Por caminos de kilómetros sin cruces,
alas para un sueño,
allí te encuentro.
Sé que me esperabas,
porque vuelves
con tu brillo de primavera sin lluvia,
Sé que me esperabas
porque vuelves a mí
hasta en la inhabitable sequía…
@mjberistain
Por caminos de kilómetros sin cruces,
alas para un sueño,
allí te encuentro.
Sé que me esperabas,
porque vuelves
con tu brillo de primavera sin lluvia,
Sé que me esperabas
porque vuelves a mí
hasta en la inhabitable sequía…
@mjberistain
Llevaba tiempo deseando tener unos cuantos días libres para perderme por las rutas de los frutales en flor que pueden contemplarse en esta época por nuestra geografía; Cerezos en la zona de Extremadura, Almendros en Tenerife y Aragón o en la zona del Mediterraneo… Maquiné un plan que parecía perfecto. Estaba siendo un final de invierno infernal. Habían llegado tarde, pero con fuerza los vientos de más de cien kilómetros por hora, la lluvia arreciando sin compasión y anegando paisajes que hasta entonces eran de puro secano, y nieve; nieve deseada pero que atrapaba con su bellísimo manto blanco cualquier tipo de tráfico -animal o humano- a pie o por medio de cualquier artilugio mecánico de transporte conocido tipo tren, coche, camión o avión. De verdad que yo andaba necesitada de huir del gris oscuro que envolvía con saña mi cuerpo y mi espíritu.
Optamos por la zona de Levante por cercanía y por asegurarnos un poco de sol y temperaturas amigables para poder disfrutar del bellísimo paisaje de la «floración» en estas fechas. Todo encajaba.
«La producción del almendro en España se concentra en las comunidades del litoral mediterráneo. Es el segundo país productor mundial de almendra después de Estados Unidos. El almendro es un árbol muy robusto y de larga vida, que en la cuenca mediterránea puede vivir entre sesenta y ochenta años, incluso hasta un siglo. Es, junto al olivo, uno de los principales árboles cultivados con fin industrial en el litoral mediterráneo. Ambos toleran climas extremos de inviernos húmedos y veranos calurosos y requieren terrenos pobres. Actualmente se cultivan más de cien variedades debido a la gran riqueza genética, pero existen cinco tipos comerciales definidos y seleccionados entre las variedades de mayor calidad, que son Marcona, Largueta, Planeta, Comunas o Valencias y Mallorca.»
Llegamos tarde. La floración se había adelantado debido a la rara climatología de este año y los árboles se estaban cargando ya de almendras. Había una gran preocupación en la zona porque se esperaba frío y ello podría arruinar el fruto. ¡Nuestro gozo en un pozo!, Recorrimos los valles por sinuosas carreteras, esta vez con una belleza diferente a la que esperábamos, pero el sol y la vista del mar en el horizonte aliviaron nuestra desilusión.
¡Pues… compraríamos almendras!
Encontramos en Guadalest —un pueblo caprichoso encaramado en la sierra como una gran ventana al mediterráneo—, una tienda de productos de la zona.
Allí nos explicaron que la producción de los almendros se vendía íntegramente a la Cooperativa pero que, con suerte, podríamos encontrar algún vecino que quisiera vendernos almendra natural -con cáscara- a «dos coma cinco euros el kilo» aproximadamente (que era el precio de venta al por mayor). El amable dueño de la tienda, propietario también de algunas de las parcelas de almendros de la zona, al que compramos pasta de almendras para postres y otros usos, en su ánimo de aliviar nuestro desconcierto nos ofreció unas pequeñas bolsitas de plástico transparente con unos cuantos gramos de almendras garrapiñadas.
¡Garrapiñadas!
No puedo acordarme de cuándo fue la última vez que comí garrapiñadas, pero debió de ser en el parque de atracciones de Igeldo cuando todavía era una niña.
Tuve que conformarme con hacer algunas fotografías de almendros y cerezos por los alrededores, de camino a casa, cuando volvíamos de viaje, mientras mordisqueaba garrapiñadas que todavía me quedaban por los bolsillos.




Texto y fotografía@mjberistain
Ayer era otro Tiempo.
Lo viví como pude, como supe, porque todavía no había aprendido lo importante de la Vida.
