Intento eternizar lo huidizo

… lo decía Peter Handke en su “Poema a la Duración”

Era el año 1991 cuando conocí su obra. Desde entonces lo leo de vez en cuando porque me mantiene en esa duración que es la vida como un despertar. Se dijo entonces en su presentación (El País Año VII, Nº 305) que se trataba de una poesía meditativa, reflexiva, que razona y celebra al mismo tiempo, de lenguaje sobrio, nada aparatoso, nada especialmente lírico, y que busca explicar desde varios ángulos el contenido y el sentido de una experiencia singular y profunda.

El que no ha sabido lo que es la duración es que no ha vivido —dice en el prólogo del libro Eustaquio Barjau quien también se ha ocupado de la traducción—. La felicidad no es algo que pueda venirnos de la voluntad, es muchas veces algo que está muy cerca y de lo que pasamos de largo por no haberlo advertido, una gracia imprevisible, huidiza; algo a lo que solo cabe responder con una actitud y un modo de vida que pueda favorecer su llegada. Dice él mismo: El Poema a la duración es una obra que puede —no se sabe si pretende— producir un efecto saludable en un lector atento y empático. En definitiva una de las posibles funciones de la literatura.

Algunos versos… al azar:

Quería meter la cabeza en la hélice del barco,
del mismo modo como una vez quise meter la cabeza
por el cristal de la ventana de un mirador;
de esta forma quería apartarme de la belleza,
de la tierra, del paraíso,
de la ciudad santa, del amor engañoso.
Y este estado no pasó.
El resto del viaje seguí estando ausente,
con los ojos abiertos de par en par, de tristeza;
el corazón, un tic-tac de debilidad maligna,
un espíritu de vida, como tantas veces, trabajando,
en mi rincón cotidiano,
inclinado sobre las palabras,
las denominaciones originarias,
las protopalabras del hijo del hombre;
“la Tierra, la madre total”, “la sonrisa innumerable de las olas del mar”,…

***

Una vez más lo he sabido
el éxtasis es siempre demasiado.

***

La Duración no está vinculada al amor de los sexos.
Puede de la misma manera,
envolverte en el amor que ofreces ininterrumpidamente a un hijo;
y allí no necesariamente en las caricias,
pasándole la mano por la cara, besándolo,
sino, una vez más,
solo dando un rodeo por las cosas que no tienen importancia.

***

La duración no desplaza,
me coloca donde debo estar,
Saliendo de la luz del foco del diario acontecer,
huyo decidido al incierto campo de la duración.

Ocurre la duración
cuando en el niño,
que ya no es un niño
—tal vez ya un anciano—,
reencuentro los ojos del niño.

La duración no está nunca en la piedra imperecedera
de tiempos remotos,
sino en lo temporal,
en lo maleable.

Lágrimas de la duración, ¡tan poco frecuentes!
lágrimas de alegría…

***

Concluyo con unos versos que hice míos a lo largo de mi vida cuando, en varias ocasiones, he tenido que volver a empezar en destinos distintos.

Y, al fin
Feliz aquel que tiene sus lugares de duración;

ya no será, aunque se haya trasladado para siempre a un país extraño,
sin perspectivas de volver a su mundo,
nadie a quien han expulsado del paraíso*

Peter Handke 

(*) también referido a “su patria”

La mitad de mí

Lo malo de sobrevivir es que consiste en perder tanto como ganas. Lo malo de ir avanzando es todo lo que dejas atrás. Llegas a cualquier parte y el sitio del que saliste empieza a parecerte mentira.

Separarse de algo es como partirse por la mitad, te convierte en dos personas diferentes, una que se queda con su propia historia, con los los recuerdos; tuvo amigos y quizás  enemigos, escribió algún libro, viajó bastante por ciudades de otro tiempo, estuvo a punto de morir dos veces, alguna tarde conoció a Lou Reed…

Y la otra parte que no tiene nada, pero que se ha quedado con su nombre, con sus libros, con su casa, con sus dudas…

Y ya vale para empezar de cero y no querer ser la parte de nada.

