En esta web encontrarás temas relacionados con la literatura que he ido recopilando a lo largo de los años. Si algo de lo que encuentras aquí te interesa o te resulta agradable para disfrutar unos minutos, eres bienvenido a mi mundo. Gracias por tu aprecio. María Jesús
Sueño con colibrís vestidos de nácar y amapola que me cuentan tu vida mientras liban y liban contentos, como si hubieran bebido el licor de tus lágrimas, y de repente se posa en mi frente una mano, fresca como una cristalina fuente, y la bebo a tragos lentos, intentando eternizar el momento.
Al fin abro los ojos, despierto para ti y para mí, nos miramos, reina un silencio especial, el primer silencio del día, lleno de rosas en tu boca y de noches en tu mirada segura y profunda, pero no decimos nada, ya todo está escrito en el aire que acaricia nuestra presencia en la historia que vivimos, y nuestras auras se cruzan suspiros.
Se suceden segundos como siglos, rebobinando instantes de luz, de mundos sonoros, hasta que se rompen los cielos, caen las estrellas, te das la vuelta y te alejas, te vas, sin un adiós, sin un gesto… y parezco resignarme, dejo que el destino apague esta magia y el tiempo corra veloz, como un reloj estropeado, enfadado con su muerte.
La puerta por la que te escurres es el cosmos, pareces bailar en el más allá… y al fin hago caso al corazón, cruzo un abismo y orbito a tu lado, te observo, tu voz me sobrecoge y tiemblo, eres valiente y te admiro, aprendo de tu palabra a vivir más entero, abriendo mi ternura, cautivando tu entrega.
El sol dora y redora tu piel de pétalo caprichoso, encendiendo aromas de mujer que guardan anhelos prohibidos, pero empieza a llover y poco a poco te vas disolviendo en el agua, te vuelves ola y me llamas sobre la arena, dejando a mis pies tu voz de cantar marino.
Salgo en tu busca corriendo, hiriendo el espacio con mi puñal de amor, o deseo, o renacer de un alba nueva, y abandonando mi sombra en el secano, me hundo junto a ti, me hago uno con las sirenas, destruyo nostalgias, melancolías, contigo muero y vivo otra vez.
Hay rituales rumorosos que paran los relojes y abren un gran silencio de luz en tardes templadas hechas a tu imagen y semejanza y dejas que se desborden los límites de tu memoria, —aquella que se va, pero que vuelve— más allá del horizonte.
Hay rituales rumorosos a los que vuelves mientras la ciudad está aún adormecida, cuando la casa huele a café caliente y alguien te prepara con dulzura unas tostadas de pan recién hecho con mantequilla y dulce de naranjas amargas…
Me despierta cada mañana el canto de los pájaros. Hay cientos de pájaros que abundan en este bosque que me rodea, sin embargo no he sido capáz hasta ahora de descifrar el canto de cada una de las especies que se acercan hasta el jardín.
Me acuerdo ahora de mi amigo Manuel que imitaba perfectamente el canto de los pájaros. Silbaba identificando el canto por especies. Tengo que decir que era un placer escucharle silbar; silbaba muy bien, algo que yo no he conseguido hacer nunca, ni -aunque lo intenté fervientemente- cuando vivía conmigo Tusa, una perra magnífica de raza pastor alemán.
Me comunicaba con ella a través de la mirada… y en casos extremos a voces…
¡Quizás escuchando este vídeo vuelva a intentarlo!
¿Cómo será el atardecer en tus ojos que no ha sido? Quizá la oscuridad los torne de mi cuerpo a un firmamento que nos cubre para arrastrarnos a otras historias, ¿y si no me sueñas? ¿y si solo soy el día de tus desahogos? ¿y si no soy o solo soy comunión semanal en el rito de la carne? ¿y si la afirmación se niega y entonces no estoy? ¿y si dejo de ser?
La madrugada, aún oscura ha roto el sueño, sentada, mis manos pensándote y mi mente recreando signos de interrogación, a veces creo que se leer demasiado, a veces pienso que no creo suficiente, a veces leo y ni pienso ni creo y así evito perderme, siento el dolor de tu boca en mi cuello, tú no pides permiso, devoras, y yo no me objeto, me afirmo,
¿y entonces?
los pasos de tu calle a la mía son inciertos, tu te andas a mi puerta que sabes abierta para llegar y marchar, ¿te estacionarías? son tantas las preguntas sin respuesta que el café se ha terminado y sigo sentada en los interrogantes, cuerpo, a veces creo que solo soy cuerpo y lo miro y no entiendo tus circunstancias, las mías tampoco, mente, no se si te preocupa demasiado lo que pasea por las galerias donde pasa la vida que queremos ver mientras se aprende, sonrisa, esa la devoras hasta el suplicio que hincha los besos de tus labios a los míos, exclamación, sí, quizá soy eso, en mi te exclamas para jugarte a carta segura la mano, la partida y cada apuesta, tu vences, yo no se si soy vencida, pero pido tres más y si pierdo de nuevo, a la próxima me pido jocker.
