Río Tinto

Es una de las minas más antiguas del mundo y actualmente una de las más grandes a cielo abierto de Europa. Hay que remontarse hacia atrás unos 5.000 años para conocer la historia de la cuenca minera de Rio Tinto. El origen de esta explotación es la Edad de Bronce. Después llegaron los tartesios, los fenicios, los cartagineses y finalmente los romanos. Fueron éstos, los romanos, los últimos que trabajaron la cuenca con intensidad en busca de cobre, plata y hierro.

En 1873 la compañía inglesa Río Tinto Company Limited compró estas minas, modernizó la maquinaria, racionalizó la explotación y trabajó la tierra con tal intensidad que en un año se extraía más mineral que antes en un siglo. La explotación por parte de los ingleses duró hasta 1954, año en que la mina volvió a manos españolas.

Actualmente Rio Tinto es una mina de cobre a cielo abierto sobre la que existe un proyecto de reapertura que incorporará las últimas innovaciones tecnológicas en el sector, así como conceptos de seguridad y sostenibilidad ambiental.


Los materiales rojizos de estas tierras, por la presencia de cobre y de hierro, impregnan el río Tinto, y dan a sus aguas ese color característico, del que han tomado el nombre. Han permitido crear un ecosistema único. Sus aguas son densas por efecto de los metales, apenas tienen oxígeno y albergan una importante biodiversidad de organismos microscópicos cuya presencia ha atraído a científicos de la NASA que investigan el ecosistema, debido a sus semejanzas con el planeta Marte.

Fotografía: @mjberistain
Textos: Extractados de Internet


Alquézar (Paisajes ocultos)


Fantasmas perdidos en un sueño que dejó de soñarse no se sabe ya cuándo… El destino tal vez consista en eso: ser una sombra más de un retrato de grupo, en el que nadie sepa qué estamos mirando, ni por qué mantenemos esa sonrisa tonta.


Me acerqué al rio con un violento deseo, sus orillas abrazaron mi cuerpo y, sin más tiempo para pedir ayuda, me fui al fondo de la noche.


Es extraño. Si trato de recordar el fuego de las noches sagradas, un verano violento —como cualquier verano—, con su luna de sangre y crepitar de brasas, recuerdo esa violencia y la felicidad, recuerdo el fuego, pero aquí no está el fuego, aunque yo sé que ardía en esas noches…


En el amor no había nada distinto al resto de las cosas, pero sí era distinto ese juego violento al que apostar la vida, y que a veces movía las estrellas, la luz de la conciencia, y al que hoy sigo jugando, y en él me va la vida.


Ya se durmió la sangre vida arriba. Soledad de futuro, sin futuro. Ya tus palabras hablan de ti de aquello que soñabas, y en el más allá de ti sueñan contigo.


Hay un lugar en medio de la Luz donde se reconstruyen las ruinas de este mundo. Y un acorde que logra convertir las edades y las sangres vertidas en un preciso artefacto melodioso. Hay un número en donde está reunido lo disperso, y una llave que cierra las puertas tenebrosas. Existe una moneda suficiente para el pago de todos nuestros sueños. Una flor de metal que vive para siempre, y un verso que arrastra la esperanza al primer día.


Textos Carlos Marzal (extractos)

Be water my friend

Seguir el cauce de un abismado sueño, a la sombra morir de su hermosura, entreabiertos los labios, y esta dura melancolía hiriendo el sol de fuera. (JL Cano)


Por venas de luz el camino del agua se quiebra y se vierte hacia otro mundo donde el mar se atreve (D.Ridruejo)


Coronada de azul serás fuego y mar y ojos oscuros. De ola y llama serás. Y sabrás del secreto de la espuma. (E.Carranza)


Había rios de enorme luz donde mis ojos naufragaban, yo escribía tu nombre y se doraban las aguas desnudas como tu cuerpo.


No pienso en horizontes, quiero dar y solamente darme a las corolas donde tus relumbrantes aureolas me enseñan a morirme y voler a empezar (JI Cirlot)


David Lynch

Surrealismo o Realismo mágico

Desmentido ya el rumor de que David Lynch vaya a estrenar una película secreta en el Festival de Cine de Cannes, los fans todavía siguen elucubrando sobre esa posible sorpresa, negada incluso por el propio director. Sin embargo, no tener un proyecto fílmico en la agenda no implica necesariamente que Lynch esté sin hacer nada. Además de escribir y dirigir sus propios largometrajes, el autor de Carretera Perdida y Mulholland Drive compone música, pinta y hasta diseña muebles. Por eso, no es extraño que su fundación, anunciase en el día de ayer un programa multimillonario que inicie a 30.000 estudiantes en meditación trascendental.

El objetivo de la fundación David Lynch es la de alentar a la próxima generación a “convertirse en expertos avanzados en meditación creadora de paz y construir un legado de paz global duradera”, según un comunicado de prensa. Para ello, el programa invertirá alrededor de 500 millones de dólares en el primer año, asociándose con la Global Union of Scientists for Peace. El medio People publicó las declaraciones de Lynch en un vídeo promocional en el que decía “No sabemos qué traerá el mañana si no logramos la paz en este planeta. Esta guerra en Ucrania, la gente decía que no iba a suceder, y ahora sucedió. La gente se está muriendo. Las ciudades están siendo destruidas. Las cosas son muy, muy precarias. Todo el mundo lo sabe”.

La paz, una cuestión de salud mental

El cineasta hablo del Dr. Tony Nader como creador y pionero del movimiento que quiere cambiar la “conciencia colectiva”. El creador de Twin Peaks cree que el estrés y la negatividad comenzarán a disiparse si las personas meditan: “Comenzarán a tener más energía. Comenzarán a tener más creatividad. Comenzarán a ser más amables el uno con el otro. No querrán lastimar a nadie. Será un mundo de paz”.