Quizás escriba alguna vez sobre algo que la otra parte dijo que soñó una noche: estaba en un lugar desconocido y había una tormenta de nieve: la vio caer durante horas, tal vez durante años; la vio tomar las calles y los tejados, acumularse poco a poco sobre sí misma; al fin salió el sol y al deshacerse la nieve apareció debajo una ciudad distinta, un mundo nuevo, más limpio, idéntico a un poema sin tachaduras o a un cuerpo sin cicatrices…

variaciones sobre texto de Benjamín Prado
Escultura Chillida


Fruta madura

frutasbella-del-senor

La fruta madura es más jugosa y tiene más aroma que en agraz,
el vino envejecido más matices y más intensidad,
la cadencia es el alma del poema,
La palabra decadencia invita a aferrar la mano amiga,
al abrazo apretado, a una pasión de otoño,
a apurar el jarro de la vida hasta quedar ahítos,
exahustos de belleza,
sin sed de más vivir.

Autor Gervasio Alegría


Belleza y Decadencia

¿Es posible que coexistan belleza y decadencia?.

Pienso mientras voy recogiendo del suelo pequeños pétalos de estas flores, casi marchitas.

¿Qué encuentro en ellas que me hacen dejarlo todo y buscar mi nikon para dedicarles unos minutos antes de que vuelvan a la tierra que un día dio vida a su belleza…?

No busco nada, solo observo, ellas me hablan. Algo quieren decirme antes de entregarse a los brazos de la muerte. ¿Qué fue de sus jugosos labios rosados, de su intensa mirada azul, del verde esperanza de sus ropajes? Respeto su momento; su duelo. Respeto el duelo de su estética; sus venas arrugadas, su carmín descolorido, las ocres puntillas rematando sus galas de ceremonia, sin transparencias.  Respeto el gris destello de sus incertidumbres, su débil respiración entrecortada, sus vagos movimientos rozándose en silencios  trascendentes… Su mirada opaca evocando lo efímero, la fugacidad de todo…

Pero no existe deterioro en sus almas.
Viven el capricho de una nueva realidad, más sutil, más delicada, más despaciosa…

Schopenhauer defendía que en la contemplación estética el sujeto, frente al espectáculo que tiene ante sí, puede escaparse un momento de los sufrimientos de su existencia.

Y termino con una frase que recuerdo de un artículo de Tania Marrero:

“La decadencia solo es el epílogo de la contemplación de la belleza sublime.”


@mjberistain


La clave del Ambigú

Incierto, elusivo, evasivo, equívoco, ambivalente, indeciso, enigmático, dudoso, turbio, ambiguo, oscuro, inquietante, mitad higo, mitad pasa, ni carne ni pescado, cogido por los pelos…

Las tres nos miramos con cara de poker cuando a alguien se le ocurrió pronunciar la palabra “Ambigú”. Cualquiera sabía a estas alturas que el vocablo estaba relacionado con “ambiguo; con ambigüedad”, así que durante unos minutos nos divertimos, frente a un vinito blanco y unas patatas fritas, desvariando en torno a su etimología. Después de intentar acertar con el origen, la procedencia y los usos que se le habían atribuído a la palabra en cuestión, decidimos consultar a santawikipedia. Nada más lejos de nuestra percepción como definición de algún lugar “cálido, sugerente, vintage, romántico, incluso como privado, con cortinajes de terciopelo color vino y jarrones de cristal y oro, propicio para el placer y el erotismo…”.

¡Su significado se refería a algo tan prosaico como “comida sobre una mesa”! (Por cierto, cogido por los pelos de la lengua francesa, y para más desilusión, de origen desconocido).

Históricamente, Ambigú se llamaba a las “reposterías” de los salones de Cine y Teatro en los que se tomaba un pequeño refrigerio durante los entreactos o descansos.

Hablando de “reposterías”… En la Francia del rey Luis XVI fue Maria Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, más conocida como María Antonieta y a la sazón esposa del rey, quien con su altanería y sus palabras consiguió levantar al pueblo contra el poder absoluto.

Ella no comprendía el porqué del enfado de su pueblo por no tener pan. “Que coman pasteles”, dicen que dijo…

Artículo de Rosa María Artal

Así, mientras en las tertulias callejeras se comentaba “Pues va la tía y aún dice que comamos pasteles”, los periódicos de la Corte atribuían el disgusto social al catastrofismo sembrado, con muy malas artes, por un grupo radical. Utilizando el catastrofismo, precisamente, como fórmula disuasoria de cualquier cambio inconveniente a sus intereses. Estaban desolados.

