El lado frágil de la impertinencia

Elena Gurruchaga

Con qué ferocidad y a qué hora inoportuna salen tus veinte años de la fotografía para exigirme cuentas. En los ojos heridos de la luz sostienes la mirada de mis sombras, desdeñas la lealtad de mis recuerdos, en la piel transparente anegas el cansancio de mi piel y defines mis años por traiciones.

No escandalices más, hablemos si tú quieres, elige tú las armas y el paisaje de la conversación, y espera a que se vayan los invitados a la cena fría de mis cincuenta años. Por evaporaciones, como las aguas sucias de los charcos se acercan las nubes, caminaré contigo hasta la plaza de tu juventud. Allí están los magníficos árboles de las ciencias y las letras con sus palabras en el mes de mayo, y el orden de los números a la orilla del tiempo, más cerca de las sumas que de las divisiones.

Imagino tu voz, supongo el aire —porque a veces regresa hasta mis labios en noches de espesura— con el que afirmarás que toda libertad es una roca, que no faltan el viento y las razones, sino la voluntad en el timón, para gritar después que mi conciencia es ya ropa tendida, palabras puestas a secar.

Tendrás razón. No digo ni la mitad de lo que siento. Pero recuerda que mi soledad, la que arde en mi lámpara de desaparecido, es el silencio de las causas públicas. Y puedes comprenderme: mis amantes dormidos, el cajón de los barcos indefensos, un teléfono antiguo…, todas las tachaduras se parecen a la inquietud que sufres ante la vida en blanco.

Ya que fuerzas mis sombras con tu luz comprende mi silencio en tus exclamaciones. Porque sabes que sé el lado frágil de la impertinencia, lo que hay de imitación en tu seguridad, la certeza que llega de los otros para empujarte por el afán de ser el elegido, por el deseo de gustar, hasta vivir de oídas en muchas ocasiones.

Aceptaré las quejas, si tú me reconoces la legitimidad de la impostura.

Ahora que necesito meditar lo que creo en busca de un destino soportable, me acerco a ti, porque sabías meditar tus dudas. Cuando tengas la edad que se avecina, admitirás el tiempo de los encajadores, la piel gastada y resistente, el tono bajo de la voz y el corazón cansado de elegir sombras de pie o luz arrodillada.

Después de lo que he visto y lo que tú verás, no es un mal resultado, te lo juro. Baja conmigo al día, ven hasta los paisajes verdaderos en los que discutimos, y me agradecerás la difícil tarea de tu supervivencia.

Pequeña variación sobre la Poesía de Luis García Montero
Fotografía Elena Gurruchaga


5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me desucbro ante Luis Montero, yo también soy fiel lectora de sus obras. La fotografía es maravillosa, felicita de mi parte a tu hermana.,
    Un abrazo.

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    1. MJBeristain dice:

      Isabel, me alegro de compartir a Luis Montero contigo. Algo más que nos une… Un abrazo fuerte.

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  2. luisjuli2 dice:

    Me dejas sin palabras, María Jesús, para hablar de tu entrada!!! Es una variación… pero es una realidad, cruel o melancólica, o, como decía aquel, según el color del cristal con que se mire. Me he visto reflejado en ella con una viveza admirable. Gracias por tu sensibilidad, gracias por traducirla al papel para compartirla. Un abrazo inmenso, María Jesús

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    1. MJBeristain dice:

      Me dice mucho la poesía de Luis García Montero. Será porque he conocido su obra desde sus inicios cuando obtuvo el Premio Adonais en 1983. Le sigo fielmente porque refleja mucho de lo que siento y no sé decir… Le dejo a él mi voz y me gusta escucharme. Un abrazo Luis, me alegro que también te hayas encontrado con él. La fotografía es de mi prima Elena; algún día hablaré de ella… Escribí hace tiempo una entrada a propósito de otra de sus magníficas fotografías. La titulé “Limones verdes” (por si la quieres leer…).

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      1. luisjuli2 dice:

        Ahora mismo la busco para leer la entrada. Es un privilegio leerte y conocerte María Jesús.

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