EL MAR EN MÍ, VIVENCIAS, SEDUCCIÓN, SENSACIONES, SENTIMIENTOS, RITMOS, ECOS, BÚSQUEDA, AUSENCIA, MISTERIO. Lo que ocurre y ha ocurrido dentro y fuera de mi, a mi alrededor.
MUSEO EN Alzuza Navarra Vídeo de la visita al Museo de Oteiza en Alzuza junto a mis compañeros del grupo Amabost de la Sociedad Fotográfica de Gipuzkoa
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Caminábamos a la altura de las tranquilas aguas del río, entre esa difícil «bosquedad» en la que cualquier movimiento o ruido sorprende o incluso atemoriza por ser desconocido. Sin embargo, la curiosidad hace que nos detengamos unos segundos a escudriñar la maleza.
Así me encontré en el silencio. Mis compañeros de excursión habían seguido la marcha y yo me había quedado atrás, perpleja, observando aquellas cicatrices en los troncos de algunos árboles. Me llevé algunas imágenes con la intención de conocer algo más sobre ello…
Al cabo de unas cuantas semanas en las que mis fotografías continuaban en el rincón de las cosas pendientes, saltó hasta mí el blog «Senderos de Savia». Un valioso tesoro para disfrutar aprendiendo y aprender disfrutando de la comunión del ser humano con la Naturaleza.
Muchas gracias, Aina S. Erice por divulgar esta parte de tu conocimiento con tanta generosidad.
Érase una vez un grupo de árboles de porte elegante que amaban el agua y el viento, que refrescaban plazas con su sombra y saciaban el hambre del ganado. Proporcionaban madera sumergible y fibras para hilar, tejer o trenzar canastos, o chaquetas bordadas con sueños en tierras lejanas.
Las primeras referencias escritas a los Olmos aparecen en las listas de equipo militar de Cnosos, en el periodo micénico. La civilización micénica (1700-1100 a. C.) floreció a finales de la Edad del Bronce, alcanzando su apogeo entre los siglos XV y XIII a. C. (ref: World Historic Encyclopedia) Varios de los carros son de olmo, y las listas mencionan en dos ocasiones ruedas de madera de olmo. Hesíodo afirma que los arados de la antigua Grecia también se fabricaban en parte con olmo.
Érase una vez un árbol pionero prehistórico tras la última glaciación. Érase una vez un gigante con pies de barro… Tan imponente como vulnerable. Los olmos fueron devastados en toda Europa por la grafiosis, una enorme enfermedad que los llevó al borde del exterminio y al abismo de la casi extinción.
Textos: Aina S. Erice (Bióloga y Escritora) Ver su Blog: «https://imaginandovegetales.wordpress.com/» fotografía: mjberistain.com
Extractado de el.Diario (Cantabria). Autor: Jose Maria Navajas Puerta
Fue una científica holandesa Christine Buisman, quien demostró en 1927 que la grave dolencia que afectaba a los olmos era causada por un hongo, Ophiostoma ulmi. según lo demuestra a través de las fotografías en su estudio sobre la grafiosis, enfermedad del árbol que ya comenzaba a afectar las regiones europeas.
Esta grave enfermedad, que afecta con enorme virulencia a los olmos, se extiende a través de un pequeño insecto, una especie de escarabajos llamados escolitinos. Estos insectos portan en su cuerpo las esporas del hongo y, al alimentarse de la madera del árbol, las van diseminando por el interior del mismo. El hongo colapsa los vasos conductores de savia, por lo que el árbol comienza a marchitarse. En pocos meses las verdes copas se secan y el árbol muere.
Prácticamente, el 90% de los olmos desaparecieron en España en las últimas décadas, hasta convertirse hoy día en una especie en peligro de extinción. Las nuevas generaciones lo desconocen por completo, pues difícilmente pueden ya encontrarse olmos en el paisaje, ni siquiera rural, que nos den testigo del importante papel que tuvieron estos árboles en la vida cotidiana de nuestros antepasados.
A pesar de ello, el olmo siguió siendo parte del paisaje, de la vida cotidiana y la economía rural, hasta hace apenas medio siglo. Su duro tronco y raíz pivotante lo hizo ideal para contener la tierra en construcciones viarias, diques y canales. Su resistencia a la humedad y podredumbre lo convirtió en materia prima para la industria naval, y las olmedas se extendieron en el siglo XVIII por la Península para surtir los astilleros de material de construcción de navíos. Fue viga de techos y pilar de puentes, banco y borriqueta de talleres, apero de labranza y yugo de bueyes. Y en las plazas de las villas su abundante sombra mitigó fatigas.