Veinte personas de la aristocracia y el comercio poseían tanto dinero como los 14 millones más pobres. Cuesta creerlo, pero así era. En más de 5 millones se cifraban las personas sin trabajo, y lo que costea. 800.000 niños habían entrado en la pobreza desde el aciago día en el que, bajo la excusa de una estrategia a la que llamaron crisis, se habían emprendido “reformas”. Es decir, el eufemismo determinante para quitar de aquí y poner allá, con suma precisión, y aumentar de forma tan insolente la desigualdad.

En poco tiempo el relativo bienestar del que disfrutaba el pueblo se había ido al traste. “Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”, les decían desde la camarilla real y sus extensiones. Por eso, establecieron recargos en farmacia o suprimieron el acceso a la sanidad a una serie de personas, encarecieron el acceso a la enseñanza universitaria, elevaron el coste de poder tener luz, fuego o calor, y de todos los servicios. La precariedad entró en la vida de muchas personas que, aunque tardaron y tragaron lo indecible, terminaron por indignarse. Los voceros de la corte insistían: puro catastrofismo. Suicidio programado. Manipulación de masas de manual, aprendida en lejanas tierras o en los tratados del populismo más atroz, representado por Rousseau, Voltaire y Montesquieu y sus peligrosas ideas.

Arcones en B, nepotismo, condesas diabólicas riéndose de todos, sátiras de látigo y mantilla mintiendo por cada palabra dos veces, el príncipe de los hilillos y los cuentos chinos, el bufón de la tijera, los beatos del rosario y la muerte. Y el empobrecimiento, no llegar a fin de mes, huir, ensombrecer el futuro.

La ira de la turba se plasmó en manifestaciones. Acamparon en la Bastilla, hablando de política, economía o urbanismo. “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas”, coreaban los muy rufianes con profundo afán desestabilizador. La agresividad llegaba ya a su punto culminante cuando se situaban frente a la casa de un desahuciado por el banco y la ley vigente, tratando de impedir el desalojo. ¡Sentados en el suelo!, vulgares sans-culottes. ¡Haciendo cadena humana mano junto a mano! ¿Se ha visto mayor intimidación? La guardia, lógicamente, los freía a palos y multas para que no siguieran perturbando la paz social.

La maquiavélica mente de los violentos ideó nuevas argucias. Distribuyeron entre las élites del país unos salvoconductos ‘black’ con los que podían comprarse desde champagne o caviar a déshabillés de seda, viajar a lugares exóticos, vivir como Luis y María Antonieta, en definitiva. Derechos de clase. Mediante una pistola en el pecho, obligaron a numerosos nobles a robar a manos llenas de las arcas del reino. Por arriba, por abajo, del derecho y del revés. Con bolsas o carros. A todo pasto. Les empujaron a ir a cacerías, en las que se enfrascaban en rituales de sangre, en el juego y el sexo, todo por sacar unas comisiones millonarias que seguían engrosando sus bolsillos.

Los iracundos provocaron –en sutil maldad– que las dos grandes tendencias de la aristocracia se enzarzaran en las Cortes, acusándose mutuamente del descontento popular. El ‘y tú, más’, tan imaginativo y cargante, fue obra de algún populista infiltrado.

Los grandes maleantes que entraban por fin en las mazmorras salían con diligencia. Tres meses, y a la calle. O no llegaban a entrar, fruto de desimputaciones o indultos. Esta argucia –ideada por los antisistema– fue otro de los grandes hallazgos para inducir a la gente a pensar en una justicia de doble rasero.

Porque, en realidad, ¿de qué se quejaba el vulgo?, ¿cómo pudo prestar oídos al catastrofismo de los populistas? Lo peor fue que, en un supremo acto de inmundicia, esta gentuza decidió manifestar su ira en un puro arrebato de cólera ¡concurriendo a las elecciones! Y la plebe escuchó sus cantos de sirena, alejándose del bien que habían disfrutado hasta entonces. ¡Poniendo en peligro el sistema!

Entre desprecios, negaciones y ninguneos, los más clarividentes entre los cortesanos de élite tienden puentes a negociar con las hordas exaltadas dispuestas a votar lo que no deben. ¿Os vais a arriesgar a las incertidumbres que plantean los radicales? No aciertan a comprender que dan mucho más miedo sus certezas.

