El jardín de senderos


Tengo que contaros algo.

Empecé a amar la Literatura cuando tenía diecisiete años. Entonces yo era una niña. Era la mayor de cuatro hermanas y la educación en mi casa era muy exigente. Sentía cómo crecía dentro de mí una cada vez más aguda necesidad de escaparme de aquella atmósfera un tanto sofocante para mi adolescencia, y quise buscar en el exterior una vida que me permitiera «crecer» como persona. —Así pensaba yo— porque en aquel momento todo me era negado, salvo asumir unas responsabilidades dictadas con devoción y corrección. El resultado de los esfuerzos que hiciera nunca sería el suficiente.

Mister Evans era un soñador; un filósofo, un pensador, un gran hombre y un magnífico profesor.

Su rala melena blanca no impedía que su aspecto fuese el de un hombre admirable con sus casi dos metros de altura que movía con una especie de desgana engañosa. Como su sonrisa. Como su mirada. Durante los años que estuvimos en contacto, él no olvidó nunca de vestir su vieja gabardina que llevaba desabrochada de forma permanente. Quizás fuese una seña de identidad. Otra, su pajarita, siempre de color verde oliva, que rodeaba y anudaba al cuello de su camisa arrugada y blanquecina. Sus maneras eran despaciosas, silenciosas y elegantes.

Nadie faltaba a sus clases, eran como una celebración. Todos y cada uno de nosotros representábamos para él un papel importante en aquella liturgia literaria que se extendía más allá de los horarios lectivos.

Supongo que en aquella época estábamos todos agradecidos de tener una persona con un cierto carisma paternal, un líder a quien admirar y seguir, siendo que estábamos todos muy lejos de nuestras familias.

Sus alumnos le adorábamos.

Empecé entonces a interpretar y comprender los textos más complejos y difíciles que había leído hasta entonces. Me atreví a delirar, lápiz en mano, frente a cientos de hojas de papel en blanco.

La vida me llevó más tarde a interpretar las historias que leía, o quizás era que mis vivencias, mis obsesiones, mis sueños, mis desvaríos los encontraba curiosamente en libros escritos por otros autores, mucho antes de que yo hubiera nacido.


Notas poéticas encontradas en
«El jardín de senderos que se bifurcan»

Cuento escrito en 1941 por el escritor y poeta argentino Jorge Luis Borges.

Subí a mi cuarto; absurdamente cerré la puerta con llave y me tiré de espaldas en la estrecha cama de hierro. En la ventana estaban los tejados de siempre y el sol nublado de las seis.

Reflexioné que «todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y solo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí…»

Mi voz humana era muy pobre…

Me incorporé sin ruido, en una inútil perfección de silencio… como si alguien estuviera acechándome.

Un soldado herido y feliz.

El tren corría con dulzura, entre fresnos…

El camino solitario… lentamente bajaba. Era de tierra elemental, arriba se confundían las ramas, la luna baja y circular parecía acompañarme.

Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros.

Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El vago y vivo campo, la luna, los restos de la tarde obraron en mí asimismo el declive que eliminaba cualquier posibilidad de cansancio. La tarde era íntima, infinita. El camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del viento, empañada de hojas y de distancia. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país; no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes.

La música era china. Por eso yo la había aceptado con plenitud, sin prestarle atención.

Un farol de papel que tenía la forma de los tambores y el color de la luna.

Leí con incomprensión y fervor estas palabras que con minucioso pincel redactó un hombre de mi sangre…



Imagen de Relatos caóticos

Escuchando a… J.L. SAMPEDRO


Artículo de Luis Sánchez Mellado – El País – 12/6/2011

José Luis Sampedro (Barcelona, 1917 – 2013) siempre aspiró a ser él mismo «al máximo». Hijo de un médico militar, creció en Tánger (arriba, con cuatro años) y otras plazas a las que su padre fue destinado. La Guerra Civil le sorprendió en Santander con 19 años, cuando acababa de aprobar una oposición a funcionario de aduanas. «Hombre de orden», fue movilizado por el Ejército de la República, aunque después se pasó al bando nacional.
La Universidad, a la que acudió de mayor y donde es catedrático de Estructura Económica, fue el germen de su disidencia intelectual y moral con la dictadura. Economía humanista es su obra más conocida en este campo.
Escritor y académico, sus novelas El río que nos lleva, La sonrisa etrusca- han tenido éxito de público y se han llevado al cine y al teatro. En 2011 ha recibido la Orden de las Artes y las Letras.

«Mi única ambición ahora es morir como un río en el mar. Ya noto la sal»

«Esto acaba por degradación moral. Hemos olvidado justicia y dignidad»

«Me pueden apartar y jubilar. Pero no me pueden jubilar de mí mismo»

Nos encontramos en su apartamento alquilado en la misma arena de la playa de Mijas (Málaga) días antes de que los indignados tomaran la Puerta del Sol. Se le veía frágil. Un gigante de metro noventa todo piel y huesos y ojos transparentes clavándose en los del prójimo. Un místico. Pero, un místico lúcido. Y enamorado. Su esposa, la escritora Olga Lucas, 30 años menor, le sostiene en todos los sentidos. Ella es sus oídos, sus ojos y sus antenas. Pero, el que piensa -y el que actúa pensando- es él. Juntos firman Cuarteto para un solista (Plaza y Janés), la «novela de ideas o ensayo novelado» que publica ahora y que constituye su testamento intelectual. Quisimos verle de nuevo para saber cómo saludaba, por fin, la reacción de los jóvenes. No fue posible. El celo de Olga le protege del mundo. Quizá de más. Pero gracias a ella está vivo, o eso dice él.

  • ¿Cómo ve el mundo desde aquí?

Nuestro tiempo es para mí, esencialmente, un tiempo de barbarie. Y no me refiero solo a violencia, sino a una civilización que ha degradado los valores que integraban su naturaleza. Un valor era la justicia. Dígame si Guantánamo o lo que pasa en China es justicia. Se juzga a la gente en virtud de la presunción de culpabilidad. Todo eso del ataque preventivo, un nombre eufónico para hablar de la ley de la selva. En 2000 años, la humanidad ha progresado técnicamente de forma fabulosa, pero, nos seguimos matando con una codicia y una falta de solidaridad escandalosa. No hemos aprendido a vivir juntos y en paz.

  • En su libro, los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire, se reúnen para lograr la supervivencia de los humanos.

Sí, porque el hombre los está olvidando. Los cuatro se preocupan porque, al alejarse de ellos, se aleja de su naturaleza. Se ha creído más de lo que es, se piensa por encima del cosmos. Los cuatro dicen: mientras crean en nosotros, serán humanos. Si no, peligran.

  • Dice que el hombre es al universo lo que la neurona al hombre: una célula pensante, pero, una más.

Dentro de mí hay millones de células como dentro del cosmos hay millones de seres. El hombre tiene dos peculiaridades: la palabra, y con ella el pensamiento, las ideologías y las creencias. Y la sensación de superioridad, pensar que es inmortal. Eso es lo que los cuatro no reconocen. Una cosa es la vida espiritual, incluso el sentimiento de que hay más allá, y otra las religiones con funcionarios que las explotan. Cuando el hombre se cree por encima de la naturaleza, piensa que puede transformarla, iluso.

  • ¿Qué le sugiere que en el siglo XXI se declare santo a Juan Pablo II, fallecido hace cinco años?

Hay una gran diferencia entre verdad y creencia. La verdad es la que podemos comprobar, y las creencias pertenecen a la zona imaginaria.

  • Pero, esa creencia articula la vida de millones de personas.

Y conduce a la idea de que hace falta una administración para entretener las almas, repararlas si se deforman, asegurarles si hacen todo bien un asiento en el paraíso. Para determinar nuestra conducta, las creencias son más importantes que la verdad. Y los que creen en esa inmortalidad hacen bien en comportarse según ella. Lo que hacen mal es exigir que los demás lo hagan.

  • Obviamente, no es creyente.

Yo no puedo decir si hay Dios o no. Creo que no, pero no tengo seguridad. Ahora, tengo la seguridad de que el Dios que nos vende el Vaticano es falso, y lo compruebo leyendo la Biblia con la razón y no con la fe. Cuando creemos lo que no vemos, acabamos por no ver lo que tenemos delante.

  • En su vida habrá habido gozo y sufrimiento. ¿No envidia la paz de los creyentes?

Esa es una de las razones por las que existen religiones, hay quien se cree a los dioses porque se ve inseguro ante el mundo. Además, todos tenemos necesidad de afecto, y pensar que hay alguien que nos protege es consolador. Pero, mi actitud de no usar ese consuelo también. Mire, yo estoy a punto de morirme y estoy tan tranquilo. Gracias a ella [mira a su esposa], que me da una enorme tranquilidad y a la que le debo la vida. Si no fuera por ella, yo estaba muerto hace tiempo.

  • ¿El amor es el consuelo del agnóstico?

