Qué extraño!

 

Cerrar un libro es como quedarse un poco huérfano,
Se cierra un libro y se abre en la conciencia un nuevo tiempo vacío, íntimo, de repaso.
Por eso vuelvo a los orígenes, ya nada me retiene… MJB

 


 

¿Quien no estuvo sentado con miedo ante el telón de su corazón?

Cierto que es raro, no habitar más la tierra,
no usar ya las costumbres apenas aprendidas,
y a las rosas, y a otras cosas a su manera prometedoras,
no dar el significado de porvenir humano;
no ser ya lo que se fue en manos de infinita angustia
y abandonar hasta el propio nombre como un juguete destrozado.

Extraño, no seguir deseando los deseos. Extraño,
ver que todo lo que se amaba aletea tan suelto por el espacio.
Y el estar muerto es trabajoso
y lleno de repaso, hasta que poco a poco
se rastrea algo de eternidad…

 

R.M.Rilke (Elegías de Duino)


 

Skyline by Mikel Vega

 

Gracias a mi gran amigo Mikel ,

Con la elección de esta música has sabido interpretar la emoción de un momento especial en mi vida; la presentación de mi libro de Poesía “Apuntes de Salitre”.

Inolvidable… Feliz de haberlo compartido…

 

 

Nota: Se han tomado algunas imágenes del reportaje de Iñaki Peñalba.

Iñaki Peñalba

 

 

Iñaki, No me di cuenta de que a mi alrededor se movía una especie de duende silencioso. No fue hasta que al finalizar me dedicaste un saludo de despedida lleno de simpatía que me hizo preguntarme quién eras. Eso si, vi que llevabas una cámara de fotos colgando del cuello.

Seguramente no sabías que suelo evitar que me fotografíen.

Fue mejor así, lo hiciste fácil…

Porque de haberlo sabido yo, quizás no hubieras conseguido sacar estas magníficas imágenes. En ellas has sabido captar momentos “muy especiales” y cada vez que las miro vuelvo a emocionarme.

 

 

 

Saramago

 

Reblogueo este comentario escrito por Carlota Gastaldi en su Blog “lacuevademislibros.com”


“Las intermitencias de la muerte” de José Saramago

 

las_intermitencias_de_la_muerte     El libro de hoy es una magnífica novela en la que José Saramago (Azinhaga, 1922-Lanzarote, 2010) se recrea en la ficción de uno de los sueños de la humanidad desde el principio de los tiempos, un hecho absolutamente contrario a las normas de la vida: que la gente no muera. Esta ficción artificiosa es una paradoja tan ingeniosa como demoledora y se convierte en un ejercicio introspectivo de hondísimo calado.

     Saramago es la escritura pensada, lastrada de ingenio, la realidad sepultada y vuelta a resucitar. Saramago es un explorador que escudriña el alma desde un ángulo nuevo, no siempre benévolo.

Aquí todo sucede de la noche a la mañana. La muerte ha desaparecido. Nadie sabe cómo ni por qué ha sido. El gobierno investiga las causas. Lejos de tratarse de un hecho afortunado, la muerte de la muerte, permítaseme la acrobacia, es la peor de las pesadillas. Y a todos araña, a personas, a instituciones, etc. La sociedad pasa a ser un cementerio de vivos, de seres que viven en un estado de muerte suspendida —digámoslo así—, sumergida en un infinito caos.

El paro de profesionales que ganan su pan con trabajos sempiternos se extiende con la bravura de un magma invasivo. Sin la tijera de la muerte el negocio funerario no camina, no más coronas de flores con cinta moradalos, y los seguros de vida son una clamorosa estupidez. Los filósofos, ¡ay! los filósofos, se tornan ridículos, pues es sabido que se filosofa porque sabemos que moriremos —como dijo Cicerón, “filosofar no es más que aprestarse a la muerte” y el mismísimo monsieur de Montaigne, con aquello de que “filosofar es aprender a morir”—. Los hospitales son nichos de cuerpos matusalénicos eternamente terminales, eternamente agarrados al borde de la vida. La Iglesia no tiene respuesta a qué es el paraíso, el purgatorio o el infierno, y lo que es peor, no tiene respuesta a la cruel pregunta de qué hacer con los viejos.

     Saramago, autor del ritmo, de quiebros en el estilo, construye esta magistral novela con los pliegues y distorsiones de siempre, con los que nos tiene acostumbrados. Saramago, lo tomas o lo dejas. Lo suyo es fabricar literariamente personajes que dialogan sin diálogos, que existen sin identidad, que habitan mundos desconocidos y, a veces, viven sin tiempo. O con todo el tiempo. Su desbordante creatividad para llegar a las catacumbas del alma me tiene enamorada. En la creación de estos seres inmortales aparca la rigidez de las normas para bruñir la escritura en su molde, para forjar el lenguaje en su peculiarísima fragua. El portugués tuerce, retuerce, y estira los convencionalismos hasta lo imposible. El resultado es un drama cómico, o una comedia dramática, por el modo de contarlo una no sabe bien cuál es el derecho del calcetín, que llega a nuestros oídos disfrazado de fábula. Y como todas ellas, trae un sabroso huevo Kinder con mensaje moral: hay que aceptar la muerte como una consecuencia lógica de la vida. Hay que vivir teniendo conciencia de la muerte.

El Nobel, sin él saberlo, con esta novela legitima la creatividad como la cualidad esencial del escritor, la que le define, la que constituye el corazón de su oficio. A quién se le ocurre la huelga de la muerte. Menudo soplo huracanado a la rica imaginación. Novelar no es narrar, sino crear. Y crear es tutearse con la magia del arte. Saramago, que conoce de cerca algún truco secreto, en “Las intermitencias de la muerte”  dibuja otra vez, con el preciso grafito de la palabra, una silueta del ser humano fabulada, fabulosa y, ya puestos, también favorita.

Buenos días y buenas lecturas.

Borges 1964

 

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.

Adiós a las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy solo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.

Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra…

 

Autor: Jorge Luis Borges
Fotografía: Macarena Azqueta