Sobre el sigilo verde de los campos
sestea la brisa y casi suscita
presentida, la caricia inasible
del agua súbita.
Se aquieta la alegría en la distancia,
en un instante sueña y se entristece
y una sed sucesiva reúne
lluvia y llanto.
Como un veneno lento nos invade
impune la fragancia de la vida,
hay una bruma que tiende su manto
sobre la desnudez de los castaños
y una muerte muy íntima que viste
de encajes tímidos los almendros.
Las palabras contienen su naufragio
en la piel primitiva de los labios.
Somos un gozo invisible
pero se nos caen los besos huérfanos
sobre las luces impuras, huidizas
de otra tarde.
Hay un lento pudor que aguarda
entre las brasas la llegada dócil
de otras madrugadas y se recuesta
la costumbre en nuestros ojos. Un viento
borda breves soledades y sangra
la memoria sobre los tejados.
Hay una guerra afuera
cuerpo a cuerpo frente al tiempo
y cuando todo termine,
—dentro de un momento—
y apenas quede mar en nuestras venas
ni sean ya infinitas las mareas,
alguien nos examinará de amor
y entonces, solo entonces comprenderemos
que no había ningún después para nosotros.
@mjberistain
De mi libro «Apuntes de Salitre» – Edic. Vitruvio 2018
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