La gente suele identificar el amor con el hecho de hacer el amor, y piensa que a mi edad no tiene sentido. Claro que lo tiene. La compenetración, el afecto, el saberse sin hablar. Para mí, eso es más que siete Nobel. El goce de la vida no es cuestión de cantidad, sino de sensibilidad, intensidad, compenetración. La ternura da una intensidad profundísima. Y para eso no necesito el alma, tengo la mente. El cerebro, a base de combinar ideas como hace, peor, un ordenador, construye un mundo mental que da las sensaciones que se atribuyen al alma. Yo tengo memoria, algún entendimiento y voluntad. El mundo es energía. Todos tenemos una chispa. A lo que llaman alma, yo lo llamo mente.

  • ¿Y frente al miedo a la muerte?

Frente al exterior que no podemos conocer del todo hay una actitud de inquietud e indefensión. Eso nos lleva a decir: voy a transformar el mundo, como dicen ahora. Yo no pretendo cambiarlo, sino estar en armonía con él, y eso supone una vida que cursa como un río. El río trisca montaña abajo, luego se remansa, y llega un punto, como estoy yo, en que acaba. Mi ambición es morir como un río, ya noto la sal. Piense en lo bonito de esa muerte. El río es agua dulce y ve que cambia. Pero, lo acepta y muere feliz porque cuando se da cuenta ya es mar. Ese es un consuelo. No necesito la esperanza de un personaje que me acoja. Admito que haya más allá, pero, no un señor pendiente de José Luis.

  • Y que lo mande al cielo o al infierno. O que diga, a este lo pongo en coma y lo tengo así seis meses.

Eso no es vida humana, eso es ser una coliflor. Pero, hay quien dice: Dios es el dueño de la vida, y hay que agradecerle y dedicarle mi sufrimiento. Pero, bueno, ¿qué creencia tiene quien piensa que Dios se regocija con el sufrimiento? Esas ideas me parecen monstruosas. Estar contra la eutanasia, con garantías, me parece de una irracionalidad propia de una mentalidad primitiva.

  • ¿Ha hecho testamento vital?

No, pero, ella [su esposa] sabe que, llegado el momento, quiero que me dé el potingue. [Interviene ella: «Sí, pero, tienes que hacerlo, no quiero ir a la cárcel»]. Lo haremos. Hay que aceptar que acabamos. A mí me han dado la vida, quien fuera, y he procurado hacer lo que debemos hacer todos, vivir. Pero, vivir siendo quienes somos, solo así alcanzaremos el máximo nivel. Para mí, el desarrollo de un país no es que se ponga a la altura de Estados Unidos. Es que desarrolle sus posibilidades al máximo. Yo fui una semilla, y he tratado de ser yo al máximo. No sé si mi obra es buena o mala, lo que digo es que la hice lo mejor que pude. Como neurona, he tratado de incorporar la mía a los demás, porque somos todos juntos y un hombre solo no es nada.

  • Dicen que China está a punto de superar a Estados Unidos en desarrollo.

El desarrollo está pensando en la rentabilidad. Lo importante no son esas tres palabras que ahora todo lo mandan: productividad, competitividad e innovación. En vez de productividad, propongo vitalidad; en vez de competitividad, cooperación, y frente a esa innovación que consiste en inventar cosas para venderlas, creación. Esa es otra. El arte es mercancía. Esos artistas como Hirst, que cogen una cabeza de vaca, le ponen un diamante y se forran. Perdonen, pero, eso no me parece desarrollo. El desarrollo humano sería el que condujera a que cesaran las luchas y supiéramos tolerarnos. Y ser libres, pero, todos, porque la libertad es de todos o no es.

  • Decía usted: «¿Libertad? Vaya a un supermercado sin dinero y verá lo libre que es».

El mercado no da la libertad. La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada a la responsabilidad del que maneja. Lo sabían los revolucionarios franceses: libertad, igualdad, fraternidad. Hay que tener el pensamiento libre y crítico. Para ser yo, la poca cosa, la neurona que sea, necesito pensar con libertad. Con la libertad de la cometa. Mire las elecciones. Hay unas campañas fabulosas para inculcar a la gente lo que tiene que votar. Y como el poder tiene unos medios extraordinarios de difusión, que son de persuasión, logra que se vote a quien se vota y pase lo que pasa.

  • ¿Y qué pasa?: ganan unas veces unos y otras otros.

Pues mire, usted perdone que me extrañe de que la gente vote a un señor como Berlusconi.

  • ¿Eso es porque la gente no piensa?

Porque la gente no hace crítica, ya que, acepta la creencia que le proponen a base de bombardearle con los medios. Los titulares de los periódicos son efímeros, tienen muy poca importancia frente a cosas como Guantánamo, un insulto a la justicia y a la inteligencia. ¿Y de Japón? ¿Y de Haití? Del sida en África, o de la falta de educación, no habla nadie porque no interesa al poder, que es el que dispone de los medios, que dicen lo que al poder le interesa. Contra eso hay que indignarse, reaccionar y decir no.

  • ¿Me está diciendo que los periodistas trabajamos a las órdenes del poder y el mercado?

No todos. Los hay que se resisten y reaccionan. Pero, incluso los que siguen la corriente lo hacen inconscientemente: eso que llaman la información es una parte de lo que pasa, ocultando todo lo demás. Como cuando en una biblioteca hay libros delante y no dejan ver lo de atrás. Lo hacen inconscientemente porque saben que eso es lo que vende.

  • Ahora se sabe la audiencia exacta de cada noticia y existe la tentación de ofrecer lo que se pide.

Claro, a mí me hacen muchas veces el elogio del ordenador. Estoy de acuerdo, pero si usted se acostumbra a consultar el ordenador en vez de pensar, acabará pensando lo que le diga el ordenador. Esto es parecido. El periodista sabe que o hace lo que conviene o se arriesga, y se lo piensa.

  • Su protagonista es un viejo profesor internado en un sanatorio. Su psiquiatra dice que antes sus pacientes eran los deprimidos, y ahora, los ansiosos. ¿Eso tiene que ver con el progreso que nos arrolla?

Eso me lo dijo mi amigo, el doctor Valentín Fuster. Algo de eso hay. Fíjese en que cada vez dependemos más de las creaciones mecánicas y científicas. Piense cuánto tiempo dedicamos a usar máquinas. Yo no sé ni hablar por el móvil, no me interesa. Gracias a mi mujer, que se entera de lo que hay y me lo cuenta.

  • Pero el mundo es el que es. ¿La alternativa es volver al pasado?

Otra cosa que decía Fuster: vamos a parar y hablar del asunto. Pero no son capaces. Los que tienen poder quieren más poder; los que tienen dinero, más dinero; los banqueros que están forrados quieren sueldos más altos, y a la vez le dicen al obrero que hay que trabajar más y cobrar menos, ¡pero bueno! ¿Por qué no se para un rato la rueda y se reflexiona? Porque a los que mandan no les conviene, por eso no favorecen el pensamiento crítico, sino el transmitido por sus medios y por la educación, porque eso empieza en la niñez. Ahora lo de Bolonia es entregar la Universidad a los financieros e industriales. Y se estudiará lo que convenga para producir más.

  • Algunos piensan que hay que estudiar lo que se precisa. Que de la pasión no se vive.

Yo aconsejo que el chico haga lo que le guste, porque rendirá más y vivirá más feliz, aunque gane menos. Una razón por la que hay tanto paro es que nuestro boom estaba montado en esto [señala las torres de la playa]. Era especulación. Además, se atrajo a una mano de obra que no está capacitada para nada más. Ahora cómo la trasladas. Fíjese que la productividad se consigue con máquinas, todo elimina mano de obra. El músculo no encuentra trabajo. Yo mismo ahora no sería capaz de dar clases porque no manejo el ordenador. Si hubiera sensatez, si nos educaran para ello, reaccionaríamos y diríamos: alto, paremos a pensar. Racionalicemos el crecimiento demográfico.

  • En España somos los menos prolíficos del mundo.

La reflexión la ha de hacer el mundo entero. Vamos a redistribuir la producción. El poder no quiere reflexionar porque no le interesa cambiar. Mientras, se corrompe todo, el sistema se hunde, entramos en esta barbarie. Como pasó al final de Roma. Ahora viene otra sociedad. El sistema capitalista se ha terminado: ya no funciona.

  • ¿Cuánto de vida le da? ¿Llegará a verlo?

No se lo puedo decir, pero estoy seguro de que en este siglo se empezará a notar la imposibilidad de mantener el desarrollo y las políticas autoritarias de esta manera, que encuentran cada vez más resistencia, y habrá cambios profundos. Quizá la primera reacción del poder sea el autoritarismo y entraremos en un despotismo científico. En el siglo XVIII hubo un despotismo ilustrado, ahora habrá una situación en la que unos ricos selectos dispongan de todo el progreso mientras en África y Asia hay lo que hay.

  • ¿La brecha científica separará a ricos y pobres?

La ciencia está en manos del dinero. Pero las creaciones científicas se hacen con un propósito y luego tienen otras consecuencias. Internet ha permitido lo que llaman globalización: pasar el poder de los políticos a los financieros. Pero la globalización, al tiempo que ha permitido a los ricos dominar más el mercado, ha creado los foros sociales que pueden minarles.

  • En el sistema está el germen de la disidencia.

Claro, crea armas para otros, son consecuencias no deseadas de la técnica creada a demanda del poder. Ocurrirán cosas que no puedo prever, pero que conducirán a una situación distinta.

