En el horizonte se dibuja un mar oscurecido, profundo y misterioso, pero también azul de esperanza. La vela se abre como un sueño que avanza, y la figura solitaria en la embarcación se convierte en símbolo de quienes, aun en medio de la incertidumbre, deciden seguir navegando.
Cada reflejo en el agua es promesa de claridad, cada ráfaga de viento es impulso de fe. Así comienza la jornada: con la certeza de que, aunque la noche se resista y pretenda atraparnos, siempre habrá un azul que nos sostenga y nos invite a abrir nuestras velas a la vida.
Buenos días, con la esperanza desplegada como velas al viento…
Voy a empezar como lo hacen las flores antes de que la primavera se vista con sus mejores galas de primavera, poco a poco. Hace mucho tiempo que no pasaba por aquí, ya sabes, el invierno, el frío, la lluvia, la guerra… y mi corazón que no está disponible para estos tratos ni sobresaltos. Así que me arrebullo entre mis cosas y continúo tratando de encontrar mi centro, como decía mi compañera de fatigas y discursos a la cual admiro, Julia.
Y no es que se me olviden las cosas, aunque también, sino que a veces siento que no me queda tiempo para todo lo que pretendo hacer, y me muevo como las gallinas dando vueltas por el prado, queriendo picar por aquí, por allá. Sé que esto es infame, ya «me lo decía mi amá», porque lo de la concentración se ve afectada y el estrés aparece como un saltimbanqui intentando llevarme al huerto mientras me dedico unos minutos a la meditación, antes de ponerme a pintar cada mañana.
Ayer rescataba de mis archivos de fotografía algunas ramitas, flores incipientes que encuentro en el paisaje de los pueblos abandonados que tanto me gusta visitar. No es morbo lo que me atrae, en ellos encuentro una especie de paz, silencio, la lontananza que vivieran sus habitantes durante el destrozo, por los motivos que fuera, por lo que se sintieron abandonados y dejaron su tierra, sus muros y piedras a la suerte de la intemperie, después de haber sobrevivido a guerras y otros frentes. Es cierto que su contemplación me invita a reflexionar, en una especie de comunión con la humanidad. Y eso me hace bien.
Así, dejo unas imágenes que me animan a continuar con mis viajes y traer la próxima vez algunas ramitas adolescentes para la colección.
No puedo ocultar una cierta debilidad y deleite cuando la meteorología anuncia nieblas en mi zona. Armo mi mochila, cargo las baterías de la cámara, y preparo mi ropa y mis botas de invierno para enfrentarme al frio antes de irme a dormir. Salgo de madrugada donde quiera que me encuentre y me pierdo en el algodón que difumina, ocultándolo, el paisaje tan sugerente…
Estas imágenes fueron tomadas durante la subida a Monteperdido con un grupo de Asafona (Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza)
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Dejo que el viento sur me acaricie el alma y me lleve volando entre sus hilos lejos, hacia atrás, sobre la distancia de un Tiempo pasado, feliz, entre estas nubes desgajadas.
Viento Sur fue el nombre primerizo de una historia que aún continúa reflejándose en este blog desde aquel momento…
Invadida por una íntima desazón, no puedo evitar sentir el paisaje de mi vida decorado aquí y allá con los restos de mis juguetes rotos…
Salida con ASAFONA (Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza)
LÍQUENES
Los líquenes son organismos que resultan de la simbiosis de hongos y algas. Normalmente crecen en lugares luminosos y se extienden sobre rocas o cortezas de los árboles formando pequeñas hojuelas o costras grises, pardas o rojizas. (RAE)
Naturaleza simbiótica
Los líquenes son una asociación entre un hongo (el componente principal) y un alga o cianobacteria.
El hongo proporciona al alga humedad y protección, y el alga le proporciona alimento a través de la fotosíntesis.
Beneficios
Indicador de aire limpio: Son muy sensibles a la contaminación, por lo que su presencia suele indicar un aire de buena calidad.
Protección: Protegen la corteza de los rayos UV y las temperaturas extremas, y ayudan a retener la humedad.
Soporte: Proporcionan alimento y refugio para otros animales pequeños.
Fijación de nitrógeno: Algunos tipos fijan nitrógeno del aire, lo que es beneficioso para el ecosistema.