Hoy es un nuevo año, muy lejano del año en el que nací. No es que quiera mirar hacia atrás, ese tiempo vive en mí, y hay veces que me hace sonreír, porque me lleva de la mano a tomarme un helado o a merendar tortitas con nata, o sencillamente, a ver a los chicos que aparcan sus motos en la acera de enfrente, delante de la heladería.
Sigo buscando la fórmula mágica para que mis fotografías tengan sentido, no uno cualquiera, sino el mío, el que yo quiero darles. Sí, ya sé que todo está en los libros, eso a lo que llaman técnica; la composición, encuadre, enfoque, diafragma, velocidad, objetivos, filtros, el trípode, todo eso referido a la máquina.
¡Ah, claro!
¡Y luego dicen que la máquina no es lo importante!
Hoy voy a suponer que dispongo de lo básico. —Necesito partir de alguna premisa—. Y, para mi nivel es cierto. Ahora bien, siendo capaz de organizar materialmente mi material, valga la redundancia, hay «algo» en mí que rara vez está conforme con el resultado de mi dedicación. Vale, soy una impertinente insatisfecha. Leo, estudio, persigo la obra de los grandes fotógrafos y las imágenes que, descubriendo a través de exposiciones, libros, folletos, revistas y otros «inputs» se acercan a esa imagen poética que me gustaría representar. Voy a explicarme mejor, porque creo que me estoy liando yo sola.
Soy amante de la Naturaleza. Me gusta viajar. No tengo claro si busco o encuentro belleza hasta en una pequeña brizna de hierba, aunque la lluvia no la haya enlucido con su luz, o el aire la haya despeinado, por poner algún ejemplo.
¿Entonces?
Nada, que llego a mi ordenador, con un cargamento de imágenes porque, claro, de cada brizna —como decía antes— hago varios disparos por si acaso va mejorando la calidad de lo que me propongo que sea mi fotografía perfecta, y la proceso con esmero, porque sigo estudiando con más ilusión que cuando tenía que meterme en la cabeza los nombres de los reyes Visigodos o las fechas de las infinitas batallas que nunca se ganaron porque en todas las guerras se pierde.
Y, dudo. Pero también está claro que mi nivel de autoexigencia me bloquea en muchas ocasiones y estoy ya un poco harta de tener que «pedirme permiso».
Por hoy ya está, estoy preparada para volar, no sé hacia dónde, sí sé por qué.
Hoy voy a entresacar algunas imágenes de mi archivo de viajes y me propongo «avanzar», me da lo mismo tener que subir altas montañas con frío, o caminar por caminos imposibles, como lo vengo haciendo, a partir de ahora voy a dejar mi mochila llena de prejuicios en el trastero antes de salir de casa, y que duerma el sueño de los justos.
Hoy necesito liberarme. Porque hoy es todo lo que tengo.
@mjberistain
Entre ser y querer ser. Es lo que debe ser vivir.
Lola García de Silva «Lo que vale la pena»
He necesitado, para vivir, dudas,
caricias, canciones, distancias
en un universo inconsistente
como la arena de un reloj
que se me ha ido escapando
de las manos
He necesitado una ruta desbocada
un destino de flores marchitas
y pasiones cumplidas.
Las sombras me van haciendo hueco
en la alfombra dorada del otoño,
los recuerdos ahora son difusos
envueltos en una niebla que borra
los límites de mi mundo,
me asombra la caridad de la esperanza.
Camino lentamente observando
las huellas de mis propios pasos
que aventarán vientos nuevos.
Alguien pasa deprisa a mi costado
y pienso que quizá sea el futuro
de mis hijos…
Duele la fugitiva luz de abril.
@mjberistain
«Estamos aquí solo por un breve momento. Y pienso que es un accidente tan afortunado haber nacido, que estamos obligados a poner atención.
En cierto sentido, esto es ir muy lejos. Es decir, somos, hasta donde sabemos, la única parte del universo consciente de sí. Podríamos incluso ser la forma consciente del universo.
Tal vez hayamos llegado para que el universo pudiera verse a sí mismo. No sé eso, pero estamos hechos de la misma materia de la que están hechas las estrellas, o de lo que flota en el espacio. Pero nuestra combinación es tal que podemos describir qué es estar vivos, ser testigos.
