Encadenados


 Estamos encadenados
por una guirnalda de tristes lirios

Somos peregrinos
ante un horizonte fugitivo
con esta carga tenaz de palabras
palideciendo la silueta del futuro
y la voz, desafinada, naufragando
entre caricias de alcohol compasivo.

Estamos condenados
al abrazo fugaz
frente a los espejos de ojos ávidos.

Estamos condenados
a una forma más bien pobre de amarnos
donde yacen el placer y la pena
con la íntima soledad de siempre.

«Y solo porque no encontramos
una razón, sin más, para olvidarnos.»


 @mjberistain
Fotografía P.Cano

A veces solo silencio


Escribiendo borroso
viviendo claro
contando cosas, sucedidos
del alma
los hombres
países
las palabras un espejo de niebla
reflejando palabras
concretas
subconsciente vidriera
de la palabra directa
inverosímil
adherida a sus adyacentes
silencio
a veces
solo
silencio…


Blas de Otero

 

 

El malecón


Despiertas madrugadas de bahías
dormidas.

Te haces añicos en las sienes
de los planetas.

Te multiplicas en espejos
de furiosas espumas blancas
como cántico de agua exhausta.

¿Cuál es tu mensaje, Madre?

Si las gaviotas de tiza
se han borrado de los mapas
y solo quedan rastros gangrenados
del mundo, mientras escribimos
en la arena las notas más negras
de una sinfonía para un futuro discordante.


Las flores de tela


La estancia adormecida.
Ya se fueron todos.
Ya no hay riñas ni sonrisas por los pasillos,
en el parque quedaron los árboles desnudos
y solo los pájaros se acercan a las ventanas
sin hacer apenas ruido.

Se enjuagaron las despedidas
con las aguas limpias y el aroma de las sábanas
recién planchadas. Se cerraron las cortinas,
pero nunca cerraré las puertas.

Hazme una foto de esas que tu haces…
—retumba el eco en los espacios vacíos— 

«Dame mil besos,
hazme caricias,

luego diez mil abrazos,
después diez mil noches enteras…»

Y sonrío a esa lágrima furtiva
que encharca transparente la memoria.

El tiempo se convierte en escenario
de aquello que quedará de mis manos,
de mis ojos desenfocados cuando su luz se vaya.

Cada día pienso en ellos…

Al cruzar descalza por los pasillos
me asaltan abrazos,
siluetas, recortes de colores
desafiando a mis ojos
por las paredes.
Rizos y alegrías, pasta de dientes
y pelos mojados.
miradas esquivas, legañas tiernas,
gestos, caricias,
la indolencia sutil de las toallas
por los suelos, dedos,
huellas de chiquillos por los cristales,
coches, trenes, balones, barcos,
muñecas por las butacas y los estantes.

La luz hoy atraviesa las distancias,
los visillos,
y se ha hecho dueña de sus camas.
He acomodado
el antiguo bouquet de flores
de tela que guardaba de mi madre
y he dejado fluir la vida
en la estancia adormecida.

Cada día pienso más en ellos.


Nunca hubiera querido escribir esto


No es solo tu cuerpo lo que veo en tu desnudo,
mujer

Eras pájaro
de corazón asustado,
un vago recuerdo de ti misma,
el olvidado temblor de otros días,
el miedo
en mitad del silencio
de una sociedad que duerme
a las orillas de la muerte.

Olvidaste que en las calles también se esconden
los corazones tristes,
flor de primavera frente al azul impune de la noche.

No es solo tu cuerpo lo que veo en tu desnudo,
mujer

Veo manos embriagadas
con el dolor de tus pechos silentes
y el flujo seco de tu vientre vencido.

Una punzada de horror cada día nos sostiene
en las noticias,
y siento que alguien disfruta con tu sangre
mientras se llora tu vacío,
encadenada, mujer, al fondo del abismo.

Lloro en silencio porque no sé qué mas hacer
con el aliento dañado y la conciencia cansada
mordiéndome los labios.
La lluvia no limpia las razones de los miserables.

Lloro por ti y por la violenta y fría estadística
que se archivará hoy en el fondo de los años.
Se revuelve el duelo por los caminos
pero hoy volvemos a poner los contadores a cero,
mujer,
sobre el féretro de tu cuerpo mancillado.


@mjberistain

Litoral


 

No dejaré que me deslumbre la luz

del imposible,

ni su queja, ni su congoja,

ni el valor de su palabra escrita

en los márgenes de cualquier poema.