Maria Antonieta y su marido Luis XVI perdieron la cabeza en su forma más textual y expresiva por no saber bien dónde la tenían. Pasa mucho cuando no se pisa el suelo que transita la gente. El populacho hizo los deberes y acabó con el Antiguo Régimen. Luego –angustiado por la libertad– llamó a un Napoleón a apretar las clavijas, lo que no es nada infrecuente en estos casos. Nada volvió a ser lo mismo, sin embargo. Y así una y otra vez a lo largo de la historia. Los tiranos, déspotas, saqueadores, malnacidos, y su séquito de aduladores y cómplices de hoy, no agradecen lo suficiente que los tiempos hayan cambiado

El artista es creador de belleza. Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte. El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza.

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La palabra Ambigú ha desaparecido de nuestro lenguaje y ha sido sustituida por la palabra francesa “Buffet”, encontrada en textos de principios del siglo XII. Designaba una “mesa”. En castellano encontramos las palabras “Bufé” y “Bufete”, la primera refiriéndose a la comida que se dispone de una vez sobre una mesa, y también a los locales, como estaciones, en los que el viajero puede comer. La segunda corresponde a una “mesa de escribir” y por extensión al “despacho de un abogado”.


Fotografía: todocolección.net

Solo un juego de palabras

Leo y releo en estos días de confinamiento. Y me detengo en cualquier punto del paisaje. Y retrocedo y así no termino nunca de terminar un libro que realmente me interesa; especialmente los relacionados con las vidas y circunstancias de los poetas a los que admiro.

Hablamos de Aleixandre, (más tarde os diré quién es el que habla…)

Aparece a última hora de la tarde, justo para llegar a tiempo a cenar. Parece cansado del viaje, pero las chispas en sus ojos siguen igual de azules y de vivas. Tan poco invasor, tan religiosamente atento a lo que le decimos, siempre me hace gracia la vehemencia que este hombre pone, de repente, en el relato más trivial. En cualquier revuelta del diálogo se le acelera la palabra, casi jadea, como si entre frase y frase tuviera que sumergirse, borboteando, para calar al fondo de la historia. Hoy nos contaba su paseo hasta la oficina de telégrafos, recién llegado, preguntando aquí y allá, y el inocente trayecto de manzana y media tomaba una solemnidad y una intensidad insospechadas. Lo oscuro de la noche y de los transeúntes, las ráfagas del viento y de los automóviles, la zarabanda de las luces, todo componía una especie de fantasmagoría, de realidad espectral —figuraciones y figuras—, a punto de perder pie definitivamente. Y el tono, y las inflexiones de la voz y el gesto, el inoíble pianissimo, suscitaban la idea de una expedición tremenda, misteriosamente significativa, lo mismo que la bajada de Orfeo a los infiernos.

Nunca le había oído leer poesía en público y me pareció admirable. Es además un estupendo explicador, que sabe perfectamente insinuar en los oyentes la atmósfera del poema. Aleixandre es un gran poeta.

J.Gil de Biedma


DESPUÉS DEL AMOR

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,
como el silencio que queda después del amor,
yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo
hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.
Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir retraído.
Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace un instante,
en desorden, como lumbre cantaba.
El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su forma continua,
para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de la llama,
convertirse otra vez en el cuerpo veraz que en sus límites se rehace.

Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios,
delicadamente desnudos,
se sabe que la amada persiste en su vida.
Momentánea destrucción el amor, combustión que amenaza
al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,
sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas
la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente la vida,
la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad
nos llamaba.
He aquí el perfecto vaso del amor que, colmado,
opulento de su sangre serena, dorado reluce.
He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado pie,
y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,
la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa nacido,
y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro
amor, que allí lúcido vela.
En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla caldea sin celo,
está la boca fina, rasgada, pura en las luces.
Oh temerosa llave del recinto del fuego.
Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,
mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.

V. Aleixandre


Los corazones recios

Reseña de FRANCISCO J. CASTAÑON en la web TODO LITERATURA


Los corazones recios
 es el título del poemario más reciente del escritor Antonio Daganzo, publicado bajo el sello de Ediciones Vitruvio. Un nuevo libro que viene a consolidar la reconocida trayectoria poética de una de las voces más interesantes y originales de nuestra poesía contemporánea. De esta forma, Los corazones recios se une a libros como Que en limpidez se encuentreMientras viva el dolienteLlamarse por encima de la noche o Juventud todavía. Un elenco de poemarios que han venido recibiendo una excelente acogida por parte del público lector y la crítica.

