RUTA CIRCULAR PRESA DE AÑARBE
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EL MAR EN MÍ, VIVENCIAS, SEDUCCIÓN, SENSACIONES, SENTIMIENTOS, RITMOS, ECOS, BÚSQUEDA, AUSENCIA, MISTERIO. Lo que ocurre y ha ocurrido dentro y fuera de mi, a mi alrededor.
RUTA CIRCULAR PRESA DE AÑARBE
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Vuelvo del tiempo del verano largo con ganas de reencontrarme… Y, casi sin pretender recuperar mis rutinas, he descubierto algo que me ha llamado la atención de su vida y de su obra. Lo comparto por si puede ser de interés para alguien. Incluyo una muestra de la obra de esta artista y os dejo el enlace para ver más contenido en su propio blog.
Melissa Zexter la artista que borda sus Fotografías.



Organizada por ASAFONA, Asociación Aragonesa de Fotografía de Naturaleza
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«Hablamos de un período de la Historia del Arte entre la Edad Media y el Barroco; siglos XV y XVI. El Renacimiento fue un movimiento cultural que además de interesar a las artes, también se destacó por una renovación en las ciencias naturales y humanas.
Leonardo da Vinci aplicó la técnica del «Sfumato» en sus obras. Ésta consiste en superponer varias capas de pintura delicadas para así suavizar o diluir los contornos de la figura. Con ello, se logra la sensación de naturalidad y volumen, lo que permite percibir que las figuras se integran al resto de la composición.
El «Sfumato» es una técnica pictórica que se obtiene por aumentar varias capas de pintura extremadamente delicadas, proporcionando a la composición unos contornos imprecisos, así como un aspecto de antigüedad y lejanía. Se utilizaba en los cuadros del Renacimiento para dar una impresión de profundidad. La invención de esta técnica, así como su nombre, se deben a Leonardo da Vinci, que la describía como «sin líneas o bordes, en forma de humo o más allá del plano de enfoque».
Este efecto hace que los tonos se difuminen hasta valores más oscuros como en La Virgen de las Rocas (1483-1486), donde ya se considera totalmente logrado y sobre todo en Mona Lisa o el San Juan Bautista (cuadros conservados en el Louvre de París).
A lo largo de mi vida, he peleado en varias ocasiones contra la destreza en la pintura. Y en todas ellas, he perdido la partida, aunque no soy perdedora por vocación. Aún lo sigo intentando, es más, cuando estudio el arte de pintar, sea en cualquiera de las disciplinas que he probado, acuarela, óleo, o técnicas mixtas, mi espíritu se pone en modo ilusionado y un tanto chulesco pensando: yo podría hacerlo. Así de sencillo, estoy convencida de poder conseguir mágicas texturas, y emocionarme con la hipotética belleza que conseguiría, porque ahí estaría la técnica, conduciendo mis dedos en vuelo por la desnudez de los lienzos, obteniendo las maravillosas pinceladas esperadas objeto de mi intención.
¡Y no! Merodeo inquieta por las tintas y las mezclas de colores. En mis manos los pinceles se des-afinan, sus pelos y sus vientres se desmoronan laciamente, y presiento que sonríen mirando hacia otro lado. ¡Qué desastre, pordiós!
En la fotografía encuentro más satisfacciones, aunque el trabajo está siendo arduo en la búsqueda de esa atmósfera de belleza renacentista; composición, dominio de la perspectiva, perfección y suavidad de los trazos, sinfonía de color, luces y sombras, transparencias, y el «sfumato» que tanto me enamora…

Sfumato en Arte: Técnica pictórica que se obtiene por aumentar varias capas de pintura extremadamente delicadas, proporcionando a la composición unos contornos imprecisos, así como un aspecto de antigüedad y lejanía.