Desde los años 80 se intentó poner remedio a la enfermedad. Recientemente y tras largas investigaciones lideradas por la Universidad Politécnica de Madrid, se han logrado obtener algunos ejemplares de olmo resistente a la grafiosis. Diversos programas como el Proyecto Europeo Life + Olmos Vivos están en marcha para recuperar a la especie y devolver su hábitat, la olmeda, al paisaje ibérico.
Quizás en un futuro cercano los olmos vuelvan a poblar las riberas, y sus frondosas copas cubran con agradable sombra las plazas y parques. Pues, como ya advirtió Enrique Loriente en su Obra «El árbol de los pueblos» (Historia del valor simbólico y material que este casi extinto árbol ha tenido a lo largo del tiempo).
«No debemos privar a las generaciones futuras de un paisaje, de un espectáculo como el que nuestros mayores y nosotros mismos hemos contemplado».
De la publicación de Jose María Navajas Puerta en elDiario.es de Cantabria
El Verde, recortado, entra por el marco de mi ventana y siento que crece por encima de mi mesa, por entre los lápices a los que intenta convencer de que broten…
Que broten por entre el teclado del ordenador, orgulloso de ser su arado.
Sus briznas forman sombras fantasmales sobre las páginas, malas hierbas encadenadas como las letras de un texto de mal augurio
Como algunas imágenes de futuros abismos que anhelo.
Texto: Icono verde de Ana Blandiana (Revista Litoral) Fotogorafía@mjberistain
Os explicaré cómo me asalta el deseo de hacer una fotografía. A veces es como la continuación de un sueño. Una mañana me despierto con una extraordinaria alegría de vivir. El Mar es el color de mis sueños Robert Doisneau
Tengo un sueño de mar, de olas tranquilas, de rocas milenarias, de espumas y sal.
Puedo confundir tu cuerpo con la ola rompiente y esa dicha efervescente, de amor, poesía y sueños.
Vienes a mis pies con la súplica del viento, te deshaces lento como el perfume fiel
En el amanecer pareces ola golpeas mi hombro una y otra vez tus besos como en la roca tus labios.
Anclada te miro, vienes y vas como los sueños de una fotografía en el mar, donde tu corazón es la Luz.
MI AGRADECIMIENTO POR LA COLABORACIÓN POÉTICA DE POETAS NUEVOS
Fantasmas perdidos en un sueño que dejó de soñarse no se sabe ya cuándo… El destino tal vez consista en eso: ser una sombra más de un retrato de grupo, en el que nadie sepa qué estamos mirando, ni por qué mantenemos esa sonrisa tonta.
Me acerqué al rio con un violento deseo, sus orillas abrazaron mi cuerpo y, sin más tiempo para pedir ayuda, me fui al fondo de la noche.
Es extraño. Si trato de recordar el fuego de las noches sagradas, un verano violento —como cualquier verano—, con su luna de sangre y crepitar de brasas, recuerdo esa violencia y la felicidad, recuerdo el fuego, pero aquí no está el fuego, aunque yo sé que ardía en esas noches…
En el amor no había nada distinto al resto de las cosas, pero sí era distinto ese juego violento al que apostar la vida, y que a veces movía las estrellas, la luz de la conciencia, y al que hoy sigo jugando, y en él me va la vida.
Ya se durmió la sangre vida arriba. Soledad de futuro, sin futuro. Ya tus palabras hablan de ti de aquello que soñabas, y en el más allá de ti sueñan contigo.
Hay un lugar en medio de la Luz donde se reconstruyen las ruinas de este mundo. Y un acorde que logra convertir las edades y las sangres vertidas en un preciso artefacto melodioso. Hay un número en donde está reunido lo disperso, y una llave que cierra las puertas tenebrosas. Existe una moneda suficiente para el pago de todos nuestros sueños. Una flor de metal que vive para siempre, y un verso que arrastra la esperanza al primer día.
Querido Diario, repito con este nombre. Hace dos años asistí a una exposición de su obra en La Lonja. Quedé admirada de sus imágenes. Dejo el enlace que entonces le dediqué:
Hoy descubro con placer un artículo en El País, escrito por LETICIA GARCÍA, que nos habla del premio recibido por Manuel Outumuro el pasado mes de octubre en Nueva York. Se trata del Premio Lucie a la creación de moda, considerado el óscar de la fotografía.
