La Barca Egipcia


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Madame Berthe Trèpat agradecía los aplausos…

Antes de verle bien la cara lo paralizaron los zapatos, unos zapatos tan de hombre que ninguna falda podía disimularlos. Cuadrados y sin «tacones», con cintas inútilmente femeninas. Lo que seguía era rígido y ancho a la vez, una especie de gorda metida en un corsé implacable. Pero ella no era gorda, apenas si podía definírsela como robusta. Debía tener ciática o lumbago, algo que le obligaba a moverse en bloque, ahora frontalmente, saludando con trabajo, y después de perfil, deslizándose entre el taburete y el piano y plegándose geométricamente hasta quedar sentada. Dede allí la artista giró bruscamente la cabeza y saludó otra vez, aunque ya nadie aplaudía.

«Arriba debe de haber alguien tirando de los hilos» pensó Oliveira. Le gustaban las marionetas y los autómatas, y esperaba maravillas del sincretismo fatídico.

Madame Berthe Trèpat miró una vez más al público, su redonda cara como enharinada pareció condensar de golpe todos los pecados de la luna, y la boca como una guinda violentamente bermellón se dilató hasta tomar la forma de una barca egipcia… Otra vez de perfil, su menuda nariz de pico de loro consideró por un momento el teclado mientras las manos se posaban del do al si como dos bolsitas de gamuza ajada.


Cortázar
Fotografía de Decorarte.com

La barca solar en el Arte del antiguo Egipto

de Jose María Benito Goerlich

Gota a gota


Gota a gota
como una lluvia de verano
atardecido
fueron naciendo estos versos
de aprendiz de poeta
malherido,
pretendiendo
algún puñado de amor;
una caricia,
unos tragos de ternura
o por qué no,
un pellizco de ardor fugitivo.

Codicié tu presencia.
Respiré en tu piel
la fragancia de los sueños
más audaces
y me desdibujé,
reinventándome después,
en noches de escombros
y frío.

Por un puñado de amor
hubiera sido yo algo más
que estas líneas inconexas
de disimulado desaliento.


@mjberistain

 

Exacta

 

 

Exacta,
con temblor reverente
detalla la mar
mi sombra,
cada una de las llagas
que abriera
la locura,
recortando
rigurosa,
perfiles
del elixir salado,
rastros de los gozos abrasados.

¡Ah, su roce transparente!
espejismo del absoluto
que enjuagara la urgencia
de las caricias
con dulces dádivas de sal.

Exacta,
con temblor reverente
detalla la mar mi sombra…

@mjberistain


Reconciliación


 «Aunque la razón es común a todos,
la mayoría vive como si tuviera un pensamiento propio»
Heráclito

Time present and time past
Are both perhaps present in time future
And time future contained in time past
If all time is eternally present
All time is unredeemable
What might have been is an abstraction
Remaining a perpetual possibility
Only in a world of speculation
What might have been and what has been
Point to one end, which is always present
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden. My words echo
Thus, in your mind.
But to what purpose
Disturbing the dust on a bowl of rose-leaves
I do not know…

Extracto del Poema Burnt Norton
de su obra Cuatro Cuartetos

Están presente y pasado presentes
tal vez en el futuro, y el futuro
en el pasado contenido.
Si está eternamente presente el tiempo
todo, todo el tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es abstracción
que existe, posibilidad perpetua,
sólo en un mundo en teoría.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
miran a un solo fin, siempre presente.
Resuenan pisadas en la memoria
por el pasillo que no recorrimos
hacia la puerta de la rosaleda,
que no abrimos nunca. Así resuenan
en tu mente mis palabras.

Pero ignoro
su propósito al perturbar el polvo
en el cuenco de los pétalos de rosa…

Traducción de E.Pujals Gesalí


Los Cuatro Cuartetos fueron escritos por Thomas S Eliot entre los años 1936 y 1942 y editados en forma de folletos separados. Fue en 1943 cuando aparecen en Nueva York en forma de libro.

  • Burnt Norton, en 1936
  • East Coker, en 1940
  • The Dry Salvages, en 1941
  • Little Gidding, en 1942

Los nombres de las cuatro partes se refieren a lugares que tienen que ver con la historia personal de Eliot y con la tradición cultural a la que pertenece. «Burnt Norton» es el nombre de una casa de campo en Gloucestershire, que el poeta visitó en el verano de 1934 en compañía de una vieja amiga, Emily Hale. «East Coker» refiere a un pueblo en Somersetshire, en el sur de Inglaterra, de donde procedían los antepasados de Eliot que emigraron a América. «The Dry Salvages» forman un promontorio rocoso en medio del mar, frente a la costa de Massachusetts, donde Eliot pasó muchos veranos de su infancia. Y «Little Gidding » es el nombre de un pueblo de Huntingdonshire que Eliot visitó en 1936, famoso por la comunidad religiosa fundada allí en 1626 por Nicolás Ferrar y que Cromwell suprimió veinte años después. Sólo durante la escritura de «East Coker», el autor concibió la idea de repetir cuatro veces la estructura del cuarteto para formar una unidad.

