El Tiempo

Hoy diría que fue una gota de “Tiempo puro”:
Tiempo sin tiempo, aquella noche de Diciembre
en que, años atrás, nevaba…

¿Qué extraño licor nos hervía en el cuerpo,
pues reíamos, mientras envueltos en grandes abrigos
veíamos caer la nieve?

Bailábamos, bailábamos simplemente sin movernos,
ebrios de nosotros, de la noche, de la nieve
que caía helando, como si fuera todo un gran palacio
constelado de luz y de cristales.

Las calles estaban completamente blancas,
y el frio era más fuerte y la nieve más dulce,
y reíamos elegres y jubilosos
cual si sonasen violines fascinantes
y no existiera un mañana.

Pero un instante, casi llegando a casa,
entre las calles blancas, y el júbilo nuestro
y la soledad inmensa, sentí un suave amago,
un punto de melancolía…
no fui menos feliz por ello, y entré gozoso en casa.

Mas, ahora sé que aquel toque era el Tiempo.
El Tiempo que cerraba la puerta y que se iba
para que hoy —tantos años depsués—
sepa que fui dichoso allí…

Porque el Tiempo se escapó del tiempo,
y no sentimos que importase nada,
más que aquellos instantes vivos
y el violento perfume de nuestra propia gloria…

La felicidad nunca se posee cuando se anhela.
El Tiempo no lo eliminas voluntariamente.
y pues el ansia está ahí, y el deseo está ahí
y el fuego brilla todavía,
hay que morir de sed —morir de sed— junto a la fuente.

Autor: Luis Antonio de Villena
(extracto de Intento rehabitar la dicha)
Imagen: Isabel Muñoz


Lluvia de lunas

Llueve mansamente
llueve tras el otoño
en el parque y en el bosque
desnudo llueve
en la orilla de las playas
en los espejos heridos
Llueve en esta orilla breve
del tiempo y en el silencio
de las ciudades vacías
llueve sobre el cansancio
sideral de los relojes

Llueve lento como la nieve
con esa luz difusa
de lunas inclinadas
sobre el abismo incitador
de un paisaje prometido
como el de un pecho amado desnudo.

@mjberistain








La verdad

Sospechó siempre la verdad pero, de verdad, no pensaba que existiera.
Derramó sus dudas sobre el pecho de noches que herían,
hubo ángeles que acompañaron en silencio sus pasos esperanzados.

Nunca dirá sus nombres; no había suficiente verdad en aquellos ojos entornados.
Bajo un cielo inclinado volvió con su soledad a su pequeña parcela de verdad
—al camino espinoso del amor sin final— a pesar de las desgarraduras.

@mjberistain


El jardín nublado

Hubo una vez un sueño
y existía el amor, mordía el desamor,
y ese sueño es la vida; un imposible siempre.
Francisco Brines


Cantan tristes los pájaros
y huele a rosas en el jardín nublado.

Yo soy la mirada en el jardín nublado
y en el tiempo que me espera,
¿A dónde se fueron todos?
¿Y… a dónde iré yo con mi vida?

Tomaré unas ráfagas de lluvia
por amor de dios
y posaré en ellas rayos de sol
y a besos les arrancaré ríos
y tocaré con sus dedos octubre
con la piadosa luz del fin del mundo
y encenderé las luces de cuando creí haber nacido.

¡Ah, la pequeña esperanza de la infancia!


@mjberistain
(variaciones sobre Francisco Brines)
Imagen de pexels/Triana



Ventanas

Hace tiempo que el mundo se resiente y hoy parece un decorado de cartón,
miro las fotografías en blanco y negro que pueblan las redes con miles de “megusta”
y me duelen tantas calles calladas y persianas de bares y cafeterías vacías bajadas.

Pienso en ti, imagino que estarás abstraída mirando por la ventana,
quizás con una taza de café caliente entre las manos apretada contra tu pecho
y un temor como de no acertar a imaginar un futuro mejor para tus hijos pequeños.

El ángulo de la bellísima última luz de octubre traspasa los cristales
y descansa sobre el polvo de los sueños que impregnaron los primeros muebles que pagamos juntos,
caen lentas las últimas hojas frescas del jarrón en el que aventuramos cada día una ilusión.

No te arrepientas de nada, no dudes, la vida es un combate, sigue tu marcha y vive en los detalles;
quizás el de un nuevo amanecer, o el de la última luz que ha marcado de ocre cada hoja caída,
o el de los besos que has guardado que ha ido sellando en tu boca el amor.

Nos quedan las ventanas, siempre habrá un revuelo de pájaros en primavera y una lluvia piadosa que se desborde en algún lugar, fluye con ella, eres agua, sigue su curso, que no te paren tus pasos, la vida es un eterno combate dentro y fuera de las ventanas.

@mjberistain
Fotografía: Murillo “Mujeres en las ventanas”



Colapso (cuento)

La madrugada apoya su frente en la ventana
y me confía unas sílabas de pena y compasión
Luis Rosales

¿A dónde fueron aquellos
que ayer habitaban nuestras calles,
de dónde viene este silencio
que envuelve el vacío de la ciudad?

Se rompió el equilibrio del planeta
se cegaron los ojos de los niños
se olvidaron los hombres del Gran Dios
creyéndose ellos que podrían
alimentar la nada, pero la llenaron
de escoria e inutilidad,
de inmediatez y subversión
obviaron el amor
y lo sustituyeron por máquinas
de placer puntual, las fábricas
fabricaron humo que logró matar
el equilibrio natural y ocultar
el cielo y las estrellas,
se envolvieron los mares con plástico
los planetas con máscaras
y un día, con inmenso dolor,
sintieron cómo la tierra dejaba de respirar.



Lo que dejé por ti (Alberti)

Desde que escribo, y lo hago libremente, siempre he admirado el “arte” de escribir un soneto. Porque más allá de elegir las palabras que estructuralmente cumplan su función técnica de rima, es admirable que sean ellas las que lleven al lector fluyendo en una especie de “comunión” con el sentimiento del poeta cuando las escribió. Por eso hoy me permito tomar prestado del blog de Triana este texto y guardarlo entre mis cosas y compartirlo si es que a alguien le interesa.

Y mi agradecimiento siempre a Trianarts.

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti
Imagen de South Hostels


Evocación

Quiero apresar el tiempo entre mis manos

recojo del suelo las hojas niñas que va dejando el otoño

con levedad de caricia por las calles vacías

y regreso a casa para compartir hasta su muerte su amor floral.



Escucho de noche afuera el latido de las alas del papel

que el viento destemplado destruye

y en un instante pienso en ti.


Llegarás como el silencio a la habitación soleada

una mañana cualquiera para posarse en el pretil de sus pestañas,

Imaginaré, desde la penumbra, tu luz amada 

a orillas del profundo mar donde arden, indemnes, los flecos de la lluvia.



Evoco la primavera que tan lejana parece ahora

sé que volverá a levantar el vuelo sobre el largo aliento de otro invierno.







@mjberistain

Canción de amor

Autor Rainer Maria Rilke

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.

¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?

Del Blog Trianarts