Me he sentido cautivada por la evolución de la pintura de Picasso. Cuando era un joven era un genio del dibujo. Hay que ser muy bueno en lo que uno hace para finalmente llegar a hacer lo que a uno le da la gana con su Arte… Y que el mundo lo siga adorando.
Destaco pinturas hechas a lo largo de los años a algunas de las mujeres de su vida.
Este fue un retrato de su madre realizado en 1896
Retrato de la madre del artista En 1896 Picasso realiza numerosos retratos de los miembros de su familia. El padre, la madre y la hermana se convierten en modelos habituales. Uno de los retratos más hermosos es el que dedica a su madre María Picasso López, con la que siempre estará muy unido. No tardará demasiado tiempo en hacer prevalecer el apellido materno, hasta convertirlo en firma única en la mayor parte de sus obras.
Igual que la mayoría de los dibujos de juventud, éste sigue las corrientes de la sensibilidad de la época y las nociones estéticas que le guían a lo largo de los años de aprendizaje académico.
El retrato capta el momento en que la madre, de perfil, descansa medio adormecida, con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante y los ojos cerrados, recreando una atmósfera plácida. El buen uso de las técnicas del dibujo y la acertada aplicación del color, sobre todo en los reflejos lumínicos del rostro de la mujer y en la textura de la tela de la camisa blanca, realzada por trazos de un blanco álgido, hacen de este retrato una obra destacada del periodo de formación del artista.
Picasso – Año 1901
Le rêve – Picasso 1932
Sylvette – Picasso 1954
Retrato de Jackeline – Picasso 1962
Pablo Ruiz Picasso (Málaga 1881 – Moulins, Francia 1973) La trascendencia del pintor español Picasso no se agota en la fundación del cubismo, revolucionaria tendencia que rompió definitivamente con la representación tradicional al liquidar la perspectiva y el punto de vista único. A lo largo de su dilatada trayectoria, Pablo Picasso exploró incesantemente nuevos caminos e influyó en todas la facetas del arte del siglo XX, encarnando como ningún otro la inquietud y receptividad del artista contemporáneo. Su total entrega a la labor creadora y su personalidad vitalista, por otra parte, nunca lo alejarían de los problemas de su tiempo; una de sus obras maestras, el Guernica (1937), es la mejor ilustración de su condición de artista comprometido.
Hijo del también artista José Ruiz Blasco, en 1895 se trasladó con su familia a Barcelona, donde el joven pintor se rodeó de un grupo de artistas y literatos, entre los que cabe citar a los pintores Ramón Casas y Santiago Rusiñol, con quienes acostumbraba reunirse en el bar Els Quatre Gats. Entre 1901 y 1904, Pablo Picasso alternó su residencia entre Madrid, Barcelona y París, mientras su pintura entraba en la etapa denominada período azul, fuertemente influida por el simbolismo. En la primavera de 1904, Picasso decidió trasladarse definitivamente a París y establecerse en un estudio en las riberas del Sena.
«Entre 1901 y 1904 Picasso pintó una serie de obras en las que predomina el color azul, un dibujo preciso de figuras humanas distorsionadas y alargadas a la manera de El Greco y unos temas llenos de melancolía, dolor, pobreza y soledad. Es la época azul.
Picasso dijo que “no era suficiente con conocer las obras de un artista. También hay que conocer cuándo las hizo, por qué, cómo, en qué circunstancias…”. Las circunstancias de la época azul comienzan con el suicidio de Carlos Casagema, uno de los amigos más queridos de Picasso. Picasso se traslada poco después a vivir a París, al estudio dónde vivió Casagema e intenta, sin mucho éxito, triunfar en la pintura. Pobre, extranjero, solo, rememorando al amigo muerto, es fácil entender que Picasso se sumiera en la tristeza, que comenzara a ver el lado duro de la vida, la miseria, la soledad, la desesperación. Y que fueran ésos los sentimientos que reflejara en sus cuadros.»
Texto de Elena Romero.
En París hizo amistad, entre otros, con los poetas Guillaume Apollinaire y Max Jacob y con el dramaturgo André Salmon; entre tanto, su pintura experimentó una nueva evolución, caracterizada por una paleta cromática tendente a los colores tierra y rosa (período rosa). Al poco de llegar a París entró en contacto con personalidades periféricas del mundillo artístico y bohemio, como los estadounidenses Leo y Gertrude Stein, o el que sería ya para siempre su marchante, Daniel-Henry Kahnweiler.