Ver Introducción a la lectura de los Cuatro Cuartetos de Ernst Robert Curtius en Ensayos críticos sobre Literatura Europea.

No hay nada más hermoso que abrir el libro por cualquier sitio y dejarnos llevar, como si fuera una íntima oración de una religión que todavía no conocemos, pero que empieza a cautivarnos… (Cándido Pérez Gallego)

Imagen «Fire and Rose are one» de Makoto Fujimura


Resucitar

imagesRESUCITAR Crissanta.com

 

Ahora cuando te escribo
desde el lugar donde coloqué tu recuerdo
aquí, al aire libre,
juego con él al abandono
y siento…

Que flotas en el aire esta mañana
indeciso, transparente…, y eres
como gota de lluvia que presiente
la piedad del precipicio.

Te dan color las montañas,
El cielo de nubes se agrieta
bajo la memoria azul
de constelaciones dormidas,
y tus matices van creciendo
con la lluvia que parece próxima,
con la lluvia que no llega,
con las hojas de los abedules
que van cayendo
mientras sudas viento.

Me despojo de tu nombre y siento frío.
Recuerdo cuando abrigábamos,
torpes, la esperanza, sólo con la piel
desnuda de las caricias.

Me despojo de tu nombre y siento frío.
La nostalgia, como una densa bruma,
como una gran cascada de silencio
me abraza contra el vacío.

Un bullicio de gaviotas despierta
galernas invisibles en mi espalda
y temo…
vestirme de nuevo de sed y de seda,
perfumarme con el aroma de tus contrastes,
deambular por los salones de espejos
lacios
y tropezar con la ternura que invade
los horizontes de mi conciencia
como una obesión.
Temo…
caer sin vanidad ante las ruinas.

¿Qué puedo hacer para olvidarte?

Quizás tan solo mirarte de frente,
fijamente,
y beber este instante de sal
y verdad
como un elixir añejo
al que entregarme sin más.

Porque hoy solo quiero,
—cuando este juego termine—
resucitar de estas brasas… sin lágrimas.

 

@mjberistain
Fotografia: Crissanta.es


Carta de Otoño


También pueden ser ácidos los colores del otoño.

Ácidos como esta forma tan estúpida que tengo de echarte en falta. Llevo días buscando las palabras acertadas y pienso que no existen, que es tal el dolor al que me sometes, que en lugar de seguir ocupando el podio de los amigos creo que voy a colocarte en otro lugar más seguro. Seguro para mí; para que no me duela tanto tu vacío.

Como ves, yo sigo escribiendo algunos ratos, porque llevo cosas dentro que no sé de qué otro modo deshacerme de ellas. Ahora ya no escribo a lápiz en cualquier cuartilla, ni mis apuntes los paso a limpio con mi pluma estilográfica, ahora solo me valgo de esas terminaciones nerviosas que discurren aceleradas por los teclados, para soltar amarras y escapar del ruido.

¡Qué estúpida manera de echarte en falta!

Mi mundo de papel ha quedado sustituido por esta pantalla cuyos reflejos me ofrecen una versión distorsionada de mí misma. Me falta, enfrente de mí, aquella mirada como de tímida sorna y tu eterna mueca de difícil sonrisa. Creí en ti desde el primer día. Hoy todo es distinto.

El ego literario se alimenta, a duras penas, de los «me gusta» que salpican algunos de los textos que lanzo a la nube, así como con cierto rubor.

¿Que por qué esa necesidad repentina de echarlos a volar?

Algo de vanidad debe de haber en ello, debo de reconocerlo.

Quise darles cierto orden, ya que habían sido los testigos del gran desorden de mi vida. Intenté darles un aire nuevo, después de tanto tiempo de oscuridad y desarraigo en cajones que nadie abría, excepto yo misma, y solo en tiempos de lluvia y soledad. Pero hoy todo es distinto. Se han desvanecido las barreras de la inconveniencia. El tiempo parece haber desgastado los finos hilos que nos comunicaban, y, sin desearlo, me he convertido yo en su testigo, en espejo que contempla desde muy cerca cómo se permiten las travesuras de un niño, con una cierta connivencia.