La nao San Juan, réplica científica del ballenero vasco del siglo XVI, culmina así la etapa de construcción en tierra y abre su etapa de mar, marcando un hito para el patrimonio marítimo internacional. La botadura estará precedida por un acto institucional en el interior de Albaola Itsas Kultur Faktoria, con la presencia de autoridades locales y autonómicas, entre ellas el Lehendakari, Imanol Pradales, y la Diputada General de Gipuzkoa, Eider Mendoza, así como representantes del Gobierno de España y del Gobierno de Canadá, además de colaboradores de diversas disciplinas que han participado del proyecto. Impulsada por Xabier Agote desde la asociación sin ánimo de lucro Albaola, la construcción de esta réplica combina construcción naval tradicional e investigación rigurosa de la tecnología marítima vasca del renacimiento. El proyecto ha requerido la creación de una infraestructura humana y material capaz de reactivar oficios casi desaparecidos como la carpintería de ribera, la herrería, la velería o la cordelería, y se ha desarrollado frente al público en un espacio vivo de investigación, divulgación y transmisión de conocimiento. El pecio del San Juan fue localizado en 1978 en Red Bay (Labrador, Canadá) gracias a las pesquisas realizadas por la historiadora Selma Huxley y a las campañas del Servicio de Arqueología Subacuática de Parks Canada dirigido por Robert Grenier. El estudio y catalogación de miles de piezas permitió definir con precisión el casco y las técnicas constructivas del siglo XVI, convirtiendo al San Juan en referencia internacional para la arqueología subacuática. Albaola abordó la construcción de la réplica científica tras recibir el minucioso informe realizado por Parcs Canada.
Composición fotográfica a partir de tres fotografías del Puente Colgante de Bilbao editadas en Blanco y Negro. Trabajo de fusión y desenfoque. Tamaño 38×29 cm., resolución 300 ppp.
El puente de Vizcaya (Bizkaiko zubia en euskera), también conocido como puente Bizkaia, puente Colgante, puente de Portugalete, o puente Colgante de Portugalete, es un puente transbordador de peaje, concebido, diseñado y construido por iniciativa privada entre 1887 y 1893, que une las dos márgenes de la ría de Bilbao en Vizcaya (España). Esta construcción de ingeniería civil fue inaugurada el 28 de julio de 1893,[1] siendo el primer puente de su tipología en el mundo[2] y uno de los ocho que aún se conservan.[3]
El puente recibe varios nombres. El nombre que consta en su página web oficial es «Puente Bizkaia», aunque su denominación más popular y extendida sea la de «Puente colgante» al que a veces se suele añadir la extensión «de Portugalete«. También suele recibir el nombres de «Puente de Portugalete», ya que originalmente unía Portugalete con Las arenas de Portugalete (ambas márgenes se consideraban del mismo municipio), y «Puente Palacio», en honor de Alberto de Palacio y Elissague, el ingeniero que lo proyectó.
El puente enlaza la villa de Portugalete con el barrio de Las Arenas, que pertenece al municipio de Guecho, así como las dos márgenes de la ría de Bilbao. Su construcción se debió a la necesidad de unir los balnearios existentes en ambas márgenes de la ría, destinados a la burguesía industrial y a los turistas de finales del siglo XIX.[4]Bilbao – Puente Colgante de Portugalete. El puente tiene 61 metros de altura y 160 metros de longitud es un puente transbordador de peaje, concebido, diseñado y construido por iniciativa privada entre 1887 y 1893, que une las dos márgenes de la ría de Bilbao en Vizcaya (España). Esta construcción de ingeniería civil fue inaugurada el 28 de julio de 1893,[1] siendo el primer puente de su tipología en el mundo[2] y uno de los ocho que aún se conservan.[3 Wikipedia.
Composición fotográfica de la obra del escultor Nestor Basterretxea titulada Paloma por la Paz, fue creada en 1980 y situada en el Paseo de la Zurriola de San Sebastián.
El procesado combina varias fotografías en color de la escultura, conposterior desaturación, fusión, desenfoque y virado a blanco y negro, aportándole un terminado en tonos azules. Tamaño 70x 41,2 cm.
Autoría: Macarena Azqueta y Maria Jesus Beristain con la colaboración de María José Cueli en el procesado.
