La otra arquitectura

Me interesa la “arquitectura”, disfruto de ella en mi tierra, en mis ciudades, y en los lugares a donde me llevan mis viajes no siempre planificados. Me gusta perderme por los barrios antiguos de las ciudades, además de visitar los lugares emblemáticos y la belleza de sus construcciones más lujosas. Admiro las nuevas estructuras y sus imposibles ángulos enfocados al cielo; por supuesto. Pero me interesa cómo han vivido sus gentes a lo largo de la historia, y por otra parte me interesa la fotografía, soy una humilde estudiosa. Me atrevo hoy a incluir una pequeña selección de mis fotos a raíz de haber encontrado este interesante artículo publicado en El País por Anatxu Zabalbeascoa del que extracto algunos de sus párrafos.

“A mediados del siglo veinte el MoMA se preguntó si la historia de la arquitectura no sería, en realidad, la historia de la arquitectura solo para unos pocos… Hombres del departamento de diseño del museo Phillip Jhonson junto a Mies van der Rohe —de raíces claramente modernas— quisieron investigar la mejor arquitectura anónima o vernácula que hasta entonces no tenía nombre y que, por lo tanto, no estaba clasificada académicamente.

Unidos varios de los proyectistas modernos de la época —quieres ya admiraban la lúcida lógica de la arquitectura sin pretensiones—, se decidieron a profundizar en el tema. Entre ellos Walter Gropius (arquitecto, urbanista y diseñador alemán —Berlín 1883-1969— fundador de la Escuela de la Bauhaus), Jose Luis Sert (arquitecto barcelonés, urbanista y profesor universitario en Yale y Harvard —Barcelona 1902-1983— fue condecorado, entre otras distinciones, con la medalla de oro al mérito en las Bellas Artes en 1982) y otros arquitectos como Pío Ponti o Kenzo Tange. Fue el arquitecto diseñador y proyectista Rudofsky quien se encargó de la investigación. Viajó por todo el mundo y demostró con fotografías el conocimiento técnico y los valores culturales que las escuelas de arquitectura “oficiales” estaban despreciando o ignorando, ya que tenían poco reparo en borrar culturas ancestrales si ello no reportaba, por encima de cultura, beneficios económicos. Con su investigación cambió su manera de entender el mundo y planteó la posibilidad de una arquitectura no inmutable y lógica, cercana e inclusiva. Muy simple; en lugar de catedrales y palacios, casas para todos, en definitiva la aspiración que perseguía la modernidad.

El libro “Arquitectura sin arquitectos” de Bernard Rudofsky, se trata en realidad del catálogo de la exposición que organizó el MoMa y que se refiere al diario del viaje de búsqueda del autor como testigo directo del problema que evidenció la diferencia entre arquitectura y construcción. La historia que quiso contar Rudofsky fue la de cómo la arquitectura formal, estudiada en las universidades —la dibujada por arquitectos— nada tenía que ver con la de las casas del pueblo construida en los países menos desarrollados con materiales no industriales y sistemas constructivos que trabajaban a favor de la naturaleza, a la que consideraba pobre y obsoleta.

Pero pedir que se estudie cómo aprovechar la paja y las hojas de palma o defender que no se pierda el conocimiento para construir con adobe no es defender el regreso a las cavernas. Se trata, justamente de aprovecharlo todo, en absoluto de destruir nada —dice la autora del artículo Anetxu Zabalbeascoa—.

Muchos arquitectos actualmente lo han comprendido. Ahora se trata de escuchar; de escuchar a la naturaleza, al lugar, de limitar el presupuesto y actualizar la tradición; trabajar a favor del planeta y de la gente.

Con humildad, abre una esperanza ante el problema de la vivienda en el mundo. Si para construir el planeta lo estamos destrozando, puede que haya llegado el momento de, por lo menos, escuchar, otras posibilidades…”

Algunas fotografías tomadas en mis viajes

Bryggen, Bergen, Noruega
Marruecos
Marruecos
Estella, España
Zamora, España

Galería de Imágenes
(tomadas de internet)
Pueblos que se mencionan en el artículo sobre el viaje que realizó el arquitecto Rudofsky