  • En su libro parece que tenía previsto el terremoto, el tsunami y el desastre nuclear de Japón.

Hombre, es que tiene que pasar. Lo que me sorprende del tsunami es que una técnica como la nuclear, avanzadísima y todo lo que quiera, sabe poner en marcha una central, pero no sabe pararla. Y pasa no solo en la técnica. El Gobierno americano es capaz de montar Guantánamo, y resulta que no es capaz de desmantelarlo. Que no se les suban tanto las campanillas a los líderes científicos y políticos. Tienen puntos débiles.

  • ¿Qué le pareció la reacción del pueblo japonés ante la catástrofe, o los islandeses que han emplumado a los financieros?

En Islandia ha ocurrido esto porque es un país pequeño donde hay la posibilidad de unirse, aquí no. Estamos divididos deliberadamente para que seamos menos eficaces. La civilización moderna trata de individualizarnos y decirnos: usted es un individuo, usted es el rey de la creación, usted elija, usted tiene derecho, usted tiene libertad. Si aquí se reunieran todos los jóvenes, pero todos, podrían hacerse grandes cambios. Pero no se harán, porque los del PP harán lo que les dicen, y los del PSOE harán lo mismo.

  • ¿No hay también apatía y conformismo de la mayoría?

Sí, porque al mismo tiempo que nos dividen y nos mantienen en la ignorancia, nos ofrecen otros alicientes: el espectáculo, los festivales, el fútbol, y se desahogan por ese lado. Está todo montado también para ocultar lo que pasa detrás de la cortina. En cambio, nadie parece darse cuenta de que el señor Rajoy es el primer aliado de los que nos causan los problemas de crédito, porque dice en todos los foros que España está muy mal. La gente no reflexiona sobre eso, porque esa es una razón para no votar a esas personas que denigran a su país solo porque no son ellos los que gobiernan.

  • Llevamos ocho años de Gobierno socialista. ¿No han estado a la altura?

No, por una razón muy sencilla: no son socialistas. Es un Gobierno capitalista que pasa por socialdemócrata. El socialismo no habría privatizado Telefónica. Ahora anuncia que va a despedir a 8.000 obreros; si fuera del Estado, no lo haría. Y dirán: la empresa pública es menos rentable. Pero ¿para quién? Las empresas privadas dan más dinero para el director, no para los obreros. Y si viene otro Gobierno, será más capitalista aún. Los Gobiernos no evitaron la crisis financiera y los pueblos siguen votando a quien ha hecho las cosas mal. ¿Quiénes provocaron la crisis?: los banqueros. ¿Quiénes salieron antes?: los banqueros. ¿Quiénes siguen ganando mientras el resto está parado?: los banqueros. ¿Quiénes les manda?: el capital.

  • Hablando de los trabajadores que ‘sobran’, la gente tendrá que trabajar para sobrevivir.

Claro, pero si trabajan todos, tendría que ser en producciones de más baja rentabilidad. Y al poder, eso le tiene sin cuidado. Mientras mande el capital, esto no tiene arreglo, pero entretanto se está erosionando el sistema por dentro. Habrá una gran reacción, si sigue la cosa así, esto no puede continuar.

  • ¿Esto va a explotar?

Sí, esto se acaba. No le puedo decir cómo, pero lo estoy viendo, y además por degradación ética y moral, porque se han olvidado de la solidaridad, de la justicia, de la dignidad. La corrupción es que los hombres que han de gobernar se ofrecen en venta. El capitalismo lo convierte todo en mercancía. Somos naturaleza, y poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.

  • ¿Este libro es una especie de testamento intelectual?

Bueno, aún estoy aquí y escribo cada día. Ahora estoy tomando notas pensando en hacer una cosa breve, porque no puedo hacer planes para una novela. Quisiera hacer un librito sobre mi visión del mundo originado en el vacío, y en el vacío surge la energía.

  • Siempre tiene las mismas obsesiones.

Sí, sobre todo desde que empecé a despejar cosas que me habían enseñado y a ver al hombre como especie biológica, como un ser privilegiado, pero natural.

  • ¿Cómo ve su vida desde sus 94 años?

Yo me considero un inmigrante en esta España. La manera de ser se construye en la adolescencia. Yo me construí en la España de los años treinta. En el 36, tenía 19 años, empezaba a vivir. Y entonces vino la catástrofe. Soy un inmigrante que no puede volver a su país porque ha desaparecido. En la Guerra Civil estuve en los dos campos, pero la dictadura fue una monstruosidad, aún hay quien dice que se vivía con placidez, serían ellos. La Universidad fue decisiva, dar clase es para mí tan importante como la literatura y la economía. Luego vino la etapa de padre de familia. Tuve la desgracia de perder a mi mujer, y no pensaba casarme, pero quién se resiste [mira a su esposa]. Nos encontramos en el balneario de Alhama. Yo iba cada año porque tenía lumbago. Ella se fue a su sitio, yo al mío, nos escribimos y hasta hoy.

  • ¿Uno se enamora de forma distinta a los 80 años que a los 30?

En el fondo se enamora uno igual, los dioses cambian de ropa, pero así son los dioses. Y las diosas. Tuve esa suerte, y aquí estoy, feliz.

  • ¿Cuáles han sido los placeres de su vida?

Placeres sencillos: la lectura ha sido extraordinario. Con la música he disfrutado muchísimo, he tocado un poco el piano y el violín, pero sobre todo he escuchado, y ahora la sordera me priva de esto. La contemplación ha sido importante. Hablo muchísimo conmigo, me trato mucho.

  • ¿Y discuten?

A veces. La felicidad en gran parte es llevarse bien con uno, y luego con los que están cerca.

  • Dice que esta casa frente al mar es su sanatorio de reposo mental. ¿Qué encuentra aquí?

He comprado todo lo que se ve desde la terraza, sí, es mío. Usted se ríe, pero, imagine que soy archi millonario y he adquirido ese trozo de mar, ¿qué haría con él? Pues lo mismo que ahora, porque no tengo la obsesión de ser propietario, que es lo que hace que los ricos compren la vaca de Hirst. Lo contemplaría, pasearía y dejaría que la gente se moje, porque no me perjudica. Pero la gente quiere ser propietaria, porque quiere mandar, y quien posee una cosa quiere otra. Hace falta menos para vivir bien.

  • ¿Qué es lo imprescindible?

El afecto. Y quien no lo tenga, afecto hacia sí mismo, hacia la naturaleza, hacia un perro. Fuster, a los estresados, les decía: cómprese un animal de compañía, aunque sea un loro, y hable con él. No se precisa mucho más.

  • En este siglo de tantos inventos, ¿de cuál disfruta más?

De los libros y la música.

  • Me refería a algo de la modernidad.

El ascensor es un gran invento.

  • Si no tiene propiedades, ¿cuál es su patrimonio?

Mis ideas, mi memoria, lo que tengo en la cabeza, lo que soy. Aprendiz de mí mismo, eso he sido toda mi vida.

  • En el libro dice: «Me pueden apartar, me pueden jubilar, pero no me pueden jubilar de mí mismo».

Mientras me rija la cabeza y pueda ir al baño solo, estoy aquí tan campante. Ya lo he dicho: mi única ambición es morirme sin molestar.

  • Pero no le veo triste.

Por qué voy a estarlo, no puedo estar mejor para mi edad.

  • Me refiero a ese Apocalipsis del que habla.

Hasta hace poco pensaba que esta barbarie era una tragedia. Ahora creo que es una crisis de evolución de un sistema a otro. El cosmos no para de cambiar. Y lo mismo que ha inventado la vida y la cultura humana, inventará lo nuevo, el sistema que sustituirá al capitalismo. Yo tengo mi consuelo en mi manera de pensar, y acepto lo que se me viene encima. Por qué voy a estar triste, si estamos rodeados de milagros. Piense en un huevo. Un gran invento sin técnicos, sin científicos, sin nada. El huevo es una maravilla.


Con mi agradecimiento a ALBV 

Culto y/o inteligente



“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.

Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.

La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota

Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable.

De ahí que surja entonces el “ser inteligente” como una especie de defensa: quizá no todos seamos cultos, pero indudablemente todos somos inteligentes. Para algunos no tener cultura se compensa con el hecho de, por ejemplo, poder resolver problemas con facilidad, o vivir con sencillez, sin crearse esos laberintos absurdos en los que a veces se mete la gente culta.

Sólo que ninguna categoría es mejor que otra. Desafortunadamente, es cierto que tanto la cultura como la inteligencia están relacionadas con la desigualdad inevitable del sistema de producción hegemónico. La desnutrición, por ejemplo, tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo de un niño, y sabemos bien que hay sociedades más desnutridas que otras. Igualmente la cultura, a pesar de todos sus sueños humanistas, se ha convertido en un producto de consumo, lo cual provoca que surja y se destine a personas que puedan adquirirla.

Quizá por eso hay un punto en el que ser inteligente parezca más atractivo que ser culto. ¿Para qué cultivarse, si la cultura también sirve para humillar y diferenciar? ¿Para qué cultivarse si, con eso, también se alimenta esa maquinaria despiadada de producción-consumo-deshecho? Conflictos en donde la cultura está involucrada y, por eso mismo, no parece probable que sea un camino para solucionarlos.

