COLECCIÓN ENTRE SILENCIOS Y COLORES
(Mis cuadernos de Flow)
Parece que contienen la respiración cuando entro por la mañana, todavía con legañas, y me miran de reojo…
Esta noche ha sido horrible, dura y larga. Pienso en cómo tiene que ser una noche a la intemperie de los tiempos, cubierta por el polvo y los cascotes de las ruinas de tu propia casa, escuchando al vecino del segundo llorar y moquear con desconsuelo mientras el estruendo y el humo de las bombas se recrean bajo un cielo apagado e inerte.
Pero mi discurso de hoy no tenía intención de empezar así, lo siento.
Decía que me miran de reojo, ahí dignos ellos, como si fueran los reyes del mambo esperándome, jactándose de que hoy será un gran día para jugar conmigo. ¡Bellacos!
Pero, como decíamos ayer, me siento como ese director de orquesta que dirigirá, en breves, a Mahler. Preparados los participantes de mi orquesta, bastante aseados; es la norma, aunque a veces se despistan y aparecen con los pelos rígidos y coloreados después del trabajo de la víspera. Así que nos encontramos en el lugar de convergencia. Hoy navegaremos juntos hacia la intensidad de ese paisaje emocional del «mood o fenómeno del Flow». Ese instante en el que el gesto (en el caso pictórico) deja de ser forzado. Desde la tarima paseo la mirada por el espacio, reconociendo a cada uno de ellos; el silencio logra la conexión necesaria para saber que debemos actuar superconcentrados y, al mismo tiempo, sentirnos profundamente libres. (Nadie pregunta cómo). No pensar en el público, ni en uno mismo. La música sucederá, será revelada; únicamente existirá ella desplegándose en el tiempo.
Abro los ojos en la ducha a ver si consigo que entre la cordura por alguna grieta de mis sueños hasta el cerebro. El papel blanco me espera con sus mejores galas: la pureza que sugiere el color blanco. Medito unos momentos, respiro despacio, pienso en no pensar. Siento el vacío y el poder en mi interior discutiendo, mientras unas gotas de negro caen al vacío debido a la turbulencia de mis gestos ¡cielos! la resistencia del «ego». Quiero interpretarlo como un error (no como un fastidio) que, sin duda, según me lo han explicado cientos de veces, puede utilizarse para dar origen a mi obra abstracta de hoy. La paletina me mira con ojos de desconsuelo. Le recuerdo que su participación es básica y fundamental, que es mi herramienta preferida hoy, que la aceptación es un poder divino para llegar a alcanzar el Flow.
Lo cierto es que el arte nos hace vivir una experiencia creativa común: la búsqueda personal interior y ese diálogo que se establece en la paz, armonía y equilibrio como una resonancia emocional. Es la sensación de fluir en un magma (es lo que siento cuando nado en mar abierto, o en una piscina). Abre un espacio interior hacia el crecimiento, creer en uno mismo aparece como sorpresa. Se convierte en espejo de gozos y sombras. El magma como símbolo de resiliencia y transformación, de aceptación y pasión, de evolución personal.
Como dice la IA, «el magma espiritual representa el fuego interno necesario para transmutar la energía negativa en fuerza positiva y estabilidad».