Vivo

como litoral errante,

aquí y ahora,

en la voz desgarrada de la palabra libertad,

y sangro salitre entre las altas crestas

y la tragedia de los bajos fondos

del mar y sus silencios.


El abrazo del silencio


Captura de pantalla 2017-12-31 a las 11.10.35

P.A.


 

Hay un delicado olor a pánico


Hay un delicado olor a pánico
en el mundo

a medida que voy abriendo
un hueco blando
para ti en mis manos
y sé que eso no basta,
que es un modo ingenuo
de salvarte
cuando el viento helado
nos conmueve
la hojarasca
y los periódicos viejos,
y nos enturbia las mañanas
con un cansancio sin pasado
del que ni siquiera podemos rescatar
algún veneno
que nos condene
a pasar, como mudos invitados,
al convite de la vida.


Sed de eternidad


Mas yo siento en el agua
Algo que me estremece… como un aire
Que agita los ramajes de mi alma
García Lorca

 

Abrázate a mí
con el aire que estremece
el escaso ramaje del otoño.

Susúrrame al oído
en el alto costado de mi cuello
el rumor de los pájaros
perdidos en las alas de la muerte.

Arde,
inmólate
en el oscuro ventanal
de mi vientre deseante
y siente las lenguas líquidas
de gozo libando
la suma de soledades
sedientas que habitan
entre nosotros.

No me apartes de tu cuerpo.

Desgarrame
con zarpazos de ternura,
descubre la gloria palpitante y mística,
sensual
de esta música
salvajemente cadenciosa
y vacíate
como corriente cristalina
anegando
las entrañas más ocultas
de este duelo interminable.

Quizás solo seamos
en el oscuro firmamento de los días,
solitarios instantes ingrávidos
con sed de eternidad.


 

 

 

Una tarde tranquila


Me entrego al ocio de dar vueltas por tus calles y por mi vieja memoria.
En un libro hoy encontré algunas fotos que me han llevado hasta otra tarde tranquila en la que fui feliz paseando por otros sueños.

Hoy detecto una nueva emoción en los mismos objetos.
Me observan desde siempre, pero voy comparando y me doy cuenta de que algunas cosas han cambiado de sitio; las macetas son nuevas y se han muerto las flores que crecían entonces, otras, ya no tienen importancia.

Caminando descubro que quizás soy yo lo que más ha cambiado en este tiempo.
O mis sueños que soñaban un futuro diferente. 

Sonrío y comprendo que también pasarán los de este día.

Y dejo que se escape esta tarde, tranquila, porque por un instante percibo esa extraña grandeza que al pasar pone el tiempo en las cosas pequeñas…


«Des-arreglo» de un poema de Vicente Gallego

Hay un espacio posible aún…


 

Hay un espacio posible aún
entre el muro que has edificado
con tu voz —sin temblor de tí—
y tus labios.

Porque habito el claustro en sombra
donde abrazas la fragilidad de lo que eras
y lo que nadie más recordará
que querías ser,
mientras miras con tus ojos de agua
por encima de las noches
que no sonrien nunca.

Porque me dejo amar en el silencio absoluto
fuera de los anhelos, distanciada
del daño que me ofrece a veces el olvido
que se parece tanto a tí,
a lo que tú me niegas.

Hay un espacio posible aún
entre las cicatrices que me deja tu cuerpo
al marchar
y el aroma de tu abrazo perdurable.


@mjberistain

Ciudad sin nombre


Apasionadamente:Manuel Mendoza Flickr12173740046_72c81063e5_z

 

Apasionadamente
vacía,
me siento, amor
cuando cesas de arrebatarme
con tu presencia,

Porque se me encienden
las luces malditas
de una ciudad sin nombre
en el límite de la vida


 @mjberistain
Fotografía Manuel Mendoza

Cómo escribir la luz de octubre


Cómo escribir la luz de octubre
sus infinitas sombras, su lenguaje
cálido, mientras perdura el tiempo
con signos de ausencias remotas.

Cómo escribir octubre
sin que palpite el otoño en las venas
ni mueran las últimas hojas
como desahuciadas lágrimas lentas.

Cómo escribir, sin alumbrar octubre 
con la luz difusa de las farolas,
o el aroma de agonizantes delirios
entre las sombras de relojes quietos…


@mjberistain

¡Adiós Setiembre!


Dejo sobre la orilla de tu infinito mar azul, las huellas efímeras de los gestos estivales. El despertar de las bicicletas por tus costas inaugurando el desfile de las horas y la piel precedente expuesta con lujuria a las brisas meridionales.

