Las rocas

Las rocas Pablo Urnieta

Fotografía Pablo Urnieta.


Esta fotografía de Pablo me ha transportado lejos… Teníamos bien aprendida la tabla de mareas porque los mejores días de playa eran cuando tocaba marea baja por las mañanas. Cuando tocaba marea alta jugábamos a bucear agarrados a una maroma que unía los postes que, desde la orilla, se adentraban al mar. Por supuesto que esto sucedía durante los tres meses de vacaciones de verano. El resto del año, entre semana, y solo después de salir del colegio, veíamos la playa desde Alderdi Eder que era nuestro parque preferido, al lado del mar.

Recuerdo que, al llegar al paseo, solía acercarse a mi madre el fotógrafo de la playa animándole a que le dejara fotografiarnos —tan bonitas y delicadas las niñas…— Era un hombre “mayor”, como podían ser mis padres entonces. En mi menudez y a medida que iba creciendo lo fui encontrando un hombre simpático, más tarde seductor incluso  atractivo, quizás por su simpatía o por su aspecto informal y bronceado como los turistas, o porque me encantaban las gafas de sol que llevaba puestas siempre. ¡Ah! y por una brillante cámara de fotos negra que le colgaba del cuello, que me tenía alucinada —supongo que también a nuestras amatxos— Una vez al año, durante los veranos de aquella época, mi madre accedía a pagarle a aquel señor para que nos sacara “la foto de la playa”. Ese día lo odiabamos con toda el alma. —Entonces no eramos conscientes del juego que nos daría años más tarde revolver en el cajón de las fotos y encontrarnos con la colección de las fotos de la playa…— Por cierto, soy la mayor de cuatro hermanas. Intentaré encontrar, para incluir en esta entrada, He encontrado la primera foto de la playa que me hicieron a mí sola en la orilla cuando tenía un año y medio. Mi abuela me había protegido del sol poniéndome una braga en la cabeza. ¡No tiene precio! —Años más tarde se utilizó mucho esta imágen en mi familia para decir que yo estaba siempre guapa, hasta con una braga en la cabeza…—


La foto de la playa

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La playa era el tiempo más apasionante de nuestra infancia. Corríamos por la orilla recogíendo conchas que parecían de nacar y piedrecillas con las que luego forrábamos las cajas vacías de puros del abuelo y después nos servían para guardar secretos. Jugábamos a ser buscadores de tesoros y hundíamos una vez y otra las manos en la arena, en el momento que llegaba la última ola, para encontrar unas pocas txirlas que llevábamos ilusionados  a casa. Pero aquellos días de marea especialmente baja cuando el olor del mar nos llegaba más intenso, aquellos días, nos íbamos hasta el final de la playa; a la zona del Náutico. En aquel rincón el paisaje parecía estar hecho a la medida de nuestros juegos con el verde brillante y resbaladizo de las algas envolviendo las pequeñas rocas por donde podíamos brincar sin mucho riesgo.  Aquellas rocas eran un mundo de auténtica fantasía; un pequeño paraíso para los niños. Allí descubrimos las kiskillas y las lapas -esas conchas duras y feas que, aunque eran muy duras, algunos se las comían- . Allí nos divertíamos haciendo correr a los cangrejos, que nos huían despavoridos corriendo de costado mientras las olas salpicaban de alegría nuestros juegos.

Como dice la canción… qué tiempo tan felíz. Feliz excepto en los momentos de las despedidas para ir a comer a casa que, casi todos los días, terminaban en drama. Ahora me hace sonreir el recuerdo de aquellos adioses mojados entre besos de salitre y lágrimas de cocodrilo.

@mjberistain

Mi agradecimiento a Pablo Urnieta que con su fotografía ha revuelto mis recuerdos.


8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. mrbrunospa dice:

    Me encantan las entradas sobre el verano, y está en particular despierta fantásticas sensaciones.

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    1. MJBeristain dice:

      Qué alegría que te guste. A mí la fotografía me despertó también aquellas sensaciones de niña, incluso el del olor a salitre… Un abrazo y gracias por llegar hasta aquí.

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  2. Los recuerdos de la infancia se quedan impregnados en nosotros de manera muy profunda, ya sea con aroma de mar, ya sea con aroma de montaña.
    Preciosos recuerdos!
    Un saludo.

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    1. MJBeristain dice:

      Fue culpa de la fotografía que me revolvió entera. Tienes razón. Gracias María por tu comentario. Un abrazo

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  3. MJBeristain dice:

    Isabel, gracias por tus buenas palabras siempre. Un abrazo

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  4. Que tiempo tan feliz, que bonitos recuerdos de niñez a los que me he sumado como una ola más de las que bañaban tu playa o la mía. Has hecho un hermoso relato por el que te felicito y doy las gracias.
    Un abrazo.

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  5. Mikel Vega dice:

    Qué bella narración. Me ha transportado a los “mismos” recuerdos de otra infancia, la mía. Ese olor del musgo de las rocas del náutico, los cangrejos en las grietas de la pared…los paseos infinitos por la orilla de La Concha…Gracias por transportarme a mi niñez con tu exquisita narrativa. Y deseoso me quedo de ver esa colección de “la foto de la playa”…Muxu

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    1. MJBeristain dice:

      Mikel, Bienvenido y gracias por tus palabras especiales. Fuimos “bautizados” en el Mar. Un muxu inmenso.

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