EL MAR EN MÍ, VIVENCIAS, SEDUCCIÓN, SENSACIONES, SENTIMIENTOS, RITMOS, ECOS, BÚSQUEDA, AUSENCIA, MISTERIO. Lo que ocurre y ha ocurrido dentro y fuera de mi, a mi alrededor.
Prometí no hacer más fotografía de postal, pero la tentación llega cuando salgo a pasear por cualquier rincón de mi país vasco y siento la necesidad de llevarme en el bolsillo algún pedazo de su paisaje, ramas de sus bosques o el sabor del salitre para deleitarme despacio con su recuerdo cuando estoy lejos.
Esto no es un documento del pueblo que alberga, en el corazón de su casco antiguo, las casas de los pescadores preciosamente pintadas de colores, restos de su industria, astilleros, iglesias de estilo barroco donde encontrar al Cristo de Bonanza, patrono de pescadores, mercantes y corsarios. Además de su Castillo fortaleza edificado en 1621 por orden de Carlos I para proteger el puerto.
Son miradas de un tranquilo recorrido de unos quince minutos por su calle principal, atravesando la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento, hasta llegar a la bocana que sale al mar Cantábrico en el Golfo de Bizkaia, imágenes queridas que no puedo obviar por muchas veces que las haya disfrutado a lo largo de mi vida. Así es que, ahí quedan, una vez más…
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Cuando voy al museo y siento que su lenguaje tiene algo distinto que decirme en esta ocasión. Es entonces cuando me despisto de las obras de arte que contiene y me dedico a mirar a lo alto, como si buscara un pájaro que se me resiste porque está escondido entre las ramas de un frondoso árbol. Yo lo siento aletear, escucho la sinfonía silvestre de sus trinos, repetidos como un mantra que me envuelve… Y me dejo llevar por el embrujo del museo, sus líneas y ángulos blancos, los vacíos saciados de la luz de un día gris que arremete contra las cristaleras creando espacios nuevos, sombras que albergan hilos de colores.
…Y, todo está bien.
Imagen portada de Mari Jose Cueli
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Admito que soy de las que pocas veces toman un avión para viajar en vacaciones. Normalmente viajo en coche o en autocaravana, me gustan las rutas porque me apasiona la naturaleza en sí misma, y me fascina parar y demorarme en pueblos pequeños y parajes desconocidos, recrearme en sus rincones, hablar con sus gentes, degustar en sus baretos los cocidos y vinos especialidad de sus tierras. Hasta la última vez que tomé un avión viajaba con botas de monte, mochila al hombro, y en ella, como único instrumento necesario, una navaja suiza. Y digo que «hasta el último día que tomé un avión», porque aquél día, uno de los funcionarios responsable de seguridad del aeropuerto me hizo parar al pasar mi equipaje por la zona de control, me miró con cara de pocos amigos y sacó de mi mochila mi preciada navaja suiza. Me la puso delante de la cara, y con un gesto de reproche, se la metió al bolsillo. Aquello me dolió. Supongo que él también había leído la vida de Stephane Breitweiser…
Stephane Breitweiser robó cerca de doscientas obras de arte. Durante seis años recorrió Europa visitando museos grandes y chicos, iglesias, ferias de arte y casas de subastas, «sustrayendo» pinturas de maestros barrocos como Brueghel, Boucher, Watteau y David Teniers, además de estatuillas de bronce, instrumentos musicales, una cajita de rapé de Napoleón y un huevo de Fabergé, Breitweiser nació en Alsacia, Francia, en 1971, en una familia acomodada. Nunca tuvo interés en deportes, videojuegos, drogas o alcohol.; su gusto eran los libros de arte y los museos. Sus padres esperaban que fuera abogado pero Stephane desertó de la Universidad después de que ellos se divorciaran. Por entonces cometió su primer hurto, en el castillo de Gruyeres, Suiza, donde descolgó de la pared y guardó bajo su chaqueta un pequeño paisaje de Wilheim Dietrich. Ahí