San Juan Bautista y La Mona Lisa en el Museo del Louvre
Imágenes de Internet
La ruta que iniciamos hace tan solo cuatro días nos ha llevado a recorrer la zona de las Cinco Villas en la provincia de Zaragoza. Debo de reconocer que es otro de los rincones de Aragón para perderse… Su patrimonio singular lo conforman castillos, torres, murallas, plazas, templos y monasterios, que dan testimonio de las diferentes civilizaciones que han pasado por estos lugares. En ellos, bosques de altas tierras y profundos valles, llanuras de bellísimo colorido sembradas de cereal, o depresiones por donde discurren los ríos, se acompañan de flora diversa y colorida, y de fauna salvaje, especialmente de aves que expanden su canto desde el frondoso arbolado invitando a disfrutar de la belleza de la Naturaleza en su estado más puro.
Según leemos en los papeles, «nos encontrábamos ante 10.000 años de Historia». Y yo digo que es creíble porque hemos hablado con los vecinos, amables mayores, ya escasos en estos pueblos, con mucha historia vivida y ganas de contarla. Hemos tenido la oportunidad de identificar signos de las huellas del pasado. Entre otros, visitamos el territorio semidesértico de las Bardenas Reales, el yacimiento arqueológico romano de Bañales, próximo al pueblo Uncastillo. Aguarales de Valpalmas, formación de interés geológico sorprendente que recuerda, en menor escala, al valle de Goreme en Capadocia, Turquía. Otros restos medievales, como Juderías son signos de convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos. Sos del Rey Católico, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1968, considerado uno de los pueblos más bonitos de España, hoy en trámite de solicitar la declaración de Conjunto Monumental. El Arte Románico presente en muchas de sus iglesias y ermitas, bien conservado y, en algunos casos, excelentemente restaurado como es el caso de la Abadía cisterciense del Monasterio de La Oliva. Casualmente llegamos allí en domingo que se celebraba de manera solemne la renovación de la Iglesia. Escuchamos las oraciones cantadas por los monjes, compartimos la Eucaristía, y nos llevamos vino de sus viñedos para celebrar con nuestros hijos el final feliz de nuestro viaje.
Dejo imágenes de algunos instantes de nuestra ruta. Pulsad sobre cualquiera de ellas para verlas en mayor tamaño.
Me interesa la historia de nuestros pueblos; de sus gentes. Cuando llegué a Aragón descubrí el alto grado de despoblación en sus pueblos pequeños. Aún quedan muchos abandonados… La noticia buena es que las generaciones que tuvieron que salir de sus hogares en busca de un mejor nivel de vida, son hoy familias que se van acercando a ellos de nuevo con la ilusión de volver a poner sus piedras en pié, y de disfrutar de los beneficios de una vida en armonía con la Naturaleza.
Los primeros datos sobre Montañana aparecen en el año 987 en el cartulario del monasterio de Alaón. El pueblo fue antiguamente una plaza amurallada pensada para sobrevivir en la frontera musulmana del siglo XI. Sus habitantes compartían espacio con las órdenes militares de los hospitalarios. Con la despoblación del medio rural de la década de los años 1960, el Ayuntamiento se trasladó a Puente de Montañana y comenzó su declive.
