MOMA

La colección de este museo, exhibe parte de las obras más famosas de la historia. Una de las características del MoMA es su gran apuesta por el arte estadounidense, ya que en la época en la cual el museo fue inaugurado, ese tipo de pinturas representaban total vanguardia y oposición contra el arte clásico.

Este museo se caracteriza porque además de mostrar cuadros, cuenta con exposiciones de distintas disciplinas: diseño grafico, arquitectura y fotografía. Además cuenta con un conocido restaurante, el “The Modern”, que se especializa en la cocina contemporánea y tiene dos estrellas Michelin.

Unas de sus más grandes atracciones son: el jardín esculturas y la sala de cine. Este es el primer y único museo hasta ahora en considerar los videojuegos como arte, entre estos, los juegos Pac-man y Tetris.


La clave del Ambigú

Incierto, elusivo, evasivo, equívoco, ambivalente, indeciso, enigmático, dudoso, turbio, ambiguo, oscuro, inquietante, mitad higo, mitad pasa, ni carne ni pescado, cogido por los pelos…

Las tres nos miramos con cara de poker cuando a alguien se le ocurrió pronunciar la palabra “Ambigú”. Cualquiera sabía a estas alturas que el vocablo estaba relacionado con “ambiguo; con ambigüedad”, así que durante unos minutos nos divertimos, frente a un vinito blanco y unas patatas fritas, desvariando en torno a su etimología. Después de intentar acertar con el origen, la procedencia y los usos que se le habían atribuído a la palabra en cuestión, decidimos consultar a santawikipedia. Nada más lejos de nuestra percepción como definición de algún lugar “cálido, sugerente, vintage, romántico, incluso como privado, con cortinajes de terciopelo color vino y jarrones de cristal y oro, propicio para el placer y el erotismo…”.

¡Su significado se refería a algo tan prosaico como “comida sobre una mesa”! (Por cierto, cogido por los pelos de la lengua francesa, y para más desilusión, de origen desconocido).

Históricamente, Ambigú se llamaba a las “reposterías” de los salones de Cine y Teatro en los que se tomaba un pequeño refrigerio durante los entreactos o descansos.

Hablando de “reposterías”… En la Francia del rey Luis XVI fue Maria Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, más conocida como María Antonieta y a la sazón esposa del rey, quien con su altanería y sus palabras consiguió levantar al pueblo contra el poder absoluto.

Ella no comprendía el porqué del enfado de su pueblo por no tener pan. “Que coman pasteles”, dicen que dijo…

Artículo de Rosa María Artal

Así, mientras en las tertulias callejeras se comentaba “Pues va la tía y aún dice que comamos pasteles”, los periódicos de la Corte atribuían el disgusto social al catastrofismo sembrado, con muy malas artes, por un grupo radical. Utilizando el catastrofismo, precisamente, como fórmula disuasoria de cualquier cambio inconveniente a sus intereses. Estaban desolados.

Veinte personas de la aristocracia y el comercio poseían tanto dinero como los 14 millones más pobres. Cuesta creerlo, pero así era. En más de 5 millones se cifraban las personas sin trabajo, y lo que costea. 800.000 niños habían entrado en la pobreza desde el aciago día en el que, bajo la excusa de una estrategia a la que llamaron crisis, se habían emprendido “reformas”. Es decir, el eufemismo determinante para quitar de aquí y poner allá, con suma precisión, y aumentar de forma tan insolente la desigualdad.

En poco tiempo el relativo bienestar del que disfrutaba el pueblo se había ido al traste. “Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”, les decían desde la camarilla real y sus extensiones. Por eso, establecieron recargos en farmacia o suprimieron el acceso a la sanidad a una serie de personas, encarecieron el acceso a la enseñanza universitaria, elevaron el coste de poder tener luz, fuego o calor, y de todos los servicios. La precariedad entró en la vida de muchas personas que, aunque tardaron y tragaron lo indecible, terminaron por indignarse. Los voceros de la corte insistían: puro catastrofismo. Suicidio programado. Manipulación de masas de manual, aprendida en lejanas tierras o en los tratados del populismo más atroz, representado por Rousseau, Voltaire y Montesquieu y sus peligrosas ideas.