comenzó su vertiginosa carrera con un robo cada quince días, en promedio, a la vez que trabajaba como mesero en las ciudades por donde iba pasando. Realizaba sus atracos a plena luz del día y jamás usó la violencia. Verificaba las cámaras de seguridad, observaba los guardianes, ubicaba las salidas del edificio; era amable y vestía bien, casi siempre con una chamarra holgada. Solo cargaba una navaja suizacomo instrumento. Conoció y se enamoró de Anne Catherine Kleinklaus y se dedicaron a robar juntos, brincando de un país a otro y formando una pareja eficaz en la que Anne Catherine actuaba como señuelo mientras Stephane se volaba las pinturas. Guardaban los cuadros en casa de su madre, en Mulhouse, Francia, donde ella los protegía en una estancia en penumbras y bien ordenada. Stephane Breitweiser declaró pocos años después: «Sólo robaba lo que me agitara emocionalmente, lo que me apasionara. Robar por dinero es una estupidez y no vale la pena el riesgo. Yo robaba por amor». Lo arrestaron en 2001 por un exceso de confianza, cuando trataba de llevarse un clarín del museo Richard Wagner, en Lucerna, Pasó dos meses en prisión mientras las autoridades suizas tramitaban la extradición a Francia. Su mamá, alertada por la novia, tuvo tiempo de deshacerse del tesoro: en un ataque de pánico cortó con tijeras los cuadros y luego los quemó; las estatuillas, la cajita napoleónica y demás objetos los tiró en un canal cercano a su casa. Breitweiser fue sometido a juicio en Francia y condenado a tres años de prisión, su novia a seis meses y su madre a tres años, de los cuales solo cumplió uno. Los celadores de la cárcel decían que Stephane era un tipo arrogante, que se sentía indispensable para el mundo. Un grupo de detectives siguió la pista de algunas pinturas que se salvaron de las tijeras de su madre y también dragaron el canal, logrando recuperar algunas piezas, como el cuadro de Francois Boucher que aparece a continuación.
Francois Boucher
Salió de prisión en 2005, a los 33 años de edad. Joven para empezar una nueva vida. En 2005 publicó una biografía: «Confesiones de un ladrón de arte» donde cuenta con todo detalle los eventos sucedidos y los procedimientos ideales para robar. Defiende también su pasión por el arte, mostrando veneración por algunas pinturas y rechaza que haya lucrado o vendido ninguna obra. Concluye su libro con una frase que, en realidad, no asegura nada: «El asunto de robar arte ya quedó atrás para mí. Ahora llevo una vida aburrida y sin colores».
Imagen de portada Obra de Francois Boucher en el Museo del Prado. Un recuerdo afectuoso y agradecido a su autor del que lamento no tener noticias recientes.
AZUL – Todo el espacio es azul, el cielo, el mar, el planeta es azul
El azul tiende gradualmente a la disolución del color, nunca llega a perderse, pero puede rozar la línea de lo muy distante, la magnífica pureza de la lontananza.
El azul escapa a nuestras manos para llegar rápidamente a la línea del horizonte. El Azul está ligado a la llegada a la inconsciencia…
BLANCO – El lugar de la pureza. La otra cara de la muerte.
El blanco perfecto puede ser la perfecta imagen de una perfecta crueldad. El blanco se inclina a matar cuando toca… El fin del mundo no será un paisaje de tinieblas sino de un tremendo claror.
De blanco se pinta el pánico, la ausencia total del valor.
NEGRO – Nada se concibe con la ausencia del negro. El negro viene a ser como el asiento fundamental del ser cromático. Sin negro no hay vida.
El blanco mata, el negro procura inmortalidad.
La apropiada ración de uno y otro humaniza.
VERDE – Tiziano soportaba mal el universo de color verde. Cuando representaba los bosques, las forestas lo hacía envolviéndolos en llamas, representándolos así con los colores negros, rojos…
El verde se desliza, viaja, se pervierte o glorifica, puede decir prácticamente todo.
