Skyline by Mikel Vega

 

Gracias a mi gran amigo Mikel ,

Con la elección de esta música has sabido interpretar la emoción de un momento especial en mi vida; la presentación de mi libro de Poesía «Apuntes de Salitre».

Inolvidable… Feliz de haberlo compartido…

 

 

Nota: Se han tomado algunas imágenes del reportaje de Iñaki Peñalba.

Saludo,

 

Con todo el respeto por mis orígenes…

saludo al mundo

del que solo soy una pequeña mota de polvo que vuela con el himno sagrado del

AURRESKU.

El aurresku es una danza popular vasca, revestida de solemnidad y elegancia que se baila a modo de homenaje, o reverencia, delante de personas o personalidades destacadas de la comunidad.

El aurresku, tal y como lo conocemos hoy en día, es bailado por un dantzari (bailarín en euskera) o aurreskulari (bailarín de aurresku), acompañado de un txistulari, músico que toca el txistu (instrumento tradicional vasco de viento que se toca con una sola mano) y el tamboril con la otra mano.

El origen del aurresku

El aurresku de honor (ohorezko aurreskua en euskera) que se baila hoy por hoy, tiene su origen en las antigua soka dantza (danza de cuerda), que se bailaba en corro, generalmente compuesto sólo por hombres unidos de la mano, o sujetando pañuelos, y formando una “cuerda”.

Soka-dantza

En esta danza, compuesta por varios números de baile contiguos, tenían especial importancia, el primer dantzari, que recibía el nombre de aurresku, (mano delantera) y en segundo lugar, el último dantzari, al que se denominaba atzesku (mano trasera). Tras dar ambos bailarines, una solemne vuelta por la plaza del ayuntamiento con sus txapelas (boinas) en la mano, el aurresku era el protagonista, el que realizaba el primer baile. Ocupar ese puesto suponía un honor, por lo que a veces surgían disputas por recibirlo.

Aurresku1

Evolución del aurresku

Los pasos de este número de baile, que en un principio se improvisaban, se fijaron y se fueron convirtiendo cada vez en más complicados, hasta llevarnos a la espectacular danza actual, en la que para poder bailarlo es necesario ser un bailarín especializado, con muy forma física y largas horas de ensayo.

Con el paso de los años, las partes de la soka danza interpretadas por el solista (aurresku) se fueron separando, poco a poco de la misma, cobrando vida propia y bailándose individualmente, hasta derivar en lo que actualmente conocemos como aurresku, llamado así por la persona que lo ejecuta: el primer dantzari, aurresku o mano delantera.

Fuente: Bizkaia talent


 

Es preciso perdonar

 

 

«Perdonar es la experiencia de poder estar en paz, independientemente de lo que pasó en nuestra vida hace cinco minutos o hace cinco años. Perdonar no es olvidar, es vivir tranquilamente con lo que no se olvidará.»

Fred Luskin

 

Agradezco a Jo Da Silva esta música con la reflexión… que alivia profundamente este domingo lluvioso del mes de Noviembre…

 

 


 

Una manera de definir la música

 

Vangelis.

Hablo de la música de fondo de un tiempo de mi vida. Vangelis acompañaba muchos de los momentos apacibles de mi historia hasta que llegó con la Banda Sonora de la película «Carros de Fuego»   que lo encumbró con el reconocimiento universal.

Hoy perdiéndome por la red encuentro este vídeo que quiero guardar entre mis cosas porque, aunque inicialmente no lo he reconocido a él, —ha pasado el tiempo para él y, supongo que él pensará que para mí también— me interesa mucho lo que dice.

 

 

Más conocido por su exuberante tema ganador de un Oscar en 1981 en la película Carros de Fuego, Vangelis fue uno de los más exitosos y admirados compositores electrónicos de su época. Evangelos Odyssey Papathanassiou nació en Volos, Grecia, el 29 de marzo de 1943, y conoció el éxito con el popular grupo pop griego de principios de los 60 Formynx y en la banda de rock progresivo Aphrodite’s Child. Lanzamientos en solitario posteriores, colaboraciones con Jon Anderson de Yes que produjeron una serie de éxitos en el Reino Unido, incluyendo «I Hear You Now» en 1980 y «I’ll Find My Way Home» al año siguiente, junto con una serie de exitosas bandas sonoras, ayudaron a cementar al artista como un icono de la música electrónica/new age/clásica y pop.