Mucha de nuestra experiencia es esa de ser testigos. Vemos y escuchamos y olemos otras cosas. Pienso que estar vivo es responder».
Mark Strand, Collected Poems
Reblogueado de Culturainquieta
Fotografía de Victor Bolea
Es como si de repente, en el aire, muriese algo que vuela, un indeterminado murmullo de ecos que parecen venir de un túnel blanco.
Y es también, desde luego, el ruido de vasos de cristal cuando se pisan, su metáfora fría de élitros batientes, la indecisión de las fieras nocturnas frente al amanecer.
Felipe Benítez Reyes






Me llamo Wild Oat.
Soy avena silvestre. Algunos me llaman Flor de Bach, porque el famoso músico Johann Sebastian Bach escribió una minúscula partitura para mi. Pero esa historia ocurrió hace más de trescientos años.
Yo le amaba, y a su música.
El sol brillaba aquella tarde silenciosa. En el regazo de una pequeña aldea mis compañeras y yo éramos felices. Sabíamos que la vida era efímera pero no pensábamos en ello entonces. Éramos campesinas. Distinguidas y estilizadas adolescentes de largas melenas rubias. Felices en nuestra parcela de tierra jugosa de color cobrizo, indiferentes al paso de las horas. Amábamos el sol, y crecíamos jugando al escondite con los vientos y chapoteando en el barro que formaban a nuestros pies las lluvias de primavera.
Aquel día estábamos inquietas. Veíamos cómo a lo lejos se levantaba una gran polvareda. Atravesando los campos, acercándose a nosotras cada vez más, llegaba la cosechadora amarilla.
Quise huir.
Inclemente, el sol cubría por entero los campos, hacía mucho calor. Sería difícil escapar y esconderme salvo que encontrara un fino haz de su luz junto a una sombra y pudiera camuflarme en ella. No lo dudé, me tiré al suelo y me arrastré avanzando torpemente entre las piernas de mis compañeras que, ante el estupor de ver de cerca la cosechadora, no se daban cuenta de mi maniobra.
El ruido del motor era aterrador. Llegué hasta el cobertizo de la casa y me refugié en el lado sombrío de un saco de abono abandonado. Estaba exhausta, me quedé quieta viendo la siega de mis compañeras que saltaban por los aires como pequeñas briznas doradas y caían después, una sobre otra, de nuevo a la tierra.
Un rayo de luz cegadora se me acercó y ocupó mi sombra. Se me ocurrió trepar por sus finas fibras para llegar hasta el sol. Sentí que un viento suave tiraba de mí succionando dulcemente. Era, como fluir entre livianas corrientes de aire; como volar sin gravedad.
El sol me recibió con un abrazo cálido. Sin embargo, —me dijo— voy a pedirte algo. Has tenido el coraje de perseguir tu sueño y aquí estás, lo has conseguido. Ahora tienes que ser agradecida a la vida y compartir tu felicidad con los demás. Te convertiré en flor, serás mi flor preferida. Tú te ocuparás de cuidar la tierra. Volverás a ella en forma de lluvia cada primavera para que germinen las semillas y se llenen los campos de espigas. Y lleguen los nuevos veranos y las cosechadoras, y haya trabajo y alimento para todos.




@mjberistain
Me despierta un susurro.
Cerca del amanecer
labios ardiendo a fuego
lento,
tu mano que se extiende
navega sobre la piel
como un viento de olas
en la oscuridad,
es como única palabra
que se agita en la melena
plateada de medianoche.
@mjberistain
La noche es solo noche.
Sé fuego
que no se apiade de nosotros,
que no convierta en ceniza
las heridas del placer,
que encienda con sus labios
amapolas.
Y, cuando llegue el alba,
que los vientos descalzos
abriguen, desde la alta cresta
de la música del mar,
sueños de inmortalidad.
Pequeño juego en forma de collage a partir de una lectura del poeta griego Odyssseas Elytis.