AMARILLO – Representa al pigmento más altivo y rebelde. El más nervioso e ilegítimo. Muy duro dentro de la comunicación cromática, en donde siempre aparece como una personalidad desobediente, difícil de dominar y de amortiguar su chirrido. Su parecido al oro adultera su esencia. El oro es redondo y señorón mientras el amarillo es vertical y agrede.
Hacia arriba todo es azul o negro, hacia el centro de la Tierra todo es negro o rojo. Lo amarillo sería el equivalente a un precipicio terrenal cuyo vértigo lleva a los despeñamientos del cuerpo.
Ayer estuve en Alzuza (Navarra) y me acordé de ti, amigo Vicente.
Mientras recorría su amplio espacio interior bordado con el hierro y la cal de su obra, escuchaba una voz interior parecida a la tuya con un lenguaje universal, como el tuyo, empeñado en la búsqueda de mitos y símbolos, entre las pinturas prehistóricas, para encontrar el origen de nuestra lengua.
Alzuza es un pequeño pueblo encaramado a un alto muy próximo a Elizondo en el valle Egües (Navarra). Allí se encuentra el museo de Oteiza y allí están sus restos y los de la que fue su mujer, enterrados en un rincón. Quedan dos sencillas cruces de madera unidas con sus nombres garabateados como a cuchillo -en una de ellas Jorge; en la otra Itziar-.
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A excepción de la Basílica de Arantzazu, donde logró finalmente imponer sus 14 apóstoles… «creced y multiplicaos», dijo Cristo; lo siento, no me cabían más» —respondió al enojado obispo—, Oteiza vio que se frustraban todos sus proyectos colectivos.
En su libro Quosque Tandem Oteiza recogió su pensamiento en un texto profundo, intenso y ágil. Oteiza propugnó siempre el concepto de educación estética como proyecto integrador para la sociedad y la existencia.
Cada palabra, cada imagen, sacuden la conciencia y arrebatan la posibilidad de huída, no existe otra alternativa que no sea el comportamiento artístico hecho comportamiento cívico en la convivencia con el otro. En su libro se desarrollan temas como:
Sus indagaciones poético-linguísticas del origen del euskera en relación con la simbología prehistórica.
Su exposición de la superación en nuestro estilo vasco (pre-indoeuropeo) del sentimiento trágico de la vida en comparación con el área latina (indoeuropea).
Sus investigaciones en materia semiótica, lieraria, dramática, religiosa, política, cultural,
Su amplio conocimiento de la cultura universal (Voltaire, Rimbaud, Mallarmee, Kandisky) en relación a nuestro pensamiento.
Pero sobre todo el mensaje de Oteiza es el de la absoluta necesidad de trabajar en la formación estética del niño y del educador, sugiriendo como objetivo primordial en toda política cultural razonable, el diseño de una adecuada programación didáctica que cree en el niño y en el maestro, la pasión lúdica por imaginar, interrogar y conocer, por interesarse poéticamente por cuanto les rodea, sea la arquitectura de sus pueblos, la historia de sus ciudades, o los múltiples procesos personales de acercamiento e indagación de la realidad que lleva consigo la hermosa aventura del pensamiento.
Extractado de artículos de prensa. Autores:Jose Luis Barbería, Andoni Batista, Félix Eraña
Jorge Oteiza quedará; ¡todavía no le conocemos!
Poco tiempo antes de morir un tembloroso Oteiza leyó entre lágrimas: «La vida ya no me sienta bien, siento la dulzura cercana de la muerte, soy viejo, enfermizo, sentimental y llorón y lleno también de violencias que ya no podrían impresionar a nadie»
Al desprenderme de Ella, me he quedado sin familia. «No tengo a nadie en quien morir…»
Una tumba sencilla con su fecha de nacimiento (1908) junto a la de su mujer Itziar. Dos humildes cruces de madera unidas por un único palo transversal.