¿Y la inteligencia? Quizá ahí se encuentren otras posibilidades. A pesar del dicho de Proust —“Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia”—, quizá la inteligencia sea ese salvoconducto que nos lleve fuera de las posturas falsas y los simulacros de la cultura contemporánea.

En general no se conoce la diferencia entre ser inteligente y ser intelectual”.
¿Y cuál es esa diferencia?

El gesto de tributar la cultura a la autenticidad para aceptar así que, a lo sumo, podremos responder dos o tres preguntas en la vida, poco más o poco menos, y será suficiente, y será más auténtico que todas esas preguntas que dicen responder las personas cultas y los intelectuales.


Extracto del artículo publicado por Cultura Inquieta a partir de la obra de Samuel Becket.
Imagen de «culturizando.com»

Los corazones recios


Reseña de FRANCISCO J. CASTAÑON en la web TODO LITERATURA


Los corazones recios
«
 es el título del poemario más reciente del escritor Antonio Daganzo, publicado bajo el sello de Ediciones Vitruvio. Un nuevo libro que viene a consolidar la reconocida trayectoria poética de una de las voces más interesantes y originales de nuestra poesía contemporánea. De esta forma, Los corazones recios se une a libros como Que en limpidez se encuentreMientras viva el dolienteLlamarse por encima de la noche o Juventud todavía. Un elenco de poemarios que han venido recibiendo una excelente acogida por parte del público lector y la crítica.

Dos citas, una de Juan Ramón Jiménez y otra de Jorge Guillén, hacen las veces de pórtico de un libro que comienza con los espléndidos versos del poema Los corazones recios, donde hallamos varias ideas que merecen ser destacadas. Por un lado, estamos ante un canto a la siempre ardua existencia: …‘vivir a sangre limpia y ancha, / ser árbol del valor pese a las ramas muertas, / pese al cuajado viento / de la duda.’ Por otro, desvela una creencia firme en el amor como respuesta vital de esos ‘recios corazones’ de los que ‘la vida se enardece’. Un elevado sentir para afrontar el mundo que nos circunda: ‘Y por amor tan solo / -y por amor tan alto- / vibra este aliento aún.’

Las páginas de este nuevo libro de Daganzo poseen una gran riqueza temática: la búsqueda del ser humano, el misterio de la vida, la recuperación de los ancestros del poeta, el desarraigo de la gran ciudad, el arte, el amor, los ámbitos propicios, el alcance de lo chileno en el devenir del poeta… y la música, sobre todo la música. No debemos olvidar que este escritor, además de poeta y novelista, es musicógrafo y autor del imprescindible ensayo musical Clásicos a contratiempo.

Antonio Daganzo nos convoca así, en el poema Felicidad, a exaltar ese difícil vivir que tiene fecha de caducidad, ‘a la dicha de sabernos efímeros’. También va a hablarnos de sí mismo, visto en el presente desde un ayer cercano: ‘Ved a ese hombre que recuerdo / tan solo entre las gentes, / tan lejos del amor aunque creyese mirarlo / a diez zancadas, /…’. Para anotar más tarde: ‘Ahora ved que soy yo quien ha abierto los ojos,’.

La palabra poética es en estos versos búsqueda y memoria. En este sentido, poemas como Alborada o Castro de Baroña recuperan la ascendencia gallega del poeta. Señas de identidad que Daganzo no desea arrinconar: ‘Raigambre: soy gallego, vuelvo siempre, vivo.’, escribe al principio del poema, y unos versos después continúa: ‘Ancestros, ancestros ya invisibles, vuelvo siempre: / vibra Galicia en mí como alborada’. En el segundo poema, incorpora al discurso poético resonancias aún más lejanas: ‘En mi sueño hay unos celtas aguerridos / que sólo al mar se entregan.’

Por otro lado, la música, como tema y trasfondo, se revela en esta obra como un eje fundamental en torno al cual giran diversos poemas. En el titulado Todavía Chaikovski surge el célebre maestro ruso con su ‘Ortografía del relámpago en lo oscuro’, y en De Francis para Isaac el poeta rinde tributo a ese gran compositor que fue Albéniz, creador para el poeta de ‘la música imposible de mi vida, / la que tú fecundaste en los pianos / y nacerá del aire’.

Entre estos poemas de temática musical destaca Suite ingenua, escrito como homenaje al compositor Antonio José Martínez Palacios, cuya vida pronto se vio truncada durante la Guerra Civil al ser fusilado en octubre de 1936. Una figura fundamental de la música española que Daganzo recupera en este poema, como ha hecho en su reciente artículo El mozo de mulas, por fin: un hito en la recuperación del legado de Antonio José. En el poema dedicado al músico burgalés hallamos dolor en numerosos versos: ‘Amigo, llegan ya, / que han venido a buscarte envidia, infamia y odio / de fácil madrugada,’. Aunque atisbamos un resquicio de esperanza que llega con ‘la danza que suena ágil, / traviesa incluso, / última y breve como el adiós de un pájaro / (…) para encontrar el alba que tú le has entregado, / Antonio invicto’.

La música aparece igualmente en poemas como El director de orquestaMúsica y tacto o Pequeña historia de la palabra y la música, donde podemos leer versos hilvanados con maestría: ‘Canta en la noche ahora la palabra, / cuando todo reposa, / y no cesa su asombro por tan cierta pasión’. Junto a la música hacen también acto de presencia la danza y el baile, ‘cuando la pasión no es fuerza sino música’ (del poema Bailar la noche).

Asimismo, quiero referirme a un sobresaliente poema que tiene un significado primordial en este libro, Panorama del ardor. Quizá esté aquí la esencia de esos corazones recios a los que canta Daganzo, corazones que ‘han aprendido a amar / después de odiar, tras el temer, con el dolor’. Han aprendido a amar, sí, ‘…al límite del verbo, áspero, / mordaz como niebla sin su aire’ o ‘sobre los torpes surcos abiertos por las lágrimas / en el valor de amar’; esos corazones recios que ‘…en derredor admiran / cuanto quema’.

En este poemario tienen su lugar varios poemas donde el poeta evoca su vínculo con Chile. De este modo, en Mañana en Valdivia leemos: ‘Valdivia transigente / mojada hasta las nubes pero fácil, / navegable de vientos saturados al bies.’ Y en el poema Palta reina escribe: ‘Chilena está mi boca de pensarte.’

El libro es, sin duda, una unidad más allá de la variedad de temas que emergen en los diferentes poemas. Sus versos, compuestos con un léxico escogido, poseen el ritmo interno y la musicalidad precisa. Quehacer poético que en ocasiones toma forma desde el propio bagaje cultural del poeta. Una escultura de la artista francesa Camille Claudel, otra del rumano Constantin Brancusi, un cuadro del pintor francés Nicolás Poussin, el personaje Antoine Doinel del cineasta François Truffaut o la Santa Capilla de París son el origen de diversos poemas que leemos con agrado en este libro.

En otra línea diferente, el libro contiene poemas deliciosos como Función de títeres, donde la magia del pequeño teatro para niños y adultos se cuela en versos como ‘Sencillos y joviales, / promesa de la risa con los ojos, / sus días tan veraces de colores sin pausa / precipitan / el sol de la ternura, / que es paz de los ingenios.’

Una cita de Vicente Aleixandre encabeza el último poema de Los corazones recios, titulado La sangre sabia. Un poema excelente. Versos que brotan de lo vivido, para configurar un discurso poético lleno de fuerza expresiva. Versos que conmueven y aportan, como tantos otros en este libro, una idea sobre la existencia que puede sucumbir, como escribe el autor, hasta ‘Vivirme derrotado: / que no hay alternativa para el alma / que vive sin amor / y se cree amante’ o descubrir ‘…la piel del entusiasmo’, cuando se admite el enigma y ‘la imperfección sublime / de sabernos efímeros en el destino vasto’.

A modo de epílogo, los versos finales de este poema y del libro son, en cualquier caso, una promesa colmada de tenaz e inquebrantable aliento: ‘Como un verso a su lumbre / avanzo decidido: / mi recio corazón canta por todos’. Para concluir, cabe apuntar que adentrarnos en estos Corazones recios de Antonio Daganzo supone experimentar una poesía elaborada con brillantez, que mantiene intacta la capacidad de sorprender.


Nota: Enlace a poemas de Antonio Daganzo del Blog de otro gran Poeta David Minayo.

Teoría del cangrejo


La escritura de Julio Cortázar se repliega sobre sí misma, se replantea continuamente,
se corta bruscamente y se pone en duda en este breve relato.

Teoría del cangrejo, un cuento de Julio Cortázar

Habían levantado la casa en el límite de la selva, orientada al sur para evitar que la humedad de los vientos de marzo se sumara al calor que apenas mitigaba la sombra de los árboles.