@mjberistain

 

La tarea del héroe


He trabajado incansablemente durante toda mi vida para darme cuenta, justamente ahora, de que he sido y soy una Heroína.

Recuerdo el eco machacón de que para triunfar en la vida estaba bien eso de soñar, de soñar alto, soñar sueños de altos vuelos, vuelos altos para alcanzar la libertad, -libertad que nada tenía que ver entonces con atender los mensajes capadores de la sociedad en la que me tocó ser educada- pero que lo más importante, lo que de verdad me iba a procurar la felicidad de ver cumplidos mis sueños era el hecho de trabajármelos.

En esta fórmula no se trataba de esperar, esperanzadamente, a que te llegara la suerte como si cada semana fueras al chiringuito de loterías a comprar un boleto que «valiera» por una millonada de billetes de a mil, o por un viaje a París, o por un sueldo mensual para el resto de tu vida.

Pablo Picasso cuando hacía referencia a la inspiración, decía: «…Más vale que, cuando llegue, te pille trabajando».

Pues así me educaron. Así que el día que leí La Tarea del Héroe de Fernando Savater -obra reconocida con el Premio Nacional de Ensayo en 1982, decidí que yo era una heroína, aunque más me hubiera gustado haber tenido un poco de suerte…

«… en el Arte, -y yo pienso que, como en la vida- la voluntad se reconcilia con lo inalcanzable de sus objetivos. No deja de desear -antes bien, aumenta y diversifica sus urgencias- pero al mismo tiempo asume jubilosamente que no es el siempre postergado y decepcionante resultado final lo que cuenta, sino el ímpetu mismo de ir más allá de todo lo conseguido, lo conocido o lo necesario.

Cuando algunas veces ví derrumbarse mis sueños, después de un largo camino de esfuerzo y constancia, solía pedirle a mi madre: Amá, cuando me veas llorar, recuérdame lo feliz que he sido mientras lo intentaba…


 

Un paseo por el Cosmos


¿Cuántas emociones caben en un lustro?
¿Y en una generación? ¿Y en dos?


¿Cuántas ilusiones, cuántas preguntas, cuántas dudas, cuántas decepciones?
¿Cuánta dignidad, eso de caerse, llorar, levantarse y volver a empezar?

Somos un soplo de Luz fugaz,
Una mota de polvo suspendida en mitad de un rayo de Sol.

¿Quién no ha soñado con los ojos abiertos bajo un cielo estrellado?
¿Quién no ha amado por los siglos desde el inicio del universo?

Tiemblo en el temblor de tus manos mientras me preguntas sobre la Existencia. No tengo respuestas, solo preguntas, como tú misma. Y, ¿cómo explicarte; cómo explicarme que somos energía danzando en un mar de fuerzas gravitatorias que nos protegen de caernos de bruces al vacío?

Da gracias a la Vida y Ama


Extracto de “Recordando a Carl Sagan
Publicado en la Revista JotDown por E.J. Rodriguez

Cierto día en la estación de trenes de Washington, un mozo ayudó a Carl Sagan con su equipaje, como hacía con cualesquiera otros pasajeros. Sin embargo, cuando Sagan sacó su billetera para darle la propina de rigor, el mozo hizo un gesto de rechazo. Aunque lo relevante de la anécdota no es el gesto en sí, sino la frase con que el mozo lo acompañó: «Guarde su dinero, señor Sagan. Usted ya me ha dado el universo».

La anécdota es muy famosa y habla por sí misma del papel que tuvo Carl Sagan en nuestra cultura. Ningún otro divulgador científico ha sabido pulsar tan bien los resortes de la imaginación colectiva. Quizá se debiera a aquella característica tan suya: la capacidad para experimentar y compartir un extático asombro ante la magnitud y complejidad del universo. Un entusiasmo que resultaba contagioso y al que él llamaba el «sentido de lo maravilloso». Carl Sagan era como el mago que abría el baúl de los grandes secretos ante nuestros ojos y desvelaba prodigios que parecían fantásticos, pero que no pertenecían al ámbito de las novelas o películas de ficción, sino que existían de verdad. Prodigios que estaban allá arriba, sobre nuestras cabezas, o a nuestro alrededor, o incluso dentro de nosotros. Carl Sagan fue sin duda el catalizador de las ensoñaciones cósmicas de toda una generación. Incluso de quienes nunca nos convertimos en científicos, porque teníamos escrito otro destino o sencillamente lo elegimos así, prácticamente no hemos pasado una noche sin alzar la mirada hacia las estrellas y entonces resulta inevitable acordarse de él. Siempre nos quedará la imagen inolvidable de aquella «nave de la imaginación» con forma de semilla emplumada con la que Sagan nos condujo hacia lugares que nunca visitaremos, pero que ya forman parte de nosotros mismos, tan familiares como nuestra propia casa, como el «pálido punto azul» que flota en torno a una estrella cualquiera en un rincón poco destacado de una insignificante galaxia.

