Alma Mahler


Alma, fue independiente y valiente; una de las mujeres privilegiadas cuyo destino o cuyo único fin en la vida fue el de alimentar la imaginación creativa de los hombres con los que se relacionó, aunque brotaba en ella continuamente el afán de liberarse y realizarse por sí misma. Era una mujer apasionada, con sangre de artista, vinculada a las artes por una pasión absoluta e incondicional.

La influencia de su padre, el pintor Schlinder —aristócrata de nacimiento— amante e intérprete de la naturaleza, fue determinante en su vida, de tal manera que a partir del fallecimiento de este buscó, de manera insaciable, la figura paterna a su lado.

«Mi padre era amante de la música. Tenía una maravillosa voz de tenor alto, y cantaba Lieder de Schumann y cosas por el estilo. Su conversación era fascinante y nunca vulgar. Me pasaba horas enteras junto a él, de pie, viendo cómo su mano reveladora llevaba el pincel. Yo soñaba entonces con ser rica para abrir camino a personas creadoras… Quería tener un gran jardín en Italia con muchos talleres blancos donde, personas importantes pasaran allí su vida dedicada solo al arte, ajenas a las preocupaciones cotidianas… Mi padre me tomó siempre en serio. Cuando murió me di cuenta de que había perdido a mi piloto y la estrella de mi camino sin que, fuera de él, ninguna otra persona lo hubiera sospechado. Me había acostumbrado a hacerlo todo a su gusto, y toda mi vanidad y ambición no habían conocido otra recompensa que la mirada inteligente de sus ojos…«


Frases elegidas de MI VIDA.
Alma Mahler-Werfel recoge en este libro sus papeles, diarios, cartas y notas. 

«No es lo principal de dónde viene lo hermoso de la vida. Se trata solo de captarlo, sentirlo y transmitirlo a alguien.

He logrado darme cuenta de que no soy feliz, pero tampoco infeliz. De pronto caigo en la cuenta de que solo llevo una vida ficticia. Mi sumisión interna es demasiado grande, mi navío está en puerto, pero hace aguas.

Ahora me muero de amor, ¡y al rato no siento nada! Cuando me siento amorosa, lo soporto todo con la mayor facilidad… Cuando no, la cosa es imposible. Y, sin embargo, sé perfectamente que hasta ahora nunca nadie ha estado tan cerca de mí como él.

¡Si recuperara siquiera mi equilibrio interno!

Desde hace varios días y noches vuelvo a tejer música en mi interior. Es tan intensa y penetrante que, al hablar, la siento debajo de las palabras, y de noche, no me deja dormir.

Cuando más fuerte es una persona, más desea poseer. Lo quiere poseer todo, y cogerlo todo, a veces también lo absurdo. Y debe ser así… Y yo me siento fuerte. Hay que aceptar cualquier incitación a una sensación, venga de donde venga.

Nadie está esperándome. Nadie está preparado para tomarnos sin una propaganda previa. Todo el mundo tiene que ofrecerse en toda su intensidad, para atraer, para incitar y para deslumbrar. Es una obligación.

Porque esta intensidad aumenta el calor del mundo, y hay que calentar la Tierra, no enfriarla.

Para conquistar la libertad hay que ser también libre por dentro, y eso es lo difícil.»

Alma Mahler nació en la Austria de los Habsburgo en 1879, falleció en Nueva York en 1964. Estuvo casada con el compositor Gustav Mahler, con el arquitecto Walter Gropius y con el novelista y poeta Franz Werfel. Amante también del pintor Oskar Kokoschka, estuvo íntimamente implicada en los movimientos más importantes de la música, la pintura, la arquitectura y la literatura del siglo XX, y contó con la amistad de muchos de los artistas más destacados de Europa.

De la biografía de Alma Mahler escrita por Susanne Keegan en 1991.


Una ortografía sentimental


Autora: Almudena Grandes

Para mí, septiembre es el mes de la melancolía.

