Paco de Lucía y Félix Grande

Música: Paco de Lucía – Entre dos aguas

Félix Grande fue un reconocido escritor y flamencólogo, que cultivó tanto el género narrativo como el lírico.

Importante representante de la innovación en la poesía española de la década de los 60.

Era guitarrista flamenco cuando, decidió cambiar la guitarra por la literatura. Se consideró siempre un aprendiz de poeta. Distraía sus heridas con música de Paco de Lucía y Camarón.

Dejó una amplia obra de poesía, narrativa y ensayo, y un sonido: el del flamenco, música que estudió con pasión.

 

Besarle el gozo al olvido,
cómo lo hago para besar un año entero de noches
que bebían el olvido.
Ahora cabalgo sobre un rey de corazones
como un río entre las piernas.
Ahora esas divinas cuerdas de guitarra
son mi más reciente alegría.
Quiero danzar, cada instante claro o de lluvia
este sagrado rito de vida
que me une a tu labio.
Pongo sobre mi frente un sombrero de plumas
para despedir la tristeza.
Pongo sobre mi boca el fuego
de los que leen las estrellas.

 

Cortázar No existen leyes para contar un cuento


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No existen leyes para escribir un cuento
… a lo sumo puntos de vista.

Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse después de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”.

El cuento es una síntesis centrada en lo significativo de una historia.

El cuento es… una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia”…

Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el “clímax” de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos”.

La novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out.

Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos”.

En el cuento no existen personajes ni temas buenos o malos, existen buenos o malos tratamientos.

… no es malo que los personajes carezcan de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka”… “Un mismo tema puede ser profundamente significativo para un escritor, y anodino para otro; un mismo tema despertará enormes resonancias en un lector, y dejará indiferente a otro. En suma, puede decirse que no hay temas absolutamente significativos o absolutamente insignificantes. Lo que hay es una alianza misteriosa y compleja entre cierto escritor y cierto tema en un momento dado, así como la misma alianza podrá darse luego entre ciertos cuentos y ciertos lectores…”.

Un buen cuento nace de la significación, intensidad y tensión con que es escrito; del buen manejo de estos tres aspectos.

El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo… al punto que un vulgar episodio doméstico… se convierta en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico… los cuentos de Katherine Mansfield, de Chéjov, son significativos, algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mucho más allá de la anécdota reseñada”… “La idea de significación no puede tener sentido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensión, que ya no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. Y es aquí donde, bruscamente,se produce el deslinde entre el buen y el mal cuentista”.

El cuento es una forma cerrada, un mundo propio, una esfericidad.

Señala Horacio Quiroga en su decálogo: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

El cuento debe tener vida más allá de su creador.

…cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo”.

El narrador de un cuento no debe dejar a los personajes al margen de la narración.

Siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra”. “La narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa… en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí”.

Lo fantástico en el cuento se crea con la alteración momentánea de lo normal, no con el uso excesivo de lo fantástico.

El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia”… “Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado… la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de “full-time” de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural”.

Para escribir buenos cuentos es necesario el oficio del escritor.

…para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circunstancias de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse este secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión… tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor”.

DE ACTUALIDAD LITERATURA

Casilda

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La periodista Casilda Sánchez Varela protagonizó el fenómeno editorial de la primavera de 2017 con su primera novela, Te espero en la última esquina del otoño, una gran historia con mimbres clásicos que fabula con personajes inspirados en sus padres, Paco de Lucía y Casilda Varela.

Su padre, Paco de Lucía, siempre le decía: “Tienes que escribir una novela”. Ella, que trabajaba como periodista -fue redactora de TELVA durante diez años-, soñaba con ver su nombre en uno de los libros que le llegaban cada día a la redacción. Pero no daba el paso a la ficción. “Olvídalo todo, deja el periodismo, vuélvete loca, ponte frente a la hoja en blanco y el resto irá saliendo solo”, le insistía él. Pero Casilda no se veía capaz. “Es que no tengo disciplina… Mira, que soy muy floja”, confiesa entre risas. Y cuando ríe, le sale la sal de Cádiz.