Aquí yacen… ¡No señor, aquí no yacen, de aquí se han ido…!
La muerte no existe, es un cambio de sitio. La vida sirve para morirse. Está clarísimo.
La poesía es lo que no se explica, ni se entiende, ni se puede entender. Es un salir de la vida y encontrar otro sitio, donde estar protegido. Estar fuera, volando, como un pájaro…
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Oteiza ha sido, además de un gran escultor investigador del racionalismo abstracto y buen poeta, un permanente agitador incendiario…
En estas palabras de recuerdo al hombre, voy a limitarme a extractar algo de su pensamiento en relación con el arte.
Se dedicó a la escultura durante treinta años, aunque reconocía que lo que le interesaba realmente eran los lenguajes, y en lugar de hacer la experiencia con la música, por ejemplo, la hizo con la escultura. Después se pasó al cine, al ballet, al teatro —artes en las que fue fracasando como corresponde a un creador— hasta que se encontró con la poesía.
«La poesía es la expresión en la que me siento más cómodo. Ante la hoja en blanco, esa página que da terror a muchos, que se estremecen, cuando a mí me ocurre todo lo contrario. La poesía es el mejor lenguaje personal, individual, que te define en tu gran soledad. Eres un dios del papel: pones dos palabras y te incendia el cielo de papel. Con la poesía me comunico con algo trascendente, dentro de una gran intimidad.»
«La poesía es el lenguaje que llega más al alma. La Poesía y la Música. La poesía es la música del papel.
Decía…
«La escultura es un lenguaje sordomudo, carísimo, lento y sucesivo…
«La escritura es certificar el fracaso y, aunque el motivo sea la poesía, la conversación tiende a otras reflexiones.
«El verdadero territorio del hombre es el lenguaje.
A la pregunta de «¿Qué es lo que no te invita a seguir viviendo, tú mismo o el mundo?», Oteiza contestaba:
Creo que el mundo. El mundo y sus enemigos, porque antes se decía que los enemigos del alma eran tres, mundo, demonio y carne, pues ahora siguen siendo tres también. Los «enemigos» capitales del mundo del poder son tres: la cultura, la educación y la paz. Y por eso el poder les persigue. No hay nada que hacer…
Un día te llamé poeta y te extrañaste
Sí, es verdad. Yo no he querido hacer poesía, mi voluntad ha sido distinta de los poetas, yo he querido una autonomía del lenguaje, porque la poesía está en el hombre, en el comportamiento tuyo al querer escribir… Yo he querido escribir, no para los demás y menos por la belleza; yo me he encontrado la imagen, otras veces he hecho unas cuantas, jugando y como un collage, pero a mí no me interesa la rima.
Se habla de la respiración en tu obra poética, nunca has considerado la poesía como un instrumento, sino como un aliento, como una respiración…
¿Te ha curado de la muerte la poesía?
De la muerte, no; de la vida, porque la muerte está en la vida…
El hombre concluye en el niño.
«Últimamente pienso en mi infancia, estoy pensando que el niño es la fase más alta de nuestra personalidad, que en el niño no empieza el hombre, que el hombre concluye en el niño. Si hubiera muerto con seis años era en plena madurez, plenamente realizado. Me refiero a los agujeros que hacía en piedra blanca arenisca y que en el vacío redondo que descubría me sentía protegido, era mi tesoro de agujeros, que al recordar de escultor los llamé esculturas de catalejo. Siento que estoy llegando a mi infancia. Mis ideas van desapareciendo y reaparecen al recordarlas en mi infancia más completas y simplificadas. Veo que vivía la naturaleza con una religiosidad estética que perdí con la educación recibida de una fe religiosa supuestamente histórica.
Creo en lo que no existe.