Por encima del consolidado prestigio de los meses reflexivos y graves del otoño, la cosecha de hojas secas en octubre, el frío concentrado en las gotas de lluvia de noviembre, me entristecen los anuncios de la vuelta al cole, esas fotos tramposas, alevosamente falsas, de estudiantes felices con carpetas y libros que campean, como el inexorable filo de la espada más certera, sobre el último sol, las últimas risas conscientes del verano. Luego, cuando la realidad anima la imagen congelada de las fotografías y las aceras se pueblan de figuras diminutas que encorvan los hombros bajo el peso de grandísimas mochilas, los labios apretados, rendidos a una seca expresión de desaliento, sucumbo antes a la remota solidaridad de quien una vez conoció la exacta duración de esa condena que a la provechosa promesa de paz que late en mi mesa, en las teclas de mi ordenador, en mis mañanas de trabajo, en mi propia casa a punto de quedarse vacía de mis propios hijos.

Septiembre me pone melancólica, y resalta las escasas parcelas de mi vida en las que me permito practicar una nostalgia metódica, militante. Yo, que guardo las fotos en un cajón que no abro, para evitarme la tristeza de contemplarlas; que escapo por el dial de la radio de las canciones que bailé de adolescente, para no recordar cuántos años han pasado desde entonces; que sé muy bien por qué me prohíbo ciertas películas, ciertos juegos, ciertos sabores; cultivo, sin embargo, una vieja pasión que tiene mucho que ver con los días de septiembre, con los madrugones y el papel de plata de los bocadillos, con el olor a grafito y goma de borrar que impregnaba unos dedos sorprendentemente pequeños y, sin embargo, míos. Desde entonces hasta ahora he sido fiel a muy pocas cosas. Una de ellas es la ortografía.

Cuando yo aprendí a escribir, en un proceso seguramente inconsciente, que ahora soy incapaz de reconstruir, decidí asignar un valor sentimental a los signos de puntuación, a los acentos y a los accidentes del idioma en general, obedeciendo a un instinto extraño, que me impulsaba a devolver al español adornos -estorbos, dirían otros- que había perdido hacía ya mucho tiempo. Por ejemplo, no sé quién me enseñó a acentuar los monosílabos, incluidos algunos que nunca habían llevado acento, pero la palabra «ti», sin él, me sigue pareciendo más digna de un señor cualquiera que pasa por la calle que del íntimo interlocutor a quien siempre se asigna. Este fervor, casi patológico, por la ortografía ha ido creciendo en la medida en que nuevas normas, aplaudidas por psicólogos, pedagogos y maestros de primaria, han ido despojando las ramas del idioma de hojas superfluas para los demás, pero absolutamente imprescindibles para mí, porque ahora tengo la sensación de haber conocido una selva fértil y maravillosa, llena de sorpresas, de accidentes, de misterios y de trampas, que se ha ido quedando poco a poco en una urbanización de chalets adosados con calles rectas y paralelas, farolas idénticas y cables enterrados. Ese formidable bagaje de signos que animan un texto sin ser letras era como las montañas y los ríos, las lagunas y los mares, los puentes y las calles sin salida en el mapa imaginario del idioma de una niña que empezaba a descubrir, maravillada, cómo conseguían leer los mayores. Nunca olvidaré, por ejemplo, la emoción que sentí al aprender por fin en qué ocasiones la «u» se merecía una corona de dos puntitos. Quizá por eso me decidí a procurar emociones de más, aun al precio de tener que inventármelas.

Sigo siendo fiel a esta extraña ortografía sentimental, y siempre pongo un acento en la «e» de fé, porque, sin él, esta palabra no puede designar sino la amarga impostura de un cínico burlón. Y la tristeza que siento al quitárselo, mientras corrijo un texto para entregarlo, es más triste aun cuando llega septiembre y las aceras se pueblan de escolares que maldicen por dentro las palabras esdrújulas para siempre jamás.

Fotografía Marcelo Gugliari. Flickr


Museo Guggenheim


Museo de Arte Contemporáneo
diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry
localizado en Bilbao (País Vasco)
inaugurado en 1997.


Está constituido por formas curvilíneas y retorcidas recubiertas de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio.

El edificio visto desde el río aparenta tener la forma de un barco rindiendo homenaje a la ciudad portuaria en la que se inscribe. Sus paneles brillantes se asemejan a las escamas de un pez recordándonos las influencias de formas orgánicas presentes en muchos de los trabajos de Gehry. Visto desde arriba, sin embargo, el edificio posee la forma de una flor. Para su diseño el equipo de Gehry utilizó intensamente simulaciones por ordenador de las estructuras necesarias para mantener el edificio, consiguiendo unas formas que hubieran sido imposibles de realizar unas pocas décadas antes.