Durante nuestro recorrido por el pueblo, nos resultó curioso el pequeño tamaño de las puertas de acceso a las viviendas, cuando según las películas que hemos visto de la edad media, pensábamos que eran gente con cuerpos de gran envergadura. Javier, un trabajador de la zona, nos habló de «La historia del vano»…
Durante la Edad Media, siglos XVII y XVIII, procedente del Reino Unido, estuvo en vigor un impuesto a las ventanas «Window-tax» (impuesto a ventanas). Para compensar las pérdidas derivadas de la degradación de las monedas, Guillermo III planteó un impuesto a la propiedad basado en el número de ventanas de una casa. En el siglo XVII no había registros para calcular la riqueza de los habitantes, se hacía según el número de chimeneas o escaleras de una casa, pero la población consideraba esta inspección como una intromisión en sus hogares. Por lo que se decidió dejar de entrar en las casas para comprobarlo. La fórmula, que nunca fue perfecta, fue la de contar el número de ventanas, dado que estaban a la vista de todos. La tasa se convirtió en «un infierno tapiado de buenas intenciones» o «el robo de la luz y el aire». La gente tapiaba sus ventanas y reducía el tamaño de sus puertas de acceso a las casas… La Ley fue derogada en 1851. Extractado de Xataka.com
Dejo algunas imágenes de nuestro recorrido por sus estrechos caminos desordenados, por el laberinto de pasadizos, porches, y por sus empinadas rampas de piedra que suben más allá de las murallas desde donde puede apreciarse la belleza de los tejados y de sus ruinas y de la vegetación que envuelve al paisaje.
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De ruta por los Pirineos, en esta ocasión volviendo de Benasque, la ruta por carretera es lenta, estrecha, sinuosa y magnífica por su vegetación y el discurrir del rio Esera. Nos acercamos a Ainsa. Es uno de esos lugares que merece la pena visitar una o más veces.
Sus edificios, las piedras que los configuraron son del románico, entre los siglos XI al XVII. El pueblo está situado en el Pirineo de Huesca. Es la capital, junto con Boltaña, del antiguo condado de Sobrarbe. Parte de su territorio lo ocupa el parque natural de la Sierra y los Cañones de Guara.



Berdugos de madera retorcidos utilizados en las almadías o barcazas que transportaban los troncos por los ríos
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Imágenes recuerdo de nuestro reciente viaje por Los Pirineos, Ruta de Ribagorza y Sobrarbe – Huesca – Aragón












ARANTZAZU
En varias ocasiones antes habíamos disfrutado de aquella excursión magnífica y con mucho sentido espiritual para un vasco. Iniciamos la ruta con un día casi perfecto. Una primera visita a la Virgen de Arantzazu y en marcha. Después de tres kilómetros por un mundo mágico de hayedos, llegamos a las campas de Urbia. Desde allí continuamos el camino por una zona pedregosa, un estrecho sendero rocoso que iba ganando altura en lazadas con mucha pendiente. No fue la parte más dura de la ruta…
El encuentro con la Pastora supuso un muy amable descanso en la subida. Nos ofreció no solo un hamaiketako —queso, pan y txakoli—, sino un rato inolvidable de interesante conversación al lado de la chimenea encendida. También su casa, por si en algún momento del día necesitábamos cobijo. Aunque dudando, decidimos seguir la excursión, las nubes iban rodeándonos…
No fue hasta que llegamos a la cima cuando una niebla densa nos cubrió por completo la visibilidad. Pensar en bajar por donde habíamos subido era impensable. Anduvimos cresteando por la cima rocosa como pudimos, intentando llegar a la ermita y al refugio que se encuentra a su lado pensando que, en el peor de los casos, podríamos quedarnos allí a pasar la noche. Pero se hacía extremadamente peligroso calcular el punto de acceso para cruzar la cresta por un estrecho camino en bajada hasta lograrlo. Dos montañeros buenos conocedores de la zona, muy experimentados, que aparecieron de entre la niebla con el mismo problema nos hicieron desistir porque el intento era demasiado peligroso. Con ellos estuvimos haciendo tiempo a que la niebla se disipara. Decidieron que debíamos intentar juntos la bajada por el bosque. A duras penas conseguimos llegar hasta él y comenzar un descenso suicida. No había otra manera en aquella situación. Cada paso que intentábamos dar suponía resbalarnos inevitablemente sobre la gruesa capa de hojas húmedas; muertas. La caída nos llevaba varios metros pendiente abajo golpeándonos entre los árboles, hasta que conseguíamos agarrarnos a alguno de ellos como a un clavo ardiendo. Hubo momentos de desesperación por el esfuerzo, las heridas y la falta de fuerzas.