Museo Pablo Serrano, febrero 2025
Nota: Obra donada a la Asamblea de cooperación para la Paz de Zaragoza, expuesta en el Museo Pablo Serrano y vendida en subasta.
Nací, crecí y soñé durante miles de madrugadas en este lugar. Mis raíces aquí. Esta es mi Tierra, me identifico en su Naturaleza; mar, montaña, música, lluvia, niebla, sol y también en su oscura luz… Vibro en ella como una gota de agua a punto de caer de una rama de roble al vacío.
Hablamos mucho de «redes» últimamente… Mi proyecto de descanso durante unos días a final de año se ve inmerso en ellas. Redes. Y no puedo negarme a entrometerme en sus espacios, respirar el aire de salitre que desprende el Mediterráneo en San Carlos de la Rápita, entornar los ojos para contemplar la distorsión de las ondas que forman los reflejos en el agua, y en las hebras de pita amontonadas una vez que los barcos han descargado en puerto el pescado fresco que traen para subastar en la Lonja.
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Además de la belleza del paisaje, de la sonoridad del río que nos acompañaba durante toda la ruta, de las castañas caídas que fuimos recolectando, del sol y de las sombras, lo mejor del día fue coincidir con un grupo de montañeros de Navarra. En el monte no hay diferencias, todos somos hermanos, la cordialidad, la simpatía, la generosidad son valores que sobresalen, especialmente en condiciones complicadas, aunque ese día estos valores brillaron por simpatía.
Era un día magnífico. Llegamos al lugar de la primera cascada de las dos que teníamos previsto conocer. Estaba «tomado» por un grupo de personas que estaban sentados en la hierba, apostados entre los árboles. A medida que nos acercábamos, nos llegaba el inconfundible aroma a hongos cocinados (concretamente a boletus edulis). De los primeros saludos, brotó inmediatamente la empatía. Y nosotras no habíamos llevado nada para comer, porque pensábamos hacerlo más tarde en el pueblo. No dudaron ni un segundo en ofrecernos parte de su «amaiketako» (almuerzo). Nos prepararon a cada una un pequeño bocadillo de su deliciosa tortilla de hongos acompañada con un vasito de vino. Y de postre magdalenas recién hechas esa misma mañana, a las que se había añadido una cucharadita de mermelada de naranja amarga, y colocado con cariño sobre cada una, un trozo de nuez.
¡Qué placer! Fueron momentos mágicos, sagrados, el encuentro y la charla con esta gente de diversos lugares de nuestro país, montañeros desde jóvenes, como nosotras, que tatuaron en nuestro espíritu una huella muy especial.
Salida propuesta por mi amiga MiCueli a la que llegué gracias a la fotografía. Hoy todo lo que sé se lo debo a ella. Además, es un placer muy especial compartir momentos inolvidables como este.
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Y me encontré con Charo. Su imagen de persona joven trabajando con la leña me interesó, le pedí permiso para tomar una fotografía y lo agradeció. Después de unos minutos de conversación, continué mi camino hacia Aguallueve.
Aguallueve es un manantial que cae continuamente en forma de gotas de agua, creando un espectacular relieve, con paredes de piedra y musgo, y pequeñas grutas escondidas entre la vegetación.
El agua genera un bonito valle rebosante de naturaleza, que puede recorrerse a través de sendas y caminos rodeados de árboles y arbustos, como pinos, chopos, zarzamoras… y animales autóctonos, como el mirlo, el cuco, el corzo…; y en el que existe un gran contraste del verde con los colores rojizos de la arena arcillosa, en la que se forman impresionantes cárcavas, y el gris de la piedra caliza de lo alto del aguallueve. El agua se recoge en una balsa que después se canaliza para el riego de campos y huertos.
Hay una rara inquietud en el ambiente afuera. Es Navidad. El canal es hoy una trinchera habitada por la soledad. El silencio se apodera del mundo, pero no cesan los gritos de las granadas ni el estruendo de las bombas en algún lugar. Imagino a jóvenes soldados celebrando la vida bajo la niebla de la metralla. Pienso en ellos en esta fría madrugada de Diciembre. Quizás allí el polvo ciega sus ojos y, a su lado, el fuego frio se acumula en la mirada de los muertos. La piedad y la esperanza oran en el fango. Piso los mismos caminos cada día, soy una de las hojas que mece el aire y se desprende con lentitud hacia el lecho dorado del invierno. Antes, me gustaría divisar algún rayo de luz agazapado entre la bruma.