Ya cuando el pequeño Carl tenía cinco o seis años, sus padres eran conscientes de su brillantez intelectual, de su ansia por obtener respuestas ante cuestiones como «¿qué son las estrellas y de dónde están colgadas?». Hijo único de una familia de condiciones muy humildes —su padre era un inmigrante ucraniano que trabajó como acomodador en un teatro y su madre una neoyorquina que había crecido prácticamente en la miseria—, el pequeño Carl tenía pocos medios para saciar aquellas ansias. Pero sus padres eran inteligentes y demostraron una gran sensibilidad hacia las necesidades intelectuales de su retoño, así que decidieron que lo mejor que podían hacer era apuntarlo a una biblioteca pública. Aquello abrió los ojos de Carl Sagan y cambiaría su vida para siempre:

Le pedí al bibliotecario algún libro sobre las estrellas. Y la respuesta a mis preguntas era impresionante. Resultó que el sol era una estrella que estaba muy cerca de nosotros. Que las estrellas eran soles, aunque estaban tan lejos que las veíamos como meros puntitos de luz. De repente, la verdadera escala del universo se reveló ante mí. Fue una especie de experiencia religiosa. Había una magnificencia en ello, una grandeza, una sensación de magnitud que nunca después me ha abandonado. Nunca me ha abandonado.

El mensaje divulgador de Sagan giró siempre en torno a una idea central: el ser humano, especie animal que vive sobre la superficie de un planeta cualquiera, es insignificante cuando lo contemplamos bajo términos cósmicos. La humanidad es apenas un soplo fugaz del que seguramente no quedará ni rastro cuando se extinga; y a nadie ahí fuera le importará, si es que hay alguien. El cosmos es un lugar inmenso, inabarcable, que nos humilla y empequeñece. Y, sin embargo, cuando era Sagan quien nos describía ese panorama aparentemente descorazonador, brillaba una intensa luz poética que cautivó a quienes le escuchábamos. El ser humano, nos decía, no es importante para el universo. Pero sí es inmensamente afortunado porque puede contemplar la inmensa grandeza de ese universo y maravillarse a causa de ella. Cuando miras las estrellas, lo relevante no eres tú: son las estrellas. Y siéntete feliz por poder mirarlas.

Carl Sagan poseía dos cualidades que no pueden transmitirse ni en la más excelsa de las instituciones educativas: un tremendo carisma personal y una gran capacidad para comunicar.

Sagan no creía en Dios, pero cuando hablaba de sí mismo, rechazaba el término «ateo» porque para él implicaba el conocimiento cierto de que Dios no existe, un conocimiento que sencillamente no estaba a su alcance.

Carl Sagan nos hizo mirar hacia las estrellas y darnos cuenta de la magnitud del universo, en el que ocupamos un rincón infinitesimal. Nos trató, a los ciudadanos de a pie, como a seres inteligentes y a quienes la ciencia concierne tanto como a los propios científicos, porque el universo no es patrimonio de los científicos, sino de cualquiera que pueda alzar sus ojos y contemplar sus prodigios. Gracias a Carl Sagan, la NASA incluyó en sus sondas una cámara fotográfica que pudiera captar el planeta Tierra desde una gran distancia, y todo porque Sagan quería que pudiéramos entender que estamos todos en el mismo barco, la Tierra, y que ese barco es apenas una frágil chalupa en mitad de un océano inmenso. Que las fronteras, ideologías y religiones son simplemente invenciones de unas criaturas que habitan una esfera hospitalaria, iluminada a la distancia justa por una estrella blanca, y que deberíamos preocuparnos ante todo de que nuestra esfera continúe siendo hospitalaria porque la inmensa mayoría del universo no lo es. Sin nuestra pequeña barca, suspendida en mitad de ese inhóspito vacío, no podríamos contemplar el cosmos y experimentar ese sentido de lo maravilloso, que es una de las mejores cosas que tendremos durante nuestra breve existencia.

Mira de nuevo a ese pequeño punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Ahí estamos nosotros. Todos a quienes amas, todos a quienes conoces, todos de quienes has oído hablar alguna vez; todo ser humano que alguna vez existió; cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño repleto de esperanzas, cada inventor, cada explorador, cada reverenciado maestro moral, cada político corrupto, cada superestrella, cada líder supremo, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí… en una mota de polvo suspendida en mitad de un rayo de sol.