Habíamos llegado a la cima cerca de las dos de la tarde. Y, cuando de mala manera conseguimos salir de la niebla, eran las nueve de la noche y todavía estábamos en las campas de Urbia. Aún nos quedaba (entonces ya por ruta de montaña) una bajada de unos tres kilómetros en la oscuridad para llegar a La Fonda. Después de una desgarradora experiencia, conseguimos encontrarnos a salvo gracias al favor de la Virgen de Aranzazu.










Era temprano y tenía todo el día libre por delante. Mi coche se deslizaba silencioso por aquella carretera poco transitada, estrecha y cuesta arriba. En algún momento temí desviarme y darme contra el monte, o por el contrario, caer al precipicio. La confianza de saber que era difícil cruzarme con algún otro vehículo permitía que mi mirada se perdiera por segundos en el paisaje. Hasta que, en una de las curvas, me crucé con un ciclista bajando que me alertó seriamente. Supongo que él, acostumbrado a la ruta y cuesta abajo tenía la prudencia educada, y yo, cuesta arriba y enamorada del paisaje no pasaba de veinte kilómetros por hora. Tenía todo el día por delante. Fui parando en todos los rincones posibles para contemplar con más detenimiento aquella naturaleza que me susurraba brisas y trinos de madrugada.
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PASAI DONIBANE
Prometí no hacer más fotografía de postal, pero la tentación llega cuando salgo a pasear por cualquier rincón de mi país vasco y siento la necesidad de llevarme en el bolsillo algún pedazo de su paisaje, ramas de sus bosques o el sabor del salitre para deleitarme despacio con su recuerdo cuando estoy lejos.
Esto no es un documento del pueblo que alberga, en el corazón de su casco antiguo, las casas de los pescadores preciosamente pintadas de colores, restos de su industria, astilleros, iglesias de estilo barroco donde encontrar al Cristo de Bonanza, patrono de pescadores, mercantes y corsarios. Además de su Castillo fortaleza edificado en 1621 por orden de Carlos I para proteger el puerto.
Son miradas de un tranquilo recorrido de unos quince minutos por su calle principal, atravesando la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento, hasta llegar a la bocana que sale al mar Cantábrico en el Golfo de Bizkaia, imágenes queridas que no puedo obviar por muchas veces que las haya disfrutado a lo largo de mi vida. Así es que, ahí quedan, una vez más…
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Cuando voy al museo y siento que su lenguaje tiene algo distinto que decirme en esta ocasión. Es entonces cuando me despisto de las obras de arte que contiene y me dedico a mirar a lo alto, como si buscara un pájaro que se me resiste porque está escondido entre las ramas de un frondoso árbol. Yo lo siento aletear, escucho la sinfonía silvestre de sus trinos, repetidos como un mantra que me envuelve… Y me dejo llevar por el embrujo del museo, sus líneas y ángulos blancos, los vacíos saciados de la luz de un día gris que arremete contra las cristaleras creando espacios nuevos, sombras que albergan hilos de colores.
…Y, todo está bien.