Así una de mis preocupaciones últimas y que utilizaría para negar mis fracasos es demostrar que no he existido…
MUSEO EN Alzuza Navarra Vídeo de la visita al Museo de Oteiza en Alzuza junto a mis compañeros del grupo Amabost de la Sociedad Fotográfica de Gipuzkoa
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Caminábamos a la altura de las tranquilas aguas del río, entre esa difícil «bosquedad» en la que cualquier movimiento o ruido sorprende o incluso atemoriza por ser desconocido. Sin embargo, la curiosidad hace que nos detengamos unos segundos a escudriñar la maleza.
Así me encontré en el silencio. Mis compañeros de excursión habían seguido la marcha y yo me había quedado atrás, perpleja, observando aquellas cicatrices en los troncos de algunos árboles. Me llevé algunas imágenes con la intención de conocer algo más sobre ello…
Al cabo de unas cuantas semanas en las que mis fotografías continuaban en el rincón de las cosas pendientes, saltó hasta mí el blog «Senderos de Savia». Un valioso tesoro para disfrutar aprendiendo y aprender disfrutando de la comunión del ser humano con la Naturaleza.
Muchas gracias, Aina S. Erice por divulgar esta parte de tu conocimiento con tanta generosidad.
Érase una vez un grupo de árboles de porte elegante que amaban el agua y el viento, que refrescaban plazas con su sombra y saciaban el hambre del ganado. Proporcionaban madera sumergible y fibras para hilar, tejer o trenzar canastos, o chaquetas bordadas con sueños en tierras lejanas.
Las primeras referencias escritas a los Olmos aparecen en las listas de equipo militar de Cnosos, en el periodo micénico. La civilización micénica (1700-1100 a. C.) floreció a finales de la Edad del Bronce, alcanzando su apogeo entre los siglos XV y XIII a. C. (ref: World Historic Encyclopedia) Varios de los carros son de olmo, y las listas mencionan en dos ocasiones ruedas de madera de olmo. Hesíodo afirma que los arados de la antigua Grecia también se fabricaban en parte con olmo.
Érase una vez un árbol pionero prehistórico tras la última glaciación. Érase una vez un gigante con pies de barro… Tan imponente como vulnerable. Los olmos fueron devastados en toda Europa por la grafiosis, una enorme enfermedad que los llevó al borde del exterminio y al abismo de la casi extinción.
Textos: Aina S. Erice (Bióloga y Escritora) Ver su Blog: «https://imaginandovegetales.wordpress.com/» fotografía: mjberistain.com
Extractado de el.Diario (Cantabria). Autor: Jose Maria Navajas Puerta
Fue una científica holandesa Christine Buisman, quien demostró en 1927 que la grave dolencia que afectaba a los olmos era causada por un hongo, Ophiostoma ulmi. según lo demuestra a través de las fotografías en su estudio sobre la grafiosis, enfermedad del árbol que ya comenzaba a afectar las regiones europeas.
Esta grave enfermedad, que afecta con enorme virulencia a los olmos, se extiende a través de un pequeño insecto, una especie de escarabajos llamados escolitinos. Estos insectos portan en su cuerpo las esporas del hongo y, al alimentarse de la madera del árbol, las van diseminando por el interior del mismo. El hongo colapsa los vasos conductores de savia, por lo que el árbol comienza a marchitarse. En pocos meses las verdes copas se secan y el árbol muere.
Prácticamente, el 90% de los olmos desaparecieron en España en las últimas décadas, hasta convertirse hoy día en una especie en peligro de extinción. Las nuevas generaciones lo desconocen por completo, pues difícilmente pueden ya encontrarse olmos en el paisaje, ni siquiera rural, que nos den testigo del importante papel que tuvieron estos árboles en la vida cotidiana de nuestros antepasados.
