Lo que dejé por ti (Alberti)

Desde que escribo, y lo hago libremente, siempre he admirado el «arte» de escribir un soneto. Porque más allá de elegir las palabras que estructuralmente cumplan su función técnica de rima, es admirable que sean ellas las que lleven al lector fluyendo en una especie de «comunión» con el sentimiento del poeta cuando las escribió. Por eso hoy me permito tomar prestado del blog de Triana este texto y guardarlo entre mis cosas y compartirlo si es que a alguien le interesa.

Y mi agradecimiento siempre a Trianarts.

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti
Imagen de South Hostels


Canción de amor

Autor Rainer Maria Rilke

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.

¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?

Del Blog Trianarts

No porque llueva seré digno

No porque llueva seré digno. ¿Y cuándo
lo seré, en qué momento? ¿Entre la pausa
que va de gota a gota? Si llegases
de súbito y al par de la mañana,
al par de este creciente mes, sabiendo,
como la lluvia sabe de mi infancia,
que una cosa es llegar y otra llegarme
desde la vez aquella para nada…
Si llegases de pronto, ¿qué diría?
Huele a silencio cada ser y rápida
la visión cae desde altas cimas siempre.
Como el mantillo de los campos, basta,
basta a mi corazón ligera siembra
para darse hasta el límite. Igual basta,
no sé por qué, a la nube. Qué eficacia
la del amor. Y llueve. Estoy pensando
que la lluvia no tiene sal de lágrimas.
Puede que sea ya un poco más digno.
Y es por el sol, por este viento, que alza
la vida, por el humo de los montes,
por la roca, en la noche aún más exacta,
por el lejano mar. Es por lo único
que purifica, por lo que nos salva.
Quisiera estar contigo no por verte
sino por ver lo mismo que tú, cada
cosa en la que respiras como en esta
lluvia de tanta sencillez, que lava.

Claudio Rodriguez


Hundido a mi silencio

Me vestiré sin prisa,
mientras tu luz anida
en el gemido de mi pecho,
encadenada a tus surcos,
tus barrancos y tus selvas.
Me vestiré sin prisa con la piel solitaria,
hecha colina virgen y volcán en llamas.
Tendré la sangre en celo
encadenada a tu batalla,
y tú serás vertiente y filo
en el temblor de la mañana.
Mecido en el aroma de una paz frondosa,
beberás hasta el fondo mi conciencia.
Me vestiré sin prisa, absorta frente al agua,
al viento y a las rosas,
en el suspiro invisible que vela mi silencio,
con la alegría en los ojos
y un olor a ritmo y tierra.
Recorreré la ruta de tu cuerpo ya sin miedo,
y tú, ceñido a mí,
te fundirás tormentoso a mi silencio.
Y de nuevo sí…
encadenada a tu campo,
tu estanque y tu redil celeste,
improvisaré frutales y nidos de espumas.
Después, cuajado de tristeza… me acosarás,
y al pie de mi ventana dolerás entre mis dudas.
Me obligarás a quererte y te querré ,
lejos del río y de la entrega.

Yanira Soundy
Del Blog Trianarts
Fotogafía tomada en Bodo/Noruega


Inspiración

POETA Y MÚSICO; MÚSICO Y POETA

Dibujo sonidos en cualquier esquina,

invento canciones,

construyo cajitas de música en el vacío

y me pongo a imaginar.

En la sombra de la mesa descansan acordes,

en el brillo del espejo bailan melodías,

el ritmo lo marca mi corazón

y la luz viste el aire de colores.

Vivo momentos gloriosos,

me siento madre y padre a la vez,

me acerco al cielo de los dioses

y al fin la música comienza a sonar.

A veces evanescente,

otras como un volcán,

me abre el camino a un paraíso,

a un más allá que se adueña de mi persona,

y yo… me dejo llevar.

Autor: Karlos Gimenez


Ella, mucho más que su Voz

Llego tarde…

Todos los hados se me enfrentan de madrugada cuando estoy alterada por algo importante, o por alguna ilusión.

Es como si mi espíritu corriera hacia adelante pero mi cuerpo no pudiera seguir sus pasos, la premura que le exige la ansiedad de llegar a tiempo.

El caos del tráfico a esas horas es inesperado. ¿Sabes? cuando cada semáforo se va iluminando de rojo, uno tras otro a medida que vas llegando…

Llego y no la encuentro. Mis pistas son escasas. Escasamente una mirada, y un rizo en blanco y negro sobre los ojos, también en blanco y negro. Pregunto, y al fin la encuentro, ella me está esperando.

