Sombra

«…Cuando llegue el otoño, con rescate y silencio,
tú no marchitarás…»
Claudio Rodríguez


«Sombra de la amapola»

ANTES de que la luz llegue a su ansia
muy de mañana,
de que el pétalo se haga
voz de niñez,
vivo tu sombra alzada y sorprendida
de humildad, nunca oscura,
con sal y azúcar,
con su trino hacia el cielo,
herida y conmovida a ras de tierra.

Junto a la hierbabuena,
este pequeño nido
que está temblando, que está acariciando
el campo, dentro casi
del surco,
amapola sin humo,
tú, con tu sombra, sin desesperanza,
estás acompañando
mi olvido sin semilla.
Te estoy acompañando.
No estás sola.

Claudio Rodríguez
Fotografía @mjberistain


Anoche

Vuelves a entrar en mi sueño, no tienes piedad, son las tres de la mañana.

Las sirenas suelen anunciar los peores presagios a esa hora, a las tres de la mañana, y hasta mis delirios llegan los golpes de luz y el eco de las bombas que movilizan los flujos de mi cerebro cuando no puedo dormir.

Sin embargo, hoy presiento que eres tú y no temo. Abro de par en par las ventanas para que entres y te acomodes entre mis somnolientas neuronas. Me concentro para vivir un silencio elocuente, sé que es donde mejor te expresas, con esos ojos negros de mirada profunda, inquietante —diría que inquisidora— si no fuera por la inteligencia y la ternura con la que me regalas cada vez que apareces en mi vida.

Te dejo hacer… Siento cómo tensas algunas de las finas líneas que se entrecruzan en el espacio intra-sideral que te reservo, yo no quería pensar esta noche. Acepto fluir en tu presencia mientras trasteas entre ellas, mis neuronas, organizándote un hueco confortable, librando algunas batallas con mis nudos aquí y allá, salvando las minúsculas distancias que el tiempo impone y borrando algunos flecos que mi impericia suele dejar sueltos.

Y, me doy cuenta de que, poco a poco, descubres que algo tuyo sigue estando ahí. Y no me trastorna. Siempre te he dicho que soy fiel y, como vulgarmente se dice «dura de mollera», que no es fácil que aparte de mi vida a las personas a las que amo.

Pero esta noche no, esta noche en la que el poder de la ignominia hace temblar los cimientos del mundo, esta noche no, no me castigues más.

Encontrarás agujeros negros entre la maraña de líneas envejecidas que hoy pueblan mi cerebro. Sabes que el olvido puede hacer estragos porque no se puede corregir. Así que, si todavía tus ojos siguen iluminando, aunque sea débilmente, esta noche de extravío, permíteme que te sueñe desde la locura de los latidos que inquietaron con destellos inmortales lo que la vida convirtió en recuerdos.

Compréndeme, tú sabes hacerlo.

Y no dudes de que en su fondo sigue existiendo una silla vacía esperando su renacimiento…


Texto y Fotografía @mjberistain

A tientas

A tientas la vida
de la mano de la muerte,

Una niña bebe agua de un charco
nieva sangre sobre sus ojos.

La tierra se descompone
entre el lodo y el odio
porque hay dioses menores
con alas de hierro
asestando golpes de luz
por los parques vacíos.

¿También los dioses derrotados
sentirán miedo a la hora de morir?

—me pregunta—

¡Qué triste sentir misericordia
mirando a una niña a los ojos!

Sonrío llorando en silencio…

Confío en que veamos cruzar los ríos y los mares del mundo a los dioses menores derrotados
con sus lóbregas sombras, alargadas, contemplando cabizbajos su propia nada.


Fotografía @mjberistain
Texto inspirado en el libro Los dioses derrotados de Pedro J. De la Peña



Cicatrices

Un olor denso,
dulce, de flores marchitas,
y madera, y humo, y sombra, y melancolía

José Hierro

Lo veía llegar
su sombra le precedía
hombre de suaves navajas y sucias
abarkas, no reparó en su mirada,
el sol de la tarde deslumbraba.