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Localización Canal de Aragón mjberistain@fotografia
… que, hasta la fecha, he prestado poca atención a la «calabaza», que no sea por su valor culinario. Ni siquiera por su valor terapéutico. Por sus otras aplicaciones la he obviado a pesar de su utilización festiva como divertimento, especialmente porque me empacha su utilización en la celebración de Halloween que, siento decirlo, no coincide con mis ilusiones.
Sin embargo, hace unos días me sorprendí a mí misma fotografiando algunas variedades de ellas, que descubrí colocadas con mimo en un rincón de una antigua nave industrial. Pensé que también había belleza en su piel, en sus formas, en su manera de relacionarse unas con otras. Hice un ejercicio de humildad y hoy quiero destacar sus imágenes ofreciéndoles un pequeño homenaje en forma de Bodegones. Con todo mi respeto.
Un poco de historia:
La gran mayoría de las calabazas que se consumen en el mundo tienen su origen en especies que fueron domesticadas en México, todas ellas pertenecientes al género Cucúrbita. (melón, pepino, sandía). De hecho, se trata de la primera planta cultivada en Mesoamérica, la fecha más antigua que se conoce es de hace unos 10 000 años. Desde entonces la calabaza es parte fundamental de la dieta nacional –es una planta de la que se aprovecha no solo el fruto, sino sus flores y sus tallos–, y desde que a raíz de la conquista española se dispersó por el mundo es un producto consumido ampliamente. Las calabazas provienen de la familia de las cucurbitáceas, de la que también proceden los melones, las sandías y los pepinos…
Además de su sabor, sus usos culinarios y sus múltiples propiedades y beneficios para la salud, a las calabazas se les ha dado infinidad de usos a lo largo de la historia:
En Haití en 1800 la calabaza fue declarada moneda oficial del país
Muchos instrumentos musicales de diversos países, tales como China, África, Costa Rica o Nicaragua, están hechos con calabaza o de calabazas
Son el icono de la festividad de Halloween. Las calabazas en estas fechas se utilizan como objeto decorativo, como lámpara y como elemento terrorífico digno de esta fiesta. Además, este fruto, durante dicha época, es el más vendido, ya que se realizan talleres para niños y adultos sobre la decoración de las calabazas. También se llevan a cabo concursos, basándose en la mejor decoración, aunque principalmente esto se da en países como Estados Unidos, a pesar de que el inicio de esta tradición se originara en Irlanda.
Por sus diferentes variedades y formas, las calabazas son consideradas como un fruto ejemplar para celebrar concursos. La forma más peculiar, original y diferente, será la ganadora.
Por el alto peso que pueden llegar a alcanzar las calabazas, se llevan a cabo concursos en los que el agricultor de la calabaza más grande y pesada gana dinero e incluso llega a establecer un récord mundial. La última calabaza más grande del mundo pesa más de una tonelada, 1.190 kilogramos, y su dueño, un agricultor alemán ganó 11.500 euros por ganar la competición europea y establecer un nuevo récord mundial.
Ya en la Antigua Grecia la calabaza se consideraba anafrodisíaca, es decir, que anulaba o moderaba el apetito sexual. De esta forma, darle calabazas a alguien era invitarle a que dejara de pensar en devaneos amorosos. Esta conexión antiafrodisíaca se mantuvo durante la Edad Media. En los conventos se utilizaban las semillas de calabaza como cuentas del rosario para alejar los pensamientos lujuriosos. Las semillas también se masticaban para ayudar a mantener el voto de castidad. En algunos pueblos, si un pretendiente quería cortejar a una chica se le invitaba a comer a casa. Si la chica le ofrecía fuego para el puro, significaba que se aceptaba el noviazgo, pues, el fuego simbolizaba la esperanza. Sin embargo, si la chica le ofrecía un plato de calabaza no había más que hablar, había sido rechazado, le habían dado calabaza.
La RAE también recoge otra acepción para “dar calabazas” y sería la de suspender o reprobar un examen.
Comentarios:
azurea20 dice: Interesante investigación. Las fotos geniales.