Arcones en B, nepotismo, condesas diabólicas riéndose de todos, sátiras de látigo y mantilla mintiendo por cada palabra dos veces, el príncipe de los hilillos y los cuentos chinos, el bufón de la tijera, los beatos del rosario y la muerte. Y el empobrecimiento, no llegar a fin de mes, huir, ensombrecer el futuro.

La ira de la turba se plasmó en manifestaciones. Acamparon en la Bastilla, hablando de política, economía o urbanismo. “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas”, coreaban los muy rufianes con profundo afán desestabilizador. La agresividad llegaba ya a su punto culminante cuando se situaban frente a la casa de un desahuciado por el banco y la ley vigente, tratando de impedir el desalojo. ¡Sentados en el suelo!, vulgares sans-culottes. ¡Haciendo cadena humana mano junto a mano! ¿Se ha visto mayor intimidación? La guardia, lógicamente, los freía a palos y multas para que no siguieran perturbando la paz social.

La maquiavélica mente de los violentos ideó nuevas argucias. Distribuyeron entre las élites del país unos salvoconductos ‘black’ con los que podían comprarse desde champagne o caviar a déshabillés de seda, viajar a lugares exóticos, vivir como Luis y María Antonieta, en definitiva. Derechos de clase. Mediante una pistola en el pecho, obligaron a numerosos nobles a robar a manos llenas de las arcas del reino. Por arriba, por abajo, del derecho y del revés. Con bolsas o carros. A todo pasto. Les empujaron a ir a cacerías, en las que se enfrascaban en rituales de sangre, en el juego y el sexo, todo por sacar unas comisiones millonarias que seguían engrosando sus bolsillos.

Los iracundos provocaron –en sutil maldad– que las dos grandes tendencias de la aristocracia se enzarzaran en las Cortes, acusándose mutuamente del descontento popular. El ‘y tú, más’, tan imaginativo y cargante, fue obra de algún populista infiltrado.

Los grandes maleantes que entraban por fin en las mazmorras salían con diligencia. Tres meses, y a la calle. O no llegaban a entrar, fruto de desimputaciones o indultos. Esta argucia –ideada por los antisistema– fue otro de los grandes hallazgos para inducir a la gente a pensar en una justicia de doble rasero.

Porque, en realidad, ¿de qué se quejaba el vulgo?, ¿cómo pudo prestar oídos al catastrofismo de los populistas? Lo peor fue que, en un supremo acto de inmundicia, esta gentuza decidió manifestar su ira en un puro arrebato de cólera ¡concurriendo a las elecciones! Y la plebe escuchó sus cantos de sirena, alejándose del bien que habían disfrutado hasta entonces. ¡Poniendo en peligro el sistema!

Entre desprecios, negaciones y ninguneos, los más clarividentes entre los cortesanos de élite tienden puentes a negociar con las hordas exaltadas dispuestas a votar lo que no deben. ¿Os vais a arriesgar a las incertidumbres que plantean los radicales? No aciertan a comprender que dan mucho más miedo sus certezas.

Maria Antonieta y su marido Luis XVI perdieron la cabeza en su forma más textual y expresiva por no saber bien dónde la tenían. Pasa mucho cuando no se pisa el suelo que transita la gente. El populacho hizo los deberes y acabó con el Antiguo Régimen. Luego –angustiado por la libertad– llamó a un Napoleón a apretar las clavijas, lo que no es nada infrecuente en estos casos. Nada volvió a ser lo mismo, sin embargo. Y así una y otra vez a lo largo de la historia. Los tiranos, déspotas, saqueadores, malnacidos, y su séquito de aduladores y cómplices de hoy, no agradecen lo suficiente que los tiempos hayan cambiado

El artista es creador de belleza. Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte. El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza.