Cuando Winnie llegaba

Dejó el párrafo en suspenso, apartó la máquina de escribir y encendió la pipa. Winnie. El problema, como siempre, era Winnie. Apenas se ocupaba de ella la fluidez se coagulaba en una especie de

Suspirando, borró en una especie de, porque detestaba las facilidades del idioma, y pensó que ya no podría seguir trabajando hasta después de cenar; pronto llegarían los niños de la escuela y habría que ocuparse de los baños, de prepararles la comida y ayudarlos en sus

¿Por qué en mitad de una enumeración tan sencilla había como un agujero, una imposibilidad de seguir? Le resultaba incomprensible, puesto que había escrito pasajes mucho más arduos que se armaban sin ningún esfuerzo, como si de alguna manera estuvieran ya preparados para incidir en el lenguaje. Por supuesto, en esos casos lo mejor era

Tirando el lápiz, se dijo que todo se volvía demasiado abstracto; los por supuesto y los en esos casos, la vieja tendencia a huir de situaciones definidas. Tenía la impresión de alejarse cada vez más de las fuentes, de organizar puzzles de palabras que a su vez

Cerró bruscamente el cuaderno y salió a la veranda.

Imposible dejar esa palabra, veranda.


Sentir que alguna vez, Cortázar pudiera sufrir estas cosas… y que compartiera la sensación y el sentimiento.

(Me ayuda…)


JULIO CORTÁZAR

No existen leyes para escribir un cuento, a lo sumo, puntos de vista


Decía Cortázar...

Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse después de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”.

El cuento es una síntesis centrada en lo significativo de una historia.

El cuento es… una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia…

Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el “clímax” de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos”.

La novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out.

Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos”.

En el cuento no existen personajes ni temas buenos o malos, existen buenos o malos tratamientos.

… no es malo que los personajes carezcan de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka”… “Un mismo tema puede ser profundamente significativo para un escritor, y anodino para otro; un mismo tema despertará enormes resonancias en un lector, y dejará indiferente a otro. En suma, puede decirse que no hay temas absolutamente significativos, o absolutamente insignificantes. Lo que hay es una alianza misteriosa y compleja entre cierto escritor, y cierto tema en un momento dado, así como la misma alianza podrá darse luego entre ciertos cuentos, y ciertos lectores…”.

Un buen cuento nace de la significación, intensidad y tensión con que es escrito; del buen manejo de estos tres aspectos.

El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo… al punto que un vulgar episodio doméstico… se convierta en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico… los cuentos de Katherine Mansfield, de Chéjov, son significativos, algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mucho más allá de la anécdota reseñada”… “La idea de significación no puede tener sentido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensión, que ya no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. Y es aquí donde, bruscamente, se produce el deslinde entre el buen y el mal cuentista”.

El cuento es una forma cerrada, un mundo propio, una esfericidad.

Señala Horacio Quiroga en su decálogo: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

El cuento debe tener vida más allá de su creador.

…cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación, pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo”.

El narrador de un cuento no debe dejar a los personajes al margen de la narración.

Siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra”. “La narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa… en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí”.

Lo fantástico en el cuento se crea con la alteración momentánea de lo normal, no con el uso excesivo de lo fantástico.

El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia… “Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado… la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de “full-time” de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural”.

Para escribir buenos cuentos es necesario el oficio del escritor.

…para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circunstancias de una manera nueva, enriquecida, más honda, o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse este secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión… tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor”.

DE ACTUALIDAD LITERATURA


CASILDA SÁNCHEZ VARELA

ENTREVISTA


La periodista Casilda Sánchez Varela protagonizó el fenómeno editorial de la primavera de 2017 con su primera novela, Te espero en la última esquina del otoño, una gran historia con mimbres clásicos que fabula con personajes inspirados en sus padres, Paco de Lucía y Casilda Varela.

Su padre, Paco de Lucía, siempre le decía: «Tienes que escribir una novela». Ella, que trabajaba como periodista -fue redactora de TELVA durante diez años-, soñaba con ver su nombre en uno de los libros que le llegaban cada día a la redacción. Pero no daba el paso a la ficción. «Olvídalo todo, deja el periodismo, vuélvete loca, ponte frente a la hoja en blanco y el resto irá saliendo solo», le insistía él. Pero Casilda no se veía capaz. «Es que no tengo disciplina… Mira, que soy muy floja», confiesa entre risas. Y cuando ríe, le sale la sal de Cádiz.

 

Paradójica o inconscientemente, la chispa que prendió su mecha literaria fue la repentina muerte de su padre, hace ahora tres años. Pocos meses después, Casilda dejó TELVA, se volcó con su hermano Curro en el guión de La búsqueda, el documental sobre su padre que ganó el Goya en 2015, y recibió una propuesta de la editorial Planeta para escribir la vida de Paco de Lucía.

¿Qué contestaste?

Que no, que ya había contado todo lo que quería contar de él en el documental, y que necesitaba un tiempo de duelo.

¿Y luego?

A mí lo que realmente me apetecía era escribir algo inspirado en mi madre. Así que me lancé, y a la vez cumplía el deseo de mi padre. Sabía que él era un genio, pero la genialidad de mi madre la he constatado con el tiempo.

¿Por qué es tan especial tu madre?

Tiene una personalidad fuera de lo común. Es valiente, ajena a los convencionalismos. Me fascina su forma de ver la vida. Cuando eres hija de alguien tan admirado y querido como Paco de Lucía, te planteas muchas cosas… ¿Qué admiramos de los demás? Mientras mi padre recibe el Premio Príncipe de Asturias y es aclamado por todo el mundo, mi madre está sola.

¿Eso te molestaba?

Eso me ha generado una necesidad de reivindicar también a mi madre y sus valores, que son los que en muchas familias pasan desapercibidos y en el fondo sostienen el mundo, los que tienen que ver con la sensibilidad, con los detalles, con la generosidad…

Primera página de la novela: A mi madre, mi ideología.

Fíjate lo difícil que es la coherencia en la vida… Pues ella es un monumento a la coherencia. No conozco a nadie que se haya mantenido tan fiel a sí misma y a sus principios como ella, pero sin postureo, sin reivindicaciones. Yo creo que ésta es la novela que a ella le gustaría haber escrito. No conozco una historia de amor como la de mis padres.

Entonces, ¿tu novela es la historia de amor de Casilda Varela y Paco de Lucía?

No, y quiero evitar ese equívoco. Hay conexiones, pero es una ficción. La figura de mi madre está algo más cercana a la realidad, aunque no es su biografía ni mucho menos, pero la de mi padre sólo se percibe en gestos, insinuaciones, en su sentido del humor… El resto es invención. Un lector que no sepa de quién es hija la autora, no descubrirá en absoluto la inspiración de los personajes.

¿Has investigado en la vida de tu madre?

No me ha hecho falta, porque ya me la sabía de memoria. He sido su gran confidente desde niña. Cuando era pequeña, para dormirme me contaba anécdotas de su vida en vez de cuentos: su infancia en Marruecos, su estancia en Irán, donde un general del Sha de Persia se enamoró de ella… Conozco su vida mejor que nadie, pero me ha llevado mucho tiempo entenderla. Tiene una personalidad complicadísima, llena de giros y laberintos. Mi padre siempre decía: «Me volví loco tratando de entenderla, ¡me daba puñetazos contra la pared!».

La pareja protagonista de la novela, Chino y Cora, se aleja irremediablemente.

Mi madre siempre decía que su relación con mi padre hubiera durado toda la vida de no ser por las circunstancias. Tenían una afinidad como yo no he visto jamás. Venían de mundos distintos, de clases opuestas [ella, hija del general Varela y proveniente por parte materna de la alta burguesía vizcaína; él, de una familia humilde de Algeciras], y se entendían de maravilla. ¡El concepto alma gemela existe! Pero tuvieron muchas interferencias. Para mí, seguían estando muy unidos. Hablaban a menudo, incluso cuando ya estaban separados. Sólo he visto reír a mi padre a carcajadas con ella. Mi madre le hacía burla, se metía con él, ¡y mi padre se partía de risa! Ella tiene mucha imaginación, mucho colorido, sigue siendo como una niña. A mi padre eso le conquistaba.

¿Qué interferencias?

Sobre todo, una que también le ocurre al personaje de Chino en la novela: el peso de la fama. El éxito condicionó mucho a mi padre, le obligó a aislarse, con lo que a él le gustaba observar y estar con la gente… No soportaba que le tratasen como a un maestro, la falta de naturalidad le amargaba, le repelían los halagos…

NO CREO EN EL AMOR POMPOSO

Hay una subtrama, en la que teorizas sobre el amor.

Soy socióloga de formación y me inquietan los resortes que nos mueven. Creo que hoy en día los sentimientos están sobrevalorados. Parece que esperamos que todo sean sensaciones de plenitud y de éxtasis, y la vida no es así. Hay una pomposidad cuando se habla de amor que no me gusta. Me hace mucha gracia, por ejemplo, cuando alguien dice: «Yo es que me he separado de mi marido porque ya no sentía mariposas en el estómago…». ¿Pero qué tonterías estamos diciendo?

¿Qué pensaba tu padre sobre esto?

Era un escéptico respecto al amor, le parecía que el enamoramiento te minimizaba, te quitaba visión de conjunto…

Es curioso, porque Chino en la novela me parece el personaje más romántico.

En el amor hay contradicción. Chino parece un pragmático, pero se convierte en romántico cuando descubre que ha estado toda la vida enamorado de Cora.

¿Qué lecturas te han inspirado para escribir?

