Soledad

 

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La esperanza es como un lejano mar, cuyas olas, mansas y plácidas, apenas llegan a nuestras costas. Conozco hombres y mujeres que todas las mañanas se acercan a la playa y como antiguamente se esperaba la llegada de una botella en cuyo interior contuviera un desesperado mensaje, se sientan en la blanda arena y sueñan ver, tocar con sus dedos el agua de ese mar, que nadie sabe a ciencia cierta dónde está.

Conozco hombres y mujeres que se pasan el día esperando una llamada de teléfono, y el teléfono no suena y, a veces, ni siquiera existe tal aparato. Pero sí un silencio grande y árido como un desierto. Una ilusión irrenunciable de que suceda algo que jamás sucederá. En el abismo insonsable que es la soledad cualquier pretexto o espejismo que nos permita ver la luz es recibido con alborozo y también con temor.

Conozco hombres y mujeres que llevan años esperando una carta que no llega, un texto escrito donde una persona que fue cercana y amiga diga en una sencilla caligrafía que se sigue acordando, que no olvida. Pero ya apenas se escriben cartas. Y el olvido va cerrando todos los poros en la piel de quien espera…

 

Texto Felipe Juaristi/86


Nota: 

En su momento recibí de manos de Paco -mi muy querido amigo y poeta- el pequeño recorte de periódico y pegada a él, con papel de cello, la flor del pensamiento recién cortada…