Dos citas, una de Juan Ramón Jiménez y otra de Jorge Guillén, hacen las veces de pórtico de un libro que comienza con los espléndidos versos del poema Los corazones recios, donde hallamos varias ideas que merecen ser destacadas. Por un lado, estamos ante un canto a la siempre ardua existencia: …‘vivir a sangre limpia y ancha, / ser árbol del valor pese a las ramas muertas, / pese al cuajado viento / de la duda.’ Por otro, desvela una creencia firme en el amor como respuesta vital de esos ‘recios corazones’ de los que ‘la vida se enardece’. Un elevado sentir para afrontar el mundo que nos circunda: ‘Y por amor tan solo / -y por amor tan alto- / vibra este aliento aún.’

Las páginas de este nuevo libro de Daganzo poseen una gran riqueza temática: la búsqueda del ser humano, el misterio de la vida, la recuperación de los ancestros del poeta, el desarraigo de la gran ciudad, el arte, el amor, los ámbitos propicios, el alcance de lo chileno en el devenir del poeta… y la música, sobre todo la música. No debemos olvidar que este escritor, además de poeta y novelista, es musicógrafo y autor del imprescindible ensayo musical Clásicos a contratiempo.

Antonio Daganzo nos convoca así, en el poema Felicidad, a exaltar ese difícil vivir que tiene fecha de caducidad, ‘a la dicha de sabernos efímeros’. También va a hablarnos de sí mismo, visto en el presente desde un ayer cercano: ‘Ved a ese hombre que recuerdo / tan solo entre las gentes, / tan lejos del amor aunque creyese mirarlo / a diez zancadas, /…’. Para anotar más tarde: ‘Ahora ved que soy yo quien ha abierto los ojos,’.

La palabra poética es en estos versos búsqueda y memoria. En este sentido, poemas como Alborada o Castro de Baroña recuperan la ascendencia gallega del poeta. Señas de identidad que Daganzo no desea arrinconar: ‘Raigambre: soy gallego, vuelvo siempre, vivo.’, escribe al principio del poema, y unos versos después continúa: ‘Ancestros, ancestros ya invisibles, vuelvo siempre: / vibra Galicia en mí como alborada’. En el segundo poema, incorpora al discurso poético resonancias aún más lejanas: ‘En mi sueño hay unos celtas aguerridos / que sólo al mar se entregan.’

Por otro lado, la música, como tema y trasfondo, se revela en esta obra como un eje fundamental en torno al cual giran diversos poemas. En el titulado Todavía Chaikovski surge el célebre maestro ruso con su ‘Ortografía del relámpago en lo oscuro’, y en De Francis para Isaac el poeta rinde tributo a ese gran compositor que fue Albéniz, creador para el poeta de ‘la música imposible de mi vida, / la que tú fecundaste en los pianos / y nacerá del aire’.

Entre estos poemas de temática musical destaca Suite ingenua, escrito como homenaje al compositor Antonio José Martínez Palacios, cuya vida pronto se vio truncada durante la Guerra Civil al ser fusilado en octubre de 1936. Una figura fundamental de la música española que Daganzo recupera en este poema, como ha hecho en su reciente artículo El mozo de mulas, por fin: un hito en la recuperación del legado de Antonio José. En el poema dedicado al músico burgalés hallamos dolor en numerosos versos: ‘Amigo, llegan ya, / que han venido a buscarte envidia, infamia y odio / de fácil madrugada,’. Aunque atisbamos un resquicio de esperanza que llega con ‘la danza que suena ágil, / traviesa incluso, / última y breve como el adiós de un pájaro / (…) para encontrar el alba que tú le has entregado, / Antonio invicto’.

La música aparece igualmente en poemas como El director de orquestaMúsica y tacto o Pequeña historia de la palabra y la música, donde podemos leer versos hilvanados con maestría: ‘Canta en la noche ahora la palabra, / cuando todo reposa, / y no cesa su asombro por tan cierta pasión’. Junto a la música hacen también acto de presencia la danza y el baile, ‘cuando la pasión no es fuerza sino música’ (del poema Bailar la noche).

Asimismo, quiero referirme a un sobresaliente poema que tiene un significado primordial en este libro, Panorama del ardor. Quizá esté aquí la esencia de esos corazones recios a los que canta Daganzo, corazones que ‘han aprendido a amar / después de odiar, tras el temer, con el dolor’. Han aprendido a amar, sí, ‘…al límite del verbo, áspero, / mordaz como niebla sin su aire’ o ‘sobre los torpes surcos abiertos por las lágrimas / en el valor de amar’; esos corazones recios que ‘…en derredor admiran / cuanto quema’.