Pero la iniciativa no sólo tiene como objetivo reducir el estrés, sino que también quiere crear una poderosa coherencia a mayor escala, apuntando a que la paz mundial es alcanzable y que, por tanto, se puede lograr. Esta capacitación para la meditación irá destinada a 10.000 estudiantes de la Universidad Internacional Maharishi en Estados Unidos, 10.000 estudiantes de la escuela hermana en la India y otros 10.000 en universidades asociadas en 10 universidades alrededor del mundo.

David Lynch siempre se ha mostrado como un director de cine excéntrico y muy particular. Cineasta onírico por excelencia tampoco deja de sorprendernos fuera de sus decorados. A menudo es tan inclasificable y enigmático como su propio cine. 

En su fotografía se refiere a pequeñas historias que transitan un universo oscuro e inquietante, lleno de oscuridad, sin puntos de referencia, en el que se llega a un punto de no retorno.

Internet


Sinfonía de imágenes

Del Blog Lensculture

FEATURE A Symphony of Images Across his lyrical compositions of images, Paul Cupido uses black and white photography as a deeply personal, emotive language to explore the infinite possibilities of our natural surroundings.

Photographs by Paul Cupido
Essay by Sophie Wright

For many photographers, working in black and white is a gesture that harks back to their first encounter with their craft. It’s where we learn the ‘basics’—the fundamentals, the grammar of this language—so that later we might find our own voice elsewhere. Whether we choose to listen to them or not, it’s an art form with a set of rules that err on the side of precision. For others, working in this art form speaks to a different view of fundamentals; one that reaches beyond technique and proficiency into murkier philosophical depths. It’s where we seek the essence of whatever we are looking at, encounter the unknown and figure out some kind of relationship with it. It can become a profound and mature language in and of itself; one that wrangles with the mystery of the world around us.

Volcano, 2022 © Paul Cupido

Or perhaps it can be both. In Paul Cupido’s case, the two meet and sometimes mingle. The Dutch artist knows his craft, each of his beautiful prints shaped by layers of care and consideration and a sensitivity to material that comes from years of exploration. He is also devoted to the unknown, the beauty of imprecision and the Japanese philosophy of ‘Mu’; a state of emptiness, a void and thus endless possibility. Through his committed and experimental interactions with his craft, he has reimagined the black and white medium into a personal and fluid language that can speak of being in the depths of the moment rather than ‘decisively’ capturing its surface.

Mu #6, 2022 © Paul Cupido

Cupido’s journey in photography has many twists and turns. He came to the art form after deciding to end a successful career as a sound composer, the initial love he felt for the medium gradually worn down by the speed and demands of the industry. One day, he stumbled upon a sense of “being in the moment” whilst in the forest with just a camera in his hands, prompting his first steps in photography. The biggest fork in the path was a period of time spent in Tokyo under the mentorship of Antoine d’Agata.

Dedicated to the ethos of “making the photographer not a photographer,” d’Agata swept the precise, highly-staged studio work Cupido had been making at photo school in Amsterdam off the table and sent him into the unknown landscape of the night. With these “empty” images out of the way, just one picture from the past survived—a snapshot, quickly taken yet full of emotion; an enigmatic portrait of Joyce, the mother of the photographer’s son, looking out to the sea, her back to the camera, her body adorned with star-like specks of light.

Suave, 2016 © Paul Cupido

This trip was a shock, an exercise in letting go that marked the beginning of what Cupido describes as a “pilgrimage.” Over multiple journeys, he visited Japan to learn more about the culture, philosophy and aesthetics that would come to feed into his approach to photography. Fascinated by the traditional two-dimensional mode of image-making, he sought out different workshops to learn a variety of techniques from woodblock printing and photographic etching to paper making as well as studying photography in Tokyo. On these travels he would also work on cultivating a relationship between his internal emotions and the external natural world.

Hanabi, 2022 © Paul Cupido

Moons, mountains, leaves, clouds, water—and the human body in relation to the nature surrounding it—surfaced in his quiet images. The cycles of life and rhythms of nature that govern Cupido’s practice are rooted in his past as much as they are in the journeys that shaped his adult life. The photographer was born on Terschelling, an island in the Northern Netherlands, and he grew up with the ebb and flow of the sea visible from his childhood bedroom. This innate act of tuning into his surroundings now forms the core of his photographic process, which involves gradually shedding thought and working from intuition.

Stay With Me, 2022 © Paul Cupido

It always begins with bringing this approach into contact with a specific place which will provide inspiration, rich with potential metaphor and ephemeral moments. “What’s interesting about the éphèmére is that although it’s a fleeting moment, it has a lasting effect,” Cupido muses. “Falling in love is temporary, but it will stay in your body forever. A wave makes a mark in the sand or in the stone, and is gone, but the mark stays there even though it’s washed over by the next wave. A microscopic rip engraved in time.”

The way Cupido then collects and treats these moments is playful and hybrid, darting between different cameras, printing digital using analog processes and vice versa. “Technically the images I have taken aren’t very good, but I don’t care as long as there is emotion,” he says of his approach. It is during the second leg of the journey in the atelier that they transfigure, when he re-enters the images, he has taken through a very precise printing process, contemplates them, and eventually brings them into conversation with each other.

Blue Gold, 2021 © Paul Cupido

Teasing out the movement and depth that can be found within black and white, Cupido’s images simmer with endless possibilities. It’s not hard to trace a musical way of thinking across his lyrical compositions of images, whether they end up in exhibition spaces or photobooks. From the stripped-back language of monochrome, he builds feeling and sensation through different tonalities, sometimes adding a faint wash of color to give the print a subtle hue. Elsewhere the gesture is more bold, like printing black and white onto a sharp color paper to inject a vivid staccato into the mix. When composed into a sequence, the outcome is symphonic; in the photographer’s own words, the images become “notes,” his small, delicate prints once in a while punctuated by a large one, coming together in harmony.

From the project “4 a.m” © Paul Cupido

For Cupido, the form, structure and content of these compositions come from listening to “what the works want to be.” His book Searching for Mu, made early on in his practice, invites readers on a rambling quest through the photographer’s time spent in Japan, a journey far out of his familiar surroundings unfolding between its pages. Compiled during the lockdowns of 2020, the book 4 a.m. represents another point in the photographer’s life weaving his experiences in Japan closer to home, sequenced around a repetitive gesture of walking and working before dawn.

