He empezado a escribir un poema

Texto del libro (Retrato de Jaime Gil de Biedma)


Hay noches en las que algo me lleva a un determinado libro, a abrirlo por cualquier página y, por algún motivo, me sorprendo al encontrarme con un texto que me cautiva, sea porque me hubiera gustado escribirlo a mí o porque describe una situación que estoy viviendo íntimamente y no soy capaz de expresar. Lo haré con palabras prestadas de uno de mis poetas de culto.

No sé si volveré a escribir un poema, porque en estos momentos me asombro de haberlos escrito alguna vez…


«He empezado a escribir un poema. Viene de unos versos apuntados en mi agenda una noche estando algo bebido, y me he entrado en él sin saber muy bien cómo. Vaya o no vaya hasta el fin, la idea de que no estoy obligado a trabajar y que, al hacerlo, quebranto un propósito —el de no escribir versos durante un año—, me hace sentir una maravillosa libertad, bien agradecida después de tantos meses gastados obligándome a terminar mi poemario. Será lo que salga. Me gusta pensar que arriesgo poco, que escribo sólo con la espuma de la imaginación. Nada del penoso rebañar, del sórdido trabajo de mina y apuntalamiento que recuerdo en los últimos poemas.

Quisiera que fuese un experimento. Imagino un poema que solo lo sea leído en voz alta, un poema tan distinto del poema impreso, leído mentalmente, como un concierto de su partitura. El énfasis de la voz que habla crearía el ritmo y haría inteligible el amontonamiento de palabras, que puesto en la página, me gustaría que resultase completamente informe, arrítmico, gramaticalmente caótico.

Ese es el sueño. Lo que llevo escrito conserva demasiado, en una lectura mental, su carácter de poema. Y por más que intente fiarme al énfasis de la voz hablada, no consigo librarme de los ritmos tradicionales; lo único que hago es fragmentarlos. Pero aspirar a lo imposible está muy bien; soñar con un poema que solo exista en la voz de quien lo dice.

Hay además bastantes cosas hacederas. Por ejemplo, una puntuación dedicada exclusivamente a resaltar los énfasis, a recalcar una palabra o un grupo de palabras con desprecio de la norma, cortando las partes de la oración igual que rabos de lagartija, para que se retuerzan solas. Mi molesta vacilación al corregir un poema —si puntuar según sintaxis o según ritmo— queda decapitada limpiamente: decidiré según el énfasis y haré que de él dependan, para existir, la sintaxis y el ritmo. También será el énfasis quien decida la longitud de un verso, cortándolo después de una palabra clave o haciendo pasar ésta al verso siguiente…»



 

Más allá del Mar

Más allá del Mar las nubes tiemblan; esconden sus secretos detrás de las puertas entreabiertas


Epidemia

K. O’Meara


Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.

Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.

Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.


Abrázame


Mientras llega el despertar
abrázame, aunque sigas soñando,
abrázame ahora y explora la belleza
de la piel inagotable del deseo.
La vida es un mar bravo.
Abrázame, en el más alto lecho
feroz de su lujuria, en su humedad ardiente,
abrázame en el lecho del temor
aunque sigas soñando

Abrázame,
las aguas darán alas altas, magnificentes,
al placer mientras llega el despertar,
ríndete, aunque el silencio esconde preguntas
que no tuvieron nunca ni tendrán respuesta.

Abrázame. aunque sigas soñando,
abrázame, que yo seguiré navegando


Azul oscuro


Un coche negro acelera, no hay salida
—pienso—

Apenas hay gente por el paseo,
el viento del noroeste
juega con la marea baja
y levanta crestas de espuma
como pequeñas palomas blancas.

No hay guion.

Es un martes de marzo, sin más,
—pienso—

No haré más preguntas.

Duerme feliz un niño y un joven
padre lee un libro a su lado.
Imagino unos ojos azul oscuro,
apuesto un tono grave para su voz.

Va oscureciendo el cielo de la mañana
y las sombras anuncian lluvia.


Intemperie


Hazme un hueco a la intemperie

—el costado más cálido de tu cuerpo—

que al arrullo de tu silencio

imaginado desde siempre

sonará una nueva melodía

de primavera adolescente.


