Un olor denso,
dulce, de flores marchitas,
y madera, y humo, y sombra, y melancolía
José Hierro
Lo veía llegar
su sombra le precedía
hombre de suaves navajas y sucias
abarcas, no reparó en su mirada,
el sol de la tarde deslumbraba.
Hombre de silenciosa presencia
joven de corazón cansado,
¿a dónde iría que ella no supiera?
No era tiempo de marchar
ni de abandonar los huertos
donde temblaban historias
entre bellísimas flores marchitas.
Un día él dijo:
El tiempo no pone ni quita razones.
El tiempo todo lo cura; el tiempo cicatriza.
Y escribió en un pequeño papel de seda:
«Caerán las tristezas
como fértiles cortezas del árbol de tu vida
y habrá siluetas nuevas —regalos al paisaje—
y alegres golondrinas…»
Ella se sentó a esperar,
un viento helador acechaba por las esquinas
y no hallaba suficiente lluvia
para lavar del amor la mortal esencia.
Ella se sentó a esperar.
Bajo su almohada un olor denso, dulce
de la última rosa marchita,
y madera, y humo, y sombra, y melancolía*
Imagen mjberistain y mjcueli
* Los versos en cursiva son de P.A. y José Hierro




