Treating 4am as a location in time that extends across different spaces, the sequence of images was born from a poem by Matsuo Bashō, a haiku that in Cupido’s words “makes you think forever.” Set in the liminal space of late night/early morning, the book takes us down winding paths illuminated by the moon, quiet, monochrome landscapes punctured by a scattering of dreamlike shocks of color.

“Moon woke me up nine times — still just 4 a.m” MATSUO BASHŌ

Spread from the book “4 a.m.” © Paul Cupido

In his latest exhibition Remembering You, a ginkgo leaf sent by a friend in Japan to The Netherlands by post becomes the seed for a new ritual revolving around memory, loss and presence. A topographical series of ginkgo leaves, of which he has photographed over 200, each one taken as an act of remembrance with a different friend in mind, sits amidst a selection of fleeting moments from the archive, memorialized in delicate prints; figures submerged in landscapes, faces fusing with plants—and once again the moon. This particular symphony of images is complex, textured with moments of melancholy, calm and infinite splendor.

Incarnatie, 2022 © Paul Cupido
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Clair de Lune, 2018 © Paul Cupido
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Moonvoyage, 2018 © Paul Cupido
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From the project «4 a.m» © Paul Cupido
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Pendulum III, 2022 © Paul Cupido
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September, 2022 © Paul Cupido
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Solandes, 2018 © Paul Cupido


Essay by Sophie Wright


Aleshkina

Escuela de Fotografía Creativa

En catorce horas se pueden hacer muchas cosas. Se pueden hacer muchas cosas y pensar muchas más. La sesión comienza con la presentación de un plan de trabajo para los dos días de duración seguido de una esmerada y minuciosa explicación sobre el Retrato en la Fotografía. Palabras exactas de un discurso probado antes en cientos de sesiones de años de trabajo apasionado. Palabras exactas, no hay consideración para la charla. Tampoco momento que no sea para inspirar profundamente y expulsar el aire de los pulmones al aire que apenas se mueve. El ambiente incita, excita, emociona. Invita a la concentración en el tema que nos ocupa.

Se oscurece el «Estudio». Se coloca adecuadamente el foco sobre la mujer y más tarde sobre el hombre, y se enciende la luz principal, buscando el ángulo preciso. Observo la ceremonia, gestos que no dudan, rigor en la puesta en escena, el color del fondo, el «attrezzo» (conjunto de objetos y enseres necesarios para una representación escénica) hasta llegar a la imagen deseada. Luz y su contraste con la oscuridad: claro, oscuro, claro… Todo tiene un significado.

Recuerdo a Jean Loup Sieff y «La elegancia de una habitación vacía». Algo que incluí en mi Blog hace ya algún tiempo y que os invito a repasar…

Me siento bien, a gusto. Sería capaz de conquistar el mundo en estos momentos. No tengo miedo. Nada puede fallar.

Vuela el espíritu de mi cámara dentro de la gran sala, se mueve en leve baile entre las nubes de luz de color algodón que resplandecen a su alrededor, blancas, doradas a veces, jugando con las texturas, con sus sombras. Y va brotando la belleza, la elegancia, el pausado movimiento, el silencio. Todo está bien, fluye con facilidad una sesión fotográfica perfecta.

Gracias por estos momentos intensos de aprendizaje sobre fotografía y sobre la vida.





Mi sincero agradecimiento a los modelos NANE y JMG por su amabilidad y profesionalidad.

La rueda de la vida

Contemplo emocionada en el wasap una fotografía que me envía mi amiga Maca de su último nieto recién nacido. Mientras, en la pantalla del ordenador, aparecen imágenes del Parque Vigeland en Oslo. Es sorprendente este tipo de coincidencias.

Supongo que esas fotografías están en ese mismo momento en mi pantalla porque yo las he buscado de manera inconsciente en mi recorrido por la colección de uno de mis viajes, concretamente el de Suecia y Noruega de hace varios años. Yo pienso que existe en el universo una especie de conexión, o energía que fluye entre las personas, más allá de la intencionalidad de nuestras acciones. Y ello a pesar de las distancias y del tiempo. ¿No es maravilloso?

El parque de Vigeland ocupa más de 300.000 metros cuadrados de espacios verdes, cuidadosamente decorados con esculturas de tamaño natural que cuentan la historia de la humanidad.

El parque aloja de manera permanente un conjunto de esculturas y bajorrelieves de bronce que se inspira en acontecimientos de la vida cotidiana, evocando momentos como el nacimiento, la infancia, la adolescencia, el primer amor, la madurez, los hijos, la familia, la vejez y la muerte. Grandes obras para la reflexión. Su autor fue el escultor noruego Gustav Vigeland quien las esculpió entre los años 1907 y 1942 por encargo del ayuntamiento de Oslo. Además, todo ello fue sintetizado por otra de las célebres esculturas del parque que se llama “Livshjulet”, «la rueda de la vida«, en la que siete figuras humanas, cuatro adultas y tres infantiles se entrelazan formando un círculo.

Hoy es un día lluvioso de esos que invitan al recogimiento. Dedico las horas siguientes a recordar y preparar esta entrada para compartirla con mi amiga Maca. Quedará en mi querido diario como recuerdo de este significativo momento.

¡Estáis invitados!


Imagen que edito con tres de las fotografías relacionadas con el nacimiento de un hijo.



Monolito erótico


Turning Torso

Fotografías del Edificio Tourning Torso del arquitecto Santiago Calatrava. Se trata de un rascacielos neofuturista residencial que, en aquel momento de mi viaje (2016) era el más alto edificio de Escandinavia.

Su altura será superada en unos meses por el Karlatornet, rascacielos de 73 plantas en construcción en la ciudad de Gotemburgo, Suecia. Se espera que esté finalizado en 2023, y será con sus 245 metros de altura el edificio más alto de Escandinavia. Wikipedia

Tengo que decir que fue, en su día, uno de los edificios modernos que me causó sensación, así que, a mi aire, fui tomando imágenes desde todos sus ángulos. Esto es una muestra de mi colección.