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@mjberistain
Admito que soy de las que pocas veces toman un avión para viajar en vacaciones. Normalmente viajo en coche o en autocaravana, me gustan las rutas porque me apasiona la naturaleza en sí misma, y me fascina parar y demorarme en pueblos pequeños y parajes desconocidos, recrearme en sus rincones, hablar con sus gentes, degustar en sus baretos los cocidos y vinos especialidad de sus tierras. Hasta la última vez que tomé un avión viajaba con botas de monte, mochila al hombro, y en ella, como único instrumento necesario, una navaja suiza. Y digo que «hasta el último día que tomé un avión», porque aquél día, uno de los funcionarios responsable de seguridad del aeropuerto me hizo parar al pasar mi equipaje por la zona de control, me miró con cara de pocos amigos y sacó de mi mochila mi preciada navaja suiza. Me la puso delante de la cara, y con un gesto de reproche, se la metió al bolsillo. Aquello me dolió. Supongo que él también había leído la vida de Stephane Breitweiser…
Stephane Breitweiser robó cerca de doscientas obras de arte. Durante seis años recorrió Europa visitando museos grandes y chicos, iglesias, ferias de arte y casas de subastas, «sustrayendo» pinturas de maestros barrocos como Brueghel, Boucher, Watteau y David Teniers, además de estatuillas de bronce, instrumentos musicales, una cajita de rapé de Napoleón y un huevo de Fabergé,
Breitweiser nació en Alsacia, Francia, en 1971, en una familia acomodada. Nunca tuvo interés en deportes, videojuegos, drogas o alcohol.; su gusto eran los libros de arte y los museos. Sus padres esperaban que fuera abogado pero Stephane desertó de la Universidad después de que ellos se divorciaran.
Por entonces cometió su primer hurto, en el castillo de Gruyeres, Suiza, donde descolgó de la pared y guardó bajo su chaqueta un pequeño paisaje de Wilheim Dietrich. Ahí comenzó su vertiginosa carrera con un robo cada quince días, en promedio, a la vez que trabajaba como mesero en las ciudades por donde iba pasando. Realizaba sus atracos a plena luz del día y jamás usó la violencia. Verificaba las cámaras de seguridad, observaba los guardianes, ubicaba las salidas del edificio; era amable y vestía bien, casi siempre con una chamarra holgada. Solo cargaba una navaja suiza como instrumento.
Conoció y se enamoró de Anne Catherine Kleinklaus y se dedicaron a robar juntos, brincando de un país a otro y formando una pareja eficaz en la que Anne Catherine actuaba como señuelo mientras Stephane se volaba las pinturas. Guardaban los cuadros en casa de su madre, en Mulhouse, Francia, donde ella los protegía en una estancia en penumbras y bien ordenada.
Stephane Breitweiser declaró pocos años después: «Sólo robaba lo que me agitara emocionalmente, lo que me apasionara. Robar por dinero es una estupidez y no vale la pena el riesgo. Yo robaba por amor».
Lo arrestaron en 2001 por un exceso de confianza, cuando trataba de llevarse un clarín del museo Richard Wagner, en Lucerna, Pasó dos meses en prisión mientras las autoridades suizas tramitaban la extradición a Francia. Su mamá, alertada por la novia, tuvo tiempo de deshacerse del tesoro: en un ataque de pánico cortó con tijeras los cuadros y luego los quemó; las estatuillas, la cajita napoleónica y demás objetos los tiró en un canal cercano a su casa. Breitweiser fue sometido a juicio en Francia y condenado a tres años de prisión, su novia a seis meses y su madre a tres años, de los cuales solo cumplió uno. Los celadores de la cárcel decían que Stephane era un tipo arrogante, que se sentía indispensable para el mundo. Un grupo de detectives siguió la pista de algunas pinturas que se salvaron de las tijeras de su madre y también dragaron el canal, logrando recuperar algunas piezas, como el cuadro de Francois Boucher que aparece a continuación.

Salió de prisión en 2005, a los 33 años de edad. Joven para empezar una nueva vida. En 2005 publicó una biografía: «Confesiones de un ladrón de arte» donde cuenta con todo detalle los eventos sucedidos y los procedimientos ideales para robar. Defiende también su pasión por el arte, mostrando veneración por algunas pinturas y rechaza que haya lucrado o vendido ninguna obra. Concluye su libro con una frase que, en realidad, no asegura nada: «El asunto de robar arte ya quedó atrás para mí. Ahora llevo una vida aburrida y sin colores».
Imagen de portada Obra de Francois Boucher en el Museo del Prado.
Un recuerdo afectuoso y agradecido a su autor del que lamento no tener noticias recientes.
