La noche de los tranvías

Quizás había esperado demasiado. Es ridículo el tiempo perdido…

Tras los cristales sucios y mojados por la lluvia observo a una mujer melancólica, una mujer confusa, una mujer bella.

Quizás había esperado demasiado y demasiado tiempo. Por eso no tenía ya prisa, la vida sucedía a su alrededor sin concesiones. Se mantenía erguida con la mirada distraída entre los fantasmas que llenaban su trivial existencia.

Uno desciende por los raíles del silencio y aspira, sin pretenderlo, el viento viciado de los tranvías —a esa hora solitarios—, llenos de aturdimiento. Descender, antes o después, hacia un mundo de tiniebla interior; de soledad perpetua. El camino de ida se parece mucho al camino de vuelta, sólo el movimiento es aparente como el deseo dudando entre las vías metálicas del pasado y del porvenir.

¿Y, si de repente, en esta noche de fantasías prohibidas le viera venir, viera su silueta moviéndose entre la luz queda de las farolas, en ese límite incierto de ser y no ser?

¡Todo es ahora!

Hay voces de ayer ocultas en lugares inalcanzables, y voces agitando el futuro como amenazas contra las sienes del llanto…


@mjberistain
Fotografía Viajesureste.com

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