Noche sin sombras


 La noche avanza
como una inquietud
contra los muros del poema

La vida se la juega
en el oscuro ventanal
de la inocencia

Ser hilos de luz
en el desmayo del exilio
frente a frente

Escalar el viento
ahora, salvajemente,
por sus crines de musgo

Rasgar las enaguas
finas del papel
su culpable transparencia

Arder en el miedo del amor
huérfanos
en la noche sin sombras


@mjberistain

 

Golden Gate

Paró el BMW 335 negro unos pocos kilómetros más adelante, pasada la frontera. Saltó del coche, su cuerpo se revolvía en espasmos dolorosos incontrolables y un temblor nuevo, como un estertor que nacía en su estómago y llegaba hasta su garganta, le provocaba fuertes náuseas que la inutilizaban entre arcadas y lágrimas, expulsando la bilis que había sido apenas el único alimento que había ingerido durante las últimas semanas.

La carretera era estrecha y serpenteante entre montañas, por ello y por el agotamiento de Louise el viaje se alargó más de lo imaginado. De vez en cuando la niña emitía algún leve lloriqueo que Ulma rápidamente controlaba con delicadeza. Conseguía calmarla y evitar así una preocupación añadida a la situación.

No supieron expresar, de ninguna manera razonable, el alivio que hubieran podido sentir en otras circunstancias, de sentirse libres, cuando por fin llegaron a casa de sus padres cerca de Estocolmo. Estaban exhaustas.

Los primeros días para Louise fueron una sucesión de horas vacías inmersa en una forma de ceguera de la que no sabía cómo desprenderse, sentía un gran peso en su mente, en sus ojos, como una nebulosa opaca que todo lo distorsionaba. Suponía que debía de darse un tiempo antes de enfrentarse a su nueva situación, al aire no viciado por el miedo, y al ajetreo de un nuevo mundo alejada de la amenaza de la guerra. Sin embargo, tampoco se sentía a salvo. Se daba cuenta de los esfuerzos que hacían Ulma y sus padres para ayudarle a superar el oscuro drama que ardía en su interior. Los miraba, como ausente, y los veía disfrutar de la niña con ternura y sin prisa. Le parecían una familia feliz. Pero ella sentía que su vida estaba situada al margen, presa de su propia lucha interna, desesperada por apartarse de aquel mundo cuajado de hostilidad. Le inquietaba de forma permanente la posible proximidad de su marido y su poder oficial. Necesitaba huir de allí, sacar a sus padres del infierno que parecía perseguirles a los de su clase. Eran judíos, pero no tenía el valor de enfrentarse a ello y confesarlo entonces, por otra parte, también le preocupaba su precario estado de salud. Ellos no aceptaban, de manera alguna, trasladarse a otro país que, según argumentaba su hija, sería más seguro. Estaban empeñados en quedarse con los suyos aceptando su destino, cualquiera que fuese. Se sentía acorralada en una esquina del mundo, y responsable de una situación que afectaba a las personas a las que más amaba. Lloró muchas noches, oculta su cabeza entre las almohadas, una vez que se hacía el silencio en la pequeña habitación de la casa de sus padres que compartía con su hija y con Ulma.

A medida que pasaban los días, sentía que se iba aligerando en su interior la densidad de su miedo, la mirada que encontraba al otro lado del espejo cada mañana iba perdiendo su rigor, se iba suavizando, incluso iba volviéndose más amigable. Después de algunas semanas pensó en empezar a perdonarse la vida a sí misma.

—Mamá, —dijo Louise una mañana dirigiéndose a su madre—

—¡Hija! No sabes la alegría que me da verte con ese ánimo. Creía que no ibas a poder superarlo. —¡Díme!, dime que ya estás dispuesta a recomenzar tu vida, y papá y yo os ayudaremos en todo lo que podamos.

—No es eso Mamá. Mi intención no es quedarme en Suecia. Quiero marcharme a Estados Unidos. Creo que solamente allí podremos estar a salvo realmente. Necesito dejar de pensar en que Mark pueda aparecer en cualquier momento a reclamarnos de vuelta a su vida. No tengo claro cómo lo haré, pero ya he tomado la decisión.

Su padre —que estaba dando de desayunar a la pequeña Gunhilda, intervino en la conversación.