~ Jason Ankeny

 

La petite fille de la mer


Banda Sonora Carros de Fuego

 


 

Un nuevo lenguaje íntimo


 

Hoy tengo ganas de jugar.

Escribir un «Diario» es un arte. Y una conversación infinita contigo mismo y con el mundo.

Escribir cartas era un placer íntimo destinado a la persona que amabas o que despreciabas. O era una llamada de atención en un momento delicado de tu existencia. Podía ser el anuncio de una visita de largo recorrido a un amigo. O acaso el lenguaje de un negocio emprendido en ultramar. En fín, que la comunicación se realizaba por carta porque no era posible, en todos los casos, tomarte un café con la persona con la que deseabas tener una conversación. El mensaje que llevaba nuestra carta podía tardar entonces en llegar -como diría Sabina- catorce días o quinientas noches…

Todo es distinto hoy. Nos inventamos signos abreviados para decir «Te quiero», para decir «sigo pensando en tí»… Y la inmediatez tecnológica consigue el milagro de que el viaje de tus mensajes no dure más de escasos segundos. Esta circunstancia nueva lo hace todo un poco más efímero. Da vértigo. Es como si los sentimienos tuvieran una fecha de caducidad más próxima, y eso es inquietante.

El mundo avanza espantosamente rápido y todo envejece y se convierte en obsoleto al minuto de ser descubierto. Siento que vamos todos corriendo, persiguiendo el sueño de la inmortalidad a la velocidad de la luz y, sinceramente, es más difícil disfrutar del camino así, a toda prisa. Ya la vida es corta… Yo necesito un poco de por favor.

Slowly fué una canción de Aute que me gustó.

Leonard Cohen es un maestro del sosiego con el que me entiendo bien. Juega con las pausas, con los silencios, hasta con la tristeza de sus ojos que también cantan.

 

Pero no estaba hablando de música ahora, aunque es una de las formas más bellas que existen para entenderse. Un pianísimo extremo estremece. Unos arpegios hieren..

Hoy quiero jugar a entendernos, como niños.

Quiero jugar contigo a inventarnos signos que vuelen inalámbricos, y me acerquen al aroma con sabor a susurros y a café de tu cuerpo, a la luz agriculce habitando la hiedra solemne de tus ojos. Al tenue silbido de los silencios…

Ahora, que soy como una lágrima en equilibrio, quiero que vuelen inalámbricos los signos; que te lleguen, que me lleguen, y dejarlos que aniden en el bosque de los calendarios infinitos con su melancólico ritual, que solo nosotros entenderemos.

(?) – Dirá, «¿te acuerdas?»

@mjberistain


 

Aire

 

Música Air de Johann Sebastian Bach

 

Amanece, lentamente… y es como si la luz cantara.

 

Vengo movido por mi sangre,
Por su música.
Vengo orientado por mi lengua.
Por su sed.

Todos los días me visto de vientos,
de mareas, de lunas.
Y aquí, cuando me escuchan,
de todo eso me desvisto.

Soy tan solo el aire de lo que cuento.
Una voz sonámbula.
Una voz que busca trastornada
la intimidad de la tierra.

 

Texto A.Ruy Sánchez
Fotografía de Macarena Azqueta


 

Entre dos aguas

 

No he utilizado música de Paco de Lucía —aunque me hubiera parecido lógico—. Me he permitido utilizar música de Albéniz, interpretada por el guitarrista clásico escocés Paul Galbraith. Ella, de alguna forma, está presente en el paisaje de fondo del libro al que voy a referirme y del que entresaco algunas líneas.

