Merienda de Reyes

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Tengo más de cincuenta años y soy huérfana.

No voy a lamentarme ahora. No voy a entrar en detalles. Me educaron para saber que ésto podría pasar. No me educaron para saber soportarlo, por eso estoy desolada y desorientada, pero tengo  más de cincuenta años y estoy dispuesta a salir airosa de este encuentro con la soledad. Voy a empezar de cero.

La Navidad es el peor momento del año, para mí siempre lo ha sido. No solo porque tenía que ayudar a organizar las fiestas que organizaban mis padres en casa para toda la familia. Y como yo era la mayor de los hermanos, solía pasarme los días poniendo y quitando mesas, lavando y planchando manteles y servilletas de hilo, limpiando cientos de vasos y copas de cristal de bohemia, bajando las basuras llenas de restos de comida y confettis y preparando la casa para que todo estuviera perfecto el próximo día de fiesta. Me horrorizaba la Navidad, echábamos de menos a los muertos… En fin, que para mí no había otro momento peor en todo el año.

Pues, éste es el peor año de mi Navidad.

¡Y voy a organizar una Merienda de Reyes!. ¡Como suena!

Buscaré por internet fotografías de menús y mesas decoradas para hacerme la idea de cómo quiero que sea “mi” primera celebración de Navidad.  Vivo en un apartamento pequeño que no me da para poner un pino con bolas brillantes ni figuritas colgando, pero voy a inventarme uno. Quiero que mis invitados disfruten, con todos los honores, de la Navidad. Quiero disfrutar con ellos y que ellos disfruten conmigo. Voy a darles lo mejor que me ha quedado; Amor. Amor por mis amigos y mi familia, amor por la vida… Mi casa tiene que respirar alegría ese día. Alegría de poder encontrarnos los que quedamos. Es así, ya me lo habían avisado.

Alguien me contó que la mejor mesa de Navidad que había visto nunca fue la de una amiga decoradora que aquél año había perdido a su hijo —un niño con una enfermedad degenerativa al que había hecho felíz durante quince años—. Como no tenía fuerzas para organizar nada, se fue a un “chino” y compró cosas y cosas, sin saber muy bien qué haría con ellas. Citó a sus mejores amigas a una merienda sencilla. Cuando entraron a aquella casa no pudieron contener la emoción. Les invadió a todas una sensación de hermandad y de íntima alegría por conocer a aquella mujer que, increiblemente, se superaba cada día y se ofrecía a los demás con todo lo que iba quedando de su gran corazón magullado. Se abrazaron y después del llanto brindaron por El Nuevo Tiempo; la Navidad.

Era una mesa fantástica con mantel y servilletas y platos de papel —no faltaban los bajoplatos de cartón dorado— La cristalería eran copas y vasos de plástico de un color suave que armonizaba perfectamente con el conjunto de la decoración navideña. Había bandejas brillantes de embutidos y tostaditas para el foie, taquitos de tortilla de patatas, fuentes de tomates troceados de todos los colores, rosquitos de pan de cereales con queso de cabra  y salmón ahumado con una ramita de cebollino encima, rollitos de salchichas con bacon, volovanes de ensaladilla y gambas, pavo relleno fileteado y salsas de frutos rojos y de cebollas. Pastas de té recubiertas de fondant sobre las que había dibujado en colores estrellas y corazones y arboles de navidad. Mazapanes, guirlaches, almendras, piñones. Y, en el centro de la mesa, un cono de bizcocho decorado con frutas frescas; kiwis, frambuesas, cerezas, plátano, fresas,  y en la punta una galleta en forma de estrella. En fín, un derroche; una verdadera celebración de amistad y simpatía.

Este año vendrán a mi casa, estoy felíz por juntar a toda la familia en mi pequeño apartamento. Algunos tendrán que sentarse en el suelo… El único lujo que puedo darles es mi cariño. Yo seguiré rezando en silencio por las noches, agradeciendo a mis padres la oportunidad que me dieron de vivir todo ésto.

Con todo mi cariño y respeto a las personas que se sientan identificadas con este texto.

Felíz Navidad

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15 thoughts on “Merienda de Reyes

    1. María, todos pondremos de nuestra parte para que sea así. Es una Navidad especial, como la de todas las familias del mundo. Ojalá fuese una Feliz Naidad para todos. Un abrazote “cariñosón”. —Me han gustado tus “besetes cariñosones”… mucho!

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  1. Que afortunados serán tus invitados a esa deliciosa merienda. Y no será deliciosa por los manjares (que serán extraordinarios) ni por la bonita decoración (que será preciosa) Será una merienda inolvidable por tu prensencia. Por tu cariño. Por tu amor María Jesús. Envidio (sanamente) a los convidados.
    Soy un bicho raro, muy raro, a mí me encanta la Navidad. Y este año será el primero en el que falte mi padre y por eso, porque a él le gustaba, lo celebraré con más énfasis. Turrones y cava (sus favoritos) no faltarán. Espero que a ti no te falten tus favoritos en esa deliciosa merienda María Jesús

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    1. Querido Luis, somos también compañeros de vida y va siendo verdad que siempre nos falte alguien. Brindemos por ellos, brindemos con un agradecimiento inmenso por todo lo que nos han dado y que seamos capaces de transmitir a nuesros niños toda la riqueza de su cariño. Un abrazo inmenso para tí. Ojalá que sea una Felíz Navidad.

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  2. La Navidad para muchos, entre los que me cuento, casi siempre son algo tristes. Siempre falta alguien, pero hay que tener esperanza agradeciendo todo lo bueno recibido y mirar a nuestro lado en donde siempre habrá alguien que no pueda poner una mesa, Feliz día.

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