@mjberistain

Goruntz – III

 


De quién fueron los gestos,
de quién las palabras sonoras y los elocuentes silencios,
de quién las miradas impúdicas y salvajes
de qué desesperados la fuerza de las pasiones
más oprobiosas y delirantes.

Y vos que miráis con recelo, sin admitir que los dioses
no defienden a los pobres, a los inocentes ni a los niños
¿de qué vais vestidos?, vuestras túnicas de sedas
y doradas cadenas hacen a vuestro paso demasiado ruido.

Mejor comprendierais la alegría de l@s muert@s
antes de que llegaran a vuestras salas de altos techos
y maderas nobles. Vuestras gafas llevan a veces niebla
en los cristales y los libros, que fueron escritos
hace siglos, duermen en los estantes.

De quién es el pecado, de quién la inocencia,
de quién la indiferencia, solo Dios lo sabe.

Yo solo pido:
abrir las ventanas que cerráis a cal y canto,
bajad al asfalto, a las cantinas, a los arrozales,
escuchad el rumor de los corazones apagados
y unir vuestras fuerzas al clamor de las calles.


 

 

 

Cuando tuve frío


No hubo tiempo de beber de sus pechos
conmovidos; era cuando tuve frío

vagaba errante el placer por todas partes
suspirando silvestres encajes
de caricias bajo la brisa de los sauces,
yo sólo preguntaba

¿quién, y dónde?

más allá de los inviernos,
ciega a los labios inflamados de las flores,

sombras saciadas de tristeza se esfumaban
con cuencos de lluvia entre las manos
mientras yo bajaba al río para atarme las sandalias.


 @mjberistain
imagen: Juan Carlos Mestre de la exposición «Amanecidos por el agua»

 

Fugitivos


Mientras seamos fugitivos
que apaguen la luna y las leyes
que se inclinen los faros
de todos los puertos,
que estalle el corazón en mil pedazos
y el sol cubra de cobre las calles
y mis zapatos.

Dame un jugoso rayo de luz
y seguiré navegando.


@mjberistain

Mírame


Mírame como mira el sol
a las humildes amapolas.

Mírame y no te arrepientas
que la vida es solo un trance
y no hay lágrimas que valgan
cuando rasgue la luz la noche
y encienda la madrugada.


@mjberistain

 

Cráteres


Antes de que se cumpla la primavera de los besos
quiero que sepas que existe un camino a la deriva entre las flores,
y un manantial de luz que se mueve entre los gestos y gotea con el exacto sonido,
definitivo, de una lágrima que se estrella contra el suelo.

Qué haremos con las sombras de lo que fuimos cuando llegue el desaliento,
qué haremos con el alborozo de los espejos
cuando tu piel y mi piel se rasgaban al filo de la lujuria lacerante de los andenes.
Qué haremos con la pasión desgastada tendida al sol como un viejo vestido de novia.

Qué haremos con el silencio sembrando cráteres de ceniza y oscuridad
donde antes florecía el fuego. Qué haremos con los abrazos tatuados, con las huellas
que dibujábamos en los caminos y que alguien —que no seremos nosotros—
pisará, si se abrirán fauces insomnes de un dolor azul infinito.

¡Qué haremos con la alegría del perdón cuando ya el amor no nos pertenezca!


@mariajesusberistain
fotografía de Steve Zasadny


Luces de papel



Observo tus pequeños dedos rompiendo los papeles de colores,
deshaciéndolos en círculos, color azul y color naranja
porque te dijo un día mamá que esos colores se querían,
fresa porque es el yogur que le gusta a tu hermano,
verde porque adoras los trajes de camuflaje
y el color de la piel de los dinosaurios,
amarillo que te suena a helado de vainilla
y el rojo,
que te recuerda al fuego que sale por las fosas nasales de los monstruos
que pueblan a veces tus sueños y los tebeos de tu abuelo.

Es la noche de cristal,
hemos colgado las luces de papel por todas partes,
la luna nos sonríe y nos vamos a dormir.


@mariajesusberistain

Rumor para una canción de cuna


Hubiera querido estar contigo aquellas horas,
la lluvia y la luna limpiaban el cansancio
de un nocturno casi consumido.

Hasta el diablo asomó su morro sobre el cerro
creyendo que era a él a quien esperabas.

