Leonard Cohen

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Artículo  de FELIPE BENITEZ REYES

Domingo, 13 de Noviembre 2016

(Escribí esto que sigue en 2011. He escrito otra cosa de urgencia, tras su muerte, que se publicará el próximo viernes en EL CULTURAL del diario EL MUNDO.)

LEONARD COHEN ha conseguido reducir su voz a un susurro hipnótico. ¿Por merma de facultades? Sí, pero quizá también por privilegio de su destino: su voz es algo que está ya por encima de la voz, algo que ha logrado convertirse en la metáfora frágil de sí misma, en una fantasmagoría, purificada. Es la salmodia penumbrosa del superviviente, con su traje gris de empleado discreto de funeraria, con su borsalino de hampón dandístico, con su figura descoyuntada de anciano arrullador de batallas antiguas del sentimiento, galán en sus ocasos triunfales, con su sonrisa beatífica propia del monje budista que es, conocido en los monasterios del ramo como Jikan Dharma, que significa el silencioso.

Leonard Cohen sale al escenario con pasos alegres de duendecillo del país de las tinieblas amables. Se arrodilla. Junta las manos en gesto de plegaria. Se destoca. Sonríe. Da las gracias. Empieza su conjuro. Sus canciones nos llegan desde muy lejos: los adolescentes de los 70 del siglo pasado que tocábamos la guitarra teníamos un repertorio de estándares en el que no faltaba “Suzanne”, aunque con cierta licencia en los arpegios, porque éramos aprendices y había que esquematizar los alardes. Aun así, aquella medio chiflada seguía ofreciéndote té y naranjas de la China. Y el Cristo -abandonado, casi humano- permanecía en su torre solitaria de madera. Y aprendías a buscar entre la basura y las flores. Y el sol caía de lleno, como una miel, sobre la dama del muelle. Etcétera. Y nosotros, en fin, bailábamos aquello con las niñas, en la noche artificial de las fiestas tempraneras de los sábados.

Ha pasado el tiempo y ahí siguen sus canciones, más intensas aún porque se han aliado con el tiempo nuestro, con el tiempo de adentro de cada cual, con la historia de cada uno. Estamos en ellas. Conmueve este Cohen de postrimerías. Tan roto y tan poderoso. Tan de cristal y tan irrompible. Tan sujeto a la música por casi nada: por la exactitud temblorosa de la emoción, que es a fin de cuentas el todo. Este Cohen oferente y educado, con su espectáculo grandioso de susurros. Este Cohen que, con apenas cuatro notas básicas, ha sido capaz de escribir canciones que son historias, historias que son poemas, poemas que son música, música que es un himno de intimidad. Este trovador dulzón y oscuro, amargo y luminoso, con su lentitud interior de emocionado reflexivo, con su voz a media voz, con su porte de vendedor honrado de diamantes, de hombre hecho serenamente al encogimiento de hombros y a las fatalidades prodigiosas que nos depara el mundo, como un personaje escapado de una página de Isaac Bashevis Singer, este Leonard Cohen, decía, parece venir desde muy lejos cuando sale al escenario y se destoca.

Parece venir de un tiempo invulnerable al tiempo, de una intemporalidad mágica en la que los sentimientos son inmortales, mientras nosotros vamos de paso por aquí, acogidos a la indefinición y a la fragilidad, y alguien baila ante nosotros con un violín en llamas.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    No puedo añadir más a lo que has expresado tan hermosamente y tan dignamente. Aunque se haya perdido un ser humano, se ha ganado un cantautor que dejará una huella imborrable por su estilo propio, su personalidad y singularidad. Y sobre todo por lo que ha hecho sentir a todos aquellos que han conocido su música, y han podido disfrutarla. Has hecho un homenaje tan acertado, que yo no puedo decir nada más. Muchas gracias, y que descanse en paz.
    Un abrazo.

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    1. MJBeristain dice:

      Seguirá siendo el referente de muchos que hemos disfrutado de su música “poética”. Un abrazo

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  2. Precioso viniendo de quién viene. Y por supuesto la voz o el susurro, como él dice aunque siempre ha sido así, de Leonard Cohen nos quedarán para siempre.

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    1. MJBeristain dice:

      Así será, el artículo a mí me ha parecido fantástico, me alegro de que te haya gustado también a tí. Un abrazo “corazón”.

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  3. Mariano dice:

    Qué buen homenaje. Tiene imágenes de alto vuelo poético este cronista. Evidentemente Cohen le haarcado profundamente. Nunca lo escuché. Pero que alguien diga de Cohen las cosas que se dicen en esta nota te invita obligatoriamente a escucharle.

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    1. MJBeristain dice:

      ¡Hazlo!, amigo Mariano, no te arrepentirás, Felipe Benítez Reyes sabe de lo que escribe. Un abrazo

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