El malecón

Despiertas madrugadas de bahías
dormidas.

Te haces añicos en las sienes
de los planetas.

Te multiplicas en espejos
de furiosas espumas blancas
como cántico de agua exhausta.

¿Cuál es tu mensaje, Madre?

Si las gaviotas de tiza
se han borrado de los mapas
y solo quedan rastros gangrenados
del mundo, mientras escribimos
en la arena las notas más negras
de una sinfonía para un futuro discordante.


@mariajesusberistain
Fotografía Mikel Gardey

A orillas de mi sien

Mi casa está destartalada
miro al cielo y la luna se deshace
entre flecos primerizos del día

Las flores de la terraza están mustias
repiten su dogma de sopor
frente al miedo a morir sin amor

Me cuesta traspasar la línea opaca
del horizonte, mis ojos pálidos
cruzan caóticos, líneas en sombra

Inquietud vertical de espejos rotos
dibujan el desamparo de la luz
difusa y a veces indescifrable

A orillas de mi sien tus manos
sucesivo silencio de relojes
de arena; tu rostro, reconocible.


@mjberistain

La construcción de un sueño

Siempre hay tiempo para un sueño.

Siempre es tiempo de dejarse llevar
por una pasión que nos arrastre hacia el deseo.

Siempre es posible encontrar la fuerza
necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia
lo alto.

Y es allí, y solo allí, en la altura, donde
podemos desplegar nuestras alas en toda su
extensión.

Solo allí, en lo más alto de nosotros mismos,
en lo más profundo de nuestras inquietudes,
podremos separar los brazos, y volar.

Autora Dulce Chacón


Racimos de enigmas

Paisajes, racimos de enigmas palpitantes,
las cosas duermen unas al lado de las otras,
duermen y hablan en sueños, el viento ha soplado entre ellas
y lo que hablan en su sueño lo dice el viento lunar al rozarlas,
el viento profiere formas que respiran y giran,
las cosas se oyen al hablar y se asombran al oírse,
el viento las une y las separa y las une,
juega con ellas, las deshace y las rehace,
inventa otras cosas nunca vistas ni oídas,
formas insólitas y cambiantes de las pasiones,
constelaciones del deseo, la cólera, el amor,
figuras de encuentros y de despedidas…

Racimos de enigmas palpitantes.


Octavio Paz
imagen de internet

Amar lo gris

Me instalo en esta tarde tranquila
sin afán de nada,
esta tarde tranquila en la que amar
lo gris, lo no tan brusco ni glorioso;
perderme en mi interior sin ambiciones
asumir la penumbra y deslizarme.

Reflexiono en mi cuarto
mientras parece innecesaria
cualquier exaltación.

Me concentro en la absoluta calma,
solo escucho los ruidos de casa conocidos,
me miro los dedos de los pies.

Es solo el tiempo lento, el oleaje
que me eleva despacio hacia mí mismo,
un dejarme arrastrar por la marea.

Existir, todo y nada,
ese instante tan mío que ahora habito.

Extractado de Setiembre 27
Autor Vicente Gallego

Permanencia


La hierba luminosa deja crecer el aliento de otros seres,
árboles, flores silvestres, pájaros, nosotros…

Silencio
miradas detenidas
palabras calladas
lenguaje único
una paz atmosférica
alcanzando el cielo.

La piedra del camino,
el cuerpo quieto
y el corazón ambulante
que busca una salida,
grietas…
al abrazo de otra piedra.

¿Qué significa una grieta?
¿Tendrán alma las piedras?

Desciendo hasta el fondo de los años
en ilusión de permanencia…


@mjberistain

¡Quién pudiera!


De acuerdo con la teoría de Platón
las plantas experimentan sensaciones y deseos…

¡Naturaleza, qué bien logras afuera
lo que quisiera, adentro, lograr el alma:
la tranquila plenitud,
exuberante y secreta,
la abundancia justa, la pluralidad segura!