Hace unos días hablé del libro escrito por Casilda Sánchez Varela, titulado «Te espero en la última esquina del otoño». Lo había terminado de leer recientemente.

Quiero recoger en una página algunas frases que me han hecho que me pare a releerlas, bien porque me han hecho pensar, o porque en ellas destilaba lo que podría llamarse el valor poético de su prosa. Su discurso se mece entre la narración de una historia y el interesante y bellísimo encuentro entre líneas de su poesía.

Pienso que un libro que te ha gustado nunca se termina de leer del todo. Tengo el vicio de subrayar mis libros. —Creo que cada uno de los subrayados son un pedazo de nosotros mismos—. Con el tiempo, según las veces que los haya manoseado, se cubren de una pátina amarillenta y pegajosa y sus hojas van ahuecándose, como el alma, orgullosamente en las estanterías. —A quién no le gustaría pertenecer al grupo de los más reconocidos o consultados—.

Siempre he creído que los libros también tienen corazón, lo siento cada vez que… «Paso mi dedo índice una y otra vez por las frases que me han emocionado y descubro que algo palpita bajo sus letras.»

«Los pensamientos de un autor son piezas de un rompecabezas, miles de ellas, que se despliegan sobre una mesa de papel para que cada uno vaya eligiendo las que le encajan hasta completar el puzle de su propia identidad.»

«Al final todo acaba diluido en ese rayo de sol que entra por la ventana las mañanas de invierno y te acaricia la mejilla cuando nadie te acaricia ya…»

«Después del amor, no hay chispazo más jubiloso que el que inaugura una amistad.»

El «letargo de las tortugas», ese silencio entre victimista y conspirador…

Durante los años en los que la ambición es un estímulo, asfixia saber que la línea de partida y la de llegada son la misma línea…

«La belleza tiene mucho más que ver con el misterio que con la tersura.»

«Las únicas conversaciones que de verdad importan y de verdad perduran son aquellas en las que se pone el corazón sobre la mesa.»

«El tren volaba por un tramo nuevo sin junturas, tan silencioso y agradable que creaba la angustia anticipada de los goces breves.»

«Los sentimientos necesitan de la reflexión para arraigar y no quedarse solo en un estremecimiento.

«El día era claro y silencioso, como un abrazo.»

«…Pasaron diecinueve crepúsculos inútiles por la rendija del mar y trescientas callejuelas con sus esquinas de desilusión.»

«La multitud se quedó en silencio, en esa suspensión del tiempo que solo consiguen el pánico y la belleza.»

«Un rayo de luna liquida rompía en dos abismos el agua».

«La felicidad marital pasa, indefectiblemente, porque de vez en cuando, alguna mañana al despertar, en una conversación íntima o en el transcurso de una cena entre más gente, brille en los ojos del otro la luz de la admiración. O cuanto menos, la del agradecimiento.»

«Cuando colgó, se le quedó la risa a rastras…»

«La vejez son pequeños barrancos a los que cae uno de cuando en cuando.»

«Se quedó sin aire, como antiguamente, y al notar las manos frías y familiares de sus fantasmas apretándole la garganta, perdió el control de sí mismo. No hay mayor tortura que el regreso de un dolor que se daba por concluido.»

«En la foto, miraban a la cámara con la cara redondeada de la juventud y ese brillo en la mirada anterior a las heridas…»

«Después de un tiempo entendió que los aliados no son los que te siguen, sino quienes te mejoran.»

«Cuando terminó de hablar, estaba llorando. No de pena, ni de emoción, sino de deshielo.»

«La felicidad no es euforia, es serenidad.»

«Así que esto era vivir, —pensó con la alegría que produce agarrar por fin de la camisa a esa intuición que lleva años corriendo dos metros delante de ti—. Toda la vida volviéndome loco con el sentido de la vida y resulta que de lo único que trata esto es de encontrar una pieza que encaje en nuestro particular vacío. Un propósito, un credo o un alguien, lo que sea, que transforme la línea de la existencia, por definición finita, en un círculo sin principio ni final.