La elegancia de una habitación vacía

Mathilda llegó a París con veinte años, después de haber vivido la muerte de su amigo Nick por una sobredosis de heroína mientras recorrían Europa. Era su viaje de iniciación y todo se truncó en un paraje ruinoso de la costa mediterránea, cerca de la frontera con Italia.

Quiso olvidar su última mirada, juró que nunca más lo nombraría. Su boca no podría olvidar, sin embargo, el último beso en sus labios fríos.

Había subido andando los dos últimos pisos hasta llegar al ático porque el ascensor solo llegaba hasta el quinto. Mientras subía despacio, contando las escaleras, le dio tiempo a pensar en darse la vuelta e intentar buscarse la vida de otra manera. No podía imaginarse otra cosa a corto plazo y necesitaba empezar a sobrevivir.

Sonó el carrillón de la iglesia del cementerio en el que se había parado unos segundos a tocar el mármol de uno de los panteones. Frío. Pensó en él y quiso que aquella fuese la última vez.

La hizo reaccionar la ronquera del viejo timbre de bronce. Se ahuecó el pelo y se alisó el vestido negro que había comprado en un mercadillo de barrio para la ocasión. Correcta, sin más —pensó— en el instante en el que se abría la gran puerta de madera maciza y el hombre le tendía una mano a modo de bienvenida y le miraba con una sonrisa afable. Le hizo un gesto animándole a pasar a la única habitación de la casa.

Una habitación vacía, con luz natural. Una gran habitación de techo alto, con una sola ventana que daba al cementerio. Las paredes estaban pintadas de blanco puro, con el único ornamento de las tres tuberías que bajaban por una de las esquinas. Y una puerta (que probablemente daría a la zona de servicio). Nada más.

¡Ah, sí! Una pequeña mesa con un flexo y algunos papeles sobre ella, dos sillas viejas de madera y un escaso camastro cubierto con una sábana blanca sobre el suelo de madera apolillada.

—Tranquila. Ponte cómoda, voy a poner un nuevo carrete en la cámara.

Y le ofreció una sábana blanca.

—Esto es muy sencillo. Haz lo que quieras —le dijo—. Yo solo estoy aquí para capturar algunos momentos. No poses. ¿Te gusta ser fotografiada?

Ela respondió conteniendo unas lágrimas ácidas que le corroían la garganta.

—Es mi primera vez.

—Tranquila, es muy sencillo —le repitió—. Solo tienes que hacer lo que quieras. No poses.

—Ya.

—Vamos a hacerlo muy fácil. Son las dos de la tarde. Estamos en una habitación vacía, el día es gris, la luz es bonita. Imagina que estás sola en casa, humm…, que es domingo y que esperas a alguien, o que no esperas a nadie, que estás escuchando música y que te encuentras de buen humor o no, quizás estás malhumorada, cansada, o taciturna… Hay una silla, haz lo que quieras. Yo solo estoy aquí para capturar algunas imágenes. De vez en cuando puede que te haga algún comentario sobre tu colocación, será por aprovechar mejor la luz. Puedes hablarme, o no hablar. Haz lo que quieras.

Mathilda se apoya de espalda en la pared, junto a la ventana, y deja caer despacio la sábana que hasta ahora ha cubierto su desnudez. Baja la cabeza y mira de soslayo hacia afuera, hacia el cementerio, no quiere mirar al fotógrafo; piensa que no debe mirarlo. Trata de centrarse en la situación que él ha propuesto. No le resulta difícil mostrarse ahora abatida y deambular por allí. Ella y la luz. La luz y ella en aquella habitación vacía y blanca. Se mueve despacio, se para, se cubre el pecho, con sus brazos, luego el pubis con sus manos. Se sienta en el suelo, busca el contraluz, se esconde de la escandalosa luz directa. Está consiguiendo fluir en el espacio vacío. Escucha de vez en cuando, como en un lejano eco, la voz serena con la instrucción precisa del fotógrafo: baja un poco la cabeza, quiero una mirada retadora. ¡Perfecta! Mira ahora con complicidad a la cámara, ahora hacia el suelo como ausente, acerca tu mano derecha a la ventana… un, dos, tres, cuatro…, bien, quiero captar esto, espera un segundo…

¡Voilà!


(PULSAR PARA VER Recreación sobre el vídeo Jeanloup y el desnudo)

JeanLoup Sieff (1933-2000) fue un prestigioso fotógrafo francés de origen polaco.

Inicialmente trabajó en fotografía de prensa y más tarde se especializó en fotografía de moda, paisaje, retrato y desnudos. Fotografía siempre en blanco y negro resaltando los contrastes, y acentuando las formas. (Cherry Catalán – Cultura Inquieta)

Capta lo efímero y lo transforma en una realidad duradera.

«La belleza de una mujer está hecha de fragancias de verano en su hombro, de una mirada de claroscuro en sus ojos, pero también de una nuca frágil, de unas encías sonrientes, de una espalda arqueada y de unas nalgas curvadas».

Así se explica Jean Loup la existencia de dios y a ella se entrega y rinde homenaje en su obra a las milagrosas curvas que le han inspirado.

Trabaja en una habitación vacía frente a un cementerio. Cuatro paredes pintadas de blanco puro. Es un estudio pequeño, vacío, pero con luz, la luz está ahí, incluso cuando el día es gris.

«La fotografía es luz; todo es lo mismo…»

«La confluencia en el tiempo de una determinada luz y un determinado momento fugaz».

«Algunas cosas te hacen reaccionar. El momento adecuado puede ser un detalle, una nuca o lo que sea. La fotografía está ahí para inmortalizar esa pequeña y tenue emoción provocada por un cuerpo o una determinada luz».

Su obra está en el Museo Pompidou y en Museo de Arte Moderno en París, así como en el Museo Ludwig en Colonia (Alemania)

Fuentes: Cultura inquieta y Wikipedia.