Mi espíritu ha de ser como tú,

Naturaleza, igual a ti
en perezosa magia,
en apretada riqueza,
en retenido aliento.

Naturaleza, mi espíritu ha de tener,
como tú,
el hastío bellísimo de las cosas plenas!

.

Autor: Tomás Segovia
fotografía@mjberistain


Hoy no he visto el mar

Hoy…
No he visto el mar…

Mis ojos
vigías horadantes,
mis ojos avizores
en la noche
de los astrales mundos;

mis ojos errabundos
amigos del vértigo
del abismo;

mis ojos
vagabundos
hoy…
no han visto el mar,

Ni a estas horas mecen mis sueños
sus silencios,
sus sirenas,
sus cóleras,
sus himnos;
su erótica quejumbre…

Hoy… no he visto el mar.


(basado en poema de L.de Greiff)


publicado originalmente en 2016

Despierta

Despierta al día que llega, despierta.
Se alza del sueño con la luz del alba.

Te multiplicas en mil espejos.
Ya no eres aquella mujer
de mirada borrosa
salpicada la frente de oscuridad.

Despierta al día que llega,
despierta con la luz del alba
de la noche como un palacio
de silencio sin ventanas,
despierta de los bosques,
de los hayedos y de los musgos,
despierta del laberinto de lunas,
que es dulce el amor
en tu copa de sombras.

La luz del día borrará
la gravilla de los caminos
y las heridas de tus pies descalzos.

@mjberistain2022

La lágrima de un sueño

La Luz existía
más allá de mí misma, y tan lejos…

El silencio perdido entre mis ropas,
me miraba el mar desde sus espejos;
estrellas en la noche plateada.
Conocía su cuerpo, su desnudo
bajo sus pies de agua.

El silencio perdido entre mis ropas,
el amor en olvido sobre la playa
donde la luna clavaba sus anclas.
Abandonamos allí algunos sueños
bajo sus pies de agua.

Noche
quiero entrar en tu alma.

Para mis palabras quiero
destellos y ráfagas de locura
y la tinta antigua de los poetas
para mis palabras quiero
y para mis silencios,
que dibujaré un borrón en el tiempo
parecido a la lágrima de un sueño.


inspirado en obra de E.Pardos publicada en el Blog Trianarts

Sombra

«…Cuando llegue el otoño, con rescate y silencio,
tú no marchitarás…»
Claudio Rodríguez


«Sombra de la amapola»

ANTES de que la luz llegue a su ansia
muy de mañana,
de que el pétalo se haga
voz de niñez,
vivo tu sombra alzada y sorprendida
de humildad, nunca oscura,
con sal y azúcar,
con su trino hacia el cielo,
herida y conmovida a ras de tierra.

Junto a la hierbabuena,
este pequeño nido
que está temblando, que está acariciando
el campo, dentro casi
del surco,
amapola sin humo,
tú, con tu sombra, sin desesperanza,
estás acompañando
mi olvido sin semilla.
Te estoy acompañando.
No estás sola.


Claudio Rodríguez
Fotografía @mjberistain

A tientas

A tientas la vida
de la mano de la muerte,

Una niña bebe agua de un charco
nieva sangre sobre sus ojos.

La tierra se descompone
entre el lodo y el odio
porque hay dioses menores
con alas de hierro
asestando golpes de luz
por los parques vacíos.

¿También los dioses derrotados
sentirán miedo a la hora de morir?

—me pregunta—

¡Qué triste sentir misericordia
mirando a una niña a los ojos!

Sonrío llorando en silencio…

Confío en que veamos cruzar los ríos y los mares del mundo a los dioses menores derrotados
con sus lóbregas sombras, alargadas, contemplando cabizbajos su propia nada.