(Premio Nobel de Literatura 1979)
Había llovido cada uno de los últimos días del mes de junio. No era raro, pero sí era distinto a otros años. Sabemos que todos tenemos que actuar y estamos hartos de que en los medios nos llenen la cabeza de mensajes sobre el cambio climático. Así que, pienso que la humanidad no está haciendo lo suficiente, porque seguimos hablando de lo mismo día tras día, y comprobando los estragos de nuestra falta de sensibilidad en imágenes lamentables que nos llegan de cada rincón del planeta. Y la climatología nos está escupiendo directamente a la cara por imbéciles.
Sueño con la bola blanda de un mundo azul, formada fundamentalmente por agua, como nosotros. Compartimos el espacio de pequeños puñados de tierra con otros seres vivos, con frondosos bosques y caudalosos ríos aparecen aquí y allá. No caemos al vacío gracias a la fuerza de gravedad que, por algo misterioso, nos protege. Sueño con el alto azul infinito en el que flota nuestro mundo azul. En realidad, no sé muy bien si flota, si anida o en el que se ancla, pero sí sé que en las noches oscuras el cielo se llena de estrellas y desde el mundo que habitamos su misterio consigue que nos detengamos a contemplar su belleza, o a intentar interpretar mensajes que nos hacen llegar mientras navegan a años luz de nuestros ojos.
Fue el mayor astrónomo de su época. También fue geógrafo.
Parece ser que trabajó en Alejandría (donde sucedió a Aristarco en la dirección de la Biblioteca de Alejandría) y Rodas, donde construyó un observatorio. Sobre los instrumentos que utilizaba se conoce muy poco. Según Ptolomeo, inventó un teodolito para medir ángulos. Inventó también una dioptría especial para medir las variaciones del diámetro aparente del Sol y la Luna. Perfeccionó la dioptría común, utilizada para medir la altura de los cuerpos celestes o sus separaciones angulares.
Calculó la duración de las estaciones. Construyó una tabla que enseñaba la posición del Sol para cada día del año que servía para 600 años. Como sucede con muchos otros estudiosos de la antigüedad, sus estudios no han llegado a nuestros días, sólo tenemos información a través de citas en escritos de otros autores, como Estrabón y Ptolomeo.
En el año 134 a. C. elaboró un catálogo de unas 850 estrellas clasificadas según su luminosidad según un sistema de magnitud de brillo, parecido a los sistemas que se usan en la actualidad.
Hiparco calculó el mes sinódico (período de tiempo que tarda la Luna en volver a la misma posición, o sea, en llegar, por ejemplo, de Luna nueva a Luna nueva) con error de menos de un segundo del valor estimado actualmente. Calculó también el mes sidéreo y el mes anómalo.
Descubrió la precesión de los equinoccios (movimiento del eje terrestre al girar la Tierra, como el de una peonza), probablemente su mayor y más bonito descubrimiento.
Probablemente murió sobre el año 120 a. C.
Fuente Internet
Y solía amanecer encapotado. No hacía falta levantar la cabeza para mirar al cielo y ver la inmensa marejada de nubes negras que se desplazaban a diestro y siniestro según por dónde les daba el aire. Yo miraba al suelo gris y mojado de sonrisa triste y me tomaba un café para poder superarlo. Es un decir, pero sí, a veces es aburrido no ver el sol, no es que vayas a hacer nada especial, porque sigues escuchando la radio por la mañana mientras atiendes el trabajo de casa o sales a ganar el pan de cada día fuera o vas a llevar los niños al colegio, o a ayudar a tus padres que se están haciendo mayores y necesitan que alivies sus pequeños problemas rutinarios. En fin, que no es oro todo lo que reluce. Pero, seamos sinceros, la luz es vida y la del sol es alegría, esto dicho con todo mi respeto a los que han estado sufriendo este último tiempo temperaturas de un sol ardiente que apretaba el mercurio de los termómetros hasta casi conseguir que se desbocara como la pasta de dientes cuando se lavan los dientes los pequeños de la casa.
Pero no cedían nuestros intentos de salir una noche con los telescopios, las cámaras fotográficas y trípodes, con las linternas y por supuesto con el picnic para ir a ver las estrellas y la luna, la vía láctea y los planetas de nuestro sistema solar: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón (bueno, tampoco es para tanto, es que me sale de carrerilla). Se ve que algo me ha quedado de los años de colegio. Todavía no se habían incorporado Plutón, Ceres y Eris que se descubrieron más tarde.
