White mornings

Blancas madrugadas,
briznas de mar en la piel de los sueños
y en la huella de los zapatos.

Blanco en la orilla silenciosa
de los nombres aprendidos,
blanco el rastrear de las mareas.

Blancas las nueces y las almendras
que dejé olvidadas en antiguas alacenas
descuidadamente, blancas.

Blancas las cintas en el baúl de la ropa
blanca, la seda alegre de las cortinas
y las voces de los amigos.

Blancas las rosas bordadas en la cintura
como un arco iris de ágiles mariposas
en las entrañas tiernas.

Blancas las gotas de luz encaramadas
como guirnaldas de flores frescas
a la fascinación de las fiestas.

Blancas letanías en el altar de Afrodita
—santuario de los gestos del amor—
Blanca la piel saciada de deseo.

White mornings; White nights.

Blancas las noches de ambrosía.
cuando resplandecía llena la luna,
y el sol en sus brazos se quedaba dormido.

@mjberistain

 


Chateau d’Abbadie

De «Andanzas por La Corniche»

El Chateau d’Abbadie es un lugar de excepción erigido sobre los acantilados escarpados de Hendaya, en Francia. Para Antoine d’Abbadie, hombre de ciencias, etnólogo, geógrafo y astrónomo, el castillo fue construido en un estilo neogótico entre los años 1860-1870, de acuerdo con la visión de tres grades arquitectos de la época.

En 1895, con el ánimo de que su obra tuviera continuidad, el castillo fue donado a la Academia de Ciencias. Con la colaboración y ayuda del Centro nacional de investigación científica, se mantuvo la actividad como observatorio de astronomía hasta 1975. En aquel momento, debido a la evolución de la tecnología y a la aparición de satélites, la Academia, considerando su obsolescencia, decidió cerrarlo definitivamente.

Antoine D’Abbadie se dedicó durante sus últimos años a la realización de un catálogo de estrellas.

El castillo está clasificado como monumento histórico y Casa de Ilustres gracias a las ricas colecciones científicas, archivos y mobiliario original que representan en su conjunto un patrimonio cultural considerable representativo del siglo XIX francés.

Actualmente es un centro cultural científico abierto al público.

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Antoine d’Abbadie (1810-1897) nació en Dublín de madre irlandesa y padre de alma vasca. Era un gran observador. Además, un gran viajero. Enamorado de la geografía y de la astronomía realizó la primera cartografía de Etiopía después de pasar once años en el país. Se dedicó a estudiar las formaciones geodésicas, se interesó por los problemas de la variación de la vertical, de la micro sismicidad, de las fuentes del Nilo o de la cartografía celeste.

Fue defensor ardiente y difusor de la lengua y cultura vascas. Publicó, en colaboración con Agustín Chao «Estudios Gramaticales sobre la lengua vasca». Años más tarde creó en el pueblo de Urrugne las fiestas vascas. Gracias a sus investigaciones sobre el pueblo vasco se le otorgó, a su muerte, el título de Aitá (padre) de los vascos.

Fuentes: aquitaineonline y decouvrir Chateau Observatoir


Metálica

Este título que se me ha ocurrido utilizar para esta serie de imágenes, no tiene nada que ver con aquella película de Stanley Kubrick que recuerdo de allá por los años 90 del siglo XX.

O, ahora que lo pienso, quizás si. En mi cajón desastre he encontrado algunas fotografías que, hasta ahora no he sabido muy bien qué hacer con ellas. En principio no parecían tener cabida entre los hilos de mi escueta imaginación, aunque reconozco que no es que vaya progresando adecuadamente, es que me lo estoy currando eso de abrir los ojos y la mente a lo inexplorado hasta el momento. Y, de verdad que voy descubriendo cosas. Así es que quizás sí tiene que ver con aquella sensación con la que salí del cine al ver semejante barbarie que no sabía cómo ubicar en mi vida.

Por cierto, se titulaba La chaqueta metálica.

Así que he despertado a mis fotos esta madrugada y, aún con legañas, he vuelto a mirarlas, a buscar entre sus pixels y a bailar con ellos. Y lo que he encontrado ha sido esto que me ha resultado «sugerente» al menos. Ya he dicho que últimamente ando por caminos no asfaltados…


Originalmente son fotografías realizadas en Hondalea Donosti San Sebastian

Litoral

De «Andanzas por La Corniche»

Explorando nuestras costas voy encontrando pequeñas playas y calas casi inaccesibles entre los bosques que bajan serpenteando desde la carretera hasta las orillas del mar. He estado observando las mareas, y ha habido días en los que he procurado acercarme a las orillas en horarios intempestivos. A esos momentos en los que las rocas quedan al descubierto y yo buscaba algo desconocido.