Fotografía @mjberistain
Texto inspirado en el libro Los dioses derrotados de Pedro J. De la Peña



Cicatrices

Un olor denso,
dulce, de flores marchitas,
y madera, y humo, y sombra, y melancolía

José Hierro

Lo veía llegar
su sombra le precedía
hombre de suaves navajas y sucias
abarkas, no reparó en su mirada,
el sol de la tarde deslumbraba.

Hombre de silenciosa presencia
y joven corazón cansado,
¿a dónde iría que ella no supiera?
No era tiempo de marchar
ni de abandonar los huertos
donde temblaban historias
entre bellísimas flores marchitas.

Un día él dijo:

El tiempo no pone ni quita razones.
El tiempo todo lo cura; el tiempo cicatriza.

Y escribió en un pequeño papel de seda:

«Caerán las tristezas
como fértiles cortezas del árbol de tu vida
y habrá siluetas nuevas —regalos al paisaje—
y alegres golondrinas
…»

Ella se sentó a esperar mientras amaba,
un viento helador acechaba por las esquinas
y no hallaba suficiente lluvia
para lavar del amor la mortal esencia.

Se sentó a esperar.

Bajo su almohada un olor denso, dulce
de la última rosa marchita,
y madera, y humo, y sombra, y melancolía*

Imagen mjberistain y mjcueli
* Los versos en cursiva son de P.A. y José Hierro



Frente a mi reflejo

El sol es débil, la razón no importa
y yo me acercaré despacio hasta las sábanas.

Evitando el te quiero,
en la confusa lucidez del alba
dejaremos la noche,
igual que un barco deja a sus espaldas,
como una huella inmensa, todo el mar.

Y mientras nos besamos,
recordaré sin duda
otros amaneceres en el agua,
mirando frente a frente mi reflejo,
con el mismo temor a sumergirme…

(extracto) Luis García Montero


Alas para un sueño

Por caminos de kilómetros sin cruces,
alas para un sueño,
allí te encuentro.

Sé que me esperabas,
porque vuelves
con tu brillo de primavera sin lluvia,

Sé que me esperabas
porque vuelves a mí
hasta en la inhabitable sequía…


@mjberistain

Escritura

Descubro el dolor de la primavera
en el límite confuso del camino.

Hemos transitado la misma tierra, recorrido estos caminos tantas veces… Hemos sentido crujir el dolor de la primavera bajo nuestros pies en la inocencia de que nos traería un verano luminoso, de que el otoño sería uno de los momentos más hermosos del proceso natural de la vida, de que la conciencia de la muerte nos iluminaría el tránsito natural hacia una nueva oportunidad de nuestro ser. Y que descansaríamos bajo el paisaje nevado de un invierno que envolvería al mundo mientras se regenerara para hacerlo resurgir en una nueva existencia…

Observo esta piedra y me siento a su lado a reflexionar.

¿Qué significan esos signos?
¿Quién, por qué los escribió?

¡Qué importa!

Contemplando la escritura pienso en signos sagrados de alguna huella humana que hoy me convoca. Mensajes llegados de otras latitudes que volaron como cuerpos evanescentes, nocturnos, porque la vida amenazara con borrarlos.

Sobre sus trazos trazo líneas figuradas con las yemas de mis dedos intentando descubrir su significado. No comprendo.

Entonces recuerdo palabras de uno de mis poetas preferidos:

HERMANDAD

Duro poco y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba; las estrellas escriben.
Sin entender comprendo,
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.

Octavio Paz

Fotografía Bowey Yang


El peso de una piedra

En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio
P.Salinas

Hoy son las manos la memoria.

El alma no se acuerda,
pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido,
recuerdo de una piedra
que hubo junto a un arroyo
y que cogimos distraídamente
sin darnos cuenta de nuestra ventura.
Pero su peso áspero
nos hace sentir que por fin cogimos
el fruto más hermoso de los tiempos.
A tiempo sabe
el peso de una piedra entre las manos.