La fotografía perfecta nunca llega

MANUEL OUTUMURO (Fotógrafo)

Querido Diario, repito con este nombre. Hace dos años asistí a una exposición de su obra en La Lonja. Quedé admirada de sus imágenes. Dejo el enlace que entonces le dediqué:

Hoy descubro con placer un artículo en El País, escrito por LETICIA GARCÍA, que nos habla del premio recibido por Manuel Outumuro el pasado mes de octubre en Nueva York. Se trata del Premio Lucie a la creación de moda, considerado el óscar de la fotografía.

Extraigo algunas de las líneas del artículo:

El pasado mes de octubre, Manuel Outumuro (Ourense, 73 años) volvía a Nueva York, donde vivió durante cinco años, para recoger el Premio Lucie a la creación de moda, un galardón considerado el oscar de la fotografía y que anteriormente han recibido Ellen von Unwerth, Jean-Paul Goude y Roxanne Lowit, entre otros. Es el primer español en lograr la mención.

“Y pensar que cuando llegué allí trabajaba limpiando mesas y de repente me vi en el Carnegie Hall rodeado de personas a las que llevo una vida admirando…”

comenta al teléfono desde su estudio barcelonés. “Anne Morin, comisaria de Vivian Maier, que recibió el Lucie a comisaria del año, fue la que propuso mi nombre al jurado. Tú no puedes presentar ninguna candidatura, son ellos los que te eligen. Me dijeron después que me habían votado por unanimidad”,

Comenzó haciendo retratos. El fotógrafo recuerda, de entre sus muchos proyectos en los últimos 30 años, “la colección de fotografías de trajes históricos de Balenciaga”, que posteriormente se convirtió en el catálogo oficial del museo en el pueblo de pescadores de Getaria, en el País Vasco. Pero si hay un hito en la carrera de Outumuro no es el de haber retratado a los personajes nacionales e internacionales más relevantes, ni el de haber recibido una decena de premios…

“Creo que fue mi primera exposición retrospectiva en el Museo del Diseño de Barcelona, Outumuro Looks, en 2009. El día anterior a la inauguración me paseé por las seis salas y me puse a llorar. Ver mis fotografías colgadas en un museo, convertidas en objetos artísticos, fue de las cosas más emocionantes que he vivido”

“Me considero más artesano que artista, pero con el tiempo me he dado cuenta de que la fotografía, la moda, la artesanía en general, también son artes”.

Tras más de 30 años de trayectoria y un oscar de la fotografía en su haber, a Manuel Outumuro no se le pasa por la cabeza retirarse.

“No hasta que encuentre la fotografía perfecta, y eso es algo imposible, porque la fotografía perfecta nunca llega”.



La poeta del desnudo

Ruth Bernhard,

por Cartier Bresson no es un reloj | Feb 26, 2018 | Descubriendo fotolibros | 3 Comentarios

Ansel Adams dijo de ella que era “espectacular, la más grande fotógrafa de desnudos”. Sin embargo, la inmensa mayoría de las veces, el nombre de Ruth Bernhard no suele aparecer cuando se habla de los grandes maestros de la fotografía del siglo XX. Fue miembro del famoso grupo F64 junto al propio Ansel Adams y otros históricos como Edward WestonImogen CunninghamMinor White y Dorothea Lange.

Nacida en Berlín en 1905, hija única del famoso diseñador Lucian Bernhard, Ruth fue consciente muy pronto del menosprecio con el que las mujeres eran tratadas en el mundo artístico. Lo veía en el comportamiento de su propio padre:

“Le admiraba, pero me dejó muy claro que los chicos eran más importantes que las chicas… Y para él, los padres eran aún más importantes”.

ruth bernhard

Ruth Bernhard

Con el tiempo y su especial atención a los desnudos femeninos, Bernhard quiso, a través de su trabajo, reivindicar el papel de la mujer y dignificar la figura femenina.

“La mujer ha sido blanco de muchas cosas sórdidas y ordinarias, especialmente en fotografía. Mi misión ha sido elevar y apoyar la imagen de la mujer con una devoción infinita”.

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Perspective II (1967). Foto: Ruth Bernhard.

Sus padres se separaron cuando ella tenía sólo dos años y Ruth quedó al cuidado de su padre, un reconocido diseñador y artista alemán que volvió a casarse cuando su hija tenía ocho años.

“De niña sentía una gran curiosidad por la evolución y la continuidad de la vida. Mi interés por la vida de las plantas, la belleza del mar y el estudio de los animales estaba directamente relacionado con mi visión del cuerpo humano… Se me ocurrió que nosotros somos una especie de contenedores de semillas, en la medida en que nuestros cuerpos representan el pasado, el presente y el futuro; la progresión de la raza humana. Mis fotografías representan esa filosofía. El cuerpo, por supuesto, es el objeto seminal del que brota la vida”.hojas

Two Leaves (1952). Foto: Ruth Bernhard.

La joven fotógrafa vivió con su padre y su madrastra, convertida, de golpe, en la mayor de cinco hermanos, en un hogar repleto de obras de arte. Su padre era un perfeccionista casi patológico, muy exigente con todo el mundo, y especialmente con sus propios hijos.

“Le enseñé mi primer portfolio, que constaba de 12 fotografías. Me dijo, ‘esta no me gusta’, y yo le pregunté: ‘¿y las otras once?’. ‘Son perfectas’, me respondió, ‘pero eres mi hija, ¿no?’”

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Shell (1942). Foto: Ruth Bernhard.

Influida por su padre y por la importante presencia que el arte y el diseño tuvieron en su niñez, Bernhard estudió Historia del Arte y tipografía en la Academia de Bellas Artes de Berlín antes de trasladarse a Nueva York, en 1927, donde ya vivía su padre.  A través de él conoce a Ralph Steiner, editor gráfico de la revista femenina ‘The Delineator’, y comienza a trabajar para como asistente suya. Gana 45 dólares a la semana y con ese dinero compra su primera cámara, una de placas 8×10. Experimenta durante meses, su trabajo gusta a los amigos diseñadores de su padre y empieza a recibir sus primeros encargos comerciales.