Fotografía de portada Iñigo Cebollada

Hacer el Amor…

 

Hacer el amor no solo era…

crepitar confusamente contigo

junto al fuego

mientras sedosas lenguas lamían

largamente nuestra piel,

ni el choque esponjosamente frontal

del océano en la rompiente…


@mjberistain

Palabra de bosque y lago

 

 Del Blog de Santiago Pérez Malvido

Avatar de Santiago Pérez

Frantisek Tavik Frantisek Simon / New York Public Library / Google art project / Dominio público

«No ha de extrañar que en sus expediciones, Alejandro Magno llevara con él en un precioso cofre la Ilíada. Una palabra escrita es la más selecta de las reliquias. Es algo a la vez más íntimo y universal para nosotros que cualquier otra obra de arte pues es, entre ellas, la más próxima a la vida misma. Puede ser traducida a todos los labios humanos; no solo puede ser representada sobre una tela, sino moldeada en el aliento mismo de la vida»

Henry David Thoreau. Walden

Ver la entrada original

¡Me gustas como la Tierra!

Estás llena de asombro:

Osos que parecen de hielo
y retoños
de bambú que cubren gacelas.

Percibo la vida cuando tus pies encienden mi espalda.
Me gustas en tu grito y callo.
¡Me gustas como la tierra!
Tienes agua termal en tu vientre,
rosetas en tus volcanes,
y viento cuando el maíz se entrega.

Me gusta que circules abrazada a mí
como gigantesco anillo,
y canto enloquecido
uniendo mi grito al escándalo de los tordos.
Grito sideral que corre tras las cometas,
diciéndote que estás en mí, como yo estoy en la tierra.



Autor: Rubén García

Con mi agradecimiento a su autor, texto publicado en su Blog SENDERO.

Versos en los ojos


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Ya es bonito levantarse cada día
con versos en los ojos.

Rumbo al país de la ilusión
hoy recuerdo tu amor que nunca tuve.

Aquella inclinación contra natura
a ser felíz en la fantasía
podría resultar peligrosa
e inútil concesión a la tristeza.

Autor Jose M. Amado
Fotografía Mikel Vega


El reloj


Aprendí a saber lo que era un reloj mucho antes de estudiar en el colegio, qué era, para qué servía y quien lo había inventado. En casa teníamos un reloj de arena que solo funcionaba cuando se le daba la vuelta, si te marchabas mucho rato de su lado, se quedaba parado. Era un rollo, porque no sabías cuánto tiempo había pasado.

Tampoco me preocupaba mucho en aquella época cómo pasaba el tiempo de deprisa, según decían los mayores. Me daba tiempo, desde que me levantaba, de hacer un montón de cosas. Me quitaba las legañas, me miraba en el espejo y no me reconocía. Bueno, sí me reconocía después de lavarme la cara y peinarme. Por supuesto que me tenía que lavar los dientes con aquella pasta roja que se llamaba el torero. Entonces los mayores iban a los toros, pero yo no le encontraba ninguna relación con la pasta de dientes.

Pero, como había tantas cosas que yo no entendía, ¡pues nada!

Iba al cole, volvía a casa a comer y a lavarme los dientes, volvía al cole, jugaba, hacía deporte, volvía a volver a casa… En fin, que me daba para hacer muchas cosas, pero no sabía cómo se medía el tiempo. Era muy difícil entender a los mayores cuando me lo explicaban. Algo así como lo de los Reyes Magos, que tampoco se entendía muy bien.

En la playa un día me enseñaron cómo era un reloj en la arena. Dibujamos un círculo como un sol con rayitas alrededor y pusimos un palito en medio. Entonces me di cuenta de que la sombra del palito se movía. Algo tenía que ver con el sol. No sabía muy bien si era el sol el que se movía o el palito. Me decían que unos señores que se llamaban egipcios y otros que se llamaban incas, que yo no conocía de nada, ya lo venían usando desde hacía muchos años. (¡y… dale con el tiempo!)

reloj en arena

Como seguía sin enterarme, de vez en cuando volvía a preguntar para ver si me aclaraba las ideas. Y me contaban que después de aquello se inventaron el reloj de arena. Yo pensaba que se referían a aquel que habíamos dibujado nosotros en la arena, pero no. Era otra cosa.

Se referían a uno como el que teníamos en casa.

