la Fiesta cambió radicalmente.

Aquello era como una celebración casi religiosa.

Silencio, respeto por el hombre (el torero), y respeto por el toro.

Había oído hablar de las «espantadas» de Curro, pero nunca había leído nada de lo que Curro «sentía» cuando estaba cara a cara frente a un toro, frente a un miura, cuando se encontraba mirándole a la muerte de frente.

Me quedé impresionada por la plástica del toreo, allí, en aquel silencio…

curroromero

«Curro Romero, la esencia»

Artículo de Antonio Burgos

«Hay tardes… en las que se me pasa el sentido del tiempo, y hasta de la gravedad.

Me siento como volando.

Y hay otras veces que me aplasto ahí, que no tengo agilidad de golpe, que la cabeza no me funciona. Y otras veces en que lo veo todo muy claro enseguida.

Esos momentos en que estoy sacando lo que llevo dentro, el cuerpo llega a no pesarme. Incluso llego a tener una sensación muy rara y difícil de explicar: que no tengo cuerpo, que no estoy allí. Es como una levitación, como si flotara. No hay pesadez ninguna en las piernas ni en el cuerpo, ni en los brazos, todo armonioso. Me emociono mucho, veo que los pelos se me ponen de punta, el oído se me va, escucho los olés y las palmas que van y vienen, como si unas veces estuvieran allí y otras veces no estuvieran, y estuviera la plaza completamente vacía, nada más que yo con el toro. Es una emoción que hace una transformación entera de tí.

Llegas a perder hasta la noción del paso del tiempo, que te parece que el lance que has dado es el mismo lance que vas a dar otra vez, y los muletazos, lo mismo, que siempre son el mismo muletazo. Un muletazo que, como estás a gusto, no se termina, aquello tiene una unidad, una armonía perfecta, sin tiempo, sin peso en el cuerpo, hasta sin espacio, sin sonidos, que los sonidos de la plaza se te van y se te vienen. Y yo soy el mismo de siempre, igual que de chaval, que soy el mismo, que mi cuerpo de ahora es el mismo de entonces, porque no lo siento, nada más que siento el alma, quizá en esos momentos esté toreando con el alma, por eso no siento ni el cuerpo ni el peso de la muleta y de la espada, ni las voces ni los oles, ni nada. Son las muñecas solas las que están toreando, son las piernas solas las que están allí. La cintura sola, flexible, sin gravedad, todo sedoso, todo como una inmensa caricia. El toreo es como acariciar. Torear es convertir algo violento en algo bello, saber que llevas dentro la verdad te da una seguridad enorme.

Esos días ni el capote te pesa ni la muleta te pesa, está todo aquello volandero, rodando. Es una maravilla. Y yo estoy palpando en los genes que eso se está transmitiendo de alguna manera. No tal como yo lo siento, pero de alguna manera se está transmitiendo. Escucho el runrún, y siento los ojos de las gentes en la nuca, en la cabeza, que también está muy alerta, aunque esté todo volandero, se abre todo, el cuerpo se te desgarra como en un cante, todo es como si tuviera otro sentido.

Y en los olés se te van y se te vienen, hasta escucho algunos que me parece que son los mismos olés que yo oía cuando estaba guardando cochinos en el cortijo del Gambogaz, por las tardes, los días de viento, y los traía el aire de Sevilla desde la plaza de los toros.

Cuando yo, al oírlos, soñaba que quería ser torero.»


Amores de Cine

Clint Eastwood


Antes de empezar quiero hacer una confesión. 

Yo fui Karen Blixen; la mujer que se dejó lavar la cabeza por Denys Finch-Hatton un atardecer en mitad de Africa.

«Memorias de África fue una película libremente inspirada en la obra homónima de la escritora danesa Isak Dinesen. A principios del siglo XX, Karen (Merryl Streep) contrae un matrimonio de conveniencia con el barón Blixen (Brandauer), un mujeriego empedernido. Ambos se establecen en Kenia con el propósito de explotar una plantación de café. En Karen Blixen nace un apasionado amor por la tierra y por las gentes de Kenia. Pero también se enamora perdidamente de Denys Finch-Hatton (Robert Redford), un personaje aventurero y romántico a la antigua usanza, que ama la libertad por encima de todas las cosas.»

… Sin embargo, para entonces, yo llevaba muchos años enamorada de otro hombre. Cuando le conocí tenía el aspecto de un leñador del oeste profundo. Enseguida me repelieron sus grandes manos de uñas negras, sus botas embarradas y su ropa llena de briznas de hierba y madera. Me sobraban de él más de veinte años de diferencia y cuarenta centímetros de altura, pero fueron su mirada y su sonrisa, dueñas de una presencia portentosa, y de una espalda de entrenador de natación, las que, en aquella época, casi me hicieron morir de amor. —Hay que explicar que yo era una adolescente.

Desde aquel entonces he tenido la oportunidad de ver  Sus mejores películas.

Disfruté con «Bird» por el componente musical del Jazz de Charlie Parker. Reconozco que tuve que ir al cine varias veces a ver «Sin Perdón». —La primera vez me quedé profundamente dormida—. Me volví a enamorar perdidamente de él, en «Los Puentes de Madison», y me dejé llevar, hasta lo absoluto, por Frankie en «Million Dollar Baby».

A pesar de mis escarceos por la vida, con otros hombres como De Niro, Al Pacino, Ralph Fiennes o Clive Owen, y, a pesar de sus ochenta y cinco años… reconozco que sigo manteniendo con él una relación de película.

Clint Eastwood – Wikipedia

@mjberistain


La primera parte de esta entrada fue publicada en 2015…

Estamos a 6 de Octubre de 2023 y vuelvo a lo mismo…

Continúo enamorada de este hombre.

Hoy lo observo desde cerca en esa última etapa de vida, y sigue siendo una persona a la que admiro profundamente. Me refiero a la ACTITUD necesaria para convivir con el momento y las circunstancias que nos toca afrontar a la raza humana.

Y lo haré repasando algunas pinceladas del texto sobre el artista que ha incluido Volfredo en su post titulado «Envejecer no es para cobardes» de su magnífico Blog LO REAL ES MARAVILLOSO. Palabras muy interesantes tanto del propio Clint Eastwood como de un párrafo destacado de Albert Camus.

«No dejo entrar al viejo en que me he convertido. Me mantengo ocupado. Hay que mantenerse activo, vivo, feliz, fuerte y capaz. No dejo entrar al viejo criticón; que se niega a sí mismo que la vejez puede ser creativa, decidida, llena de luz y proyección«.

“La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno sea joven. Dentro de este cuerpo que envejece hay un corazón todavía tan curioso, tan hambriento, todavía tan lleno de anhelo como lo estaba en la juventud. Me siento junto a la ventana y observo pasar el mundo, sintiéndome como un extraño en una tierra extraña, incapaz de relacionarme con el mundo exterior y, sin embargo, dentro de mí arde el mismo fuego que una vez pensó que podía conquistar el mundo. Y la verdadera tragedia es que el mundo sigue siendo, tan distante y esquivo, un lugar que nunca pude captar del todo.” Albert Camus, de “La caída”.

Palabras del propio Clint: «La vejez puede ser creativa, decidida, llena de luz y de proyección»

Que así sea…