—Pero hija, date tiempo. Aquí podéis estar a salvo. Suecia mantiene la neutralidad en este conflicto. Ya ves que a los inmigrantes se les está aceptando con todos los derechos, incluso no necesitan justificar su origen para ser admitidos legalmente en el país. Deberías de pensarlo bien. Hacerte con una nueva documentación, incluso con una nueva identidad, ¡piénsalo!, que, como bien dice tu madre, aquí nos tienes para lo que necesitéis. Además, comprende que, para nosotros, también es bueno tenerte cerca—.

—Papá, Mamá, —dijo Louise con seriedad poniendo énfasis en sus palabras y en su mirada—¡Vosotros sois los que deberías de pensarlo! Europa está en guerra, sería un milagro que no afectase a Suecia. Todavía podríamos estar a tiempo de marcharnos todos.

Pero se hizo un silencio difícil de cortar.

—¡De acuerdo! —Louise se plantó de pie y habló con una determinación que sorprendió a todos. Iremos hoy a registrarnos a la oficina de inmigración. Me llevo a Ulma y a la niña en cuanto estén preparadas.

La casa de sus padres estaba a pocas manzanas de la Universidad de Estocolmo. Se dirigieron las tres al centro de la ciudad. Se registraron en las oficinas de inmigración. Efectivamente no era requisito necesario aportar datos de origen ni raza, así que ella y su hija lo hicieron con el apellido de soltera de su madre, Bauman. Louise se compró un vestido y un abrigo, y unos zapatos nuevos.

—Estás preciosa le decía Ulma, sin saber cómo disimular su excitación y su nerviosismo.

Louise dijo: —Vamos a ir ahora a la Universidad, quiero informarme de las posibilidades de trabajo que puede haber allí para mí—.

—De acuerdo, yo me quedaré con la niña para que lo hagas con más tranquilidad. Te esperaremos en los jardines. —Mucha suerte, Louise—. Y las dos mujeres se abrazaron con un especial sentimiento de hermandad y agradecimiento que las había unido definitivamente. Ulma la miraba mientras subía la escalinata de la entrada sintiendo una gran admiración por aquella mujer. Pensó que estaba orgullosa y feliz de compartir su vida con ella. Además, adoraba a la niña que era como una prolongación de sí misma. En aquel momento de intensa emoción pensó que no podía pedir nada más a la vida.

Le instaron a volver otro día porque el señor decano estaba en una reunión. Pero Louise insistió. La persona de información, evidentemente incómoda, le dijo:

—En realidad no le podemos decir cuánto va a tardar en salir y no podemos interrumpirle, es la norma, salvo que sea algo realmente urgente.

—No se preocupe, esperaré porque el asunto que vengo a tratar es de su interés y necesito tomar contacto con él hoy mismo, aunque solo sea para concertar una cita para otro momento.

Como Doctora en Biología por la universidad de Oslo, y después de varias conversaciones, no tuvo problema para incorporarse a la docencia. En Suecia estaban necesitados de profesores, debido a que se estaba produciendo un importante crecimiento demográfico a consecuencia de la política de acogida a inmigrantes que llegaban de los países de alrededor.

La nueva rutina y el hecho de estar centrada en su trabajo, no le impedía sentir cada vez con más fuerza el deseo de huir de Europa para instalarse en Estados Unidos. La neutralidad de Suecia no era suficiente para ella. Sus temores seguían ocupando sus horas cuando se desvelaba por las noches.

Llegó a tener una comunicación casi continua con el Decano Dr. Hans Wodmik (también de origen judío). Él y su familia llevaban varios años instalados en Suecia. Sus largas conversaciones, al terminar las reuniones de profesores, habían derivado en una especial afinidad por la que compartían inquietudes, intereses y formas de pensar. Él comprendió perfectamente la situación y le facilitó el contacto con un buen amigo suyo de infancia y que había llegado a ser catedrático de Ciencias Naturales en la Universidad de Stanford de California. Se trataba de una familia con dos niños pequeños que estarían encantados de ayudarle en los trámites necesarios para que se incorporarse a aquella ciudad y a su Universidad. Le ayudarían a buscar un alojamiento provisional adecuado cerca del trabajo hasta que ella pudiera organizar el traslado de Ulma y de su hija Gunhilda a Estados Unidos, lejos del conflicto.