Paradójica o inconscientemente, la chispa que prendió su mecha literaria fue la repentina muerte de su padre, hace ahora tres años. Pocos meses después, Casilda dejó TELVA, se volcó con su hermano Curro en el guión de La búsqueda, el documental sobre su padre que ganó el Goya en 2015, y recibió una propuesta de la editorial Planeta para escribir la vida de Paco de Lucía.

¿Qué contestaste?

Que no, que ya había contado todo lo que quería contar de él en el documental, y que necesitaba un tiempo de duelo.

¿Y luego?

A mí lo que realmente me apetecía era escribir algo inspirado en mi madre. Así que me lancé, y a la vez cumplía el deseo de mi padre. Sabía que él era un genio, pero la genialidad de mi madre la he constatado con el tiempo.

¿Por qué es tan especial tu madre?

Tiene una personalidad fuera de lo común. Es valiente, ajena a los convencionalismos. Me fascina su forma de ver la vida. Cuando eres hija de alguien tan admirado y querido como Paco de Lucía, te planteas muchas cosas… ¿Qué admiramos de los demás? Mientras mi padre recibe el Premio Príncipe de Asturias y es aclamado por todo el mundo, mi madre está sola.

¿Eso te molestaba?

Eso me ha generado una necesidad de reivindicar también a mi madre y sus valores, que son los que en muchas familias pasan desapercibidos y en el fondo sostienen el mundo, los que tienen que ver con la sensibilidad, con los detalles, con la generosidad…

Primera página de la novela: A mi madre, mi ideología.

Fíjate lo difícil que es la coherencia en la vida… Pues ella es un monumento a la coherencia. No conozco a nadie que se haya mantenido tan fiel a sí misma y a sus principios como ella, pero sin postureo, sin reivindicaciones. Yo creo que ésta es la novela que a ella le gustaría haber escrito. No conozco una historia de amor como la de mis padres.

Entonces, ¿tu novela es la historia de amor de Casilda Varela y Paco de Lucía?

No, y quiero evitar ese equívoco. Hay conexiones, pero es una ficción. La figura de mi madre está algo más cercana a la realidad, aunque no es su biografía ni mucho menos, pero la de mi padre sólo se percibe en gestos, insinuaciones, en su sentido del humor… El resto es invención. Un lector que no sepa de quién es hija la autora, no descubrirá en absoluto la inspiración de los personajes.

¿Has investigado en la vida de tu madre?

No me ha hecho falta, porque ya me la sabía de memoria. He sido su gran confidente desde niña. Cuando era pequeña, para dormirme me contaba anécdotas de su vida en vez de cuentos: su infancia en Marruecos, su estancia en Irán, donde un general del Sha de Persia se enamoró de ella… Conozco su vida mejor que nadie, pero me ha llevado mucho tiempo entenderla. Tiene una personalidad complicadísima, llena de giros y laberintos. Mi padre siempre decía: “Me volví loco tratando de entenderla, ¡me daba puñetazos contra la pared!”.

La pareja protagonista de la novela, Chino y Cora, se aleja irremediablemente.

Mi madre siempre decía que su relación con mi padre hubiera durado toda la vida de no ser por las circunstancias. Tenían una afinidad como yo no he visto jamás. Venían de mundos distintos, de clases opuestas [ella, hija del general Varela y proveniente por parte materna de la alta burguesía vizcaína; él, de una familia humilde de Algeciras], y se entendían de maravilla. ¡El concepto alma gemela existe! Pero tuvieron muchas interferencias. Para mí, seguían estando muy unidos. Hablaban a menudo, incluso cuando ya estaban separados. Sólo he visto reír a mi padre a carcajadas con ella. Mi madre le hacía burla, se metía con él, ¡y mi padre se partía de risa! Ella tiene mucha imaginación, mucho colorido, sigue siendo como una niña. A mi padre eso le conquistaba.

¿Qué interferencias?

Sobre todo, una que también le ocurre al personaje de Chino en la novela: el peso de la fama. El éxito condicionó mucho a mi padre, le obligó a aislarse, con lo que a él le gustaba observar y estar con la gente… No soportaba que le tratasen como a un maestro, la falta de naturalidad le amargaba, le repelían los halagos…

NO CREO EN EL AMOR POMPOSO

Hay una subtrama, en la que teorizas sobre el amor.

