Mis Acuarelas
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EL MAR EN MÍ, VIVENCIAS, SEDUCCIÓN, SENSACIONES, SENTIMIENTOS, RITMOS, ECOS, BÚSQUEDA, AUSENCIA, MISTERIO. Lo que ocurre y ha ocurrido dentro y fuera de mi, a mi alrededor.
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Qué son los fractales y cómo crearlos?
Al observar con atención una mancha de acuarela sobre papel húmedo, podemos descubrir patrones delicados que recuerdan formas naturales como ramas, raíces, cristales o nervaduras de hojas. Estas estructuras, conocidas como fractales, surgen porque el agua fluye de manera irregular y lleva consigo el pigmento, creando bordes, caminos y texturas que se repiten a diferentes escalas.
Aunque parece algo complejo, los fractales aparecen constantemente cuando permitimos que el agua y el pigmento interactúen con libertad.
Existen técnicas sencillas que podemos usar para potenciar estos efectos y crear patrones fractales de manera consciente.
Por ejemplo, espolvorear suavemente unos granos de sal sobre una capa húmeda de acuarela es una manera fácil de crear fractales. La sal atrae el agua hacia sí misma, generando pequeñas ramificaciones y patrones cristalinos al secar.
Otras técnicas útiles son dejar caer agua limpia sobre una capa ya pigmentada, lo que genera bordes fractales y figuras naturales, o inclinar ligeramente el papel para que el agua forme caminos espontáneos.
Explorar estos métodos es aprender a dialogar con el material, respetando sus tiempos y disfrutando el proceso de descubrir formas nuevas en lo inesperado.
Sobre cómo “escuchar” la mancha para intervenir después:
Escuchar la mancha es detenerse antes de actuar. Es mirar sin prisa, dejando que algo empiece a hablar desde el papel.
A veces, una curva sugiere una espalda. O una sombra insinúa la pata de un animal.
No se trata de inventar, sino de descubrir. El siguiente gesto no viene de la mente, sino de una mirada que ya ha aprendido a confiar.



