Escribir un poema

Llevo días sin escribir la sola línea de un poema. Este tiempo de cautiverio ha cauterizado mi piel a la experiencia. No hay experiencia, más allá de la de tocar mis cosas no contaminadas. He claudicado, ante los muros que han rodeado la necesaria afectividad, al brillo de miradas a través de planas pantallas de cristales líquidos que confunden las lágrimas de emoción con el juego luminoso de sus candelas.

Hoy es sábado y en breve se abrirán las puertas a la nueva esperanza. ¿Qué es lo que he echado en falta en este tiempo? ¿Qué es lo que espero del nuevo? Cosas sencillas, nada especial. Abrazar a las personas a las que más quiero, dar muchos besos a mis nietos, viajar para encontrarme con mis amigos. Pasear por los campos, escuchar el canto de los pájaros. Contemplar atardeceres. Caminar por las orillas de las playas a esa hora nocturna cuando las gentes ya están dormidas, o a la hora azul cuando va llegando poco a poco la madrugada. Disponer de momentos de lectura tranquila y escuchar la música que me gusta. Tener siempre fruta fresca en la fresquera. Ir cada día al mercado y comprar los tomates y la verdura tierna recién recogida del campo, y el pescado fresco de los barcos de los hombres del pueblo que han vuelto de madrugada a puerto, y la leche fresca que al cocerla me regala con una fina capa de nata. Eso quiero. Volver a lo básico e imprescindible para vivir una vida sencilla, saludable y sana. Disfrutar, cada uno de los días de mi vida, del amor a las cosas pequeñas. Y… escribir un poema.

Escribir un poema
marcar la piel del agua.
Suavemente, los signos
se deforman, se agrandan,
expresan lo que quieren
la brisa, el sol, las nubes,
se distienden, se tensan, hasta
que el hombre que los mira
—adormecido el viento,
la luz alta—
o ve su propio rostro
o transparencia pura, hondo
fracaso— no ve nada.

Angel Gonzaléz


Me arrodillo ante el rostro del amor

Me arrodillo ante el rostro del amor,
en el fondo del pozo, justo en su vórtice
oliendo la oscuridad.
Lamiéndome como gacela perdida
que conoce el punto exacto del dolor.
No me he separado de mí misma,
estoy en el fondo del pozo,
conociendo las heridas de amor,
perfectamente adheridas al cuerpo.

Aleyda Quevedo


Te deseo tiempo

No te deseo un regalo cualquiera,

te deseo aquello que la mayoría no tiene,
te deseo tiempo,
para reír y divertirte,
si lo usas adecuadamente podrás obtener de él lo que quieras.
Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar
,
no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás.
Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas 
sino para que siempre estés contento.
Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra,
 sino para que te quede tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza
 y no sólo para que lo veas en el reloj.
Te deseo tiempo para que toques las estrellas 
y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú.
Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar,
 no tiene sentido añorar.
Te deseo tiempo para que te encuentres contigo misma/o,
 para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo.
También te deseo tiempo para perdonar y aceptar.
Te deseo de corazón que tengas tiempo,
 tiempo para la vida y para tu vida.

–Elli Michler
Fuente: Cultura inquieta


El mundo es nuestra herencia

Considérate vivo y ponte en cura,
lo restante no importa.
Basta cambiar de sitio la alegría
que nadie tiene
Ahora
ponte a hacer el amor.
La primavera está siempre esperando,
aunque nos toca
alguna hambre del mundo en el reparto,
y una extraña congoja
hace que nuestros huesos, de repente,
entierren el amor sobre la alfombra.
Considérate vivo, es suficiente,
basta vivir como quien pide limosna,
basta ponerse en marcha y que la vida
cobre su transitoria
y pujante verdad:
todo está siendo
cuanto ha podido ser:
las mariposas
no son estrellas; vuelan
un solo día de sol y se deshojan.
No elijas tu camino; no hay caminos,
la luz como la sombra es sombra,
considérate vivo y ponte en cura,
lo restante no importa.

 

Luis Rosales


 

 

Con sabor a fruta madura

Del Blog Trianarts 

Siempre que leo este poema me sabe a fruta madura aunque Cortázar lo titulara
“Toco tu boca”
No siempre estoy de acuerdo con él

«Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua».

Cortázar