Hombre de silenciosa presencia
y joven corazón cansado,
¿a dónde iría que ella no supiera?
No era tiempo de marchar
ni de abandonar los huertos
donde temblaban historias
entre bellísimas flores marchitas.

Un día él dijo:

El tiempo no pone ni quita razones.
El tiempo todo lo cura; el tiempo cicatriza.

Y escribió en un pequeño papel de seda:

«Caerán las tristezas
como fértiles cortezas del árbol de tu vida
y habrá siluetas nuevas —regalos al paisaje—
y alegres golondrinas
…»

Ella se sentó a esperar mientras amaba,
un viento helador acechaba por las esquinas
y no hallaba suficiente lluvia
para lavar del amor la mortal esencia.

Se sentó a esperar.

Bajo su almohada un olor denso, dulce
de la última rosa marchita,
y madera, y humo, y sombra, y melancolía*

Imagen mjberistain y mjcueli
* Los versos en cursiva son de P.A. y José Hierro



Frente a mi reflejo

El sol es débil, la razón no importa
y yo me acercaré despacio hasta las sábanas.

Evitando el te quiero,
en la confusa lucidez del alba
dejaremos la noche,
igual que un barco deja a sus espaldas,
como una huella inmensa, todo el mar.

Y mientras nos besamos,
recordaré sin duda
otros amaneceres en el agua,
mirando frente a frente mi reflejo,
con el mismo temor a sumergirme…

(extracto) Luis García Montero


Alas para un sueño

Por caminos de kilómetros sin cruces,
alas para un sueño,
allí te encuentro.

Sé que me esperabas,
porque vuelves
con tu brillo de primavera sin lluvia,

Sé que me esperabas
porque vuelves a mí
hasta en la inhabitable sequía…

@mjberistain


GALLOCANTA

Lo que yo vi de La Grulla Común a su paso por la Laguna de Gallocanta

A 1.000 metros de altitud, en un altiplano entre las provincias de Teruel y Zaragoza se encuentra la mayor laguna de agua salada —endorreica— de Europa, esto quiere decir que no tiene salida a ningún rio o mar. Aquí conviven más de doscientos tipos diferentes de aves, pero las más emblemáticas son las Grullas.

Era la primera vez que iba a fotografiar «aves». Había dos momentos en el día que las Grullas se mostraban más accesibles para los fotógrafos. El amanecer y el atardecer. Una vez parapetados tras algún árbol o caseta de campo para no molestar a las aves, era preciso no moverse y, por supuesto, estar en silencio. De otro modo las grullas echarían a volar o cambiarían la dirección de su vuelo, alejándose de nosotros.

Tengo que decir que a mí se me hizo realmente difícil conseguir un buen enfoque de las aves a pesar del trípode.

Así es que, después de levantarme durante tres días a las seis de la mañana, disfrutaba durante las horas intermedias tomando algunas fotografías de paisaje y algunos detalles.

Campos recién sembrados y otros en los que ya verdeaba el cereal hacían de los alrededores de La Laguna de Gallocanta una gran extensión de fuertes contrastes.

Ermita Nuestra Señora la Virgen de los Olmos
Castillo de Berrrueco
Amanece en La Laguna

El viaje fue organizado por ASAFONA, Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza.
Desde aquí mi agradecimiento al grupo de amigos por su simpatía y la ayuda que me ofrecieron.

Ver: Presentación en PDF


Ucrania

Viernes de lluvia,
se marcharán las grullas
con el invierno.

La tierra tiembla.
Rumores y silencios
Ucrania llora.

Se incendia el aire,
adentro de las noches
la luz se muere.


