DE LO ESPIRITUAL EN EL ARTE – ARACELI GARCÍA
Hay creaciones que no buscan representar nada externo.
Surgen como un reflejo de lo que no siempre sabemos nombrar.
Cuando dejamos que la mirada se pose hacia dentro, los gestos se vuelven más lentos, la atención se expande, y la obra se convierte en un espacio de silencio.
Caminar hacia adentro
En la abstracción, no seguimos un mapa.
Cada mancha, cada textura, es una señal que se revela en el momento.
No hay prisa por llegar a una imagen final.
Solo permanecer en ese diálogo íntimo
entre lo que sientes y lo que aparece en el papel.
“El color es un medio para influir directamente en el alma.” — Wassily Kandinsky
El papel como lugar de encuentro
Es en el papel donde cada elección habla de ti, incluso las que parecen pequeñas.
El tono que suavizas, la mancha que decides no borrar,
la frontera que dejas difusa para que respire.
En cada una de estas decisiones se revela tu manera de mirar.
No como un gesto aislado, sino como parte de un lenguaje propio.
Y, sin darte cuenta, la obra se convierte en el lugar donde vuelves a ti.
No importa si alguien más entiende lo que ve.
Lo esencial es que, al mirarla, reconozcas en ella una parte de ti que antes no tenía forma.
En el estudio, hay momentos en los que no quiero pensar demasiado.
Preparo el papel, la acuarela, la tinta… y dejo que el agua tome sus propias decisiones.
En esos instantes, la mano no empuja, acompaña.
La forma aparece en el movimiento del pigmento.
La línea, si llega, lo hace después.
No se trata de forzar un resultado,
sino de observar cómo interactúan,
y desde ahí decidir el siguiente gesto.
Instantes que solo se viven desde dentro.
Hay momentos que vivimos desde dentro. La mesa preparada, los botes de agua quietos, la luz entrando suave… Y de pronto, una gota de tinta toca el papel húmedo y empieza a expandirse como si supiera exactamente a dónde quiere ir. En ese momento, no somos nosotros quienes guiamos. Es la materia la que propone, y nosotros respondemos. Cuando la obra te dice por dónde seguir, dejar que los materiales interactúen por sí mismos es una forma de escuchar.
El impulso creativo no es una idea repentina que llega de la nada: es la respuesta a lo que sucede delante de ti.
Es un diálogo sin prisa, donde la observación y la acción se alternan.
Espacios que invitan a mirar más allá – Ver vídeo.
Trabajar así enseña a no querer terminar demasiado pronto.
A mantener la frescura de lo que está vivo en el papel, sin cubrirlo todo.
A aceptar que a veces, lo más poderoso es lo que no se ha tocado.