Texto Araceli García
Pinturas mjberistain_arts
Hace solo unas semanas he conocido a esta mujer de larga trayectoria como Artista. Fue reconocida en el ámbito internacional por la calidad de su obra y su dedicación a ella durante una larga vida, hasta su último suspiro. La descubrí el mismo día que cumplía 108 años y la noticia mostraba en imagen que, aún a su edad seguía pintando…
Por algunos detalles que he leído sobre ella, sent «tocada»
Pintó para sí misma durante 80 años silenciosamente. Fue una artista secreta la mayor parte de su larga y feliz vida. Se levantaba a las siete de la mañana y se ponía su delantal rojo repleto de manchas, se preparaba un café y se lo llevaba a su taller donde pasaba sus días desde siempre. Pintaba en el suelo, semi acostada sobre una alfombra persa, el cuadrado en el que aún puede leerse el mapa de su existencia. (En el periódico La Nación se leía en un titular en grandes letras: «A los 105 años, Ides Kihlen se consagra en el Bellas Artes»). Su debut artístico fue en el año 2000. Nadie comprendía cómo una obra tan poderosa pudo haber estado oculta durante más de ocho décadas.
Ella nunca quiso premios, concursos, reconocimiento o publicaciones. Tampoco le interesó hacer carrera como artista. El mundo del arte la reconoció entrando en el siglo XX, hasta entonces su obra había sido un tesoro personal y escondido para ella. Decía, «Con mi pintura y mi piano soy feliz, no necesito nada más». También estudió sicología y escribía poem
Una vez en el círculo comercial, no pararía de exponer en los mejores Museos de Arte Moderno y vender sus obras.
Ver Ides Kihlen
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Me tiene intrigada.
Sigo en mis trece de conseguir dominar el espacio que me separa del estado de Flow. Comprendo que no sepas de qué estoy hablando. Intento darte unas pistas. Por poner un ejemplo, siempre he querido ser un «director de orquesta» que, además de organizar un selecto y virtuoso grupo de músicos a su dictado, «siente» mientras dirige a Mahler oa Beethoven. (Que quede claro que mi envidia no es maligna; es solo creativa).
Se produce un silencio en el auditorio, algunas toses sofocadas por parte del público antes de que comience la música. El director levanta la batuta (o sea, en el caso que analizo sería ese fenómeno de enfrentarse al papel en blanco), y el aire de la sala cambia. Una especie de éxtasis emocional. Cien músicos y cientos de personas aguantan la respiración, todas las miradas coinciden en el mismo punto, en ese lugar en el que convergen la memoria de los ensayos, tantas partituras y páginas coloreadas emborronadas, tantas lágrimas y sueños descoloridos. Sin embargo, ese punto de convergencia es, asimismo, ilusión fundada en horas de dedicación y estudio, es esperanza a la que nunca dejaremos escapar. Es una emoción que respira hasta lo más profundo y vuela a lo más alto en equilibrio libre mientras la música va desplegándose en el tiempo.
Dicen que en una sinfonía de Mahler (por cierto uno de mis preferidos), el director se siente como si navegara por un paisaje emocional inmenso donde cada uno de sus gestos pudiera abrir una nueva puerta a otra atmósfera iluminada. Por otra parte si hablamos de Beethoven el director de orquesta quizás siente una energía concentrada, volcánica, empujando la música hacia adelante con una fuerza inevitable.
Son dos poderosos ejemplos. En este caso alguien empieza a sentirse como Beethoven cuando quiere sentirse como Mahler. Craso error. El aspirante a artista investiga sobre las razones de su obsesión y el motivo de su disgusto que no comprende, cuando dedica tantas horas de su vida al estudio de las técnicas y a llenar de manchas de colores sus papeles acuarelables.
¡Ah! Es el estado de flow…
Ese momento íntimo, esa sensación de «fluir», algo que acontece, que se alcanza por medio de la concentración, una sensación difícil de describir. Una luminosidad en la quietud perfecta del alma, por la que el director de orquesta siente que la música no está siendo interpretada, sino revelada, y deja de ser un controlador para convertirse en un canal espiritual por el que sucede la única verdad.
Cuando aparece el estado de «flujo», ocurre algo especial; la conciencia del tiempo se disuelve…
Fotografía de JAV
EL PINTOR DEL SILENCIO
Del Blog del Museo Thyssen Bornemisza, tomo prestados algunos detalles que me interesan especialmente sobre el pintor Vilhelm Hammershøi (1864–1916)
(Actualmente exposición de su Obra en el Museo)
Se trata de uno de los grandes nombres de la pintura danesa y una figura esencial del arte escandinavo moderno. Conocido como el maestro de los interiores silenciosos, su obra cautiva por su atmósfera enigmática, su luz tenue y su inconfundible paleta de grises. Sus cuadros transmiten calma, espera y recogimiento. Su contemplación nos habla del ritmo lento, contenido y vibrante del artista.
Los espacios parecen suspendidos en el tiempo, como si el mundo se hubiera detenido durante unos segundos. Por eso muchos lo llaman «el pintor del silencio»
La paleta de Hammershøi es extremadamente limitada, ocres, negros, grises, pero precisamente ahí reside su fuerza: la luz y las líneas se vuelven protagonistas absolutas.
Pintaba siempre los mismos interiores, gran parte de su obra transcurre en un mismo lugar: su apartamento de Copenhague. Cada cuadro es distinto, aunque el escenario sea el mismo y las puertas entreabiertas son un motivo clave, habitaciones conectadas que generan profundidad y misterio.
Apenas hay objetos decorativos, los interiores están casi vacíos. Nada distrae la mirada: el espacio, la luz y el silencio son los verdaderos protagonistas. Sus cuadros apenas tienen narrativa, no existen elementos anecdóticos que den pie a construir una historia.
Su esposa fue su principal modelo: Ida Ilsted aparece en numerosos cuadros, casi siempre de espaldas o absorta, contribuyendo al clima de misterio. Él era extremadamente reservado, tenía fama de hombre silencioso y poco dado a la vida social, algo que muchos relacionan con el carácter introspectivo de su obra. Le interesaban más los espacios que las personas. Aunque incluía figuras humanas, nunca dominan la escena. El verdadero protagonista suele ser el espacio vacío.
«Lo que me lleva a escoger un motivo son, en gran medida, las líneas que contiene, lo que llamaría la actitud arquitectónica de la imagen. Y luego la luz… «
No buscaba simbolismos explícitos. él nunca explicó significados ocultos. Prefería que cada espectador interpretara su obra libremente.






