Telarañas


Hace tanto tiempo… y cómo te sigo queriendo…
—dijiste—

Sabía que mentías
con tu sonrisa seductora,
con el guiño de tu mirada
y el brillo
de las palabras más sabias;
con tu voz
llena de verbos en futuro imperfecto,
con el roce de tus manos
prietas, primarias
curtidas en la intemperie de las tormentas

No te creo nada…
—dije—

Y hubo un revuelo de telarañas
por los rincones sin nombre
entre tu abrazo y el mío.


@mjberistain
Fotografía Alegorías.es

El Color de la Luz


 Camino sobre el negro del asfalto, o por un camino de tierra negra bajo la sombra de los robles. Conozco de cerca el alquitrán del que mueren por salir algunas gaviotas blancas. Camino entre soledades, que fueron y seguirán siendo negras. Ahora ya no me importa caminar por la noche y recordar, complaciente, los abismos que se abrían a mi paso en los sueños de adolescente.

Tengo la piel dorada por nacimiento y por el sol de primavera. Me gusta caminar. Camino y observo. Hoy es un niño quien llama mi atención. Es un niño de color amarillo y ojos rasgados que mantiene absorto el perfil de su mirada sobre el mar. Le escucho hablar del color: «es azul, y es verde», y pienso que también es blanco como el color de su furia y como la tierna espuma que llega hasta la orilla de puntillas y después se va, como hace la esperanza…

Camino entre personas de pieles distintas. Somos una misma raza pero la diversidad del color de nuestra piel, muchas veces, nos tienta a considerarnos diferentes.

Me paro y también miro al Mar. Está tranquilo como mi espíritu. Sobre la arena hay cuerpos tendidos; tostados como el color de un buen café a media mañana de invierno, con el sol templado entrando por los cristales. Y pieles negras, como el teléfono negro de cables negros en mi memoria, que me hacía nudos de amor entre  los dedos, mientras hablaba con mi amigo negro del otro lado del mundo.

Pero nunca he sabido cuál es el color de la Luz…

Luz de unos ojos negros,
Luz de unos ojos claros,
Luz del fuego, Luz a contraluz.

Luz de las lágrimas
Luz como agua humilde
Luz acantilada.

Luz de la Historia
Luz áspera
Luz que ciega, Luz que huye.

Luz de los cielos nublados
Luz de las luciérnagas,
Luz de la bruma

Luz de la Música
Luz de las Palabras
Luz del Silencio bajo los párpados.

Y… ¿Cuál será el color de la Luz de la llamada final?
¿Cuál sería el color de la Paz?


@mjberistain
Fotografía Josh Adamski

Violetas en Gris


Cada palabra que callas
es un eco de sentencia,
una trampa que nos tiende el silencio
que amordaza la memoria
nos vacía los gestos
y nos ata las manos a la espalda.

Desorientado busco
un camino nuevo, un cerco
o un río de violetas desnudas
interrogando en tu pecho:

¿Dónde tu voz?
¡Dime!

¡Dónde tu voz, tu voz!
aquel hogar que ahora nos deshabita
nos naufraga el corazón
y acantila con máscaras nuestras caricias?


@mjberistain

 

No hubo más tierra


 

No hubo más tierra
que la piel estremecida de tu ansia
cuando apenas me tenías
—débil o grandiosa— entre tus manos,
inconsecuente, siempre.

No hubo más camino
que los pliegues de tu cuerpo
curtido, enamorado,
donde —yo en tí o tú en mí—
absurdamente me rendía, siempre.

No hubo, amor,
nunca otra vida
que el latido sigiloso de tu sangre
agolpándose en las sienes
de mis selvas más remotas.


@mjberistain

 

 

Un nuevo lenguaje íntimo


Hoy tengo ganas de jugar.

Escribir un «Diario» es un arte. Y una conversación infinita contigo mismo y con el mundo.