Dentro del aparente desorden de la envolvente, existe un patrón que rige la volumetría. Este es el empleo en todos sus elementos de la máxima curvatura que soporta el titanio. La Gran Sala, también llamada Sala del Pez, se extiende hacia el este hasta acercarse con un puente que atraviesa la ría de Bilbao, el puente de La Salve, una estructura que ya atravesaba el solar antes de la construcción del museo y a la que éste hubo que adaptarse. Tras éste hay una torre que parece ser la continuación del museo y tiene el lado que mira al puente sin revestimiento.

El museo visto desde el este se ve más ingrávido que desde otros lugares, y se pueden observar extraños paralelogramos curvos y torcidos que conforman la sala del pez. Por lo general, las ventanas del edificio tienen formas más racionales. Gehry es el “rey” del contrapunto. Este término viene de otras artes, como la música, y consiste en contrastar cosas muy diferentes colocándolas juntas en el caso de la arquitectura.
El interior del museo es menos complicado que el exterior, pero también tiene elementos curvos. Aunque en general el interior es muy diáfano.

En el centro del hall hay un enorme pilar. Además, hay ascensores, pasarelas y escaleras que comunican las tres plantas. Las formas interiores del hall no siguen las formas geométricas y tiene partes recubiertas de piedra y otras acristaladas. La sala más grande del museo es la Gran Sala, conocida también por el nombre de la sala del pez, por su forma exterior. Es muy alargada y alberga obras artísticas de enorme tamaño. Hay salas con la planta en forma de pétalo. Casi todas las salas del museo tienen lucernarios que dan una luz cenital muy interesante.

Para escoger el revestimiento del Museo Guggenheim de Bilbao, Gehry se fijó en las plumas y escamas de muchos animales. Observó sus fijaciones y la posibilidad de movimiento que dan. Le interesa mucho los animales y los sistemas que usa la naturaleza para cubrir superficies curvas, similares a las del museo. Decidió usar «escamas» rígidas de manera que se montasen unas encima de otras. La diferencia entre el revestimiento usado y la piel de los animales es que la de estos últimos está adaptada al movimiento, mientras que la del edificio no, por lo que ambos sistemas de cubrimiento no son los mismos.

Gehry quiso desde el primer momento que estas piezas fuesen metálicas. Barajó varias posibilidades y finalmente se decantó por hacer las piezas de titanio, un metal bastante caro que contrasta con los materiales económicos usados en sus primeras obras. La aleación definitiva es de cinc y titanio, existiendo una proporción mucho mayor del segundo metal.

Se trata de una chapa cuyo espesor es de un tercio de milímetro y resulta muy manejable. Al ser tan fino, se adapta perfectamente a la curva descrita por el edificio. Cada pieza tiene una forma única y exclusiva al lugar que ocupa.

Información de la Web Oficial del Museo.
Fotografía de cabecera de Texfoto


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Fotografía @mjberistain

Café con un desconocido


Todavía no he tenido la oportunidad de conocerte en persona, sin embargo, has pasado a ser una referencia en mi vida.

Tengo respuesta a las preguntas que me hago, pero realmente no conozco su significado. Tiempo y Espacio se confunden en mi apreciación del Universo, de la Luz. Como decía San Agustín “si nadie me lo pregunta lo sé, pero si trato de explicárselo a alguien que me lo pregunta, no lo sé”. Todo tiene algún sentido y siento que debo de formar parte de ello aun sin sentir la voluntariedad en mí misma. Lo respiro y vivo con una energía prestada que estoy segura de que irá más allá de mí cuando todo haya terminado aquí.

¿Por qué te busqué?

Se fue Antonio Casao; me dejó un hueco grande y oscuro. Te lo dije.

Hice algo que quizás no debería de haber hecho, o sí; tampoco lo sé.