Estas imágenes son resultado de la observación de las rocas y del descubrimiento de raras imágenes que han ido configurando un proyecto nuevo cerca del mar. Las rocas, sus formas y tamaños, texturas, sugerencias de objetos y personajes, o un cromatismo que en sí mismo me descubre su gran belleza abstracta.

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Las fotografías han sido tomadas en las playas de piedras Lafitenia y Sénix en Acotz.

Escaleras


La escalera es uno de los elementos que me cautiva en muchos de los lugares a los que viajo. En primer lugar, no puedo dejar de referirme a la escalera de doble espiral del Castillo de Chambord en Francia, obra atribuida a Leonardo Da Vinci. (Siglo XVI)

En esta entrada incluyo algunas imágenes de la escalera de caracol del Faro de la Isla de Ré, próximo a La Rochelle, también en Francia. Por su antigüedad y su encanto, en sí misma es un espectáculo mientras se alcanza la cima a más de 50 metros desde tierra para tener una panorámica extraordinaria de los alrededores.


fotografía@mjberistain

Garrapiñadas

Llevaba tiempo deseando tener unos cuantos días libres para perderme por las rutas de los frutales en flor que pueden contemplarse en esta época por nuestra geografía; Cerezos en la zona de Extremadura, Almendros en Tenerife y Aragón o en la zona del Mediterraneo… Maquiné un plan que parecía perfecto. Estaba siendo un final de invierno infernal. Habían llegado tarde, pero con fuerza los vientos de más de cien kilómetros por hora, la lluvia arreciando sin compasión y anegando paisajes que hasta entonces eran de puro secano, y nieve; nieve deseada pero que atrapaba con su bellísimo manto blanco cualquier tipo de tráfico -animal o humano- a pie o por medio de cualquier artilugio mecánico de transporte conocido tipo tren, coche, camión o avión. De verdad que yo andaba necesitada de huir del gris oscuro que envolvía con saña mi cuerpo y mi espíritu.

Optamos por la zona de Levante por cercanía y por asegurarnos un poco de sol y temperaturas amigables para poder disfrutar del bellísimo paisaje de la «floración» en estas fechas. Todo encajaba.

«La producción del almendro en España se concentra en las comunidades del litoral mediterráneo. Es el segundo país productor mundial de almendra después de Estados Unidos. El almendro es un árbol muy robusto y de larga vida, que en la cuenca mediterránea puede vivir entre sesenta y ochenta años, incluso hasta un siglo. Es, junto al olivo, uno de los principales árboles cultivados con fin industrial en el litoral mediterráneo. Ambos toleran climas extremos de inviernos húmedos y veranos calurosos y requieren terrenos pobres. Actualmente se cultivan más de cien variedades debido a la gran riqueza genética, pero existen cinco tipos comerciales definidos y seleccionados entre las variedades de mayor calidad, que son Marcona, Largueta, Planeta, Comunas o Valencias y Mallorca.»

Llegamos tarde. La floración se había adelantado debido a la rara climatología de este año y los árboles se estaban cargando ya de almendras. Había una gran preocupación en la zona porque se esperaba frío y ello podría arruinar el fruto. ¡Nuestro gozo en un pozo!, Recorrimos los valles por sinuosas carreteras, esta vez con una belleza diferente a la que esperábamos, pero el sol y la vista del mar en el horizonte aliviaron nuestra desilusión.

¡Pues… compraríamos almendras!

Encontramos en Guadalest —un pueblo caprichoso encaramado en la sierra como una gran ventana al mediterráneo—, una tienda de productos de la zona.

Allí nos explicaron que la producción de los almendros se vendía íntegramente a la Cooperativa pero que, con suerte, podríamos encontrar algún vecino que quisiera vendernos almendra natural -con cáscara- a «dos coma cinco euros el kilo» aproximadamente (que era el precio de venta al por mayor). El amable dueño de la tienda, propietario también de algunas de las parcelas de almendros de la zona, al que compramos pasta de almendras para postres y otros usos, en su ánimo de aliviar nuestro desconcierto nos ofreció unas pequeñas bolsitas de plástico transparente con unos cuantos gramos de almendras garrapiñadas.