Extraigo algunas de las líneas del artículo:
El pasado mes de octubre, Manuel Outumuro (Ourense, 73 años) volvía a Nueva York, donde vivió durante cinco años, para recoger el Premio Lucie a la creación de moda, un galardón considerado el oscar de la fotografía y que anteriormente han recibido Ellen von Unwerth, Jean-Paul Goude y Roxanne Lowit, entre otros. Es el primer español en lograr la mención.
“Y pensar que cuando llegué allí trabajaba limpiando mesas y de repente me vi en el Carnegie Hall rodeado de personas a las que llevo una vida admirando…”
comenta al teléfono desde su estudio barcelonés. “Anne Morin, comisaria de Vivian Maier, que recibió el Lucie a comisaria del año, fue la que propuso mi nombre al jurado. Tú no puedes presentar ninguna candidatura, son ellos los que te eligen. Me dijeron después que me habían votado por unanimidad”,
Comenzó haciendo retratos. El fotógrafo recuerda, de entre sus muchos proyectos en los últimos 30 años, “la colección de fotografías de trajes históricos de Balenciaga”, que posteriormente se convirtió en el catálogo oficial del museo en el pueblo de pescadores de Getaria, en el País Vasco. Pero si hay un hito en la carrera de Outumuro no es el de haber retratado a los personajes nacionales e internacionales más relevantes, ni el de haber recibido una decena de premios…
“Creo que fue mi primera exposición retrospectiva en el Museo del Diseño de Barcelona, Outumuro Looks, en 2009. El día anterior a la inauguración me paseé por las seis salas y me puse a llorar. Ver mis fotografías colgadas en un museo, convertidas en objetos artísticos, fue de las cosas más emocionantes que he vivido”
“Me considero más artesano que artista, pero con el tiempo me he dado cuenta de que la fotografía, la moda, la artesanía en general, también son artes”.
Tras más de 30 años de trayectoria y un oscar de la fotografía en su haber, a Manuel Outumuro no se le pasa por la cabeza retirarse.
“No hasta que encuentre la fotografía perfecta, y eso es algo imposible, porque la fotografía perfecta nunca llega”.
He buscado y he hallado cosas, valores o temas como la tolerancia, el diálogo con la luz, el aroma de las piedras, la luz negra… en el espacio sin tiempo de Chillida Leku y en los materiales con los que el Artista materializaba su obra.
Acero, Granito, Hierro, Yeso, Alabastro, Madera, Tierra, Tinta negra, Papel
de Vivaldi, Mozart y especialmente de Bach, que muestran su relación con la armonía, el ritmo y el sonido.
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Óxidos
Alabastro
COMPENETRACIÓN ENTRE LUZ Y ESCULTURA, ENTRE LUZ Y ARQUITECTURA EN LA OBRA DE CHILLIDA EL ALABASTRO ES EL MATERIAL QUE ACOGE LA LUZ Y PERMITE QUE ÉSTA SE MUESTRE DE FORMA TRASCENDENTAL.
En Gurutz (Cruz) Chillida excava el alabastro hacia adentro haciendo que la cruz se materialice en el vacío.
Tras experimentar con materias de su tierra natal como la madera y el hierro, el alabastro le condujo a Chillida a elaborar obras más luminosas y diáfanas. Se convertiría en la materia perfecta para captar la «luz oscura» que él identificaba con el mar Cantábrico. Frente a la luz blanca, fuerte, vibrante y cristalina del mármol, el alabastro transmitía una sombría luminosidad, una luz neblinosa y húmeda, más cercana a la luz negra propia del País Vasco.
El mar Cantábrico, un mar encrespado, con oleajes frenéticos y tonalidades grises y plomizas.
En lo translúcido la luminosidad parecía emerger del interior de la piedra como si, retenida en lo más profundo, irradiase de la propia materia.
Más allá, lo profundo es el aire
Este verso de su gran amigo el poeta Jorge Guillén (Cántico), conecta con el Artista que lo interpreta y lo trabajará en su obra como «vacío»
en su primera escultura en alabastro titulada «Mendi huts» (montaña vacía)
en el interior del granito respetando, por contraste, su exterior rugoso natural.
en la contraposición de lleno y vacío de su escultura titulada «Buscando la luz» (en sentido físico, poético y espiritual)
en su proyecto irrealizado en la montaña Tindaya en Fuerteventura.
«Su espacio interior no sería visible desde fuera, pero los que penetraran en su corazón verían la luz del sol y de la luna, dentro de una montaña vacía volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente»
Sus palabras…
me siento como un árbol que está adecuado en su territorio, pero con los brazos abiertos al mundo
forjar un hierro es luchar contra él
doy mayor valor al conocer que al conocimiento
necesito el peso para rebelarme contra él
prefiero esculpir antes que modelar, las esculturas brotan del yeso seco
tengo las manos de ayer, me faltan las de mañana
Consciente de que la materia iba hacia abajo por ley natural, intuía que el espíritu iba hacia arriba, trabajaba la idea de dar ligereza a las voluminosas masas de piedra o acero dotándolas de una espiritualidad que las elevara por encima de su ser.