Luego otros señores como uno que se llamaba Leonardo da Vinci o Galileo, a los que tampoco conocía y que debían de ser muy sabios, se inventaron mecanismos que hacían tic-tac todo el rato y que contando los tics-tacs se podían controlar cosas como el día y la noche, la primavera, el verano…

Había otros relojes en casa, los fui identificando poco a poco. Yo los miraba muchas veces para ver si veía llegar el verano, que era cuando nos daban las vacaciones. Pero no me enteraba, solo me daba cuenta cuando al salir de casa ya no tenía que ir con abrigo o con paraguas y entonces estaba más contenta.

reloj despertador

Me gustaba el reloj que tenían mis padres encima de la mesilla. Tenía como dos campanitas que sonaban ring-ring por las mañanas. Yo no sabía cómo leerlo, pero sabía que era la señal para que nos levantáramos todos de la cama. Algo iba entendiendo por fin.

Ahora han cambiado mucho las cosas. Los niños enseguida aprenden a leer relojes y eso que ahora son más aburridos que los de antes, no hacen tic-tac, ni tienen agujitas que se mueven, ni campanitas. No sé muy bien si los entienden, pero los saben leer. Lo digo porque conozco bien a Andrea. Tiene cuatro años y cuando se despierta muy temprano por las mañanas, va a la habitación de sus padres antes de que suene la chicharrita y les lee los números de color verde brillante de una pantalla que tienen encima de la mesilla de su madre.

– MAMI… SON LAS CERO SIETE DOS PUNTITOS CERO DOS…

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A lágrima viva

Fotografía Daniel Ramos 


Se quedó mirando fijamente a la fuente, absorta, con la cámara de fotos colgando sobre su pecho
y sujetándola con las dos manos sin decidirse al enfoque. Era esa primera hora de la tarde en la que el sol de otoño cae en diagonal por encima de los tejados y las sombras van haciéndose un hueco por las calles y por los parques.

Muchas veces había tomado imágenes del agua; le gustaba trabajar con los blancos y los grises, con la luz, con la transparencia, con el contraste, con los brillos del asfalto, con aquella mezcla de lágrimas de lluvia en las pestañas como una amable emoción a veces, otras como una rara conmoción que le invadía de humedad los huesos y el corazón de frío…

Dejó la cámara en un banco solitario del parque y se acercó al borde de la fuente. Cerró los ojos durante unos segundos y se dejó llevar, sin resistirse, hacia los fondos saturados del color.

¿Por qué aquél buscar, aquél dudar y esperar siempre el momento mejor, para comprobar, al cabo del tiempo, frente a aquellas fotografías, que ella, también ella; ella misma había estado allí, en aquel instante, tan breve, tan efímero, tan bello?

@mjberistain
Con mi agradecimiento a El Fotonauta por su autorización a utilizar su fotografía.

Actualizo hoy esta entrada con un abrazo y un recuerdo especial a Daniel, allá donde esté. (2017)


Literatura Origen

(Breve apunte)


“La Literatura es como el Mar,
el Arte también,
formas que se suceden
que se golpean a sí mismas…

son como el fuego, son como el aire,
como los cuatro elementos
siempre inmutables
y siempre cambiantes»
Manuel Vicent


La literatura, en su sentido más amplio, se define como cualquier trabajo escrito (aunque algunas definiciones incluyen textos hablados o cantados).

En un sentido más restringido y tradicional, es la escritura que posee mérito literario y que privilegia la literariedad, en oposición al lenguaje ordinario.


El origen de la escritura no marcó el inicio de la literatura. Los textos sumerios y algunos jeroglíficos egipcios, considerados como los escritos más antiguos de los que se tengan registros, no pertenecen al ámbito de la literatura.

Entre los primeros textos literarios aparece el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio que fue grabada en tablas de arcilla y cuya primera versión data del año 2.000 A.C. Antes de esta época, las narraciones solían circular de generación en generación a través del lenguaje oral.

  • El que es considerado el primer texto literario es el Poema de Gilgamesh, escrito alrededor del año 2000 a.C. en caracteres cuneiformes y del que se conservan 12 tablillas de arcilla. En él se encuentran ya algunos temas que serán recurrentes en la historia de la literatura, como es la búsqueda de la inmortalidad y del sentido de la vida y del dolor humano, el viaje aventurero… Se trata de un texto que, aunque tiene mucho de leyenda y de mitología, se puede ya considerar plenamente literario. Se puede decir que entre el 3000 y el 2000 a. C. se inicia la literatura tal y como la entendemos hoy en día. A partir de esa fecha irán apareciendo obras literarias en Mesopotamia, Egipto, Asia Menor, India, Palestina, China, etc…
    José M. González y Serna Sánchez (Introducción a la historia de la literatura)


En cuanto a la literatura en español, sus orígenes se remontan al siglo X con las
Glosas Emilianenses y al siglo siguiente con las Jarchas, un conjunto de breves composiciones líricas de carácter amoroso.


imagesCODICE EMILIANENSE 60 Codiceemil

En el siglo XVII, lo que actualmente denominamos «literatura» se designaba como poesía o elocuencia. Durante el Siglo de Oro español, por poesía se entendía cualquier invención literaria, perteneciente a cualquier género y no necesariamente en verso.