Pero desde Suecia no era fácil viajar fuera del área de influencia de la guerra, por eso decidió hacer el primer viaje sola para, una vez instalada, decidir cómo reagrupar a toda la familia. Realmente sería muy difícil explicar el dramático viaje que inició con el vuelo hacia Moscú. De allí el ferrocarril transiberiano la llevó a Vladivostok donde embarcó, junto con otros refugiados, hacia Japón. La siguiente etapa la llevó hasta Vancouver y entró a Estados Unidos por el puerto de Seattle. Una vez en suelo estadounidense, tomó de nuevo otro tren que finalmente la dejaría en la estación de San Francisco.

Fue una celebración el encuentro con la familia Scott. No pudo contener las lágrimas especialmente cuando le abrazaron los pequeños, un niño de cuatro años y una niña de año y medio en los que vio reflejada a su hija. Una vez más su fortaleza se estaba poniendo a prueba. Pidió que le dieran un paseo en coche por la ciudad. Necesitaba verificar, de alguna forma, que había conseguido llegar a los Estados Unidos. Llovía como si afuera le esperase otro nuevo desafío. Se estremeció cuando vio asomar, entre la niebla, el Golden Gate y un poco más adelante, cuatro barcos de guerra anclados estratégicamente en la bahía. Sintió una soledad implacable, paralizante, como si le cayeran encima los escombros del edificio que, a duras penas, estaba intentando construir para su familia.

Días más tarde Alemania declaró la guerra a Rusia. La declaración de guerra contra Estados Unidos no tardó en llegar, era el 11 de Setiembre de 1941.

Una palidez mortal se instaló en su piel, sintió que se le estaba helando la sangre…

@mjberistain
Fotografía de internet

Ha rolado el viento a Norte



Ha rolado el viento a Norte,
en estos tiempos ya uno no sabe
sí cambiar de máscara o cambiar de piel,
volver a la casa que habitaban
pretéritos distantes o desertar
con un solo puñado de luz entre las manos.

Unas décimas de segundos antes
todo era distinto, liviano entonces
seductor como el brillo de una mirada
desnuda dialogando sin palabras
porque no eran precisas para entenderse.

Decía el poeta que…
«Toda belleza esconde sus trampas…»


Texto y Fotografía@mjberistain
de mi libro «Cuerpos Acantilados»

POLVO DE LUZ


Tú eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.

A. Pizarnik

Tiemblan las madrugadas entre las sábanas del silencio.
No sabrás nunca que me abrazo al vacío como un náufrago
cuando solo se escucha el rumor de las telarañas por los rincones,
mientras tejen con finos hilos las cadenas que te atan a mi soledad.

Te diría que la noche ha estado llena de rostros ausentes.
Delicadamente, levantaban la máscara de oro de Tutankamon,
y no pude atreverme a mirar al fondo de sus ojos
donde soñé que aguardabas, en la locura del lenguaje más impuro.

Que ya no siento sed cuando miro al mar,
que entre las rocas solo queda el fulgor de un sol que muere
y un estruendo de música de algas
cuando se acaba otro día más sin saber de ti.

Un velero vuelve despacio, como si un corazón regresara
cansado cada tarde a casa.

No sé si tú volverás, pero ya ese futuro no me importa,
me quedan tus vocales encendidas bajo la paz de mis párpados,
el oscilante cuerpo del amor en el que te recuerdo,
y aquel fuego en el fondo del miedo al mañana que ocultábamos entre besos,
y que se cuela ahora entre el polvo de luz por las ventanas.


Texto y Fotografía@mjberistain

Rezo


A cuatro pasos de esta silla de plástico marrón donde me siento, delante de una taza de café a la que me ha invitado un hombre negro que vendía collares y pulseras por la calle, nada tiene que ver con lo que cada uno de nosotros quisiera ser…

La silla quisiera ser un Chester de cuero, la mesa, estar cubierta de un precioso mantel de lino bien planchado, el negro un blanco sentado a mi lado, la señora que escribe desde hace rato en una pequeña libreta, probablemente, la novia de su amor cuando tenían veinte años. Y yo…

