Café con un desconocido

Sé que no debería de comenzar una carta con la palabra NO.

No he tenido la oportunidad de conocerte en persona, sin embargo has pasado a ser una especie de referencia en mi vida.

Tengo respuesta a las preguntas que me hago, pero realmente no conozco su significado. Tiempo y Espacio se confunden en mi apreciación del Universo, de la Luz. Como decia San Agustín “si nadie me lo pregunta lo sé, pero si trato de explicárselo a alguien que me lo pregunta, no lo sé”. Todo tiene algún sentido y siento que debo de formar parte de ello aún sin sentir la voluntariedad en mí misma. Lo respiro y vivo con una energía prestada que estoy segura de que irá más allá de mí cuando todo haya terminado aquí.

¿Por qué te busqué?

Se fué Antonio Casao; me dejó un hueco grande y oscuro. Te lo dije.

Hice algo que quizás no debería de haber hecho, o sí; tampoco lo sé.

Me encontré con referencias a su vida de gran intelectual y brillante profesional pero sobre todo con palabras que destacaban su gran humanidad, su humildad, su grandeza. Antonio iba dejando una huella indeleble en las muchas personas que tuvimos la suerte de disfrutar de su amistad. Busqué algunos nombres de entre sus amigos, pensé que mantendrían una parte importante de los valores compartidos con él y contactar con ellos sería como formar parte de una especie de red de salvación del gran vacío que dejaba su ausencia. Yo que me sentí tan huérfana aquella mañana cuando recibí la carta de su hija pequeña diciéndome que lo sentía pero que ya no recibiría ningún otro mensaje escrito de su padre… Recurrí a buscar a alguien que me ayudara a mantener, aunque solo fuera un fino hilo de comunicación con su mundo porque sabía que eramos muchos los que le admirábamos, sabía que eramos muchos los que recibíamos sus puntuales mensajes conteniendo referencias musicales o notas de humor o notas de viajes o simplemente curiosidades…

¿Cómo te busqué?

Aunque reniego muchas veces de esta fórmula impersonal de relacionarnos, acepto que me permite llegar a donde no hubiera podido hacerlo físicamente. Así te encontré, en este mundo “virtual” del que me fascina la accesibilidad al conocimiento o la inmediatez -aunque esto también me asusta por la dudosa duración de las emociones-

¿Para qué te busqué?

Lo he explicado en “por qué te busqué”.

No tenía más pretensión que la de mantenerme “ligada” a nuestro amigo Antonio. Por eso te saludó aquel día mi tristeza y tú la aliviaste con música de lluvia y rosas…

Hoy, disfrutando de este café, quiero agradecer tu gesto aquél. Entonces mi ánimo —al margen de mí, apagando las luces rojas del pudor— abrió las ventanas a mi “old-fashioned” mundo de papel y aquellas palabras que permanecían desordenadas ocupando los cajones de mi estudio respiran el aire de miradas nuevas, pero que les reconocen unos segundos de gloria y siguen alimentando su ilusión.

Gracias J.M.G.

@mjberistain

 


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