A comienzos del siglo XVIII se comenzó a emplear la palabra «literatura» para referirse a un conjunto de actividades que utilizaban la escritura como medio de expresión. A mediados de la misma centuria Lessing, publica Briefe die neueste Literatur betreffend, donde se utiliza «literatura» para referirse a un conjunto de obras literarias. (RAE: la literatura es una actividad de raíz artística que aprovecha como vía de expresión al lenguaje). A finales del siglo XVIII, el significado del término literatura se especializa, restringiéndose a las obras literarias de reconocida calidad estética.

La Literatura tiene a su principal galardón en el Premio Nobel que se entrega cada año desde 1901. Fue así señalado en el testamento del filántropo sueco Alfred Nobel. Según sus palabras, el premio debe entregarse anualmente «a quien haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal». La institución encargada de seleccionar al ganador es la Academia Sueca (Svenska Akademien).

Extractado de Wikipedia
Fotogorafía Taringa


Vigías del Alba…

Notas de Otoño


II

Como vigías del Alba
horadan la piedra, inocentes,
ininterrumpidos ojos
de oscuros silencios
licuados en antiguos desvelos

Adentro,
al amor de una lumbre entrañable
recorren tristísimas la memoria
las horas
que fueron huidizas esperanzas,
las horas
que hoy son llagas
ardientes surcos de piel enroñada.

Otra tarde se aleja
enhebrando su última luz por las grietas…

@mjberistain


 

Resaca


Aunque solo quede
de los abrazos
abismales
el rugir
de invisibles hilos de espuma
desafiando al vacío…

Llámame Otoño
con la piel desgastada
de besos a la espalda
y una lluvia limpia
de salitre
escarchando las pestañas
cada madrugada

Llámame Otoño
con la violencia de la resaca
de las mareas vivas,
que es setiembre
y el mar me lleva
insistentemente
al vértice de tu boca.


@mjberistain
Fotografía El pasajero.com

Notas de Otoño


I

Prendí a la brisa mis enaguas
de otoñales esperanzas.

Rodaron los sueños
ilimitados
por el eterno verde reciente de los campos
robándole, a tientas,
hilos de caricias a la bruma
tejiéndole entre versos
besos de lluvia y enredadera

mientras se desnudaba el otoño
palpitándome en las venas…

II

Como vigías del alba
horadan la piedra, inocentes,
ininterrumpidos ojos
de oscuros silencios
licuados en antiguos desvelos
Adentro,
al amor de una lumbre entrañable
recorren tristísimas la memoria
las horas
que fueron huidizas esperanzas,
horas
que hoy son llagas
ardientes surcos de piel enroñada.

Otra tarde se aleja
enhebrando su última luz por las grietas…

III

Bulle la ciudad bajo una niebla
de rostro insobornable
y memoria retrocedida
a un ayer difuso como su talle.
Dispersas, taladran la bruma
obstinadas cúpulas; afiladas
conciencias enmarañadas
de interrogantes

que el alba es víspera
de un nuevo abismo bajo la bóveda vacante.


@mjberistain/87 Del libro «Apuntes de Salitre»

El Poeta


 Leonard Cohen

Artículo de Alberto Manzano 

El poeta escucha a su corazón como a una novia que debe conquistar el mundo.

Pero la novia ya ama al mundo. El poeta debe convertirse en héroe. Debe perder la mente y desarrollar alas. El poeta camina sobre un filo fronterizo intentando transportar a gente real hasta el mundo del arte. El poeta quiere que sanes con él. Quiere que mueras con él. Quiere arrastrarte. Hay Belleza en la Muerte. Las cuchilladas son caricias de seda. Los pétalos encontrarán raíces en las heridas por las que sangres. La gloriosa muerte que conduce a la santidad. El poeta trepando por el brillante reflejo de la escalera tambaleante que cedió bajo sus pies, sus botas partiendo los peldaños con el estruendo de una ametralladora. El poeta surcando cielos en una nave de alas mutiladas. 