(Extracto)
AZUL – Todo el espacio es azul, el cielo, el mar, el planeta es azul
El azul tiende gradualmente a la disolución del color, nunca llega a perderse, pero puede rozar la línea de lo muy distante, la magnífica pureza de la lontananza.
El azul escapa a nuestras manos para llegar rápidamente a la línea del horizonte. El Azul está ligado a la llegada a la inconsciencia…
BLANCO – El lugar de la pureza. La otra cara de la muerte.
El blanco perfecto puede ser la perfecta imagen de una perfecta crueldad. El blanco se inclina a matar cuando toca… El fin del mundo no será un paisaje de tinieblas sino de un tremendo claror.
De blanco se pinta el pánico, la ausencia total del valor.
NEGRO – Nada se concibe con la ausencia del negro. El negro viene a ser como el asiento fundamental del ser cromático. Sin negro no hay vida.
El blanco mata, el negro procura inmortalidad.
La apropiada ración de uno y otro humaniza.
VERDE – Tiziano soportaba mal el universo de color verde. Cuando representaba los bosques, las forestas lo hacía envolviéndolos en llamas,
representándolos así con los colores negros, rojos…
El verde se desliza, viaja, se pervierte o glorifica, puede decir prácticamente todo.
AMARILLO – Representa al pigmento más altivo y rebelde. El más nervioso e ilegítimo. Muy duro dentro de la comunicación cromática, en donde siempre aparece como una personalidad desobediente, difícil de dominar y de amortiguar su chirrido. Su parecido al oro adultera su esencia. El oro es redondo y señorón mientras el amarillo es vertical y agrede.
Hacia arriba todo es azul o negro, hacia el centro de la Tierra todo es negro o rojo. Lo amarillo sería el equivalente a un precipicio terrenal cuyo vértigo lleva a los despeñamientos del cuerpo.
Ver el documento publicado por la Revista El País «Todos los colores de Vicente Verdú«.
Publicado originalmente el 16/8/2017
Ayer estuve en Alzuza (Navarra) y me acordé de ti, amigo Vicente.
Mientras recorría su amplio espacio interior bordado con el hierro y la cal de su obra, escuchaba una voz interior parecida a la tuya con un lenguaje universal, como el tuyo, empeñado en la búsqueda de mitos y símbolos, entre las pinturas prehistóricas, para encontrar el origen de nuestra lengua.
Alzuza es un pequeño pueblo encaramado a un alto muy próximo a Elizondo en el valle Egües (Navarra). Allí se encuentra el museo de Oteiza y allí están sus restos y los de la que fue su mujer, enterrados en un rincón. Quedan dos sencillas cruces de madera unidas con sus nombres garabateados como a cuchillo -en una de ellas Jorge; en la otra Itziar-.
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A excepción de la Basílica de Arantzazu, donde logró finalmente imponer sus 14 apóstoles… «creced y multiplicaos», dijo Cristo; lo siento, no me cabían más» —respondió al enojado obispo—, Oteiza vio que se frustraban todos sus proyectos colectivos.

En su libro Quosque Tandem Oteiza recogió su pensamiento en un texto profundo, intenso y ágil. Oteiza propugnó siempre el concepto de educación estética como proyecto integrador para la sociedad y la existencia.
Cada palabra, cada imagen, sacuden la conciencia y arrebatan la posibilidad de huída, no existe otra alternativa que no sea el comportamiento artístico hecho comportamiento cívico en la convivencia con el otro. En su libro se desarrollan temas como:
Pero sobre todo el mensaje de Oteiza es el de la absoluta necesidad de trabajar en la formación estética del niño y del educador, sugiriendo como objetivo primordial en toda política cultural razonable, el diseño de una adecuada programación didáctica que cree en el niño y en el maestro, la pasión lúdica por imaginar, interrogar y conocer, por interesarse poéticamente por cuanto les rodea, sea la arquitectura de sus pueblos, la historia de sus ciudades, o los múltiples procesos personales de acercamiento e indagación de la realidad que lleva consigo la hermosa aventura del pensamiento.