Está sucediendo mientras leo en la publicación de Babelia (El País) de hoy mismo…
La boca llena de trigo de Mayte Gómez Molina: la historia de una mujer pintora -Anna- bloqueada creativamente. A Aïda Camprubí le ha entusiasmado: «se palpa lo difícil de ser un ser social, espejo de los celos y frustraciones de los demás, a la intemperie del amor afilado del resto».
Mayte Gómez Molina se levanta a las cinco de la mañana para ponerse a escribir, antes de desarrollar una jornada laboral al uso. El primer capítulo de La boca llena de trigo aparece tímidamente, con intención de cuento. El formato es tan reducido como el tiempo del que dispone, pero la historia se convierte en novela cuando le dan dos meses entre un trabajo y otro. Escribe urgentemente en ese impasse antes de mudarse a Karlsruhe y convertirse en una grenzgänger —cruzadora de fronteras— para ir a diario al Institute Art Gender Nature en Basilea, donde tutela bajo la dirección de Chus Matínez. Allí ambas se dedican a acompañar a estudiantes en su entrenamiento del pensamiento crítico. Tienen un programa tan inteligentemente hilado, que parece otro regalo de la ficción. O de la brujería, si nos ceñimos a la línea de investigación elegida para este curso.
La boca llena de trigo es su la ópera prima de la autora, si no se supiera de antemano que su carrera en el arte digital es una forma de narrativa y que ya ha publicado varios poemarios.
Al contrario que ella, Anna, la pintora protagonista de este libro, está bloqueada y no puede cargar con las responsabilidades de los encargos. “A veces, la única forma de descansar es ponerse a trabajar” le achaca una amiga, y que para perder el miedo hay que pasar a través de él. Así ocurren las revelaciones, lejos del misticismo, en pleno cotidiano.
La escritura va de resarcirse. Anna pinta —o imagina pintar— todos los cuadros que la escritora no pudo materializar mientras estudiaba Bellas Artes en Granada. Gómez Molina ha decidido pintar a través de la escritura y muchas de las escenas se conectan con sus mímicas plásticas. Pero sobre todo leemos aquí, incluso olemos, la podredumbre de las ilusiones que no se han podido sacar a ventilar. Es el malditismo del talento, lejos del viaje del héroe y más cerca de la experiencia femenina.
Anna es un cuerpo avergonzante para el exterior y avergonzado dentro de ella misma. Se palpa lo difícil de ser un ser social, espejo de los celos y frustraciones de los demás, a la intemperie del amor afilado del resto. Siempre preocupado entre el ocupar demasiado y el desaparecer del todo. No todas las amistades son benignas ni frugales. Y cuando una narradora consigue ponernos tan adentro de la cabeza de la protagonista, el resto de personajes pasan peligrosamente alrededor, desestabilizando nuestra posición con la velocidad de un coche de carreras. Aprendemos así, a volantazos, que nuestro sostén y posición en el mundo son precarios y que el intrusismo laboral y el vital vienen de una misma raíz: la incapacidad de encajar del todo en las reglas de otros.
Sin comentario.

Herida, la hoja recuerda el viento, los bosques que la mecían besando la lenta luz de la tarde…

Restos de transparencia en su mirada; raro destello…

Escucha afuera la lluvia; una música de hojas y de címbalos…

Observa, a su alrededor, la secreta impostura del movimiento…

Silenciosa, mira el tránsito ligero de las nubes, la curva de las ramas, la imposible geometría de los pájaros…