En el pequeño puerto, hoy domingo, los pesqueros permanecen atracados y hay un trajín lento de hombres en tierra preparando sus aparejos de pesca para soltar amarras dentro de unas pocas horas. Algunos, sentados en el suelo, charlan reparando con sus grandes agujas y navajas las redes interminables.

Conversamos, entre las miradas perezosas de las gaviotas.

Los sueños están tatuados por el mismo sol, fluyen como la luz de su luz inagotable…



Por fin el viento.

Por fin, las alas.
Por fin, el surco,
por fin el agua y la semilla.
Por fin, una rendija
en el denso espacio
en el que vivo
y todavía espero.
Por fin, horizontes de luz
más allá de la bruma
este trémulo alborear
de cada día.
Por fin, la palabra.
Por fin, el pan
y el vino compartidos.
Por fin, el fuego nuevo,
Por fin, la mano abierta.
Por fin, el beso y la caricia.
Por fin, la sonrisa.
Por fin, la paz.
Paz en la mente
y en la calle.
¡Por fin,
Paz en la tierra!



(Fragmento del poema de Federico Mayor publicado en Terral, Litoral 1996)

Instantes de Luz


Instantes de Luz

retorno de un atardecer

momentáneo… y fugitivo.


Fotografías en La Albufera de Valencia

Cómo resistirme


Durante largos meses
muy pocos han pasado por aquí.
La arena se resiste al esplendor,
invadida por algas y alquitranes,
hojarasca que el viento ha acumulado,
carroña que desprecian las gaviotas.

A mis pies, un pedazo de madera
manchado por la grasa y el salitre
enseña un nombre roto,
un resto de palabra naufragada
que el abismo ha devuelto…

Pero he llegado aquí y no me valen símbolos.
Infestado de nombres, de cadáveres,
de lugares sin vuelta,
de nostalgias negadas,
retenido por arrugadas hojas,
por astillas de sueños humillados,
por este tiempo mío que embarranca,
también yo albergo restos
que no comprendo bien.

Y, cómo resistirme.
Abandono mi cuerpo al revuelo del aire
que espolea el instinto y borra la memoria,
aspiro este perfume de inquietud
y consagro a la luz de primavera
el instante en que Venus me regala
la espuma helada de esta orilla turbia.


Autor: Francisco Díaz de Castro

Horizontes de bruma


«Deberíamos vivir tantas veces como los árboles,
que pasado un año malo echan nuevas hojas y vuelven a empezar». 

Jose Luis Sampedro

No hay ningún precipicio al otro lado, solo lo de siempre.

El futuro es como ese horizonte que nunca llega y se desvanece en la bruma.

El miedo, el verdadero vértigo, lo provocan esas cosas que pensamos que no van a llegar hasta que las tenemos delante. Lo cierto es que me hubiera gustado que el mundo fuera plano y el tiempo tuviese fronteras infranqueables, como imaginaba de niño. De esa manera estaríamos obligados a volver cuando llegásemos al borde del precipicio y empezar de nuevo.

¿Lo imaginas? Un pasaje de ida y vuelta al final del mundo y del tiempo…


Jose Antonio Garriga Vela (extracto)
fotografía@mariajesusberistain

El Mar, La Mar…

Mi único problema son dos:
no dejar a la Mar
y que no me deje la mujer a la que amo.
Raúl Guerra Garrido (inicio de su libro La Mar es mala mujer)


 

Me pierdo en tus cabellos y en el mar,
me rompo entre las rocas y las olas,
mis manos están ciegas, están solas
están atormentadas por estar.

Ya no pienso horizontes, quiero dar
y solamente darme a las corolas
donde tus deslumbrantes aureolas
me enseñan a morirme y a empezar.

Empezar otra muerte con estrellas
debajo que no sobre la cabeza
del alma que se aleja lentamente.

Empezar otra vida con las bellas
ondas en que se esparce la belleza
del centro de tu ser eternamente.

 

Texto Juan E. Cirlot
Fotografía Rompeolas


 

La Tierra prometida


…Porque eres polvo y al polvo tornarás.
Génesis:3,18-20

 

Apenas soy un grano de arena. Ni tan siquiera me siento polvo que, al fin al cabo, suele levantar barullo cuando se remueve.

¿De verdad, ¿cuántas veces en la vida me he sentido realmente importante?