Soy socióloga de formación y me inquietan los resortes que nos mueven. Creo que hoy en día los sentimientos están sobrevalorados. Parece que esperamos que todo sean sensaciones de plenitud y de éxtasis, y la vida no es así. Hay una pomposidad cuando se habla de amor que no me gusta. Me hace mucha gracia, por ejemplo, cuando alguien dice: “Yo es que me he separado de mi marido porque ya no sentía mariposas en el estómago…”. ¿Pero qué tonterías estamos diciendo?

¿Qué pensaba tu padre sobre esto?

Era un escéptico respecto al amor, le parecía que el enamoramiento te minimizaba, te quitaba visión de conjunto…

Es curioso, porque Chino en la novela me parece el personaje más romántico.

En el amor hay contradicción. Chino parece un pragmático, pero se convierte en romántico cuando descubre que ha estado toda la vida enamorado de Cora.

¿Qué lecturas te han inspirado para escribir?

Me gustan las novelas que te atrapan por la profundidad psicológica de los personajes. Cada mañana leía unas líneas de Madame Bovary y ya me estimulaba para escribir.

¿Qué ha sido lo más difícil?

La parte que está ambientada en Cádiz. No es fácil evitar el tópico del gaditano gracioso, pillar su deje, su sentido del humor… Mi padre era muy de su tierra, pero era sobrio, profundo, era el pescador, el que hablaba con metáforas.

¿Qué hubiera dicho él de tu novela?

(Imitando su acento gaditano). Esta niña… ¡qué cosas más raras escribe!

Yves Klein

Este francés fue un artista, hombre del espectáculo e inventor que creó un tono que nunca había existido antes. ¿Cómo pudo lograrlo?

Un día de verano en 1947, tres muchachos estaban sentados en una playa de Niza en el sur de Francia. Para matar el tiempo, decidieron hacer un juego y repartir el mundo entre ellos. Uno eligió el reino animal, otro el reino de las plantas.

Antes de tumbarse y contemplar el infinito azul del cielo, el tercer joven escogió el reino mineral. Luego, con la alegría de alguien que ha decidido repentinamente qué destino darle a su vida, se dirigió a sus amigos y anunció: “El cielo azul es mi primera obra de arte”.

Ese hombre era Yves Klein, a quien el crítico de arte Peter Schjeldahl de la revista estadounidense New Yorker describió en 2010 como “el último artista francés de gran impacto internacional”. En un período de creatividad prodigiosa que duró desde 1954 hasta su muerte en 1962, por un tercer ataque cardíaco, a los 34 años, Klein definió el curso del arte occidental.

Lo hizo gracias a su compromiso con el poder espiritualmente edificante del color: dorado, rosa, pero sobre todo azul. De hecho, su devoción cromática era tan profunda que en 1960 patentó un color de su invención, que llamó International Klein Blue (azul Klein internacional, en español).

Nacido en 1928, hijo de padres pintores, Klein siempre mostró una tendencia por la espectacularidad. Le encantaba la magia así como los rituales arcanos de la mística orden Rosacruz —un movimiento esotérico de origen medieval— cuya influencia se manifestó posteriormente en su trabajo. Después de pasar un año y medio aprendiendo judo en Japón a principios de 1950, finalmente se instaló en París y se dedicó al arte. Su primera exposición de pinturas monocromáticas en varios colores se llevó a cabo en las salas de exhibición de una casa editorial parisina en 1955.

Su corta carrera se caracterizó por la abundancia de gestos radicales, muchas veces con el toque de su talento para el espectáculo. Por ejemplo, para celebrar la inauguración de una exposición individual en 1957 lanzó 1001 globos azules llenos de helio en el distrito de St-Germain-des-Prés de París.

Al año siguiente, hizo una exposición que ahora se conoce como ‘The Void’, que consistía sólo en una galería vacía pero que atrajo a una multitud de 2.500 personas, que tuvo que ser dispersada por la policía.

“Salto al vacío”, su famosa fotografía en blanco y negro de 1960, muestra a Klein elevándose desde el parapeto de un edificio como un superhombre. Y como todos los actos de magia, la fotografía es en realidad un truco en el que la lona que en realidad sostenía a Klein no se ve.