El país está inmerso en una ola de calor al que llaman extremo y por todas partes se oyen ecos de recomendaciones de radios, televisiones, megafonías de playas «etcétera», de que procuremos no salir de casa en las horas del mediodía que es cuando las temperaturas pueden alcanzar su mayor nivel y puede ser peligroso exponerse a un «golpe de calor» que puede llegar a ser mortal…

Yo no tengo casa. He llegado a este país después de años de luchar en el mío por encontrar unas mínimas condiciones de bienestar para poder ofrecerme a la persona a la que amo desde mi infancia y formar con ella una familia. Mi sueño solo es ese. Dar de comer a mis hijos y darles una educación y que puedan ser aceptados como «seres humanos» y ciudadanos del mundo.

Me he sentado en una silla de plástico de cualquier lugar al que he llegado exhausto porque no quiero volver a sentarme en el suelo, a mendigar a los pies de nadie. Quiero ser util, uno más, en el globo terráqueo. Dar lo mejor de mi en agradecimiento a estar vivo. Solo eso.

A mi izquierda hay un árbol, joven, tieso, sin apoyos, como yo. Lo observo. Está frondoso y sus hojas las mece la suave brisa del suroeste. Lo envidio. Cómo ha conseguido hacerse con un espacio público en esta sociedad tan regulada y exigente?

Pienso en mis hijos que todavía no han nacido. Y sueño en ser el tronco, ahora jóven, que les dará una vida aunque sea con fecha de caducidad…

Por qué estoy aquí, Dios?

Algo me has encomendado y lo voy a cumplir.

A cuatro pasos de esta silla de plástico en la que sigo sentado, hay una pequeña carretera. Su tráfico es espaciado y lento. Alrededor de mi se oyen voces en voz baja. Me lleno de brisa y de silencio, del azul de un cielo neblinoso que no había conocido hasta hoy y respiro a fondo el cercano olor a salitre de un mar que ha dejado de ser una amenaza o un precipicio mortal.

Rezo.

No sé si el Dios de este continente entenderá mi plegaria.

Solo quiero agradecerle este momento de quietud y esperanza.


@mjberistain

 

El llanto de la loba


Se quedaron helados los pétalos
de las flores del jardín.
Como una dama solitaria
en dulcísimo sueño
yace su florecer en el silencio.

Sobre el asfalto hay sombras
de sangre y lunas rotas.
Adentro, se escuchan tristes
melodías de Chopin
empañando el aire por los espejos.

Se han desatado los miedos al alba,
como perros desbocados despiertan
de sus jaulas con ofrendas
a las reinas de las brumas.

Muy cerca llora la noche una loba herida
entre incandescentes cenizas.


@mjberistain

Leer enseña a pensar.

Deseo incorporar a mi blog las palabras de LOLA VELASCO
que he encontrado en su blog amanececadadia.com
 
leer

Es de todos bien conocido que leer aporta múltiples beneficios. Muchas generaciones hemos dedicado horas de ocio a la lectura y hemos aprendido en la escuela a través de los libros de texto. Leyendo se aumenta el vocabulario, se mejora la ortografía y la expresión. La lectura proporciona modelos de expresión lingüística y potencia el pensamiento y la reflexión dotando al lector de nuevas visiones y conocimientos.

Cuando los niños empiezan a leer consiguen en el primer escalón una lectura mecánica que será una herramienta básica para el posterior aprendizaje. A medida que avanza su control y la velocidad lectora empiezan a desarrollar en paralelo la comprensión indispensable para el estudio de los contenidos de otras materias. Sin una buena comprensión lectora no hay un buen aprendizaje. Un buen lector tendrá éxito en la asimilación de la información. Indiscutiblemente cuando se adquiere la capacidad de comprender y asimilar lo que se lee se entra en la fase de la reflexión, a través de la cual desarrollamos un criterio y emitimos un juicio. En definitiva, hemos aprendido a pensar sobre contenidos desconocidos, sobre otras visiones y vivencias distintas a las nuestrasSomos más independientes y menos manipulables porque somos capaces de reflexionar sobre los hechos a través de variadas fuentes de información desarrollando un criterio propio. Leer enseña a pensar.