En esta época, Bernhard ve la fotografía como algo mecánico, no como un arte.  Entiende que lo artístico está en el objeto fotografiado, no en el fotógrafo.

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Wet Silk (1938). Foto: Ruth Bernhard.

Publica sus primeras fotografías en 1931, una serie titulada ‘Lifesavers’. Durante esta época comienza a ser consciente de la importancia de la luz a la hora de hacer una buena fotografía. Prefiere trabajar por las noches y se compra un juego de luces de estudio. Pasa horas y horas tratando de lograr la perfección del objeto fotografiado.

La luz es mi inspiración, mi pintura y mi pincel. Es tan vital como la propia modelo. Profundamente significativa, acaricia las curvas y líneas superlativas esenciales. En la luz reconozco la energía de la que depende toda la vida en este planeta”.

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Sand Dune (1967). Foto: Ruth Bernhard.

1934 fue el año en el que Bernhard hizo su primera incursión en la fotografía de desnudos. Fue fruto de la casualidad, como casi todo en su vida. Ruth estaba fotografiando unos enormes cuencos de acero para un diseñador industrial y tenía su estudio lleno de ellos.

“Creo recordar que eran para cocinas de hoteles o algo así. Yo tenía una amiga que era bailarina y apareció justo cuando estaba haciendo fotos de aquellos cuencos y le dije, ‘¿por qué no te metes en uno?’ Fue algo imprevisto y nos divertimos un montón”.

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Embryo (1934). Foto: Ruth Bernhard.

En una de las imágenes que tomó Bernhard aquel día puede verse el cuerpo de la bailarina agazapado en un enorme cuenco sobre un fondo en sombras. Con el tiempo, se convirtió en una de las imágenes más conocidas y laureadas de la fotógrafa estadounidense, la que marcó un punto de inflexión en su trayectoria artística. La llamó, acertadamente, ‘Embryo’ (embrión).

“Al reconocer la presencia de la modelo como un símbolo eterno y sensual de la vida y la existencia, experimento mi propia identidad. Como mujer, me identifico totalmente con mis modelos”.

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In the circle (1934). Foto: Ruth Bernhard.

1935 es otra de las fechas importantes en su biografía. Un día, mientras pasea con su pasea con su padre por la playa de Santa Mónica, en California, Bernhard se encuentra con Edward Weston. Ve el trabajo de Weston queda profundamente impresionada:

No estaba preparada para ver sus fotos. Fue apabullante, como una luz en la oscuridad. Allí, ante mí, estaba la prueba indiscutible de lo que yo siempre había creído posible: un artista de una intensa vitalidad cuyo medio de expresión era la fotografía. Me di cuenta de que lo que importa es la persona que utiliza la herramienta y no la herramienta en sí. Eso me hizo llorar… Me pasé un año sin hacer fotos, exceptuando las sesiones que hacía para cumplir con mis encargos comerciales, que eran mi sustento. Pero me di cuenta de que la fotografía sería mi lenguaje”.

Pepper #30 (1930). Foto: Edward Weston.

Bernhard vuelve a Nueva York y escribe a Weston. El fotógrafo le responde poco después:

“Bernhard, tiene usted un ojo excelente. (…)  Me halaga que mis fotos le resultaran estimulantes, también usted lo fue para mí. Algún día volveremos a vernos… ¿puede que en Nueva York? Cariñosamente (esta palabra está en español en el original), Weston.”

nude 227 weston

Fue el inicio de un fructífero y continuo intercambio de cartas. A través de Weston, Bernhard descubre el profundo potencial expresivo y artístico de la fotografía. Se hacen amigos y se cartean con intensidad durante meses, hasta que Ruth decide trasladarse a la costa oeste para trabajar con él.

La influencia de Weston es más que evidente en la obra de Bernhard: la suavidad y simplicidad de sus composiciones, el protagonismo de las formas, la pureza y suavidad de las líneas, la expresividad de las sombras…Foto: Edward WestonFoto: Ruth Bernhard

Estar con Edward fue una experiencia maravillosa. El tiempo se detenía. La experiencia más intensa que un ser humano puede tener es aquella en la que el tiempo deja de existir. Deja de ser algo efímero para permanecer contigo y llenar cada momento; para que puedas darte tú mismo, en tu totalidad, y dedicarte a tu trabajo u obra. Pocas personas en nuestra civilización actual experimentan algo así. Otras conocen esta sensación solo bajo circunstancias muy concretas. En mi vida, sólo la he experimentado cuando estaba inmersa en mi trabajo o en compañía de unos pocos amigos. Uno de ellos era Edward. Aún hoy aprendo de su recuerdo; aprendo a no ser codiciosa, a que a través de la propia visión uno puede poseer toda la belleza, a no distraerme con pequeñeces, a tener fe en nuestros propios dones y a usarlos con respeto y amor”.

triangles

Triangles (1946). Foto: Ruth Bernhard.

Ruth Bernhard era además una fotógrafa concienzuda y reflexiva. A veces pasaba días trabajando meticulosamente en una composición concreta para después hacer una única toma.

“En mi vida, como en mi trabajo, siempre he estado impulsada por un gran anhelo de perfección y de armonía más allá del ámbito de la experiencia humana. A través de los símbolos y la luz, he querido alcanzar la esencia del ser con el Universo”.

double vision

Double vision (1973). Foto: Ruth Bernhard.

Su fotografía más famosa la tomó en 1964, y fue también fruto del azar. Había comprado una ampliadora, una Omega D-2, y acababa de desembalarla. La caja en la que venía estaba tirada en su estudio, lista para sacarla más tarde con el resto de la basura. Había contratado a una modelo para otro trabajo que estaba haciendo y cuando la chica llegó le propuso meterse en la caja. El cuerpo de la modelo encajaba perfectamente. La foto se llamó ‘In the box-horizontal’ (En la caja-horizontal).

in the box 1962

In the box (1962). Foto: Ruth Bernhard.