En este poemario tienen su lugar varios poemas donde el poeta evoca su vínculo con Chile. De este modo, en Mañana en Valdivia leemos: ‘Valdivia transigente / mojada hasta las nubes pero fácil, / navegable de vientos saturados al bies.’ Y en el poema Palta reina escribe: ‘Chilena está mi boca de pensarte.’

El libro es, sin duda, una unidad más allá de la variedad de temas que emergen en los diferentes poemas. Sus versos, compuestos con un léxico escogido, poseen el ritmo interno y la musicalidad precisa. Quehacer poético que en ocasiones toma forma desde el propio bagaje cultural del poeta. Una escultura de la artista francesa Camille Claudel, otra del rumano Constantin Brancusi, un cuadro del pintor francés Nicolás Poussin, el personaje Antoine Doinel del cineasta François Truffaut o la Santa Capilla de París son el origen de diversos poemas que leemos con agrado en este libro.

En otra línea diferente, el libro contiene poemas deliciosos como Función de títeres, donde la magia del pequeño teatro para niños y adultos se cuela en versos como ‘Sencillos y joviales, / promesa de la risa con los ojos, / sus días tan veraces de colores sin pausa / precipitan / el sol de la ternura, / que es paz de los ingenios.’

Una cita de Vicente Aleixandre encabeza el último poema de Los corazones recios, titulado La sangre sabia. Un poema excelente. Versos que brotan de lo vivido, para configurar un discurso poético lleno de fuerza expresiva. Versos que conmueven y aportan, como tantos otros en este libro, una idea sobre la existencia que puede sucumbir, como escribe el autor, hasta ‘Vivirme derrotado: / que no hay alternativa para el alma / que vive sin amor / y se cree amante’ o descubrir ‘…la piel del entusiasmo’, cuando se admite el enigma y ‘la imperfección sublime / de sabernos efímeros en el destino vasto’.

A modo de epílogo, los versos finales de este poema y del libro son, en cualquier caso, una promesa colmada de tenaz e inquebrantable aliento: ‘Como un verso a su lumbre / avanzo decidido: / mi recio corazón canta por todos’. Para concluir, cabe apuntar que adentrarnos en estos Corazones recios de Antonio Daganzo supone experimentar una poesía elaborada con brillantez, que mantiene intacta la capacidad de sorprender.

Nota: Enlace de poemas de Antonio Daganzo del Blog de otro gran Poeta David Minayo.


Teoría del cangrejo

La escritura de Julio Cortázar se repliega sobre sí misma, se replantea continuamente,
se corta bruscamente y se pone en duda en este breve relato.

Teoría del cangrejo, un cuento de Julio Cortázar

Habían levantado la casa en el límite de la selva, orientada al sur para evitar que la humedad de los vientos de marzo se sumara al calor que apenas mitigaba la sombra de los árboles.

Cuando Winnie llegaba

Dejó el párrafo en suspenso, apartó la máquina de escribir y encendió la pipa. Winnie. El problema, como siempre, era Winnie. Apenas se ocupaba de ella la fluidez se coagulaba en una especie de

Suspirando, borró en una especie de, porque detestaba las facilidades del idioma, y pensó que ya no podría seguir trabajando hasta después de cenar; pronto llegarían los niños de la escuela y habría que ocuparse de los baños, de prepararles la comida y ayudarlos en sus

¿Por qué en mitad de una enumeración tan sencilla había como un agujero, una imposibilidad de seguir? Le resultaba incomprensible, puesto que había escrito pasajes mucho más arduos que se armaban sin ningún esfuerzo, como si de alguna manera estuvieran ya preparados para incidir en el lenguaje. Por supuesto, en esos casos lo mejor era

Tirando el lápiz, se dijo que todo se volvía demasiado abstracto; los por supuesto y los en esos casos, la vieja tendencia a huir de situaciones definidas. Tenía la impresión de alejarse cada vez más de las fuentes, de organizar puzzles de palabras que a su vez

Cerró bruscamente el cuaderno y salió a la veranda.

Imposible dejar esa palabra, veranda.


Sentir que alguna vez, Cortázar pudiera sufrir estas cosas… y que compartiera la sensación y el sentimiento.

Me ayuda…