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En la actualidad se  observa que las nuevas generaciones de niños y jóvenes, que ya son nativos informáticos, carecen de hábitos de lectura y son fácilmente manipulables. Obtienen la información usando las nuevas tecnologías, así como las incluyen en sus tiempos de ocio. Las redes sociales proporcionan un intercambio de opiniones a debate y Google se convierte en la fuente del conocimiento, es el maestro Google, el médico, el farmacéutico o el terapeuta Google. Los libros pasan a un plano muy secundario y en raras ocasiones constituyen un divertimento. Las nuevas pedagogías obstaculizan el esfuerzo que requiere la lectura porque tienden a sustituir  los libros de texto impresos  por contenidos virtuales de los mismos para hacerlos más  atractivos, potenciando la interacción por encima de la lectura individual y reflexiva mediante la cual se internalizan los conceptos. Es necesario encontrar un punto de equilibrio y proporcionar a los niños y a los jóvenes momentos en la escuela y en la casa para que lean y se habitúen a la lectura sin demonizar por ello el uso controlado de las nuevas tecnologías.

 

Un libro nos pone en contacto con escenarios y culturas diferentes. Cuando leemos una novela se despierta nuestra creatividad, imaginando y anticipando los acontecimientos. Nos sorprende, nos intriga, emociona y revive en nosotros deseos, emociones e ilusiones. Una novela es una aventura en la que nos fundimos es sus personajes y vivimos ávidamente su historia. Leer también nos aporta conocimiento e información y tras ello las reflexiones pertinentes mediante las cuales formamos nuestro criterio. A través de la lectura liberamos nuestra mente y desarrollamos una visión más amplia y compleja de la realidad basada en una percepción  propia.

Con mi agradecimiento y respeto.


 

La fugacidad de las pasiones


 

Quizás no supo ver más allá de las miradas,
es posible que la niebla ocultara la ambición
de un corazón de esposas muertas

y dejó sobre la tierra, encharcadas,
bridas de oro bordadas con hilos de seda
salvajes caballos alados de color blanco
arcos iris fugaces y aires de verano

el tiempo emborronaría los sueños
los lugares, las alegrías y las pasiones
las farmacias que permanecían
abiertas las noches de camas vacías
y el papel de las paredes que ya no servía
para escribir cartas de despedidas.


@mjberistain

 

 

Abrazos abandonados


Llevo una herida que no sangra
A veces duele dulcemente
cuando me miro a los espejos
y pienso que la vida es solo un capítulo
breve de algo que nadie entiende,

A veces duele sin compasión,
tiñe el día con el color plomizo
de las bombas agazapadas
entre las ruinas de la memoria
y se hace difícil respirar.

Llega otro amanecer batiendo aguas
niños solos, mujeres, hombres
que lamen las costas, las rocas
las playas ajadas de sol y soledad.

La muerte acecha y jirones
de banderas ondean lacias
por los pasillos
y los salones en fiestas de guardar
entre baúles y ataúdes de abrazos abandonados.


@mjberistain
Fotografía: clasesdeperiodismo.com

¿Tienes cosquillas?


La pregunta no era tan tonta, ahora me doy cuenta.

Han pasado muchos años desde entonces. El solo hecho de recordar estas palabras, y de recrearlas en la voz de aquel niño que vivía al lado de la casa de mis padres, me hace sonrojar de nuevo, como entonces, y que la sensación de pequeñas hormigas alborotando todos los recovecos de mi cuerpo vuelva a mí con unas ganas de reír locas e imparables…




Ayer tuve la suerte de asistir a esta «ceremonia» que me cautivó y no pude evitar admirar y disfrutar, con todo mi respeto y cariño, del momento que me ofrecieron estos niños.


Yo sigo creyendo en este amor, en la atracción natural de dos criaturas que sienten una especie de cosquilleo en su interior, un fuerte deseo de estar uno junto al otro, esa rara emoción a la que no saben dar nombre y que no tardarán mucho en escribirla en letras mayúsculas…


Teto y fotografía@mjberistain

Libera-me


 

Se llenaron los espacios diáfanos
de dudas y de incertidumbres, todos.
Sonoros pasos arrastraban flecos
deshilachados de fidelidades,
de tatuajes tiñendo el negro pulso
tembloroso de los honorables.
de trompetas acallando las voces
desde los flancos anticlericales.

Y el silencio sonó casi como dolor
y desconsuelo poderosos.