@mjberistain

La invasión rusa BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

¡ Buenos días, lectores! Siento saludaros así, pero hoy es un día triste para Europa: la invasión rusa de Ucrania está firmada. ¿Habéis leído El maestro Juan Martínez que estaba allí, del gran Chaves Nogales? Grandísima novela. Y allí era en Ucrania, donde la hambruna causada por Stalin y la guerra civil rusa dejó millones de muertos en un país rico en cereales maltratado a ratos por la historia. Esta parece repetirse hoy de la mano de Putin, que tras un discurso nostálgico del imperio soviético anunció anoche el reconocimiento de las regiones separatistas orientales y el envío inminente de tropas. Para el “mantenimiento de la paz”, dice. La guerra en realidad empezó en Donetsk y Lugansk hace ocho años y ha causado 14.000 muertos. Estaba soterrada, protagonizada teóricamente por “separatistas prorrusos” pero apoyada, si no instigada, por el Kremlin. Hoy ya estamos ante la invasión abierta pese a las presiones de una Unión Europea cuya amenaza de sanciones no amedrenta a Putin y un Joe Biden que no podremos decir que no haya avisado. ANDREY BASEVICH (AP)Parafraseando a Nogales, nuestra corresponsal, María R. Sahuquillo también está allí y nos describe los hogares maltratados por estos años de guerra. Su crónica pone en valor el periodismo. Su predecesora durante décadas, Pilar Bonet, escribe este análisis con las claves de este nuevo desafío: Putin se adentra en el peor escenario. Y el editorial nos recuerda que no solo está en juego la vida en Ucrania, sino el orden del mundo. Lo dicho: un día triste para Ucrania, para Europa y para la propia Rusia, que en lugar de avanzar hacia la democratización lo hace hacia el repliegue nacionalista y agresivo que bien conocí en mis años de corresponsal.

Garrapiñadas

Llevaba tiempo deseando tener unos cuantos días libres para perderme por las rutas de los frutales en flor que pueden contemplarse en esta época por nuestra geografía; Cerezos en la zona de Extremadura, Almendros en Tenerife y Aragón o en la zona del Mediterraneo… Maquiné un plan que parecía perfecto. Estaba siendo un final de invierno infernal. Habían llegado tarde, pero con fuerza los vientos de más de cien kilómetros por hora, la lluvia arreciando sin compasión y anegando paisajes que hasta entonces eran de puro secano, y nieve; nieve deseada pero que atrapaba con su bellísimo manto blanco cualquier tipo de tráfico -animal o humano- a pie o por medio de cualquier artilugio mecánico de transporte conocido tipo tren, coche, camión o avión. De verdad que yo andaba necesitada de huir del gris oscuro que envolvía con saña mi cuerpo y mi espíritu.

Optamos por la zona de Levante por cercanía y por asegurarnos un poco de sol y temperaturas amigables para poder disfrutar del bellísimo paisaje de la «floración» en estas fechas. Todo encajaba.

«La producción del almendro en España se concentra en las comunidades del litoral mediterráneo. Es el segundo país productor mundial de almendra después de Estados Unidos. El almendro es un árbol muy robusto y de larga vida, que en la cuenca mediterránea puede vivir entre sesenta y ochenta años, incluso hasta un siglo. Es, junto al olivo, uno de los principales árboles cultivados con fin industrial en el litoral mediterráneo. Ambos toleran climas extremos de inviernos húmedos y veranos calurosos y requieren terrenos pobres. Actualmente se cultivan más de cien variedades debido a la gran riqueza genética, pero existen cinco tipos comerciales definidos y seleccionados entre las variedades de mayor calidad, que son Marcona, Largueta, Planeta, Comunas o Valencias y Mallorca.»

Llegamos tarde. La floración se había adelantado debido a la rara climatología de este año y los árboles se estaban cargando ya de almendras. Había una gran preocupación en la zona porque se esperaba frío y ello podría arruinar el fruto. ¡Nuestro gozo en un pozo!, Recorrimos los valles por sinuosas carreteras, esta vez con una belleza diferente a la que esperábamos, pero el sol y la vista del mar en el horizonte aliviaron nuestra desilusión.