Escribir cartas era un placer íntimo destinado a la persona que amabas o que despreciabas. O era una llamada de atención en un momento delicado de tu existencia. Podía ser el anuncio de una visita de largo recorrido a un amigo. O acaso el lenguaje de un negocio emprendido en ultramar. En fin, que la comunicación se realizaba por carta porque no era posible, en todos los casos, tomarte un café con la persona con la que deseabas tener una conversación. El mensaje que llevaba nuestra carta podía tardar entonces en llegar -como diría Sabina- catorce días o quinientas noches…

Todo es distinto hoy. Nos inventamos signos abreviados para decir «Te quiero», para decir «sigo pensando en ti»… Y la inmediatez tecnológica consigue el milagro de que el viaje de tus mensajes no dure más de escasos segundos. Esta circunstancia nueva lo hace todo un poco más efímero. Da vértigo. Es como si los sentimientos tuvieran una fecha de caducidad más próxima, y eso es inquietante.

El mundo avanza espantosamente rápido y todo envejece y se convierte en obsoleto al minuto de ser descubierto. Siento que vamos todos corriendo, persiguiendo el sueño de la inmortalidad a la velocidad de la luz y, sinceramente, es más difícil disfrutar del camino así, a toda prisa. Ya la vida es corta… Yo necesito un poco de por favor.

Slowly fue una canción de Aute que me gustó.

Leonard Cohen es un maestro del sosiego con el que me entiendo bien. Juega con las pausas, con los silencios, hasta con la tristeza de sus ojos que también cantan.

Pero no estaba hablando de música ahora, aunque es una de las formas más bellas que existen para entenderse. Un pianísimo extremo estremece. Unos arpegios hieren…

Hoy quiero jugar a entendernos, como niños.

Quiero jugar contigo a inventarnos signos que vuelen inalámbricos, y me acerquen al aroma con sabor a susurros y a café de tu cuerpo, a la luz agridulce habitando la hiedra solemne de tus ojos. Al tenue silbido de los silencios…

Ahora, que soy como una lágrima en equilibrio, quiero que vuelen inalámbricos los signos; que te lleguen, que me lleguen, y dejarlos que aniden en el bosque de los calendarios infinitos, con su melancólico ritual, que solo nosotros entenderemos.

(?) – Dirá, «¿te acuerdas?»


@mjberistain

 

Marina


El mar de mis dieciséis años era la playa, y los torsos de los chicos desnudos, y mi cuerpo dibujándose bajo la tela mojada como el de una mujer, y la cita para el guateque de por la tarde, y los turbadores escarceos submarinos, y escribir corazones en la arena, y tenderte junto a otro cuerpo bajo el sol. Horas larguísimas, rojas debajo de los párpados.

Y el mar de mis dieciocho años es un libro en mi equipaje siempre a punto. Es un libro que me descubrió el mar en todo lo que me faltaba, en todo lo que yo amaba, en todo lo que me dolía. Es un libro que me hizo creer que estaba enamorada del mar, de tanto como me enseñó a añorarlo. Desde entonces a todo lo que echo de menos le llamo mar…

Ana Rossetti
 


Fotografía Mikel Vega

 

Aire


Música Air de Johann Sebastian Bach


Amanece, lentamente… y es como si la luz cantara.

Vengo movido por mi sangre,
Por su música.
Vengo orientado por mi lengua.
Por su sed.

Todos los días me visto de vientos,
de mareas, de lunas.
Y aquí, cuando me escuchan,
de todo eso me desvisto.

Soy tan solo el aire de lo que cuento.
Una voz sonámbula.
Una voz que busca trastornada
la intimidad de la tierra.


Texto A.Ruy Sánchez
Fotografía de Macarena Azqueta


 Soy templo oscurecido para el silencio

Oh, Luz
Y si me abrazas,
a pesar de mi fervor envejecido,
estallarán mil voces
en éxtasis contenido
hasta tu encuentro

como vidrieras
de apretada armonía
vibrando heridas
por tus puñales de fuego.

Sea tu Luz leve…


 

 


 Miradme. Admiradme. Envidiadme.
Desafío el riesgo de parecer vanidosa, vestida de gala…

He sido interpretada de miles de formas a través de los siglos.
Me vistieron con plumas de arcángel,
fui sierpe,
dragón alado
pámpano en cierne,
ola marina majestuosamente encrespada,
trompa musical,
garabato de candil.

Mi sonido es suave como el de la ola
que se apaga en la arena de la playa,
como la gasa, como el gusto, como el gozo.