«Después de la época azul, Picasso empezó su época rosa. La época rosa empezó en 1904 y duró hasta 1907, cuando él empezó sus experimentos con el cubismo.
«Enseguida, la vida de Picasso cambió y su arte cambió también. Picasso se enamoró de una persona por primera vez, y su humor se aclaró. Encontró, por accidente, a Fernande Olivier, su primera compañera fija durante un largo tiempo. Picasso tendría relaciones con Fernande durante siete años. Ella trajo la belleza y el compañerismo a la vida de Picasso. Él se habría casado con ella, pero ella no le concedió el sí. Fernande ya estaba casada.
Durante este tiempo, Picasso empezó a pintar con colores más humanos y más vivos. Sus pinturas reflejan su júbilo nuevo. Usó colores diferentes y ensanchó su alcance azul. Su alcance nuevo incluyó el rosado, el anaranjado y el rojo. Pintó cuadros tranquilos de colores delicados, abandonando los azules. Las pinturas de esta época rosa son más vivas y líricas que las otras.
Los personajes de las pinturas de Picasso cambiaron también. El conoció y retrató a los miembros del Circo Medrano. Las primeras pinturas de la época rosa son de artistas de circo y sus familias. Estas pinturas muestran una felicidad gentil y delicada. A Picasso le gustó la agilidad y el coraje de los artistas de circo. Pintó muchos cuadros de artistas. El cuadro siguiente, Familia de saltimbanquis con mono (1905), es un ejemplo perfecto de las pinturas de la época rosa. Hay mucho afecto y mucha ternura en la pintura.»
A finales de 1906, Pablo Picasso empezó a trabajar en una composición de gran formato que iba a cambiar el curso del arte del siglo XX: Les demoiselles d’Avignon. En esta obra cumbre confluyeron numerosas influencias, entre las que cabe citar como principales el arte africano e ibérico y elementos tomados de El Greco y Cézanne. Bajo la constante influencia de este último, y en compañía de otro joven pintor, Georges Braque, Pablo Picasso se adentró en una revisión de buena parte de la herencia plástica vigente desde el Renacimiento, especialmente en el ámbito de la representación pictórica del volumen. Las tramas geométricas eliminan la profundidad espacial e introducen el tiempo como dimensión al simultanear diversos puntos de vista: era el inicio del cubismo.
Les demoiselles d’Avignon 1907
Picasso y Braque desarrollaron dicho estilo en una primera fase denominada analítica (1909-1912). En 1912 introdujeron un elemento de flexibilidad en forma de recortes de papel y otros materiales directamente aplicados sobre el lienzo, técnica que denominaron collage. La admisión en el exclusivo círculo del cubismo del pintor español Juan Grisdesembocó en la etapa sintética de dicho estilo, marcado por una gama cromática más rica y la multiplicidad matérica(1) y referencial.
Obras de Braque y Gris
Entre 1915 y mediados de la década de 1920, Picasso fue abandonando los rigores del cubismo para adentrarse en una nueva etapa figurativa, en el marco de un reencuentro entre clasicismo y el creciente influjo de lo que el artista denominó sus «orígenes mediterráneos». Pablo Picasso empezó a interesarse por la escultura a raíz de su encuentro en 1928 con el artista catalán Julio González; entre ambos introdujeron importantes innovaciones, como el empleo de hierro forjado.
El estallido de la guerra civil española lo empujó a una mayor concienciación política, fruto de la cual es una de sus obras más universalmente admiradas, el mural de gran tamaño Guernica (1937).
Guernica 1937
La reducción al mínimo del cromatismo, el descoyuntamiento de las figuras y su desgarrador simbolismo conforman una impresionante denuncia del bombardeo de la aviación alemana, que el 26 de abril de 1937 arrasó esta población vasca en una acción de apoyo a las tropas franquistas. En 1943 conoció a Françoise Gilot, con la que tendría dos hijos, Claude y Paloma. Tres años más tarde, Pablo Picasso abandonó París para instalarse en Antibes, donde incorporó la cerámica a sus soportes predilectos.
En la década de 1950 realizó numerosas series sobre grandes obras clásicas de la pintura, que reinterpretó a modo de homenaje. En 1961 Pablo Picasso contrajo segundas nupcias con Jacqueline Roque; sería su última relación sentimental de importancia. Convertido ya en una leyenda en vida y en el epítome de la vanguardia, el artista y Jacqueline se retiraron al castillo de Vouvenargues en el sur de Francia, donde el creador continuó trabajando incansablemente hasta el día de su muerte.
(1) Perteneciente o relativo a los materiales utilizados en la obra de arte Consultado Wikipedia y Biografías y Vidas
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes… y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende… y con cada día uno aprende.