Fragmento de Julia Otxoa





Extractado de artículos de prensa. Autores: Jose Luis Barbería, Andoni Batista, Félix Eraña
Poco tiempo antes de morir un tembloroso Oteiza leyó entre lágrimas: «La vida ya no me sienta bien, siento la dulzura cercana de la muerte, soy viejo, enfermizo, sentimental y llorón y lleno también de violencias que ya no podrían impresionar a nadie»
Al desprenderme de Ella, me he quedado sin familia.
«No tengo a nadie en quien morir…»
Una tumba sencilla con su fecha de nacimiento (1908) junto a la de su mujer Itziar. Dos humildes cruces de madera unidas por un único palo transversal.
Aquí yacen… ¡No señor, aquí no yacen, de aquí se han ido…!
La muerte no existe, es un cambio de sitio. La vida sirve para morirse. Está clarísimo.
La poesía es lo que no se explica, ni se entiende, ni se puede entender. Es un salir de la vida y encontrar otro sitio, donde estar protegido.
Estar fuera, volando, como un pájaro…
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Oteiza ha sido, además de un gran escultor investigador del racionalismo abstracto y buen poeta, un permanente agitador incendiario…
En estas palabras de recuerdo al hombre, voy a limitarme a extractar algo de su pensamiento en relación con el arte.
Se dedicó a la escultura durante treinta años, aunque reconocía que lo que le interesaba realmente eran los lenguajes, y en lugar de hacer la experiencia con la música, por ejemplo, la hizo con la escultura. Después se pasó al cine, al ballet, al teatro —artes en las que fue fracasando como corresponde a un creador— hasta que se encontró con la poesía.
«La poesía es la expresión en la que me siento más cómodo. Ante la hoja en blanco, esa página que da terror a muchos, que se estremecen, cuando a mí me ocurre todo lo contrario. La poesía es el mejor lenguaje personal, individual, que te define en tu gran soledad. Eres un dios del papel: pones dos palabras y te incendia el cielo de papel. Con la poesía me comunico con algo trascendente, dentro de una gran intimidad.»
«La poesía es el lenguaje que llega más al alma. La Poesía y la Música. La poesía es la música del papel.
Decía…
«La escultura es un lenguaje sordomudo, carísimo, lento y sucesivo…
«La escritura es certificar el fracaso y, aunque el motivo sea la poesía, la conversación tiende a otras reflexiones.
«El verdadero territorio del hombre es el lenguaje.
A la pregunta de «¿Qué es lo que no te invita a seguir viviendo, tú mismo o el mundo?», Oteiza contestaba:
Un día te llamé poeta y te extrañaste
Se habla de la respiración en tu obra poética, nunca has considerado la poesía como un instrumento, sino como un aliento, como una respiración…
¿Te ha curado de la muerte la poesía?
El hombre concluye en el niño.
«Últimamente pienso en mi infancia, estoy pensando que el niño es la fase más alta de nuestra personalidad, que en el niño no empieza el hombre, que el hombre concluye en el niño. Si hubiera muerto con seis años era en plena madurez, plenamente realizado. Me refiero a los agujeros que hacía en piedra blanca arenisca y que en el vacío redondo que descubría me sentía protegido, era mi tesoro de agujeros, que al recordar de escultor los llamé esculturas de catalejo. Siento que estoy llegando a mi infancia. Mis ideas van desapareciendo y reaparecen al recordarlas en mi infancia más completas y simplificadas. Veo que vivía la naturaleza con una religiosidad estética que perdí con la educación recibida de una fe religiosa supuestamente histórica.
Creo en lo que no existe.
Así una de mis preocupaciones últimas y que utilizaría para negar mis fracasos es demostrar que no he existido…
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