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La palabra Ambigú ha desaparecido de nuestro lenguaje y ha sido sustituida por la palabra francesa “Buffet”, encontrada en textos de principios del siglo XII. Designaba una “mesa”. En castellano encontramos las palabras “Bufé” y “Bufete”, la primera refiriéndose a la comida que se dispone de una vez sobre una mesa, y también a los locales, como estaciones, en los que el viajero puede comer. La segunda corresponde a una “mesa de escribir” y por extensión al “despacho de un abogado”.


Fotografía: todocolección.net

Tamara de Lempicka

 Vista de la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré

Sofisticación, trasgresión y modernidad. Estos son algunos de los rasgos que definen la vida y obra de la artista Tamara de Lempicka (Varsovia, 1898 – Cuernavaca, México, 1980) a la que el Palacio de Gaviria le dedica su primera retrospectiva en Madrid. Una exposición que permanecerá abierta al público hasta el 26 de mayo en la que se podrá disfrutar del más puro estilo art decó. Y es que la selección está integrada por 200 piezas de distintos soportes y formatos, que tienen como objetivo ambientar el modo de vida de la que es considerada “la reina” de este movimiento. Encontramos así lujosos vestidos de sastrería italiana, entre ellos el diseñado por Elsa Schiaparelli que tanto adoraba la artista. También mobiliario de finales de los años 20 y 30, como la librería de brezo, con incrustaciones de arce y peltre, creada por Gio Ponti y Emilio Lancia o piezas de cerámica de la época, como el jarrón craquelado del famoso ceramista francés René Buthaud.

La vida de Lempicka comenzó en el seno de una familia adinerada rusa bajo el nombre de Tamara Rosalia Gurwik-Gorska. Tanto su fecha como su lugar de nacimiento continúan siendo a día de hoy un misterio. Algunos expertos sostienen que nació en Moscú y otros en Varsovia. El año oscila entre 1895 y 1898. En esta exposición, se toma como punto de partida Varsovia, 1898. A lo largo de su infancia y adolescencia vivió en distintos puntos de Rusia, Polonia, Suiza e Italia, donde dio clases de idiomas y comenzó a manifestar su interés por el arte. En 1916, se casará en San Petersburgo con su primer marido Tadausz Lempicki, del que tomó su apellido, y con el que tuvo una hija pocos meses después. Sin embargo, se verán obligados a abandonar el país y a exiliarse en París dos años después debido al convulso periodo político. El triunfo de la Revolución en 1917, que obligó al zar Nicolás II a abdicar, supuso la caída del Imperio ruso. A finales de ese mismo año los bolcheviques tomaron el mando y arrestaron a su marido. Por suerte, Lempicka logró liberarlo y huyeron a París, como muchos otros miembros de la aristocracia rusa.

Aunque sus inicios en la capital francesa no fueron fáciles, Lempicka no tardará en consolidarse como artista. Inspirada por la efervescencia creativa de la atmósfera parisina, comenzó a tomar clases de pintura. En 1922, logró exponer por primera vez en el Salon d’Automne. A partir de entonces su éxito creció como la espuma y en poco tiempo se convirtió en una mujer muy adinerada. Su nombre era sinónimo de modernidad y glamour y era muy popular en los círculos intelectuales y artísticos en los que se reunía con personajes como Jean Cocteau, Isadora Duncan, Colette o James Joyce. Sus pinturas estaban de moda y sus personajes “a la moda”. A lo largo de las obras de esta exposición veremos la predilección de Lempicka por los sombreros. De hecho, en 1921 publicó en dos revistas de moda L’Illustration des Modes y Femina sus ilustraciones de distintos diseños de sombreros. Poco tiempo después, en 1925, se celebró en París la Exposición Internacional de las Artes Decorativas, donde el reconocimiento del art decó adquirió su expansión a nivel internacional y se convirtió en referente de la modernidad, la decoración y el buen gusto.