Me encontré con referencias a su vida de gran intelectual y brillante profesional, pero sobre todo con palabras que destacaban su gran humanidad, su humildad, su grandeza. Antonio iba dejando una huella indeleble en las muchas personas que tuvimos la suerte de disfrutar de su amistad. Busqué algunos nombres de entre sus amigos, pensé que mantendrían una parte importante de los valores compartidos con él y, contactar con ellos sería como formar parte de una especie de red de salvación del gran vacío que dejaba su ausencia. Yo que me sentí tan huérfana aquella mañana cuando recibí la carta de su hija pequeña diciéndome que lo sentía, pero que ya no recibiría ningún otro mensaje escrito de su padre… Recurrí a buscar a alguien que me ayudara a mantener, aunque solo fuera un fino hilo de comunicación con su mundo porque sabía que éramos muchos los que le admirábamos, muchos los que recibíamos sus puntuales mensajes conteniendo referencias musicales o notas de humor o de viajes, o sencillamente curiosidades…

¿Cómo te busqué?

Aunque reniego muchas veces de esta fórmula impersonal de relacionarnos, acepto que me permite llegar a donde no hubiera podido hacerlo físicamente. Así te encontré, en este mundo “virtual” del que me fascina la accesibilidad al conocimiento o su inmediatez.

¿Para qué te busqué?

Lo he explicado en “por qué te busqué”.

No tenía más pretensión que la de mantenerme “ligada” a nuestro amigo Antonio. Por eso te saludó aquel día mi tristeza y tú la aliviaste con música de lluvia y rosas…

Hoy, disfrutando de este café, quiero agradecer tu gesto.

Desde entonces mi ánimo —apagó las luces rojas del pudor— abrió las ventanas a mi «old-fashioned» mundo de papel. Aquellas palabras que permanecían ocultas ocupando los cajones de mi estudio salieron a respirar el aire de miradas nuevas. Y, reconozco que siguen alimentando su ilusión.

@mjberistain
Con mi agradecimiento a J.M.Grijal
bo


En los labios del Agua


Destaco algunas frases de la novela del mismo título escrita por Alberto Ruy Sánchez.

La vida de las pasiones es como un caleidoscopio.

Comencé a escribir con gran desesperación, pero con gran placer.

Esta vez quiero hablarte y tocarte con mis palabras. Cada parte de mi historia es como un azulejo distinto. Los combino para dibujarte la geometría de mis deseos, de mis búsquedas, de mi lucha contra el vacío.

Ella, ella…

Primero aprendió a desearla infinitamente…

Y fijó en ella toda su existencia, como quien se convierte a una nueva religión. Buscó hacer de cada gesto de amor, de cada placer grande o pequeño, de cada palabra, de cada recuerdo, una prueba de su adoración: una oración

La imagen solar de la mujer era la creadora en sus sueños de un lugar privilegiado: un jardín de radicales caricias.

«Muerde mis labios
y quédate con ellos
como los nombres del aire
en los labios del agua.»

Decía el abuelo que, si uno va en barco, cuando el viento y el mar hacen el amor, lo cambian a uno. Siempre que me enamoro de una mujer y ella huele a mar, me acuerdo con miedo de alguna tormenta…

Una mujer feliz es toda agua.
Cierras los ojos y estás en el agua.
Y uno…
-cuerpo de toro con corazón quebradizo-
tiene que aprender a respirar dentro del agua.

___

Una buena pluma debe romperse
cuando ha logrado escribir con certeza
la palabra amor.


Me llamo barro


¡Me llamo barro!
eterno barro que emerge
lluvia, buril vagabundo
que trabaje sin planos,
yo, pujante arcilla
ansiosa de escultura.

 

Se estremeció al contacto de las manos
y ofrecía su cuerpo al alfarero
que ella siempre anheló: primero el rostro
después el talle, luego las rodillas.
¡Oh, sí! Mujer de barro que se vuelve
cántaro de agua, miel, vasija húmeda,
copa de amor para los desmayos
maceta de albahaca taza honda
cáliz de olor jofaina regalada
pila bajo la fuente perdurable
lamparilla de aceite que alumbrara
noches sin sueño y páginas de un libro
que está por escribir.

¡Oh, sí; ser barro!
Barro que ha descubierto a su alfarero.


 Autor: Jose Agustín Goytisolo

Alejandría


Cuando las obras humanas
se revelan tan efímeras…

Cuando las ideas huyen
con el viento y el amor
solo es un asesinato
perpetuamente renovado…

Cuando se sabe por fin,
que todo en el mundo es locura,
todavía hay dos cosas
que exigen un respeto.

Los pavorosos abismos
de un alma en soledad
y la infinita misericordia
de los sueños.