¡Pues… compraríamos almendras!

Encontramos en Guadalest —un pueblo caprichoso encaramado en la sierra como una gran ventana al mediterráneo—, una tienda de productos de la zona.

Allí nos explicaron que la producción de los almendros se vendía íntegramente a la Cooperativa pero que, con suerte, podríamos encontrar algún vecino que quisiera vendernos almendra natural -con cáscara- a «dos coma cinco euros el kilo» aproximadamente (que era el precio de venta al por mayor). El amable dueño de la tienda, propietario también de algunas de las parcelas de almendros de la zona, al que compramos pasta de almendras para postres y otros usos, en su ánimo de aliviar nuestro desconcierto nos ofreció unas pequeñas bolsitas de plástico transparente con unos cuantos gramos de almendras garrapiñadas.

¡Garrapiñadas!

No puedo acordarme de cuándo fue la última vez que comí garrapiñadas, pero debió de ser en el parque de atracciones de Igueldo cuando todavía era una niña.

Tuve que conformarme con hacer algunas fotografías de almendros y cerezos por los alrededores, de camino a casa, cuando volvíamos de viaje, mientras mordisqueaba garrapiñadas que todavía me quedaban por los bolsillos.

Texto y fotografía@mjberistain


Máquinas de Museo

¿Qué hace una chica como yo en un sitio como éste?

La elección fue mía pensando en que le iba a hacer mucha ilusión a él perderse un rato entre todo aquel maremágnum de máquinas de museo. -Tengo que decir que es un apasionado de las motos-. Se trataba de una exposición de motocicletas que un paisano del pueblo había ido acumulando durante su vida y las presentaba en una nave industrial -convertida su pasión actualmente en espacio turístico al que había incorporado un restaurante y una pequeña tienda de complementos para motos.

Aparatos con fechas de fabricación desde 1912 -hacinadas- ocupaban, llenando de color, el amplio espacio perfectamente iluminado, añadido a la luz natural que entraba por algunas ventanas orientadas al valle.

Yo atendía con cara de interés a las minuciosas explicaciones de carácter histórico y técnico sobre aquellas motos, aunque reconozco aquí que no entendía casi nada, lo único que me animaba a escuchar era ver la ilusión en sus ojos cuando desmenuzaba mentalmente cada una de aquellas máquinas. Me quedé con nombres de algunas que había tenido: BMW R75/5 Africa Corps -según dijo, la mejor de todas las épocas por las innovaciones que aportó-, Ducati 250 24h Lemans, Osa 250 Mc Andrews (réplica), Montesa Brio 110, Vespa 150 del año 52. Allí estaba la primera minimoto fabricada en 1967 como capricho urbano, una Ducatti a la que llamaron «minimarcelino». Terminamos hablando de las Harley Davisson, de la Fat Boy o de la 1200 Heritage Softail Classic que, aunque no tenían representación en esta exposición, fueron las últimas de las que nosotros, él y yo habíamos disfrutado juntos.

Terniné encontrando mi lugar; había belleza en aquel templo. Chatarra que en algún tiempo había sido puro lujo. Y fuí enfocando, por aquí y por allá, aquellas joyas de hierro, cables  y tornillos  que hoy he clasificado como una colección de cromos de color.

Hasta que en el último rincón encontré esta maravilla…

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@mjberistain


Publicado originalmente en marzo 2016

Helado de lágrimas

Del Blog TRIANARTS hoy tomo prestado este delicioso poema del autor Jóse A. Ramírez Lozano, autor asimismo de libros preciosos y espléndidos de literatura juvenil.

Hay que ir guardando las lágrimas
durante todo el invierno en dos frasquitos.
En uno pondremos las lágrimas del llanto;
en otro, las de la risa.

No os fiéis de los que venden en las heladerías;
son de lágrimas falsas, importadas de Egipto,
lágrimas de cocodrilo.