Me gustan las novelas que te atrapan por la profundidad psicológica de los personajes. Cada mañana leía unas líneas de Madame Bovary y ya me estimulaba para escribir.

¿Qué ha sido lo más difícil?

La parte que está ambientada en Cádiz. No es fácil evitar el tópico del gaditano gracioso, pillar su deje, su sentido del humor… Mi padre era muy de su tierra, pero era sobrio, profundo, era el pescador, el que hablaba con metáforas.

¿Qué hubiera dicho él de tu novela?

(Imitando su acento gaditano). Esta niña… ¡qué cosas más raras escribe!


BORGES, JORGE LUIS

Quién es


Escritor argentino cuyos desafiantes poemas y cuentos vanguardistas le consagraron como una de las figuras prominentes de las literaturas latinoamericana y universal.

Vida

Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, e hijo de un profesor, estudió en Ginebra y vivió durante una breve temporada en España relacionándose con los escritores ultraístas. En 1921 regresó a Argentina, donde participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas como Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro en la que publica esporádicamente; escribió poesía lírica centrada en temas históricos de su país, que quedó recopilada en volúmenes como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). De esta época datan sus relaciones con Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes y Oliveiro Girondo.

En la década de 1930, a causa de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego. A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional (1938-1947) y, más tarde, llegó a convertirse en su director (1955-1973). Conoce a Adolfo Bioy Casares y publica con él Antología de la literatura fantástica (1940). A partir de 1955 fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Durante esos años, fue abandonando la poesía en favor de los relatos breves por los que ha pasado a la historia. Aunque es más conocido por sus cuentos, se inició en la escritura con ensayos filosóficos y literarios, algunos de los cuales se encuentran reunidos en Inquisiciones. La historia universal de la infamia (1935) es una colección de cuentos basados en criminales reales. En 1955 fue nombrado académico de su país y en 1960 su obra era valorada universalmente como una de las más originales de América Latina. A partir de entonces se suceden los premios y las consideraciones. En 1961 comparte el Premio Fomentor con Samuel Beckett, y en 1980 el Cervantes con Gerardo Diego. Murió en Ginebra, el 14 de junio de 1986. Las posturas políticas evolucionaron desde el izquierdismo juvenil al nacionalismo y después a un liberalismo escéptico desde el que se opuso al fascismo y al peronismo. Fue censurado por permanecer en Argentina durante las dictaduras militares de la década de 1970, aunque jamás apoyó a la Junta militar. Con la restauración democrática en 1983 se volvió más escéptico.

Obra

A lo largo de toda su producción, Borges creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra, exigente con el lector y de no fácil comprensión, debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio autor escribió: «No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura». Ficciones (1944) está considerado como un hito en el relato corto y un ejemplo perfecto de la obra borgiana. Los cuentos son en realidad una suerte de ensayo literario con un solo tema en el que el autor fantasea desde la subjetividad sobre temas, autores u obras; se trata pues de una ficción presentada con la forma del cuento en el que las palabras son importantísimas por la falsificación (ficción) con que Borges trata los hechos reales. Cada uno de los cuentos de Ficciones está considerado por la crítica como una joya, una diminuta obra maestra. Además, sucede que el libro presenta una estructura lineal que hace pensar al lector que el conjunto de los cuentos conducirán a un final con sentido, cuando en realidad llevan a la nada absoluta. Otros libros importantes del mismo género son El Aleph (1949) y El hacedor (1960)

Por qué Borges es el autor argentino más reconocido mundialmente?

La fama internacional de Jorge Luis Borges oculta a veces lo que, más allá de la fruición, sus escritos pueden ofrecer como estímulo a nuevos horizontes de investigación.

Borges nos ha legado una literatura prolífica, que se distingue paradójicamente por su internacionalismo y por el amor nostálgico de algunos lugares míticos o mínimos: Buenos Aires, el Sur, Islandia, Inglaterra, el Lejano Oriente, ciertos patios, ciertas esquinas.

Profundamente filósofo de la poesía y poeta de la filosofía, presenta cada uno de sus escritos como un enigma ontológico. Muchas veces, al revés, un cuento o un poema reviste los rasgos de un tratado.

Ontologías fantásticas, etimologías transversales, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos inventados, son parte del paisaje inmenso que las obras de Borges ofrecen al estudioso o al hedónico lector. Se lo ha presentado, con razón, como el erudito más grande de este siglo, lo cual no impide que la lectura de sus escritos suscite momentos de viva emoción o de simple distracción.

Hombre de ficción literaria, paradójicamente preferido de semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece, por la perfección de su lenguaje, la erudición de sus conocimientos, el universalismo de sus ideas, la originalidad de sus ficciones, la belleza de su poesía, una verdadera Summa que honra a la lengua española y al espíritu universal.

Extracto del Blog «Rincón del Vago»


BORGES Y EL BUDISMO

Vídeo


Vídeo de la Conferencia ofrecida por Borges
sobre lo esencial de la religión del Budismo


Virginia Woolf

Quién es


Relacionado con «Escritoras«

Virginia Woolf (1882-1941) fue una novelista, ensayista, feminista y escritora de cuentos de origen británico, considerada como una de las figuras más relevantes del modernismo literario del siglo XX.

Entre sus obras más famosas se encuentran las novelas La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando: una biografía (1928), Las olas (1931) o Una habitación propia (1929), libro que se convertiría en un auténtico estandarte del movimiento feminista, ya que en él se relatan las dificultades de las mujeres para poder dedicarse al mundo de la escritura en un mundo dominado por los hombres.

Woolf tuvo etapas depresivas muy fuertes y sufrió lo que posteriormente se conocería como trastorno bipolar. Esta enfermedad mental le llevó un día (el 28 de marzo de 1941, cuando tenía 59 años) a llenarse los bolsillos con piedras y a lanzarse al río Ouse, muy cerca de su casa. Woolf murió ahogada y su cuerpo no fue recuperado hasta casi un mes después.


Simone de Beauvoir

Quién es


Simone de Beauvoir (9 de enero de 1908 – 14 de abril de 1986) pensadora, feminista, y novelista francesa. Es representante del movimiento existencialista ateo y figura crucial en la reivindicación de los derechos de la mujer. Nació en una familia burguesa y cristiana. Su padre Georges Bertrand de Beauvoir, era abogado y actor aficionado, y Françoise Brasseur, una mujer profundamente religiosa dedicada al hogar. Se matriculó en una escuela católica de mujeres muy prestigiosa en donde se destacó por su brillantez. Años después, tuvo el privilegio de estudiar en la Sorbona y conoció a Jean-Paul Sartre, a quien aceptó como compañero de vida. Aunque, fue una relación bastante salida de los parámetros del momento: se trataron de usted durante más de 50 años, nunca vivieron juntos, y no vieron conveniente contraer matrimonio y tampoco tener hijos.

En su adolescencia comprendió que la religión era una manera de subyugar al ser humano, y por ello, decidió declararse atea. Luego de la Primera Guerra Mundial, Gustave Brasseur, su abuelo quien era presidente del Banco de la Meuse, quedó en quiebra. Como consecuencia de esta ruina familiar, los padres de Simone abandonaron la residencia señorial del bulevar Raspail y se trasladaron a un pequeño apartamento. La relación familiar cada vez fue más tensa, por eso sus padres vieron que el estudio era la única opción para que la situación económica de sus hijas mejorará. A los quince años de edad, Simone sabía que su destino era ser escritora. Beauvoir empezó sus estudios superiores en el Instituto Católico de París, institución religiosa privada. Allí amplió su formación literaria en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly.

Obtuvo certificados de matemáticas, literatura y latín. En 1926, estudió filosofía y obtuvo su certificado. Sus estudios universitarios concluyeron en 1929 con la redacción de una tesis sobre Leibniz. A partir de 1943 se dedicó a la docencia en los liceos de Marsella, Ruan y París. Su primera obra fue la novela La invitada (1943), luego La sangre de los otros (1944) y el ensayo Pyrrhus y Cineas (1944). Fue una de las pocas mujeres en participar en los debates ideológicos de la época, se mostró reticente a la derecha política de su país y asumió el papel de intelectual comprometida. Se unió con Sartre, Albert Camus y Maurice Merleau-Ponty para fundar la revista Tiempos Modernos, cuyo primer número salió el 15 de octubre de 1945. Con el tiempo, fue un referente político y cultural del pensamiento francés de mitad del siglo XX. Aunque en esta época su nombre fue muy cuestionado luego de no replicar los actos de la Segunda Guerra Mundial, como era de esperarse.

Posteriormente, publicó la novela Todos los hombres son mortales (1946), los ensayos Para una moral de la ambigüedad (1947) y América al día (1948). Pero, su punto de partida y su fuerte irrupción en los temas feministas se dio con su obra titulada El segundo sexo (1949); se convirtió en una obra clásica del pensamiento contemporáneo. Elaborando una historia sobre la condición social de la mujer y analizó las distintas características de la opresión masculina. En el momento en que se limitaba la toma de decisión de la mujer en cuestiones como la reproducción, los vínculos sociales y afectivos se restringía la libertad y autonomía de la mujer. Este planteamiento era nuevo y poco discutido en la época.