Ninguna era más bella durante aquel fugaz momento en el que me amabas.
¡Resucítame con tus palabras…!
Textos basados en Palabras de Ángel González
fotografía@mariajesusberistain
Parece que contienen la respiración cuando entro por la mañana, todavía con legañas, y me miran de reojo…
Esta noche ha sido horrible, dura y larga. Pienso en cómo tiene que ser una noche a la intemperie de los tiempos, cubierta por el polvo y los cascotes de las ruinas de tu propia casa, escuchando al vecino del segundo llorar y moquear con desconsuelo mientras el estruendo y el humo de las bombas se recrean bajo un cielo apagado e inerte.
Pero mi discurso de hoy no tenía intención de empezar así, lo siento.
Decía que me miran de reojo, ahí dignos ellos, pinceles y paletinas como si fueran los reyes del mambo esperándome, jactándose de que hoy será un gran día para jugar conmigo. ¡Bellacos!
Pero, como decíamos ayer, me siento como ese director de orquesta que dirigirá, en breves, a Mahler. Preparados los participantes de mi orquesta, bastante aseados; es la norma, aunque a veces se despistan y aparecen con los pelos rígidos y coloreados después del trabajo de la víspera. Así que nos encontramos en el lugar de convergencia. Hoy navegaremos juntos hacia la intensidad de ese paisaje emocional del «Mood o fenómeno del Flow». Ese instante en el que el gesto (en el caso pictórico) deja de ser forzado. Desde la tarima paseo la mirada por el espacio, reconociendo a cada uno de ellos; el silencio logra la conexión necesaria para saber que debemos actuar superconcentrados y, al mismo tiempo, sentirnos profundamente libres. (Nadie pregunta cómo). No pensar en el público, ni en uno mismo. La música sucederá, será revelada; únicamente existirá ella desplegándose en el tiempo.
Abro los ojos en la ducha a ver si consigo que entre la cordura por alguna grieta de mis sueños hasta el cerebro. El papel blanco me espera con sus mejores galas: la pureza que sugiere el color blanco. Medito unos momentos, respiro despacio, pienso en no pensar. Siento el vacío y el poder en mi interior discutiendo, mientras unas gotas de negro caen sobre la hoja impoluta debido a la turbulencia de mis gestos ¡cielos! la resistencia del «ego». Quiero interpretarlo como un error (no como un fastidio) que, sin duda, según me lo han explicado, puede utilizarse para dar origen a mi obra abstracta de hoy. La paletina me mira con ojos de culpa y desconsuelo. Le recuerdo que su participación es básica y fundamental, que es mi herramienta preferida hoy, que la aceptación es un poder divino para llegar a alcanzar el Flow.
Lo cierto es que el arte nos hace vivir una experiencia creativa común: la búsqueda personal interior y ese diálogo que se establece en la paz, armonía y equilibrio como una resonancia emocional. Es la sensación de fluir en un magma (es lo que siento cuando nado en mar abierto). Abre un espacio interior hacia el crecimiento, creer en uno mismo aparece como sorpresa. Se convierte en espejo de gozos y sombras. El magma como símbolo de resiliencia y transformación, de aceptación y pasión, de evolución personal.
Como dice la IA, «el magma espiritual representa el fuego interno necesario para transmutar la energía negativa en fuerza positiva y estabilidad».












Crear arte se basa tanto en la intuición como en la técnica. Al adoptar un enfoque intuitivo, puedes impregnar tu obra de emoción personal y espontaneidad. Mi objetivo es guiar tu proceso pictórico con principios que te ayuden a pintar desde dentro hacia fuera.
El primer paso para pintar intuitivamente es tomarse un momento para observar todo acerca de su trabajo en progreso:
En la búsqueda de revelar y ocultar la belleza, las piezas de interés, la emoción y el significado, recuerda que el contraste juega un papel fundamental. Es más fácil identificar la oscuridad cuando hay algo de luz. De igual manera, la calma se percibe mejor cuando se yuxtapone al caos. A veces, las pinturas surgen de forma natural, mientras que otras necesitan el suave impulso de los principios del diseño para guiarlas.
Incluso al adoptar la pintura intuitiva, considerar los principios fundamentales del diseño puede enriquecer tu trabajo. Estos principios son las herramientas unificadoras que pueden transformar tu pintura en una obra maestra cohesiva. Entre ellos se incluyen:

Para quienes trabajan con cera fría, este medio se presta naturalmente a añadir textura, línea, forma, color y valor. Observa tu pintura actual y considera si alguno de estos principios se puede acentuar más:
Al incorporar incluso uno de estos principios, puede elevar su trabajo y ayudar a que su pintura «cante» a medida que los elementos se comunican y resuenan entre sí.
En resumen, combinar la intuición con los principios del diseño puede resultar en un proceso pictórico más enriquecedor y gratificante. Ya sea que tu arte surja de forma natural o con un poco de persuasión, estas pautas pueden ayudarte a crear obras hermosas, significativas y genuinamente tuyas.







Referencia: https://www.lisamannfineart.com/
Arde en la hoguera de su propio vuelo.
Bajo el cuerpo de lumbre ella es sol.
Su resplandor la atrae y la convierte en ceniza.
Viaja a su íntima noche, se asimila
al leve polvo errante de los muertos.
Pero entre lo deshecho se rehace.
Toma fuerzas del caos, se teje en luz
y amanece en la llama indestructible.
Texto: José Emilio Pacheco
Imagen de portada: Acuarela @mjberistain
Amo la forma en que se mezclan
las líneas y las texturas,
los espacios, el color,
me gusta perseguir sus curvas, sentir
su experiencia lujuriosa
la emoción de dibujar un mapa de miradas
a través del paisaje de sus sombras.
Persigo la belleza
que encierran las paredes desconchadas,
o los muros derruidos
que esperan a ser renovados y de nuevo
se abandonan a la inclemencia de los tiempos.
La belleza emerge en palabras
de la forma en que se engarza
un precioso pendiente
en el lóbulo imaginario de la mente.
La lengua silenciosa
dibuja el arco de su figuración
experimenta la emoción
de sus matices y dibuja un viaje
espiritual a través de continentes
de posibilidades.
Es el viaje profundo a la belleza
que llega al fondo de sí misma.
Cuando llego allí, miro hacia atrás
sobre la belleza que he creado,
o sobre la que he creído haber encontrado
y me sorprende, y me doy cuenta
Incluso lo feo y lo mundano
que había creído separar de la belleza
o había creído encontrar en ella
se vuelve hermoso…
Es así como buscando la belleza en las cosas
desde mi interior, consigo encontrarla
en mí mismo.
Así, desde esa percepción de la belleza
brota el más perfecto amor.
TEXTO: Recreación @mjb de un poema de Patrick Jenings
IMAGEN DE PORTADA: @mjb_arts
Este francés fue un artista, hombre del espectáculo e inventor que creó un tono que nunca había existido antes. ¿Cómo pudo lograrlo?
Un día de verano en 1947, tres muchachos estaban sentados en una playa de Niza en el sur de Francia. Para matar el tiempo, decidieron hacer un juego y repartir el mundo entre ellos. Uno eligió el reino animal, otro el reino de las plantas.
Antes de tumbarse y contemplar el infinito azul del cielo, el tercer joven escogió el reino mineral. Luego, con la alegría de alguien que ha decidido repentinamente qué destino darle a su vida, se dirigió a sus amigos y anunció: «El cielo azul es mi primera obra de arte».
Ese hombre era Yves Klein, a quien el crítico de arte Peter Schjeldahl de la revista estadounidense New Yorker describió en 2010 como «el último artista francés de gran impacto internacional». En un período de creatividad prodigiosa que duró desde 1954 hasta su muerte en 1962, por un tercer ataque cardíaco, a los 34 años, Klein definió el curso del arte occidental.
Lo hizo gracias a su compromiso con el poder espiritualmente edificante del color: dorado, rosa, pero sobre todo azul. De hecho, su devoción cromática era tan profunda que en 1960 patentó un color de su invención, que llamó International Klein Blue (azul Klein internacional, en español).
Nacido en 1928, hijo de padres pintores, Klein siempre mostró una tendencia por la espectacularidad. Le encantaba la magia así como los rituales arcanos de la mística orden Rosacruz —un movimiento esotérico de origen medieval— cuya influencia se manifestó posteriormente en su trabajo. Después de pasar un año y medio aprendiendo judo en Japón a principios de 1950, finalmente se instaló en París y se dedicó al arte. Su primera exposición de pinturas monocromáticas en varios colores se llevó a cabo en las salas de exhibición de una casa editorial parisina en 1955.
Su corta carrera se caracterizó por la abundancia de gestos radicales, muchas veces con el toque de su talento para el espectáculo. Por ejemplo, para celebrar la inauguración de una exposición individual en 1957 lanzó 1001 globos azules llenos de helio en el distrito de St-Germain-des-Prés de París.
Al año siguiente, hizo una exposición que ahora se conoce como ‘The Void’, que consistía sólo en una galería vacía pero que atrajo a una multitud de 2.500 personas, que tuvo que ser dispersada por la policía.
«Salto al vacío», su famosa fotografía en blanco y negro de 1960, muestra a Klein elevándose desde el parapeto de un edificio como un superhombre. Y como todos los actos de magia, la fotografía es en realidad un truco en el que la lona que en realidad sostenía a Klein no se ve.
Tal vez su performance más notorio tuvo lugar en marzo de 1960, en la inauguración de su exposición «Antropometrías de la Época Azul» en París. En esa ocasión Klein apareció ante el público vestido con un frac blanco, dirigiendo a tres modelos desnudas que se cubrían con una pintura azul pegajosa.
Mientras tanto, nueve músicos tocaban su Sinfonía monótona-silencio, que consistía en una sola nota interpretada durante 20 minutos, seguida por otros 20 minutos de silencio. Los cuerpos de las modelos pintadas eran impresos en un lienzo blanco, lo que Klein describió como «pinceles vivientes».
«El genio de Klein es cada vez más evidente», dice Catherine Wood, curadora de arte contemporáneo y performance del conocido museo londinense Tate Modern. «Ha sido tildado por algunos historiadores de arte como un charlatán o, debido al uso que hacía de modelos desnudas, como convencional y sexista, pero sus estrategias eran juguetonamente críticas y han adquirido una influencia significativa para las nuevas generaciones, Se podría decir que era un bromista crítico como Duchamp».
A pesar de su influencia en el arte conceptual, Klein estaba más preocupado por el color. En 1956, mientras estaba de vacaciones en Niza, hizo experimentos con un aglutinante polimérico para preservar la luminiscencia y la textura en polvo de un pigmento ultramarino en crudo todavía inestable, su patentado International Klein Blue (IKB) en 1960.
En 1957 Klein inauguró una exposición en Milán, que incluía 11 pinturas monocromáticas azules sin enmarcar, que marcó el comienzo de su «Revolución Azul». A partir de este momento el francés empezó a incorporar el IKB en todo tipo de objetos, como esponjas, globos y bustos de Venus. Incluso sus ‘pinceles vivientes’ sumergieron su carne en el IKB.