Extracto del relato de Juan Manuel Villanueva titulado «Están entre nosotros»
Ahora me veo con seis, siete años. Estoy junto a mi madre, a su izquierda, frente a la puerta de la consulta…
En una de mis manos sostengo un muñeco articulado, un hombrecito vestido de guerrillero, perfectamente equipado y en postura de ataque…
…
La vitrina instrumental tiene todas las superficies de cristal transparente, solo las patas y aristas son metálicas. Los estantes también son de cristal y sobre ellos, perfectamente ordenados, hay una colección de objetos portentosos. Varios tipos de tijeras, de todos los tamaños, cubren el estante superior. Tijeras de hojas largas y pulidas, brillantes, curvadas como picos de aves, de puntas romas o afiladas, gruesas y estrechas, serradas, con pinzas en los extremos y asideros donde caben varios dedos. Pequeños cuchillos, escalpelos, tenazas, pinzas pequeñas, finas y deformes, y toda una serie de herramientas inexplicables y hermosas. Más abajo aparecen las jeringas, de cristal translúcido y rematadas por una pieza metálica en la punta, con los émbolos encajados, y todas dentro de unos pequeños ataúdes metálicos; también hay jeringas de plástico encerradas en sobres transparentes, algunas son enormes y ridículas. Y a continuación aparece el terror; son las agujas. Las agujas bien alineadas, en perfecta formación, brillantes y amenazadoras. Una portentosa armería de instrumentos de tortura, las conozco bien. Hay una tan larga que sería capaz de atravesar todo mi cuerpo y que encabeza una extensa serie de variantes. Algunas son tan finas y pequeñas como cerdas. Otras cortas y gruesas. Entre todas ellas aparecen infinidad de modelos y unas pocas tienen ensartadas, en su hueco y fino volumen, un pelo metálico de inquietante rigidez. El dolor tiene su propia concreción, sus avisos, su iconografía salvaje. Mientras contemplo las agujas, contraigo los glúteos y arqueo la espalda. Enseguida aparece otro aviso del miedo; las lengüetas, de madera o plástico; armas para llegar al límite de la arcada. Deseo tener una, preferilemente de madera, una tabla de surf para mi guerrillero. Los estantes inferiores soportan ampollas, pequeños tarros sellados con tapones de goma y precinto metálico, marcados con etiquetas donde aparecen minúsculos listados de componentes y proporciones inexplicables, muy difíciles de leer. Se que de ahí sale el dolor de las inyecciones, de ese polvo blanco que se acumula en el fondo. También hay gasas, apósitos, compresas y esparadrapo, latas de algodón enrollado con alguna fibra impura manchando el blancor de su naturaleza. Y entre todo el arsenal detecto lo mejor, el objeto de todos mis deseos, mi sueño. Es el estuche negro, similar al que mi padre utiliza para guardar la máquina de afeitar eléctrica, con el cable y la escobilla. Pero yo se lo que hay dentro. Es el aparato para examinar el oído y la garganta. Una linterna donde encajan todas las pequeñas piezas que la acompañan, desmontables; lentes y apéndices que transforman su finalidad. Una vez acopló una tropetilla invertida con una lente al otro extremo, me sujetó la cabeza y miró dentro de mi oído. Pensé; está viendo mis ideas, no pienses.
Te esperaba. Regresas desde siempre, cansado de sueños, con palabras de musgo dulce y vientos de luz como fugaz llovizna de corales sobre la escarcha detenida.
Un revuelo de inútiles tristezas se adueña de mi carne y siento que no hay mejor lugar para morir que tu abrazo.
No quedarán más huellas que las heridas del placer talladas en mi espalda, este dócil temblor del aliento espigando el aire y un aroma de leyenda copulando en las noches que gimen, muy lejos de nosotros…
Reblogueo de la entrada de Santiago Pérez Malvido.
Imagen de James Abbott McNeill Whistler / Nocturne Blue and Silver Chelsea / Google Art Project / Dominio público
Dylan Thomas escribió antes de la guerra un relato sobre un anochecer en una playa de Gales a la que había ido a pasar el día con unos amigos de la pandilla. Transmitía cierta inquietud, no recuerdo bien los detalles, pero era una inquietud de tiempos de paz, nada que ver con su tarea radiofónica durante la Segunda Guerra Mundial. Y frío, y lluvia. Tal vez eran malos presagios.
Al ver el cuadro de Whistler que ilustra este post, y aunque su autor había vivido y pintado muchos años antes, recordé la playa a oscuras y a Dylan Thomas y la guerra y la paz y su narración. El azul es un color que transmite paz, a mí al menos me produce esa calma, y puestos a buscar explicaciones a los mecanismos irracionales con los que a veces funciona nuestra cabeza, me da por pensar que tal vez la paz…
Lejanamente, se oye el sonido de una radio. Estoy en el umbral de la vieja casa que nos cobijó el amor entonces y que se parecía tanto a la vida. No estoy segura de querer entrar… o huir; me engañan los sentidos. Hay una penumbra que recorre mi carne y el paisaje de paredes desconchadas que me rodea, y una neblina transparente, como la luz de un atardecer adormecido, que baña levemente las llagas que dejamos en el suelo de madera del salón.