En esa misma sesión hizo otra fotografía, también famosa, diferente de la anterior: ‘In the box-vertical’.

“Le dije a la chica, ‘¿por qué no sujetas la caja, así, hacia arriba, con tus brazos?’ Éramos muy buenas amigas y confió en mí. Siempre me han interesado las formas. La parte sexy o erótica jamás me ha interesado”.

in the box vertical

In the box-vertical (1962). Foto: Ruth Bernhard.

En 1961, Bernhard comienza a dar clases privadas de fotografía en un estudio situado en la parte trasera de su casa. Enseña, entre otras cosas, talleres titulados “Photographing de Nude” (Fotografiar la desnudez) y “The Art of Feeling” (El arte de sentir).

“No me considero profesora. Me veo más como una jardinera que cultiva un suelo fértil animando a los estudiantes a que sean más conscientes de su potencial creativo. El énfasis debe estar en el sentimiento, la autoexpresión y el crecimiento”.

Angles, 1969

Angles (1969). Ruth Bernhard.

“Los estudiantes que se adentran en el arte de fotografiar la desnudez siempre se sorprenden de lo difícil que es… El fotógrafo tiene que ser muy consciente de la diferencia entre mirar con sus propios ojos y mirar con la visión impersonal de la lente elegida. Dar clases sobre fotografiar desnudos fue una especie de experimento para mí. No sabía si iba a ser capaz de enseñar algo que para mí funciona de manera tan intuitiva”.

silk

Silk (1968). Foto: Ruth Bernhard.

Ruth Bernhard fotografió desnudos durante más de 50 años, con una sensibilidad, maestría y elegancia difícilmente superables. Murió en San Francisco en 2006, a los 101 años.  Ted Hartwell, responsable de fotografía del Instituto de las Artes de Minneapolis, cuenta que visitó a Ruth Bernhard en su casa pocos años antes de su muerte. Allí se fijó en una pequeña fotografía pegada en la puerta del frigorífico. Era una imagen de la joven propia Bernhard, de joven, hecha por Edward Weston. “¡Y la tenía allí! ¡En la puerta del frigorífico! ¡Increíble! ¡Aquella foto valía una fortuna!”

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Ruth Bernhard (1935). Foto: Edward Weston.

Es algo tan básico… El ser humano es una parte inocente de la naturaleza. Nuestra civilización ha distorsionado este atributo universal que nos permite sentirnos a gusto en nuestra propia piel. El resto de animales tienen abrigos que ‘aceptan’ con naturalidad, pero la raza humana aún tiene que asimilar la desnudez.

NOTA: Las fotografías de desnudos incluidas en este post y pueden encontrarse, con otras más, en el libro Ruth Bernhard: Eternal Body de la editorial Chronicle Books.

Dónde comprar el libro:


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Rocas


En todos los lugares del camino encontré rocas y musgos, líquenes,
dulces vientos ululando por los bosques,
en el aliento de las libélulas ecos de cánticos sagrados
y rumores de manantiales y aromas de rituales que me confundieron.


Líquenes

Hay momentos en los que no puedo abstraerme de la belleza de estas imágenes.

Los líquenes son organismos que resultan de la simbiosis de hongos y algas. Normalmente crecen en lugares luminosos y se extienden sobre rocas o cortezas de los árboles formando pequeñas hojuelas o costras grises, pardas o rojizas. (RAE)

Concretamente éstos los fotografié entre arbustos y árboles caídos en el pueblo La Laguna de Gallocanta en Aragón, adonde fui con el grupo de fotógrafos de ASAFONA (Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza) un fin de semana para presenciar el espectáculo del vuelo de las Grullas. Los momentos especiales son antes del amanecer y al anochecer. Es cuando llegan o despegan del agua volando en perfecta formación de varios ejemplares.


Rocks

Me arriesgo a decirte que estoy asustada. He salido de mi zona de confort y tengo miedo. Las voces del mar suenan muy fuertes en mi cabeza mientras busco por las playas imágenes parecidas a lo que me gustaría mostrar en mis fotografías.

Esas imágenes que muestran su belleza descarnada, a veces violenta y que, sin embargo, al observarlas me ayudan a encontrarme.

Es diferente cuando llevo las imágenes a otro medio como puede ser el ordenador o el papel…

Siento que no he sabido conjugar sus verbos, su poesía se me escapa, duele y me araña muy adentro.

¿Qué me pasa doctora?


Metálica

Este título que se me ha ocurrido utilizar para esta serie de imágenes, no tiene nada que ver con aquella película de Stanley Kubrick que recuerdo de allá por los años 90 del siglo XX.

O, ahora que lo pienso, quizás sí. En mi cajón desastre he encontrado algunas fotografías que, hasta ahora no he sabido muy bien qué hacer con ellas. En principio no parecían tener cabida entre los hilos de mi escueta imaginación, aunque reconozco que no es que vaya progresando adecuadamente, es que me lo estoy currando eso de abrir los ojos y la mente a lo inexplorado hasta el momento. Y, de verdad que voy descubriendo cosas. Así es que quizás sí tiene que ver con aquella sensación con la que salí del cine al ver semejante barbarie que no sabía cómo ubicar en mi vida.

Por cierto, se titulaba La chaqueta metálica.

Así que he despertado a mis fotos esta madrugada y, aún con legañas, he vuelto a mirarlas, a buscar entre sus pixels y a bailar con ellos. Y lo que he encontrado ha sido esto que me ha resultado «sugerente» al menos. Ya he dicho que últimamente ando por caminos no asfaltados…


Originalmente son fotografías realizadas en Hondalea Donosti San Sebastian

Inquieta

De «Andanzas por La Corniche»

Si, tengo que reconocer que estoy algo inquieta.

Estos últimos días he salido con mi cámara fotográfica a explorar bosques.

Nunca lo había hecho antes hasta que un día conocí a Mari. En aquella ocasión sentí una extraña energía, luego nada. Fue como un fogonazo. No me atreví a comentarlo con nadie.