Autor: Terenci Moix


¿Qué resume la palabra Alejandría?

Evoco enseguida innumerables calles donde se arremolina el polvo. Hoy es de las moscas y los mendigos, y entre ambas especies de todos aquellos que llevan una existencia vicaria.

Cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones; el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera. Pero hay más de cinco sexos y solo el griego del pueblo parece capaz de distinguirlos. La mercadería sexual al alcance de la mano es desconcertante por su variedad y profusión. Es imposible confundir a Alejandría con un lugar placentero. Los amantes simbólicos del mundo helénico son sustituidos por algo distinto, algo sutilmente andrógino, vuelto sobre sí mismo. Oriente no puede disfrutar de la dulce anarquía del cuerpo, porque ha ido más allá del cuerpo.

Alguien dijo… Alejandría es el más grande lagar del amor; escapan de él los enfermos, los solitarios, los profetas, es decir, todos los que han sido profundamente heridos en su sexo.

Notas para un paisaje… Largas modulaciones de color. Luz que se filtra a través de la esencia de los limones. Polvo de ladrillo suspendido en el aire fragante, y el olor del pavimento caliente recién regado. Nubes livianas, al ras del suelo, que, sin embargo, rara vez traen la lluvia. Sobre ese fondo se proyectan rojos y verdes polvorientos, malva pastel y un carmesí profundo y diluido. En verano la humedad del mar da una leve pátina al aire. Todo parece cubierto por un manto de goma.

Y luego, en otoño, el aire seco y vibrante, cargado de áspera electricidad estática, que inflama el cuerpo bajo la ropa liviana. La carne despierta siente los barrotes de su prisión… Alguien camina por una calle oscura, sembrando los fragmentos de una canción como si fueran pétalos de una flor.


Lawrence Durrell
Extracto de Justine – Cuarteto de Alejandría
Imagen de Internet – Punto por Punto

El muro


Me he sentado en el viejo muro de piedra, junto al mar. Cerca hay unos jóvenes que juegan a besarse y pienso que te amo de otra manera, distinta a la de los que se abrazan y se estrechan durante unos instantes para luego separarse y olvidarse.

No llevo los labios pintados ni soy un alud de sonrisas. La palabra se me complica porque mi amor no es breve.

Soy lo que regalas a mi timidez, lo que hurgas en las heridas con la benevolencia de tus besos, las amapolas que naces en mis pechos, el viento que merodea entre mis dudas y muerde mis talones cuando busco cobijo e intento hundirme en la misma huella.

Pero dejo dormir en mi sien tu latido incógnito, el pulso del reloj marcando un tiempo infinito, la verdad desnuda de lo más sencillo, donde nos habitó la vida más cierta y más profunda.

Me he sentado en el viejo muro de piedra, junto al mar, y me gusta leer los nombres de las barcas sencillas

La tarde envejece entre pliegues de plata, y el sol, que todavía hiere…


@mjberistain
Escultura Oteiza
Fotografía Luis M. Lainsa

Bella del señor


Sublimes besos fruta
de todo tipo 
melocotones furiosos
frambuesas… 

de pronto suavizadas
y piñas turbulentas, albaricoques
precipitados,
las uvas… desordenadas

las peras apasionadas
las manzanas
demoníacas y de repente
cerezas y fresas amables
muy lentas, suaves,
suavemente…


Autor: Albert Cohen
Libro Bella del señor

RESILIENCIA


Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.

El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. El resultado es que la cerámica no solo queda reparada, sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza.

Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.

Llevemos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos y que, a veces, lastimamos o nos lastiman.

¡Cuán importante resulta el enmendar!

Cuánto, también, el entender que los vínculos lastimados y nuestro corazón maltrecho, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes.

La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud…

La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia —la capacidad de recuperarse— son dignas de llevarse en alto.

Autor: Abel Cortese


Sobre el mismo tema,
Ver: WABI SABI
Ver: Qué se considera belleza en Japón


Apuntes de salitre


I

Tu madrugada me sabe
a perfiles de salitre
que dibujan
en nuestras sábanas de espuma
las gaviotas blancas,
y a musgo y a ternura
reptando
por las caderas adormecidas
de nuestra soledad…

II

El tembloroso rubor de un rayo de luz
sobre las aguas
delataba el idilio secreto de las olas
y olía el aire a salitre
y a caricias derramadas…

III

La mar,
en un ritual de silencio
sugería un eterno abandono,
mientras se derramaba
en aromas de apretados musgos
envolviéndonos la desnudez
en un nocturno
de embrujo aterciopelado,

Palidecía la luna
en un rincón de la noche
y el vértigo
se abrazó a mi cintura.