Pues muy pocas.  Si tengo que ser sincera conmigo misma, y de eso se trata en estas páginas que son mis cómplices, como en las páginas de aquellos antiguos diarios que escribíamos a mano cuando todavía no existían estas máquinas y el papel recogía, no solo nuestros pensamientos, sino también la humedad de nuestras lágrimas. Decía que si tengo que ser sincera conmigo misma…

No fue hasta el día en que sentí la grandeza de la maternidad. Recuerdo que iba por las calles levitando, como si fuera la única persona en el universo que había sido capaz de concebir una nueva criatura. Y a pesar de que lo habían explicado, yo estaba convencida de que Dios me había tocado con su mano divina. Me sentía única; única y verdadera, irrepetible, inmortal.

Por tus hijos matas!, y también por tus hijos mueres…!

La vida se convierte en una lucha por conseguir que tus hijos accedan a la Tierra Prometida, y lo seguirán intentando ellos y sus hijos y los hijos de sus hijos y todas las generaciones siguientes hasta que la igualdad y la dignidad dejen de ser los titulares en mayúsculas de todos los diarios del mundo.

No voy a hablar de las escenas que se repiten hoy por los rincones de la geografía de los países situados económicamente en un rango superior al de la pobreza. No voy a hablar, porque no me cabe en la cabeza, de por qué los gobernantes, a los que  elegimos para que nos representen, utilizan el poder que les confiamos para «traficar» con armas poniéndolas a disposición de líderes sin escrúpulos. De por qué cuando ven morir a miles de refugiados intentando alcanzar un futuro sin hambre para sus hijos, los miran de soslayo. ¿Por qué no se pueden aplicar todos los recursos que malgastamos en ayudar a estabilizar los países afectados, en su propio terreno? En un mundo «globalizado» en el que se podría debatir cómo compartir mejor los recursos, ¿a quién y por qué interesa que se mantenga La Guerra?

Cada una de las imágenes son como una puñalada directa al corazón, pero que aguantamos estoicamente gracias al caparazón de las instituciones que hemos inventado para poner un cierto orden en el caos mundial y que, de paso, nos protegen de la culpa y del miedo.

¿O tenemos que reconocer que formamos parte de un ejército de marionetas en manos de un poder superior, insensible como el dinero, que financia la inestabilidad  para adueñarse y controlar la riqueza -la materia prima- del planeta?

Tragamos saliva y respiramos hondo porque tal vez sea la última bocanada de aire que nos podamos permitir antes de dar cabida a tanta miseria en nuestro mundo  perfectamente organizado…

Perdonarme pero en mis reflexiones se «confunden» el drama humano y el factor económico del eterno conflicto…

imagesREFUGIADOS Guerra española 1939       Ayer éramos nosotros los que huíamos…

imagesSIRIAHORROR


Si estuviéramos en su lugar hoy, no haríamos lo mismo?

 Texto @mjberistain
Fotografía Veronica Pinke


EL NIÑO SIRIO
—Isabel Salas—

El niño sirio,
sin querer,
siendo tan chiquito,
ha entrado en la historia
por la puerta cruel del dolor maldito.
Ha entrado flotando,
muriendo y llorando,
sin que nada ni nadie
oyese su grito.
Su foto recorre las redes,
las televisiones
y los corazones.
Sin rostro y sin sonrisa,
mecido por agua sin prisa,
sin vela de deseo,
desde su foto viral
muestra el lado feo,
del crimen sin castigo
al mundo inmoral.
En nombre de tu madre,
muerta contigo,
yo te pido perdón
y te bendigo.


La belleza de un ribazo


 

Suelo pasear sin rumbo… desde un lugar impreciso hacia un destino incierto. Solo me concentro en el camino. Estoy lejos de todo lo conocido.

No sé muy bien hacia dónde voy, camino y respiro, aspiro los olores que llegan fugaces hasta mí, observo el movimiento y las formas de las nubes, intento imitar el canto de los pájaros hasta que me doy cuenta de que no sé silbar…

Quizás juego a encontrarme. ¿Dónde estoy?. ¿Quién soy?

Un aroma intenso me interrumpe, me paraliza y no puedo resistirme. Vuelvo a él como si alguien hubiera tocado, discretamente pero con determinación, mi hombro…

Te toqué… y se detuvo mi vida. (Neruda)

—¡Ah, eres tú!

Me dejo conquistar por lo que veo y siento a mi alrededor. Poco a poco voy descubriendo, dentro de mí, una sensación de alivio, algo parecido a la felicidad a pequeños sorbos que la vida me regala en mis paseos cuando estoy lejos…

Ante la belleza de un ribazo…

O ante una Alambrada Azul

…Y, vuelvo a casa!