Los historiadores de arte siguen debatiendo la importancia del azul ultramarino de Klein. Para algunos, representa una ruptura con la abstracción llena de angustia, tan popular después de la Segunda Guerra Mundial. Las pinturas monocromáticas planas en blanco, pintadas mecánicamente utilizando un rodillo, parecían repeler el arte expresionista.
Para otros expertos las pinturas monocromáticas sin profundidad de Klein y la obsesión con ‘el vacío’ son expresiones de la amenaza de un holocausto nuclear. «Es absolutamente necesario darse cuenta de que, sin exageración alguna, vivimos en la era atómica», dijo Klein una vez, «En la que toda la materia física puede desaparecer de la noche a la mañana para dejar su lugar a lo que podemos imaginar como lo más abstracto».
Como el artista dijo una vez: «Al principio no hay nada, luego hay un profundo vacío y después de eso una profundidad azul».
Sin duda, sus pinturas monocromáticas ricas y radiantes comparten una característica singular: todas tienen una calidad vertiginosa que parece que nos succiona de la realidad hacia otra dimensión inmaterial. Mirarlas es comparable a meditar bajo un cielo azul profundo, algo que Klein quizás intuyó cuando era joven, en esa playa de Niza en 1947.
«De todos los colores que utilizó Klein, el azul ultramar se convirtió en el más importante. A diferencia de muchos otros colores, que crean bloqueos opacos, el azul ultramar reluce y brilla, aparentemente abriéndose a reinos inmateriales. Las pinturas monocromáticas azules de Klein no son pinturas, sino experiencias, pasadizos que conducen hacia el vacío», explica Kerry Brougher, curador de la gran retrospectiva Yves Klein: With the Void, Full Powers, en el Museo Hirshhorn de Washington DC, en 2010.
*Alastair Sooke es crítico de arte de The Daily Telegraph. Escribe ampliamente pero no exclusivamente sobre arte moderno y contemporáneo y escribe y presenta documentales en televisión y radio para la BBC.
Puedes leer la nota original en inglés en BBC Culture
No puedo ocultar una cierta debilidad y deleite cuando la meteorología anuncia nieblas en mi zona. Armo mi mochila, cargo las baterías de la cámara, y preparo mi ropa y mis botas de invierno para enfrentarme al frio antes de irme a dormir. Salgo de madrugada donde quiera que me encuentre y me pierdo en el algodón que difumina, ocultándolo, el paisaje tan sugerente…
Estas imágenes fueron tomadas durante la subida a Monteperdido
con un grupo de Asafona (Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza)
Pulsa sobre cualquiera de ellas para verlas en forma de carrusel en mayor tamaño