Tantas veces te preguntabas a qué venía ésto,
a qué la vida sino desengaño, tus heridas
lacerantes susurrando espanto
mientras amamantabas a los hijos de tu vientre
amordazados hasta la intemperie de tus sueños.
Y que luego se dormían sobre el barro,
tus manos delirando caricias en su piel renegrida
que, a veces, adornabas con guirnaldas de flores blancas.

Porque pensabas que la ilusión era vivir
un futuro que no sabías cómo explicárselo.
Era el destiempo en tus pechos persiguiéndote
como un calendario solemne hacia la muerte
en cualquier lugar, lejos de los nombres
todavía palpitantes de otros cuerpos
que se abrazaron a las brasas de la incivilización.

Nada esperabas, los desiertos, las zarzas
las escombreras y la sed reduciéndoos
a una realidad de despojos amantísimos.

Ayer supe que habían encontrado tu cuerpo
sin edad, desorientada,
con un trozo de mapa arrugado entre las manos.

Quién dijo que el mundo era pequeño como un pañuelo
y que la caridad se anunciaba en cada aurora,
y el amor no había que pagarlo.

Y después…

Esa luz de tristeza y ese silencio en el bosque de agua
—rumor para una canción de cuna—
que se emitiría en los informativos de los países pudientes.

Pensaste que quizás, solo así y solo quizás,
fuera posible que tus hijos sobrevivieran.


Corazón de hojalata


Hace frío…

El blanco inunda el exterior de las ventanas. Un chorro de humo sale en tropel de un tubo de escape de uno de los edificios de al lado. Distingo en la lejanía, desenfocadas, las luces de la madrugada; las farolas abrazadas por la escarcha y una nube grisácea invadiendo la atmósfera por encima del lento y descolorido discurrir del tráfico, que busca a ciegas su destino.

Tengo el corazón helado, como si fuera un corazón de hojalata.

Brotan las lágrimas como pequeñas piezas preciosas de un puzzle cristalino —ámbar, nácar, coral— que hiela el aire. No caen al asfalto, ni a los jardines, ni a los estanques, ni siquiera a los ríos, y sé que en ningún caso llegarán al mar. Un inmenso vacío recoge la ingravidez de su vuelo silencioso como un magma de rocas que se funden en la niebla.

Despierto.

¿Quién calentará ahora la vida?


@mjberistain
Imagen por Andoni Narvaiza.
Ver: https://medium.com/@AndoniNarvaizza/coraz%C3%B3n-de-hojalata-86b6ac32c42

La mascota


Su casa era lo que se llama un «Hogar» fantástico.

Un gran oso de peluche, de tamaño natural, —de ese tamaño que, si pretendes cogerlo te faltan brazos para rodearlo— había sido, hasta hacía unos meses, el personaje principal del dormitorio de los niños.

Recuerdo cuando se lo regalaron al nacer su segundo hijo.

Salía yo de la maternidad emocionada y feliz. Se habían superado con éxito los difíciles cuarenta minutos del parto de mi hija menor que nos habían mantenido en máxima alerta a médicos, enfermeras, y a la familia que esperaba noticias en la puerta del paritorio. Decía que salía yo feliz…

Un gran Land Rover se detuvo al otro lado de la acera ocupando parte del paso de cebra cuando yo me disponía a cruzar la calle. De él saltó hacia mí un gran oso peludo. Detrás, apenas podía yo imaginarme a Pepote. Sus pequeños ojos risueños me miraban como pidiendo perdón. Fue difícil aventurarnos en un abrazo con el oso por medio.

¡Ah! Lo fantástico que puede ser tener un ejército de dinosaurios de todos los tamaños que aparecen y desaparecen por cualquier rincón de la casa, —siempre pensé que se habían extinguido—, y miles de minúsculos monstruos de piezas desmontables que se clavan inmisericordes en los pies descalzos, porque, eso sí, los zapatos, zapatillas, botas, botines y demás, se quedan (por cierto, perfectamente ordenados) en un mueble hecho al efecto en la entrada. Ello sin hablar de los típicos patos, algún delfín, tortuga o serpiente articulada de color y tamaño casi natural —por la que casi muero un día que hice de «canguro» y me la encontré en la bañera.

Nunca hubo ocasión para tener que autorizar la presencia de cualquier otro animal en casa, —me refiero a animal doméstico del tipo «mascota».