No vengo ahora a envanecerme de mi belleza externa.
Solo me niego a seguir soportando en silencio
los caprichos y agravios comparativos.

Miradme, admiradme, envidiadme.
Sólo soy un rapto de soberbia…


 sobre palabras de José Hierro
Fotografía Gabriele Corno

 


 

Hueles a mar


Hueles a mar
cuando la noche se deshace
en pequeños pedazos de papel
y pétalos secos
que hicieron nido en nuestros libros.

.
Vi naufragar las palabras escritas
temblando la tinta de sus trazos
en cristalino desmayo
y diluirse,
borrosa la zozobra
de tu piel contra mi piel,
bajo el dolor amortiguado de la marea.

.
El miedo sostenía mi mano
mientras la luz se decidía
a huir sigilosa de mis ojos de lluvia.

.
Lejos de la orilla
no me canso de mirar al mar,
me adentro en el poema,
en el temblor fugitivo del salitre
en los labios de la memoria,
la humedad rozando
el breve sueño inocente de las violetas
sucediéndose
cada vez que bailo descalza con la luna
y acaba pisándome los pies…


@mjberistain
Imágen salmerc3b3n

A una piedra


Poema de Julie Sopetrán, sencillamente perfecto.
Lo archivo en mi blog con su permiso entre las líneas de OTRAS VOCES que admiro.

Avatar de Julie SopetránEltiempohabitado's Weblog

1-053 

Cubierta de musgo, la piedra entre las ruinas
soporta los azotes del viento
me siento junto a ella, la miro, no hay yeso en su piel
tampoco es una piedra rodada ni un guijarro,
inamovible, sonriente, eterna
me atrevo a preguntar si tiene madre
si todavía existe su cantera o la enterró el paisaje de los siglos
¿qué manos la pusieron en el arco toscano
qué desazones pétreas limaron su linaje
por qué está sola y sangra entre los musgos su cara sin fisuras?
Y le pregunto cuántos años tiene
cuánto ha sufrido y por qué sonríe
me responde su silencio monástico
y yo sé que está viva y que ha sido mampuesta
por el que ya está muerto…
Y la miro y me mira
y me gusta crear historias nuevas
sobre su duro cuerpo, cuentos de jade o jaspe
de musgo y plasma y rocas
y le pregunto…

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Bermeja

la piel de la bruma

en tu sonrisa

es locura de Primavera transida;

perezosa belleza

de un instante de amor.

 

 Y la tierra tiembla,

derramando su cabellera

por los perfiles dormidos del Tiempo.


Fugaz


 

¡Fugaz!

Así tu amor se me detalla

con ritmo seductor de imperdurable

y

obscenamente me tortura

entre la gloria

y un dolor soterrado

que aniquila mi frágil yo evanescente…


 

@mjberistain/87
De mi libro de poesía «Apuntes de salitre»
Imagen de Kid Kandy/pexels


Mareas vivas


Entre nosotros, seamos lo que seamos al fin…
Rainer M. Rilke

Si no fuera porque los libros
tienden puentes y me alejan
de ese vacío inmisericorde del recuerdo…

Desde la atalaya del olvido
edificaría un nuevo mundo de galernas
con las caricias que quedaron
deshilachadas
en playas -ahora lo sé- de desdicha,
después de que tantas noches
quemáramos las estrellas
atrapados en su luz
al margen de una ciudad que nos miraba,
de soslayo, desde el alto tribunal
de la inconveniencia.

Me quedaría en tus ojos esperando,
como un rompeolas insomne,
la arrogancia de tu séptima ola
anegando la distancia,
rompiendo la rutina
o la costumbre que mantengo
a prueba de batallas.

Sólo la sabiduría de mi piel quemada
y el eco aún cercano de las palabras
que susurrábamos
sin astucia,
—oraciones recitadas con la furia ciega de los dioses—
me impiden hoy culminar el suicidio
de los poemas, detenidos,
frente a un mar que guarda
desde sus orígenes
el enigma de los sueños.


@mjberistain

El jardín de los disfraces



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 Textos L.García Montero
Fotografía MJBeristain

El doble de lejos


 

Variaciones sobre un tema de Benjamín Prado

Hoy siento una especie de vértigo, de certeza,
difícil de explicar… 


.