Begoña Zamacona.

Hubiera reconocido su Voz, pero Ella… es mucho más que su Voz.


La isla deseada

Llevada por su vuelo ella estará
rodeada de asombro y de colores
de orquídeas y de loros y cilantros
igual que en las novelas que leyó.
Al darse cuenta de que no era niña
se posó en una isla del Pacífico
para encontrar sus sueños y encontrarse
con sus sentidos. Y traerá collares
de semillas e ídolos fantásticos
y contará sus estremecimientos
con muchos hombres y fumando opio
y bebiendo infusiones demoníacas
ricas en hierbas y en cortezas áulicas.
Y pensará que toda decadencia
aflige a los demás y no a ella misma
que brilló con fulgor cuando era joven
y olvidará que entonces fue su vida
más luminosa que cualquier viaje
y que era ella una isla deseada.

JOSE AGUSTÍN GOYTISOLO
Imagen: Blanca Machuca


En mí te pierdo

En mí te pierdo, aparición nocturna,

En este bosque de engaños, en esta ausencia,

En la neblina gris de la distancia,

En el largo pasillo de puertas falsas.

De todo se hace nada, y esa nada

De un cuerpo vivo enseguida se puebla,

Como islas del sueño que entre la bruma

Flotan, en la memoria que regresa.

En mí te pierdo, digo, cuando la noche

Sobre la boca viene a colocar el sello

Del enigma que, dicho, resucita

Y se envuelve en los humos del secreto.

En vueltas y revueltas que me ensombrecen,

En el ciego palpar con los ojos abiertos,

¿Cuál es del laberinto la gran puerta,

Dónde el haz de sol, los pasos justos?


En mí te pierdo, insisto, en mí te huyo,

En mí el cristal se funde, se hace pedazos,

Mas cuando el cuerpo cansado se quiebra

En ti me venzo y salvo, en ti me encuentro.


JOSÉ SARAMAGO (Laberinto)


Escribir un poema

Llevo días sin escribir la sola línea de un poema. Este tiempo de cautiverio ha cauterizado mi piel a la experiencia. No hay experiencia, más allá de la de tocar mis cosas no contaminadas. He claudicado, ante los muros que han rodeado la necesaria afectividad, al brillo de miradas a través de planas pantallas de cristales líquidos que confunden las lágrimas de emoción con el juego luminoso de sus candelas.

Hoy es sábado y en breve se abrirán las puertas a la nueva esperanza. ¿Qué es lo que he echado en falta en este tiempo? ¿Qué es lo que espero del nuevo? Cosas sencillas, nada especial. Abrazar a las personas a las que más quiero, dar muchos besos a mis nietos, viajar para encontrarme con mis amigos. Pasear por los campos, escuchar el canto de los pájaros. Contemplar atardeceres. Caminar por las orillas de las playas a esa hora nocturna cuando las gentes ya están dormidas, o a la hora azul cuando va llegando poco a poco la madrugada. Disponer de momentos de lectura tranquila y escuchar la música que me gusta. Tener siempre fruta fresca en la fresquera. Ir cada día al mercado y comprar los tomates y la verdura tierna recién recogida del campo, y el pescado fresco de los barcos de los hombres del pueblo que han vuelto de madrugada a puerto, y la leche fresca que al cocerla me regala con una fina capa de nata. Eso quiero. Volver a lo básico e imprescindible para vivir una vida sencilla, saludable y sana. Disfrutar, cada uno de los días de mi vida, del amor a las cosas pequeñas. Y… escribir un poema.

Escribir un poema
marcar la piel del agua.
Suavemente, los signos
se deforman, se agrandan,
expresan lo que quieren
la brisa, el sol, las nubes,
se distienden, se tensan, hasta
que el hombre que los mira
—adormecido el viento,
la luz alta—
o ve su propio rostro
o transparencia pura, hondo
fracaso— no ve nada.

Angel Gonzaléz


Me arrodillo ante el rostro del amor

Me arrodillo ante el rostro del amor,
en el fondo del pozo, justo en su vórtice
oliendo la oscuridad.
Lamiéndome como gacela perdida
que conoce el punto exacto del dolor.
No me he separado de mí misma,
estoy en el fondo del pozo,
conociendo las heridas de amor,
perfectamente adheridas al cuerpo.

