Le vi vagar por la penumbra
las manos en los bolsillos vencidos,
arena en las suelas de sus zapatos
y un fleco de su cabello tapándole los ojos.
Recuerdo que una fina lluvia se afanaba
en forma de hilos de cristal, saltaban
y salpicaban justo antes de caer en las aceras,
¿o quizás era después?
Le vi apoyarse en una farola y juntar sus manos
protegiendo la llama de una cerilla para encender un cigarrillo,
después, brotó de sus labios una nube de humo confusa
que se estrelló contra la noche.
Mecía el mar la soledad como a una pequeña barca
con nombre de caricia. A la orilla llegaban cristalinas burbujas silenciosas
como lejanas y tímidas risas de niñas.
¡Qué pena! —pensé—
La tristeza es a veces como una playa nocturna y solitaria cuando baja la marea;
como sus olas sobre la arena, minúsculas pero constantes desgarraduras.
@mjberistain