A pesar de ello, el olmo siguió siendo parte del paisaje, de la vida cotidiana y la economía rural, hasta hace apenas medio siglo. Su duro tronco y raíz pivotante lo hizo ideal para contener la tierra en construcciones viarias, diques y canales. Su resistencia a la humedad y podredumbre lo convirtió en materia prima para la industria naval, y las olmedas se extendieron en el siglo XVIII por la Península para surtir los astilleros de material de construcción de navíos. Fue viga de techos y pilar de puentes, banco y borriqueta de talleres, apero de labranza y yugo de bueyes. Y en las plazas de las villas su abundante sombra mitigó fatigas.
Desde los años 80 se intentó poner remedio a la enfermedad. Recientemente y tras largas investigaciones lideradas por la Universidad Politécnica de Madrid, se han logrado obtener algunos ejemplares de olmo resistente a la grafiosis. Diversos programas como el Proyecto Europeo Life + Olmos Vivos están en marcha para recuperar a la especie y devolver su hábitat, la olmeda, al paisaje ibérico.
Quizás en un futuro cercano los olmos vuelvan a poblar las riberas, y sus frondosas copas cubran con agradable sombra las plazas y parques. Pues, como ya advirtió Enrique Loriente en su Obra «El árbol de los pueblos» (Historia del valor simbólico y material que este casi extinto árbol ha tenido a lo largo del tiempo).
«No debemos privar a las generaciones futuras de un paisaje, de un espectáculo como el que nuestros mayores y nosotros mismos hemos contemplado».
De la publicación de Jose María Navajas Puerta en elDiario.es de Cantabria
El Verde, recortado, entra por el marco de mi ventana y siento que crece por encima de mi mesa, por entre los lápices a los que intenta convencer de que broten…
Que broten por entre el teclado del ordenador, orgulloso de ser su arado.
Sus briznas forman sombras fantasmales sobre las páginas, malas hierbas encadenadas como las letras de un texto de mal augurio
Como algunas imágenes de futuros abismos que anhelo.
Texto: Icono verde de Ana Blandiana (Revista Litoral) Fotogorafía@mjberistain
Os explicaré cómo me asalta el deseo de hacer una fotografía. A veces es como la continuación de un sueño. Una mañana me despierto con una extraordinaria alegría de vivir. El Mar es el color de mis sueños Robert Doisneau
Tengo un sueño de mar, de olas tranquilas, de rocas milenarias, de espumas y sal.
Puedo confundir tu cuerpo con la ola rompiente y esa dicha efervescente, de amor, poesía y sueños.
Vienes a mis pies con la súplica del viento, te deshaces lento como el perfume fiel
En el amanecer pareces ola golpeas mi hombro una y otra vez tus besos como en la roca tus labios.
Anclada te miro, vienes y vas como los sueños de una fotografía en el mar, donde tu corazón es la Luz.
MI AGRADECIMIENTO POR LA COLABORACIÓN POÉTICA DE POETAS NUEVOS
Fantasmas perdidos en un sueño que dejó de soñarse no se sabe ya cuándo… El destino tal vez consista en eso: ser una sombra más de un retrato de grupo, en el que nadie sepa qué estamos mirando, ni por qué mantenemos esa sonrisa tonta.
Me acerqué al rio con un violento deseo, sus orillas abrazaron mi cuerpo y, sin más tiempo para pedir ayuda, me fui al fondo de la noche.
Es extraño. Si trato de recordar el fuego de las noches sagradas, un verano violento —como cualquier verano—, con su luna de sangre y crepitar de brasas, recuerdo esa violencia y la felicidad, recuerdo el fuego, pero aquí no está el fuego, aunque yo sé que ardía en esas noches…
En el amor no había nada distinto al resto de las cosas, pero sí era distinto ese juego violento al que apostar la vida, y que a veces movía las estrellas, la luz de la conciencia, y al que hoy sigo jugando, y en él me va la vida.
Ya se durmió la sangre vida arriba. Soledad de futuro, sin futuro. Ya tus palabras hablan de ti de aquello que soñabas, y en el más allá de ti sueñan contigo.