También analizó la situación de género desde la visión de la biología, el psicoanálisis y el marxismo; destruyendo los mitos femeninos, e incitó a la auténtica liberación. Sostuvo que la lucha para la emancipación de la mujer era distinta, aunque paralela a la lucha de clases, y que el principal problema de las mujeres estaba ligado con el factor económico. Simone de Beauvoir fundó con ayuda de otras mujeres empoderadas la Liga de los Derechos de la Mujer, una de sus intenciones era reaccionar con firmeza ante cualquier discriminación sexista, y por medio de la revista difundió todas las charlas y disertaciones que salían de este espacio. Ganó el Premio Goncourt con Los mandarines (1954), donde habló sobre las dificultades de los intelectuales de la posguerra para asumir su responsabilidad social.

Simone desarrolló una visión solidaria, y por eso en 1968 se solidarizó con los estudiantes liderados por Daniel Cohn-Bendit, en 1972 presidió la asociación Choisir, encargada de defender la libre contracepción, y recibió la admiración de sus compañeras por ser una incansable luchadora por los derechos humanos. En suma, Simone se expresó a favor del comunismo y se reunió con el Che Guevara, con Mao y con Fidel Castro. Entre sus obras más destacadas podemos nombrar: Memorias de una joven formal (1958), La plenitud de la vida (1960), La fuerza de las cosas (1963), Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1968), Final de cuentas (1972) y La ceremonia del adiós (1981).

Simone De Beauvoir murió el 14 de abril de 1986. Su labor fue reconocida antes y después de su muerte. En el siglo XXI se creó el Premio Simone de Beauvoir entregado a aquellas mujeres que se han preocupado por promover la libertad y los derechos de la mujer. Este premio entrega la cantidad de 20 mil euros y es apoyado por varias instituciones internacionales, entre ellas la Universidad Diderot. Por ejemplo, se le entregó a la activista pakistaní Malala Yousafzai en el año 2013.


María Zambrano

Quién es


…O la seducción de la inteligencia.

Nació en Málaga un día como hoy, 22 de abril en 1904, pero tardó tres días más en nacer debido a que su padre no la inscribió en el registro hasta que su madre agonizante estuvo a salvo.

He buscado siempre la aurora en lugar del crepúsculo

Empezó a escribir desde muy pequeña según ella cuenta, desde que aprendió a escribir la «f».

Yo era una niña muy precoz y mis padres no querían enseñarme a escribir. Así que tuve que aprender sola, pero la «f» se me resistía, y por fin tuvo que enseñármela una vecina. Esa dificultad con la «f» se relaciona en mi memoria con la dificultad de la «filosofía». Cuando tenía seis años oí a mi padre el lema de la Academia Platónica: «Nadie entre aquí sin saber geometría». Como pasaba el tiempo y mi padre no me enseñaba la geometría, impaciente, quise dar un salto y saber directamente qué era filosofía. Sustraje de la biblioteca un libro, la Monadología, de Leibniz, y como no lo pude leer, lo guardé en un cofre del tesoro, de los que entonces se regalaba a los niños, para cuando pudiera. Era el sello del destino, que creo me venía impuesto por mi padre.

María Zambrano vivió su vida como un camino iniciático, una larga peregrinación interior quebrada por el exilio exterior. 

De niña vivió en Segovia donde conoció a Antonio Machado amigo de su padre. Cursó sus estudios de filosofía en Madrid donde conoció el vigor de Zubiri y la claridad de Ortega, sus maestros. Y a través de ellos emprendió su camino particular hacia los clásicos como soporte previo para elaborar su razón poética. Y para reflexionar con voz propia sobre verdad y belleza, religión, filosofía, razón y vida.

«Absoluto en mi vida no ha habido nada».

El amor verdadero debe ser «sueño y verdad», además de carnal.

El amor, si es amor, no hace perder el tiempo, lo gana.

El amor está ligado a lo incumplido aunque también a lo triunfante.

De su libro «El hombre y lo divino» hay una historia que es especial para María Zambrano: la del nacimiento de la Filosofía.

El hombre se rebela contra las arbitrarias metamorfosis de los dioses, reniega de la piedad como forma de relacionarse con el otro y de la poesía como camino para expresar las respuestas a los interrogantes que le obsesionan, y regresa a aquel lugar anterior en el que los dioses no existían aún, para, dueño ya de una soledad radical, volver a preguntar. Y descubrir entonces en el territorio del ser su verdadera morada, en la razón su mejor aliado, y en la tarea de forjarse una identidad sobre las arenas de la historia su auténtica tierra prometida.

Su escritura es única, su filosofía tiene voz propia, pertenece a un reducido número de pensadores en los que la materia de la filosofía se mezcla indisolublemente con la materia de la vida y con la materia de los sueños hasta el punto de conseguir expresar, no ya la verdad de las cosas, sino su verdad.

… rodar eternamente en la luz

Maria Zambrano piensa que toda obra es producto de una fatalidad, que es, a la vez, gozosa coacción y yugo alegre. La escritura surge en ella como una necesidad espontánea, como otra forma de respiración. Junto a una razón vital, hay en María lo que se ha llamado una razón poética, que ella misma ha definido como un confín que, sin negar la razón lógica, acaba trascendiéndola y en el que filosofía y poesía, esas casi dos antinomias seculares, acaban por encontrarse.

El lenguaje poético será el que es capaz de decir lo que no se puede decir, la expresión de lo inefable, porque, en una expresión de confianza universal en lo más propio del hombre, María cree firmemente en la germinación de la palabra y el pensamiento. La poesía, para ella, no es una suerte de trance, de delirio, en la que el poeta acaba por no saber lo que dice. Al contrario piensa que el verdadero poeta sabe muy bien lo que expresa, aunque, debe cuidarse de no saberlo demasiado, porque si lo sabe todo, incurre en la retórica y se torna oscuro por excesivamente claro. De ahí que deba haber siempre una dosis de ignorancia, que lleva a una especie de temblor, de «maravilloso balbuceo» en el que está la clave de lo poético: lo no dicho, lo no expresado.

Su razón poética queda expresada en el punto de elevación en el que la mirada se abre al par de lo visible», una llama «blanca, cierta y leve», cualidad de llama, que sobrenada «sin imponerse a la oscuridad, como un don que logra que la oscuridad, aún sin ser vencida, deje de reinar».

J.D.L.
Extractado de artículos de prensa

 


Marguerite Yourcenar

QUIÉN ES


memoriasdeadriano2

 Animula vagula, blandula,
Hospes comesque corporis,
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut solis, dabis iocos…

P.AELIUS HADRIANUS, Imp.

Mínima alma mía
tierna y flotante
huésped y compañera de mi cuerpo
descenderás a esos parajes pálidos
rígidos y desnudos
donde habrás de renunciar
a los juegos de antaño.

Marguerite Yourcenar

Alma desnuda, libre de falta sin embargo
el oído o la voz inentarán tu culpa.
El pan nuestro, la luz de cada día, el sueño
te han de negar su paz, ligera de equipaje, aceptarás
no obstante el asalta del alba.

M.V.Atencia


¿Cómo era Marguerite?

Era una persona poco convencional.
Educada por un padre culto y original que le enseñó a vivir con independencia y sin prejuicios. Fué una pionera. Sin profesar ninguna doctrina concreta vivió su vida, como sus pasiones, con entera libertad. Se divirtió en el París de los años 30 y después de una larga vida afectivamente azarosa, volvería a su serena soledad.
Como puso en palabras de Adriano en su obra más conocida…
Ya puedo morir «con los ojos abiertos»

Josyane Savigneau

Autora de la biografía «Inventing a life» sobre Margarite Yourcenar (1903 – 1987)

Marguerite Yourcenar was born Marguerite de Crayencour in Brussels in 1903. She lost her mother at birth, her native Belgium at the age of six, and was forced to flee her adopted France at twelve. It is little wonder that Yourcenar, whose own early past receded so quickly into personal legend, would one day describe her writing as the «passionate reconstitution , at once detailed and free, of a moment or a man out of the past.» One of the most respected writers in the French language, best known as the author of Memoirs of Hadrian and The Abyss, she was awarded countless literary honors, culminating with her election in 1980 to the Académie Française (she was the first woman ever to be so honored). As complex, erudite, and intriguing as her work, Yourcenar’s life has resisted its own passionate reconstitution until now, in part because of the writer’s deliberate elusiveness.

Here, in its intricate and often contradictory detail, is Marguerite Yourcenar’s story, one in which loss and learning intertwined almost from the first and in which love assumed a strangely paradoxical place. Drawing on letters, diaries, and interviews with Yourcenar’s friends, colleagues, and lovers, Josyane biography paints an intimate portrait of an artist who lived according to her own, occasionally contrary, terms: a frenchwoman ardently in love with her native tongue, yet who lived half her life in New England; an avid seductress of women, who spent nearly forty years with one woman, yet fell in love early and late in her life with two young men; a powerful female writer whose most memorable protagonists were male, from Alexis of her first novel to the later historical characters Hadrian and Zeno. The biographer found herself «searching for a truth that is multiple, unstable, evasive, sometimes saddening, and at first glance scandalous but that one cannot approach without often feeling for human beings in all their frailty a certain measure of kinship and, always, a sense of pity.» profound intelligence and sympathy, her foibles and obsessions, her accomplishments and trials: all are revealed here in an uncompromising portrait of an incomparable artist.