Todo era posible en los sueños…
El vértigo, el temor a la herida del deseo tu cuerpo y mi cuerpo desbordados en ciénagas de sombra y de la luz más bella,
O el despertar confuso del alba de pronto enloqueciendo las bocas, los muslos, como pájaros heridos de pasión contra los espejos ciegos.
Estoy en el umbral de esta vieja casa y no sé si quiero entrar o huir.
«Podría llamarle tristeza a esta duda, y quizás acertara…»
Esta fotografía me ha transportado lejos… Teníamos bien aprendida la tabla de mareas porque los mejores días de playa eran cuando tocaba marea baja por las mañanas. Cuando tocaba marea alta jugábamos a bucear agarrados a una maroma que unía los postes que, desde la orilla, se adentraban al mar. Por supuesto que esto sucedía durante los tres meses de vacaciones de verano. El resto del año, entre semana, y solo después de salir del colegio, veíamos la playa desde Alderdi Eder que era nuestro parque preferido, al lado del mar.
Recuerdo que, al llegar al paseo, solía acercarse a mi madre el fotógrafo de la playa animándole a que le dejara fotografiarnos —tan bonitas y delicadas las niñas…— Era un hombre «mayor», como podían ser mis padres entonces. En mi menudez y a medida que iba creciendo lo fui encontrando un hombre simpático, más tarde seductor incluso atractivo, quizás por su simpatía o por su aspecto informal y bronceado como los turistas, o porque me encantaban las gafas de sol que llevaba puestas siempre. ¡Ah! y por una brillante cámara de fotos negra que le colgaba del cuello, que me tenía alucinada —supongo que también a nuestras amatxos— Una vez al año, durante los veranos de aquella época, mi madre accedía a pagarle a aquel señor para que nos sacara «la foto de la playa». Ese día lo odiabamos con toda el alma. —Entonces no eramos conscientes del juego que nos daría años más tarde revolver en el cajón de las fotos y encontrarnos con la colección de las fotos de la playa…— Por cierto, soy la mayor de cuatro hermanas. Intentaré encontrar, para incluir en esta entrada, He encontrado la primera foto de la playa que me hicieron a mí, sola en la orilla, cuando tenía un año y medio. Mi abuela me había protegido del sol poniéndome una braga en la cabeza. ¡No tiene precio! —Años más tarde se utilizó mucho esta imágen en mi familia para decir que yo estaba siempre guapa, hasta con una braga en la cabeza…—
La playa era el tiempo más apasionante de nuestra infancia. Corríamos por la orilla recogíendo conchas que parecían de nacar y piedrecillas con las que luego forrábamos las cajas vacías de puros del abuelo y después nos servían para guardar secretos. Jugábamos a ser buscadores de tesoros y hundíamos una vez y otra las manos en la arena, en el momento que llegaba la última ola, para encontrar unas pocas txirlas que llevábamos ilusionados a casa. Pero aquellos días de marea especialmente baja cuando el olor del mar nos llegaba más intenso, aquellos días, nos íbamos hasta el final de la playa; a la zona del Náutico. En aquel rincón el paisaje parecía estar hecho a la medida de nuestros juegos con el verde brillante y resbaladizo de las algas envolviendo las pequeñas rocas por donde podíamos brincar sin mucho riesgo. Aquellas rocas eran un mundo de auténtica fantasía; un pequeño paraíso para los niños. Allí descubrimos las kiskillas y las lapas, esas conchas duras y feas que, aunque eran muy duras, algunos se las comían. Allí nos divertíamos haciendo correr a los cangrejos, que nos huían despavoridos corriendo de costado mientras las olas salpicaban de alegría nuestros juegos.
Como dice la canción… qué tiempo tan felíz. Feliz excepto en los momentos de las despedidas para ir a comer a casa que, casi todos los días, terminaban en drama, posiblemente debido al agotamiento. Ahora me emociona el recuerdo de aquellos adioses mojados entre besos de salitre y lágrimas de cocodrilo.
Aunque no escribamos cuentos, estas reglas nos servirán para apreciar el trabajo realizado por el cuentista…
Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (vía blog tierradetrampas.blogspot.com/)
Por Juan Bosch*
“1. Comenzar bien un cuento y llevarlo hacia su final sin una digresión, sin una debilidad, sin un desvío: he ahí, en pocas palabras, el núcleo de la técnica del cuento. Quien sepa hacer eso tiene el oficio de cuentista, conoce la techné del género. El oficio es la parte formal de la tarea, pero quien no domine ese lado formal no llegará a ser buen cuentista. Sólo el que lo domine podrá transformar el cuento, mejorarlo con una nueva modalidad, iluminarlo con el toque de su personalidad creadora.