Tal vez su performance más notorio tuvo lugar en marzo de 1960, en la inauguración de su exposición “Antropometrías de la Época Azul” en París. En esa ocasión Klein apareció ante el público vestido con un frac blanco, dirigiendo a tres modelos desnudas que se cubrían con una pintura azul pegajosa.

Mientras tanto, nueve músicos tocaban su Sinfonía monótona-silencio, que consistía en una sola nota interpretada durante 20 minutos, seguida por otros 20 minutos de silencio. Los cuerpos de las modelos pintadas eran impresos en un lienzo blanco, lo que Klein describió como “pinceles vivientes”.

“El genio de Klein es cada vez más evidente”, dice Catherine Wood, curadora de arte contemporáneo y performance del conocido museo londinense Tate Modern. “Ha sido tildado por algunos historiadores de arte como un charlatán o, debido al uso que hacía de modelos desnudas, como convencional y sexista, pero sus estrategias eran juguetonamente críticas y han adquirido una influencia significativa para las nuevas generaciones, Se podría decir que era un bromista crítico como Duchamp”.

Ampliando el espectro

A pesar de su influencia en el arte conceptual, Klein estaba más preocupado por el color. En 1956, mientras estaba de vacaciones en Niza, hizo experimentos con un aglutinante polimérico para preservar la luminiscencia y la textura en polvo de un pigmento ultramarino en crudo todavía inestable, su patentado International Klein Blue (IKB) en 1960.

En 1957 Klein inauguró una exposición en Milán, que incluía 11 pinturas monocromáticas azules sin enmarcar, que marcó el comienzo de su “Revolución Azul”. A partir de este momento el francés empezó a incorporar el IKB en todo tipo de objetos, como esponjas, globos y bustos de Venus. Incluso sus ‘pinceles vivientes’ sumergieron su carne en el IKB.

Yves Klein Derechos de autor de la imagen GETTY
Image caption. El ministro del Interior francés, Manuel Vallas, visitó una exposición de Yves Klein en Saint-Paul-de-Vence, en el sur de Francia en 2013.

Los historiadores de arte siguen debatiendo la importancia del azul ultramarino de Klein. Para algunos, representa una ruptura con la abstracción llena de angustia, tan popular después de la Segunda Guerra Mundial. Las pinturas monocromáticas planas en blanco, pintadas mecánicamente utilizando un rodillo, parecían repeler el arte expresionista.

Para otros expertos las pinturas monocromáticas sin profundidad de Klein y la obsesión con ‘el vacío’ son expresiones de la amenaza de un holocausto nuclear. “Es absolutamente necesario darse cuenta de que, sin exageración alguna, vivimos en la era atómica”, dijo Klein una vez, “En la que toda la materia física puede desaparecer de la noche a la mañana para dejar su lugar a lo que podemos imaginar como lo más abstracto”.

Como el artista dijo una vez: “Al principio no hay nada, luego hay un profundo vacío y después de eso una profundidad azul”.

Sin duda, sus pinturas monocromáticas ricas y radiantes comparten una característica singular: todas tienen una calidad vertiginosa que parece que nos succiona de la realidad hacia otra dimensión inmaterial. Mirarlas es comparable a meditar bajo un cielo azul profundo, algo que Klein quizás intuyó cuando era joven, en esa playa de Niza en 1947.

“De todos los colores que utilizó Klein, el azul ultramar se convirtió en el más importante. A diferencia de muchos otros colores, que crean bloqueos opacos, el azul ultramar reluce y brilla, aparentemente abriéndose a reinos inmateriales. Las pinturas monocromáticas azules de Klein no son pinturas, sino experiencias, pasadizos que conducen hacia el vacío”, explica Kerry Brougher, curador de la gran retrospectiva Yves Klein: With the Void, Full Powers, en el Museo Hirshhorn de Washington DC, en 2010.



*Alastair Sooke es crítico de arte de The Daily Telegraph. Escribe ampliamente pero no exclusivamente sobre arte moderno y contemporáneo y escribe y presenta documentales en televisión y radio para la BBC.