Aleyda Quevedo


Te deseo tiempo

No te deseo un regalo cualquiera,

te deseo aquello que la mayoría no tiene,
te deseo tiempo,
para reír y divertirte,
si lo usas adecuadamente podrás obtener de él lo que quieras.
Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar
,
no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás.
Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas 
sino para que siempre estés contento.
Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra,
 sino para que te quede tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza
 y no sólo para que lo veas en el reloj.
Te deseo tiempo para que toques las estrellas 
y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú.
Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar,
 no tiene sentido añorar.
Te deseo tiempo para que te encuentres contigo misma/o,
 para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo.
También te deseo tiempo para perdonar y aceptar.
Te deseo de corazón que tengas tiempo,
 tiempo para la vida y para tu vida.

–Elli Michler
Fuente: Cultura inquieta


El mundo es nuestra herencia

Considérate vivo y ponte en cura,
lo restante no importa.
Basta cambiar de sitio la alegría
que nadie tiene
Ahora
ponte a hacer el amor.
La primavera está siempre esperando,
aunque nos toca
alguna hambre del mundo en el reparto,
y una extraña congoja
hace que nuestros huesos, de repente,
entierren el amor sobre la alfombra.
Considérate vivo, es suficiente,
basta vivir como quien pide limosna,
basta ponerse en marcha y que la vida
cobre su transitoria
y pujante verdad:
todo está siendo
cuanto ha podido ser:
las mariposas
no son estrellas; vuelan
un solo día de sol y se deshojan.
No elijas tu camino; no hay caminos,
la luz como la sombra es sombra,
considérate vivo y ponte en cura,
lo restante no importa.

 

Luis Rosales


 

 

Con sabor a fruta madura

Del Blog Trianarts 

Siempre que leo este poema me sabe a fruta madura aunque Cortázar lo titulara
«Toco tu boca»
No siempre estoy de acuerdo con él

«Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua».

Cortázar


 

Analogía

¿Qué es el mar? ¿Lejanía desmedida
De anchos movimientos y mareas,
Como un cuerpo durmiente que respira?

¿O esto que más cerca nos alcanza,
Batir de azul en la playa que brilla,
Donde el agua se hace aérea espuma?

¿Amor será la conmoción que recorre
En lo rojo de la sangre las venas tensas
Y los nervios eriza como un filo?

¿O mejor ese gesto indefinible
Que mi cuerpo transporta hasta el tuyo
Cuando el tiempo recoge a su comienzo?

Como es el mar, amor es paz y guerra,
Ardiente agitación, calma profunda,
Rozar leve la piel, uña que se aferra.

 

José Saramago


 

Epidemia

Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.

Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.

Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.

Texto: (K.O’Meara – Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800)
Fotogtafía @mjberistain
Poema recibido de Fernando Moreno (SFG)


 

Goruntz

 

SUBIR

Hacia la altura donde desaparecen
todos los vértigos
Hacia la luz donde bailan
todos los colores
hacia el silencio donde duermen
todas las melodías
hacia el relicario donde se guardan
todos los aromas
hacia el jardín donde —inmarchitas— viven
todas las flores
hacia la escalera donde las nubes llueven
todas sus caricias
hacia el mar de la serenidad, el que ahuyenta
todos los miedos.

SUBIR

Hacia Ti, que no sé dónde estás
ni sé si ERES.

SUBIR

hasta desengancharme de esta Noria…
que va y vuelve.

 

 

O. Gregorio
Imagen Antonio Heredia Morante


 

 

 

Travesía

Bajo la misma noche los ojos transparentes y lejanos de una mujer sin nombre y sin estrellas lo miraba. Máscara de su cuerpo fracturado. Su mirada, toda, el ecuador del universo…

Así que no volveremos más a pasear
a tan avanzada hora de la noche,
aunque el corazón sea aún tan amante
y la luna todavía brille tanto.

Porque la espada dura más que su vaina,
y el alma dura más que el pecho,
y el corazón debe detenerse para respirar
y el amor mismo necesita descanso.


Autora: María Navarro (Travesía)
Imagen de Internet (Pixabay)


 

Duración


En la alcoba, en la luz que llegaba de los faros
de todos los puertos, de todos los continentes, 
se movían los mares, los océanos
los árboles y matorrales
los pájaros nocturnos por todas partes.

La duración no estaba vinculada al amor
de los sexos
sino a las cosas sencillas, a los momentos
que no tienen importancia,
acariciar un rostro querido, escuchar el vacío
de alguien que te falta,
pensar en el niño que fuiste y seguir siendo amigo de ti mismo…

 


Alteraciones sobre el poema La Duración de Peter Handke
(Premio Nobel de Literatura 2019)