2. La primera tarea que el cuentista debe imponerse es la de aprender a distinguir con precisión cuál hecho puede ser tema de un cuento. Habiendo dado con un hecho, debe saber…
No me hubiera impresionado tanto esta fotografía en blanco y negro de Samuel Aranda que actualmente expone en el Museo de San Telmo de Donosti si, hace algún tiempo, no me hubiera impresionado esta otra cuyo autor desconozco pero que guardé entre mis cosas porque me inquietó esa profunda y bellísima mirada. Pensé que en ella se encerraba todo aquello que, para mí, es el enigma infinito de las mujeres en el mundo musulmán.
Desconozco si la mujer de la cámara de fotos está tomando una instantánea de un monumento o de algún paisaje, quizás de otra persona o de un grupo de personas. Quizás se está haciendo un «selfie». ¿Qué mundo de creencias y convicciones; de sentimientos, de emociones ocultan las mujeres detrás de un hidad, un chador, un burka o del velo negro de un niqab?.
Somos culturas contrapuestas; eso está claro. No obstante, la Mujer, en cualquiera de ellas, no cede y no debe ceder en sus esfuerzos de conquistar el reconocimiento de igualdad de derechos que merece, simplemente por el hecho de ser persona, en este caótico laberinto humanitario que llamamos mundo.
Somos culturas contrapuestas, de acuerdo, pero sería bueno que, aunque no nos comprendieramos, nos respetáramos.
…
Ana María Gutiérrez Ibacache presentó en 2014 un artículo muy interesante en la Revista «Cultura crítica» que tituló Feminismo y Corán: La lucha de las mujeres musulmanas.
«Las mujeres islámicas han sido limitadas socialmente por su religión y cultura, relegadas al espacio privado. Sin embargo, para algunas de ellas el Corán surge como alternativa de lucha e integración al espacio público.
La visión de la mujer en el mundo occidental es muy diferente a la visión de la misma en el musulmán. Fuente: United Explanations.
El rol que juega la mujer en el islam es tema de controversia y este versa, la mayor parte de las veces, sobre los cuestionamientos que se hacen de la religión y cultura musulmana desde Occidente. Por ello, las miradas que tienen tanto el mundo occidental como el musulmán sobre la mujer en la sociedad son opuestas.
Desde la visión occidental, la mujer en la sociedad musulmana es privada de sus derechos fundamentales, políticos y sociales debido a los tratos discriminatorios, de inferioridad, sometimiento al hombre y a la vida familiar, privándola de participar en los espacios públicos, todo lo cual se justifica en nombre de la religión y la tradición. En contraposición, para el mundo musulmán y principalmente para el islamismo radical, la mujer es el elemento generador de la familia. La familia, a su vez, es la base de la sociedad, el origen de los valores y su solidez constituye el único medio para garantizar una sociedad regida por la rectitud moral. Por lo tanto, la mujer es garantía de la pureza en la sociedad, siendo preciso aislar o sancionar a las mujeres que la vulneran.
Ambas culturas, tanto la occidental como la musulmana, pueden extremar los argumentos uno en contra del otro, que no siempre están relacionados con la defensa de los derechos de la mujer, sino con luchas de carácter político, económico, social y también cultural. Por eso muchas veces la opinión menos conocida es la de la propia mujer musulmana.
Hace algunos años, en el ámbito de la defensa de los derechos de la mujer en esta cultura, ha comenzado a sonar con fuerza un nuevo movimiento, el feminismo islámico que defiende la plena igualdad entre hombres y mujeres partiendo de las enseñanzas del Corán. Estos movimientos feministas reconocen al texto sagrado como liberador, pero también que en la actualidad no es así. Por lo tanto, no es el Corán el que plantea la discriminación de la mujer, sino que se ha producido una degradación de la tradición y una tergiversación de sus enseñanzas que ha tenido como resultado la actual estructura patriarcal de la mayoría de la estados musulmanes, como explica la periodista Ana Fernández Vidal.
¿El feminismo es una opción para la integración de la mujer musulmana a la sociedad en igualdad de condiciones?
Contextualizando la relación entre feminismo e islam, primero se debe entender que el feminismo es toda teoría, pensamiento y práctica social, política y jurídica que tiene por objetivo hacer evidente y terminar con la situación de opresión que soportan las mujeres y lograr así una sociedad más justa que reconozca y garantice la igualdad plena y efectiva de todos los seres humanos. En otras palabras, es un movimiento heterogéneo, integrado por una pluralidad de planteamientos, enfoques y propuestas (De las Heras, 2008).
