La palabra, lugar de encuentro

Dice Amparo Amorós:


El pensamiento de María Zambrano es un pensamiento poético no solo por ser discurso de lo poético y sobre lo poético, sino, ante todo, porque se produce como toda razón que elige la poesía como forma, es decir, avanza en imágenes. Ellas son como las piedras que salpican la corriente del río y permiten al pie, apoyándose de una en otra, ganar la orilla opuesta, esa que nos sitúa del otro lado de las cosas, no para alejarnos de ellas, sino para recuperarlas en la distancia que permite la perspectiva. Y es, además, un pensamiento poético porque en él cuenta menos la meta que el trayecto. Hay pensamientos que nos urgen a seguirlos a determinado punto de arribo, que nos fuerzan a «concluir» (que es, en definitiva, una forma de acabamiento). El de María, en cambio, se diría que se limita a acompañarnos en el camino y, al paso, nos lo sugiere suavemente, sin prisa por llegar a parte alguna, porque ese camino del pensar, como el camino «machadiano», tiene valor en sí mismo y no en función del término al que nos conduce.

 

… Miraba el mar tardes enteras, hasta que me di cuenta de que alguien aguardaba y llamaba calladamente. Alguien que habría de venir, un hombre quizás desde los abismos de las aguas. Siempre me entendí muy bien con los pescadores y con los que habían surcado el mar tantas veces que ya era su patria. Alguien habría de venir sobre las aguas, y cuando la claridad de la primera alba se fundía con el mar dejando oscura la tierra, salía de mis sueños violentamente creyendo que podía venir en ese silencio en que la tierra se retira, se borra. Antes de la luz de la aurora. Antes de la aurora me despertaba. Con el rosa de la aurora resucita la tierra, el mundo de la sangre, del fuego, de la sequedad del deseo y de las cosas opacas. Aparecía ya la sangre en esa luz ni siquiera blanca, unas gotas de sangre celeste diluidas en la aurora y comenzaba el día y la historia, el hombre de la tierra hijo de esa herida celeste. Mientras que el que me despertaba llegaría caído de la luz, nacido de la luz en las profundidades de las aguas. Tan solo un instante haría vibrar el aire. Un pájaro, extendidas sus alas inmensas, por un instante se detuvo suspendido, un ave desconocida y que volví a ver. Pero yo salía de mi sueño por el rumor de sus alas, antes del día y de su luz.


María Zambrano (Fragmento)

 

 

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