Amsterdam

 

Cuando asomé la nariz por la boca del metro recibí un bofetón directo al corazón de mis ideales. No podía ser… me había equivocado de destino. Quise retroceder, deseé que me tragara la tierra, que me engullera de nuevo la boca del metro. Deseaba volver a ese estado de ensoñación de donde me habían sacado violentamente aquella mañana.

Era sábado, era verano, la fiebre me subía por momentos mientras trataba de esquivar las bicicletas, los coches, los tranvias, la gente que se cruzaban en mi camino ciñéndose a mí, y ocupando mi parcela de espacio vital. No quería pisar las líneas de los tranvías que dibujaban un laberinto como una especie de cepo férreo a mis pies. Justo me daba para sonreir al conductor cuando sentía que me salvaba la vida con cara de conmiseración parado a unos centímetros de mí.

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Estaba aturdida y mirar alrededor me producía una sensación de movimiento permanente en todo, de indefensión, incluso pensaba que las casas se me iban a caer encima.  Más tarde me dieron la explicación y no era una broma: decían que ellas bailaban.

Todas las edificaciones de la parte antigua de la ciudad tienen una especie de tirantes negros, perfectamente visibles en las fachadas, que tratan de evitar que se resquebrajen por culpa de la humedad y del tiempo; así que en su día los holandeses, que son muy prácticos, decidieron que, si se tenían que mover, que se movieran  en bloque…

Pero la sensación de movimiento se nota especialmente en la inclinación hacia adelante de las fachadas. Antiguamente los mercaderes tratando de evitar que la humedad y las ratas descompusieran sus negocios, utilizaban la parte alta de los edificios para almacenar sus productos. La estrechez de los edificios, debido a la escasez de terreno, hizo necesario instalar un gancho que soportaba unas poleas con las que se pudieran elevar las mercancías por el exterior e introducirlas a través de las ventanas. Evitar el posible deterioro por golpes contra las paredes les llevó a  modificar la estructura de los edificios…

En este pais el agua es un gran protagonista. -Otro serán los diques, otro las bicicletas-. En su capital, Amsterdam, hay más de cien kilómetros de canales y alrededor de mil quinientos puentes.

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Heineken images

Agua, agua, agua…

y como el vino era tan caro…

los holandeses decidieron

en 1873 fabricar cerveza.


Amsterdam tiene una población de ochocientos mil habitantes. En ella conviven gente de 180 países… Tolerancia y Libertad son sus señas de identidad, aunque deben de tener en cuenta ciertas leyes: Las drogas son ilegales en Holanda, sin embargo el gobierno diseñó una política por la que bajo medidas estrictas es posible su venta y consumo. Los coffee chops son los establecimientos autorizados a suministrar drogas blandas en cantidades controladas y con algunas excepciones. Sin embargo no está permitido beber alcohol en la vía pública. Piensan que es preferible tener gente fumada en las calles que sufrir los efectos, a veces violentos, de la gente bebida. Por otra parte en Holanda está legalizada y regulada la prostitución que interviene en la vida de la ciudad como una actividad económica más. Como en muchas otras ciudades del mundo la inmigración de determinados grupos, lejos de integrarse, se hace sentir en guettos a las afueras de la ciudad.

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En este punto debo de reconocer que al tercer día me enamoré de la ciudad. Una persona muy querida solía recordarme el conocido refrán: “allá donde fueres, haz lo que vieres…”.  Recordándola  encontré el encanto y la magia que buscaba…

 

En tumbarme en el césped de los jardines y parques junto a cientos de personas de todas las razas del mundo.

En disfrutar de comer sus platos típicos, en beber de su cerveza en grandes dosis para aliviarme del cansancio y del calor.

En observar de cerca la obra de Van Gogh con su febril pincelada, o la oscura belleza en los cuadros de Rembrandt y la luz y la fuerza en las obras de Vermeer.

En dejarme cegar por las ciento veintiuna caras de la talla de diamantes que nunca llegaré a comprar.

En pasear en bicicleta por el caótico centro de la ciudad y conseguir mantener la figura sin perder el control.

Y en aspirar placenteramente y sin pudor los aromas de la droga que se mezclaban en el aire de la libertad…

 

Compré algunos recuerdos en un bazar donde Marta, una chica española, concretamente de Granada, trabajaba desde hacía seis meses. Había estudiado Económicas y había hecho un Master en comercio exterior. Como muchos otros inmigrantes esperaba poder integrarse en una sociedad abierta y plural, con importantes beneficios sociales para sus habitantes, y con posibilidades de trabajo reales, porque Holanda de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, está considerada regularmente entre los diez países más felices del mundo.


 

12 COMENTARIOS EN “EL TERCER DÍA ME ENAMORÉ”

  1. Magnífica entrada. Me quedo con dos cosas: por un lado la referencia a esos tres monstruos sagrados que son van Gogh, Rembrandt y Vermeer; aunque sé que no siempre podemos meternos en un museo cuando visitamos ciertos sitios (en mi viaje a New York tuve que dejar pasar el MoMa, entre otros) ya que los tiempos a veces así lo exigen, pero por otro lado ¿Quién dice que un Vermeer es menos digno de ser visto que un monumento o que un pasaje, por más bonito que éste sea? El segundo punto es la de las fotografías de personas, cosa que me encanta hacer pero la que a veces resulta delicado de llevar a cabo.

    Abrazo.

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    • Realmente delicado pero mi experiencia es buenísima. Con un gesto, o una palabra, consigues la complicidad del modelo elegido. Recuerdo a un lector sentado en la ventana de un primer piso con los pies colgando hacia el vacío, en pantalón corto (verano en Utrech (Holanda). Le hice un gesto con mi nikon y sonrió ampliamente… salió una foto especial. Él siguió leyendo muy serio hasta que le hice una señal de agradecimiento. Son momentos de magia con la gente…

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  2. Cada ciudad, cada pueblo, ha dejado la memoria de su pasado como en un aura electromagnética.
    Se aspira con los ojos, con la piel, con los oidos y , obviamente por los pulmones, el higado y ,probablemente tambión. por el bazo. Vivo enamorado de cada Casco Histórico de cada sitio que
    he visitado (pocos) pero suficientes comopara respirar Holanda, esa tierra baja, a traves de tu escrito..

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    • “Cada ciudad, cada pueblo, ha dejado la memoria de su pasado como en un aura electromagnética”… que seduce entre las luces y sombras de su historia. Europa entera está plagada de esos pequeños rincones por los que merece la pena perderse a cámara lenta… Un abrazo Vicente, gracias por leerme.

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  3. El hijo de mi pareja es arquitecto (acabando proyecto) y estuvo hace poco en Holanda, a lo suyo, y también flipó. Espero que dure mucho esa libertad, pero pintan bastos. Muy buena entrada, María Jesús.

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    • Menos mal que no soy la única… Holanda también son sus diques, impresionantes obras de ingeniería hidráulica por los alrededores de Roterdam, en ello estamos estos días, impresionante!!! Gracias por tu comentario, un abrazo Icástico

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