Qué triste de tanto sentir
darse cuenta de que nada tiene sentido
y plegarse a la puerta entreabierta del amor
envejecido,
si lo que quisieras
es descerrajar las pestañas que ocultan
con obscenidad miradas impúdicas
por los pasillos
como actrices de una ópera no solemne
—de sainete—
en el delicado laberinto de pasiones
y partituras de alas rotas.


@mjberistain


Nota:
El título de este poema hace referencia a una parte de la Misa de Réquiem de Verdi.

 

Llorar entre las flores


El viento voraz y la lluvia
anegaron el paisaje posible.
Asoma una naturaleza muerta
de escombros y huesos desnudos
entre el barro del duelo.

Racimos de ternura tibia
cuelgan lacios tras los cristales,
húmedas sombras de sauces que peina
con pulso desgarrado el extravío
letal de la memoria.

«Llorar entre las flores»
atravesar las áridas palabras
del desengaño
y olvidar las voces ávidas
de tantas noches
cuando, muriendo, soñaban
«el jardín al otro lado del río…»


@mjberistain
Nota: los versos entre comillas son de Alejandra Pizarnik


El idilio de la piedra


Hacía menos frío frente al mar que a su lado.

Salir al aire de la noche era un quejido

valiente, con la cara lavada por el tiempo,

un gesto absurdo abrirse al encuentro de caricias

bajo luces de neón

mientras desde el fondo de las tristezas brotaban

los ecos de voces de vidas también robadas

en páginas de los diarios de la mañana.

Solo el idilio de la piedra,

y la marea cristalizando su deseo.


@mjberistain

Bécquer llora


Gracias a la vida por la Paz compartida.

Hay un desorden de sueños lacios
enredado en su pelo,

Las golondrinas están quietas
y afuera, está Bécquer llorando.

La lluvia no cede,
mancha el paisaje de bruma
y un cielo sin luz se desborda
en las miradas sin rumbo

Licor de luna y cerezas impuras
transitan la sangre y cubren
de ácidos óleos los desnudos,
detrás de las sonrisas
se oculta el temblor de los labios
y cae la Paz del crepúsculo
como una dama enigmática,
turbadora, en un silencio confuso.


dedicado a mi tia MARIPAZ (d.e.p.)
@mjberistain
escultura de Chillida

Escribo para ser diferente


Con mi agradecimiento a Santiago Pérez quien en su día, a propósito de este tema,
me ofreció este link cuyo contenido hoy repaso y deseo compartir. 

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=400


El escritor, traductor y crítico zaragozano Félix Romeo reflexiona en un texto autobiográfico en torno a sus inicios en la escritura y los motivos que le llevaron a dedicarse a ella.

Escribo para ser diferente.

Empecé a escribir porque era diferente. Empecé a escribir porque quería ser diferente. Nadie quería ser escritor cuando yo decidí ser escritor. Recuerdo a un niño que quería ser dentista y a otro que quería ser mecánico. Tenía doce años. No conocía a ningún escritor. Nunca había hablado con un escritor. Había leído a Rimbaud. Había leído una biografía de Rimbaud. Había leído los manifiestos dadaístas y El hombre aproximativo de Tristan Tzara. Siempre había leído. Había leído los libros de Enid Blyton. Había leído los siete secretos y los cinco. Había leído otros libros que no eran de Enid Blyton pero lo parecían, como los de los tres investigadores.

Y, antes de que supiera leer, mi madre me leía cuentos y me contaba historias que yo entendía a medias: historias de su pueblo, Castejón de Tornos, Teruel, junto a la Laguna de Gallocanta, que para mí estaba tan lejano como Tokio; historias de estraperlos; historias sobre la obstinación de los burros, sobre todo cuando hacía un frío del demonio y al parecer lo hacía siempre; de los maquis y sus razias; historias del azafrán y la dificultad de conseguirlo; historias de los carnavales secretos de la posguerra, con ensabanados y rondas; de las cartas de amor que le enviaba mi padre… personajes abandonados en mitad de la nada que trataban de escapar no se sabe de dónde ni cómo. Unas historias que luego leí en Agota Kristof.