«Mari es la diosa principal de la mitología vasca precristiana. Es una divinidad de carácter femenino que habita en todas las cumbres de las montañas vascas, recibiendo un nombre por cada montaña.» 

Creí haberme encontrado con una de las «sorgiñas» (brujas) buenas que poblaban mis cuentos de niña.

Nadie lo supo hasta hoy. Sin embargo, yo habité durante unas horas con ella en uno de sus bosques. No en uno cualquiera, sino en uno de sus más visitados, aunque yo estoy segura de que era su bosque preferido. Ese al que discretamente solía retirarse cuando necesitaba meditar o reflexionar, o sencillamente disfrutar del silencio o del folclore que le proporcionaban sus amigos los Basajaun.

«Basajaun o Baxajaun, es el Señor del Bosque o el «Señor Salvaje»: Son personajes de la mitología vasco-navarra y aragonesa de prodigiosa talla y fuerza que los primeros pobladores de aquellas tierras encontraron habitando en los montes y bosques más remotos.​«

Yo le creí cuando me mostraba los rostros de los espíritus del bosque camuflados en los troncos de los árboles y ocultándose entre las ramas, le creí cuando bajábamos al río y los identificaba en las piedras, o entre las algas mientras se recreaban en el agua cristalina de las pozas.

Mari proyecta una energía silenciosa y breve. Han pasado muchas lunas desde que la conocí y hoy reconozco su fuerza en los leves empujones que me va propinado sin que apenas los note, pero que me hacen avanzar por nuevas rutas de leyenda.

Estoy inquieta porque algunos de estos personajes se van colando en mis fotografías y todavía no sé muy bien cómo dirigirme a ellos o cómo tratarlos cuando ella no está cerca…

Pulsar sobre cualquiera de las imágenes para verlas en mayor tamaño


Alas para un sueño

Por caminos de kilómetros sin cruces,
alas para un sueño,
allí te encuentro.

Sé que me esperabas,
porque vuelves
con tu brillo de primavera sin lluvia,

Sé que me esperabas
porque vuelves a mí
hasta en la inhabitable sequía…


@mjberistain

Garrapiñadas

Llevaba tiempo deseando tener unos cuantos días libres para perderme por las rutas de los frutales en flor que pueden contemplarse en esta época por nuestra geografía; Cerezos en la zona de Extremadura, Almendros en Tenerife y Aragón o en la zona del Mediterraneo… Maquiné un plan que parecía perfecto. Estaba siendo un final de invierno infernal. Habían llegado tarde, pero con fuerza los vientos de más de cien kilómetros por hora, la lluvia arreciando sin compasión y anegando paisajes que hasta entonces eran de puro secano, y nieve; nieve deseada pero que atrapaba con su bellísimo manto blanco cualquier tipo de tráfico -animal o humano- a pie o por medio de cualquier artilugio mecánico de transporte conocido tipo tren, coche, camión o avión. De verdad que yo andaba necesitada de huir del gris oscuro que envolvía con saña mi cuerpo y mi espíritu.

Optamos por la zona de Levante por cercanía y por asegurarnos un poco de sol y temperaturas amigables para poder disfrutar del bellísimo paisaje de la «floración» en estas fechas. Todo encajaba.

«La producción del almendro en España se concentra en las comunidades del litoral mediterráneo. Es el segundo país productor mundial de almendra después de Estados Unidos. El almendro es un árbol muy robusto y de larga vida, que en la cuenca mediterránea puede vivir entre sesenta y ochenta años, incluso hasta un siglo. Es, junto al olivo, uno de los principales árboles cultivados con fin industrial en el litoral mediterráneo. Ambos toleran climas extremos de inviernos húmedos y veranos calurosos y requieren terrenos pobres. Actualmente se cultivan más de cien variedades debido a la gran riqueza genética, pero existen cinco tipos comerciales definidos y seleccionados entre las variedades de mayor calidad, que son Marcona, Largueta, Planeta, Comunas o Valencias y Mallorca.»

Llegamos tarde. La floración se había adelantado debido a la rara climatología de este año y los árboles se estaban cargando ya de almendras. Había una gran preocupación en la zona porque se esperaba frío y ello podría arruinar el fruto. ¡Nuestro gozo en un pozo!, Recorrimos los valles por sinuosas carreteras, esta vez con una belleza diferente a la que esperábamos, pero el sol y la vista del mar en el horizonte aliviaron nuestra desilusión.

¡Pues… compraríamos almendras!

Encontramos en Guadalest —un pueblo caprichoso encaramado en la sierra como una gran ventana al mediterráneo—, una tienda de productos de la zona.

Allí nos explicaron que la producción de los almendros se vendía íntegramente a la Cooperativa pero que, con suerte, podríamos encontrar algún vecino que quisiera vendernos almendra natural -con cáscara- a «dos coma cinco euros el kilo» aproximadamente (que era el precio de venta al por mayor). El amable dueño de la tienda, propietario también de algunas de las parcelas de almendros de la zona, al que compramos pasta de almendras para postres y otros usos, en su ánimo de aliviar nuestro desconcierto nos ofreció unas pequeñas bolsitas de plástico transparente con unos cuantos gramos de almendras garrapiñadas.

¡Garrapiñadas!

No puedo acordarme de cuándo fue la última vez que comí garrapiñadas, pero debió de ser en el parque de atracciones de Igueldo cuando todavía era una niña.

Tuve que conformarme con hacer algunas fotografías de almendros y cerezos por los alrededores, de camino a casa, cuando volvíamos de viaje, mientras mordisqueaba garrapiñadas que todavía me quedaban por los bolsillos.

Texto y fotografía@mjberistain


La noche de los Tranvías

Es como si de repente, en el aire, muriese algo que vuela, un indeterminado murmullo de ecos que parecen venir de un túnel blanco.

Y es también, desde luego, el ruido de vasos de cristal cuando se pisan, su metáfora fría de élitros batientes, la indecisión de las fieras nocturnas frente al amanecer.

Felipe Benítez Reyes