Era de día cuando llegamos a la zona de avistamiento. La tarde espléndida prometía mucho, quizás había sido el mejor día de todo el verano. Un brindis por los organizadores, mientras se colocaban y se calibraban los star-trackers, telescopios, prismáticos telescópicos y se preparaba la «afarimerienda» (merienda-cena). Enseguida el atardecer nos regalaba con la visión de Venus. Rápidamente conquistamos la Polaris y nos situamos para reconocer con el puntero de láser las constelaciones, estrellas y otros muchos elementos ambulantes a nuestro alrededor.
¡Apasionante!
Llegados a este punto y mientras escuchábamos a nuestro querido experto astrofísico las más interesantes explicaciones in-situ, os imagináis que no hacíamos otra cosa mas que empaparnos del conocimiento que tan generosamente nos regalaba. Así, embelesados, nos encontraban las horas que pasaban, casi sin darnos cuenta.
La luna de agosto se escondía tras una alta colina que nos impidió disfrutar de ella desde nuestra localización en Artikutza. Sin embargo, sí pudimos verla desde los coches, cuando volvíamos a casa.
Incluyo la fotografía de Victor Bolea, gran fotógrafo y amigo, para dejar constancia de uno de los momentos vividos, mágicos e inolvidables.
Sueño con volver a ver las estrellas y los planetas y a esos amigos con los que se comparten estas locuras.
Agur, hasta pronto.
Os dejo con el poeta Julio González Alonso a quien tanto admiro. Su obra y su ser son interesantes. Enlace a su página web: lucernarios.net
Luna de agosto
Te miras en la noche
y te mira el día
y a tu rostro de luna
luna
asoma la sonrisa.
En los ojos zarcos
de las aguas frías
reposa la belleza que enamora
tu mirada limpia.
Tú subes
a sus cielos
con rubor de niña, piel naranja
de tacto adolescente,
blancor desnudo
de amor de novia enamorada
desvestida
de jazmines derramando sus aromas
por los jardines en sombra,
galanteo del aire,
brizna
de celos al arrullo de las olas
que besan las orillas.
La noche de agosto te corteja
y acompaña de estrellas
la luz de tus pupilas.
Cantan los grillos, los relojes
marcan las horas en las plazas
y suspiran los hados
de la buena fortuna.
Autor: González Alonso
(Revisado/Feb23)
No bebo agua. No lo tengo prohibido, es más; lo tengo recetado por mi médico de familia. Trata de convencerme diciéndome que mis riñones son la parte más importante de mi organismo, pero no sabe que la parte más importante de mí, es el corazón. No bebo agua por prescripción médica, bebo agua porque sé que soy agua y que necesito reponer mi energía. El agua debería de ser mi alimento esencial, mi alimento preferido, pero siento decir que, hasta la fecha, mi alimento preferido es el chocolate. ¡No puedo evitarlo!
Bebo agua corto fruta
Hundo las manos en los follajes del viento
Los limoneros riegan el polen del verano
Pájaros verdes rasgan mis sueños
Me voy con una mirada
Una amplia mirada en la que el mundo vuelve a ser
Bello desde el principio a la medida del corazón.
Poema del poeta griego Odysséas Elytis. (Premio Nobel Literatura 1979)
Del Blog de Triana, con mi agradecimiento.
Imagen de autor desconocido.
«…los últimos de clase, los expulsados por llevar ternura
en los bolsillos,
seguíamos puros como el viento…»
CS
La imagen que me sugiere este poema me lleva a los menores que están siendo devueltos a la vida, a la tierra, a la que jamás querrían volver… Y sé que como país existen normas dictadas desde algún lugar en el que lo humano no tiene tanta trascendencia como lo político o lo económico, pero me da pena la «inutilidad» de tantas miradas ilusionadas al otro lado del horizonte…
Origen: Blog Trianarts
1
He visto un niño con tambor a la orilla del agua.
Yo no sé si ha venido a lastimarnos
con su canción al viento, ni sé si hay forma humana
de estar como él, descalzo, ante la espuma,
hoy que no en balde subió la marea
a hacernos responder de nuestros actos.
En esta tierna alfarería, viva y frágil,
en este cuerpo que es proyecto y duda,
jamás afirmación, ¿me reconocería,
ahora que ya mis pasos y mi vida resuenan en lo oscuro?