Mejores son las caseras:
las de la abuela
cuando cumple años,
o las de papá
cuando corta cebolla.

Batir luego con azúcar
y aguardar a que cuajen en el congelador.

El helado de lágrimas de risa
sabe a sombrilla mandarina.

El de lágrimas de llanto, a flor de penumbra.


Autor: José A. Ramírez Lozano
Fotografía: Iñigo Cebollada

Mi agradecimiento a Trianarts por compartir su maravilloso trabajo.

Historias en Blanco y Negro

Imágenes tomadas en el Patio de Armas
del Castillo de Mora de Rubielos en Teruel

Pulsa sobre cualquiera de las imágenes para verlas en tamaño natural.

Recreación de elementos que formaron parte de la Historia del Castillo

Mi agradecimiento a JAV autor de la fotografía del carro


Hoy

Ayer era otro Tiempo.

Lo viví como pude, como supe, porque todavía no había aprendido lo importante que era eso de vivir.

Hoy es un nuevo año, muy lejano del año en el que nací. No es que quiera mirar hacia atrás, el atrás está en mí, conmigo, y hay veces que me hace sonreir, me lleva de la mano hasta Los Italianos a tomarnos un helado o a merendar unas tortitas con nata, o sencillamente, a ver pasar a los chicos que nos gustan que suelen aparcar sus motos en la acera delante de la heladería.

Sigo buscando la fórmula mágica, magistral, para que mis fotografías tengan un sentido, no uno cualquiera, sino el mío, el que yo quiero darles. Sí, ya sé que todo está en los libros, eso que llaman técnica, la composición, encuadre, enfoque, diafragma, velocidad, objetivos, filtros, el trípode, todo eso referido a la máquina.

¡Ah, claro!

Y luego dicen que la máquina no es lo importante!

Ahí voy, y estoy totalmente de acuerdo, salvo, por supuesto, para los grandes profesionales de la fotografía a los que admiro y estudio con todo mi respeto, y con una carga difícil de manejar de pequeñas curiosidades y grandes ilusiones que abarrotan mis bolsillos.

Hoy voy a suponer que dispongo de lo básico. —Tengo que partir de alguna premisa—. Y, para mi nivel es cierto. Ahora bien, siendo capaz de organizar materialmente mi material, valga la redundancia, hay «algo» en mi que rara vez está conforme con el resultado de mi dedicación. Vale, soy una impertinente insatisfecha. Leo, estudio, persigo la obra de los grandes fotógrafos y las imágenes que, descubriendo a través de exposiciones, libros, folletos, revistas y otros «inputs» se acercan a esa imagen poética que a mi me gustaría representar. Voy a explicarme mejor porque creo que me estoy liando yo sola.

Soy amante de la Naturaleza. Me gusta viajar. No tengo claro si busco o encuentro belleza hasta en una pequeña brizna de hierba, aunque la lluvia no la haya enlucido con su luz, o el aire la haya despeinado, por poner algún ejemplo.

¿Entonces?

Nada, que llego a mi ordenador, con un cargamento de imágenes porque, claro, de cada brizna —como decía antes— hago varios disparos por si acaso va mejorando la calidad de lo que me propongo que sea mi fotografía perfecta, y la proceso con esmero porque sigo estudiando con más ilusión que cuando tenía que meterme en la cabeza los nombres de los reyes Visigodos o las fechas de las infinitas batallas que nunca se ganaron porque en todas las guerras se pierde.

Y, dudo. Está claro que no soy una profesional del tema. Pero también está claro que mi nivel de autoexigencia me bloquea en muchas ocasiones y estoy ya un poco harta de tener que «pedirme permiso».

Por hoy ya está, estoy preparada para volar, no sé hacia dónde, sí sé por qué.

Hoy voy a entresacar algunas imágenes de mi archivo de viajes y me propongo «avanzar», me da lo mismo que tenga que subir altas montañas con frío, o andar por caminos imposibles como lo vengo haciendo, pero a partir de ahora voy a dejar mi mochila llena de prejuicios en el trastero para que duerma el sueño de los justos.