Pero Angie se marchó. Ella y su pareja lo llevaban pensando durante los últimos meses. Las cosas del trabajo no estaban fáciles, así que aceptaron probar mejor suerte, entonces que los niños eran pequeños, y decidieron trasladarse a Estados Unidos. Viajó toda la familia.

Excepto Chet.

Así se instaló Chet en aquella casa, cualquier día, de sopetón.

¡Zas!, una mascota.

La gran amistad tiene estas cosas. De repente te encuentras con que admites cuidar de la mascota de tu mejor amiga cuando ella no puede atenderla. Los niños encantados la admiten como uno más en la familia y se pelean por sacarla a pasear por el pasillo cada tarde después de hacer los deberes. Es el momento en el que la mascota corretea jugueteando con ellos y soltando pequeñas cagarrutas negruzcas a diestro y siniestro. Lo de tratar de atraparla para que vuelva a su jaula es un divertimento exasperante, —exclusivamente para los mayores que están deseando de que los peques se vayan a la cama.

¿Se le pueden hacer cosquillas a una chinchilla debajo de la barbilla?

Más allá de provocarme una tierna sonrisa, la pregunta me dejó boquiabierta.

¿Es posible que un niño de cinco años consiga esta bellísima aliteración?

___

@mariajesusberistain
Imagen: Daniel Sulbarán

Ver: https://www.mascoteros.com/blog/historia-y-cuidados-de-la-chinchilla/

* La aliteración es una figura retórica que se caracteriza por la repetición consecutiva de un mismo fonema, fonemas similares, consonánticos o vocálicos en una oración o verso. … La finalidad de la aliteración es embellecer la prosa y la poesía con el objetivo de producir sonidos y musicalidad


La playa


Le vi vagar por la penumbra
las manos en los bolsillos vencidos,
arena en las suelas de sus zapatos
y un fleco de su cabello tapándole los ojos.

Recuerdo que una fina lluvia se afanaba
en forma de hilos de cristal, saltaban
y salpicaban justo antes de caer en las aceras,
¿o quizás era después?

Le vi apoyarse en una farola y juntar sus manos
protegiendo la llama de una cerilla para encender un cigarrillo,
después, brotó de sus labios una nube de humo confusa
que se estrelló contra la noche.

Mecía el mar la soledad como a una pequeña barca
con nombre de caricia. A la orilla llegaban cristalinas burbujas silenciosas
como lejanas y tímidas risas de niñas.

¡Qué pena! —pensé—

La tristeza es a veces como una playa nocturna y solitaria cuando baja la marea;
como sus olas sobre la arena, minúsculas pero constantes desgarraduras.


@mjberistain

Goruntz – II


Cruza la mañana una bandada de pájaros
formando rostros, cadenas, esquinas,
se elevan y vuelven
a su formación efímera.

Todo es silencio y la niebla se rompe
en difíciles desgarraduras
imposibles de apresar con las manos
de la memoria, vienes a verme
desde el lado azul del tiempo.

Invítame a un sueño…


mjberistain

Como la Luz


Como la luz, la música
envolviendo en nubes de seda cálida los cuerpos
inquietos, sin edad.

Viven a orillas de la tierra, cerca del mar de la vigilia
donde quedaron enredados sus versos, entre espumas con sabor a sal

Viven a orillas del recuerdo, pintando playas imprecisas, y olas de libertad
que sueñan que volar es fácil con las alas a favor de los vientos del sur.

Como la luz, la música
de Mahler al encuentro de los cuerpos acantilados


@mariajesusberistain

Hacia la Luz


Busco la Luz.

Todo es geometría y arquitectura, imágenes de otro mundo, edificios, líneas, vacíos iluminados, oscuros, claroscuros, luces de contraluz…

¿Permanecerá el amor en la quietud silenciosa y fugaz de un retrato?


Fotografía @mjberistain
Texto de «La imagen de otro mundo». Juan Lamillar


Cometa


No sueltes,

Líneas tensas,
curvas aventuradas,
largas
y enredas las entrañas
del bosque de las ánimas.

Aprendí a moverme
mirando al mar,
su luz olvidada por los tejados
volando en hilos de música
celeste,
cercanas campanadas en sordina
por las noches de fuego, amor y lluvia

No sueltes.

Llevo entrenadas
traineras de ternura para tus tempestades.