@mjberistain de mi Libro Apuntes de Salitre
Fotografía Mikel Vega

Mavi, Te recuerdo


Mavi, te recuerdo…

Como un vendaval de dulzura
—Tus manos en mi rostro—
Yo fragante, la tierra húmeda.

Tu roce me estremece.
Yo recuerdo tu goce maternal
dando aliento a mi figura
o sucediéndose en formas
con nombres de emociones sencillas.
Alborada, sosiego, caricia…

Tu llama se esconde
en mis ojos sin fondo,
tu voz en mi silencio.
Yo despierto en tu frente
y dormito en tu sangre.
No hacen falta palabras
para que tú me entiendas;
y sé que me entiendes.

Soy lo que te acuerdas de soñar,
guardo en mí la ternura de todas las miradas.
Solo soy un sueño de mujer
con la piel de la fruta adolescente
y el amor palpitando, inacabado,
cálido bajo el bronce.

No podría morir nunca.
Me llamo barro.

@mjberistain 1999


Una intensa dimensión espiritual y poética se manifiesta a través de las diferentes formas de expresión que utiliza María Victoria Arbeloa, en especial en su línea escultórica.

Ella busca, observa, vive, y de su actitud ética ante el mundo sucede el milagro. La creación plástica de Mavi profundiza en lo más oculto e invade el espacio convertido en obra luminosa. Su creación nos hace visible aquello que no nos es común ver, el alma.

Desde una concepción romántica de lo estético, las dóciles y frágiles materias utilizadas son cauces de libertad para la sensibilidad de la autora, ofreciéndose en su obra como un enjambre infinito de universos. Mavi modela minuciosamente la ternura, alojada entre sus dedos, mientras se congrega la emoción, sabiamente invocada, en las formas de sus bronces. Esculpe con precisión silencios que imprimen huellas: el aire contenido, la apacible soledad de una espera confiada, un gesto fugaz de dulzura, un rasgo de rebeldía… Promesas de arcilla que nos acercan al corazón del laberinto humano, adonde, parece proponernos la autora, deberíamos acercarnos más sin prisa alguna por salir.

-El paisaje del alma-, algo inalcanzable que se hace tangible y vivo en la creación de una artista que trasciende lo estético, a la que dedicamos nuestra respetuosa y emocionada admiración.

@mjberistain 1995


Incluyo aquí extracto de un texto de J.C. Garza

Hablar de María Victoria Arbeloa es hablar de Arte y DE Mujer.

O del elogio de la mujer a través del arte. Será, como dice, porque ella lo es y tiende a plasmar su condición en sus esculturas. El cuerpo femenino es el gran protagonista de su obra, en la que deja traslucir sus sentimientos y emociones, pero también sus actitudes ante la vida. La escultora recorre el universo femenino a través de bronces o del modelado en arcilla antes de ser fundida.

Entre barros, bronces, refractarios y pátinas de distintas tonalidades y texturas diferentes dota de vida a las figuras; surge la mujer. La mujer en toda su amplitud.

Cuerpos femeninos entre la realidad y el realismo que trasmiten vivencias y estados de ánimo:

Maternidades en distintos estados de la comunicación entre la madre y el hijo:

Duérmete, Siempre a mi lado, Protección, Entrega, Espera…

Bustos en los que la mujer muestra distintos estados de presentarse ante la vida:

Armonía, Sosiego, Indiferencia, Seducción…

Son rostros hermosos, salidos de la imaginación de la autora (que no usa modelos), y en absoluto estáticos o rígidos, pues los pliegues del cabello les otorgan movimiento y vida.

Cuerpos completos en los que hallamos figuras sentadas, en posición de espera, quizá de un amante, pero también de otras muchas cosas que ofrece la vida:

Soñándote, Espero tu presencia, Quizás llegue…

La figura masculina también aparece en su obra, eso sí, abrazando y besando a la mujer, en un vínculo que refuerza la preeminencia de esta en el universo de Mavi.