Hoy necesito liberarme. Porque hoy es todo lo que tengo.

@mjberistain

Arenas de Normandía

Como aficionada a la fotografía, posiblemente llegué a Saint Michel en un momento único.

Cada momento de la vida lo es.

Podría referirme aquí a la Historia de este lugar, a la ambición espiritual de los monjes benedictinos que dedicaron esta obra maestra de arquitectura medieval, una de las formas más elegantes del arte gótico, al Arcángel San Miguel, sin embargo todo ello está recogido en la extensa documentación que existe sobre este mágico lugar que es la Abadía de Mont Saint Michel en pie desde hace más de mil trescientos años.

Desde lo alto, aquel día de marea baja y cielo cubierto de nubes, me cautivó la belleza de su infinita bahía.

El otoño

Entre ser y querer ser. Es lo que debe ser vivir.
Lola García de Silva «Lo que vale la pena»

He necesitado, para vivir, dudas
caricias, canciones, distancias
en un universo inconsistente
como la arena de un reloj
que se me ha ido escapando
de las manos

He necesitado una ruta desbocada
un destino de flores marchitas
y pasiones cumplidas


Las sombras me van haciendo hueco
en la alfombra dorada del otoño,
los recuerdos ahora son difusos
envueltos en una niebla que borra
los límites de mi mundo,
me asombra la caridad de la esperanza.

Camino lentamente observando
las huellas de mis propios pasos
que aventarán vientos nuevos.
Alguien pasa deprisa a mi costado
y pienso que quizá sea el futuro
de mis hijos…

Duele la fugitiva luz de abril.

@mjberistain












@mjberistain


Mi lado salvaje (continuación)

Voy teniendo especie de telarañas en el cerebro; la mente confusa…

A propósito de un dibujo que ha hecho mi hija pequeña de un retrato de un gran actor, he cometido la imprudencia de nombrarlo airosamente en voz alta mientras apreciaba la calidad de su trabajo.

No lo conozco personalmente, ni nunca, incluso en mi época de adolescencia, lo he pretendido. De hecho, ha participado en el Festival de Cine de San Sebastián y ni así me he movido para lograr verlo a lo lejos por encima de las cabezas de sus otr@s admiradores.

En fín, que es uno de esos amores platónicos de pantalla, como podía serlo en su momento Clint Eastwood, del que sí reconocí (en este mismo blog titulado «amores de cine») haber sido admiradora cuando yo era una adolescente y que, por cierto, todavía me sigue gustando, él y su trabajo.

Pues, después de este párrafo en el que me he ido por las ramas, decía que al ver el estupendo dibujo que ha hecho mi hija, del que estoy tan orgullosa, va y se me ocurre nombrar al actor en voz alta y observo que sus ojos se abren extrañados —ella es muy expresiva— sin atreverse a llevarme la contraria. Suele ser una buena crítica conmigo, lo cual agradezco sinceramente porque hace que yo me esmere en ser mejor persona, pero va siendo más considerada a medida que voy cumpliendo una edad.

En esta ocasión el dibujo era del rostro de Sean Penn. Yo me he referido a la entrada que hice en su día sobre Johnny Depp en un anuncio de Dior y, al compartirlo con ella me doy cuenta de que había «metido la pata». ¡Hasta el fondo!

Bueno…, en otro momento quizás me hubiera apurado por haber sido una «bocas», pero estoy aprendiendo (por fin) a relativizar ciertas cosas, así que todavía estoy riéndome de mí misma, que, por cierto, mi psicoanalista lleva toda la vida recomendándome que es lo que tengo que hacer para vivir mejor.


En mi imaginación, tienen un aire
Ahora que los veo juntos,
¿la próxima vez sabría reconocerlos?
voy a ver si consigo distinguirlos por el color de sus ojos…