2
Pero vuelven las barcas con la aurora y vuelvo
también yo nuevamente a recordarme solo,
junto al mar y los huesos calizos de las sepias.
De aquellos merodeos de la infancia, ¿qué queda?
Nada está consumado. El tambor suena
y el aire gratuito da a las cosas
su perfil más exacto,
quiero decir, su tenue bruma,
su ávida ensoñación. Y prevalece,
hoy como entonces, la melancolía,
la soledad, lo inútil en la arena.
Autor Carlos Sahagún
Observa la mujer, tras la ventana,
el paso implacable del tiempo
en el rumor lejano de una cosechadora.
Vuelan las espigas de pechos dorados
llenando el aire de oraciones diminutas.
Leo en tu mirada, mujer, una espera compasiva
cuando, no muy lejos, se escucha la voz quebrada
de la campana de la iglesia en ruinas.
Las horas caminan más despacio que otros días
en estas montañas, en sus bosques y en los ríos
que trazaron tus manos amantes
mientras tus hijos pequeños crecían.
Es tiempo de cosecha, mujer.
Mañana,
alguien que se apoyará en los muros de tu casa
recitará una oración diminuta en tu nombre.
En el aire, aromas de tus flores preferidas…
@mjberistain
«… —Míralo todo bien;
eso que pasa
no volverá jamás
y es ya igual que si nunca hubiese sido…»
Gracias al corazón por el que vivimos,
gracias a sus ternuras, a sus alegrías
y a sus temores,
la flor más humilde al florecer
puede inspirar ideas
que, a menudo, se muestran
demasiado profundas para las lágrimas.
A nada renuncies
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo…
De William Worthsworth
He buscado y he hallado cosas, valores o temas como la tolerancia, el diálogo con la luz, el aroma de las piedras, la luz negra… en el espacio sin tiempo de Chillida Leku y en los materiales con los que el Artista materializaba su obra.
Acero, Granito, Hierro, Yeso, Alabastro, Madera, Tierra, Tinta negra, Papel
Oxidación, Exfoliación, Humectación
Espacio, Tiempo, Materia, Espíritu, Resonancia, Gravedad, Límite, Vacío
Sueño, Utopía, Unión, Intuición,
Paz, Tolerancia, Fraternidad, Libertad
Caserío, Hogar, Raíces, Interior, Frondosidad, Escuchar, Viento, Luz
Y la música…
de Vivaldi, Mozart y especialmente de Bach, que muestran su relación con la armonía, el ritmo y el sonido.
Pulsar sobre cualquiera de las imágenes para verlas con mayor detalle







En Gurutz (Cruz) Chillida excava el alabastro hacia adentro
haciendo que la cruz se materialice en el vacío.
Tras experimentar con materias de su tierra natal como la madera y el hierro, el alabastro le condujo a Chillida a elaborar obras más luminosas y diáfanas. Se convertiría en la materia perfecta para captar la «luz oscura» que él identificaba con el mar Cantábrico. Frente a la luz blanca, fuerte, vibrante y cristalina del mármol, el alabastro transmitía una sombría luminosidad, una luz neblinosa y húmeda, más cercana a la luz negra propia del País Vasco.
El mar Cantábrico, un mar encrespado, con oleajes frenéticos y tonalidades grises y plomizas.
En lo translúcido la luminosidad parecía emerger del interior de la piedra
como si, retenida en lo más profundo, irradiase de la propia materia.
Este verso de su gran amigo el poeta Jorge Guillén (Cántico), conecta con el Artista que lo interpreta y lo trabajará en su obra como «vacío»
en su primera escultura en alabastro titulada «Mendi huts» (montaña vacía)
en el interior del granito respetando, por contraste, su exterior rugoso natural.
en la contraposición de lleno y vacío de su escultura titulada «Buscando la luz» (en sentido físico, poético y espiritual)
en su proyecto irrealizado en la montaña Tindaya en Fuerteventura.