En una piedra está
la paciencia del mundo, madurada
despacio,
incalculable suma
de días y noches, sol y agua
la que costó esta forma torpe y dura
que acariciar no sabe y acompaña
tan solo con su peso, oscuramente.

Se estuvo siempre quieta,
sin buscar, encerrada,
en una voluntad densa y constante
de no volar como mariposa,
de no ser bella, como el lirio,
para salvar de envidias su pureza.

¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles
libélulas han muerto, allí, a su lado
por correr tanto hacia la primavera!
Ella supo esperar sin pedir nada
más que la eternidad de su ser puro.
Por renunciar al pétalo, y al vuelo,
está viva y me enseña
que un amor debe estarse quieto,
muy quieto,
soltar las falsas alas de la prisa,
y derrotar así su propia muerte.

Hoy son las manos la memoria.

Recuerdan haber tenido en sus palmas
una cabeza amada.
Los dedos reconocen los cabellos
lentamente, uno por uno,
como hojas de calendarios, recuerdos
de otros tantos innumerables días
felices, dóciles
al amor que los revive,
pero al palpar la forma inexorable
que detrás de la carne nos resiste
las palmas ya se quedan ciegas.
No son caricias, no, lo que repiten,
son preguntas sin fin,
infinitas angustias
hechas tactos ardorosos.
Y nada les contesta: una sospecha
de que todo se escapa y se nos huye
cuando entre nuestras manos
lo oprimimos.

La cabeza se entrega.
¿Es la entrega absoluta?
El peso en nuestras manos lo insinúa,
los dedos se lo creen,
y quieren convencerse; palpan, palpan.
Pero una voz oscura tras la frente
—¿nuestra frente o la suya?—
nos dice que el misterio más lejano,
porque está allí, tan cerca, no se toca
con la carne mortal con que buscamos
allí, en la punta de los dedos
la presencia invisible.
Teniendo una cabeza así cogida
nada se sabe, nada
sino que está el futuro decidiendo
o nuestra vida o nuestra muerte
tras esas pobres manos engañadas
por la hermosura de lo que sostienen.
Entre unas manos ciegas
que no pueden saber. Cuya fé única
está en ser buenas, en hacer caricias
sin cansarse, por ver si así se ganan,
cuando parezca que nada les queda
entre las palmas,
el triunfo de no estar nunca vacías.

Pedro Salinas
Origen: Blog Trianarts

Fotografía @mjberistain (Reloj de sol plano en la cala Xixurko – Jaizkibel)




Voz de fuego

Acuérdate que tenías
voz de fuego
No eras árbol que se arranca,
junco que se desmaya, eco
de una voz desconocida:
eras voz de fuego

Tú mismo eras fuego.

Tu destino era incendiar
el leño reseco…

Extractado de un poema de José Hierro
Fotografía @mjberistain


Estamos aquí…

 «Estamos aquí solo por un breve momento. Y pienso que es un accidente tan afortunado haber nacido, que estamos obligados a poner atención.

En cierto sentido, esto es ir muy lejos. Es decir, somos, hasta donde sabemos, la única parte del universo consciente de sí. Podríamos incluso ser la forma consciente del universo.

Tal vez hayamos llegado para que el universo pudiera verse a sí mismo. No sé eso, pero estamos hechos de la misma materia de la que están hechas las estrellas, o de lo que flota en el espacio. Pero nuestra combinación es tal que podemos describir qué es estar vivos, ser testigos.

Mucha de nuestra experiencia es esa de ser testigos. Vemos y escuchamos y olemos otras cosas. Pienso que estar vivo es responder».

Mark Strand, Collected Poems
Reblogueado de Culturainquieta

Fotografía de Victor Bolea


Olas en la oscuridad

Me despierta un susurro.

Cerca del amanecer

labios ardiendo a fuego

lento,

tu mano que se extiende

navega sobre la piel

como un viento de olas

en la oscuridad,

es como única palabra

que se agita en la melena

plateada de medianoche.

@mjberistain