Quería ser un escritor porque era diferente y quería ser un escritor de los diferentes. Digo escritor, pero lo que yo quería era ser un poeta diferente. En 8º de EGB fabriqué mis primeras plaquettes fotocopiadas. Las destruí poco después porque me daba vergüenza escribir tan mal. Ahora puedo decir que en esas plaquettes está lo mejor que he escrito.

Quería escribir para robarle la máquina de escribir a mi padre, su más precioso tesoro: la cuidaba con esmero y no nos dejaba tocarla. Thomas Mann escribió un ensayo en el que hablaba de la gran cantidad que hay de escritores huérfanos de padre. El padre de Truman Capote desapareció y el padre de Alejandro Gándara se fue sin dejar rastro y el padre de… Mi padre era huérfano de padre, huérfano desde los dos años, pero a él se le pasó la vez y el que se hizo escritor fui yo. Huérfano heredero. Aunque mi padre escribía a máquina todo el tiempo: su Olivetti gigante con forma de ballena. Mi padre escribía informes sobre sus servicios de policía y sobre el tráfico y sobre las incidencias del trabajo. Tenía unas hojas de calco y guardaba copia de todo lo que escribía.

Me hice escritor para robarle esa estupenda máquina de escribir. Me hice escritor para consumar un incesto raro. Mi padre me puso una condición para poder usar su Olivetti: aprender mecanografía perfectamente… una práctica que él, que escribía sólo con dos dedos, no conocía. Quizá pensaba que yo no conseguiría escribir a máquina, pero pasé el verano de mis trece años sacrificando la piscina y aprendiendo a escribir a máquina en una academia con un calor sofocante: asdf ñlkj etcétera. Así rendí a mi padre y le quité su bien más preciado. Truman Capote escribió algo sobre la mecanografía y la literatura, y es posible que, pese a su afirmación, se trate de ramas de la misma actividad. Durante un tiempo tuve que usar la máquina siempre en la mesa del comedor, bajo vigilancia, y guardarla siempre en su maleta. Mi madre cosía en su máquina de coser y yo escribía en mi máquina de escribir. Unos meses más tarde llevé la Olivetti ballena a la mesa de estudio de mi cuarto.

Tenía catorce años y escribía poseído. Escribía todo el tiempo. Nunca he vuelto a escribir de esa manera y cuando escribo deseo poder volver a escribir así alguna vez. Febril. Enfermo. Escribía poemas. Escribía minúsculas vidas imaginarias. Escribía obras de teatro. Era diferente y quería ser un escritor diferente. Leía a Beckett, y mis obras de teatro querían parecerse a Esperando a Godot. Leía a Jack Kerouac. Leía a Henry Miller, al que había llegado siguiendo a Rimbaud, un camino excéntrico. Leía a Joyce, pero las piezas más raras, Poemas manzanas. Leía solo. Escribía solo. Entonces yo era el único escritor. Rey soberano.

Aunque quizá leía más solo que escribía solo, porque entonces publiqué mis primeros poemas en una revista. No guardo ni un ejemplar. Me avergonzaba esa revista, sabía que estaba mal hecha, que era cutre… y aunque sabía que la revista estaba mal hecha y que era cutre, me sentía feliz porque publicando en esa revista que me avergonzaba me convertía en escritor. Nadie lo sabía, pero yo había cruzado una línea y ya no podía volver atrás. Recuerdo el nombre de la revista.

Escribo porque tengo miedo: antes cuando tenía miedo me metía debajo de la cama. Escribo para levantarme cuando quiera. Escribo para acostarme cuando quiera. Escribo para imponer mi versión de los hechos. Escribo por envidia. Escribo por fascinación. Escribo para ser feliz. Escribo para ganar dinero. Escribo para saber cómo escribo. Escribo para que se publique lo que escribo. Escribo para seducir. Escribo para ser apreciado. Escribo para existir. Escribo para ser visible. Escribo para despertarme cada día en un lugar del mundo. Escribo para que me insulten. Escribo para seguir vivo. Escribo para no matarme. Escribo para saber lo que pienso. Escribo para mentir. Escribo porque soy feliz. Escribo para pedir perdón. Escribo para no pedir perdón. Escribo porque cuando escribo no vivo. Escribo para vivir más tiempo. Escribo porque me lo piden. Escribo porque no me reconozco en las fotografías. Escribo porque quiero dar mi versión de la historia. Escribo porque en mi escritura sólo mando yo. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque no sé conducir. Escribo porque soy vanidoso. Escribo para perder el sentido. Escribo porque busco el sentido. Escribo como el cultivador de champiñones: con los pies enterrados en mierda y con la certeza de que el producto no es un manjar. Escribo como el pescador de un barco congelador. Escribo para follar. Escribo para respirar. Escribo para no tener que escribir. Escribo para mirar todo y todo el tiempo. Escribo para recordar. Para recordarme. Para volver a alcanzar ese estado febril. Febril y fabril. Escribo por insatisfacción. Escribo por venganza. Escribo por remordimiento. Escribo para confesar mis pecados. Escribo para esconder mi vergüenza. Escribo para reírme. Escribo porque me da miedo el fuego.