Hay un lugar en medio de la Luz donde se reconstruyen las ruinas de este mundo. Y un acorde que logra convertir las edades y las sangres vertidas en un preciso artefacto melodioso. Hay un número en donde está reunido lo disperso, y una llave que cierra las puertas tenebrosas. Existe una moneda suficiente para el pago de todos nuestros sueños. Una flor de metal que vive para siempre, y un verso que arrastra la esperanza al primer día.
Querido Diario, repito con este nombre. Hace dos años asistí a una exposición de su obra en La Lonja. Quedé admirada de sus imágenes. Dejo el enlace que entonces le dediqué:
Hoy descubro con placer un artículo en El País, escrito por LETICIA GARCÍA, que nos habla del premio recibido por Manuel Outumuro el pasado mes de octubre en Nueva York. Se trata del Premio Lucie a la creación de moda, considerado el óscar de la fotografía.
Extraigo algunas de las líneas del artículo:
El pasado mes de octubre, Manuel Outumuro (Ourense, 73 años) volvía a Nueva York, donde vivió durante cinco años, para recoger el Premio Lucie a la creación de moda, un galardón considerado el oscar de la fotografía y que anteriormente han recibido Ellen von Unwerth, Jean-Paul Goude y Roxanne Lowit, entre otros. Es el primer español en lograr la mención.
“Y pensar que cuando llegué allí trabajaba limpiando mesas y de repente me vi en el Carnegie Hall rodeado de personas a las que llevo una vida admirando…”
comenta al teléfono desde su estudio barcelonés. “Anne Morin, comisaria de Vivian Maier, que recibió el Lucie a comisaria del año, fue la que propuso mi nombre al jurado. Tú no puedes presentar ninguna candidatura, son ellos los que te eligen. Me dijeron después que me habían votado por unanimidad”,
Comenzó haciendo retratos. El fotógrafo recuerda, de entre sus muchos proyectos en los últimos 30 años, “la colección de fotografías de trajes históricos de Balenciaga”, que posteriormente se convirtió en el catálogo oficial del museo en el pueblo de pescadores de Getaria, en el País Vasco. Pero si hay un hito en la carrera de Outumuro no es el de haber retratado a los personajes nacionales e internacionales más relevantes, ni el de haber recibido una decena de premios…
“Creo que fue mi primera exposición retrospectiva en el Museo del Diseño de Barcelona, Outumuro Looks, en 2009. El día anterior a la inauguración me paseé por las seis salas y me puse a llorar. Ver mis fotografías colgadas en un museo, convertidas en objetos artísticos, fue de las cosas más emocionantes que he vivido”
“Me considero más artesano que artista, pero con el tiempo me he dado cuenta de que la fotografía, la moda, la artesanía en general, también son artes”.
Tras más de 30 años de trayectoria y un oscar de la fotografía en su haber, a Manuel Outumuro no se le pasa por la cabeza retirarse.
“No hasta que encuentre la fotografía perfecta, y eso es algo imposible, porque la fotografía perfecta nunca llega”.
He buscado y he hallado cosas, valores o temas como la tolerancia, el diálogo con la luz, el aroma de las piedras, la luz negra… en el espacio sin tiempo de Chillida Leku y en los materiales con los que el Artista materializaba su obra.
Acero, Granito, Hierro, Yeso, Alabastro, Madera, Tierra, Tinta negra, Papel
de Vivaldi, Mozart y especialmente de Bach, que muestran su relación con la armonía, el ritmo y el sonido.
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Óxidos
Alabastro
COMPENETRACIÓN ENTRE LUZ Y ESCULTURA, ENTRE LUZ Y ARQUITECTURA EN LA OBRA DE CHILLIDA EL ALABASTRO ES EL MATERIAL QUE ACOGE LA LUZ Y PERMITE QUE ÉSTA SE MUESTRE DE FORMA TRASCENDENTAL.
En Gurutz (Cruz) Chillida excava el alabastro hacia adentro haciendo que la cruz se materialice en el vacío.