¡Garrapiñadas!

No puedo acordarme de cuándo fue la última vez que comí garrapiñadas, pero debió de ser en el parque de atracciones de Igueldo cuando todavía era una niña.

Tuve que conformarme con hacer algunas fotografías de almendros y cerezos por los alrededores, de camino a casa, cuando volvíamos de viaje, mientras mordisqueaba garrapiñadas que todavía me quedaban por los bolsillos.

Texto y fotografía@mjberistain


La espiga

Me llamo Wild Oat.

Soy avena silvestre. Algunos me llaman Flor de Bach, porque el famoso músico Johann Sebastian Bach escribió una minúscula partitura para mi. Pero esa historia ocurrió hace más de trescientos años.

Yo le amaba, y a su música.

El sol brillaba aquella tarde silenciosa. En el regazo de una pequeña aldea mis compañeras y yo éramos felices. Sabíamos que la vida era efímera pero no pensábamos en ello entonces. Éramos campesinas. Distinguidas y estilizadas adolescentes de largas melenas rubias. Felices en nuestra parcela de tierra jugosa de color cobrizo, indiferentes al paso de las horas. Amábamos el sol, y crecíamos jugando al escondite con los vientos y chapoteando en el barro que formaban a nuestros pies las lluvias de primavera.

Aquel día estábamos inquietas. Veíamos cómo a lo lejos se levantaba una gran polvareda. Atravesando los campos, acercándose a nosotras cada vez más, llegaba la cosechadora amarilla.

Quise huir.

Inclemente, el sol cubría por entero los campos, hacía mucho calor. Sería difícil escapar y esconderme salvo que encontrara un fino haz de su luz junto a una sombra y pudiera camuflarme en ella. No lo dudé, me tiré al suelo y me arrastré avanzando torpemente entre las piernas de mis compañeras que, ante el estupor de ver de cerca la cosechadora, no se daban cuenta de mi maniobra.

El ruido del motor era aterrador. Llegué hasta el cobertizo de la casa y me refugié en el lado sombrío de un saco de abono abandonado. Estaba exhausta, me quedé quieta viendo la siega de mis compañeras que saltaban por los aires como pequeñas briznas doradas y caían después, una sobre otra, de nuevo a la tierra.

Un rayo de luz cegadora se me acercó y ocupó mi sombra. Se me ocurrió trepar por sus finas fibras para llegar hasta el sol. Sentí que un viento suave tiraba de mí succionando dulcemente. Era, como fluir entre livianas corrientes de aire; como volar sin gravedad.

El sol me recibió con un abrazo cálido. Sin embargo, —me dijo— voy a pedirte algo. Has tenido el coraje de perseguir tu sueño y aquí estás, lo has conseguido. Ahora tienes que ser agradecida a la vida y compartir tu felicidad con los demás. Te convertiré en flor, serás mi flor preferida. Tú te ocuparás de cuidar la tierra. Volverás a ella en forma de lluvia cada primavera para que germinen las semillas y se llenen los campos de espigas. Y lleguen los nuevos veranos y las cosechadoras, y haya trabajo y alimento para todos.

@mjberistain

Un sorbo de Mar

Os explicaré cómo me asalta el deseo de hacer una fotografía.
A veces es como la continuación de un sueño.
Una mañana me despierto con una extraordinaria alegría de vivir.

El Mar es el color de mis sueños

Robert Doisneau

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Tengo un sueño de mar,
de olas tranquilas,
de rocas milenarias,
de espuma y sal.

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Puedo confundir tu cuerpo
con la ola rompiente
y esa dicha efervescente,
de amor, poesía y sueños.

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Vienes a mis pies
con la súplica del viento,
te deshaces lento
como el perfume fiel

En el amanecer pareces ola
golpeas mi hombro
una y otra vez tus besos
como en la roca tus labios.

ss peine viento f

Anclado te miro,
vienes y vas como los sueños
de una fotografía en el mar,
donde tu corazón es la Luz.

fotografía@mjberistain

Mi agradecimiento al Autor de la colaboración poética:
Poetas Nuevos 

 

Calla…

 

LEER, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.

Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.

Leer, leer, leer; seré lectura
mañana también yo?
Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?

 

Miguel de Unamuno
Fotografía Robert Mapplethorpe