Fotografía @mjberistain Apuntes de la Guía General de Chillida Leku
Caminamos por las orillas del Canal Imperial de Aragón. El camino es pedregoso y polvoriento, se abre entre hierbas silvestres y bosques de pinos. Nos llevará hacia las antiguas esclusas, hoy abandonadas de Valdegurriana.
Extraigo la sencilla belleza de las espigas de avena silvestre magnificada por la luz del sol de mediodía.
El calor que guardan los canales es sofocante.
Fotografiar la calma, la soledad enardecida, la mudez que grita, el cielo que nadie vuela, las flores de loto entregadas al sol y a sus amantes…
Ha merecido la pena vivir la intemporalidad de la Naturaleza detenida. Siento, una vez más.
Texto: Isabel Fernández Bernaldo de Quirós del Libro La senda hacia lo diáfano (extracto)
Dejo aquí plasmada una pequeñísima representación de lo que pude ver y admirar en la observación, de cerca, del trabajo del fotógrafo Manuel Outumuro. Estas imágenes no hacen justicia a los originales presentados, la mayor parte en blanco y negro —por ello, he querido virarlas a sepia— quiero que sean un recuerdo de la exposición. He tomado éstas y no otras por el valor que tiene en especial para mi la «composición», como eterna aprendiz que soy de los temas que me inspiran.
De barro y luz.
La vida está hecha de esos elementos: barro y luz, El barro metafóricamente, como materia que define la forma del cuerpo y el rostro de la persona, y la luz como alma, como espíritu.
«El fotógrafo Manuel Outumuro (Galicia 1949) es internacionalmente reconocido por sus fotografías de moda y retrato. De estilo clásico pero mirada contemporánea, los retratos que presenta en La Lonja conforman una memoria visual única, y fijan a la persona en una imagen única e irrepetible suspendida en el tiempo, en algún lugar remoto.»
Principio de invierno, la mañana es fría, la luz blanquecina, algunas nieblas en el valle. Decido salir con mi cámara de fotografía por la Ruta del Románico del Valle de Tena (Pirineos)
Fotografías tomadas en el recorrido por la ruta del Serrablo. Esta ruta agrupa varias iglesias románicas datadas a mediados de los siglos X y XI. Es un bellísimo e interesante recorrido a lo largo del río Gállego entre los pueblos de Sallent y Sabiñanigo.
Así te veo, rostro casi vivo. Miras desde tu mundo lejano y llegas hasta mí.
Te tengo. Nunca huirás para siempre, mi prisionero eres, o soy yo. Fotografía o amor, imagen material o cuerpo ausente.
Ahora me miras, desde tu superficie sin fondo, ojos que nada deberían decir, y, sin embargo, desde sus engañosas luces, cansancio o amor dicen mientras resbalan sueños.
Oscuro cambio, o realidad aparente; aire, luz descompuesta en rayos, bridas de seda, ébanos, cabellos en las olas sujetan navíos de marfil sobre la oscuridad del mar.
Así amor, dulzura o amargo recuerdo fundido en lágrimas que el viento disgrega, tiempo feliz, porvenir azaroso o presente incoloro, tal eres, solamente.
Una fotografía, una fecha, un nombre y sus aristas, un suspiro de plomo al papel de tus labios…
Suelo pasear sin rumbo… desde un lugar impreciso hacia un destino incierto. Solo me concentro en el camino. Estoy lejos de todo lo conocido.
No sé muy bien hacia dónde voy, camino y respiro, aspiro los olores que llegan fugaces hasta mí, observo el movimiento y las formas de las nubes, intento imitar el canto de los pájaros hasta que me doy cuenta de que no sé silbar…
Quizás juego a encontrarme. ¿Dónde estoy?. ¿Quién soy?
Un aroma intenso me interrumpe, me paraliza y no puedo resistirme. Vuelvo a él como si alguien hubiera tocado, discretamente pero con determinación, mi hombro…
Te toqué… y se detuvo mi vida. (Neruda)
—¡Ah, eres tú!
Me dejo conquistar por lo que veo y siento a mi alrededor. Poco a poco voy descubriendo, dentro de mí, una sensación de alivio, algo parecido a la felicidad a pequeños sorbos que la vida me regala en mis paseos cuando estoy lejos…