Tras experimentar con materias de su tierra natal como la madera y el hierro, el alabastro le condujo a Chillida a elaborar obras más luminosas y diáfanas. Se convertiría en la materia perfecta para captar la «luz oscura» que él identificaba con el mar Cantábrico. Frente a la luz blanca, fuerte, vibrante y cristalina del mármol, el alabastro transmitía una sombría luminosidad, una luz neblinosa y húmeda, más cercana a la luz negra propia del País Vasco.
El mar Cantábrico, un mar encrespado, con oleajes frenéticos y tonalidades grises y plomizas.
En lo translúcido la luminosidad parecía emerger del interior de la piedra como si, retenida en lo más profundo, irradiase de la propia materia.
Más allá, lo profundo es el aire
Este verso de su gran amigo el poeta Jorge Guillén (Cántico), conecta con el Artista que lo interpreta y lo trabajará en su obra como «vacío»
en su primera escultura en alabastro titulada «Mendi huts» (montaña vacía)
en el interior del granito respetando, por contraste, su exterior rugoso natural.
en la contraposición de lleno y vacío de su escultura titulada «Buscando la luz» (en sentido físico, poético y espiritual)
en su proyecto irrealizado en la montaña Tindaya en Fuerteventura.
«Su espacio interior no sería visible desde fuera, pero los que penetraran en su corazón verían la luz del sol y de la luna, dentro de una montaña vacía volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente»
Sus palabras…
me siento como un árbol que está adecuado en su territorio, pero con los brazos abiertos al mundo
forjar un hierro es luchar contra él
doy mayor valor al conocer que al conocimiento
necesito el peso para rebelarme contra él
prefiero esculpir antes que modelar, las esculturas brotan del yeso seco
tengo las manos de ayer, me faltan las de mañana
Consciente de que la materia iba hacia abajo por ley natural, intuía que el espíritu iba hacia arriba, trabajaba la idea de dar ligereza a las voluminosas masas de piedra o acero dotándolas de una espiritualidad que las elevara por encima de su ser.
Fotografía @mjberistain Apuntes de la Guía General de Chillida Leku
Caminamos por las orillas del Canal Imperial de Aragón. El camino es pedregoso y polvoriento, se abre entre hierbas silvestres y bosques de pinos. Nos llevará hacia las antiguas esclusas, hoy abandonadas de Valdegurriana.
Extraigo la sencilla belleza de las espigas de avena silvestre magnificada por la luz del sol de mediodía.
El calor que guardan los canales es sofocante.
Fotografiar la calma, la soledad enardecida, la mudez que grita, el cielo que nadie vuela, las flores de loto entregadas al sol y a sus amantes…
Ha merecido la pena vivir la intemporalidad de la Naturaleza detenida. Siento, una vez más.
Texto: Isabel Fernández Bernaldo de Quirós del Libro La senda hacia lo diáfano (extracto)
Dejo aquí plasmada una pequeñísima representación de lo que pude ver y admirar en la observación, de cerca, del trabajo del fotógrafo Manuel Outumuro. Estas imágenes no hacen justicia a los originales presentados, la mayor parte en blanco y negro —por ello, he querido virarlas a sepia— quiero que sean un recuerdo de la exposición. He tomado éstas y no otras por el valor que tiene en especial para mi la «composición», como eterna aprendiz que soy de los temas que me inspiran.
De barro y luz.
La vida está hecha de esos elementos: barro y luz, El barro metafóricamente, como materia que define la forma del cuerpo y el rostro de la persona, y la luz como alma, como espíritu.
«El fotógrafo Manuel Outumuro (Galicia 1949) es internacionalmente reconocido por sus fotografías de moda y retrato. De estilo clásico pero mirada contemporánea, los retratos que presenta en La Lonja conforman una memoria visual única, y fijan a la persona en una imagen única e irrepetible suspendida en el tiempo, en algún lugar remoto.»