«Su espacio interior no sería visible desde fuera, pero los que penetraran en su corazón verían la luz del sol y de la luna, dentro de una montaña vacía volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente»
Sus palabras…
me siento como un árbol que está adecuado en su territorio, pero con los brazos abiertos al mundo
forjar un hierro es luchar contra él
doy mayor valor al conocer que al conocimiento
necesito el peso para rebelarme contra él
prefiero esculpir antes que modelar, las esculturas brotan del yeso seco
tengo las manos de ayer, me faltan las de mañana
Consciente de que la materia iba hacia abajo por ley natural, intuía que el espíritu iba hacia arriba, trabajaba la idea de dar ligereza a las voluminosas masas de piedra o acero dotándolas de una espiritualidad que las elevara por encima de su ser.
Fotografía @mjberistain
Apuntes de la Guía General de Chillida Leku
En tibias mañanas, inesperadas pero lentas,
urdiendo una primicia de soledad completa,
os sentí extrañamente alrededor.
del libro La sangre Música del Poeta Antonio Daganzo
fotogtafía@mjberistain

Y otras hierbas…
Caminamos por las orillas del Canal Imperial de Aragón. El camino es pedregoso y polvoriento, se abre entre hierbas silvestres y bosques de pinos. Nos llevará hacia las antiguas esclusas, hoy abandonadas de Valdegurriana.
Extraigo la sencilla belleza de las espigas de avena silvestre magnificada por la luz del sol de mediodía.



El calor que guardan los canales
es sofocante.
Fotografiar la calma,
la soledad enardecida,
la mudez que grita,
el cielo que nadie vuela,
las flores de loto entregadas al sol
y a sus amantes…
Ha merecido la pena vivir
la intemporalidad de la Naturaleza
detenida.
Siento, una vez más.
Texto: Isabel Fernández Bernaldo de Quirós
del Libro La senda hacia lo diáfano (extracto)
El viento sacude las enaguas amarillas del otoño. Busca la boca desnuda de los bosques con pasión de enamorado. Desde el centro del pueblo llega un murmullo de voces infantiles por las estrechas pendientes empedradas. Hay hombres viejos sentados aquí y allá que parecen apacentar las horas. Las ventanas se tornan con lenta indiferencia dejando que se filtren finos hilos de luz silenciosos por las grietas. Se va haciendo tarde.
No tengo prisa, todo es un sueño. Llevo una vieja mochila al hombro.
Las sombras me siguen como afilados cuchillos negros. He subido hasta la cima con mi corazón a cuestas. Escucho el latir de las piedras, hogueras de estrellas enciende el mar, fuego fulgurante. Todo es un sueño. La noche ha borrado los caminos, el tiempo, los nombres…
En la lejanía navega indecisa mi vieja mochila.
Late el corazón apretado a las piedras, a las estrellas, al mar que rompe en el acantilado…
@mjberistain
Y tu, de qué lado de mi cuerpo estabas alma, que no me socorrías?
J.A.Valente
El frío se ciñe a la cintura de la noche. Nubes de sombras dibujan en las calles esquinas tristes y tristes luces de ciudad en parques de penumbra y fuentes de piedra mutiladas. Sombras como mentiras piadosas suenan sobre el asfalto, imágenes temblorosas que se duplican en los charcos…
¿Qué queda del humo de los inviernos, del intenso aroma de las flores marchitas, de los árboles desnudos o del vuelo de los pájaros de plata buscando en el horizonte el esplendor de lejanas latitudes?
Mirando al mar sobre la memoria de los días estoy aquí, quieta en mí, sentada en la arena junto a ti, contigo, en esta noche que se escapa.
¿Llegaré a tiempo al trabajo o acaso sueño aún con gotas de escarcha en las pestañas?
@mjberistain
Cayó extenuada a mis pies. No podía volar y me seguía con gran dificultad, dando pequeños pasos detrás de mí.
La recogí y durante varios días la acomodé en el invernadero. Le di cuidados y alimento, poco a poco fui animándola a salir de su refugio hasta que conseguí que diera pequeños paseos a mi lado por el jardín. Un día, antes de volver al invernadero, voló hasta mi hombro. Supe entonces que ya estaba recuperada.
Quiero escribir libertad, pero no me sirve con la tinta negra de mi pluma.
Quiero escribir la palabra libertad con tinta blanca sobre papel blanco, sin márgenes,
y dejarlo volar desde mi ventana.
Hacia el más allá;
hacia el más allá del ancho mar de la esperanza…
@mjberistain