Saint Malo

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Leyendo el libro de Anthony Doerr, titulado “La luz que no puedes ver”, me encuentro transitando por este precioso pueblo de la costa francesa en la región de Bretaña. Lo incluyo aquí porque será parada obligada de nuestro próximo viaje hacia el Norte.

Transcribo datos encontrados en la Red, que espero completar próximamente con mis propias fotografías.

Saint-Malo es la joya de la Costa Esmeralda Francesa

Situado en Bretaña, en la costa Esmeralda, Saint-Malo, puerto dotado de una historia tan milenaria como deslumbrante, se ha convertido hoy en una estación balnearia, muy apreciada por el grandioso espectáculo de sus grandes mareas, sus carreras náuticas y sus eventos culturales.

Joya de la preciosa costa Esmeralda, ciudad de corsarios, negociantes y grandes hombres, Saint-Malo inspira el romanticismo. Las mareas de su bahía, de las más importantes de Europa, imponen sueños (¡Y prudencia!) al paseante.
Grandes acontecimientos deportivos y culturales

Saint-Malo, “villa de corsarios”

La silueta legendaria de la ciudadela, con sus murallas y sus calles estrechas, ha resurgido con su reconstrucción, tras la Segunda Guerra Mundial. Saint-Malo es una de las mayores zonas turísticas de Bretaña y el primer puerto de su costa norte.

En la Edad Media, la villa se situaba en la frontera del ducado de Bretaña y del Reino de Francia. Para proteger sus actividades mercantiles, Saint-Malo se convierte en la época moderna, en la villa de los “corsarios”. Estos grandes marinos exploran nuevas rutas marítimas, y la ciudad aprovecha el descubrimiento de las Américas. Los armadores se hacen construir bellas residencias, las “malouinières”. Tras la fundación de la Compañía de las Indias, en 1664, los navíos de los mercantes malouinos acompañan la Real y llevan a cabo grandes expediciones por los mares del Sur. Protegida por sus murallas, reconstruidas por Vauban, acabadas en 1737, la villa sigue siendo inexpugnable.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en agosto de 1944, tras el incesante bombardeo, la ciudad fue reducida a cenizas. La ciudad cercada actual, procedente de la reconstrucción, cumple el plano original y el espíritu de la antigua villa.

Lugares importantes y grandes hombres

De su glorioso pasado, Saint-Malo conserva numerosos monumentos históricos y edificios clasificados, en mayoría reconstruidos. Entre los más visitados, la catedral San Vicente, el Castillo Ducal, las Murallas de la ciudad cercada, el Fuerte Nacional, el Fuerte del Petit Bê, la tumba de Chateaubriand, la torre Solidor, los muros galorromanos de Aleth, las rocas de Rothéneuf…

La riqueza de los negociantes se observa en las construcciones que han dejado. Aunque las casas con entramado de madera y vidrieras pintadas, que parecen castillos de popa de navíos, han casi todas desaparecido (La Casa de los Poetas y de los Escritores), las antiguas construcciones en piedra son todavía lo bastante numerosas, como para testificar de lo que fue la riqueza de la ciudad (La Mansión de Asfeld).

Entre las numerosas personalidades malouinas, mencionemos Jacques Cartier (1491-1557), descubridor y explorador de Canadá (Nueva Francia), René Duguay-Trouin1673-1736), corsario, teniente general de Marina bajo Luís XIV, Bertrand-François Mahé de La Bourdonnais (1699-1753), navegador y administrador de las islas Mascareñas, François-René de Chateaubriand (1768-1848), escritor, diplomático, Robert Surcouf (1773-1827), corsario …

Las mayores mareas de Europa
La bahía de Saint-Malo recibe las mayores mareas de Europa, en primavera y en otoño. Atraen a muchos visitantes que acuden para admirar un espectáculo inolvidable. La presencia del Gulf Stream, en la costa malouina, permite a la ciudad disfrutar de un clima oceánico templado, con bajas amplitudes de temperaturas. Gaviotas marinas, cormoranes moñudos, grandes cormoranes, correlimos oscuros, vuelvepiedras… numerosas especies ornitológicas raras pueblan la costa malouina. Su flora cuenta con 81 especies de plantas, incluidas 60 protegidas.
La fachada marítima de Saint-Malo, de unos diez kilómetros de largo, está formada por una serie de rocas entrecortadas de playas de arena fina (du Bon secours (del Buen socorro), del Môle (Malecón), de l’Eventail (del Abanico)…), para el placer de los turistas. Un sendero de gran recorrido (GR34) – antiguo camino de los aduaneros, creado a partir de 1791 para luchar contra el contrabando – bordea la ciudad. Permite a los senderistas y a los simples paseantes recorrer la costa, disfrutar del aire puro, del rocío de las olas, de los juegos de luces, de los reflejos del sol en el agua…

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