Amanece un jueves de Diciembre en el Norte.
Dejo que el viento sur me acaricie el alma y me lleve volando entre sus hilos lejos, hacia atrás, sobre la distancia de un Tiempo pasado, feliz, entre estas nubes desgajadas.
Viento Sur fue el nombre primerizo de una historia que aún continúa reflejándose en este blog desde aquel momento…
Invadida por una íntima desazón, no puedo evitar sentir el paisaje de mi vida decorado aquí y allá con los restos de mis juguetes rotos…




Texto e imágenes @mjberistain
Salida con ASAFONA (Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza)





Los líquenes son organismos que resultan de la simbiosis de hongos y algas. Normalmente crecen en lugares luminosos y se extienden sobre rocas o cortezas de los árboles formando pequeñas hojuelas o costras grises, pardas o rojizas. (RAE)
Naturaleza simbiótica
Beneficios
Fotografía @mjberistain
VER LA MÚSICA, REINVENTAR LA PINTURA
REPLICA DEL BALLENERO VASCO 1557-2025
Casi todo empieza y termina en las personas…
La nao San Juan, réplica científica del ballenero vasco del siglo XVI, culmina así la etapa de construcción en tierra y abre su etapa de mar, marcando un hito para el patrimonio marítimo internacional. La botadura estará precedida por un acto institucional en el interior de Albaola Itsas Kultur Faktoria, con la presencia de autoridades locales y autonómicas, entre ellas el Lehendakari, Imanol Pradales, y la Diputada General de Gipuzkoa, Eider Mendoza, así como representantes del Gobierno de España y del Gobierno de Canadá, además de colaboradores de diversas disciplinas que han participado del proyecto. Impulsada por Xabier Agote desde la asociación sin ánimo de lucro Albaola, la construcción de esta réplica combina construcción naval tradicional e investigación rigurosa de la tecnología marítima vasca del renacimiento. El proyecto ha requerido la creación de una infraestructura humana y material capaz de reactivar oficios casi desaparecidos como la carpintería de ribera, la herrería, la velería o la cordelería, y se ha desarrollado frente al público en un espacio vivo de investigación, divulgación y transmisión de conocimiento. El pecio del San Juan fue localizado en 1978 en Red Bay (Labrador, Canadá) gracias a las pesquisas realizadas por la historiadora Selma Huxley y a las campañas del Servicio de Arqueología Subacuática de Parks Canada dirigido por Robert Grenier. El estudio y catalogación de miles de piezas permitió definir con precisión el casco y las técnicas constructivas del siglo XVI, convirtiendo al San Juan en referencia internacional para la arqueología subacuática. Albaola abordó la construcción de la réplica científica tras recibir el minucioso informe realizado por Parcs Canada.