«No puede lograrse la emancipación de la mujer en un ámbito estrictamente religioso»
De esta forma, el feminismo islámico, como tal, tiene sus orígenes en el feminismo secular, protagonizado por musulmanas y cristianas. Estas feministas surgieron en diversas naciones-estado a lo largo del siglo XX, ya fuera antes, durante o después de la ocupación colonial, y en un contexto de modernización y también de gestación de los movimientos islámicos reformistas. El feminismo secular es un discurso y una práctica creada por mujeres de diferentes comunidades religiosas, de los países árabes del sur del Mediterráneo, que tenía como propósito compartir una nación-estado laica de ciudadanos iguales y donde el Estado y la religión estuvieran separados. Estas feministas y su organización tenían por objetivo garantizar que las nuevas instituciones estatales fueran igualitarias con el género, tanto en la teoría como en la práctica. También querían reformar las «leyes religiosas sobre el estatus personal», entre éstas, los códigos personales musulmanes y cristianos, elaboradas por los Estados. Por lo tanto, denuncian al islam como una religión patriarcal que ha perjudicado históricamente a las mujeres. Aunque reconocen la mejora que significó el islam en su momento, consideran que toda religión monoteísta es en esencia patriarcal, y que no puede lograrse la emancipación de la mujer dentro de un ámbito estrictamente religioso (Badran, 2008).
Feminismo islámico. | Fuente: Web Islam
Sin embargo, el proceso de modernización y los problemas económicos, los conflictos sociales y culturales en los que derivó no encontraron un cauce adecuado de expresión ni de resolución social o política. Se produjo, entonces, la revitalización del islam, lo que significó que en los países musulmanes alcanzara renovado protagonismo el islam fundamentalista sobre el islam progresista, con el fin de resolver mediante la religión todos los problemas sociales y políticos, junto con restaurar la integralidad de los dogmas. Además, es una forma de reaccionar con el fin de proteger su cultura, ante la amenaza que significa Occidente con sociedades liberales en el ámbito económico, político y social, que llevan consigo el capitalismo, la democracia y el libertinaje moral. Las mujeres vieron cómo sus derechos, en aquellas sociedades que habían alcanzado mayor participación, eran cada vez más restringidos y nuevamente eran confinadas a la vida privada, del ámbito familiar, y por tanto, quedaban fuera del espacio público que habían logrado.
En este contexto surge el feminismo islámico, como un movimiento de protesta basado en el Corán, que revindica la posibilidad de alcanzar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el marco del islam. Son, principalmente, mujeres musulmanas que no quieren abandonar su religión y rechazan el machismo y el sexismo imperante en la mayoría de las sociedades musulmanas. Los principales planteamientos de este tipo de feminismo son (Prado, 2008):
Es un movimiento que cimienta sus bases en el Corán y en el espíritu igualitario del Islam: el Corán es parte fundamental de la obtención de sus demandas de mayor igualdad y es llevado a cabo por mujeres musulmanas dotadas del conocimiento lingüístico y teórico necesario para desafiar las interpretaciones patriarcales y ofrecer lecturas alternativas encaminadas a lograr la igualdad de derechos; y al mismo tiempo como refutación de los estereotipos occidentales y del fundamentalismo religioso. El iytihad —esfuerzo de interpretación— es muy importante en este punto ya que sustenta las demandas del feminismo islámico, en la medida que cualquier musulmán puede interpretar el Corán y es una visión válida, dado que el texto fundamental lo permite.
Plantea que se debe realizar una lectura analítica del Corán y que la jurisprudencia islámica clásica no es una interpretación objetiva de los principios del Corán, sino una interpretación vinculada a un tiempo histórico concreto, y realizada desde una perspectiva patriarcal y autoritaria, con un concepto de sociedad muy jerarquizada. Postula, asimismo, que el islam genuino contiene importantes elementos de liberación, como son el sentido igualitario y al ausencia de jerarquías religiosas, y propone la recuperación de estos como marco de emancipación social. Lo cual implica reformar todas aquellas leyes discriminatorias, tanto hacia las mujeres como hacia las minorías religiosas, sexuales o raciales. Si la sharia implica la más mínima discriminación, desde una perspectiva feminista, debe ser rechazada. Por el contrario, si la sharia implica una aplicación posible del mensaje coránico de justicia social y de igualdad de todos los seres humanos, en ese caso, es lícito defender el derecho de los musulmanes a regirse por la sharia.
La posición y el rol que ocupa actualmente la mujer en la sociedad musulmana proviene de una visión de la sharia o ley islámica, creada entre los siglos IX y X e impuesta como una verdad inamovible a la que todos los musulmanes deben obediencia. De esta visión han derivado los tratos discriminatorios y vejatorios hacia la mujer, como los castigos corporales, la violencia doméstica, la poligamia, los códigos de vestimenta y la familia que coarta su libertad.