@mjberistain
Imagen Thomas Jahnke. Flick

 

 


 

Morir en primavera


De todas las estaciones, no hay ninguna tan demoledora como la primavera:
los tallos revientan la endurecida costra helada de la tierra,
las hojas abren la piel de las viejas ramas amortajadas,
el dormido viento rasga el espacio entre rebrotados verdes…

Truman Capote

Andaba buscando un titulo para mi nuevo relato. Había apagado el ordenador hacía unas horas con la intención de tomarme un descanso. Llevaba días sin ideas y esta madrugada, en el duermevela, repentinamente he reconocido en mí la urgencia de sentarme ante el ordenador. En vano. Sin ideas, otro día más sin ideas. Y he cerrado los ojos, y  con mis dedos sobre el teclado he decidido dejarlos libres sobre él, no pensar; ni tan siquiera respirar hasta que hubiera escrito por lo menos mil palabras. Mi cuerpo, mi mente…, algo tendrán que decir en esta demoledora primavera, como la llamó Capote. La siento llegar, soporto sus síntomas, pero todavía no ha roto el cascarón de la crisálida. Tendré que esperar. Y adivino tras los cristales azotados por la lluvia el verde oscuro del paisaje que enmarca este amanecer sin luz, y espero.

Y he recordado que ayer, mientras consultaba un dato sobre la segunda guerra mundial para otro texto que me tiene ocupada desde hace un tiempo, me encontré con un artículo de Cecilia Dreymiller publicado en Babelia sobre el libro de Ralf Rothmann, con el mismo título que yo tenía pensado para mi entrada. Sé que todo está escrito y que por tanto, todo lo que yo escriba estará contaminado por lo que haya leído antes,  pero hoy algo dentro de mí necesitaba salir a la superficie de alguna manera, y este encuentro, precisamente este título, me ha guiado.

Y tecleo, y tecleo, dejando a mis dedos libres, sin pensar, sin respirar apenas, sin saber adonde me llevarán estas palabras…

La lluvia no da tregua. El viento sigue azotando afuera. Se ha paseado toda la noche como un fantasma con su escandaloso látigo de agua entre un chaparrón y otro. Se hubiera dicho que los elementos estaban desbordados, rabiosos, violentos, emitiendo aullidos de ahogo y reproches contra el cielo. Los pájaros callaban. He pensado que la primavera era un buen tiempo para morir.

—No quiero que corten flores para mí —me decías—, basta con que unjan mis pechos las gotas del último rocío con el aroma de los nuevos brotes y vuelen las briznas blanquecinas de mis restos, como polen de primavera, a la misma tierra de la que provengo.

Nos dejaste solos hace unos días mientras hablábamos de tu viaje al llegar la primavera. Aspiraste el aroma de las primeras flores de tu jardín y de los frutos que ya niñeaban en la huerta a los que habías cuidado siempre como a tus propios hijos, como a mí, como a mis hijas, y te llevaste silenciosa la alegría de vivir y la bondad junto a tu sonrisa eterna pintada en los labios.

¡Que los tallos revienten la endurecida costra de la tierra!
¡que las hojas abran la endurecida piel de las viejas ramas amortajadas!
¡que el dormido viento rasgue los espacios entre rebrotados verdes…!

.

@mjberistain


Leonard Cohen


Artículo de FELIPE BENITEZ REYES

Domingo, 13 de noviembre 2016

(Escribí esto que sigue en 2011. He escrito otra cosa de urgencia, tras su muerte, que se publicará el próximo viernes en EL CULTURAL del diario EL MUNDO.)

LEONARD COHEN ha conseguido reducir su voz a un susurro hipnótico. ¿Por merma de facultades? Sí, pero quizá también por privilegio de su destino: su voz es algo que está ya por encima de la voz, algo que ha logrado convertirse en la metáfora frágil de sí misma, en una fantasmagoría, purificada. Es la salmodia penumbrosa del superviviente, con su traje gris de empleado discreto de funeraria, con su borsalino de hampón dandístico, con su figura descoyuntada de anciano arrullador de batallas antiguas del sentimiento, galán en sus ocasos triunfales, con su sonrisa beatífica propia del monje budista que es, conocido en los monasterios del ramo como Jikan Dharma, que significa el silencioso.