El talento de Lempicka no solo estaba en su capacidad para pintar, sino en el modo de seducir con su personalidad. Sus gestos, su contoneo al andar y su modo de hablar, la convirtieron en toda una diva. Pintó tanto a miembros de la realeza (en la muestra hay un pequeño retrato del rey Alfonso XIII, recién descubierto) y la nobleza, como a científicos e intelectuales y también a personas de las clases bajas, como inmigrantes y prostitutas. Además, se puede apreciar en sus pinturas más transgresoras su abierta bisexualidad, en una sección dedicada exclusivamente a “las amazonas”, como se designaba a principios del siglo XX a las mujeres homosexuales. Una de las obras destacadas de este contexto es El doble “47” (c.1924), en el que se ve a dos garçonnes -mujeres lesbianas que vestían de manera masculina- en la entrada de una maison “solo para mujeres”. Este revolucionario y moderno estilo de vida se reflejaba también en el diseño de su propia casa-estudio en el barrio de Montparnasse (en el número 7 de la rue Méchain), que compró en 1930 tras separarse de su marido. El arquitecto fue Robert Mallet-Stevens y la que se encargó del diseño de los espacios interiores fue Adrienne Gorska, hermana de Lempicka y la primera polaca arquitecta, que fue pionera en realizar proyectos para las salas de cine, sobre todo de los Cinéac de París y de toda Francia.

Sin embargo, aunque la pintura de Lempicka derrochaba modernidad, ella nunca renunció a estudiar las obras de los grandes maestros de los siglos anteriores. En una de las salas, se pueden contemplar obras que están inspiradas en las de artistas del Renacimiento italiano como Botticelli, Miguel Ángel o Bernini, o en reconocidos autores del barroco neerlandés como Vermeer, o del romanticismo italiano como Hayez, entre otros. También manifestará su admiración por El Greco y Goya tras ver sus obras en los museos españoles cuando visitó, en el año 1932, las ciudades de Madrid, Toledo, Sevilla, Málaga y Córdoba. La artista mostraría también interés por realizar bodegones de flores y frutas en varios momentos de su carrera. En la muestra encontramos algunos ejemplos que datan de principios de los años 20 y otros de finales de la década de los 40. Sobrios, de vivos colores y pintados con gran virtuosismo.

En la década de los treinta, Lempicka se volvió a casar, esta vez con el barón Raoul Kuffer. Sin embargo, la artista tuvo que huir de nuevo pocos años después de casarse, en esta ocasión, debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. La pareja se mudó a Estados Unidos, ni más ni menos que a Beverly Hills (en la que fue la casa del famoso director de cine King Vidor). En 1941, la artista expuso por todo lo alto en las galerías de Julien Levy -quien también trabajó con Salvador Dalí- con sede en Nueva York y los Ángeles y también en las Courvoisier Galleries. Durante su etapa en Norteamérica, Lempicka expresó su interés en realizar una exposición de pinturas de manos, inspirada en las imágenes de finales de los años 20 que publicaron fotógrafos como André Kertész y François Kollar o la fotógrafa Laure Albin Guillot, algunas de las cuales están presentes en esta retrospectiva. Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial el matrimonio volvió a mudarse a París y Lempicka reabrió su casa-estudio en la rue Méchain. Durante los siguientes años la popularidad de Lempicka iría disminuyendo aunque volvió a resurgir cuando el Museo de las Artes Decorativas de París organizó, en 1966, la exposición Les Années 25, que conmemoraba aquellos locos años 20.

El broche final de esta muestra es la sección titulada Las visiones amorosas en la que se encuentran, entre otras, las pinturas de Lempicka protagonizadas por mujeres con las que mantuvo un romance o aquellas que reflejan amor entre mujeres. Dos ejemplos son, el erótico desnudo La bella Rafaëla (1927), o  Las muchachas (c.1930) donde unas jóvenes se abrazan sugerentes delante de los rascacielos de Nueva York. En la última parte de su vida y después de la muerte de su marido en los años 60, Lempicka abandonó París. Fue a vivir una temporada a Houston para estar más cerca de su hija, pero finalmente terminó mudándose a México, país en el que vivió hasta el fin de sus días en la casa “Tres Bambús” ubicada en Cuernavaca. Una apasionante vida contada a través de una exposición que, sin duda, hay que ver con calma para poder disfrutar de la gran variedad de obras -a las que hay que añadir documentos en vídeos y fantásticas fotografías de gran tamaño- que reviven el mundo de la “Reina del Art Decó”.