Puedes leer la nota original en inglés en BBC Culture

Marta Sanz

Breve apunte

Marta_Sanz Escritora

 

Marta Sanz Pastor (Madrid, 1967) es una escritora española.

Ha recibido importantes premios, como el Premio Herralde de novela (2015), el Ojo Crítico de Narrativa (2001) o el XI Premio Vargas Llosa de relatos. Fue finalista del Premio Nadal en 2006 y semifinalista del Premio Herralde en 2009.

Además de su obra como novelista, también ha escrito cuentos, poesía y ensayos, ha ejercido la crítica literaria en distintos medios (entre otros, en La tormenta en un vaso),6 la docencia en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid y ha dirigido la revista literaria Ni hablar. Colabora habitualmente en los periódicos El País (con crónicas de viajes en el suplemento «El Viajero») y en Público (en la sección «Culturas») y con la revista El Cultural de El Mundo.


Borges

 

(1899-1986), Escritor argentino cuyos desafiantes poemas y cuentos vanguardistas le consagraron como una de las figuras prominentes de las literaturas latinoamericana y universal.

Vida

Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, e hijo de un profesor, estudió en Ginebra y vivió durante una breve temporada en España relacionándose con los escritores ultraístas. En 1921 regresó a Argentina, donde participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas como Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro en la que publica esporádicamente; escribió poesía lírica centrada en temas históricos de su país, que quedó recopilada en volúmenes como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). De esta época datan sus relaciones con Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes y Oliveiro Girondo.

En la década de 1930, a causa de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego. A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional (1938-1947) y, más tarde, llegó a convertirse en su director (1955-1973). Conoce a Adolfo Bioy Casares y publica con él Antología de la literatura fantástica (1940). A partir de 1955 fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Durante esos años, fue abandonando la poesía en favor de los relatos breves por los que ha pasado a la historia. Aunque es más conocido por sus cuentos, se inició en la escritura con ensayos filosóficos y literarios, algunos de los cuales se encuentran reunidos en Inquisiciones. La historia universal de la infamia (1935) es una colección de cuentos basados en criminales reales. En 1955 fue nombrado académico de su país y en 1960 su obra era valorada universalmente como una de las más originales de América Latina. A partir de entonces se suceden los premios y las consideraciones. En 1961 comparte el Premio Fomentor con Samuel Beckett, y en 1980 el Cervantes con Gerardo Diego. Murió en Ginebra, el 14 de junio de 1986. Las posturas políticas evolucionaron desde el izquierdismo juvenil al nacionalismo y después a un liberalismo escéptico desde el que se opuso al fascismo y al peronismo. Fue censurado por permanecer en Argentina durante las dictaduras militares de la década de 1970, aunque jamás apoyó a la Junta militar. Con la restauración democrática en 1983 se volvió más escéptico.

Obra

A lo largo de toda su producción, Borges creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra, exigente con el lector y de no fácil comprensión, debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio autor escribió: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”. Ficciones (1944) está considerado como un hito en el relato corto y un ejemplo perfecto de la obra borgiana. Los cuentos son en realidad una suerte de ensayo literario con un solo tema en el que el autor fantasea desde la subjetividad sobre temas, autores u obras; se trata pues de una ficción presentada con la forma del cuento en el que las palabras son importantísimas por la falsificación (ficción) con que Borges trata los hechos reales. Cada uno de los cuentos de Ficciones está considerado por la crítica como una joya, una diminuta obra maestra. Además, sucede que el libro presenta una estructura lineal que hace pensar al lector que el conjunto de los cuentos conducirán a un final con sentido, cuando en realidad llevan a la nada absoluta. Otros libros importantes del mismo género son El Aleph (1949) y El hacedor (1960)

 

Por qué Borges es el autor argentino más reconocido mundialmente?

La fama internacional de Jorge Luis Borges oculta a veces lo que, más allá de la fruición, sus escritos pueden ofrecer como estímulo a nuevos horizontes de investigación.

Borges nos ha legado una literatura prolífica, que se distingue paradójicamente por su internacionalismo y por el amor nostálgico de algunos lugares míticos o mínimos: Buenos Aires, el Sur, Islandia, Inglaterra, el Lejano Oriente, ciertos patios, ciertas esquinas.