Grabación realizada en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián

El poeta escudriñando cielos desde su ávido telescopio. Esperando cada noche desde su ventana. La oscuridad cantando. Las estrellas sujetas con alambres. La luna colgando húmeda como un ojo medio arrancado. Un grito rebelde clama tomar el cielo a sangre y fuego. Apetito imperial. Náusea y Miedo. La Gracia caduca. El vehículo de la ignorancia. ¡Oh, envía al cuervo antes que la paloma! Pero el poeta no pudo curarse. El poeta no pudo morir. El poeta no es más que un poeta. Pertenece al mundo. El poeta secular y mundano avanza por este espectral «valle de lágrimas» con las únicas armas de sus melopeas y su elegante luto, guiado por la marca de nacimiento en su piel. ¡Oh Dios Extranjero que reinas en la gloria terrenal, rodéame de algún poder, debo conquistar Babilonia y Nueva York! El poeta confirmado como la semilla de nuestra nueva sociedad. El poeta ha sido enviado para unificar nuestras más graves preocupaciones espirituales y físicas; «Entiendo las lealtades que insisten en quemar a un niño, asesinar a un presidente o tatuar números en la muñeca de una mujer. Los campos de concentración son vastos e inimaginables, y vuestra libertad está podrida». He aquí una nueva libertad que invita, como mínimo, a un nuevo modelo de determinismo. Un fiero ataque a todos los modos irracionales y psicológicos de represión. Un desafío a los comandantes del orden y el hastío que exige la conquista de un mundo inexistente -porque el mundo ya ha sido destruído- el poeta dirigiendo a sus románticas huestes, un puñado de héroes solitarios, harapientos, vestidos para matar. El poeta intenta traducir al uso común las más altas órdenes de la energía pura, sin negar su propia inclinación a obedecer. Margaritas, palomas y ángeles, colibrís, rosas y corazones. Propaganda religiosa, paisaje. Catálogo, horizonte. Oro marfil carne Dios sangre luna. Una biblia para golpearte hasta la cruz. El criminal hereda a su víctima. La añoranza del vicio de un hombre como Cristo. La vieja arma disfrazada de caridad. Jesús con los leprosos. San Francisco de Asís con los pájaros. La ambición disfrazada de oración. Sois y el poeta está con los pecadores, las prostitutas, los criminales, los marginados. El más blanco loto floreciendo en el lodo más negro. Roshi tocando la campanilla. Rumi girando alrededor del sol. ¿Y Henry Miller? ¿Siempre tienes que acabar subiéndote encima de una mujer para hablar de teología? Gloria y Gloria a ella, que da a luz a Dios, que se inclina sobre la inmensa herida del mundo. Excentricidad y corriente fundamental. Disciplina y Masturbación. El poeta doblado por la forma del Amor. Un jorobado bajo su colina de oro. ¿Cuándo colaboraremos de nuevo, hombres y mujeres, para establecer la medida de nuestras poderosas y diferentes energías? ¿Cuándo volveremos a hablar sinceramente sobre nuestros dementes y homicidas apetitos? Esclavos tocándose. Sus cuerpos sagrados. La carne es una llaga. El dolor no tiene nombre. Crines galopantes. Rápidos como perros. El espíritu humillado. Soy para ti que no vendrás, tu eterno e imperfecto amante espiritual, buceando otros muslos, chupando los pezones de la luna de otra galaxia. Las migajas del amor y los barrios bajos del amor. Soy para ti que no vendrás con correas de tiempo atadas a tu carne. El pelícano con el pecho atravesado. Un grito que detiene al mundo. El corazón; un reloj con péndulo de genitales. Grave decisión ser santo, con el pensamiento puesto en coños, sólo en coños, corazón dinero talento arte sintonizados íntegramente en el coño, ahí es adonde te diriges, un bellísimo espectáculo, un hombre que sabe adónde va. Voy a decirte una cosa, aunque me caiga de narices. Yo inventé la escritura del cielo. Lo hice porque me enamoré de ti, y no tengo miedo a perderte.

Imagen Lloyd Art


Duda


De tus labios
de ocre sabor a algas
llevo impregnada
la definición de mi existencia
y mi boca,

como del aliento que empaña
desde la húmeda concavidad del deseo
la sola palabra que te nombra,

pero a ratos me apremian los suspiros
tallándome la vida,
repitiéndose en exceso hasta llagarme
mientras trato de ahogarlos
entre gestos extraviados
contra el hueco alivio de los espejos.

Y a pesar de que palpita voluntariosa
la esperanza
afanada contra el goteo invencible del tiempo
va supurando distancia la duda
erigiéndose en heroína
—deidad diabólica—
sobre el quebranto de nuestros párpados.


@mjberistain