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Vista de la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré
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Vista de uno de los vestidos de Elsa Schiaparelli en la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré
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Vista de la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré
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Tamara de Lempicka, El doble “47” (c.1924) © Marina Fertré
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Vista de la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré
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Vista de la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré
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Tamara de Lempicka en su casa-estudio en el número 7 de la rue Méchain © Marina Fertré
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Vista de la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré
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Tamara de Lempicka, La bella Rafaëla (1927) © Marina Fertré
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Tamara de Lempicka, Las muchachas (c.1930) © Marina Fertré
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Vista de la exposición de Tamara de Lempicka en el Palacio de Gaviria © Marina Fertré

COMISARIA: GIOIA MORI


Permanencia


Por el mundo de Chillida, como si estuviera en otra vida.


La hierba luminosa deja crecer el aliento de otros seres,
árboles, flores silvestres, pájaros, nosotros…

Silencio
miradas detenidas
palabras calladas
lenguaje único
una paz atmosférica alcanzando el cielo.

La piedra del camino,
el cuerpo quieto
y el corazón ambulante
que busca una salida,
grietas…
al abrazo de otra piedra.

¿Qué significa una grieta?
¿Tendrán alma las piedras?

Desciendo hasta el fondo de los años
en ilusión de permanencia…

@mjberistain

El Pórtico de Gloria

Gracias a mi amiga Marian E. quien me ha cedido estas imágenes una vez restauradas.

El Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela es un pórtico de estilo románico realizado por el maestro Mateo y sus colaboradores (su obradoiro o taller) por encargo del rey de León Fernando II, quien donó a tal efecto cien maravedíes anuales,1​ entre 1168 y 1188, última fecha que consta inscrita en la piedra como indicativa de su finalización.

Después de comenzar los trabajos del Pórtico, su taller terminó las naves de la Catedral teniendo para ello que construir una novedosa cripta para salvar el desnivel entre las naves y el terreno de alrededor.

El 1 de abril de 1188 se colocaron los dinteles del Pórtico y la conclusión del conjunto se demoró hasta el año 1211, en el que se consagró el templo con la presencia del rey Alfonso IX.

Ver más información en: https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-catedral-de-santiago_7200/2


La espera del marinero

Comparto este bellísimo texto del Blog de Javier analizando la pintura de Berrueta. Gracias por acercarnos a la ría del Bidasoa con esa forma tuya de ver.

Berrueta pinta “La espera del marinero” (1901), cuadro en que una madre con sus hijos, a la orilla del mar, aguarda el regreso de su marido “arrantzale”. La prolongada separación del ser querido se acentúa por medio de una cuidadosa planificación con intención de reforzar la sensación de alejamiento. En la orilla del río -parece […]

a través de la espera del marinero (Berrueta, 1901) — blocdejavier


Mavi

Mavi es escultora y una gran amiga.

Llegué justo el día en el que inauguraba su exposición. Sin avisar. Hacía muchos meses que no nos veíamos pero nos ocurre que aunque pase tiempo sin vernos una gran alegría íntima aflora y seguimos la conversación como si hubiera sido ayer el último día que nos vimos.

 

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Su lenguaje no son las manos que modelan la tierra con mimo de madre, sus figuras fundamentalmente femeninas despiertan emociones desde el fondo de sus párpados a veces vacíos, a veces cerrados. 

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Su lenguaje brota de su interior donde conviven la fuerza de su carácter, de su trabajo, con una ternura generosa que es ella misma y que sabe transmitirla a través de sus barros y de sus bronces.

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