Profundamente filósofo de la poesía y poeta de la filosofía, presenta cada uno de sus escritos como un enigma ontológico. Muchas veces, al revés, un cuento o un poema reviste los rasgos de un tratado.

Ontologías fantásticas, etimologías transversales, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos inventados, son parte del paisaje inmenso que las obras de Borges ofrecen al estudioso o al hedónico lector. Se lo ha presentado, con razón, como el erudito más grande de este siglo, lo cual no impide que la lectura de sus escritos suscite momentos de viva emoción o de simple distracción.

Hombre de ficción literaria, paradójicamente preferido de semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece, por la perfección de su lenguaje, la erudición de sus conocimientos, el universalismo de sus ideas, la originalidad de sus ficciones, la belleza de su poesía, una verdadera Summa que honra a la lengua española y al espíritu universal.

 

Extracto del Blog “Rincón del Vago”

Marta Sanz

Breve apunte

 

Marta Sanz Pastor (Madrid, 1967) es una escritora española.

Ha recibido importantes premios, como el Premio Herralde de novela (2015), el Ojo Crítico de Narrativa (2001) o el XI Premio Vargas Llosa de relatos. Fue finalista del Premio Nadal en 2006 y semifinalista del Premio Herralde en 2009.

Además de su obra como novelista, también ha escrito cuentos, poesía y ensayos, ha ejercido la crítica literaria en distintos medios (entre otros, en La tormenta en un vaso),6 la docencia en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid y ha dirigido la revista literaria Ni hablar. Colabora habitualmente en los periódicos El País (con crónicas de viajes en el suplemento «El Viajero») y en Público (en la sección «Culturas») y con la revista El Cultural de El Mundo.

Yves Klein

Este francés fue un artista, hombre del espectáculo e inventor que creó un tono que nunca había existido antes. ¿Cómo pudo lograrlo?

Un día de verano en 1947, tres muchachos estaban sentados en una playa de Niza en el sur de Francia. Para matar el tiempo, decidieron hacer un juego y repartir el mundo entre ellos. Uno eligió el reino animal, otro el reino de las plantas.

Antes de tumbarse y contemplar el infinito azul del cielo, el tercer joven escogió el reino mineral. Luego, con la alegría de alguien que ha decidido repentinamente qué destino darle a su vida, se dirigió a sus amigos y anunció: “El cielo azul es mi primera obra de arte”.

Ese hombre era Yves Klein, a quien el crítico de arte Peter Schjeldahl de la revista estadounidense New Yorker describió en 2010 como “el último artista francés de gran impacto internacional”. En un período de creatividad prodigiosa que duró desde 1954 hasta su muerte en 1962, por un tercer ataque cardíaco, a los 34 años, Klein definió el curso del arte occidental.

Lo hizo gracias a su compromiso con el poder espiritualmente edificante del color: dorado, rosa, pero sobre todo azul. De hecho, su devoción cromática era tan profunda que en 1960 patentó un color de su invención, que llamó International Klein Blue (azul Klein internacional, en español).

Nacido en 1928, hijo de padres pintores, Klein siempre mostró una tendencia por la espectacularidad. Le encantaba la magia así como los rituales arcanos de la mística orden Rosacruz —un movimiento esotérico de origen medieval— cuya influencia se manifestó posteriormente en su trabajo. Después de pasar un año y medio aprendiendo judo en Japón a principios de 1950, finalmente se instaló en París y se dedicó al arte. Su primera exposición de pinturas monocromáticas en varios colores se llevó a cabo en las salas de exhibición de una casa editorial parisina en 1955.

Su corta carrera se caracterizó por la abundancia de gestos radicales, muchas veces con el toque de su talento para el espectáculo. Por ejemplo, para celebrar la inauguración de una exposición individual en 1957 lanzó 1001 globos azules llenos de helio en el distrito de St-Germain-des-Prés de París.

Al año siguiente, hizo una exposición que ahora se conoce como ‘The Void’, que consistía sólo en una galería vacía pero que atrajo a una multitud de 2.500 personas, que tuvo que ser dispersada por la policía.