Leonard Cohen sale al escenario con pasos alegres de duendecillo del país de las tinieblas amables. Se arrodilla. Junta las manos en gesto de plegaria. Se destoca. Sonríe. Da las gracias. Empieza su conjuro. Sus canciones nos llegan desde muy lejos: los adolescentes de los 70 del siglo pasado que tocábamos la guitarra teníamos un repertorio de estándares en el que no faltaba “Suzanne”, aunque con cierta licencia en los arpegios, porque éramos aprendices y había que esquematizar los alardes. Aun así, aquella medio chiflada seguía ofreciéndote té y naranjas de la China. Y el Cristo -abandonado, casi humano- permanecía en su torre solitaria de madera. Y aprendías a buscar entre la basura y las flores. Y el sol caía de lleno, como una miel, sobre la dama del muelle. Etcétera. Y nosotros, en fin, bailábamos aquello con las niñas, en la noche artificial de las fiestas tempraneras de los sábados.

Ha pasado el tiempo y ahí siguen sus canciones, más intensas aún porque se han aliado con el tiempo nuestro, con el tiempo de adentro de cada cual, con la historia de cada uno. Estamos en ellas. Conmueve este Cohen de postrimerías. Tan roto y tan poderoso. Tan de cristal y tan irrompible. Tan sujeto a la música por casi nada: por la exactitud temblorosa de la emoción, que es a fin de cuentas el todo. Este Cohen oferente y educado, con su espectáculo grandioso de susurros. Este Cohen que, con apenas cuatro notas básicas, ha sido capaz de escribir canciones que son historias, historias que son poemas, poemas que son música, música que es un himno de intimidad. Este trovador dulzón y oscuro, amargo y luminoso, con su lentitud interior de emocionado reflexivo, con su voz a media voz, con su porte de vendedor honrado de diamantes, de hombre hecho serenamente al encogimiento de hombros y a las fatalidades prodigiosas que nos depara el mundo, como un personaje escapado de una página de Isaac Bashevis Singer, este Leonard Cohen, decía, parece venir desde muy lejos cuando sale al escenario y se destoca.

Parece venir de un tiempo invulnerable al tiempo, de una intemporalidad mágica en la que los sentimientos son inmortales, mientras nosotros vamos de paso por aquí, acogidos a la indefinición y a la fragilidad, y alguien baila ante nosotros con un violín en llamas.


El músico Nobel de Literatura

 

Música de Bob Dylan – Blonde on Blonde – I want you.

 

PUBLICADO EN LA REVISTA QUÉ LEER
Octubre 13, 2016

 

RAZONES POR LAS QUE LA ACADEMIA LE CONCEDIÓ EL NOBEL DE LITERATURA A
BOB DYLAN

Un premio a la “tradición de habla inglesa” de la poesía de los letristas. Así definió la Academia Sueca el Nobel de Literatura que le entregó, este jueves, al cantautor estadounidense Bob Dylan.

En el anuncio oficial, la vocera de la Svenska Akademien destacó que el jurado había valorado al músico, de 75 años y toda una leyenda del rock, por “haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”.

Pero el anuncio tomó a muchos por sorpresa, no sólo porque desbancó a otros favoritos desde hace años -entre ellos, el novelista japonés Haruki Murakami, el keniano Ngugi wa Thiong’o o el destacado poeta sirio Adonis-, sino porque por primera vez el galardón máximo de la literatura fue a manos de un compositor de canciones.

También Dylan había figurado en las listas que especulan sobre los potenciales ganadores, pero muchos observadores pensaban que la Academia no incursionaría en un género popular como el rock.

“Es un gran poeta en la tradición de habla inglesa, un sampler increíble y original que encarna la tradición y que por 54 años se ha dedicado a eso, reinventándose constantemente y creando una nueva identidad”, detalló Danius.