Escribo porque tengo algunas historias viejas que contar. Las que me llenan la cabeza ahora sucedieron todas antes de que cumpliera veintiocho años: la de un asesino que mató a su mujer y con el que compartí celda en 1995 en la cárcel de Torrero de Zaragoza, que ya ha desaparecido, demolida por la piqueta; la de una loca, prima de mi padre, a la que visitamos en un manicomio de Valencia en el verano de 1975; la de unos curanderos de Petrel, Paco y Lola, que visitamos cuando mi abuela Rosario había sido desahuciada por los médicos.

Mi padre me cedió su máquina de escribir. Y una vez que se la arrebaté ya no podía cambiar: tenía que escribir y tenía que ser escritor. Ahora, más que diferente, me siento extraño.


Las matemáticas, esa ciencia inexacta…


 

Existen números en mi alma
que todavía no comprendo.
A.Gamoneda

 

Esa cereza que has puesto
con tu boca en mi boca
se ha convertido en
letras y números que deslíe mi saliva
y con sus quebrados y barras y paréntesis
me recorren como himno radiante,
íntimo vuelo de gorriones,
olas tumultuosas saltando por encima
de todos los riscos y los escollos
de las matemáticas.


Clara Janés (De el nudo de los vientos)

 

Qué extraño!


 

Cerrar un libro es como quedarse un poco huérfano,
Se cierra un libro y se abre en la conciencia un nuevo tiempo vacío, íntimo, de repaso.
Por eso vuelvo a los orígenes, ya nada me retiene… MJB

 


 

¿Quien no estuvo sentado con miedo ante el telón de su corazón?

Cierto que es raro, no habitar más la tierra,
no usar ya las costumbres apenas aprendidas,
y a las rosas, y a otras cosas a su manera prometedoras,
no dar el significado de porvenir humano;
no ser ya lo que se fue en manos de infinita angustia
y abandonar hasta el propio nombre como un juguete destrozado.

Extraño, no seguir deseando los deseos. Extraño,
ver que todo lo que se amaba aletea tan suelto por el espacio.
Y el estar muerto es trabajoso
y lleno de repaso, hasta que poco a poco
se rastrea algo de eternidad…

 

R.M.Rilke (Elegías de Duino)


 

Skyline by Mikel Vega


Gracias a mi gran amigo Mikel.

Con la creación y elección de esta música has sabido interpretar la emoción de un momento especial en mi vida; la presentación de mi libro de Poesía «Apuntes de Salitre».

Inolvidable… Feliz de haberlo compartido…



Nota: Se han tomado algunas imágenes del reportaje de Iñaki Peñalba.

Iñaki Peñalba

FOTÓGRAFO



Iñaki, No me di cuenta de que a mi alrededor se movía una especie de duende silencioso. No fue hasta que al finalizar me dedicaste un saludo de despedida lleno de simpatía que me hizo preguntarme quién eras. Eso si, vi que llevabas una cámara de fotos colgando del cuello.

Seguramente no sabías que suelo evitar que me fotografíen.

Fue mejor así, lo hiciste fácil…

Porque de haberlo sabido yo, quizás no hubieras conseguido sacar estas magníficas imágenes. En ellas has sabido captar momentos «muy especiales» y cada vez que las miro vuelvo a emocionarme.


 

 

 

Borges 1964


 

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.

Adiós a las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy solo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.

Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra…


 Autor: Jorge Luis Borges
Fotografía: Macarena Azqueta