“Salto al vacío”, su famosa fotografía en blanco y negro de 1960, muestra a Klein elevándose desde el parapeto de un edificio como un superhombre. Y como todos los actos de magia, la fotografía es en realidad un truco en el que la lona que en realidad sostenía a Klein no se ve.

Tal vez su performance más notorio tuvo lugar en marzo de 1960, en la inauguración de su exposición “Antropometrías de la Época Azul” en París. En esa ocasión Klein apareció ante el público vestido con un frac blanco, dirigiendo a tres modelos desnudas que se cubrían con una pintura azul pegajosa.

Mientras tanto, nueve músicos tocaban su Sinfonía monótona-silencio, que consistía en una sola nota interpretada durante 20 minutos, seguida por otros 20 minutos de silencio. Los cuerpos de las modelos pintadas eran impresos en un lienzo blanco, lo que Klein describió como “pinceles vivientes”.

“El genio de Klein es cada vez más evidente”, dice Catherine Wood, curadora de arte contemporáneo y performance del conocido museo londinense Tate Modern. “Ha sido tildado por algunos historiadores de arte como un charlatán o, debido al uso que hacía de modelos desnudas, como convencional y sexista, pero sus estrategias eran juguetonamente críticas y han adquirido una influencia significativa para las nuevas generaciones, Se podría decir que era un bromista crítico como Duchamp”.

Ampliando el espectro

A pesar de su influencia en el arte conceptual, Klein estaba más preocupado por el color. En 1956, mientras estaba de vacaciones en Niza, hizo experimentos con un aglutinante polimérico para preservar la luminiscencia y la textura en polvo de un pigmento ultramarino en crudo todavía inestable, su patentado International Klein Blue (IKB) en 1960.

En 1957 Klein inauguró una exposición en Milán, que incluía 11 pinturas monocromáticas azules sin enmarcar, que marcó el comienzo de su “Revolución Azul”. A partir de este momento el francés empezó a incorporar el IKB en todo tipo de objetos, como esponjas, globos y bustos de Venus. Incluso sus ‘pinceles vivientes’ sumergieron su carne en el IKB.

Los historiadores de arte siguen debatiendo la importancia del azul ultramarino de Klein. Para algunos, representa una ruptura con la abstracción llena de angustia, tan popular después de la Segunda Guerra Mundial. Las pinturas monocromáticas planas en blanco, pintadas mecánicamente utilizando un rodillo, parecían repeler el arte expresionista.

Para otros expertos las pinturas monocromáticas sin profundidad de Klein y la obsesión con ‘el vacío’ son expresiones de la amenaza de un holocausto nuclear. “Es absolutamente necesario darse cuenta de que, sin exageración alguna, vivimos en la era atómica”, dijo Klein una vez, “En la que toda la materia física puede desaparecer de la noche a la mañana para dejar su lugar a lo que podemos imaginar como lo más abstracto”.

Como el artista dijo una vez: “Al principio no hay nada, luego hay un profundo vacío y después de eso una profundidad azul”.

Sin duda, sus pinturas monocromáticas ricas y radiantes comparten una característica singular: todas tienen una calidad vertiginosa que parece que nos succiona de la realidad hacia otra dimensión inmaterial. Mirarlas es comparable a meditar bajo un cielo azul profundo, algo que Klein quizás intuyó cuando era joven, en esa playa de Niza en 1947.

“De todos los colores que utilizó Klein, el azul ultramar se convirtió en el más importante. A diferencia de muchos otros colores, que crean bloqueos opacos, el azul ultramar reluce y brilla, aparentemente abriéndose a reinos inmateriales. Las pinturas monocromáticas azules de Klein no son pinturas, sino experiencias, pasadizos que conducen hacia el vacío”, explica Kerry Brougher, curador de la gran retrospectiva Yves Klein: With the Void, Full Powers, en el Museo Hirshhorn de Washington DC, en 2010.



*Alastair Sooke es crítico de arte de The Daily Telegraph. Escribe ampliamente pero no exclusivamente sobre arte moderno y contemporáneo y escribe y presenta documentales en televisión y radio para la BBC.

Puedes leer la nota original en inglés en BBC Culture