El autor de canciones como “Golpeando las puertas del cielo” y álbumes convertidos en clásicos como “Highway 61 Revisited” recibirá su medalla y los 8 millones de coronas suecas (más de US$900.000) en una ceremonia el 10 de diciembre.

El de Dylan es el Nobel número 109 en el campo de las letras y el número 259 para Estados Unidos.

En Literatura, el último estadounidense en recibirlo fue Toni Morrison, en 1993, en una lista que también integran plumas como Sinclair Lewis (1930) o William Faulkner (1949).

“Si uno quiere empezar a escuchar o leer (a Dylan), debería iniciarse con ‘Blonde on Blonde’, el disco de 1966 que tiene varios clásicos y es un ejemplo extraordinario de su brillante modelo de rima, de su armado de estribillos y de su pensamiento pictórico”.

A la hora de responder sobre si este premio representa una ampliación radical en los criterios de selección de la Academia, Danius señaló:

“Puede parecer así, pero si miramos para atrás, bien atrás, uno descubre a (los poetas griegos) Homero y Safo, que escribieron textos poéticos o piezas que estaban hechas para ser escuchadas, representadas, a veces acompañadas con música. Y aún hoy leemos a Homero y a Safo y los disfrutamos.”

“Es lo mismo con Bob Dylan: puede ser leído y debe ser leído”.

Fuente: bbc.com
Imagen: AccuSoft Inc.


Luciano

A Luciano no se le conoce con este nombre,
No lo busquéis.
Dejar, sencillamente, que su voz os llegue y os llene con su sensibilidad natural.
Dejar que inunde vuestro corazón su sonrisa,
Y al recordar su canto
Que seque vuestras lágrimas de emoción
su eterno pañuelo blanco,
Dejar que se estremezca vuestro cuerpo 
Libre
al calor de sus grandes brazos abiertos.


Agur Amá

Porque Setiembre es una época de emotivos recuerdos…

Amá y Aitá, Aitá y Amá.

Amá, me tendrás que perdonar que hoy no pueda pensar solo en ti sin pensar también en el Aitá. Por eso en este momento que os siento de nuevo unidos, permíteme que hable de los dos.

Se cumple vuestro sueño de estar juntos en la vida y en la muerte.

Hoy nos reuniremos de nuevo toda la familia de entonces más todos los que van llegando y que engrandecen vuestro legado. Cantaremos recordando las canciones populares vascas que interpretábamos a coro. Nos enseñasteis a amar la música y la familia. Es cierto que nos van faltando voces insustituibles, sin embargo, seguimos sintiendo su presencia en el corazón en cuanto suenan los primeros compases.

Otra cosa muy vuestra y que os distinguía era bailar el Tango. Evoco, con todo mi respeto, vuestro tema preferido —La Cumparsita— pieza especialmente sensual que interpretabais con una gran elegancia y verdadera pasión. Quedará como música de fondo de vuestra historia.

Muchas veces nos hablasteis de vuestra gran devoción por el Santo Cristo de Lezo. El fue testigo de vuestro compromiso de amor eterno cuando apenas erais unos niños. Hoy paseando por sus calles los vecinos cuentan que no ha cambiado nada desde hace más de cien años.

Sin embargo, fue San Sebastián la ciudad donde creció vuestro amor. Vuestras hijas, vuestros nietos, vuestros biznietos la seguirán teniendo como referencia de sus orígenes y de los momentos de alegría y ternura inolvidables vividos entre vuestros abrazos, aunque la vida los lleve a miles de kilómetros de distancia.

Agur Jaunak – Orfeon Donostiarra

Agur, Amá maitea…

Gracias Aitás.

El tango La Cumparsita fue creado por Gerardo Matos Rodríguez en la década de 1910. A su pedido, Roberto Firpo le introdujo arreglos. Se estrenó en Montevideo en abril de 1917, en la confitería La Giralda, donde ahora se alza el imponente Palacio Salvo.