De esta forma, el islam no sería una religión patriarcal. Todos los seres humanos tienen la misma dignidad con independencia de su sexo; toda discriminación de género debe ser combatida y completamente erradicada; y una correcta reinterpretación de los textos sagrados y de la tradición jurídica constituyen un importante desafío al patriarcado en un contexto islámico.
Por último, el feminismo islámico impulsa la participación de las mujeres en órganos de decisión. Revindica el derecho a la propiedad, a la libertad individual y a la independencia económica, basándose en la tradición islámica. Reclama el acceso a la mezquita como un derecho de las mujeres musulmanas.
Puntos a favor y en contra
Se puede ver que, efectivamente, el feminismo islámico reivindica la defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad de género en la sociedad, al igual que lo pretende el feminismo a nivel mundial. Sin embargo, mientras que la religión que se presenta desde el feminismo occidental es una de las principales opresoras de la mujer, para el feminismo islámico se transforma en la herramienta a través del cual las mujeres pueden luchar por la igualdad o en este caso por una integración más justa en la sociedad, considerando la realidad religiosa y cultural de estas sociedades. Lo anterior, para los movimientos feministas más radicales lo invalida como feminismo.
Argumentando a favor, si la religión es la causa por la que han sido oprimidas, discriminadas y relegadas a un rol de inferioridad ante el hombre, la única forma de cambiar su posición en la sociedad es cambiando la interpretación que se ha impuesto desde una sociedad patriarcal. Por ello, el feminismo también debe adaptarse a los contextos políticos, económicos y culturales de cada sociedad, porque de lo contrario, las mujeres musulmanas no tendrían una herramienta válida desde el islam para poder defender sus derechos. Por lo que a estas mujeres respecta, un feminismo que no se justifique dentro del islam está condenado al rechazo del resto de la sociedad y es, por tanto, contraproducente.
El mar, espiral de espumas, vasija de auroras, de puntillas cruza un archipiélago de espejos, tahúr de tiniebla y plata.
Sé que en tu perfil la noche aguarda con un cielo de abismos ciegos donde la luz se equivoca en huidas oblicuamente dispersas…
Tu madrugada me sabe a perfiles de salitre que dibujan en nuestras sábanas de espuma las gaviotas blancas, y a musgo, y a ternura reptando por las caderas adormecidas de la soledad.
Soy abstracta, soy el viento, soy la danza… Quizás porque escucho el canto de las sirenas en el atardecer del puerto.
Cada vez que intento esconderme del adagio ardiente de tus manos una música de algas extraviadas me invade, y un terror deliciosísimo me diluye abismal y diversa entre tus dedos de infinitos senderos…
Una galerna de abandonos el mar amaina. A la deriva arrastra terca, herida de sombras, el perfil de la distancia…
Fotografías tomadas en la Playa de La Franca en el límite de Asturias y Cantabria@mjberistain Textos Beatriz Herranz y Maria Jesus Beristain
Cuenta la historia que un reportero le preguntó una vez al gran José Saramago para qué servía la literatura. El premio Nobel le contestó: “La literatura no sirve para nada“. Y dio gracias al Creador, (bueno, no precisamente al creador, porque Saramago era ateo, pero a algo le dio las gracias) porque en este mundo tan… Leer más
Quizá debiera hoy felicitarme, dejarme ya de versos tristes, recibir mi cordial enhorabuena por tantos equilibrios, por estar aquí, sencillamente, sencillamente pero nada fácil habitar esta tarde, haberla conquistado a través de batallas, caídas, días grises, desamores, olvidos, pequeños triunfos, muertes muy pequeñas también, pero también muy grandes. Haber llegado aquí, hasta esta luz que anoto para luego, para acordarme luego, cuando sea difícil admitir la existencia de esta tarde a la que llego solo, disponible, sano, joven aún, y decidido incluso a olvidar el cansancio, la experiencia, convencido de nuevo de que sí, de que a partir de hoy, quizá, aún, todo lo que tanto he soñado, todavía, pudiera sucederme.
Vicente Gallego de «Profesión de Fe» Fotografía @mjberistain
Más que amor, lo que siento por ti es el mal del animal, no la terquedad del jabalí, ni la furia del chacal… es el alma que se encela con instinto criminal, es amar, hasta que duela como un golpe de puñal…
Necesito confundir tu piel con el frío del metal o tal vez con el destello cruel de un fragmento de cristal… quiero que tus sentimientos sean puro mineral polvo de cometa al viento del espacio sideral…
Nada envidio a la voracidad de tu amante más letal, ella espera tu fatalidad, yo pretendo lo inmortal el espíritu que habita tu belleza más carnal esa luz que resucita el pecado original…