Let it Be

Cuando se acercó a ella, directamente dijo: ¡Hola cariño!. ¡Además de medio desmayada, se quedó horrorizada! No le conocía de nada y no le gustaban las personas que iban llamando cariño a todo el mundo a la primera de cambio, aunque en esa zona, a trescientos kilómetros de su casa, sabía que era bastante habitual. No se encontraba en condiciones de polemizar en aquel momento, se dejó coger de la mano y pudo sentir después sus cálidas caricias por su hombro y por su brazo izquierdo. Le miró a los ojos y solo pudo rendirse ante el afecto que aquél hombre le ofrecía.

Su mirada era de color azul casi transparente. Su forma de hablar acentuaba sus palabras orgullosamente identificándose con su tierra aragonesa, su voz sonaba tosca y muy cercana, sonreía con una naturalidad innata e inevitable.

Ella no pudo evitar una mueca cuando una maniobra extraña hizo que sus huesos se resintieran de tal forma que hicieron derivar la conversación hacia el tema del dolor. Alejandro era un hombre joven, de configuración cuadrada, curtido —más tarde lo supo— en todos los tipos de dolor que pudieran existir y, sin embargo, su vocación le había llevado a dedicarse a ayudar y consolar a todos aquellos que lo necesitaran.

Confesó que sus tobillos estaban hechos trizas de empujar en primera línea con su equipo de rugby, también su espalda y su cabeza casi rapada. Llevaba una barba rubia de tres días y un pendiente de plata en su oreja izquierda —tres aros de distintos tamaños engarzados—. Consiguió hacerla sonreir cuando apostó porque ella hubiera tenido unos parecidos en su época hippy. Estaba casado y tenía dos niñas, la más pequeña de ellas había nacido con una de esas enfermedades “raras” de las que tan poco se conoce todavía. Su conversación y su sonrisa aliviaban. A pesar de los envites del dolor que ella padecía en su cuerpo magullado. El trayecto se le antojó que había sido excesivamente corto cuando llegaron a destino porque sintió que había quedado mucho por conocer de aquel hombre entrañable. Se abrazaron con emoción contenida y se besaron las manos.

Se quedó con que él era músico, que había estudiado saxo desde niño, primero alto, después se dedicó al saxo tenor… Se quedó con el nombre de su grupo: Ska Blues & Jazz.

Se quedó con su sonrisa, con la transparencia de su mirada. Se quedó con su coraje y el brillo de su vida ocultos discretamente debajo de aquel uniforme de colores fosforescentes. Se quedó con el sonido especial de su voz cerca de su corazón mientras lejanamente oía la sirena de la ambulancia que la había trasladado hasta urgencias.

@mjberistain


6 comentarios sobre “Let it Be

  1. Muy bonito relato, encontrarse con personas así en momentos críticos, le hace pensar a uno que no todo se ha perdido en esta humanidad. Siempre hay gente buena que va derrochando generosidad sin pedir nada a cambio.
    Abrazos.

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    1. Lola, si, guardo un muy entrañable recuerdo. Es una persona dada a los demás a pesar de que su vida personal y después familiar fue y sigue siendo muy, muy dura… Sus compañeros de trabajo confirmaron la gran humanidad de este hombre. ¡Me dejaron impresionada! Y yo me recordaba tan idiota cuando allí tirada en el suelo, esperando a la ambulancia, casi desprecié su “cariño”… Es muy importante conocer a las personas antes de sacar conclusiones sobre ellas… Gracias por tus palabras Lola, Un gran abrazo.

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