Video musical facilitado por Fabio Descalzi en su post titulado «La Cumparsita cumple 100 años». Incluye imágenes de la ciudad que escuchó nacer a este himno cultural y popular del Uruguay (así se declaró en la Ley 16.905 del año 1998).

El loco de la colina

 

PERDÍ LA CORDURA
The fool on the hill

 

 

Perdí la cordura,
entre aromas de helechos,
silbidos de pájaros,
tu voz a mi lado,
el aire y el sol acariciando el escenario.

Prados y bosques, peñascos,
montañas altivas desnudas,
luciendo todas sus galas,
sus aguas,
sus conquistados cielos…

Loco al fin,
como me prometió la vida,
puedo decir que me sentí feliz.
Quise vivir y viví.

 

Karlos Gimenez

 

 

Noches de verano

Música de Bobby Hutcherson seleccionada por mi amigo Jo da Silva.



 

Adoro esa última hora de la tarde de las Noches de Verano, ese letargo del espíritu acantilado en el lento ritmo de una música de jazz, aguardando desde siempre a ese algo impreciso que intuyes que en algún momento llegará.

¿Esperar o escapar…?

Quizás llegue cuando el sol se esconda tras la luz de una mirada…

Quizás cuando te enrede en los hilos de sus últimos rayos y te abandones al vacío gozoso de otra nocturnidad…

Quizás cuando las brasas te quemen a la orilla de lo que no te atreves a soñar…

Quizás te llegue cuando no esperes más…

Escapes (Silvia)IMG_3458

Fotografías de mi hija Silvia

MJB DonostiDSCN0651

 

Adoro las fotografías al atardecer; refugiar mi universo en la máscara del contraluz, dejarte intuir las marcas de agua que habitan cada palmo de mi piel, aceptar morir poco a poco en tus miradas…

Al lado del mar muchas veces me pregunto qué hacer: ¿esperar o escapar?; decido seguir de tu mano engañando a la muerte de todos los atardeceres posibles…

@mjberistain


Caminos cruzados

Me llega la voz queda de Stefania Dipierro en el tema de Nicola Conte. Es un tema que me descubrió mi amigo JO Da Silva, titulado «Caminos cruzados».¡ Algo tiene…!

Tengo la ventana abierta y cerradas las persianas al calor de esta hora del atardecer de últimos de julio. Sube la melodía hasta mi viejo desván y el sonido se cuela como la luz, débilmente. Un barullo de libros abiertos y hojas de papel con anotaciones desordenadas se amontona a los pies del piano sobre la alfombra ajada. Se le nota que acusa mis horas «muertas» aquí; sus hilos desgastados han ido dibujando con el tiempo la forma de mis posturas. Leo y escribo; escribo o leo, pero cuando lo hago a solas no necesito música. La música me llega de una manera o de otra; podría decir que la música me busca, aunque esto no es del todo cierto. Yo busco a la música. Es como un primer amor al que la memoria vuelve inevitablemente.

Nunca pensamos en caminos cruzados. Vivimos en paralelo, cerca, cada uno siguiendo las vías de un tren que todavía no tiene previsto su destino. Pero ocurre que quizás no sea el momento; que no sea el momento de consumir todo el amor que respiramos, atrapados entre pequeños papeles de versos que dejamos caer al mar en noches de humedad azul y marea alta. Puede ser que no sea el momento. Puede ser que tampoco sea después, ni más tarde…

La música de Nicola me acerca a los susurros consentidos en el difícil equilibrio entre el gentío y las voces de estúpidas alarmas cotidianas que invadían los lugares de los que no sabíamos cómo salir. Me detengo a escucharla, aspiro el olor de la madera, el del polvo, el aroma de las bolsitas de tela con lavanda que escondo por las estanterías disimulando el de la humedad en el sobrevivir amarillento de los libros y, cierro los ojos…, siento que soy feliz, que me gustan estas horas llenas de sí mismas, que la emoción me sorprende muchas veces con sus lágrimas frescas, y que cuando lloro es de alegría, y eso, yo sé que no es llorar.

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