From The University of Chicago Press

Con Adriano y Antinoo

En Antírioe, Marguerite «pensó sin cesar en su descripción de Adriano «sostenido por una embriaguez lúcida». «Pensé también en las escaleras de mármol que yo había adivinado, que unían la ciudad al río. Pienso, en fin, durante todo esto, en la escena de lamentos y duelo del primer mes de Atis.» «Subimos a una barca», añade Jean-Pierre Corteggiani, «y a unos 10 metros de la orilla, en el lugar donde tal vez se ahogó Antínoo, Marguerite Yourcenar, simbólicamente, tiró una bolsita llena de monedas». En sus notas de viaje, Marguerite Yourcenar, atribuye ese gesto a Jerry Wilson… Y añade: «Me hubiera gustado visitar, en la otra orilla, el lugar donde Adriano entrega el cuerpo de su amigo a los embalsamadores. Pero además de que yo no quería superponer nada a Antínoe, había llegado la hora de que nuestros amigos volvieran a El Cairo. Hicimos bien, además, puesto que, una vez dentro del barco, asistimos a una escena inolvidable ( … ). Yo estaba en mi cabina. Jerry, en la borda. Jerry me vino a buscar a toda prisa. Había visto a un policía persiguiendo a una mujer que se precipitaba al río, y que después la traía. Ella aullaba. Acudieron otras mujeres que también chillaban, con esos largos gritos que se dan en Oriente en los duelos. Todas agitaban sus chales con un ademán rítmico, repetido, impulsando hacia delante las largas puntas negras del chal, como si fueran alas. Un hombre de 30 años acababa de ahogarse, su falúa se había volcado ( … ). La mujer que aullaba era su mujer. Otra mujer de más edad, que debía de ser su madre, bajó al río sin que nadie se lo impidiera y se frotó el pelo y la cara con barro, antes de unirse al coro. Entretanto, los hombres del pueblo, que también estaban presentes, contemplaban la escena, silenciosos. Un hombre se enjugó los cabellos con su amplia túnica. Un poco más tarde, fue a sentarse en el reborde de piedra, con la cabeza en las rodillas, muda y digna imagen, infinitamente conmovedora, del dolor (acaso Adriano también se enjugó los ojos con su toga, tal vez se sentó en la cabeza sobre las rodillas, entre los brazos). Los hombres rezaban. Belleza de esas oraciones que presentimos convencidas. Sí, yo pertenezco al mundo inmemorial tanto como para creer que los puentes irritan a los grandes ríos. Pienso en esa extraña coincidencia que nos hizo asistir a esa escena de duelo por un ahogado el mismo día de nuestra visita a Antínoe. Corteggiani nos contó que Adriano es allí calificado de alma del Nilo, ya qe divinizó a su amigo. Él debió escuchar este epíteto con cierta ironía».
Marguerite prosigue su viaje por Egipto acompañada constantemente por Adriano. «Nos dicen, cuando nos encaminamos hacia Luksor, que el 24 de enero del año 131 Adriano celebró allí su cumpleaños», anota. «Si este hecho, que no recuerdo haber visto mencionado, es verdad, ¿en que pensaría aquel día aquel hombre de 55 años?». Le gustaba relatar un incidente que, sin duda, contribuyó a intensificar la asimilación por ella soñada de Antínoo y Jerry. Una tarde, éste se tiró del barco al Nilo y se puso a nadar. No había contado con la corriente y le costó mucho volver a bordo. Muy asustado, «chorreando agua helada», se refugió en los brazos de Marguerite Yourcenar como si fuese un niño, y le dijo: «Debería haberme ahogado, igual que Antínoo… «.

El Pais Cultura


Marguerite Duras

QUIÉN ES. Relacionado con «Escritoras«


La francesa que escribió lo prohibido, hoy es un clásico de la literatura universal. Convirtió su vida en su propio material literario. El éxito le llegó a los 70 años con la novela «El amante», ganadora del premio Goncourt en 1984 y traducida a 40 idiomas. El amante deslumbró por la sinceridad que derramó Duras al relatar su intimidad y sexualidad.

Para ella escribir era «aullar sin ruido» y confesar, «borrar huellas». A eso se dedicó con vehemencia toda su vida.

Marguerite Duras, aunque su apellido real era Donnadieu, nació el 4 de abril de 1914 en Gia Dinh (Saigón), antigua Indochina, hoy Vietnam. Su padre, profesor de matemáticas y colono, murió cuando ella tenía cuatro años. Su madre, maestra, que tuvo otros dos hijos después, se dedicó a cuidar las tierras en una precaria situación económica, y aceptó que, al menos por una vez, su jovencísima hija Marguerite se prostituyera. Una experiencia que dejó una marca imborrable en ella, que alimentó su escritura y empezó a esculpir como en el barro las arrugas de su vida, que luego plasmaría en su obra.

Al morir, dejó tras ella 19 películas y más de 50 textos entre novelas, relatos, obras de teatro y guiones. En su vida no hizo otra cosa que escribir, escribir novelas, cine o teatro, para chillar en silencio contra el olvido. Una vida que estuvo marcada por una dura infancia y adolescencia pero también por su juventud en un contexto político explosivo. A los 18 años Duras se trasladó a París a estudiar Derecho, Matemáticas, Ciencias Políticas y Económicas. Duras se casó en 1939 con el escritor Robert Antelme, autor de «La especie humana», quien fue delatado y arrestado por la Gestapo en 1942 y llevado a Buchenwald. Ella se enroló también en las filas de la Resistencia y allí conoció a François Mitterrand y a Dyonis Mascolo, con quien tuvo un hijo. También fue deportada a Alemania. Pero una vez terminada la guerra se diluyó en la escritura y el alcohol.

Sus primeros relatos aparecieron en la revista «Les temps modernes», fueron considerados de tono existencialista pero luego, ya en los años 50, se la calificó como la figura del Nouveau roman.

Toda su obra lleva su carne como nutriente y todo su universo sensitivo, por eso terminó exhausta y con varios comas etílicos. Su escritura depurada hasta el máximo, lírica, muy sintética y llena de música es su sello inconfundible.

Pasó los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1996, con Yann Andrea, su último amante, compañero, cocinero y chófer, 40 años menor que ella y homosexual. «Todos los hombres son homosexuales en potencia, solo les falta saberlo», escribió Duras. En la actualidad, la obra completa de esta escritora forma parte del catálogo de la prestigiosa colección de La Pléiade, de Gallimard, donde están los clásicos.


Martha Rivera Garrido

Libro de poemas de Martha Rivera Garrido: Enma, la noche, el mar y su maithuna.


Escuchando a… Jose Agustín Goytisolo



Escuchando a… Luis García Montero

Escuchando a Mis Poetas



Escuchando a José Hierro

Aquí, en este momento, termina todo,
se detiene la vida. Han florecido luces amarillas
a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa
cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento.
Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia
en la noche, jadeando en la hierba,
trayendo en hilos aroma de las nubes,
poniendo en nuestra carne su dentadura fresca.
Y el mar sonaba…

 


La mujer justa


Comentario sobre el libro de Sandor Marai
autor sin identificar.

Una de las mejores novelas de un gran escritor, una relación vista desde los tres puntos de vista, nada es realmente lo que parece, todos guardamos razones ocultas,  expectativas fruto de nuestros paradigmas, que no solo no  verbalizamos incluso ni  reconocemos a nosotros mismos.Tres voces, tres puntos de vista, tres sensibilidades diferentes para desentrañar una historia de pasión, mentiras, traición y crueldad concebida por Sándor Márai en los años cuarenta, los años de El último encuentro y Divorcio en Buda, la época más fértil y lúcida de la obra del gran escritor húngaro. Compuesta de tres monólogos, correspondientes a los tres personajes que conforman la novela, esta edición de La mujer justa reúne por primera vez en castellano las dos primeras partes, publicadas en 1941 en Hungría, y la tercera, escrita durante el exilio italiano de Márai y añadida a la versión alemana de 1949. Una tarde, en una elegante cafetería de Budapest, una mujer relata a su amiga cómo un día, a raíz de un banal incidente, descubrió que su marido estaba entregado en cuerpo y alma a un amor secreto que lo consumía, y luego su vano intento por reconquistarlo. En la misma ciudad, una noche, el hombre que fue su marido confiesa a un amigo cómo dejó a su esposa por la mujer que deseaba desde años atrás, para después de casarse con ella perderla para siempre. Al alba, en una pequeña pensión romana, una mujer cuenta a su amante cómo ella, de origen humilde, se había casado con un hombre rico, pero el matrimonio había sucumbido al resentimiento y la venganza. Cual marionetas sin derecho a ejercer su voluntad, Marika, Péter y Judit narran su fallida relación con el crudo realismo de quien considera la felicidad un estado elusivo e inalcanzable. Márai inició su carrera literaria como poeta y ese aliento pervive en La mujer justa. En esta novela están sus páginas más íntimas y desgarradas, las más sabias. Su descripción del amor, la amistad, el sexo, los celos, la soledad, el deseo y la muerte apuntan directamente al centro del alma humana.