Todo quedó en su sitio
como la imagen fija de una vieja fotografía,
sin concesiones.

Nosotros dos atrapados por la pasión
de las galernas,
«santa maría del buen ayre»
entrelazados
tus labios respirando la tormenta de mis labios..

Todo está hoy en el mismo sitio
y también el doble de lejos,
solo han cambiado los siglos
la inocencia de la ciudad indecisa
y las lunas que siguen alumbrando heridos.

Mientras,
navega sobre mi cuerpo
interminable
tu forma de atraerme a ti…


.

@mjberistain

La recompensa

Luis García Montero


La recompensa

Aunque no sea verdad,

porque el tiempo hace mundos igual que se hace daño,

déjame que aproveche este calor final

de la tarde imprecisa.

Quiero sentirme dueño de las horas.

Para encontrarme a mí

he aprendido a seguirte.

Salgo por la memoria y no llego a un recuerdo,

sino a este modo de vivir despacio

las cosas que me das.

Todavía camino por la ciudad aquella

y soy el habitante de lo que sucedió

la semana que viene,

de los hechos que pueden ocurrir

hace ya muchos siglos,

cuando los pies del tiempo que nos falta

escriban junto al mar

la orilla laboriosa del pasado.

Todo está en ti. Y todo permanece

mientras rueda en el cielo

la luna primitiva.

Cada intuición es una huella,

cada recuerdo el porvenir,

hoy es ayer para decir mañana.


POEMA DE LUIS GARCIA MONTERO
PUBLICADO EN LA REVISTA ZENDA

fotografía@mariajesusberistain


.

«Cuando es tan necesario mirarse en un recuerdo…»

 

Hoy me ha dolido la lluvia,

he oído mi nombre

y cuando he vuelto la cabeza

me he encontrado con el mundo

encendido por tu luz sobre la vieja bicicleta.

 Hoy el cielo era gris como la pena de una niña,

como su rabia chapoteando contra el asfalto

con sus botas de agua puestas

y el paraguas roto

sin saber cómo enfrentarse a la borrasca.

 Nadie.

Solo somos buscadores de huellas

desaparecidas al fondo de las mareas

entre los restos y las cicatrices de la distancia.


 @mjberistain

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La naturaleza seguirá su curso
Renovadora, sabia, libre, mágica.
Ajena al tiempo marcado por los hombres.

T.Pedroche

.

.Hoy le pesa el pecado de omisión. Da vueltas en la cama, no duerme su instinto natural; le señala con dedo acusador. Se remueve por sus pestañas como una araña con pies de escarcha.

Frío, siente frío… Más tarde, calor.

Se resiste su sueño a interpretar la escena de la obra que ha escrito para él. Dejará el libreto apoyado en un rincón del escenario de su vida, como tantas otras veces, aunque sabe que nunca habrá otro momento mejor.

Se rebelan los segundos sobre su mesilla de noche, entonando un silencio machacón, que duele como una víspera. Escucha su eco cercano y cuenta sus pequeños pasos, sus pausas, y no respira, luego, respira otra vez. Su mente nunca ha sido un prodigio en cálculo mental, así que, espera que todavía le quede tiempo. Se asoma a su ventana la luna. Es como una culpa de luz engañosa y blanca que, para hacer más tolerable su pecado, dinamita la noche en pequeños trozos de desazón.

No quedan excusas en el cajón de los cobardes.

Hace muchos días que le faltan los besos.


.@mjberistain

He buscado palabras…


 

 He buscado durante los años de mi vida esas palabras que ahora escribo.

Las he leído más hermosas,

admirables, pero siempre ajenas. No eran mías,

sino viento de ayer, imágenes de pulsos alterados,

inteligentes artificios. No eran míos.

Por eso escribo,

para reconocerme mañana en este tiempo tan falto de razón.

 

He cansado mis ojos en páginas ajenas

y ahora, en el desolado invierno de las heladas,

escribo para mí un mensaje sin claves.

 

Esa que soy no era. Tal vez ni fue. Pero suyas

serán esas palabras que detengo en mi tiempo.

Tal vez me reconozca en ellas si es que la vida

aún me permite atravesar el lago de la noche sin estrellas.

 


 

Autor : Joaquín Marco
Fotografía: Baruch.cuny.edu